El gobierno compra alertas sísmicas, pero éstas desaparecen o se quedan en bodegas
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Ilustración: Jesús Santamaría (@Re_ilustrador)

El gobierno compra alertas sísmicas, pero éstas desaparecen o se quedan en bodegas

Solo en Oaxaca, el estado más afectado por el sismo del 7 de septiembre, hay 3 mil 400 alertas guardadas en bodegas del estado; mientras que en la Ciudad de México, otros 4 mil simplemente desaparecieron.
Ilustración: Jesús Santamaría (@Re_ilustrador)
Por Paris Martínez
12 de septiembre, 2017
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Oaxaca –el estado más afectado por el sismo del 7 de septiembre– cuenta desde 2012 con 6 mil radios de alertamiento sísmico, cuya distribución hubiera permitido advertir a la población hasta con 30 segundos de anticipación sobre la inminencia de un temblor fuerte.

Sin embargo, según información de la Coordinación Estatal de Protección Civil del estado, 60% de esos radios nunca fueron distribuidos y llevan más de cinco años guardados en bodegas.

Los 2 mil 546 aparatos restantes, por si fuera poco, solo se distribuyeron en los municipios de la región de los valles centrales del estado. Por ello, Juchitán –donde murió el mayor número de víctimas por el sismo del 7 de septiembre– no tenía ni una alerta.

Como parte del sistema de alertas, Oaxaca también adquirió 13 bocinas de alto alcance para difundir la señal de advertencia ante sismos, pero éstas, tal como los radios, solo se instalaron en la capital del estado.

Aunado a ello, a finales de agosto de 2017, el portal informativo NVINoticias.com, dio a conocer que el sistema de alerta sísmica dejó de operar en Oaxaca, desde enero pasado, por adeudos del gobierno estatal con el proveedor del servicio.

Entre julio de 2010 y julio de 2011, los gobiernos federal y de la Ciudad de México gastaron, en conjunto, 255 millones de pesos para modernizar el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, lo que incluyó las radios que no se repartieron en Oaxaca.

Al menos tres entidades más están en la misma situación: según información oficial, en la Ciudad de México, 4 mil 135 aparatos desaparecieron y 3 mil 297 permanecen en bodegas; en Michoacán no se conoce el destino final de los 200 aparatos asignados, y en Guerrero hay otros 2 mil 200 desaparecidos.

El titular de la Coordinación Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) de la Secretaría de Gobernación, Carlos Valdés González, reconoció que lo que se ha hecho con estos aparatos ha sido una “barbaridad”.

Anomalías en la distribución

El gobierno federal y el de la Ciudad de México gastaron 255 millones de pesos para modernizar el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SAS, creado tras los sismos de 1985), lo que implicaba renovar y ampliar la red de acelerógrafos instalados en la costa del Pacífico (con los que se detectan los temblores), así como distribuir entre la población 88 mil radios o alertas sísmicas. Esto entre 2010 y 2011.

Estos 88 mil radios debían ser instalados en escuelas, hospitales, inmuebles oficiales, espacios públicos y zonas habitacionales, no solo de la capital del país, sino también de otras entidades amenazadas.

Siete años después, los aparatos se pueden comprar hasta en Mercado Libre, con la calcomanía que indica: “Adquirido con recursos del Fideicomiso FONDEN para el proyecto de la Red Sísmica Mexicana, segunda fase”.

Tal como demuestran registros oficiales recabados por Animal Político, de los 88 mil aparatos adquiridos por las autoridades mexicanas para modernizar el SAS, al menos 12 mil 760 han desaparecido (equivalentes a 14% del total), mientras que 10 mil 506 (otro 12%) nunca se usaron y han permanecido guardados en distintas bodegas.

Estos mismos registros oficiales dejan ver que, a pesar de que el restante 76% de los radios se instaló, esto se realizó sin un plan previo de distribución, por lo que se concentraron solo en cuatro núcleos urbanos (Ciudad de México, Ciudad de Oaxaca, Acapulco y Chilpancingo), sin contemplar a otras localidades también en riesgo.

La ausencia de un plan de instalación hizo que, en la Ciudad de México, donde se instalaron la mayoría de los 88 mil radios, los aparatos hayan sido robados o mal instalados.

Un ejemplo de esto último es que hay edificios públicos con 48 aparatos, en lugares donde solo se requiere uno. Esto significa que menos de 10 mil inmuebles cuentan con una alerta, cuando solo en la delegación Cuauhtémoc hay más de 52 mil edificios “expuestos” a riesgo por temblores.

En cambio, otros puntos del país, también en riesgo sísmico, no recibieron un solo aparato.

Otros estados que también resultaron afectados por sismo del 7 de septiembre, y que no fueron contemplados en el reparto de estas alertas sísmicas, fueron Chiapas (epicentro del temblor), Hidalgo, Morelos, Estado de México, Puebla, Tabasco, Tlaxcala y Veracruz.

Reparto sin cuidado: CDMX

Cuando las autoridades mexicanas adquirieron los 88 mil radios, en realidad no sabían dónde debían colocarlos y, por lo tanto, tampoco sabían si ese número de aparatos cubrían o excedían las necesidades del país.

Aún así, la compra se realizó a través de tres contratos asignados por adjudicación directa a dos proveedores, la asociación civil “sin fines de lucro” denominada Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), y la empresa MDreieck SA de CV.

En julio de 2010, el Gobierno de la Ciudad de México –con Marcelo Ebrard al frente–, contrató al CIRES para que modernizara todo el Sistema de Alerta Sísmico, lo que incluía renovar la red de acelerómetros, así como realizar “trabajos de campo, para la identificación física de las instancias, escuelas, hospitales, instalaciones vitales, etcétera, como potenciales usuarios que recibirán la alerta sísmica”, labor que CIRES debía llevar a cabo priorizando “los usuarios de acuerdo a sus características, funciones institucionales y vulnerabilidad”.

Sin embargo, cuando Animal Político solicitó al gobierno capitalino la “lista de usuarios potenciales” supuestamente elaborada por CIRES en 2010, para recibir los radios de alerta, el Instituto para la Seguridad de las Construcciones en la Ciudad de México informó que no se tiene registro de que dicha lista alguna vez se haya elaborado.

Así, aún sin saber en dónde serían ubicados, en noviembre de 2010, el Gobierno de la Ciudad de México compró a la empresa MDreieck 50 mil radios de alertamiento sísmico marca Sarmex.

Tal como demuestran los registros oficiales de las dependencias capitalinas que recibieron estos radios, la falta de un plan de distribución en la Ciudad de México provocó que miles desaparecieran (aún antes de ser instalados), y que otros tantos permanezcan en bodegas.

Por ejemplo, 2 mil 492 radios destinados a instituciones educativas de nivel básico de la Ciudad de México, desaparecieron, como reconoció oficialmente el gobierno de la ciudad.

Lo mismo ocurrió con 955 radios de alerta entregados a la delegación Miguel Hidalgo. Estos radios desaparecieron con todo y el expediente de donación, tal como informaron las autoridades delegacionales.

Otras delegaciones en los que desaparecieron todos los radios de alerta son Gustavo A. Madero y Azcapotzalco.

Además, hay instituciones que mantienen almacenadas la mayoría de los radios de alerta recibidos, como el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de la Ciudad de México (DIF-CDMX), que solo instaló 363 de los mil 400 aparatos. Los restantes mil 37 están guardados desde hace seis años porque “los inmuebles en uso o a cargo de esta entidad ya cuentan con los dispositivos necesarios”.

En total, de los 50 mil primeros radios de alerta sísmica comprados en 2010 por el Gobierno de la Ciudad de México, 4 mil 135 desaparecieron y 3 mil 297 permanecen en bodegas.

En enero de 2016, el sistema de advertencia con radios fue reforzado, pero ya no con más aparatos receptores, sino a través de la difusión de la alerta sísmica desde los altoparlantes con los que cuentan las cámaras de vigilancia policiaca repartidas en las calles de la Ciudad de México.

 

Reparto a lo bruto: gobierno federal

Para julio de 2011, el gobierno federal (con Felipe Calderón al frente del Ejecutivo), le compró al CIRES otros 38 mil radios, para distribuir en Oaxaca, Guerrero, Michoacán y –nuevamente– en la capital del país.

El mismo contrato de compra establecía que el CIRES solo debía dotar al gobierno federal de los aparatos, mientras que “la distribución será responsabilidad de la Coordinación General de Protección Civil, bajo los criterios que ella establezca”.

El resultado fue el mismo: miles de radios robados o subutilizados.

En Michoacán, por ejemplo, las autoridades estatales dijeron que desconocen el destino de los 200 radios de alerta sísmica que les envió el gobierno federal en 2012, y aseguraron que “la ley no las obliga” a contar con esa información, a pesar de que la legislación dice lo contrario.

 

En Oaxaca, más de la mitad de los radios nunca se repartieron y los que sí fueron instalados, se ubicaron en un solo punto de la entidad –la capital y localidades aledañas–, ignorando al resto de la población.

Por sus características tecnológicas, el tiempo de advertencia previa que ofrecen estos radios depende directamente de la distancia que exista entre el punto donde fue ubicado cada aparato, y el epicentro del sismo.

Es decir, mientras menos distancia hay entre el radio de alerta y el epicentro del sismo, menos será el tiempo previo de advertencia.

De esta forma, los radios instalados en los Valles Centrales de Oaxaca solo sirven para los sismos lejanos, y pierden su efectividad ante aquellos originados en los mismos Valles Centrales.

Así, por ejemplo, cuando la capital de Oaxaca es epicentro de un sismo, los radios que se distribuyeron ahí suenan al mismo tiempo que comienza a sentirse el temblor e, incluso, varios segundos después.

Esta misma situación ocurre en Guerrero, en donde fueron entregados 3 mil radios.
Según información generada por la Secretaría de Protección Civil de dicha entidad en febrero de 2017, los radios fueron entregados a 12 municipios del estado (de los 81 ayuntamientos de la entidad).

Animal Político consultó a esos 12 municipios dónde se instalaron esos aparatos de alerta sísmica, pero solo dos respondieron: Coyuca de Benítez y Acapulco, que en conjunto recibieron 321 radios.

Acapulco es la única localidad costera del país en la que fueron instalados radios de alerta sísmica (298 aparatos), mismos que el pasado 7 de septiembre dieron aviso oportuno y permitieron el desalojo de inmuebles en riesgo.

Los otros 10 municipios de Guerrero, que recibieron 2 mil 220 aparatos, declararon que ignoran su destino, o simplemente no respondieron.

Además, la Secretaría de Protección Civil del estado informó que desde hace cinco años guarda 133 radios en sus bodegas. Los registros no indican qué pasó con otros 302 aparatos que desaparecieron durante el proceso de donación por parte del gobierno federal y su entrega a gobiernos municipales o instituciones públicas.

 

Cenapred: la pata del mueble

Para conocer qué criterios aplicó el gobierno federal para definir qué estados del país debían recibir los 38 mil radios que adquirió, Animal Político consultó a la Coordinación Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) de la Secretaría de Gobernación.

En entrevista, el titular de esta dependencia federal, Carlos Valdés González, recordó que la compra de estos 38 mil radios, a la que calificó como “barbaridad”, fue realizada por “las anteriores autoridades (federales)”.

Los registros oficiales indican que 36 mil de esos radios fueron repartidos durante los últimos tres meses del gobierno de Calderón; y los restantes 2 mil aparatos fueron distribuidos por el gobierno de Peña Nieto en los años 2013 y 2014.

“Cómo se seleccionó (a los estados que recibirían esos radios de alerta sísmica) ahí sí desconozco –aseguró el funcionario federal–, pero se dieron a estados afectados, Oaxaca, Guerrero y Michoacán; se dieron radios al Gobierno de la Ciudad de México; y se le dieron a instituciones del gobierno federal, privilegiando a las escuelas.”

En el Cenapred, señaló su titular, “no podíamos instalar ese número de equipos en 38 mil lugares diferentes. Entonces, qué se hizo: se entregaron los radios de alerta sísmica, a través de convenios, a muchas instituciones, y lo que dicen esos convenios es que esas instituciones debían informarnos en dónde instalaban esos aparatos, y darles mantenimiento.”

No obstante, añadió, “cada año nosotros les pedimos a esas instituciones que informen en dónde están esos radios de alertamiento, cuáles son sus coordenadas geográficas, dónde se instalaron, pero nosotros nos cansamos de mandar esas solicitudes (porque) hay algunas instituciones que abiertamente nos responden ‘no sé dónde están'”.

El director general del Centro Nacional de Prevención de Desastres subrayó que “no está en nuestras manos fiscalizar (a esas instituciones) o decirles que nos regresen los radios por no darnos la información (acerca del uso que les dieron)”.

Al final, concluye, la distribución y aprovechamiento de esa tecnología, que “puede salvar vidas”, terminó en un acto de buena fe.

“Esa tecnología –insistió el funcionario– se entregó de la mejor manera, y cada quien es responsable (del destino que tuvo). Las instituciones que las recibieron deberían haber tomado los radios de alertamiento, instalarlos bien y estar muy al tanto de que funcionaran.”

“Nosotros cumplimos con el compromiso de entregar los radios –concluyó el director del Cenapred–. Pero es como con el directorio telefónico: cuando llegaba a mi casa, una tía lo usaba de pata de mueble, y el día que lo llegábamos a necesitar, ya no servía.”

 

Mercado Libre

En junio de 2016, en el sitio de ventas por internet MercadoLibre.com se puso a la venta un “Artículo nuevo”: un lote de radios de “alerta” que reproducen el sonido oficial del Sistema de Alerta Sísmica del gobierno mexicano, a un costo de 3 mil pesos por unidad.

La garantía de funcionamiento de estos radios no podía ser mejor: los logotipos de la Secretaría de Gobernación y de la Coordinación Nacional de Protección Civil, adheridas al aparato.

Tres días después de que esta oferta se ingresó al portal de compras, ya había tres aparatos vendidos.

“Éste es el cuarto”, dice I., un joven de, acaso, 20 años, mientras extiende la mercancía adquirida a través de Mercado Libre: una caja de cartón azul, con la imagen de un radio de alertamiento impresa, junto al logo de su marca “Sarmex”.

Dentro de la caja, el aparato, junto con un enchufe para la corriente eléctrica.

–¿Y qué tal funciona? –se pregunta a I.

–Es de los buenos –responde el joven, y muestra la etiqueta adherida al costado del aparato, en la que se señala que forma parte de una adquisición realizada por el gobierno federal, con recursos del Fondo de Atención a Desastres Naturales, FONDEN.

Por su propia seguridad, I. va acompañado de otro joven, como él, aunque mucho más alto, de 1.90 de estatura, y quizá 120 kilos de peso.

Tras el pago en efectivo y un apretón de manos, ambos jóvenes se van. La venta se realizó en el andén de la estación del Metro Santa Anita, en la delegación Iztapalapa.

Gracias al número de serie de este aparato, Animal Político pudo confirmar que fue adquirido por el gobierno federal en 2011, y luego donado, junto con otros 7 mil radios, al Gobierno de la Ciudad de México, que a su vez los distribuyó a distintos organismos locales.

Según los registros oficiales recabados, la Secretaría de Protección Civil de la Ciudad de México recibió 700 de esos receptores de la alerta sísmica, mismos que hasta la fecha se guardan en su bodega central. De esa bodega fue robado el radio que, en 2016, salió a la venta en Mercado Libre.

Días después de la compra en el Metro Santa Anita, I. se comunicó telefónicamente.

“Platícale a tus vecinos. Diles que tengo más radios, y si compran varios, les hago un descuento”.

Ese mismo día, en Mercado Libre se anunció que el precio de los radios de alerta sísmica robados al gobierno de la Ciudad de México aumentaba a 4 mil pesos.

 

 

*Esta investigación se realizó entre junio de 2016 y septiembre de 2017. Se presentaron mil 280 solicitudes de información pública bajo la Ley General de Transparencia, ante los gobiernos federal, de la Ciudad de México, Estado de México, Michoacán, Guerrero y Oaxaca.

 

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5 características que hacen tan mortal a la COVID-19

La COVID-19 es un maestro del engaño para nuestro cuerpo y para los expertos que tratan de hacerle frente. Sus peculiaridades frente a otros virus es lo que le hace peligroso y difícil de combatir.
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26 de octubre, 2020
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Un simple virus ha frenado en seco la vida tal y como la conocíamos.

Nos hemos enfrentado a amenazas virales antes, incluyendo pandemias, pero el mundo no se detiene por cada nueva infección o temporada de gripe.

Entonces, ¿qué pasa con este coronavirus? ¿Cuáles son las peculiaridades en su biología que representan una amenaza única para nuestros cuerpos y nuestras vidas?

Maestro del engaño

En las primeras etapas de una infección el virus es capaz de engañar al cuerpo.

El coronavirus puede estar corriendo desenfrenadamente en nuestros pulmones y vías respiratorias y, aun así, nuestro sistema inmunológico piensa que todo está bien.

“Este virus es brillante, te permite tener una auténtica fábrica viral en la nariz y tú sentirte completamente bien”, dice el profesor Paul Lehner de la Universidad de Cambridge.

Las células de nuestro cuerpo empiezan a liberar sustancias químicas -llamadas interferones- una vez que son asaltadas por un virus y esto es una señal de advertencia para el resto de nuestro organismo y el sistema inmunológico.

Pero el coronavirus tiene una “asombrosa capacidad” para desactivar esta advertencia química, asegura el profesor Lehner. “Lo hace tan bien que ni siquiera sabes que estás enfermo”.

Cuando miras las células infectadas en el laboratorio, no puedes decir que han sido realmente infectadas y, sin embargo, las pruebas muestran que están “gritando” de la acumulación de virus existente. Y este es solo una de los comodines que el virus puede jugar, sostiene.

Se comporta como un asesino a la fuga

La cantidad de virus en nuestro cuerpo comienza a alcanzar su máximo el día antes de que empecemos a enfermarnos.

Pero toma al menos una semana antes de que el COVID progrese hasta el punto de que el infectado necesite tratamiento hospitalario.

“Esta es una táctica evolutiva realmente brillante porque no te metes en la cama de inmediato, sino que sales por ahí y te diviertes”, dice Lehner.

Así que el virus es como un conductor que huye de la escena del accidente: ha pasado a la siguiente víctima mucho antes de que se recupere o muera.

Hablando claramente, “no le importa” si mueres, continúa el profesor Lehner, “es un virus que te golpea y se fuga”.

El contraste con el comportamiento del coronavirus original, el SARS, que se manifestó en 2002, es radical. Este último era más infeccioso días después de que el paciente se sintiera enfermo, así que fue fácil de aislar.

Coronavirus

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La cantidad máxima del virus se concentra en el cuerpo antes de que el infectado se sienta enfermo y, por tanto, es más susceptible de contagiar a otros.

Es nuevo, nuestros cuerpos no están preparados

¿Recuerdas la última pandemia? En 2009 hubo grandes temores sobre el H1N1, también conocido como gripe porcina.

Sin embargo, no resultó ser tan mortal como se había previsto porque las personas mayores ya tenían cierta protección. La nueva cepa era lo suficientemente similar a algunas que se habían encontrado en el pasado.

Hay otros cuatro coronavirus humanos, los cuales causan síntomas de resfriado común.

La profesora Tracy Hussell, de la Universidad de Manchester, explica la diferencia: “Este es uno nuevo, de modo que no creemos que haya mucha inmunidad previa”.

La novedad del Sars-CoV-2, que es su nombre oficial, puede ser “un gran shock para su sistema inmunológico”.

Esta falta de protección previa es comparable a cuando los europeos llevaron la viruela con ellos al Nuevo Mundo, con mortales consecuencias.

Construir una defensa inmunológica desde la nada es un verdadero problema para las personas mayores, ya que su sistema inmunológico es lento.

Aprender a combatir una nueva infección implica mucho ensayo y error por parte de dicho sistema.

Pero en la vejez producimos un conjunto menos diverso de células T, un componente central del sistema inmunológico, por lo que es más difícil encontrar unas que puedan defenderse contra el Coronavirus.

Hace cosas peculiares e inesperadas al cuerpo

COVID comienza como una enfermedad pulmonar (incluso allí hace cosas extrañas e inusuales) y puede acabar afectando a todo el cuerpo.

El profesor Mauro Giacca, del King’s College de Londres, sostiene que muchos aspectos del Covid son “únicos” de la enfermedad, de hecho “es diferente de cualquier otra enfermedad viral común”.

Dice que el virus hace más que simplemente matar las células pulmonares: también las corrompe. Se ha visto que las células se fusionan masivamente con otras, llamadas sincitios, que funcionan mal y que parecen quedar adheridas.


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Después de una gripe severa, se puede tener una “completa regeneración” de los pulmones, algo que “no sucede” con el COVID, argumenta Giacca. “Es una infección bastante peculiar”.

La coagulación de la sangre también falla extrañamente con el COVID, conociéndose historias de médicos que no pueden poner una vía en un paciente porque se bloquea inmediatamente con sangre coagulada.

Los marcadores de coagulación en la sangre son “200%, 300%, 400% más altos” de lo normal en algunos pacientes de COVID, informa la profesora Beverly Hunt, del King’s College London.

“Sinceramente, tengo una larga carrera y nunca he visto un grupo de pacientes con la sangre tan pegajosa”, reflexiona en la revista Inside Health.

Estos efectos en todo el cuerpo podrían deberse a la puerta celular por la que el virus entra para infectar nuestras células, llamada el receptor ACE2. Este se encuentra en todo el organismo, incluyendo los vasos sanguíneos, los riñones, el hígado y los pulmones.

El virus puede causar una inflamación galopante en algunos pacientes, haciendo que el sistema inmunológico se active de manera exagerada, con consecuencias perjudiciales para el resto del cuerpo.

Persona obesa

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La obesidad es un factor de riesgo muy importante si te infectas de coronavirus, según los expertos.

Y somos más obesos de lo que deberíamos ser

COVID es peor si eres obeso, ya que una cintura generosa aumenta el riesgo de necesitar cuidados intensivos o, incluso, morir.

Esto es inusual.

“Su muy fuerte vinculación con la obesidad es algo que no hemos visto en otras infecciones virales. Con otras afecciones pulmonares, a las personas obesas a menudo tiene una mejor evolución”, afirma el profesor Sir Stephen O’Rahilly, de la Universidad de Cambridge.

“Parece bastante específico , algo que probablemente ocurre también en la gripe pandémica, pero no en la común”.

La grasa que se deposita por el cuerpo, en órganos como el hígado, causa una alteración metabólica que parece combinar mal con el coronavirus.

Los pacientes obesos son más propensos a tener niveles más altos de inflamación en el cuerpo y proteínas que pueden llevar a la coagulación.


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