Cuando se alza el puño, todos callan: la logística de ayuda en la zona del colegio Rébsamen
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Cuando se alza el puño, todos callan: la logística de ayuda en la zona del colegio Rébsamen

Rescatistas profesionales y voluntarios se coordinaron en medio de la noche y la zozobra para las labores de rescate, en la zona donde el sismo derrumbó al colegio Enrique Rébsamen.
Animal Político
Por Paris Martínez
21 de septiembre, 2017
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Un puño en alto es, en las zonas siniestradas por el temblor del pasado 19 de septiembre, señal de silencio absoluto. Un puño que, tan pronto se alza, pone en alto cientos más, que van llevando la orden de acallar todo ruido desde el área de labores de rescate, hasta el brigadista y voluntario que más lejos se encuentre del derrumbe. E incluso él o ella alza ambos puños, aunque no haya nadie más allá para recibir la indicación, porque un puño en alto es, además, una proclama de esperanza compartida.

”Cuando se alza el puño, todos callan –indica un marino, de los muchos que coordinan las labores de rescate en la escuela Enrique Rébsamen, en Villa Coapa, cuyos dos edificios frontales se vinieron abajo en los primeros segundos del temblor, dirigiéndose a los voluntarios que se aprestan a movilizar escombros en cadena humana–. Si se alza el puño nadie grita ‘silencio’, nadie hace ‘shhht’, sólo se callan y ya”.

Esta escuela, que se vino abajo con alumnos, maestros y personal administrativo dentro, se ubica en una zona residencial, de calles estrechas, razón por la cual, el espacio para trabajar es reducido y se resguarda celosamente de curiosos y voluntarios sin experiencia en rescate, básicamente porque dificultan las labores.

Así, dos equipos de trabajo, perfectamente organizados aún en medio de la noche y la zozobra, se reparten las tareas establecidas: en la zona del derrumbe sólo operan rescatistas profesionales, médicos, elementos de la Marina, el Ejército, la Policía Federal, Bomberos de la UNAM, así como Bomberos y Policía Preventiva de la Ciudad de México, dentro de un radio de dos cuadras alrededor de la escuela.

Fuera de este cerco operan los voluntarios: vecinos inmediatos de Villa Coapa, vecinos de las colonias aledañas, como Santa Úrsula, y gente llegada de todos los puntos de la Ciudad de México, e incluso del aledaño Estado de México, que no sólo han venido para abastecer a los rescatistas de herramientas de todo tipo, así como de alimentos, medicinas, instrumental médico, cobijas, café y agua, sino que han decidido permanecer aquí, para organizar todas estas aportaciones y tenerlas listas para el momento en que sean solicitadas desde la zona del derrumbe.

El canal de comunicación entre ambos equipos es la misma cadena humana que no sólo va sacando escombros, sino también llevando de boca en boca todos los requerimientos hasta los puestos de abasto.
Todo urge, no hay espacio para errores, y la cadena funciona.

Tan pronto como una médica se acerca gritando que se necesita un tanque de oxígeno, el mensaje fluye de una persona a la que tiene al lado y, en cuestión de segundos, alguien se aproxima desde lejos, corriendo a toda velocidad, con un tanque al hombro. Y al verlo, todos le abren espacio y ágiles retiran los obstáculos del camino, para que nada obstruya su carrera.

Y así es con todo: “¡Flexómetros!”, “¡Baterías de carro!”, “¡Cinceles!”, “¡Varillas!”, “¡Polines!”, “¡Pinzas de corte!”, “¡Esmeril!”, “¡Camilla!”, “¡Rotomartillo!”, y muchas otras cosas, en una lista casi infinita.
Y a cada tanto, los puños arriba, porque el silencio permite al equipo tecnológico traído por el Ejército escuchar y ver aquello que los humanos no pueden.

Un militar explica el procedimiento: “Usamos un aparato que escanea el concreto, y puede detectar movimiento. Es tan especializado, que puede distinguir entre objetos animados e inanimados. Primero usamos un equipo grande, y cuando da una señal, usamos una versión más pequeña del mismo aparato, para ir localizando cada vez con más precisión el lugar donde se identificó movimiento”.

Luego, añade, se usa un equipo que hace lecturas infrarrojas, para detectar calor, y una vez que éste confirma la ubicación, se manda a un perro de rescate, todo con el fin de dar con el mejor punto por dónde empezar a cavar.

Los dos edificios del colegio Rébsamen se desplomaron en segundos. “Yo vi cómo se cayó la escuela –dice una mujer que vive en la acera de enfrente, y cuya casa es el lugar al que pueden acudir libremente los rescatistas, para hacer del baño y asearse–. Se cayó así”, e intenta tronar los dedos, pero la fuerza no le da para lograr ningún chasquido.

Luego sus ojos se inundan, y pide una disculpa por no poder hablar más, y se cubre el rostro con las manos.

Los dos edificios que se desplomaron constaban de una planta baja y tres niveles superiores, con una altura de alrededor de 25 metros. Luego del temblor, ambos edificios colapsaron hasta quedar en una montículo de escombros, trabes y castillos, con una altura no mayor a seis metros, apuntalado con polines de madera, pero frágil como un castillo de arena.

Uno de los edificios derrumbados, explica un vecino, cercano a los 30 años, era un inmueble “viejo, ya estaba ahí desde que yo era niño, en el piso superior tenía la dueña de la escuela su departamento, y en los pisos inferiores estaban oficinas. Pero el otro edificio derrumbado (en donde había oficinas administrativas y salones) estaba nuevo, lo construyeron por mucho hace tres años”.

Los rescatistas, marinos y soldados trepan por el montículo, o reptan lentamente por debajo, a través de los escollos. Y una vez que hay un punto identificado para proseguir la búsqueda, son ellos los que remueven cuidadosamente los escombros, en cubetas que los vecinos de la zona proporcionaron.

Por eso, el acarreo de escombros es intermitente, pero cuando la cadena humana comienza a girar, se ve dinamizada por un un entusiasmo colectivo especial, obviamente no feliz, pero sí animado, con cada eslabón empeñando toda concentración mental en mantener la coordinación física, para que ninguna cubeta se caiga en su recorrido, y para que su fluir sea cada vez más veloz.

Cada persona en esta cadena, hombre o mujer, aplica toda su energía física, y sus rostros se tuercen por el esfuerzo, pero nadie declina. Por el contrario, alguien grita “¡Vamos, México!” y la velocidad aumenta.

Al final de la cadena humana, una segunda hilera de personas, cada una con carretilla (y algunos con carritos de supermercado) esperan su turno para recibir tres, cuatro, cinco cubetas de escombros, y luego salen corriendo hacia los camiones de volteo que aguardan 50 metros más allá, avanzando a tal velocidad que no parecen empujar cien, doscientos o trescientos kilos de piedras.

En tanto, otro grupo de carretilleros, algunos jóvenes, otros adultos, unos flacos y otros fornidos, corre directamente al punto de extracción de escombros, para cargar con los bloques de piedra más grandes, como fragmentos de pared o trabes. Entran por turnos, para que aquel que vuelve corriendo con su carretilla cargada, no choque de frente con ningún otro.

Y aquellos que no participan, se alejan, para no estorbar.

Entre esas personas, una mujer mira angustiada hacia el derrumbe.

“Mi esposo es doctor –comparte–, lleva ahí dentro desde las dos de la tarde y no sé nada de él.”
–¿Por qué no se acerca al puesto de mando? –se le pregunta, señalando a la casa aledaña al derrumbe, donde se realiza la logística de todo el plan de rescate, y en donde está instalado el puesto de primera atención médica.

“No hay que distraerlos”, responde, y vuelve la mirada hacia el derrumbe, esperando ver a la distancia a su marido.

La zona de rescate se ilumina con un reflector proporcionado por la Comisión Federal de Electricidad. La zona donde maniobran los camiones de volteo está iluminada por reflectores traídos aquí por una empresa cinematográfica.

Más allá del cerco, en donde opera el equipo de ciudadanos voluntarios, organizando herramientas, medicinas y alimentos, o llevando la relación de niños recuperados vivos y muertos, así como aquellos que permanecen desaparecidos, la iluminación se logra con linternas de mano.

En donde nadie tiene linterna, las labores se realizan a oscuras, a tientas si es necesario.

El 20 de septiembre, los puños de todos seguían alzándose de tanto en tanto. Fue alguna de estas manos la que colocó una bandera mexicana en uno de los muros derruidos del colegio Rébsamen, antes de que el sol saliera.

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Reuters

Así se vivieron las protestas en el mundo por el Día de los Trabajadores a pesar del Covid

En muchos países se desplegó un gran número de policías para hacer frente a un posible desorden y garantizar las restricciones del Covid.
Reuters
Por BBC
2 de mayo, 2021
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Por segundo año consecutivo, el coronavirus hizo diferente las protestas y marchas por el Día Internacional de los Trabajadores, en el contexto de una pandemia que ha destruido los medios de vida y trastornado las economías de todo el mundo.

En muchos países se desplegó un gran número de policías para hacer frente a un posible desorden y garantizar que se observaran las restricciones del coronavirus.

Se realizaron concentraciones reducidas en Alemania, Rusia, España, Suecia, Reino Unido, Cuba, Colombia, Filipinas, Indonesia y muchos otros países.

La policía antidisturbios alemana

EPA
La policía antidisturbios alemana intervino para disolver los mítines en Berlín que se consideró que infringían las restricciones por el covid-19.

Turquía fue uno de los lugares donde la policía se vio envuelta en las protestas, que se tornaron violentas.

La oficina del gobernador de Estambul dijo que 212 personas habían sido arrestadas después de que se separaron de las marchas e intentaron ingresar a la plaza Taksim, un área simbólica de protesta.

manifestacion en turín

EPA
Los sindicatos lideraron manifestaciones en todo el mundo a pesar del coronavirus este 1 de mayo, como esta en Turín.

Las imágenes mostraban escenas caóticas en las que la policía usaba sus escudos para hacer retroceder a las multitudes y arrastraba a algunos manifestantes fuera de la plaza.

El país entró en su primer confinamiento total a principios de esta semana, en un intento por frenar el aumento de infecciones y muertes.

Las celebraciones del Día del Trabajo fueron inusualmente calmadas en Cuba.

Reuters
Las celebraciones del Día del Trabajo fueron inusualmente calmadas en Cuba.

Las celebraciones del Día del Trabajo fueron inusualmente calmadas en Cuba, donde los trabajadores son convocados por el gobierno a las plazas públicas de toda la isla a una multitudinaria marcha, algo que no sucedió este año por segunda ocasión consecutiva.

En la capital de la isla, se vive una tensión peculiar desde la semana pasada, con motivo de una huelga de hambre de Luis Manuel Otero Alcántara, un artista que protesta para que el gobierno le devuelva obras que le incautó y termine el “acoso” contra su vivienda.

El viernes decenas de personas se manifestaron en La Habana para pedir llegar hasta la casa de Alcántara, cuyo acceso está bloqueado por la policía.

Agentes de la policía sueca detienen a manifestantes en Estocolmo.

Getty Images
Agentes de la policía sueca detienen a manifestantes en Estocolmo.

En Francia, al menos 46 personas fueron arrestadas en la capital, París, luego de que algunos manifestantes se enfrentaran con la policía antidisturbios, arrojaran piedras, rompieran ventanas y prendieran fuego a contenedores de basura.

Las agencias del gobierno francés condenaron una persona que fue fotografiada agrediendo a un bombero mientras intentaban apagar un incendio en la capital.

El Ministerio del Interior dijo que más de 106.000 personas marcharon en casi 300 manifestaciones organizadas en París y otras ciudades, incluidas Lyon, Nantes, Lille y Toulouse.

Los manifestantes expresaron su oposición a los planes del gobierno de cambiar las prestaciones por desempleo y exigieron justicia económica.

Se escucharon demandas similares en Alemania, donde las protestas del Primero de Mayo se llevaron a cabo en todo el país a pesar de la introducción de restricciones más estrictas la semana pasada.

Miles de personas salieron a las calles en Berlín.

EPA
Miles de personas salieron a las calles en Berlín.

En la capital, Berlín, se desplegaron miles de policías para monitorear múltiples manifestaciones, incluida una organizada por un grupo que se opone a la estrategia del gobierno contra el coronavirus.

Se estima que unos 10.000 ciclistas protagonizaron una protesta pacífica anticapitalista en la ciudad.

Ciclistas en Berlín.

Getty Images
Ciclistas en la marcha en Berlín.

Pero a medida que cayó la noche, el estado de ánimo se volvió más tenso cuando los manifestantes prendieron fuego a las barricadas y se enfrentaron a la policía que intentaba hacer cumplir las regulaciones en una manifestación de izquierda.

protesta en Berlin

Reuters
Las tensiones aumentaron durante la noche en Berlín.

En una manifestación en Indonesia, los manifestantes en la capital, Yakarta, colocaron tumbas falsas en la calle para simbolizar el costo humano de la pandemia.

Indonesia

Reuters
Unas tumbas simbólicas marcaron la protesta en Indonesia.

En Bruselas, la capital de Bélgica, los agentes utilizaron cañones de agua, gas pimienta y bastones contra los manifestantes mientras algunos de los asistentes les arrojaban huevos.

Bruselas

Reuters
En Bruselas la policía usó cañones de agua.

Durante la conmoción, un manifestante quedó inconsciente después de ser golpeado por un camión con cañón de agua, dijeron los medios locales.

Apodado La Boum 2 (El Partido 2), el evento fue la secuela de un concierto falso que atrajo a miles de personas después de que se anunciara en las redes sociales como una broma del Día de los Inocentes.

Londres

EPA
Cientos de manifestantes se reunieron en Londres.

Mientras tanto, una ley propuesta que otorgaría a la policía poderes adicionales para frenar las protestas fue uno de los principales temas de queja en las protestas en el Reino Unido.

Cientos de personas se reunieron en Londres para protestar contra el proyecto de ley de Policía, Crimen, Sentencia y Tribunales, que los activistas temen que se utilice para frenar la disidencia.

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