El gobierno compra alertas sísmicas, pero éstas desaparecen o se quedan en bodegas
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Ilustración: Jesús Santamaría (@Re_ilustrador)

El gobierno compra alertas sísmicas, pero éstas desaparecen o se quedan en bodegas

Solo en Oaxaca, el estado más afectado por el sismo del 7 de septiembre, hay 3 mil 400 alertas guardadas en bodegas del estado; mientras que en la Ciudad de México, otros 4 mil simplemente desaparecieron.
Ilustración: Jesús Santamaría (@Re_ilustrador)
Por Paris Martínez
12 de septiembre, 2017
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Oaxaca –el estado más afectado por el sismo del 7 de septiembre– cuenta desde 2012 con 6 mil radios de alertamiento sísmico, cuya distribución hubiera permitido advertir a la población hasta con 30 segundos de anticipación sobre la inminencia de un temblor fuerte.

Sin embargo, según información de la Coordinación Estatal de Protección Civil del estado, 60% de esos radios nunca fueron distribuidos y llevan más de cinco años guardados en bodegas.

Los 2 mil 546 aparatos restantes, por si fuera poco, solo se distribuyeron en los municipios de la región de los valles centrales del estado. Por ello, Juchitán –donde murió el mayor número de víctimas por el sismo del 7 de septiembre– no tenía ni una alerta.

Como parte del sistema de alertas, Oaxaca también adquirió 13 bocinas de alto alcance para difundir la señal de advertencia ante sismos, pero éstas, tal como los radios, solo se instalaron en la capital del estado.

Aunado a ello, a finales de agosto de 2017, el portal informativo NVINoticias.com, dio a conocer que el sistema de alerta sísmica dejó de operar en Oaxaca, desde enero pasado, por adeudos del gobierno estatal con el proveedor del servicio.

Entre julio de 2010 y julio de 2011, los gobiernos federal y de la Ciudad de México gastaron, en conjunto, 255 millones de pesos para modernizar el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, lo que incluyó las radios que no se repartieron en Oaxaca.

Al menos tres entidades más están en la misma situación: según información oficial, en la Ciudad de México, 4 mil 135 aparatos desaparecieron y 3 mil 297 permanecen en bodegas; en Michoacán no se conoce el destino final de los 200 aparatos asignados, y en Guerrero hay otros 2 mil 200 desaparecidos.

El titular de la Coordinación Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) de la Secretaría de Gobernación, Carlos Valdés González, reconoció que lo que se ha hecho con estos aparatos ha sido una “barbaridad”.

Anomalías en la distribución

El gobierno federal y el de la Ciudad de México gastaron 255 millones de pesos para modernizar el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SAS, creado tras los sismos de 1985), lo que implicaba renovar y ampliar la red de acelerógrafos instalados en la costa del Pacífico (con los que se detectan los temblores), así como distribuir entre la población 88 mil radios o alertas sísmicas. Esto entre 2010 y 2011.

Estos 88 mil radios debían ser instalados en escuelas, hospitales, inmuebles oficiales, espacios públicos y zonas habitacionales, no solo de la capital del país, sino también de otras entidades amenazadas.

Siete años después, los aparatos se pueden comprar hasta en Mercado Libre, con la calcomanía que indica: “Adquirido con recursos del Fideicomiso FONDEN para el proyecto de la Red Sísmica Mexicana, segunda fase”.

Tal como demuestran registros oficiales recabados por Animal Político, de los 88 mil aparatos adquiridos por las autoridades mexicanas para modernizar el SAS, al menos 12 mil 760 han desaparecido (equivalentes a 14% del total), mientras que 10 mil 506 (otro 12%) nunca se usaron y han permanecido guardados en distintas bodegas.

Estos mismos registros oficiales dejan ver que, a pesar de que el restante 76% de los radios se instaló, esto se realizó sin un plan previo de distribución, por lo que se concentraron solo en cuatro núcleos urbanos (Ciudad de México, Ciudad de Oaxaca, Acapulco y Chilpancingo), sin contemplar a otras localidades también en riesgo.

La ausencia de un plan de instalación hizo que, en la Ciudad de México, donde se instalaron la mayoría de los 88 mil radios, los aparatos hayan sido robados o mal instalados.

Un ejemplo de esto último es que hay edificios públicos con 48 aparatos, en lugares donde solo se requiere uno. Esto significa que menos de 10 mil inmuebles cuentan con una alerta, cuando solo en la delegación Cuauhtémoc hay más de 52 mil edificios “expuestos” a riesgo por temblores.

En cambio, otros puntos del país, también en riesgo sísmico, no recibieron un solo aparato.

Otros estados que también resultaron afectados por sismo del 7 de septiembre, y que no fueron contemplados en el reparto de estas alertas sísmicas, fueron Chiapas (epicentro del temblor), Hidalgo, Morelos, Estado de México, Puebla, Tabasco, Tlaxcala y Veracruz.

Reparto sin cuidado: CDMX

Cuando las autoridades mexicanas adquirieron los 88 mil radios, en realidad no sabían dónde debían colocarlos y, por lo tanto, tampoco sabían si ese número de aparatos cubrían o excedían las necesidades del país.

Aún así, la compra se realizó a través de tres contratos asignados por adjudicación directa a dos proveedores, la asociación civil “sin fines de lucro” denominada Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), y la empresa MDreieck SA de CV.

En julio de 2010, el Gobierno de la Ciudad de México –con Marcelo Ebrard al frente–, contrató al CIRES para que modernizara todo el Sistema de Alerta Sísmico, lo que incluía renovar la red de acelerómetros, así como realizar “trabajos de campo, para la identificación física de las instancias, escuelas, hospitales, instalaciones vitales, etcétera, como potenciales usuarios que recibirán la alerta sísmica”, labor que CIRES debía llevar a cabo priorizando “los usuarios de acuerdo a sus características, funciones institucionales y vulnerabilidad”.

Sin embargo, cuando Animal Político solicitó al gobierno capitalino la “lista de usuarios potenciales” supuestamente elaborada por CIRES en 2010, para recibir los radios de alerta, el Instituto para la Seguridad de las Construcciones en la Ciudad de México informó que no se tiene registro de que dicha lista alguna vez se haya elaborado.

Así, aún sin saber en dónde serían ubicados, en noviembre de 2010, el Gobierno de la Ciudad de México compró a la empresa MDreieck 50 mil radios de alertamiento sísmico marca Sarmex.

Tal como demuestran los registros oficiales de las dependencias capitalinas que recibieron estos radios, la falta de un plan de distribución en la Ciudad de México provocó que miles desaparecieran (aún antes de ser instalados), y que otros tantos permanezcan en bodegas.

Por ejemplo, 2 mil 492 radios destinados a instituciones educativas de nivel básico de la Ciudad de México, desaparecieron, como reconoció oficialmente el gobierno de la ciudad.

Lo mismo ocurrió con 955 radios de alerta entregados a la delegación Miguel Hidalgo. Estos radios desaparecieron con todo y el expediente de donación, tal como informaron las autoridades delegacionales.

Otras delegaciones en los que desaparecieron todos los radios de alerta son Gustavo A. Madero y Azcapotzalco.

Además, hay instituciones que mantienen almacenadas la mayoría de los radios de alerta recibidos, como el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de la Ciudad de México (DIF-CDMX), que solo instaló 363 de los mil 400 aparatos. Los restantes mil 37 están guardados desde hace seis años porque “los inmuebles en uso o a cargo de esta entidad ya cuentan con los dispositivos necesarios”.

En total, de los 50 mil primeros radios de alerta sísmica comprados en 2010 por el Gobierno de la Ciudad de México, 4 mil 135 desaparecieron y 3 mil 297 permanecen en bodegas.

En enero de 2016, el sistema de advertencia con radios fue reforzado, pero ya no con más aparatos receptores, sino a través de la difusión de la alerta sísmica desde los altoparlantes con los que cuentan las cámaras de vigilancia policiaca repartidas en las calles de la Ciudad de México.

 

Reparto a lo bruto: gobierno federal

Para julio de 2011, el gobierno federal (con Felipe Calderón al frente del Ejecutivo), le compró al CIRES otros 38 mil radios, para distribuir en Oaxaca, Guerrero, Michoacán y –nuevamente– en la capital del país.

El mismo contrato de compra establecía que el CIRES solo debía dotar al gobierno federal de los aparatos, mientras que “la distribución será responsabilidad de la Coordinación General de Protección Civil, bajo los criterios que ella establezca”.

El resultado fue el mismo: miles de radios robados o subutilizados.

En Michoacán, por ejemplo, las autoridades estatales dijeron que desconocen el destino de los 200 radios de alerta sísmica que les envió el gobierno federal en 2012, y aseguraron que “la ley no las obliga” a contar con esa información, a pesar de que la legislación dice lo contrario.

 

En Oaxaca, más de la mitad de los radios nunca se repartieron y los que sí fueron instalados, se ubicaron en un solo punto de la entidad –la capital y localidades aledañas–, ignorando al resto de la población.

Por sus características tecnológicas, el tiempo de advertencia previa que ofrecen estos radios depende directamente de la distancia que exista entre el punto donde fue ubicado cada aparato, y el epicentro del sismo.

Es decir, mientras menos distancia hay entre el radio de alerta y el epicentro del sismo, menos será el tiempo previo de advertencia.

De esta forma, los radios instalados en los Valles Centrales de Oaxaca solo sirven para los sismos lejanos, y pierden su efectividad ante aquellos originados en los mismos Valles Centrales.

Así, por ejemplo, cuando la capital de Oaxaca es epicentro de un sismo, los radios que se distribuyeron ahí suenan al mismo tiempo que comienza a sentirse el temblor e, incluso, varios segundos después.

Esta misma situación ocurre en Guerrero, en donde fueron entregados 3 mil radios.
Según información generada por la Secretaría de Protección Civil de dicha entidad en febrero de 2017, los radios fueron entregados a 12 municipios del estado (de los 81 ayuntamientos de la entidad).

Animal Político consultó a esos 12 municipios dónde se instalaron esos aparatos de alerta sísmica, pero solo dos respondieron: Coyuca de Benítez y Acapulco, que en conjunto recibieron 321 radios.

Acapulco es la única localidad costera del país en la que fueron instalados radios de alerta sísmica (298 aparatos), mismos que el pasado 7 de septiembre dieron aviso oportuno y permitieron el desalojo de inmuebles en riesgo.

Los otros 10 municipios de Guerrero, que recibieron 2 mil 220 aparatos, declararon que ignoran su destino, o simplemente no respondieron.

Además, la Secretaría de Protección Civil del estado informó que desde hace cinco años guarda 133 radios en sus bodegas. Los registros no indican qué pasó con otros 302 aparatos que desaparecieron durante el proceso de donación por parte del gobierno federal y su entrega a gobiernos municipales o instituciones públicas.

 

Cenapred: la pata del mueble

Para conocer qué criterios aplicó el gobierno federal para definir qué estados del país debían recibir los 38 mil radios que adquirió, Animal Político consultó a la Coordinación Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) de la Secretaría de Gobernación.

En entrevista, el titular de esta dependencia federal, Carlos Valdés González, recordó que la compra de estos 38 mil radios, a la que calificó como “barbaridad”, fue realizada por “las anteriores autoridades (federales)”.

Los registros oficiales indican que 36 mil de esos radios fueron repartidos durante los últimos tres meses del gobierno de Calderón; y los restantes 2 mil aparatos fueron distribuidos por el gobierno de Peña Nieto en los años 2013 y 2014.

“Cómo se seleccionó (a los estados que recibirían esos radios de alerta sísmica) ahí sí desconozco –aseguró el funcionario federal–, pero se dieron a estados afectados, Oaxaca, Guerrero y Michoacán; se dieron radios al Gobierno de la Ciudad de México; y se le dieron a instituciones del gobierno federal, privilegiando a las escuelas.”

En el Cenapred, señaló su titular, “no podíamos instalar ese número de equipos en 38 mil lugares diferentes. Entonces, qué se hizo: se entregaron los radios de alerta sísmica, a través de convenios, a muchas instituciones, y lo que dicen esos convenios es que esas instituciones debían informarnos en dónde instalaban esos aparatos, y darles mantenimiento.”

No obstante, añadió, “cada año nosotros les pedimos a esas instituciones que informen en dónde están esos radios de alertamiento, cuáles son sus coordenadas geográficas, dónde se instalaron, pero nosotros nos cansamos de mandar esas solicitudes (porque) hay algunas instituciones que abiertamente nos responden ‘no sé dónde están'”.

El director general del Centro Nacional de Prevención de Desastres subrayó que “no está en nuestras manos fiscalizar (a esas instituciones) o decirles que nos regresen los radios por no darnos la información (acerca del uso que les dieron)”.

Al final, concluye, la distribución y aprovechamiento de esa tecnología, que “puede salvar vidas”, terminó en un acto de buena fe.

“Esa tecnología –insistió el funcionario– se entregó de la mejor manera, y cada quien es responsable (del destino que tuvo). Las instituciones que las recibieron deberían haber tomado los radios de alertamiento, instalarlos bien y estar muy al tanto de que funcionaran.”

“Nosotros cumplimos con el compromiso de entregar los radios –concluyó el director del Cenapred–. Pero es como con el directorio telefónico: cuando llegaba a mi casa, una tía lo usaba de pata de mueble, y el día que lo llegábamos a necesitar, ya no servía.”

 

Mercado Libre

En junio de 2016, en el sitio de ventas por internet MercadoLibre.com se puso a la venta un “Artículo nuevo”: un lote de radios de “alerta” que reproducen el sonido oficial del Sistema de Alerta Sísmica del gobierno mexicano, a un costo de 3 mil pesos por unidad.

La garantía de funcionamiento de estos radios no podía ser mejor: los logotipos de la Secretaría de Gobernación y de la Coordinación Nacional de Protección Civil, adheridas al aparato.

Tres días después de que esta oferta se ingresó al portal de compras, ya había tres aparatos vendidos.

“Éste es el cuarto”, dice I., un joven de, acaso, 20 años, mientras extiende la mercancía adquirida a través de Mercado Libre: una caja de cartón azul, con la imagen de un radio de alertamiento impresa, junto al logo de su marca “Sarmex”.

Dentro de la caja, el aparato, junto con un enchufe para la corriente eléctrica.

–¿Y qué tal funciona? –se pregunta a I.

–Es de los buenos –responde el joven, y muestra la etiqueta adherida al costado del aparato, en la que se señala que forma parte de una adquisición realizada por el gobierno federal, con recursos del Fondo de Atención a Desastres Naturales, FONDEN.

Por su propia seguridad, I. va acompañado de otro joven, como él, aunque mucho más alto, de 1.90 de estatura, y quizá 120 kilos de peso.

Tras el pago en efectivo y un apretón de manos, ambos jóvenes se van. La venta se realizó en el andén de la estación del Metro Santa Anita, en la delegación Iztapalapa.

Gracias al número de serie de este aparato, Animal Político pudo confirmar que fue adquirido por el gobierno federal en 2011, y luego donado, junto con otros 7 mil radios, al Gobierno de la Ciudad de México, que a su vez los distribuyó a distintos organismos locales.

Según los registros oficiales recabados, la Secretaría de Protección Civil de la Ciudad de México recibió 700 de esos receptores de la alerta sísmica, mismos que hasta la fecha se guardan en su bodega central. De esa bodega fue robado el radio que, en 2016, salió a la venta en Mercado Libre.

Días después de la compra en el Metro Santa Anita, I. se comunicó telefónicamente.

“Platícale a tus vecinos. Diles que tengo más radios, y si compran varios, les hago un descuento”.

Ese mismo día, en Mercado Libre se anunció que el precio de los radios de alerta sísmica robados al gobierno de la Ciudad de México aumentaba a 4 mil pesos.

 

 

*Esta investigación se realizó entre junio de 2016 y septiembre de 2017. Se presentaron mil 280 solicitudes de información pública bajo la Ley General de Transparencia, ante los gobiernos federal, de la Ciudad de México, Estado de México, Michoacán, Guerrero y Oaxaca.

 

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El poco conocido virus que aumentó en niños durante la pandemia de COVID

Un virus estacional que normalmente afecta a los bebés antes de los 2 años ahora está aumentando de manera drástica, con un comportamiento inusual.
15 de septiembre, 2021
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A principios de 2021, el personal del Hospital Infantil Maimónides en Brooklyn, Nueva York, comenzaba a sentir una cautelosa sensación de alivio.

Los casos de Covid-19 en la ciudad estaban cayendo.

Como efecto secundario del distanciamiento social, el uso de mascarillas y el lavado de manos, también habían visto muchas menos otras infecciones virales, como la gripe.

Pero luego, en marzo, comenzó a llegar un número creciente de niños y bebés con tos, algunos de ellos con dificultades parar respirar.

Eran pacientes contagiados del virus respiratorio sincitial (VRS, también conocido como RSV, por sus siglas en inglés), una infección común durante el invierno que puede causar problemas pulmonares.

En esta época del año, los casos de VRS deberían estar disminuyendo. En cambio, el número de contagios se estaba elevando.

Durante los meses siguientes, el aumento repentino e inesperado de VRS en esta época del año comenzó a notarse en lugares tan lejanos como el sur de EE.UU., Suiza, Japón o Reino Unido.

El extraño comportamiento del virus parece ser una consecuencia indirecta de la pandemia de covid-19, dicen los médicos.

Aumento repentino

En 2020, los confinamientos y las medidas de higiene suprimieron la propagación del coronavirus, pero también de otros virus como el VRS.

Como resultado de estas medidas, los niños no tuvieron la oportunidad de desarrollar inmunidad contra virus como el VRS.

Una vez que se relajaron las medidas, el VRS encontró una gran cantidad de bebés y niños susceptibles a la infección, lo que provocó drásticos aumentos de contagios en momentos inusuales.

Lo que comúnmente era un virus bastante predecible, ahora tenía la capacidad de tomar por sorpresa a hospitales y familias en cualquier época del año.

VRS

Getty
El VRS por lo general causa una enfermedad leve, pero puede generar complicaciones.

Estos brotes inesperados llevaron a las salas de algunos hospitales al límite, pusieron a las familias en alerta y mostraron cuán profundamente el covid-19, y las medidas para evitar su propagación, habían trastocado el mundo.

Para los trabajadores de la salud, la experiencia fue dramática.

“Nuestra unidad de cuidados intensivos volvió a verse desbordada, esta vez no con casos de covid, sino con otro virus”, recuerda Rabia Agha, directora de la División de Enfermedades Infecciosas Pediátricas del Hospital Infantil Maimónides.

En el punto máximo del brote, a principios de abril, la mayoría de los niños ingresados en la UCI eran pacientes de VRS.

En otras partes del mundo, el virus se extendió en poblaciones de niños pequeños que durante meses habían estado protegidos de enfermedades infecciosas, pero ahora estaban repentinamente expuestos a ellas.

“Nos tomó por sorpresa. Sabíamos que era algo a lo que había que estar atentos, pero no pensamos que serían tantos“, dice Christoph Berger, jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas y Epidemiología Hospitalaria del Hospital Infantil Universitario de Zúrich, Suiza.

En ese centro, los casos de VRS por lo general alcanzan su punto máximo en enero, y rondan el cero en los meses de verano, de junio a agosto.

Este año no hubo casos en invierno. En cambio, comenzaron a aumentar abruptamente en junio, luego se dispararon a 183 infecciones en julio, más que en temporadas de invierno anteriores.

Un menor en una camilla de hospital.

Getty Images

“Estábamos llenos, todas las camas estaban ocupadas, y eso es un desafío”, recuerda Berger sobre el punto álgido del brote en julio.

Su hospital tuvo que trasladar bebés y niños con VRS a otros hospitales que aún tenían espacio. Varios otros hospitales suizos tuvieron que hacer lo mismo.

Durante el verano en Suiza, el VRS significó un problema mayor que el coronavirus.

“Casi no tuvimos casos de covid durante ese período”, dice Berger.

Los pocos niños que llegaron al hospital con covid se recuperaron relativamente rápido. “Aquellos con RSV se quedaron más tiempo”, dice.

Tratamiento

Una infección por VRS no es en sí misma un motivo de alarma.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU., la mayoría de los niños habrá tenido VRS a la edad de 2 años.

Para casi todos ellos será una enfermedad similar a un resfriado, con secreción nasal y tos, y se recuperarán por sí mismos.

Pero en algunos bebés y niños pequeños, el VRS puede causar bronquiolitis, una inflamación de las partes inferiores del pulmón.

También pueden tener dificultades para respirar y alimentarse.

Médico atendiendo a una niña.

Getty Images

Aproximadamente entre el 1% y el 2% de los bebés menores de 6 meses con VRS deben ser trasladados al hospital y recibir oxígeno adicional a través de una máscara, o tubos en la nariz para ayudarlos a recuperarse.

Algunos también pueden requerir una sonda de alimentación. Con ese tratamiento, la mayoría mejorará en unos pocos días.

Antes de la pandemia de coronavirus, los hospitales se preparaban de forma rutinaria para los aumentos repentinos del VRS antes del invierno.

Los pacientes con mayor riesgo, como los bebés prematuros y aquellos con problemas pulmonares y cardíacos, pueden protegerse con palivizumab, una inyección de anticuerpos que ayuda a combatir el virus.

La inyección debe administrarse todos los meses durante los meses en los que el VRS está activo, otra razón por la que prepararse para el aumento de casos es tan crucial.

Saltarse una temporada

La pandemia ha interrumpido el ritmo estacional del VRS y su papel en el desarrollo habitual de la inmunidad de los niños.

“Con las medidas que teníamos para el covid, la gente no se reunía, no viajaba y eran cuidadosos con el distanciamiento y el uso de la mascarilla”, dice Agha.

“Eso realmente ayudó a mantener a raya al covid y a todos los demás virus. Por lo tanto, fue como saltarse una temporada de VRS. Y si te saltas una temporada, no estás produciendo anticuerpos contra el virus, y las madres tampoco están produciendo anticuerpos que luego pueden transmitir a sus bebés”.

Como resultado, esos bebés pueden ser particularmente vulnerables al VRS cuando el mundo se vuelva a abrir.

Los datos de diferentes países respaldan la idea de una brecha de inmunidad causada por una temporada sin VRS.

“El mayor aumento relativo de casos se da en niños de un año, que ‘perdieron’ una temporada de VRS durante el otoño-invierno pasado”, explicaron funcionarios de la oficina de Salud Pública de Inglaterra en un correo electrónico a la BBC, refiriéndose al aumento repentino de casos en algunas partes de Inglaterra durante el verano.

Saltarse una temporada aumenta el grupo de bebés y niños vulnerables, ya que incluye a los que estuvieron protegidos durante el invierno, así como a los nacidos desde entonces.

Eso puede hacer que las oleadas virales sean más fuertes.

En Tokio, los investigadores han informado del mayor aumento anual de casos de VRS desde que comenzó el monitoreo en 2003.

Sus datos sugieren que la acumulación de personas vulnerables durante la pandemia puede haber contribuido al brote inusualmente grande de este año.

Preguntas sin respuesta

Otros aspectos del nuevo panorama viral aún no están claros.

Uno de ellos es por qué el VRS resurgió una vez que se relajaron las medidas contra el covid, pero no ocurrió lo mismo con la gripe, que se ha mantenido bastante moderada.

El patrón del aumento repentino de VRS también ha variado de un país a otro.

Agha y su equipo en Brooklyn observaron que su aumento fue inusualmente severo, afectando a niños mucho más pequeños de lo habitual y enviando una mayor proporción a cuidados intensivos.

En Australia, en cambio, afectó a un grupo de mayor edad que antes.

Una menor con asistencia para respirar.

Getty Images
Otros aspectos del nuevo panorama viral aún no están claros.

Berger dice que los brotes de verano en Suiza no habían sido más severos que las típicas oleadas virales de invierno.

Una gran pregunta es qué significa este nuevo patrón para los próximos meses.

Un aumento repentino de casos durante el verano no significa necesariamente que no habrá más casos en el invierno. Y en algunas áreas, los casos solo están comenzando a aumentar ahora, a principios de otoño.

“El VRS, y la bronquiolitis que causa es definitivamente el aspecto clave para el cual los hospitales infantiles se están planificando“, dice Sophia Varadkar, subdirectora médica y neuróloga pediatra del Hospital Infantil de Great Ormond Street, en Londres.

En ese hospital, los casos han comenzado a aumentar y esperan más en las próximas semanas.

Para quienes atienden bebés, el VRS puede ser una preocupación mayor que el covid-19, advierte Varadkar.

“El covid para los niños, en general, no fue una enfermedad significativa. No hizo que muchos niños se sintieran realmente mal”.

“El VRS es una enfermedad potencialmente mayor, a muchos más niños, y definitivamente sabemos que puede hacer que esos bebés se sientan mal”, señala.

Medidas de cuidado

Con la reapertura de las escuelas, los virus, incluido el VRS, tendrán más oportunidades de propagarse.

Pero el comportamiento de los adultos puede ser aún más crucial.

En Suiza, las guarderías y las instalaciones de juego permanecieron abiertas durante todo el invierno y los niños pequeños no usaban mascarillas.

Casi ningún niño contrajo infecciones virales como el VRS y la gripe ese invierno, presumiblemente porque las medidas de higiene de los adultos ayudaron a protegerlos.

“La gente siempre dice que los niños infectan a los adultos, pero si lo piensas, ese no fue el caso en absoluto aquí, fue al revés”, apunta Berger.

“Cuando los adultos y los niños mayores usan mascarillas, mantienen el distanciamiento social y se lavan las manos, no vemos ni gripe ni VRS. Y cuando relajan esas medidas, el virus circula nuevamente y más niños pequeños terminan en el hospital”.

Incluso después de la oleada de verano, su hospital permanece en guardia. “No tengo idea de cómo continuará esto, y si esos fueron todos los casos, o si veremos otra ola en invierno, no lo sé”, dice Berger.

Lavarse las manos y mantener a los bebés vulnerables alejados de las personas con secreción nasal y tos puede ayudar a evitar la propagar de la infección.

También puede aplanar el punto álgido de una epidemia de VRS, garantizando que los hospitales tengan la capacidad de cuidar a todos los niños que necesiten ayuda.

“Para la mayoría de los niños será una enfermedad leve, podrán ser atendidos por sus padres, solo necesitan cuidado, alimentarse de manera más frecuente, reposo, algo de paracetamol si tienen fiebre, y eso es todo”, dice Varadkar.

Pero si el bebé tiene dificultades para respirar o alimentarse, o si los padres sienten que algo no está bien, deben buscar ayuda, aclara la experta.

Lección para el futuro

En el Hospital Infantil Maimónides en Brooklyn, ha pasado el punto álgido de VRS.

Pero Agha extrae una lección para los hospitales que se adaptan al mundo post covid-19.

“Lo que nos enseñó fue que hay que estar preparados“, destaca. “Estos no son los mismos tiempos que hace dos años: la vida ha cambiado, el mundo ha cambiado y estos virus están evolucionando y comportándose de formas inesperadas”.


Puedes leer la versión original de este artículo en inglés en BBC Future.


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