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Aquí vamos a seguir mientras sea necesario: ciudadanos dejan sus vidas para ser rescatistas

Los mexicanos han salido a las calles como voluntarios para apoyar a los más afectados por el sismo. Están a cargo de albergues o de labores de rescate.
Animal Político
Por Luis Castrillón
21 de septiembre, 2017
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Daniel Cenobio Sánchez no pudo volver a su casa después del terremoto del 19 de septiembre y ante la tragedia, no dudó en ofrecerse como voluntario e invertir su fuerza para ayudar a quien lo necesitara. Con el mismo objetivo, Francisco Landin viajaba desde Guanajuato a la Ciudad de México.

En Tlalpan, Daniel Isaac Hernández Fabián organizó a un grupo de médicos porque estaba seguro que algo podían aportar, al igual que Francisco Gutiérrez cuando decidió organizar a los estudiantes de toda una escuela porque por su mente sólo había un pensamiento: ayudar.

Desde la calle cargando escombros, hasta los albergues para recibir a quienes perdieron su hogar o necesitaban alguna ayuda a consecuencia del terremoto de hace dos días, sobran voluntarios que sin pertenecer a corporación o dependencia alguna han trabajado durante horas o más de un día para ofrecer toda la ayuda posible a vecinos o personas que no conocen.

Cenobio Sánchez apenas pasa los 20 años. A las 14:00 horas del 19 de septiembre se dio cuenta que volver a su casa sería complicado, el servicio de transporte del metro estaba cerrado, inoperante. En su trabajo, ubicado en una pequeña empresa de lonas por la estación Chabacano, habían decidido “bajar las cortinas”.

“No podía irme a mi casa y mi jefe me dijo que si quería ir a ver dónde podíamos ayudar. Así que armamos una camioneta con otros compañeros y nos fuimos”.

Estuvo en la calle de Medellín, en la escuela Enrique Rébsamen y a las cuatro de la mañana del día 20, llegó al multifamiliar Tlalpan, frente a Ciudad Jardín, para sumarse a las labores de rescate. En cada lugar cargo herramientas, fragmentos de edificios, llevó y repartió guantes de carnaza, botellas de agua, medicamentos, hizo lo que fuera necesario.

A las 11:00 horas se tomó un breve descanso, se alejó unos 100 metros de lo que alguna vez fue el edificio 1C del Multifamiliar Tlalpan, un conjunto de 10 estructuras con unos 50 departamentos cada una.

“Sólo unos minutos, luego vuelvo…”, dice Cenobio mientras pone atención al movimiento de las labores de rescate. Sabe que no está fácil y que no todo es alegría, sabe de los niños fallecidos en la escuela Enrique Rébsamen, los dos muertos ahí en Tlalpan, pero sigue esforzándose, porque también ahí mismo donde ahora está, ya rescataron a dos personas con vida.

Rescatistas y voluntarios

Francisco Landin es consultor privado en Protección Civil, Técnico en atención médica prehospitalaria y Técnico en gestión de riesgos. Luego de ver las noticias poco después de las 13:30 horas, en su casa en Guanajuato, le llamó a su jefe y le dijo que no volvería al trabajo. Preguntó por compañía entre amigos y compañeros y viajó a la Ciudad de México.

Llegó cerca de las 19:00 horas a la zona de Tlalpan y ahí comenzó a trabajar: en una hora ya estaba coordinando voluntarios, personal médico, elementos de bombero y a quien quisiera ayudar.

“Un médico militar me asignó hacer eso, y también a coordinar el traslado de las personas a los albergues que se abrieron cerca de la zona, uno en una iglesia cercana y otro en una escuela”, recuerda.

También se toma un descanso luego de más de 12 horas sin parar. Sabe que es difícil que puedan rescatar a todas las personas que ahí se calculaban, entre 25 y 30 atrapadas en los escombros del edificio 1C, pero no desiste. Está esperando un relevo para poder descansar más, o regresar pronto a seguir coordinando la ayuda.

Daniel Isaac Hernández Fabián es médico general graduado en la Universidad Nacional Autónoma de México, lleva un paquete de pilas en las manos y da indicaciones a un voluntario para ir a dejar una bolsa de medicamentos en el área de acopio de la escuela primaria Fray Eusebio Aquino, a unas calles del edificio derruido en el Multifamiliar Tlalpan.

Tiene apenas 27 años y está a cargo del albergue. Da indicaciones a personas que incluso le doblan la edad. Dispone qué hacer con los vecinos que llegaron como “refugiados” y piensa como entretener a los pocos niños que están en el lugar.

Está al mando de uno de los más de 50 albergues que se han instalado en la Ciudad de México. Más allá de los dispuestos por el gobierno de la ciudad y los mandos delegacionales, la lista de áreas, escuelas, e incluso viviendas particulares que se han anunciado o dispuesto en comunicados oficial o vía redes sociales es incontable.

En la primaria su trabajo es estar a cargo de unas 60 personas, del total de 89 que han ayudado a atender desde la tarde después del terremoto, la mayoría condóminos de la zona afectada.

Primero estuvieron en la iglesia de San José, en esa misma área, pero notaron que había fracturas en las paredes del templo y además un inspector de Protección Civil de la ciudad les notificó que había una fuga de gas.

Luego de medir los riesgos, la gente fue llevada a la escuela primaria donde llegó con un grupo de casi 20 médicos que sintieron que la labor ahí “era como poca cosa. Se fueron, pero yo me quedé a cargo de todo”.

Ahí coordina a un grupo de unas 10 mujeres que discuten y se ríen mientras apilan paquetes de papel de baño, cajas de tortas y pan, botellas de agua, colchas y víveres que permitirán atender a quienes estarán ahí por tiempo indefinido.

Los albergues han sido un punto estratégico para la atención de quienes perdieron definitiva o temporalmente sus viviendas. Incluso, en algunos casos han resultado casi “sobrados”.

Así lo considera Francisco Rodríguez, quien es el Coordinador de la Pastoral del Instituto Teresiano, ubicado en la avenida Miguel Ángel de Quevedo, a unas calles de División del Norte.

La decisión primera fue adecuar las instalaciones de la escuela como albergue después que se declarara la suspensión de clases para prevenir cualquier otro incidente derivado del terremoto. Después decidieron, basándose en la red conformada por estudiantes y maestros del instituto, convertirlo también en un centro de acopio.

Finalmente terminó más como un centro de acopio en el que la tarde del día 20 más de 500 personas entre padres de familia, alumnos y maestros bajaban y subían todo tipo de formas de ayuda en especie. “Si no las necesitamos aquí, vamos a ver dónde llevarlas”, señala en entrevista.

Se interrumpe casi cada minuto para dar indicaciones y en forma paralela apurar un sándwich y un plátano.

“Soy el coordinador de la Pastoral de la escuela, por eso decidí involucrar a todos los alumnos que forman parte y a quien quisiera ayudar. Adaptamos la escuela, limpiamos baños, trajimos colchonetas, no ha llegado casi gente”, agrega.

Me parece, explica, que ya estamos rebasados de manos y espacios para ayudar, que tenemos que buscar con mejor organización a dónde enviar los apoyos, todo lo que se va juntando en muchos lados donde no se requiere más, en lugar de otras partes donde es imprescindible.

Para la noche, la escuela era ya un centro de acopio desde donde se enviaron medicamentos a otro centro de acopio en el colegio Ashmont School, a una calle de la escuela Enrique Rébsamen, o con un par de camiones que llevó voluntarios y ayuda en especie hacia Jojutla, Puebla.

“Aquí vamos a seguir mientras sea necesario, juntando cosas y llevándolas donde se requiera. Creo que aquí en México ya estamos rebasados, que debemos buscar también cómo están en Puebla, en Morelos… enviar lo que se pueda para allá. Que nos traigan lo que quieran, aquí están llegando autos y camiones, particulares y de alquiler, de gente que quiere ayudar. Nada más hay que organizarnos”, asegura.

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Kamala Harris: quién es la senadora que hace historia al convertirse en la primera vicepresidenta de EU

Kamala Harris, de 55 años de edad, llegó al senado tras ser fiscal general en California, donde empezó a ser considerada como una estrella ascendente en las filas del Partido Demócrata.
7 de noviembre, 2020
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La californiana Kamala Harris acaba de lograr un hito histórico: ser la primera mujer en ganar la elección para convertirse en vicepresidenta de Estados Unidos.

Con la victoria de Joe Biden en las elecciones del 3 de noviembre, Harris será a partir del próximo enero la número dos del gobierno estadounidense.

Senadora de 55 años de edad, sus años como fiscal general de California la convirtieron en una figura emergente del Partido Demócrata.

Ahora, además de ser la primera mujer en ocupar este cargo, Harris es la primera vicepresidenta negra y de ascendencia asiática.

¿Quién es Kamala Harris?

La política demócrata nació en Oakland, California, en una familia de inmigrantes: una madre originaria de India y un padre nacido en Jamaica.

Kamala Harris

Getty Images
La flamante vicepresidencia Harris se convierte en una de las figuras más importantes del Partido Demócrata.

Tras el divorcio de sus padres, Harris fue criada principalmente por su madre, que profesaba la religión hindú y era una investigadora especializada en el cáncer de mama y activista de derechos civiles.

Harris creció ligada estrechamente a su herencia en el sur de Asia, acompañando a su madre en sus visitas a India.

No obstante, la californiana ha subrayado que su madre adoptó la cultura afroestadounidense de Oakland, sumergiendo en ella a sus dos hijas, Kamala y su hermana menor, Maya.

“Mi madre siempre entendió muy bien que estaba criando a dos hijas negras”, escribió Harris en su autobiografía The Truths We Hold.

“Sabía que su país de adopción nos vería a Maya y a mí como niñas negras y estaba decidida a asegurarse que nos convertiríamos en mujeres negras orgullosas y con confianza en nosotras mismas“.

Kamala Harris

Getty Images
Harris tiene familia de India y Jamaica.

Harris estudió en la Universidad Howard, uno de los prominentes e históricos centros afroestadounidenses de estudios superiores del país, algo que ella describió entre las experiencias más formativas de su vida.

La destacada política asegura que siempre ha estado cómoda con su identidad y se describe a sí misma como “estadounidense”.

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BBC

Kamala Devi Harris

  • Nació el 10 de octubre de 1964 en Oakland, California.
  • Residencia actual: entre Los Ángeles y Washington.
  • Su madre, Shyamala Gopalan, fue una científica especializada en cáncer de mama que emigró de India en los años 60 para estudiar un Doctorado en Endocrinología en la Universidad de California Berkeley. Murió en 2009.
  • Su padre, Donald Harris, nació en Jamaica y fue catedrático de la Universidad de Stanford. Se retiró en 1998.
  • Tiene una hermana: Maya Harris, que trabajó para la campaña de Hillary Clinton.
  • Kamala se casó en 2014 con Douglas Emhoff, socio en DLA Piper y quien se dedica a la abogacía en la industria mediática y del entretenimiento.
  • Tiene dos hijastros: Cole y Ella Emhoff.
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BBC

En 2019, consideró en declaraciones al diario The Washington Post que no se debería encajar a los políticos en compartimentos según su color o su historial.

“Mi punto era: yo soy quien soy. Y me siento bien con eso. Quizá tú tengas que descifrarme, pero a mí me parece bien”.

La ley y el orden

Tras cuatro años en Howard, Harris se trasladó a la Universidad de California-Hastings, para conseguir un título en Derecho y empezar su carrera en la Oficina del Fiscal de Distrito del condado de Alameda.

Se convirtió en fiscal de distrito -el máximo puesto en esa área- de San Francisco en 2003, antes de lograr ser la primera mujer y la primera mujer negra en ganar el puesto de fiscal general de California, el principal abogado y funcionario encargado del cumplimiento de la ley en el estado más poblado del país.

Senadora Kamala Harris.

Getty Images
Harris no deja de acumular hitos: fue también la primera mujer y la primera mujer negra en lograr el puesto de fiscal general de California.

En sus cerca de dos mandatos en ese cargo, Harris se ganó la reputación de estrella ascendente del Partido Demócrata, lo que le impulsó para convertirse en senadora por California en 2017.

Incisiva y rigurosa en los interrogatorios

Harris anunció oficialmente el lanzamiento de su campaña al Senado en enero de 2015, en la que se enfrentó y derrotó en las primerias a un peso pesado del Partido: el exalcalde de Los Ángeles Antonio Villaraigosa.

En las elecciones de noviembre de 2016, consiguió su escaño con una abrumadora mayoría. Después de su victoria, prometió proteger a los inmigrantes de las políticas del entonces presidente electo Donald Trump y para ello permaneció en el cargo de fiscal general hasta finales de 2016.

Desde su llegada al Senado, la exfiscal general se granjeó el apoyo de los progresistas por su rigurosa e incisiva forma de interrogar a los nominados del presidente para distintos cargos, en especial durante las audiencias para la confirmación de Brett Kavanaugh como magistrado de la Corte Suprema o la de William Barr como fiscal general de Estados Unidos.

Amy Coney Barrett en la audiencia para su confirmación para la Corte Suprema

EPA
Kamala Harris se granjeó una reputación de incisiva interrogadora por su actitud durante las audiencias para cargos nominados por el presidente.

No en vano, Harris es considerada como una de las interrogadoras más implacables del Congreso.

Una reputación que volvió a hacerse patente durante el reciente proceso de confirmación de la jueza Amy Coney Barrett para la Corte Suprema.

Aspiraciones a la Casa Blanca

Cuando lanzó su candidatura a la presidencia ante más de 20.000 seguidores en Oakland el año pasado, inmediatamente se convirtió en una de las favoritas.

Pero a medida que se adentró en la carrera, Harris no logró articular una base sólida para su campaña, ofreciendo respuestas confusas sobre temas cruciales como el sistema sanitario.

También sacó ventaja del gran punto fuerte de su candidatura: su gran habilidad en los debates, pese a demostrar su experiencia como exfiscal, a menudo poniendo a Biden contra las cuerdas.

El enfrentamiento más duro entre ambos se dio en el primer debate de las primarias, en el que Harris le reprochó a Biden algunas posiciones pasadas sobre cuestiones raciales.

Kamala Harris y Joe Biden en un acto de campaña.

Getty Images
Harris anunció su apoyo a la candidatura de Biden dos meses después de que pusiera fin a sus propias aspiraciones presidenciales.

La demócrata de California trató de mantenerse en la fina línea entre el ala progresista y moderada del partido, pero acabó sin llamar la atención de ninguno de estos bandos, poniendo fin a su candidatura en diciembre, incluso antes de las primeras votaciones.

En marzo, Harris ofreció su apoyo al exvicepresidente Biden, asegurando que haría “todo en su poder para ayudarle a convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos”.

El hecho de que Biden la escogiera como compañera de fórmula demostró que aquellos choques iniciales quedaron atrás.

“La policía”

Su breve campaña a la presidencia puso el foco en su historial como principal fiscal de California.

Pese a sus inclinaciones más izquierdistas en asuntos como el matrimonio homosexual o la pena capital, Harris se enfrentó a repetidos ataques por no ser lo suficientemente progresista, y fue el blanco de un devastador artículo de opinión de la catedrática de Derecho de la Universidad de San Francisco Lara Bazelon.

Joe Biden y Kamala Harris.

Getty Images
Harris se describió a sí misma como “la fiscal progresista”.

Escrito al principio de la campaña de Harris, la profesora consideró que la candidata había evitado en gran medida las batallas progresistas que estuvieran relacionadas con asuntos como la reforma policial, las drogas o las condenas injustas.

Harris, que se describió a sí misma como “la fiscal progresista”, trató de enfatizar las partes de su legado de tendencia más progresista, como requerir a algunos agentes especiales del Departamento de Justicia de California que portaran cámaras corporales -el primer estado en usarlas- o lanzar una base de datos que ofreció acceso al público a estadísticas sobre crimen.

Pero sus esfuerzos no consiguieron el apoyo esperado.

“Kamala es la policía” se convirtió en una frase habitual en las primarias demócratas, lo que se convirtió en un obstáculo en sus intentos de ganarse a la base más liberal del partido.

Con las actuales tensiones raciales en el país, además, ha crecido el escrutinio sobre los casos de supuesta brutalidad policial y Harris ha tomado un rol destacado, utilizando su plataforma para amplificar las voces más progresistas.

Kamala Harris

Getty Images
Harris ha tomado un rol destacado, utilizando su altavoz para amplificar las voces más progresistas.

En intervenciones de televisión, Harris ha pedido cambios de las prácticas policiales en todo Estados Unidos; en Twitter, ha abogado por la detención de los agentes que mataron a Breonna Taylor, una mujer afroestadounidense de 26 años de Kentucky; y suele hablar con frecuencia de la necesidad de desmantelar el racismo sistémico en el país.

En cuanto a la controvertida apuesta por “retirar la financiación” de la policía para derivar los fondos a programas sociales -un planteamiento al que se opone Biden-, Harris suele contestar con evasivas, pidiendo en su lugar “reinventar” el concepto de seguridad pública.

Harris ha considerado a menudo que su identidad la sitúa en una posición idónea para representar a aquellos en los márgenes de la sociedad.

Al llegar a la Casa Blanca, tendrá la oportunidad de demostrarlo.


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