Tacha, buchón, encobijado: cómo el mundo de los narcos se ha infiltrado en el español de México
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Tacha, buchón, encobijado: cómo el mundo de los narcos se ha infiltrado en el español de México

De los carteles a los consumidores, el lenguaje de los narcos que empezó siendo un código secreto se permeó a las calles.
BBC Mundo
Por Alejandro Millán Valencia / BBC Mundo
7 de septiembre, 2017
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“La mota”, “azuquítar”, “buchón” o “encobijado” son palabras que tal vez no signifiquen mucho para quien las escucha despreocupado, en una charla casual en las calles de México.

Pero en el mundo del narco mexicano tienen significados precisos: droga, coca, traficante y cadáver envuelto en una manta después de ser ultimado a tiros, respectivamente.

En tanto, “arponearse” aludirá al drogarse con jeringa, mientras que “yoga” es en realidad “gallo” en el llamado lenguaje enrevesado, una de las formas en que se presenta la marihuana.

Estas palabras – junto a otras como tacha, bazuko, parna o levantones- se han masificado tanto que han escapado de los confines de los grupos de narcotraficantes para colarse en la cultura popular, el lenguaje de los medios y hasta el delas autoridades.

Tanto que, desde el año pasado, hacen parte de la edición especial del Diccionario del Español de México, que de alguna manera legitima el uso de estos vocablos que para muchos asoman como prohibidos.

Homenaje a Jesús Malverde, santo de los narcosGETTY IMAGES
La devoción a Jesús Malverde, el llamado santo narco, es también un fenómeno particular de México.

“El alcance del narcotráfico ha sido tan amplio y se ha extendido tanto por el país que su jerga se utiliza en la calle, de boca de personas que nunca han tenido contacto con la gente de un cartel o un gran grupo criminal”, le dice a BBC Mundo el académico Marco Lara Klahr, autor de los libros “Hoy te toca la muerte” y “Días de furia”.

De hecho, la Academia de la Lengua de México fue más clara sobre los motivos que tenía para incluir estos términos -muchos con carácter lúdico o doble sentidos- en sus manuales.

“Este crecimiento tan grande de la drogadicción en México ha producido un vocabulario nuevo del crimen y nuestra obligación es incluirlo“, señaló el lingüista Luis Fernando Lara, investigador del Colegio de México y líder del equipo que trabaja en la actualización del diccionario mexicano, a la agencia AFP.

Calavera y cervezas en el territorio que controlaban Los Caballeros Templarios en Michoacán.RONALDO SCHEMIDT/AFP
De los carteles a los consumidores, el lenguaje que empezó siendo un código secreto se permeó a las calles.

Sin embargo, aunque el uso de miles de “narco vocablos” se haya vuelto una suerte de moda, la pregunta que persiste es cómo es posible que la jerga se haya infiltrado tanto en el vocabulario corriente y el académico.

¿Es un asunto de imposición violenta en la cultura? ¿Se ha masificado su uso por la fascinación que genera lo oscuro y marginal, o es simplemente una combinación de códigos que facilitan el habla y eso, a su turno, promueve su expansión?

La normalización de la jerga narco es aún más llamativa si se mira a la luz de las estadísticas: en lo que va de 2017 han muerto cerca de 14.000 personas por cuenta del narcotráfico, el período con mayor número de víctimas en la historia reciente de México.

Y en los 11 años que lleva la declarada guerra contra el narcotráfico han muerto más de 188 mil personas, señalan los datos oficiales.

Portadas de discos y periódicosGETTY IMAGES
Los medios de comunicación y el mundo de la música, con sus narcocorridos, hacen su parte en la difusión imparable de estos vocablos.

De boca de la autoridad

En “Chilanga Banda”, la canción compuesta por Jaime López y popularizada por Café Tacvba en su disco “Avalancha de éxitos”, de 1996, se hacía ya una aproximación a esta jerga:

Mi ñero mata la bacha y canta la Cucaracha. / Su choya vive de chochos, de chemo, churro y garnachas, se escucha en la muy característica voz áspera de Cosme.

Que si hiciéramos una traducción a un español más comprensible sería algo así como: Mi amigo acaba la colilla de cigarrillo de marihuana y canta La Cucaracha. /Su cabeza vive de cemento (o pegamento barato que se inhala), cigarrillos (de marihuana) y garnacha (un bocadillo o sándwich)”.

Pero, más allá de esta canción y otras muchas formas de expresión musical, la mayoría de las palabras nuevas que llegaron al diccionario desde los bajos mundos realmente no salieron del arte, sino de registros de comunicación formales: los periódicos, los informes policiales y hasta los reportes médicos.

Arsenal incautado a Los ZetasGETTY IMAGES
Los reportes que elabora la policía tras sus operativos alimentan el repertorio de vocablos específicos.

“Es reciente la participación de la Academia Mexicana de la Lengua en el asunto. Nos han solicitado por la red de periodistas la definición de algunas palabras y nuestra obligación es ayudar a las personas a resolver sus dudas”, le dice a BBC Mundo el escritor Élmer Mendoza, una figura clave de la llamada narco literatura y conocido por sus obras “Balas de plata”, “La prueba del ácido” y “Nombre de perro”, entre otras.

La intención última de los lingüistas es la de proveer explicaciones para lectores “de aquí a cien años”, apunta Lara: “Van a encontrarse con un periódico mexicano en donde sale este vocabulario y si no lo registramos nosotros, ¿quién lo va a entender?”

Ya en 2010 la Real Academia Española de la Lengua había avanzado en esta dirección, al incorporar varias acepciones del mundo narco en su diccionario de americanismos.

Aunque Mendoza aclara que su influencia no es tan grande como parece.

“La cultura mexicana es muy amplia y los asuntos del narco apenas son pequeñas briznas en ese cuerpo maravilloso”, señaló.

Dos jóvenes fumando marihuana en una marcha por la legalizaciónYURI CORTEZ / AFP
No es el mismo el lenguaje de los traficantes que el de los “dealers” o el de los consumidores, señalan los expertos.

La economía del lenguaje

Sin embargo, para el académico Lara, que esos vocablos y modismos hayan alcanzado el nivel de popularidad del que hoy gozan debe llevar a un cuestionamiento de los medios de prensa, pero sobre todo de cómo se comunican las autoridades.

“No sé si definirlo como un error, pero lo que hicieron los medios y especialmente la policía fue utilizar una jerga que estaba diseñada especialmente para economizar el lenguaje”.

Ese uso, dicen los expertos, ha llevado a que haya una simbiosis en el lenguaje, que no permite contar realmente lo que está pasando.

“No es lo mismo un ‘encobijado’ que alguien que fue ultimado a tiros por la policía, como tampoco es lo mismo que una víctima de las bandas criminales. Estamos quitándole a esa persona el carácter de víctima y la estamos criminalizando”, agrega.


PEQUEÑO DICCIONARIO DE NARCO MODISMOS

  • Andar grifo: estar muy fumado
  • Ajo o comida saladita: LSD
  • Arponear: inyectar
  • Bacha: colilla de marihuana
  • Bazuko: cigarrillo que mezcla marihuana con otras drogas
  • Buchón: narcotraficante novato o que peca de ostentoso
  • Carrujo, churro, gallo, mareto: distintas presentaciones de la marihuana
  • Chemo: cemento o pegamento
  • Cremita, azuquítar o talco: cocaína
  • Encobijado: cadáver envuelto en una manta después de ser ultimado a tiros
  • Levantados: personas secuestradas por el narco
  • Mostaza, queso, juanita: marihuana
  • Motorolo o pacheco: consumidor de “mota”, droga
  • Parna: distribuidor de droga de buena calidad
  • Special K: droga a base de ketamina
  • Tabique: marihuana compactada para el tráfico de alto volumen
  • Tachas o chochos: pastillas

Fascinación y contagio

Durante la época más cruenta del narcotráfico en Medellín, la cuna del temido Pablo Escobar y sus escuadrones de sicarios, se comenzó a notar una moda bastante peculiar en los barrios de estratos más altos en la ciudad.

Los niños ricos, los jóvenes de “familias bien” de la Medellín de finales de los 80 y principios de los 90, comenzaron a vestirse y sobre todo a cortarse el cabello “a lo narco” (había un estilo conocido como ‘el siete’) y a hablar con la jerga de los sicarios que tenían azotada a la ciudad.

Palabras como “parcero” (amigo), “parche” (lugar para reunirse) o “muñeco” (muerto), exclusivas de la jerga de los grupos de los barrios, comenzaron a aparecer en el habla de muchos jóvenes que nunca habían tenido contacto directo con esa cultura, sino que los habían leído en diarios o escuchado en el cine, en películas como “Rodrigo D: No Futuro”, del cineasta Víctor Gaviria.

Esquema del cartel de Sinaloa en 2005GETTY IMAGES
La presencia del narco cobra distintas formas en las calles del país.

Para Mendoza, esto mismo ha ocurrido en México.

“Me queda claro que es por la fascinación”, opina Mendoza. “He estado en espacios donde es un orgullo conocer un código propio de las bandas”.

Y agrega: “Dentro de los procesos de admiración, las personas abrazan la indumentaria, el estilo de sus casas, sus actitudes, sus mujeres y, desde luego, su lenguaje. En algunos sectores, manejar el lenguaje de las bandas es estar actualizado”.

Sin embargo, para Lara tiene más que ver con una búsqueda de la identidadque con estar a la moda.

“A una persona lo que no le puedes quitar es la identidad. Y muchos jóvenes crean la identidad a partir de las influencias que ven en sus calles, en sus barrios, donde se encuentran con bandas delincuenciales o ven operar a la policía y donde los medios les informan a diario sobre el narcotráfico”.

Emblemas por la legalización de la marihuanaALFREDO ESTRELLA / AFP
La cultura popular incorpora referencias a las drogas que ya son de fácil decodificación para muchos.

De hecho, los expertos distinguen entre los distintos círculos donde estos vocablos se usan y consolidan: no es lo mismo el modo de hablar de los traficantes que el de los intermediarios o dealers, o que el de los consumidores y adictos.

Y no es, por cierto, una influencia fácil de desestimar: de acuerdo a un informe de 2016 del Departamento de Lucha Antidroga de EE.UU., (DEA, por sus siglas en inglés), en México existen ocho carteles que tienen llegada a gran parte del territorio nacional y que manejan un negocio de cerca de $40, 000 millones de dólares anuales.

Las palabras ya aceptadas nacidas de este submundo no serán las últimas en incorporarse al diccionario mexicano en próximas actualizaciones, o incluso al gran diccionario de la Real Academia Española.

“Aunque es cierto que durante un tiempo son códigos cerrados, y como bien se sabe el lenguaje del hampa es efímero, el paso a la cultura es imposible de detener”, augura Élmer Mendoza.

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Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 7 y el 10 de septiembre.

Sigue toda la información relacionada con el Hay Festival

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Metaverso: por qué hay compañías que están gastando millones comprando terrenos virtuales

El furor por el metaverso está impulsando las compras inmobiliarias virtuales por parte de muchas compañías en una carrera por hacerse con las mejores parcelas. ¿Qué puede ofrecer ser propietario de un terreno virtual?
12 de enero, 2022
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La idea de gastar miles o incluso millones de dólares para comprar una “tierra” ficticia en un mundo virtual puede sonar absurda.

Pero en los últimos meses hemos visto significativas inversiones en terrenos virtuales dentro del metaverso.

La consultora Price Waterhouse Coopers se encuentra entre las últimas firmas en entrar en el mercado inmobiliario de The Sandbox, una de las plataformas de mundos virtuales en las que la gente puede socializar, jugar o acudir a conciertos.

PwC pagó una suma que podría ser considerable, aunque la cantidad final no fue desvelada.

Otra persona compró recientemente por US$450.000 una parcela de tierra en Snoopverse, un mundo virtual que el rapero Snoop Dogg está desarrollando dentro de The Sandbox.

Edificio virtual

Getty Images
Edificio virtual.

Mientras tanto, Metaverse Group, una empresa de bienes raíces enfocada en la economía del metaverso, compró supuestamente un terreno en Decentraland, otra plataforma virtual, por US$2,43 millones.

Repasemos qué es el “metaverso”, porque probablemente hayas escuchado mucho el término cuando Facebook cambió su marca a Meta en octubre de 2021.

Otras compañías, como Nike y Microsoft, también han anunciado que se lanzarán a este espacio.

El metaverso describe una visión de un mundo virtual 3D conectado, donde los mundos real y digital se integran utilizando tecnologías como la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR).

A este universo virtual se podrá acceder a través de dispositivos como gafas de realidad virtual o realidad aumentada y aplicaciones para teléfonos inteligentes.

Gafas de realidad virtual

Getty Images

Los usuarios se encontrarán y se comunicarán a través de avatares digitales, explorarán nuevas áreas y crearán contenido.

La idea es que el metaverso se desarrollará para convertirse en un espacio virtual colaborativo donde podamos socializar, jugar, trabajar y aprender.

Ya existen varios metaversos, por ejemplo, en plataformas de juegos virtuales como The Sandbox y mundos virtuales como Decentraland.

De la misma manera que un sitio web es parte de la red mundial 2D más amplia, los metaversos individuales formarán un metaverso conectado más grande.

Es importante destacar que, como en el mundo real, es y será cada vez más posible comprar cosas en el metaverso, incluidas las propiedades inmobiliarias.

Monedas del metaverso

Getty Images

El dinero del metaverso

Las transacciones en el mundo virtual generalmente se realizan utilizando criptomonedas.

Aparte de las criptomonedas, los tokens no fungibles (NFT) son el método principal para monetizar e intercambiar valor dentro del metaverso.

Un NFT es un activo digital único.

Aunque son principalmente elementos de arte digital (como videos, imágenes, música u objetos 3D), hay muchas cosas que pueden considerarse NFT, incluidas las propiedades virtuales.

En plataformas como OpenSea, donde la gente compra e intercambiar NFT, ahora hay terrenos o incluso casas virtuales.

Para garantizar que los bienes raíces digitales tengan valor, la oferta es limitada, un concepto en economía llamado “valor de escasez”.

Auditorio virtual

Getty Images

Por ejemplo, Decentraland se compone de 90.000 piezas o “parcelas” de tierra, cada una de aproximadamente 15,5 metros por 15,5 metros.

Ya estamos viendo ejemplos en los que el valor de los inmuebles virtuales está aumentando.

En junio de 2021, un fondo de inversión en bienes raíces digitales llamado Republic Realm supuestamente gastó el equivalente a más de US$900.000 para comprar una parcela en Decentraland.

Según DappRadar, un sitio web que rastrea los datos de ventas de NFT, fue la compra más cara de terrenos NFT en la historia de Decentraland.

Sin embargo, como sabemos, en noviembre de 2021, el Grupo Metaverse compró su terreno en Decentraland por US$2,4 millones.

El tamaño de esta compra fue en realidad más pequeño que el anterior: 116 parcelas de tierra en comparación con 259 compradas por Republic Realm.

Pero no solo la plataforma Decentraland está registrando furor por las compras.

En febrero de 2021, Axie Infinity (otro mundo de juegos virtuales) vendió nueve de sus parcelas de tierra por el equivalente a US$1,5 millones, un récord, dijo la compañía.

Pero tan solo unos meses después, en noviembre de eses mismo año, vendió otra parcela por US$2,3 millones en noviembre de 2021.

Gafas de realidad virtual

Getty Images

Aunque parece que los precios están subiendo es importante reconocer que la inversión inmobiliaria en el metaverso sigue siendo extremadamente especulativa.

Nadie puede estar seguro de si este auge es la próxima gran inversión o la próxima gran burbuja.

¿Para qué compran?

Dejando a un lado los incentivos financieros, es posible que se pregunte qué harán realmente las empresas y las personas con sus propiedades virtuales.

Por ejemplo, la compra realizada por el Grupo Metaverse se llevó a cabo en el recinto de moda de Decentraland.

Según el comprador, el espacio se utilizará para albergar eventos de moda digital y vender ropa virtual para avatares, otra área potencial de crecimiento en el metaverso.

Aunque los inversores y las empresas dominan este espacio por ahora, no todos los bienes raíces del metaverso costarán millones.

Pero, ¿qué podría ofrecerle ser propietario de un terreno virtual?

Metaverso

Getty Images

Si compra una propiedad física en el mundo real, el resultado es tangible: un lugar para vivir, para tener seguridad, para recibir a familiares y amigos.

Aunque las propiedades virtuales no proporcionan refugio físico, existen algunos paralelismos.

Al comprar bienes raíces virtuales podría construir en ellos.

O puede elegir una casa ya construida que le guste.

Puede personalizarla con varios objetos (digitales).

Puede invitar a amigos y visitar los hogares virtuales de otras personas también.

Esta visión aún es lejana.

Pero aunque parece completamente absurdo, debemos recordar que hubo un tiempo en el que la gente tenía dudas sobre el potencial de internet y más tarde de las redes sociales.

Los tecnólogos predicen que el metaverso madurará hasta convertirse en una economía en pleno funcionamiento en los próximos años, además de una experiencia digital sincrónica tan ligada a nuestras vidas como lo están ahora el correo electrónico y las redes sociales.

Esta es una extraña fantasía hecha realidad para alguien que fue jugador en una vida anterior.

Hace algunos años, una versión más joven de mi conciencia me decía que dejara de perder el tiempo jugando videojuegos.

Que volviera a estudiar y a concentrarme en mi vida “real”.

En el fondo, siempre tuve el deseo de ver los juegos superpuestos con la vida real, al estilo Real Player One.

Ahora siento que esta visión se acerca cada vez más.

*Theo Tzanidis es profesor titular de marketing digital de la Universidad del Oeste, Escocia. Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Puedes leer el artículo original aquí.


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https://www.youtube.com/watch?v=dMEho2ZcVtE

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