El extraño caso de los Xolos de Tijuana: el club mexicano que decidió abrir la frontera hacia EU
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

El extraño caso de los Xolos de Tijuana: el club mexicano que decidió abrir la frontera hacia EU

Tras su fundación hace sólo 10 años, el modesto club del norte de México fue el primero en mirar hacia el otro lado de la frontera en busca de talentos. Y el resultado ha sido sorprendente.
Cuartoscuro
Por BBC Mundo
29 de septiembre, 2017
Comparte

El fútbol en México se escribe en mayúsculas y todo lo relacionado con el balón se suele sobredimensionar.

De allí que cuando el modesto conjunto Xolos de Tijuana decidió cruzar la frontera hacia Estados Unidos en busca de jóvenes talentos hubo una gran suspicacia en el entorno futbolero del país.

A fin de cuentas, hasta la fundación del equipo en 2007 había un consenso no escrito que en México sólo valía el futbolista mexicano o las estrellas que llegaban de países con tradición futbolera, sea desde Sudamérica o del otro lado del océano Atlántico.

También hubo contadas excepciones de otras partes del mundo, pero nunca desde el norte del continente.

Logo del Club Tijuana Xoloitzcuintles de Caliente
El Club Tijuana Xoloitzcuintles de Caliente fue fundado en 2007.

No había razones para ir a buscar a un país considerado inferior en el panorama futbolístico internacional.

Pero los Xolos tuvieron otra idea y vieron al otro lado de la frontera una oportunidad para crecer y trascender más allá de los límites del campo.

Fue así que dada su peculiar ubicación geográfica, no sólo se convirtieron en los representantes de Tijuana y México, sino que también pasaron a ser un club con una importante masa de aficionados en Baja California, y Estados Unidos en general.

La conexión

Un ídolo a los dos lados de la frontera es Joe Corona, futbolista nacido en Estados Unidos de padre mexicano y madre salvadoreña que lleva jugados más de 170 partidos con la camiseta rojinegra del club de Tijuana.

Consciente del menosprecio al jugador estadounidense, así sea de origen mexicano, Corona nunca pensó en jugar en México, pero su deseo de convertirse en futbolista profesional lo llevó a probar suerte en los Xolos.

“Recuerdo que al hablar con uno de los entrenadores me dijo que tenía potencial, que querían que me quedara”, contó en una ocasión al portal de la radio pública estadounidense PRI.

Joe Corona junto a Cristian Pellerano          GETTY IMAGES
Image captionCorona, en la foto junto a Cristian Pellerano, formó parte en el histórico título que conquistaron los Xolos en 2012.

“Recuerdo que fue un mes de pensar si debía quedarme en la universidad San Diego State (donde jugaba becado) o si debía probar en México, tratar de ayudar al equipo a ascender a la primera división y hacer mi sueño realidad”.

Eligió la segunda opción y el tiempo le dio la razón.

No sólo cumplió su sueño, sino que también conquistó el histórico título del Torneo de Apertura en 2012.

En el proceso, los Xolos abrieron una academia en Chula Vista, ciudad al sur de San Diego, y poco a poco fueron aumentando su penetración en Los Ángeles y otras ciudades, reclutando a jóvenes jugadores estadounidenses de origen mexicano.

No pasó mucho tiempo para que otros equipos, como Chivas de Guadalajara y el América, los dos gigantes del fútbol mexicano, siguiera sus pasos.

El sueño

La expansión de los Xolos por Estados Unidos no se ha detenido y ya cuenta con academias hasta en Nueva Jersey, a más de 5.000 kilómetros de Tijuana.

“Un representante del club nos contactó y habló de la idea de tener un equipo asociado en Nueva Jersey”, le contó a la BBC Felician Csombok, el entrenador principal de la academia.

“Nosotros les contamos que había mucha demanda gracias a la gran comunidad de mexicanos que existe aquí y les pareció muy buena idea expandirse para ver qué tipo de oportunidades habría para el club”.

Joe CoronaGETTY IMAGES
Corona ha jugado con la selección de Estados Unidos.

El atractivo del jugador estadounidense de origen mexicano es que cuenta con la doble nacionalidad, por lo que no ocuparía una de las plazas para jugadores extranjeros.

Ese es el caso de David Riano, de 14 años.

“Tenía como 10 años cuando comencé a jugar fútbol”, le dijo a la BBC.

“Fue difícil al principio porque no lo disfrutaba tanto y no era tan bueno, había gente con verdadero talento allí, por lo que no fue fácil”, reconoció.

Pero Riano se ha convertido en uno de los prospectos más interesantes de la academia y ya hay conversaciones de enviarlo a entrenar con el primer equipo.

“La cosa negativa es que tendría que dejar a mi familia y estaría yo sólo allá”, dijo.

“Pero lo más emocionante que podría lograr es llegar a ser futbolista profesional y jugar para un equipo importante. Eso me haría sentirme orgulloso”.

Michael OrozcoGETTY IMAGES
Michael Orozco es otro de los jugadores estadounidenses de origen mexicano que juega en Tijuana.

Para Csombok ese es el gran objetivo de la relación con los Xolos.

“Lo que queremos de los jugadores es que se evolucionen hasta lo máximo de sus posibilidades”, comentó.

“Esperamos que un día puedan jugar en la universidad o incluso ir más allá y ser un futbolista profesional sea en Estados Unidos, México o incluso Europa”.

Un sueño para el que no hay fronteras.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Por qué acumular grasa corporal nos hace más vulnerables al COVID

El exceso de grasa en el cuerpo provoca problemas de suministro, de distribución y de entrada de aire que nos hacen más propensos a sufrir todo tipo de infecciones respiratorias, entre ellas la covid-19.
19 de enero, 2022
Comparte

Seguro que conoces la historia contada en “La ilíada” de Homero. Relata cómo los griegos, después de varios años intentando conquistar Troya, lograron su propósito gracias a un enorme caballo de madera en cuyo interior se ocultaron sus soldados.

Aprovechando la oscuridad de la noche, asaltaron la ciudad desde dentro.

Pues bien, parece que nuestro enemigo el SARS-CoV-2 ha encontrado un caballo de Troya inesperado en nuestro interior que le ayuda en su lucha: nuestra grasa corporal.

Un caballo de Troya para la infección por coronavirus

El SARS-CoV-2 entra en las células del organismo cuando una proteína de su envoltura, la llamada spike o proteína S viral, se une con la enzima convertidora de angiotensina tipo 2, molécula de la membrana de varios tipos de células humanas.

En el fenotipo obeso, la expresión de estas moléculas de membrana en el tejido adiposo aumenta.

Y eso convierte a la grasa en reservorio ideal del virus tras su entrada en el organismo, permaneciendo en el cuerpo de los pacientes con obesidad durante más tiempo.

Por si fuera poco, en modelos animales de obesidad se ha observado que la enzima convertidora de angiotensina tipo 2 también aumenta en las células pulmonares.

Eso implica un mayor número de sitios de unión para el virus y favorece la entrada de partículas virales en el epitelio pulmonar.

La intensidad de la infección aumenta, como también la respuesta local en los pulmones, principal lugar en el que se libra la batalla para evitar el desarrollo de la covid-19.

A esto hay que añadirle que las personas con obesidad presentan un estado inflamatorio crónico de bajo grado que activa una respuesta inmune local caracterizada por la movilización de células inmunes productoras de sustancias proinflamatorias.

Esto da lugar a una respuesta inmune deficiente que aumenta la susceptibilidad a las infecciones, entre ellas la producida por el SARS-CoV-2.

Este déficit inmune, junto con la situación previa de inflamación, puede ampliar la conocida tormenta de citoquinas desencadenada tras la infección viral, produciendo un empeoramiento de los síntomas.

Por otro lado, el exceso de grasa abdominal de las personas con obesidad impide el correcto desplazamiento del diafragma durante la respiración, reduciendo la capacidad pulmonar y generando dificultades que predisponen al desarrollo de infecciones respiratorias.

Obesidad

Getty Images

De hecho, no es la primera vez que la obesidad se define como factor de riesgo en las infecciones causadas por virus respiratorios.

En 2009, durante la pandemia causada por el virus influenza H1N1, la obesidad se asoció con un incremento en el riesgo de hospitalización e ingreso en la UCI tras la infección vírica.

Atascos y problemas de abastecimiento

Imaginemos el cuerpo de una persona con obesidad como una ciudad amurallada.

La alta cantidad de tejido adiposo disregulado que contiene hace que, en condiciones normales, la ciudad sufra una obstrucción en las vías de suministro (por hipertensión, aterosclerosis o patologías cardiovasculares).

Pero también dificultades con el suministro y la gestión de los alimentos (resistencia a la insulina y diabetes) y con la entrada de aire (por dificultades respiratorias).

El acceso esta ciudad, ya de por sí debilitada y enferma, sería relativamente fácil para un invasor como el causante de la covid-19, puesto que el tejido adiposo se comportaría como un caballo de Troya.

Es decir, serviría de refugio al nuevo enemigo. Quien, dicho sea de paso, se encontraría con más puertas de entrada en la zona verdes de suministro de aire de la ciudad (el pulmón, en nuestro cuerpo).

El desastre sería absoluto. Sobre todo porque cuando los soldados del ejercito inmune de la ciudad tratasen de expulsar al enemigo, su respuesta deficitaria provocaría aún más daños “urbanos” como consecuencia de la tormenta de citoquinas.

Además, al atacar al caballo de Troya (nuestro tejido adiposo), invadido por el virus, se produciría muerte adipocitaria.

Y las calles de la ciudad se llenarían de residuos (gotas de grasa), que las taponarían y nos predispondrían a desarrollar el síndrome del embolismo graso. Un síndrome que dispara la probabilidad de sufrir un evento trombótico.

Esto generaría aún mayores problemas de circulación de mercancías y distribución de alimentos.

En resumen, el exceso de grasa corporal no hace si no empeorar los síntomas de la infección por SARS-CoV-2 e incrementar el riesgo de hospitalización y muerte.

Ilustración de coronavirus

Getty Images
El coronavirus puede permanecer más tiempo en el cuerpo de los pacientes con obesidad.

Las “ciudades” viejas y de sexo femenino sufren más

Cuando la ciudad afectada por obesidad es de sexo masculino, la distribución del tejido adiposo a nivel visceral es mayor.

Eso provoca un incremento de citoquinas proinflamatorias que conduce a una mayor activación de las células inmunes, lo que hace a los hombres presentar un mayor riesgo de desencadenamiento de la famosa tormenta de citoquinas responsable del empeoramiento y agravamiento de los síntomas de la COVID-19.

Con todo y con eso, parece que el efecto devastador de la enfermedad en el largo plazo es mayor cuando esa ciudad pertenece al sexo femenino.

Ahora que ha pasado tiempo suficiente para ver las secuelas de la enfermedad, se ha podido comprobar que, dentro de los factores de riesgo de síndrome post-covid-19 , tener obesidad y ser mujer predispone a presentar covid persistente.

Siguiendo con el símil, desde el inicio de la pandemia se ha observado que ciudades más envejecidas (mayores de 55 años) tendrían más riesgo de ser totalmente destruidas por la invasión (mayor mortalidad).

Incluso en caso de personas con normopeso. Sin embargo, ya desde el principio de la pandemia observamos que la “ciudad obesa” joven sufría igual los efectos que “ciudades normopeso” de mayor edad.

Todo ello explica la mayor propensión de las personas con obesidad a desarrollar la infección por SARS-CoV-2 con síntomas más graves y necesitar hospitalización, ventilación mecánica y cuidados intensivos.

También explica por qué las personas con obesidad suelen requerir una hospitalización prolongada y tratamientos más intensos: tardan más tiempo en eliminar la presencia del virus.

Más a largo plazo, la presencia de obesidad aumenta el riesgo de desarrollar secuelas crónicas de covid-19.

Visto lo visto, deberíamos reflexionar sobre la necesidad de realizar importantes esfuerzos, tanto a nivel personal como desde todos los estamentos implicados, para implementar todas las medidas que ayuden a paliar la actual epidemia de obesidad.

*Marta Domínguez Álvaro es investigadora postdoctoral en enfermedades crónicas, de la Universidad Camilo José Cela y Silvia Salado Font es directora de la OTRI, Universidad Camilo José Cela. Este artículo se publicó en The Covnersation. Puedes leer la versión original aquí.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la última versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=XT3T-3-D7MI

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.