Hay momentos en que hambre y la sed desaparecen: Lucía Zamora pasó 36 horas bajo los escombros
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Cortesía Astrid Amaya

Hay momentos en que hambre y la sed desaparecen: Lucía Zamora pasó 36 horas bajo los escombros

Permaneció día y medio acostada boca arriba, casi inmóvil, con una losa de concreto a unos centímetros de su cara, bajo los restos de un edificio que derribó el sismo de magnitud 7.1 que el martes pasado afectó a varias zonas de la capital mexicana y del país.
Cortesía Astrid Amaya
Por Alberto Najar BBC Mundo, Ciudad de México
26 de septiembre, 2017
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Lo peor eran los ratos de silencio, cuando la angustia e incertidumbre parecían profundizarse.

En esos momentos se sentía aún más el peso de las decenas de toneladas de escombro sobre Lucía Zamora Rivera, atrapada en un edificio colapsado por el sismo de magnitud 7,1 que afectó a varias zonas de Ciudad de México.

Habían pasado varias horas del terremoto pero en ese pequeño hueco, entre los restos de lo que fueron siete pisos comprimidos en tres, medir la dimensión del tiempo era difícil.

“La oscuridad era terrible, no entraba absolutamente nada de luz”, le cuenta Lucía a BBC Mundo.

“Se escuchaban helicópteros, maquinaria, algunas voces de lejos, como gente pidiendo auxilio o que lloraba. Y también períodos de silencio muy largos”.

Minutos, a veces horas, en que el ánimo decaía. Pero se recuperaba.

“Te vas tranquilizando. Hay momentos de temor, de miedo, en los que las sensaciones de hambre y sed desaparecen”, recuerda.

“Rezas, te regresa la fe, pierdes la esperanza. Experimentas todo, todas las emociones. Yo traté de mantenerme calmada lo más posible”.

Edificio de la avenida Álvaro Obregón 286 de Ciudad de México destruido por el terremoto de magnitud 7,1 del martes.GETTY IMAGES
Edificio de siete pisos del número 286 de la avenida Álvaro Obregón, en Ciudad de México, se colapsó a causa del terremoto de México.

Lucía no podía saberlo pero unos metros arriba de ella decenas de rescatistas, voluntarios y militares movían piedras, vigas de concreto, muebles, tierra.

Luchaban contra el tiempo para rescatar a decenas de personas bajo los restos del edificio de oficinas en el número 286 de la avenida Álvaro Obregón 286, en la colonia Roma de la capital mexicana.

Es una de las zonas devastadas por el sismo donde más se ha concentrado la atención, porque una semana después del terremoto todavía hay personas atrapadas.

Lucía fue una de ellas. Permaneció 36 horas acostada boca arriba, casi inmóvil, con una losa de concreto a unos centímetros de su cara.

El retraso

El martes 19 de septiembre parecía un día normal para Lucía, consultora independiente en mercadotecnia de 36 años de edad.

Tenía su empresa “pequeña”, dice, con la que ofrece asesoría en comunicación, redacción de guiones e historias comerciales y publicidad.

Socorristas cerca de la colonia Roma Norte, marchan hacia los operativos de rescateGETTY IMAGES
La colonia Roma Norte de Ciudad de México, donde se encuentra el edificio colapsado, es la zona en la que más se ha concentrado la atención de los operativos de rescate.

En el tercer piso del edificio colapsado rentaba un espacio de oficina virtual; es decir, pagaba una cuota mensual que le permitía el uso de computadoras, internet y mensajería.

Tres veces por semana trabajaba en ese lugar. Otras veces lo hacía en su casa o cafeterías cercanas a sus citas de trabajo.

Sus oficinas virtuales estaban en la colonia Roma Norte, un barrio de moda en la capital mexicana pero que se ubica en una zona sensible a los movimientos telúricos.

De hecho fue una de las más afectadas en el terremoto del 19 de septiembre de 1985, el más devastador en la historia reciente de México.

Lo mismo ocurrió con el sismo reciente. Decenas de casas y edificios del barrio, creado en los primeros años del siglo antepasado, fueron dañados.

El lunes 18 de septiembre Lucía no fue a sus oficinas virtuales. Se entretuvo en reuniones y otros compromisos, pero al día siguiente se encaminó a la colonia Roma.

Iba a ofrecer una asesoría a sus arrendadores, con quienes mantiene algunos proyectos de trabajo.

Tenía poco tiempo de instalarse en un escritorio cuando la tierra empezó a moverse.

“Pensé en mi hermana”

“Empezó el sismo, fue muy fuerte. Era complicado moverse, acercarnos a las rutas de salida”, recuerda Lucía.

Decenas de personas bajaban apresuradas por las escaleras. Los vidrios de las ventanas se rompían, los libreros colapsaban. El ruido avivaba el caos.

Lista de los rescatados de los escombros del edificio avenida Álvaro Obregón 286GETTY IMAGES
El edifico colapsado era uno de los sitios con más sobrevivientes atrapados. Una lista daba cuenta de los rescatados.

Cerca de Lucía, en el mismo piso, estaba Issac Ayala Avilés, empleado en las oficinas virtuales. Le recomendó bajar por las escaleras de servicio. Y para allá corrieron.

“Fue todo demasiado rápido. A la mitad decamino sentí cómo el techo se nos venía abajo y quedamos sepultados“.

Es una sensación fuerte. Todo lo que hay encima de las personas se convierte en fuerza y golpes sobre los hombros, la cabeza, después la espalda o el pecho, depende la forma como la persona cae, explica.

Lucía quedó boca arriba sobre un piso inclinado hacia la derecha. Isaac, a su izquierda, estaba boca abajo. Ninguno pudo moverse más allá de unos centímetros.

Los cuatro pisos sobre ellos se sostuvieron en unos tubos y trozos de concreto. No podían levantar las piernas. Imposible incorporarse.

La consultora levantaba la mano y sentía, porque era imposible verlo, el techo de concreto a unos centímetros de su barbilla.

Ese fue su espacio de vida, con apenas aire para respirar. Y la oportunidad de pedir auxilio.

“Siempre estuve consciente. Lo primero que hice fue tomar mi (teléfono) celular. Intenté hacer una llamada pero no salía”, recuerda.

Socorrista taladra una plancha de concreto durante un operativo de rescate de sobrevivientes del terremoto en la Ciudad de MéxicoGETTY IMAGES
Los rescatistas movían vigas, piedras y taladraban espacios en el concreto para llegar hasta los sobrevivientes.

“Isaac estaba conmigo, nos tratamos de tranquilizar, prendimos la luz del teléfono para saber dónde estábamos o si teníamos heridas. Y conforme pasaron las horas tratamos de acomodarnos en ese espacio, de saber si estábamos bien”, relata.

“Pensé mucho en mi hermana. Visualizaba que iba a salir, cada vez estaba más segura de que iba a salir. Ya cuestionaba por qué estaba allí, qué había pasado. Más bien trataba de esperar pacientemente y tener fe”, reconoce.

Gritaron. Y alguien respondió.

Era Paulina, quien al momento del sismo se encontraba en el cuarto piso del edificio y estaba atrapada a unos metros de ellos.

“Se cayó hacia nosotros. No la conocíamos, sólo por los gritos”.

“Tienes una sonrisa bonita”

Rezaron. Mucho, cuenta Lucía Zamora. También conversaron sobre sus vidas. No durmieron, atemorizados de que en un momento de inconsciencia preguntaran por ellos y no respondieran.

El ruido de las máquinas, golpes de marros y voces se oían más cerca. Cerca de 30 horas después del sismo un rescatista preguntó si alguien seguía con vida.

Lucía Zamora              GETTY IMAGES
Lucía Zamora tiene una empresa de asesoría en comunicación.

“Gritamos ‘¡ayuda, ayuda!’, y entonces preguntó los nombres. Escuché que cuando los decíamos lo repitieron a otras personas”.

Los Topos, miembros de una brigada mexicana de rescate en zonas de desastre, les pidieron calma y paciencia. Sacarlos de los escombros podría demorar mucho.

“Era más la ansiedad por salir, porque existe el temor de que algo salga mal. Tenían que poner maquinaria muy cercana para romper el concreto, las varillas”, explica.

“Te da temor de que en un movimiento en falso te caiga algo encima. Por eso se tardaron. Lo hicieron con mucho cuidado hasta que lograron sacarnos”.

Los rescatistas hablaron con ellos varias veces, para saber si seguían conscientes o para darles ánimo.

Uno de ellos le dijo a Lucía que encontraron una credencial con su foto. “Me dijo que tenía una sonrisa muy bonita. Me dio alegría, me hizo reír”, cuenta.

Por fin, 32 horas después de quedar atrapados, se abrió un boquete en el piso, cerca de ellos. Por estrategia primero salió Paulina y después Isaac.

No quería dejarla. “Me decía: quiero que te saquen a ti primero. Me protegía mucho en todos sentidos, pero era imposible. Yo estaba bocarriba y teníamos que salir bocabajo para poder arrastrarnos”, rememora.

“Le dije: ‘Nada más dime qué tan fácil la ves’. Y me dijo: ‘No amiga, si yo salgo tú vas a salir'”.

Operativos de rescate en colonia Roma, en la Ciudad de MéxicoGETTY IMAGES
Una semana después del terremoto, los equipos de rescate mexicanos e internacionales continúan con sus operativos.

Isaac salió y luego, 35 horas después de quedar sepultada bajo los escombros, Lucía alcanzó la mano de un rescatista que la jaló lentamente.

De mano en mano abandonó el hueco oscuro. Una hora después, asegurada con un arnés, empezó a salir a la superficie.

Una foto en redes sociales muestra el momento: de un hueco taladrado en losas de concreto, sostenida por un rescatista, aparece la chica con lentes, su mano derecha en la sien a manera de saludo.

Sonríe. “La verdad, estaba feliz. Me veía cerca de la salida. En ese momento ya estaba de pie, lo que no había podido hacer (hasta entonces). Me decían: ‘Ya estás aquí, estás afuera, sonríe'”, cuenta.

“Fue la perfecta muestra de salir de nuevo a la vida, de responder a tantos ánimos y a tanta gente trabajando por mí y a mi alrededor”.

“Debo tratar de aportar algo”

Lucía permaneció un día en el hospital de la Cruz Roja Mexicana. Tuvo suerte: sólo tuvo unos golpes, sobre todo en la pierna derecha.

Ahora se refugia en casa de su hermana, “lejos de donde se sienten los sismos”, bromea, y disfruta del abrazo y cobijo de su familia.

Una definición de lugar común es decir que volvió a nacer tras su rescate. Pero así se siente, dice.

“Muchas de las cosas las hago ahora como si fuera la primera vez, como tomar agua después de no beber en tanto tiempo. Las aprecias más”, confiesa.

Rescatistas y voluntarios en Ciudad de México el 25 de septiembre.REUTERS
A partir de su experiencia, Lucía Zamora quiere aportar algo a los demás, de la misma manera que los cientos de voluntarios y rescatistas que siguen trabajando sin descanso a una semana del terremoto.

En su página de Facebook, Lucía publica una foto de su brazo con la cintilla que identifica su fecha de ingreso al hospital de la Cruz Roja y el momento de su rescate.

“Ahora tengo dos cumpleaños y miles de motivos para seguir viviendo”, dice.

Una idea que comparte con BBC Mundo.

“Lo que siento es una renovación. Definitivamente, ya no puedo ser la misma. Debo encuadrar hacia donde quiero llevar mi vida y tratar de hacer las cosas desde un lugar que pueda aportar algo a la gente, con más conciencia, más dedicación“.

Y con los pies en la tierra, añade. Lucía Zamora planea seguir con su carrera de consultora independiente, combinadas las asesorías y talleres de mercadotecnia con la tarea de compartir su experiencia en las 36 horas en el hueco oscuro bajo un edificio en ruinas.

Hacer “lo que el camino me marque poco a poco”.

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Cuartoscuro

84% de los programas sociales de Gobierno de AMLO son ineficientes, a pesar de recibir 621 mil mdp

El Índice de Desempeño de los Programas Públicos Federales de 2021 destaca que de 96 programas sociales analizados, solo 15 tuvieron un desempeño óptimo.
Cuartoscuro
3 de noviembre, 2021
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Por segundo año consecutivo, la mayoría de los programas sociales del Gobierno de López Obrador tuvieron en 2020 un bajo desempeño y algunos de ellos operaron también en condiciones de opacidad. 

Así lo revela el Índice de Desempeño de los Programas Públicos Federales 2021 (INDEP) elaborado por la organización Agencia para el Desarrollo (GESOC), en el que destaca que de 96 programas sociales analizados, solo 15 tuvieron un desempeño óptimo, mientras que los 81 restantes, el 84%, no estuvieron en condiciones de resolver el problema público para el que fueron creados, a pesar de que en 2020 recibieron más de 621 mil millones de pesos de presupuesto.

Entre los programas con un escaso desempeño hay algunos de los considerados ‘estrella’ en la presente administración, como Sembrando Vida, el programa de reforestación con el que el Gobierno actual ha dicho que busca combatir los efectos del cambio climático en México. Otros con bajo rendimiento son el de Becas para personas con discapacidad, y el programa de Universidades para el Bienestar Benito Juárez. Por el contrario, el programa de Pensión para Adultos Mayores está entre los que mejor rendimiento han tenido. 

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Alfredo Elizondo, coordinador general de GESOC, dijo a Animal Político que este es el segundo año consecutivo en el que la mayoría de los programas sociales del ejecutivo federal obtienen resultados negativos, y explicó que las causas de ese mal desempeño están directamente relacionadas a que durante 2020 sufrieron importantes recortes presupuestales. 

Por ejemplo, en 2020, el programa de Becas para Personas con Discapacidad sufrió un recorte de 3 mil 903 millones de pesos. Mientras que programas como el de Bienestar Integral de los Pueblos Indígenas, o el programa para la Productividad y competitividad Industrial, de la Secretaría de Economía, sufrieron ajustes presupuestales por arriba del 90%, en relación a lo que se les había aprobado inicialmente en 2020.  

“Cuando tienes un recorte de esa magnitud, es muy complicado que un programa social pueda mantener una operación aceptable”, subrayó Elizondo. 

Además de programas ineficientes, el INDEP también detectó en su análisis dos programas especialmente opacos en 2020 que incluyó en la ‘Caja Negra del Gasto Social Federal’, pues no reportaron su población beneficiaria en la base de datos de programas y acciones federales de desarrollo social de la Secretaría de Hacienda, ni en solicitudes de información. 

Se trata de la Beca Universal para Estudiantes de Educación Media Superior Benito Juárez y del programa de Desarrollo y Vinculación de la Investigación Científica y Tecnológica, a cargo de la SADER. Entre ambos acumularon más de 30 mil millones de presupuesto en 2020. 

Esta cifra de dos programas incluidos en la ‘Caja Negra’ supone una mejoría en relación al estudio que GESOC hizo en 2019, cuando diez programas se ubicaron en esa misma ‘Caja Negra’. Sin embargo, Alfredo Elizondo expuso a este medio que “la gran diferencia es la cantidad de recursos que se les asignaron a esos programas opacos en uno y otro año”. 

“En 2019, diez programas opacos tenían alrededor de 4 mil 200 millones de pesos de presupuesto. Mientras que un año después, en 2020, dos programas opacos concentraron hasta 33 mil millones de pesos. Por lo que, en términos de presupuesto, sí hubo una gran diferencia”, recalcó. 

En su análisis, GESOC advierte que, a pesar de que 81 de los 96 programas sociales analizados presentaron un desempeño escaso o mejorable, o problemas de opacidad, el Gobierno de López Obrador propuso en el proyecto de Egresos de la Federación 2022 que 61 de esos programas continúen y que además dispongan de un presupuesto de otros 677 mil 236 millones de pesos. 

Por ejemplo, para el programa Beca Universal para Estudiantes de Educación Media Superior Benito Juárez, uno de los dos incluidos en la ‘Caja Negra’, el Ejecutivo propone que para el próximo año disponga de 34 mil 999 millones de pesos, es decir, 4% más que el presupuesto aprobado en este 2021. 

Ante los niveles de opacidad que presenta dicho programa, el coordinador general de GESOC expuso que pidieron a los legisladores de la Cámara de Diputados que no aprueben el incremento de su presupuesto cuando tenga lugar a finales de este año la discusión y aprobación del paquete de egresos 2022. Al contrario, les pidieron que endurezcan las medidas de transparencia y de rendición de cuentas para este programa específico.

Por otra parte, la investigación de GESOC arroja que en 2020, durante el inicio de la contingencia sanitaria por la Covid 19, el 68% del presupuesto de los programas sociales federales se destinó a programas opacos o con desempeño limitado. 

Pensión para adultos, entre los mejores clasificados

Ahora bien, ¿cómo se elaboró el Índice de Desempeño de los Programas Públicos Federales (INDEP) 2021? 

Este índice refleja en una escala de 0 a 100 el nivel de desempeño de los programas sociales, el cual se entiende como su capacidad para resolver el problema público que atiende. Y para su la elaboración se analizaron tres variables.

La primera es la calidad del diseño de cada programa social, es decir, que tan orientado está a las necesidades de la ciudadanía y a las prioridades nacionales. 

La segunda es la capacidad para cumplir metas, esto es, cuál es su grado de cumplimiento para resolver los problemas públicos. 

Y la tercera es la cobertura para atender a la población potencialmente beneficiaria; o sea, a cuántas personas llegan.

A partir de este análisis, GESOC determinó que solo 7 de 96 programas estudiados tienen un nivel de desempeño óptimo. Es decir, que son programas sociales que sí están contribuyendo de forma significativa a resolver el problema público que les dio origen, porque cuentan con una alta calidad de diseño, tienen una amplia cobertura, y presentan un avance significativo en su cumplimiento de metas. 

Entre los programas con un desempeño óptimo está el de Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, de la Secretaría de Bienestar, con una valoración de 89.7 puntos de 100. También está el de Becas de Posgrado y apoyos a la calidad, del Conacyt, con 96.2 puntos; y el programa de Investigación científica, desarrollo e innovación, también del Conacyt, con 94.5 puntos. 

Para estos programas con resultados positivos, GESOC recomendó a los legisladores que “blinden” sus presupuestos de cara a 2022. Por el momento, en el proyecto de egresos del próximo año el Ejecutivo solicitó para estos programas más de 283 mil millones de pesos, casi un 19% más que este año. 

En cuanto a los programas con alto potencial de desempeño, el INDEP incluye a 8 de 96 analizados. Se trata de programas sociales que no cuentan con el presupuesto suficiente para cubrir de forma significativa a su población potencialmente beneficiaria, por lo que la recomendación de GESOC a los diputados fue “priorizar” incrementos presupuestarios para dichos programas. 

Entre estos se encuentran Producción para el Bienestar, de la SADER, con 85 puntos; o el programa de Bienestar Comunitario, de la Secretaría de Salud, con 78.9 puntos. 

Lee más: Falso que el 70% reciba ayuda de programas: los dichos engañosos de AMLO sobre la medición de pobreza

Los peores clasificados

Por otra parte, el INDEP incluye 54 programas de 96 que presentan un nivel de desempeño escaso, debido a que presentan bajos niveles de cobertura de atención a población potencialmente beneficiaria, y valores bajos, o avances mediocres, en cuanto al cumplimiento de sus metas. 

Sembrando Vida, de la Secretaría de Bienestar, con una calificación de 35.1 puntos sobre 100, o el programa de Universidades para el Bienestar Benito Juárez, de la SEP, con 24 puntos, son algunos de los que peor desempeño tuvieron. 

Para el próximo 2022, GESOC recomendó a los legisladores que no aprueben ningún incremento a estos programas, sin antes hacer “una revisión integral” de los mismos. 

Y por último, el INDEP incluyó otros 23 programas en la categoría de programas que reflejan la dispersión programática y presupuestal de la política social. Se trata de programas que presentan un bajo nivel de cobertura y que no están en condiciones de resolver el problema público que les dio origen, a pesar de que cuentan con una buena calidad de diseño y reportan buenos avances en su cumplimiento. 

En esta categoría están, por ejemplo, las becas para personas con discapacidad permanente, con 55 puntos de 100; o el programa IMSS Bienestar, con 71 puntos. 

Para esta categoría, GESOC recomendó no aprobar tampoco incrementos presupuestales sin antes hacer una revisión integral.

Aquí puedes consultar el INDEP 2021 de GESOC.

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