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Arturo Angel

Silencios de esperanza: así trabajan los rescatistas buscando vida entre los escombros

Los rescatistas trabajan durante lapsos de 15 minutos removiendo escombros, después el silencio para escuchar si hay personas con vida. Este es el ciclo de trabajo desde hace más de 30 horas.
Arturo Angel
Por Arturo Angel
21 de septiembre, 2017
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A los 15 minutos, sin falta, suena de nuevo el silbato y los brazos se levantan hacia el cielo. Puño cerrado. Señal de silencio. Los segundos pasan a la espera de un sonido, un chiflido, por lo menos un suspiro. Cualquier señal de vida debajo de las piedras y tierra… pero no llega. Los rostros no ocultan expresiones contenidas de desilusión y cansancio. Pero no hay tempo para lamentaciones. Un grito de ¡Vamos! Y otros 15 minutos de trabajo. La esperanza se alimenta de nuevo

Así trabajo de los rescatistas que buscan vida debajo de los escombros. Brazo con brazo, o más bien pico con pico y mazo con mazo, golpean una y otra vez los escombros.

No importa si tienen años de capacitación o acaban de tomar un entrenamiento de 15 minutos sobre la forma correcta para agarrar una herramienta. Expertos y voluntarios se combinan en una tarea donde normalmente, las buenas noticias terminando siendo la minoría, pero si se trata de salvar vidas no hay esfuerzo que no valga la pena.

Así ocurrió en uno de los focos rojos del sismo que golpeó el 19 de septiembre pasado la Ciudad de México: la fábrica de ropa, juguetes y autopartes que se encontraba en el cruce de Bolívar y Chimalpopoca, en la colonia Obrera. Se trataba de un edificio de cuatro niveles que quedó reducido a un cerro de escombros, y que por cierto, a punto estuvo de llevarse una escuela primaria que se salvó gracias a una barda que contuvo el impacto.

Durante la tarde de este martes la jornada tuvo victorias. Cerca de 15 personas rescatadas, algunas cubiertas de polvo con lesiones menores y otras halladas bajo los primeros escombros, con golpes pero también con vida.

Sin embargo la jornada del 20 de septiembre no fue de rescate de sobrevivientes sino de recuperación de cuerpos. Por lo menos seis trabajadores de la fábrica quedaron sepultados debajo de los escombros y no alcanzaron a escapar con vida.

“Es una experiencia emocionalmente desgastante. Continuamente nos piden silencio y silencio cada cierto tiempo, entran los perros rescatistas, se cambian las herramientas, piden otras, y por momentos parece haber indicios de que hay vida. Pero al final no hay nada. Es muy desgastante porque uno espera ver alguien con vida en algún momento”, dijo Leonel Soto Rojas, un rescatista voluntario que durante siete horas estuvo trabajando en la zona.

La jornada tuvo un momento de esperanza. Cerca del mediodía los aplausos interrumpieron uno de estos momentos de silencio. El cuerpo de una mujer aun con signos vitales fue encontrado debajo de dos bloques de tierra y durante 45 minutos los rescatistas maniobraron para sacarla. Lamentablemente la mujer falleció antes de que pudiera llegar a una ambulancia. Antes de que la mala noticia se corriera, los rescatistas ya habían comenzado a trabajar de nuevo.

Una tarea compleja

Son cerca de 500 personas, expertos y voluntarios, los que trabajaban de forma ininterrumpida, a más de 30 horas de que el colapso ocurriera. Más de la mitad son voluntarios, y el resto, personal especializado de la Marina, el Ejército, la Policía Federal, el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM), la policía, protección civil, y cuerpos experto de rescate como los conocidos “Topos”.

Para soportar la jornada, las autoridades ordenaron relevos cada cuatro horas de los que están dedicados a perforar y retirar los escombros, aunque algunos como Leonel Soto trabajaron durante seis horas consecutivas.

“Ojalá hubiera buenas noticias, no llegaron pero no importa, Seguimos trabajando”, dijo el voluntario, quien es un estudiante de la UNAM.

El trabajo es extenuante y complejo, aun para los expertos. Una prueba de ello ocurrió cuando los rescatistas hallaron – en lo que fue una especie de factoría que tenía la fábrica – un cuerpo atrapado debajo de varias rocas. Durante varias horas trabajaron para sacarlo, aun con los expertos disponibles, fue imposible.

“Estuvieron varios horas tratando de rescatar a una persona de la fábrica de textiles, muchas horas invertidas en eso porque ya estaba localizado pero los topos no han podido entrar. Tan es así que uno de ellos se atoró y lo tuvieron que rescatar a él” dijo Alejandro Palacios, otro voluntario proveniente de la Universidad Anáhuac.

Tratar de rescatar a alguien sepultado entre escombros, no es una tarea que se limite a llegar con una herramienta y comenzar sin más a mover piedras. Requiere de conocimientos especializados y más aún cuando hay que coordinar a voluntarios que son vitales por sus ganas, pero que también pueden representar un riesgo por su desconocimiento.

Expertos bajo los escombros

Juan Carlos Gabriel Correa, especialista en rescate en estructuras colapsadas de la Policía Federal – corporación que desplegó tan solo en la zona de la fábrica cerca de cien rescatistas – dijo que en este tipo de tareas no solo hay que velar por la seguridad de las personas que pudieran estar sepultadas con vida, sino también de los que participan en los trabajos.

“Antes de dar cada paso se necesitan evaluar las estructuras para no dañar a las personas. Por eso pedimos a los ciudadanos que no se alteren, que dejen la parte más compleja para el personal especializado y que ellos nos apoyen con levantar escombros, Pero entrar dentro del derrumbe no porque ponen en riesgo su vida”, explicó en entrevista.

La capacitación para este tipo de maniobras es altamente especializada. En el caso de los expertos de Policía Federal comprende aprender de identificación de materiales de construcción e ingeniería, primeros auxilios, buceo, análisis de riesgos, conocimiento de sustancias flamables y terapia sicológica sobre manejo de crisis. Parte de esta capacitación se las ha dado el Comando Norte de los Estados Unidos.

Otro rescatista, Salvador Núñez del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas del ERUM, dijo que desde el sismo del 85 la capacitación se ha fortalecido para estar preparados ante este tipo de emergencias.

“Usar el pico y la pala puede parecer muy fácil, pero no es así, hay reglas de seguridad como la distancia que debe haber entre una y otra persona para no hacerse daño, de que parte tomar la herramienta para dar el golpe con el efecto adecuado. Hay que atender la instrucción del personal especializado”, señaló.

Con esta preparación los expertos tienen la responsabilidad de definir cuando se puede entrar a un sitio apuntalando con herramientas hidráulicas, y cuando no es conveniente hacerlo ya sea porque la estructura sea débil o porque exista riesgo de una explosión, es necesario hacerlo con marros, picos y martillos.

Las manos de los voluntarios en este caso son vitales, los “expertos” no lo logarían solos, como ellos lo reconocen. Lo que sucede, es que se integran como una fuerza de apoyo que pica, golpea y excava donde un experto le indica que lo haga, Es una tarea que requiere pericia, coordinación, disciplina y esfuerzo.

Eran las 7 de la noche del 20 de septiembre y los trabajos no habían cesado en lo que fue la fábrica de textiles y juguetes de la colonia Obrera. Los mismos silencios cada 15 minutos, los mismos fracasos, y los mismos comienzos. Los expertos adelantaban que las labores continuarían por lo menos otras 24 horas – había un reporte de cinco empleados de la fábrica desparecidos – aunque la posibilidad de encontrar a alguien con vida era cada vez más mínima.

“La esperanza muere al último…”, dijo uno de los rescatistas que llegó al relevo.

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Las vacas que se llevó el huracán Dorian y aparecieron vivas meses después

Los dueños las daban por muertas tras el paso del huracán Dorian a principios de septiembre por la costa de Carolina del Norte, en Estados Unidos.
14 de noviembre, 2019
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Los dueños las daban por muertas tras el paso del huracán Dorian a principios de septiembre por la costa de Carolina del Norte, en Estados Unidos.

Sin embargo, las tres vacas aparecieron vivas semanas después a varios kilómetros de distancia de donde convivían con su rebaño, en una zona rural de la isla de Cedar.

La única explicación posible es que las vacas pastaban apaciblemente aquel 6 de septiembre cuando la marejada ocasionada por el fenómeno atmosférico las arrastró hacia el mar.

Los animales habrían logrado nadar 8 kilómetros hasta el parque Cape Lookout Seashore, en los Outer Banks de Carolina del Norte, una cadena de islas separada del continente.

Vacas marinas

El vocero del parque BG Horvat explicó a un medio local que trabajadores del parque vieron a la primera vaca un mes después de la tormenta, mientras que las otras dos fueron descubiertas hace dos semanas.

Horvat explicó que los animales tuvieron la suerte de no ser arrastradas al Atlántico, lo cual sucedió con varios caballos.

destrucción Dorian

Getty Images
Isla Gran Ábaco en las Bahamas. El huracán Dorian afectó severamente el archipiélago, donde causó devastación en este paraíso turístico, ahora en reconstrucción.

Estas vacas “sin duda, tienen una fascinante historia que contar”, añadió.

Las autoridades están planificando cómo devolverlas a su hogar.

El huracán Dorian golpeó la costa este de Carolina del Norte a principios de septiembre como una tormenta categoría 1, lo cual provocó copiosa lluvias, vientos fuertes e inundaciones.

Dorian llegó a Estados Unidos proveniente de Bahamas, donde dejó importantes pérdidas humanas y materiales.


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