El gobierno compra alertas sísmicas, pero éstas desaparecen o se quedan en bodegas
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Ilustración: Jesús Santamaría (@Re_ilustrador)

El gobierno compra alertas sísmicas, pero éstas desaparecen o se quedan en bodegas

Solo en Oaxaca, el estado más afectado por el sismo del 7 de septiembre, hay 3 mil 400 alertas guardadas en bodegas del estado; mientras que en la Ciudad de México, otros 4 mil simplemente desaparecieron.
Ilustración: Jesús Santamaría (@Re_ilustrador)
Por Paris Martínez
12 de septiembre, 2017
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Oaxaca –el estado más afectado por el sismo del 7 de septiembre– cuenta desde 2012 con 6 mil radios de alertamiento sísmico, cuya distribución hubiera permitido advertir a la población hasta con 30 segundos de anticipación sobre la inminencia de un temblor fuerte.

Sin embargo, según información de la Coordinación Estatal de Protección Civil del estado, 60% de esos radios nunca fueron distribuidos y llevan más de cinco años guardados en bodegas.

Los 2 mil 546 aparatos restantes, por si fuera poco, solo se distribuyeron en los municipios de la región de los valles centrales del estado. Por ello, Juchitán –donde murió el mayor número de víctimas por el sismo del 7 de septiembre– no tenía ni una alerta.

Como parte del sistema de alertas, Oaxaca también adquirió 13 bocinas de alto alcance para difundir la señal de advertencia ante sismos, pero éstas, tal como los radios, solo se instalaron en la capital del estado.

Aunado a ello, a finales de agosto de 2017, el portal informativo NVINoticias.com, dio a conocer que el sistema de alerta sísmica dejó de operar en Oaxaca, desde enero pasado, por adeudos del gobierno estatal con el proveedor del servicio.

Entre julio de 2010 y julio de 2011, los gobiernos federal y de la Ciudad de México gastaron, en conjunto, 255 millones de pesos para modernizar el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, lo que incluyó las radios que no se repartieron en Oaxaca.

Al menos tres entidades más están en la misma situación: según información oficial, en la Ciudad de México, 4 mil 135 aparatos desaparecieron y 3 mil 297 permanecen en bodegas; en Michoacán no se conoce el destino final de los 200 aparatos asignados, y en Guerrero hay otros 2 mil 200 desaparecidos.

El titular de la Coordinación Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) de la Secretaría de Gobernación, Carlos Valdés González, reconoció que lo que se ha hecho con estos aparatos ha sido una “barbaridad”.

Anomalías en la distribución

El gobierno federal y el de la Ciudad de México gastaron 255 millones de pesos para modernizar el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SAS, creado tras los sismos de 1985), lo que implicaba renovar y ampliar la red de acelerógrafos instalados en la costa del Pacífico (con los que se detectan los temblores), así como distribuir entre la población 88 mil radios o alertas sísmicas. Esto entre 2010 y 2011.

Estos 88 mil radios debían ser instalados en escuelas, hospitales, inmuebles oficiales, espacios públicos y zonas habitacionales, no solo de la capital del país, sino también de otras entidades amenazadas.

Siete años después, los aparatos se pueden comprar hasta en Mercado Libre, con la calcomanía que indica: “Adquirido con recursos del Fideicomiso FONDEN para el proyecto de la Red Sísmica Mexicana, segunda fase”.

Tal como demuestran registros oficiales recabados por Animal Político, de los 88 mil aparatos adquiridos por las autoridades mexicanas para modernizar el SAS, al menos 12 mil 760 han desaparecido (equivalentes a 14% del total), mientras que 10 mil 506 (otro 12%) nunca se usaron y han permanecido guardados en distintas bodegas.

Estos mismos registros oficiales dejan ver que, a pesar de que el restante 76% de los radios se instaló, esto se realizó sin un plan previo de distribución, por lo que se concentraron solo en cuatro núcleos urbanos (Ciudad de México, Ciudad de Oaxaca, Acapulco y Chilpancingo), sin contemplar a otras localidades también en riesgo.

La ausencia de un plan de instalación hizo que, en la Ciudad de México, donde se instalaron la mayoría de los 88 mil radios, los aparatos hayan sido robados o mal instalados.

Un ejemplo de esto último es que hay edificios públicos con 48 aparatos, en lugares donde solo se requiere uno. Esto significa que menos de 10 mil inmuebles cuentan con una alerta, cuando solo en la delegación Cuauhtémoc hay más de 52 mil edificios “expuestos” a riesgo por temblores.

En cambio, otros puntos del país, también en riesgo sísmico, no recibieron un solo aparato.

Otros estados que también resultaron afectados por sismo del 7 de septiembre, y que no fueron contemplados en el reparto de estas alertas sísmicas, fueron Chiapas (epicentro del temblor), Hidalgo, Morelos, Estado de México, Puebla, Tabasco, Tlaxcala y Veracruz.

Reparto sin cuidado: CDMX

Cuando las autoridades mexicanas adquirieron los 88 mil radios, en realidad no sabían dónde debían colocarlos y, por lo tanto, tampoco sabían si ese número de aparatos cubrían o excedían las necesidades del país.

Aún así, la compra se realizó a través de tres contratos asignados por adjudicación directa a dos proveedores, la asociación civil “sin fines de lucro” denominada Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), y la empresa MDreieck SA de CV.

En julio de 2010, el Gobierno de la Ciudad de México –con Marcelo Ebrard al frente–, contrató al CIRES para que modernizara todo el Sistema de Alerta Sísmico, lo que incluía renovar la red de acelerómetros, así como realizar “trabajos de campo, para la identificación física de las instancias, escuelas, hospitales, instalaciones vitales, etcétera, como potenciales usuarios que recibirán la alerta sísmica”, labor que CIRES debía llevar a cabo priorizando “los usuarios de acuerdo a sus características, funciones institucionales y vulnerabilidad”.

Sin embargo, cuando Animal Político solicitó al gobierno capitalino la “lista de usuarios potenciales” supuestamente elaborada por CIRES en 2010, para recibir los radios de alerta, el Instituto para la Seguridad de las Construcciones en la Ciudad de México informó que no se tiene registro de que dicha lista alguna vez se haya elaborado.

Así, aún sin saber en dónde serían ubicados, en noviembre de 2010, el Gobierno de la Ciudad de México compró a la empresa MDreieck 50 mil radios de alertamiento sísmico marca Sarmex.

Tal como demuestran los registros oficiales de las dependencias capitalinas que recibieron estos radios, la falta de un plan de distribución en la Ciudad de México provocó que miles desaparecieran (aún antes de ser instalados), y que otros tantos permanezcan en bodegas.

Por ejemplo, 2 mil 492 radios destinados a instituciones educativas de nivel básico de la Ciudad de México, desaparecieron, como reconoció oficialmente el gobierno de la ciudad.

Lo mismo ocurrió con 955 radios de alerta entregados a la delegación Miguel Hidalgo. Estos radios desaparecieron con todo y el expediente de donación, tal como informaron las autoridades delegacionales.

Otras delegaciones en los que desaparecieron todos los radios de alerta son Gustavo A. Madero y Azcapotzalco.

Además, hay instituciones que mantienen almacenadas la mayoría de los radios de alerta recibidos, como el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de la Ciudad de México (DIF-CDMX), que solo instaló 363 de los mil 400 aparatos. Los restantes mil 37 están guardados desde hace seis años porque “los inmuebles en uso o a cargo de esta entidad ya cuentan con los dispositivos necesarios”.

En total, de los 50 mil primeros radios de alerta sísmica comprados en 2010 por el Gobierno de la Ciudad de México, 4 mil 135 desaparecieron y 3 mil 297 permanecen en bodegas.

En enero de 2016, el sistema de advertencia con radios fue reforzado, pero ya no con más aparatos receptores, sino a través de la difusión de la alerta sísmica desde los altoparlantes con los que cuentan las cámaras de vigilancia policiaca repartidas en las calles de la Ciudad de México.

 

Reparto a lo bruto: gobierno federal

Para julio de 2011, el gobierno federal (con Felipe Calderón al frente del Ejecutivo), le compró al CIRES otros 38 mil radios, para distribuir en Oaxaca, Guerrero, Michoacán y –nuevamente– en la capital del país.

El mismo contrato de compra establecía que el CIRES solo debía dotar al gobierno federal de los aparatos, mientras que “la distribución será responsabilidad de la Coordinación General de Protección Civil, bajo los criterios que ella establezca”.

El resultado fue el mismo: miles de radios robados o subutilizados.

En Michoacán, por ejemplo, las autoridades estatales dijeron que desconocen el destino de los 200 radios de alerta sísmica que les envió el gobierno federal en 2012, y aseguraron que “la ley no las obliga” a contar con esa información, a pesar de que la legislación dice lo contrario.

 

En Oaxaca, más de la mitad de los radios nunca se repartieron y los que sí fueron instalados, se ubicaron en un solo punto de la entidad –la capital y localidades aledañas–, ignorando al resto de la población.

Por sus características tecnológicas, el tiempo de advertencia previa que ofrecen estos radios depende directamente de la distancia que exista entre el punto donde fue ubicado cada aparato, y el epicentro del sismo.

Es decir, mientras menos distancia hay entre el radio de alerta y el epicentro del sismo, menos será el tiempo previo de advertencia.

De esta forma, los radios instalados en los Valles Centrales de Oaxaca solo sirven para los sismos lejanos, y pierden su efectividad ante aquellos originados en los mismos Valles Centrales.

Así, por ejemplo, cuando la capital de Oaxaca es epicentro de un sismo, los radios que se distribuyeron ahí suenan al mismo tiempo que comienza a sentirse el temblor e, incluso, varios segundos después.

Esta misma situación ocurre en Guerrero, en donde fueron entregados 3 mil radios.
Según información generada por la Secretaría de Protección Civil de dicha entidad en febrero de 2017, los radios fueron entregados a 12 municipios del estado (de los 81 ayuntamientos de la entidad).

Animal Político consultó a esos 12 municipios dónde se instalaron esos aparatos de alerta sísmica, pero solo dos respondieron: Coyuca de Benítez y Acapulco, que en conjunto recibieron 321 radios.

Acapulco es la única localidad costera del país en la que fueron instalados radios de alerta sísmica (298 aparatos), mismos que el pasado 7 de septiembre dieron aviso oportuno y permitieron el desalojo de inmuebles en riesgo.

Los otros 10 municipios de Guerrero, que recibieron 2 mil 220 aparatos, declararon que ignoran su destino, o simplemente no respondieron.

Además, la Secretaría de Protección Civil del estado informó que desde hace cinco años guarda 133 radios en sus bodegas. Los registros no indican qué pasó con otros 302 aparatos que desaparecieron durante el proceso de donación por parte del gobierno federal y su entrega a gobiernos municipales o instituciones públicas.

 

Cenapred: la pata del mueble

Para conocer qué criterios aplicó el gobierno federal para definir qué estados del país debían recibir los 38 mil radios que adquirió, Animal Político consultó a la Coordinación Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) de la Secretaría de Gobernación.

En entrevista, el titular de esta dependencia federal, Carlos Valdés González, recordó que la compra de estos 38 mil radios, a la que calificó como “barbaridad”, fue realizada por “las anteriores autoridades (federales)”.

Los registros oficiales indican que 36 mil de esos radios fueron repartidos durante los últimos tres meses del gobierno de Calderón; y los restantes 2 mil aparatos fueron distribuidos por el gobierno de Peña Nieto en los años 2013 y 2014.

“Cómo se seleccionó (a los estados que recibirían esos radios de alerta sísmica) ahí sí desconozco –aseguró el funcionario federal–, pero se dieron a estados afectados, Oaxaca, Guerrero y Michoacán; se dieron radios al Gobierno de la Ciudad de México; y se le dieron a instituciones del gobierno federal, privilegiando a las escuelas.”

En el Cenapred, señaló su titular, “no podíamos instalar ese número de equipos en 38 mil lugares diferentes. Entonces, qué se hizo: se entregaron los radios de alerta sísmica, a través de convenios, a muchas instituciones, y lo que dicen esos convenios es que esas instituciones debían informarnos en dónde instalaban esos aparatos, y darles mantenimiento.”

No obstante, añadió, “cada año nosotros les pedimos a esas instituciones que informen en dónde están esos radios de alertamiento, cuáles son sus coordenadas geográficas, dónde se instalaron, pero nosotros nos cansamos de mandar esas solicitudes (porque) hay algunas instituciones que abiertamente nos responden ‘no sé dónde están'”.

El director general del Centro Nacional de Prevención de Desastres subrayó que “no está en nuestras manos fiscalizar (a esas instituciones) o decirles que nos regresen los radios por no darnos la información (acerca del uso que les dieron)”.

Al final, concluye, la distribución y aprovechamiento de esa tecnología, que “puede salvar vidas”, terminó en un acto de buena fe.

“Esa tecnología –insistió el funcionario– se entregó de la mejor manera, y cada quien es responsable (del destino que tuvo). Las instituciones que las recibieron deberían haber tomado los radios de alertamiento, instalarlos bien y estar muy al tanto de que funcionaran.”

“Nosotros cumplimos con el compromiso de entregar los radios –concluyó el director del Cenapred–. Pero es como con el directorio telefónico: cuando llegaba a mi casa, una tía lo usaba de pata de mueble, y el día que lo llegábamos a necesitar, ya no servía.”

 

Mercado Libre

En junio de 2016, en el sitio de ventas por internet MercadoLibre.com se puso a la venta un “Artículo nuevo”: un lote de radios de “alerta” que reproducen el sonido oficial del Sistema de Alerta Sísmica del gobierno mexicano, a un costo de 3 mil pesos por unidad.

La garantía de funcionamiento de estos radios no podía ser mejor: los logotipos de la Secretaría de Gobernación y de la Coordinación Nacional de Protección Civil, adheridas al aparato.

Tres días después de que esta oferta se ingresó al portal de compras, ya había tres aparatos vendidos.

“Éste es el cuarto”, dice I., un joven de, acaso, 20 años, mientras extiende la mercancía adquirida a través de Mercado Libre: una caja de cartón azul, con la imagen de un radio de alertamiento impresa, junto al logo de su marca “Sarmex”.

Dentro de la caja, el aparato, junto con un enchufe para la corriente eléctrica.

–¿Y qué tal funciona? –se pregunta a I.

–Es de los buenos –responde el joven, y muestra la etiqueta adherida al costado del aparato, en la que se señala que forma parte de una adquisición realizada por el gobierno federal, con recursos del Fondo de Atención a Desastres Naturales, FONDEN.

Por su propia seguridad, I. va acompañado de otro joven, como él, aunque mucho más alto, de 1.90 de estatura, y quizá 120 kilos de peso.

Tras el pago en efectivo y un apretón de manos, ambos jóvenes se van. La venta se realizó en el andén de la estación del Metro Santa Anita, en la delegación Iztapalapa.

Gracias al número de serie de este aparato, Animal Político pudo confirmar que fue adquirido por el gobierno federal en 2011, y luego donado, junto con otros 7 mil radios, al Gobierno de la Ciudad de México, que a su vez los distribuyó a distintos organismos locales.

Según los registros oficiales recabados, la Secretaría de Protección Civil de la Ciudad de México recibió 700 de esos receptores de la alerta sísmica, mismos que hasta la fecha se guardan en su bodega central. De esa bodega fue robado el radio que, en 2016, salió a la venta en Mercado Libre.

Días después de la compra en el Metro Santa Anita, I. se comunicó telefónicamente.

“Platícale a tus vecinos. Diles que tengo más radios, y si compran varios, les hago un descuento”.

Ese mismo día, en Mercado Libre se anunció que el precio de los radios de alerta sísmica robados al gobierno de la Ciudad de México aumentaba a 4 mil pesos.

 

 

*Esta investigación se realizó entre junio de 2016 y septiembre de 2017. Se presentaron mil 280 solicitudes de información pública bajo la Ley General de Transparencia, ante los gobiernos federal, de la Ciudad de México, Estado de México, Michoacán, Guerrero y Oaxaca.

 

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Vacunas contra la COVID: 11 preguntas y respuestas sobre la inmunización

Las vacunas contra la COVID han mostrado su efectividad y que pueden proteger, al menos, entre seis y ocho meses.
24 de abril, 2021
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Mauricio Rodríguez, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y vocero de la comisión de dicho centro para temas relacionados con el coronavirus, responde las preguntas que los lectores de BBC Mundo nos enviaron sobre las vacunas.

1. ¿Cuál es la vacuna más efectiva contra la covid-19?, Cristina Lastra, Bolivia

Todas las vacunas que han sido autorizadas para ser utilizadas en la emergencia han cumplido con los requisitos de eficacia y seguridad establecidos por las autoridades regulatorias en todos los países donde se han ido aprobando.

Las vacunas, para llegar a ese punto, tuvieron que haber demostrado que estimulaban una respuesta inmune que protege a las personas que se vacunan.

Todas han cumplido con esos con esos requisitos.

El requisito quizá más importante es el de proteger contra la enfermedad grave, contra la covid-19 que hospitaliza a las personas, la que causa la muerte.

Desde ese punto de vista, todas son igual de efectivas, prácticamente todas protegen al 100%.

Hay algunos otros elementos que se han evaluado en los estudios clínicos, como puede ser la detección del virus en la infección o la sintomatología, en los que sí hemos encontrado algunas variaciones que podrían ser atribuibles no sólo a la vacuna, sino también a la población en la que se está utilizando y a la actividad epidémica que había en el momento en el que se hicieron los estudios clínicos.

De tal forma que no podemos decir que haya una vacuna más efectiva que otra para prevenir la enfermedad grave y para prevenir la muerte por covid-19, todas las vacunas disponibles son igualmente efectivas.

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Hasta el momento, todas las vacunas han mostrado ser efectivas para prevenir la enfermedad grave de covid-19.

2. ¿Cuánto dura la inmunidad de las vacunas contra covid-19?, Gerardo Camacho, México

No perdamos de vista que aunque ya estemos cansados de la pandemia y creamos que ya pasó mucho tiempo, apenas ha pasado un año y unos pocos meses.

De tal manera que no sabemos qué va a pasar a largo plazo, ni con la enfermedad ni con la inmunidad estimulada por las vacunas.

Las primeras vacunas completaron los estudios que pedían las autoridades regulatorias a finales de 2020, en los que se evualó hasta dos meses de seguimiento de los participantes. Ahí se vio que funcionaban y eran seguras.

Recientemente se han publicado algunos estudios de la continuidad de esos ensayos clínicos y se ha visto que la respuesta de las vacunas, cuando menos, sigue siendo bastante buena alrededor de entre seis y ocho meses.

De igual forma, la respuesta generada por las personas que se enferman de covid-19 también está en alrededor de 8 meses, según los estudios que han seguido a los pacientes con mayor detalle.

Entonces esperemos que la inmunidad dure lo suficiente para disminuir la intensidad de la epidemia y para tener una situación mucho más llevadera.

vacuna.

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Las vacunas han mostrado que pueden proteger, al menos, entre seis y ocho meses.

3. ¿A partir de qué momento después de recibir la vacuna comienzo a estar protegido?, varios lectores

Cada vacuna tiene su propio esquema, si es de una dosis o de dos dosis.

En el caso de las vacunas de una sola dosis, aproximadamente entre dos y tres semanas después de la aplicación de la vacuna ya hay una respuesta suficientemente buena como para considerarse protegido.

Cerca de los 28 días, la respuesta alcanza niveles muy buenos y la persona ya está protegida.

En el caso de las vacunas de dos dosis, hay una primera protección dos semanas después de la primera dosis, que se va a mantener un tiempo y que si la dejáramos sin poner la segunda dosis, seguramente terminaría cayendo después de unos meses.

Pero justamente, antes de que caiga se pone la segunda dosis, se vuelve a estimular al sistema de defensas y ahí tenemos a las dos semanas de la segunda dosis, prácticamente el nivel máximo de la respuesta, que es cuando podemos considerar que la persona ya está protegida.

Esto no significa que ya se puede descuidar y que ya se puede exponer a riesgos, simplemente significa que puede llevar su vida con un poco más de tranquilidad, y estar seguro de que si le da covid-19 va a ser más leve.

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La protección contra la enfermedad comienza a generarse días después de completar el esquema de vacunación.

4. ¿Cuánto tiempo después de la primera dosis se debe poner la segunda?, Miriam Ortiz, Panamá

Cada marca de vacuna tiene su propio intervalo entre las dosis.

Por ejemplo, la segunda dosis de la vacuna de Pfzier se debe poner entre los 21 y los 42 días posteriores a la primera dosis.

La vacuna de Oxford/Astrazeneca se debe poner entre 8 y 12 semanas después, esto es entre dos y tres meses.

La vacuna de Sinovac tiene entre 3 semanas, 21 días y 35 días.

La vacuna Sputnik tiene alrededor de 28 días.

Es importante que nos quede claro que son periodos que comprenden varios días en los que se puede poner la segunda dosis con toda seguridad.

No es necesario que sea exactamente el día 21 o el día 42, sino que alrededor de esa fecha se tiene cierta seguridad. Si recibimos la segunda dosis tres días antes o tres días después de esos intervalos, podríamos tener tranquilidad.

Para evaluar el riesgo de qué pasa si se prolonga el tiempo recomendado entre las dosis, habría que ver exactamente cuánto se está prolongando. Si se llega a extender más de una semana, habría que esperarse y ver si hay que volver a ponerse el esquema completo, porque ahí no se sabe exactamente qué va a pasar, los estudios no han evaluado eso.

Los estudios nos han dicho cómo funcionan las vacunas cuando se usan correctamente, entonces lo mejor es tratar de ponérselas en los tiempos establecidos.

5. ¿Es cierto que la vacuna Sinovac es solo 50% efectiva?, Diana Cantor, Colombia

Conforme se han ido aplicando las vacunas en la vida real en los países, se ha comenzado a generar información de la efectividad de las vacunas en la población.

Respecto a la vacuna Sinovac, en Chile se observó que después de la primera dosis hubo baja protección porque la gente dejó de cuidarse e incrementó los riesgos, relajaron las medidas.

Incluso mucha gente que se había estado cuidando, sin estar vacunada, comenzó a generar situaciones de riesgo en los primeros meses del año.

Los estudios previos sí habían mostrado que protegía contra la infección grave y la hospitalización, esperamos ver más datos sobre la protección, y poder decir si la vacuna es más o menos efectiva.

Hasta ahora lo que tenemos es que sí protege contra la enfermedad grave y la muerte, que es lo que necesitamos reducir primero.

Respecto a si se necesita una tercera dosis, de esta o de otras vacunas, todavía es muy pronto para saberlo, sobre todo definir si sería una tercera dosis de la misma vacuna o una tercera vacuna de una marca diferente a la del esquema inicial.

Eso todavía no se sabe, sobretodo porque no ha pasado suficiente tiempo y no sabemos qué pasa a madiano plazo con las vacunas, es demasiado pronto para saberlo.

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Con el paso del tiempo se irán conociendo más detalles sobre la efectividad de las vacunas.

6. ¿Puede aplicarse la primera dosis de una vacuna y la segunda dosis de una vacuna diferente?, Omar Bohórquez, Colombia

Esto nos remite a una reflexión, y es que necesitamos aumentar la disponibilidad de las vacunas, no solo en el número de dosis, sino optimizar el uso de las vacunas.

Esta optimización incluye la intercambiabilidad de las vacunas, es decir, comenzar con una vacuna y si por alguna razón no está disponible la misma vacuna para la segunda dosis en el tiempo que se necesita, se utilice la vacuna de otra marca para hacer el refuerzo.

El principio científico sería lógico, sería válido, pero eso tiene que demostrarse con estudios clínicos, donde se muestre que es seguro y genera una respuesta efectiva con estas combinaciones.

Hay varios estudios que están analizando la intercambiabilidad, por ejemplo entre la de Pfizer y la Oxford/AstraZeneca, la de Sputnik con la de Oxford/AstraZeneca, o la de Sputnik con la de CanSino.

Entonces, en este momento a mediados de abril, todavía no se ha verificado que sea posible intercambiarlas, todavía no está autorizado.

Probablemente en algunas semanas la situación cambie y veamos que comienza a haber algunos permisos para intercambiarlas, o incluso para modificar los esquemas en el número de dosis dependiendo de cada persona.

Por ejemplo, que las personas a quienes ya les dio covid-19 se pongan solo una dosis, pero esperamos los resultados de los estudios y las recomendaciones de las autoridades regulatorias.

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Hay varios estudios analizando la posibilidad de usar marcas de vacunas diferentes para la primera y la segunda dosis.

7. Si ya recibí las dos dosis de la vacuna, ¿puedo volver a vacunarme meses después?, varios lectores

En estricto sentido sí se podría, sería cuestión de hacer los trámites y volverse a formar.

Sin embargo, no es correcto que se haga porque le va a quitar la oportunidad a alguien más.

Además, hasta el momento no tenemos elementos para decir que es necesario hacerlo, de hecho no es necesario vacunarse nuevamente.

La gente que se está vacunando ya está protegida y por lo pronto con esa protección es suficiente para los siguientes meses.

Esperemos ver qué pasa con la pandemia, cómo cambia el panorama con la vacunación, para poder definir si se van a necesitar más vacunas.

Lo importante ahora es completar el esquema de vacunación y seguirnos cuidando.

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Si una persona ya completó su esquema de vacunación, por ahora no es necesario que vuelva a vacunarse.

8. ¿Qué relación hay entre algunas vacunas y la trombosis?, varios lectores

Como parte de los programas de farmacovigilancia, que se hacen para ver qué ocurre con las reacciones producidas por las vacunas cuando ya se están utilizando en la vida real, se están vigilando los potenciales efectos que pudieran tener.

Tanto para la vacuna de Oxford/AstraZeneca y la de Johnson & Johnson, e incluso para la vacuna de Pfizer, se ha encontrado que en algunos pocos casos se presenta algún tipo de trombosis, que son formaciones de coágulos, generalmente en el transcurso de las dos primeras semanas después de la primera dosis.

Todavía no está definido exactamente qué es lo que está pasando. Sí se ha identificado como un potencial riesgo, se están investigando exactamente las características de las personas a las que les ha pasado, para poder determinar qué elementos están participando en ese fenómeno.

Están viendo si tienen algún antecedente de la coagulación, o si utilizan algún medicamento que modifica la coagulación.

Por lo pronto, la certeza que tenemos es que son eventos extremadamente raros, muy raros, y que el beneficio por la vacunación supera al riesgo que pudiera haber por algún problema asociado a la vacuna.

Las personas que se vacunan están protegidas contra el covid-19, sobre todo contra las formas graves, y eso es suficiente como para utilizar las vacunas con toda tranquilidad, porque el beneficio que vamos a obtener es justamente prevenir hospitalizaciones, prevenir muerte por covid-19.

Así que hasta este momento, en lo que terminan de hacerse algunas investigaciones, el beneficio supera supera el riesgo.

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Los expertos indican que los beneficios de aplicarse la vacuna, superan los riesgos de que pudieran tener.

9. ¿Depende la efectividad de la vacuna de la variante del virus de la que se infecte la persona?, varios lectores

En términos generales, las vacunas están protegiendo bien contras las variantes, no se ha encontrado una variante que se escape por completo a la respuesta estimulada por las vacunas.

Tal vez en algunos meses se genere alguna variante que sí escape a la respuesta, pero, de cualquier manera, la respuesta que se genera por las vacunas sirve para tener listo un repertorio en la memoria inmunológica para combatir al coronavirus en términos generales.

En este momento todas las vacunas están siendo fabricadas teniendo en cuenta los componentes del virus original, de los primeros virus que se aislaron, entonces están funcionando bien para la mayoría de los virus que están circulando.

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Hasta ahora, ninguna variante del virus escapa completamente a la acción de las vacunas.

10. ¿Las vacunas tienen efectos secundarios a largo plazo?, varios lectores

Es muy raro que las vacunas tengan efectos secundarios a largo plazo.

La mayoría de los efectos adversos de las vacunas ocurren en los primeros días y casi siempre se da un periodo de unos 50 días en los que podríamos pensar en que algún daño es atribuible a la vacuna.

Hacer una correlación entre un efecto adverso que ocurra mucho tiempo después y la vacunación, sería impreciso, costaría mucho trabajo determinar la relación causa-efecto.

Lo que se ha visto es que los casos de eventos adversos importantes, que podrían dejar secuelas a largo plazo, es algo diferente, porque se produjeron justamente en el período de los primeros 50 días

Es muy poco probable que haya secuelas a largo plazo. No hay ninguna vacuna que pudiéramos usar de ejemplo de que varios años o meses después deb haber sido aplicada, se encuentra algún algún daño.

Todos los estudios que se han hecho para evaluar la seguridad a largo plazo de las vacunas demuestran que son seguras.

Y, una vez más, el beneficio que se obtiene por utilizarlas es mucho mayor que cualquier riesgo que se pudiera correr por aplicarlas.

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Es muy poco probable que una vacuna genere secuelas a largo plazo.

11. ¿Cómo puedo saber si efectivamente me pusieron la vacuna?, Laura del Valle, México

Esta es una inquietud frecuente.

Lo más inmediato sería verificar en el sitio y el momento de la aplicación que se esté utilizando la vacuna, idealmente que le muestren el vial y se vean las etiquetas, que tengan anotados los números de lote.

Que sea un sitio de vacunación oficial anunciado por las autoridades.

También observar que la vacuna tiene el líquido, que la inyección se pone correctamente, que se vacía la jeringa y que se desecha correctamente.

Lo más probable es que en las horas o días siguientes haya alguna reacción del cuerpo, desde dolor en el sitio en el que se inyectó, hasta síntomas como fiebre, dolor de cabeza, malestar general, dolor de articulaciones, cualquier síntoma que es parte de la respuesta del cuerpo a lo que se le inyectó.

Hay que estar tranquilos, hay que confiar. Es mucha gente la que está involucrada, los sitios de vacunación están muy bien identificados.

En países como México hay brigadas de personas que están yendo a las casas a vacunar a las personas que tiene dificultada para moverse. En estos grupos van personas de la Guardia Nacional, de los grupos de vacunadores y la visita se programa con anticipación.

Eso es un caso excepcional, pero si alguien dice que un amigo en su hospital está poniendo la vacuna, lo más probable es que sea o producto de un delito, o que están a punto de de caer en una estafa o en un delito, y no hay que ser parte de eso, hay que denunciarlo con las autoridades competentes.

La vacunación es es un ejercicio de confianza en el que tenemos todos que participar de manera activa.

Sólo así vamos a poder lograr las máximas coberturas y dismunuir el impacto de la pandemia.


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