Libres, vivas y seguras; marchan por feminicidio de Mara Castilla y otras víctimas de violencia
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Erendira Aquino

Libres, vivas y seguras; marchan por feminicidio de Mara Castilla y otras víctimas de violencia

“Vivas nos queremos” fue una de las exigencias en esta manifestación que se replicó en distintos estados del país después del asesinato de Mara Castilla. Mujeres contaron qué las motivó a salir a marchar y cómo han vivido la violencia de género.
Erendira Aquino
Por Erendira Aquino
18 de septiembre, 2017
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“Me violaron y callé. No más”. Dice Julieta N mientras avanza por las calles de la Ciudad de México acompañada de su madre, dos hermanas y sus mejores amigas. Dice que es la primera vez que habla abiertamente de su violación y de cómo se sintió avergonzada de sí misma antes de identificarse como víctima cuando un compañero de trabajo la atacó.

“Me motivó Mara”, cuenta Julieta. “Porque cuando supe del caso le dije a mi mamá, a mis hermana, a mis amigas, ‘pude haber sido yo’”. También es la primera vez que este grupo de siete mujeres sale a las calles a manifestarse por la violencia de género.

Ellas se unieron a los miles de ciudadanos que tras la noticia del feminicidio de Mara Castilla —ocurrido en Puebla después de que abordó un taxi de la empresa Cabify— organizaron una manifestación que se replicó en al menos cinco estados del país para exigir justicia por el asesinato de la joven de 19 años.

 Lee ¿Quién es Mara Castilla?

“Fui abusada sexualmente y desde ese momento dije ‘basta’ y rompí con esa relación tóxica”, relata Nely, otra de las asistentes a la marcha en la Ciudad de México.

Ella y su hermana, Yani, quien sufrió el mismo tipo de violencia, han tenido que recurrir a clases de autodefensa y al gas pimienta, porque, dicen, “aunque es ilegal, tenemos que defendernos”.

Su madre, Juana, acudió con ellas a la marcha. “Mis niñas han sufrido violencia y no he podido protegerlas, entonces ahorita estoy aquí, apoyándolas. También vengo por Mara, por ella y por todas las otras que han sido asesinadas”, cuenta.

“Ni una más, ni una más, ni una muerta más” coreaban las asistentes en la manifestación de la Ciudad de México que inició en el Zócalo y siguió su ruta hasta la sede de la Procuraduría General de la República.

Pixie y La Changa (seudónimos) también asistieron a la marcha. Ambas amigas, con el rostro cubierto por coloridos pasamontañas, coincidieron en que les parece injusto “que nosotras tengamos que sentirnos valientes para, de alguna manera, sentirnos un poco seguras, pero no completamente”.

Para Pixie, además, pensar de esa forma “deposita la responsabilidad en nosotras y no en quien decide violentar”.

Con la voz entrecortada, Pixie relata que fue víctima de abuso sexual infantil, lo que la llevó a tomar terapia y a comprender que no fue su culpa lo que sucedió. Sin embargo, comenta que el ‘feminicidio’ de Lesvy Osorio —la joven cuyo cuerpo fue encontrado en mayo pasado atado a una cabina de teléfono público de Ciudad Universitaria—, la impactó.

“Sentí como si hubieran asesinado a una amiga en mi casa, porque la UNAM es como mi casa”, dice. Por eso, “ahora que vamos a las marchas juntas para mí ha sido una forma de hacer catarsis, de dejar de estar en silencio, de alzar la voz, de gritar y de llorar. Y bueno, me siento acompañada y apoyada por todas las mujeres, porque sé que alguien está detrás de mí y va a responder si algo me pasa”.

La Changa comenta que, aunque se siente empoderada, ha recurrido a portar un teaser (arma de electrochoque) y a un puño de acero, “aunque al final de cuentas también me siento insegura por tener que portarlos, porque si la policía me encuentra con eso yo soy la responsable, pero pues me tengo que rascar con mis propias uñas”.

“Es algo feo, porque yo no quiero sentirme valiente. Y sí, soy valiente, pero eso no importa. Yo no me quiero sentir con la responsabilidad de que si me atacan es por mi culpa, o qué pasa si no me puedo defender”.

Las asistentes a esta marcha por justicia para las mujeres víctimas de violencia llevaban pancartas en las que exigían ser libres, con derechos y no estar obligadas “a ser valientes” ante la violencia machista del país.

Viany, otra asistente a la protesta, explica que el homicidio de Lesvy y ahora el de Mara, le hizo ver una realidad que no conocía. “A muchas nos marcó. Lesvy tenía mi edad, es mi universidad. Fue cuando me di cuenta de que no estaba segura ni en mi escuela”.

Ella explica que desde hace algunos años ha tomado medidas de precaución como estar atenta todo el tiempo por la calle, no usar audífonos si es noche y avisar dónde y con quién va.

Recordar a Mara Castilla y a otras mujeres asesinadas

Vivir juntas, libres y sobre todo seguras es lo que no para de exigir Raquel, una de las asistentes a la marcha que grita contra la inseguridad en la que viven todas las mujeres.

“Vine para exigir justicia pero al mismo tiempo, vine para recordar a todas las mujeres que han sido asesinadas a manos de hombres sin corazón” detalla Raquel, quien además sostuvo que movimientos así son pequeños actos de valor, de amor, oportunidades de decirle una mujer a otra que no está sola.

Desde que salió el contingente del Zócalo, hasta la Procuraduría General de la República (punto de llegada), Nicté, otra de las manifestantes, no dejó de gritar con coraje.

“Desnudas o vestidas, respeta nuestras vidas” es el cartel que por casi dos horas de recorrido, Nicté mantuvo en alto.

“Vengo porque me solidarizo con todas las asesinadas y desaparecidas de México aunque al mismo tiempo vengo porque quiero dejar de sentirme vulnerable cada vez que salgo de casa. A veces, cuando voy en el metro, me doy cuenta de que un hombre me está mirando, y no solo eso sino que me está desnudando con la mirada, está pensando en todas las cosas que haría conmigo. Y ¿sabes? No solo es incómodo sino que es doloroso darse cuenta que ya no puedes salir tranquila y segura”.

Todos los días pasan cosas así

Berenice, por su parte, considera importante que tantas personas se movilicen contra el feminicidio de Mara y por otras mujeres que han sido violentadas o asesinadas en el país.

Ella comenta que asistió a la marcha, porque “como muchas mujeres, he sido violentada en el transporte: desde una mirada lasciva, un tocamiento, hasta un ojete que te pone el pito en el hombro. Pero a mí lo que más me indigna, molesta y preocupa es informarme de que todos los días pasan cosas así o peores”.

Por eso, dice, “la verdad sí he caído un poco en el miedo de que si no tengo a qué salir, no salgo, además procuro mantenerme en contacto con mi pareja, con mi familia. Y bueno, usaba servicios de transporte privado, pero ahora con estos casos ya no sé”.

Victoria y Blanca, quienes también acudieron a marchar, señalan que para ellas “estamos en un clima de violencia generalizada, por lo que tenemos que demandar y exigir justicia, y mayores medidas para combatirla, para terminar con los feminicidios y las violencias misóginas, homofóbicas y transfóbicas”.

Con música, poesía y consignas, miles de mujeres exigen un alto a la violencia machista que está acabando con la vida de una amiga, una novia, una vecina.

Protestan en varios estados

Bajo los lemas #JusticiaParaMara, #NiUnaMenos y #TodasSomosMara, ciudadanas y ciudadanos protestaron este domingo también en Puebla, Jalisco, Guanajuato, Coahuila y otros estados del país.

Las manifestaciones fueron convocadas luego de que el pasado 15 de septiembre, las autoridades del estado de Puebla informaron que Mara Castilla había sido asesinada y su cuerpo había sido encontrado.

De acuerdo con la Fiscalía del estado, la joven fue víctima de abuso sexual y luego estrangulada por Ricardo “N”, el chofer del taxi en el que subió.

En Puebla, las protestas al grito de “Gobierno Corrupto, por tu culpa estoy de Luto” iniciaron desde el sábado 16 de septiembre y continuaron este domingo. Mujeres se manifestaron en las oficinas de la Secretaría General de Gobierno y en la Fiscalía estatal, en donde recordaron que entre 2013 y 2015 ha ocurrido un feminicidio por semana. Uno de cada tres casos fueron asesinatos de mujeres entre 21 y 30 años.

Sólo en 2017, el Observatorio de Derechos Sexuales y Reproductivos contabiliza 83 feminicidios. Por ello, una de las principales exigencias en Puebla durante las protestas de este fin de semana fue la activación de la Alerta de Violencia de Género para el estado.

Para este lunes estudiantes de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (Upaep), en donde estudiaba Mara Fernanda, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y de otras instituciones educativas poblanas, marcharan por la ciudad en protesta por el feminicidio y la violencia de genero que se vive en el estado.

De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), en México fueron reportadas 17 mil 274 muertes de mujeres en el país, con presunción de homicidio, entre 2007 y 2014. Solo en el primer semestre de 2017 en el país se presentaron 6 mil 444 denuncias por violación sexual, lo que equivale a 35 denuncias diarias a nivel nacional, según ese organismo nacional.

Con información en Puebla de Lado B

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Julia "Butterfly" Hill

Julia, la mujer que pasó 738 días en la cima de una secuoya milenaria para evitar que la talaran

La activista se comprometió a ocupar el árbol, ubicado en un bosque del norte de California, pensando que pasaría allí como máximo un mes.
Julia "Butterfly" Hill
16 de agosto, 2020
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¿Qué harías tú para evitar que un majestuoso árbol de 1,500 años fuera víctima de las sierras de una maderera?

¿Arriesgarías tu vida, habitando un espacio en las alturas no más grande que una cama sencilla, a la intemperie, pasando frío, hambre, dolor y aislamiento?

¿Cuánto aguantarías?

Pues Julia “Butterfly” Hill, una activista medioambiental, vivió en la cima de una milenaria secuoya en el norte de California durante 738 días para evitar que la talaran.

Sólo aceptó ponerle fin a su increíble protesta y bajar del árbol después de ganar su batalla para protegerlo, así como el área que lo rodeaba.

Varios activistas han ocupado árboles, pero se cree que la protesta de Julia es la que más ha durado.

“Creo que a quien quiera talar un árbol de estos debería ordenársele vivir en él durante dos años”, dijo al programa Witness del Servicio Mundial de la BBC sobre su hazaña.

“Bellos y sagrados”

Una mujer abraza el tronco de un enorme secuoya en el Parque Nacional Secuoya, California

Getty Images
Las secuoyas son árboles monumentales.

Las secuoyas son árboles monumentales, oriundos de California, Estados Unidos..

Pueden crecer hasta alcanzar los 75 metros de altura, tener troncos de nueve metros de diámetro y vivir miles de años.

“Cuando llegué a California por primera vez y entré en el primer bosque ancestral, quedé muy conmovida e impactada por lo bellos y sagrados que son y se sienten”, comentó Julia a la BBC.

Desafortunadamente, desde la colonización del territorio californiano por culturas occidentales, la continua tala de este recurso natural diezmó los bosques.

“Al inicio de mi activismo, tomé conciencia de que el 97% de los bosques de estas secuoyas milenarias ya se había destruido“, explicó.

Aserradores a finales del siglo XIX trabajando en una de las madederas en California

Getty Images
A lo largo de los siglos, la industria maderera en California ha arrasado con los bosques de secuoyas.

En California se inició una forma de protesta a finales de los 70 conocida como la ocupación de árboles (tree sitting, en inglés), viviendo en ellos para protegerlos de la tala.

Julia Hill, a quien apodaron Butterfly (Mariposa) a los siete años, había estado viviendo con unos activistas del medioambiente en el condado de Humboldt, en el norte de California.

El grupo estaba enfrentado a una empresa maderera que talaba las secuoyas de la región.

Necesitaban a alguien que ocupara un árbol para atraer atención a la causa.

Julia se ofreció voluntaria, pensando en que sólo tendría que estar subida al árbol unas dos semanas, tal vez un mes.

La complicada vida en un árbol

Julia Butterfly Hill en su refugio arriba de un secuoya

Getty Images
El refugio de Julia consistía de una plataforma de dos metros por uno y medio, cubierto de una lona de plástico.

El 10 de diciembre de 1997, trepó a un árbol de 55 metros de altura al cual le dio el nombre de Luna. Ahí fue cuando se dio cuenta en qué se había metido.

“Estás atada a una soga de escalar, usas tus manos y pies para lentamente ir subiendo al árbol. A unos 25 metros de altura, cometí el error de mirar hacia abajo. Entré en pánico y me paralicé. Cuando abrí lo ojos otra vez, mantuve la vista fija en Luna a medida que subía”.

Sin embargo, el entorno también le tenía reservadas sorpresas agradables.

“El olor en el bosque es extraordinario. El aire es tan dulce que realmente lo puedes saborear”, describió.

El hogar de Julia en el árbol era una plataforma de dos metros por uno y medio. Más o menos del tamaño de una cama sencilla.

Después de pasar un año subido a ella, pudo armar una segunda plataforma. Se protegía bajo una lona de plástico, su cama se reducía a un saco de dormir y le subían la comida con un lazo.

Julia Butterfly Hill hablando por un teléfono celular dentro de su refugio en el árbol

Getty Images
Julia se comunicaba con los medios por medio de un teléfono celular cargado con energía solar.

Durante ese tiempo tuvo contacto humano, daba entrevistas a los medios a través de un teléfono que funcionaba con energía solar. Pero cuando llegó el momento de enfrentar el mal tiempo, estuvo completamente sola.

“Había mucha humedad y frío. Aun con la lona de plástico que me servía de techo y paredes, hasta la niebla penetraba y la lluvia encontraba pequeños agujeros por donde gotear desde las ramas a la plataforma”, relató

Tuvo que soportar tormentas con vientos de hasta 150 kilómetros por hora, lluvia congelada, granizo y finalmente nieve que destruyeron su refugio, con lo que quedó completamente expuesta a la intemperie.

Las condiciones meteorológicas fueron tan intensas que sufrió congelación severa porque no podía secarse ni calentarse durante semanas.

“Soportar el peor invierno registrado en la historia a 18 pisos de altura, en una pequeña plataforma en el cielo, me desafió en todos los aspectos. Mi deseo de sentir calor y secarme, el miedo a morir. Fue llevada al borde de todos los posibles temores que tenía. Y fue a través de esa experiencia que evolucioné como un ser humano”, afirmó.

Oposición, dudas y nuevo aliento

La empresa maderera Pacific Lumber Company

Getty Images
La empresa maderera hizo todo lo posible para obligar a Julia a bajar del árbol.

Pero no todos estaban igualmente impresionados.

Debido a que realizaba un acto de desobediencia civil -pues estaba en territorio que alguien reclamaba que le pertenecía- se había ganado el disgusto de la empresa maderera.

Estaba determinada a sobrevivir, aunque había algunas personas con igual determinación para obligarla a bajar.

“Intentaron varias formas de forzarme a bajar: desde cortar mis suministros y alimentos, dejarme con hambre, hasta sonar bocinas a alto volumen durante toda la noche y el día, durante muchos días, para que no pudiera dormir”.

Hubo momentos de duda en que casi se da por vencida.

“Soy un ser humano. Hubo momentos en los que dije ‘no aguanto más’. Momentos en los que me enrosqué en la posición fetal a llorar, ‘no puedo más, ni un minuto más'”, confesó, pero algo siempre pasaba que el daba nuevo aliento.

“Ya fuera una respuesta de la naturaleza, o alguien llegando inesperadamente con algún tipo de obsequio, o un oso que pasaba por el bosque comiendo bayas -es increíble ver un animal así de grande-. Hubo pequeños incidentes como esos, en momentos en que ya no podía más algo ocurría que me decía puedes aguantar. Un respiro más, un momento más”.

Julia arriba de un secuoya con el panorama de un bosque atrás

Getty Images
A pesar de soportar momentos difíciles, la naturaleza le brindó espectáculos maravillosos.

Con el tiempo algunas cosas de la vida en un árbol se volvieron más fáciles, otras más difíciles.

“Después de las tormentas recolectaba ramas y las tejía con los trozos de lona destrozados y mi techo se convirtió en algo parecido a un cesto de ramas, plástico y cinta adhesiva”.

Constantemente tuvo que rehacer su refugio porque el mal tiempo se lo llevaba cada tanto. Aun así persistió.

“No bajé porque había dado mi palabra que no lo haría antes de hacer todo lo que pudiera”, aseguró.

Victoria

La impresionante protesta de dos años de Julia atrajo la atención a lo largo de todo Estados Unidos y más allá. Le dedicaron varias canciones.

El 18 de diciembre de 1999, la protesta de Julia finalmente terminó. Se había llegado a un acuerdo con la compañía maderera.

Julia y los otros activistas habían logrado recaudar US$50.000 y efectivamente pagaron a la maderera para rescatar el árbol y un área aledaña de unos 12.000 metros cuadrados.

Las cámaras captaron el momento dramático cuando la defensora del medio ambiente descendió en lágrimas.

“Fue una sensación extraordinaria cuando toqué tierra por primera vez. La gente pensó que había caído al suelo porque mis músculos no eran lo suficientemente fuertes. Pero, en realidad, caí al suelo porque las emociones, la energía y todas las sensaciones eran tan profundas que no me podía mantener en pie”.

Activismo continuo

Julia Butterfly Hill está convencida de las repercusiones de su acción en la protección de uno de los tesoros naturales de California y el mundo.

Julia es esposada por la policía durante una protesta en Ilinois en 2001

Getty Images
Después de bajar del árbol, Julia continuó con sus protestas ecologistas que resultaron en arrestos.

“Como nada sucede en un vacío, es científicamente imposible no tener algún impacto”, aseguró a la BBC.

Un año después de que Julia bajara de Luna,lasecuoya fue atacada por un vándalo, quien le hizo al tronco un corte de 80cm de profundidad con una sierra.

Tras una intervención delicada de especialistas que lograron estabilizar el árbol, este sigue en pie, así como los demás que lo rodean.

Y a Julia le queda la inigualable experiencia de haber vivido en él durante casi dos años.

“Hubo tantos momentos profundos y bellos”, recuerda.

“Uno de ellos fue cuando la niebla cubrió el valle completamente. Me desperté temprano en la mañana y vi que nada más estaba yo por encima de la niebla y a medida que salía el sol la niebla se convirtió en una laguna de color dorado, rosado, naranja, azul clarísimo. Una laguna arcoíris”.

No obstante, su activismo no terminó con esas impactantes imágenes.

Julia Butterfly Hill cofundó la Circle of Life Foundation (Fundación Círculo de la Vida), que aboga por la transformación de las interacciones humanas con la naturaleza.

De su experiencia ocupando árboles escribió el libro “El legado de Luna: la historia de un árbol, una mujer y la lucha para salvar los secuoyas”.

Julia Butterfly Hill ocupa un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

Getty Images
En 2006, Julia Butterfly Hill ocupó un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

En 2002, Hill fue deportada de Ecuador, donde había participado en una protesta contra los planes de la petrolera Occidental de construir un oleoducto que atravesaría territorios indígenas.

Su trabajo en defensa del medioambiente y de los pequeños agricultores continúa, dando charlas, participando en simposios y dictando talleres.


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