Yu-Mex, la historia de los mariachis con los que México hizo bailar a un país que ya no existe
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Yu-Mex, la historia de los mariachis con los que México hizo bailar a un país que ya no existe

En los años 60, la música mexicana se extendió por toda Yugoslavia, formando una fusión conocida como Yu-Mex, con mariachis incluidos.
BBC Mundo
Por Pablo Esparza / BBC Mundo
2 de septiembre, 2017
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Puede parecer ficción, pero es una historia muy real. Y alucinante: la de las melodías mexicanas que en la Yugoslavia de los años 60 coparon las ondas de las radios, y los jóvenes que hicieron cola para comprar vinilos en cuyas portadas aparecían músicos tocados con sombreros de ala ancha y vestidos de charro. Mariachis de apellido eslavo que triunfaban a base de corridos en serbocroata.

Bienvenidos a la época dorada del Yu-Mex, el estilo que resultó de la adaptación de la música popular mexicana por cantantes y músicos de la antigua Yugoslavia.

Entre finales de los 50 y finales de los 60, esta fusión mexicano-balcánica hizo bailar, cantar y emocionarse a un país que ya no existe. En los 90, Yugoslavia se fragmentó en siete Estados: Eslovenia, Croacia, Serbia, Macedonia, Montenegro, Bosnia Herzegovina y Kosovo.

Puede que aquellas canciones -y, en gran medida, el país en que sonaban- sean apenas un recuerdo entre las generaciones más mayores.

Hoy, de las tiendas y de los bares del centro de Belgrado, la capital de la actual Serbia, junto al fresco del aire acondicionado, sale la melodía del “Despacito” de Luis Fonsi. Ni rastro de “Cielito Lindo” o “Las mañanitas”.

Les pregunto a varios jóvenes si conocen alguno de estos clásicos y su respuesta es una mirada de desconcierto y extrañeza.

Pero cuando les pido a los de más edad que escuchen una de esas canciones se les ilumina el rostro. Por un momento, la música que sale del móvil les hace viajar a décadas atrás.

“Cada país tiene sus cosas. Pero México…”

Para recordar aquel tiempo me reúno con Slavko Perovic, una de las mayores estrellas delgénero Yu-Mex, en una cafetería del centro de Belgrado.

Cebello blanco, cara redonda y camisa a rayas, Perovic, de 83 años, pierde el gesto serio cuando le pregunto por su pasión por la música mexicana.

Slavko Perovic.PABLO ESPARZA
Slavko Perovic, de 83 años, llegó a vender más de un millón de discos en los 60 en un país de apenas 16 millones.

“Se me llena el corazón de orgullo de haber cantado esa música. Para mí es uno de los repertorios más bonitos que existen (…). El español es fenomenal para cantar… ¡Qué bien suena!”, afirma.

Perovic trae una carpeta llena de postales “de cuando tenía más pelo”, fotos en blanco y negro de sus actuaciones en festivales de música, recortes de prensa, recuerdos familiares…

Este viejo “mariachi” amante de la ópera llegó a vender más de un millón de discos en los 60 en un país de apenas 16 millones.

“Soy soldado de levita, de esos de caballería, de esos de caballería, soy soldado de levita… “, entona el corrido en voz baja y se interrumpe porque teme molestar a la escasa clientela del café.

“Cada país tiene sus cosas. Pero México… Cuando escucho estas melodías, se me ponen los pelos de punta. Todo eso sale de aquí… del corazón apasionado”, dice en español mientras se da unos golpes en el pecho.

Los mexicanos son muy parecidos a los serbios. Cuando ríen, ríen de verdad, y cuando lloran, lloran de verdad”
Slavko Perovic

Gracias a él y a otros músicos como él, millones de yugoslavos sintieron como propia la música mexicana.

La fuerza del cine

El Trío Jovanovic, Dukic, Tomljanovic, el Ansambel Magnifico, el Trío Paloma o el Trío Tividi fueron algunos de los artífices del movimiento Yu-Mex.

Pero, ¿cómo llegaron a este rincón de Europa melodías y letras procedentes de miles de kilómetros de distancia?

Slavko Perovic en una actuación hace años.PABLO ESPARZA
Slavko Perovic en una actuación hace años.

La respuesta hay que buscarla a principios de los años 50 y no en la música, sino en el cine. Y en los entresijos políticos de la Guerra Fría.

Tras la II Guerra Mundial, Yugoslavia, bajo el liderazgo del mariscal Joseph Broz Tito, se ubicó en el bloque socialista.

Sin embargo, en 1948, el país balcánico rompió relaciones con la Unión Soviética de José Stalin.

Socialista, pero no alineada con la URSS, Yugoslavia quedó en una posición complicada, a mitad camino entre el Este y el Oeste.

Cuando escucho estas melodías, se me ponen los pelos de punta. Todo eso sale del corazón apasionado”
Slavko Perovic

“Esto causó muchos problemas. Uno de ellos fue qué poner en los cines. Si no puedes importar películas capitalistas de Hollywood, que además eran caras, y por razones ideológicas ya no puedes importar películas soviéticas… ¿Qué haces?”, se pregunta el escritor esloveno Miha Mazzini.

“La leyenda, aunque de esto no hay constancia escrita, cuenta que un general yugoslavo que había estudiado en París y había visto cine mexicano antes de la II Guerra Mundial, sugirió que la solución podía pasar por importar cine mexicano“, le explica a BBC Mundo el autor de “Paloma Negra”, una novela ambientada en la época dorada de la música Yu-Mex.

Para los dirigentes yugoslavos, el cine mexicano tenía, al menos, dos ventajas: era más barato que las producciones de Hollywood y, además, estaba lleno de referencias a la revolución, un mensaje que encajaba perfectamente con la retórica del gobierno socialista.

Las otras “Mañanitas”

El gran éxito de público llegó con la película “Un día de vida”, dirigida por Emilio Fernández en 1950.

Dos imágenes de Slavko Perovic, estrella del género Yu-Mex, de joven.PABLO ESPARZA
Slavko Perovic fue una de las mayores estrellas del género Yu-Mex.

En México, este título pasó sin pena ni gloria. En Yugoslavia, en cambio, se convirtió en un clásico y, según algunos autores, en el film más taquillero de la historia del país.

“Entre 1952 y 1953 se proyectó en Zagreb (capital de Croacia) al menos 200 veces de forma ininterrumpida”, asegura el músico y editor discográfico croata Sinisa Skarica, en el documental Yu-Mex, dirigido por Mazzini.

“Un día de vida” (Jedan dan zivota, en serbocroata) cuenta los últimos días de un joven militar que va a morir fusilado por motivos políticos a causa de la revolución mexicana.

Una madre sufridora, Juanita, y una escritora cubana que viajó a México para escribir un libro completan la historia.

En una de las secuencias más emotivas, le cantan “Las mañanitas” a la madre del reo con motivo de su santo.

“Esta es la canción tradicional de este tipo de celebraciones personales en México. En cambio, en la cultura yugoslava se reinterpretó de otra manera debido al impacto de esa escena y empezó a cantarse en serbocroata, no para los cumpleaños o los santos, sino para el día de la madre”, le dice a BBC Mundo Robert Irwin, profesor de la Universidad de California y coautor del libro “Cine mexicano global: la edad de oro del cine mexicano”.

La única “copia original” que queda de “Un día de vida”, señala Irwin, se conserva hoy en la Cinemateca Yugoslava de Belgrado después de que un incendio destruyera las que se guardaban en México.

En Yugoslavia, todo el que hablara español era mexicano”
Miha Mazzini

La popularidad de esta película fue la semilla de la que empezaron a brotar cantantes y grupos de música que adoptaron el estilo de la música mexicana e imitaron la forma de vestirse de los personajes del cine mexicano.

Mariachis yugoslavos

El movimiento nació en los 50, pero no fue hasta la década siguiente cuando alcanzó su auge.

Primero, los “mariachis yugoslavos” se limitaron a cantar en español versiones de las canciones mexicanas. Después empezaron a traducirlas al serbocroata y, con el tiempo, llegaron a crear sus propios temas.

A veces, algunas de las canciones que adaptaban ni siquiera eran mexicanas, sino paraguayas o chilenas. Todas ellas, sin embargo, cabían bajo la etiqueta Yu-Mex.

“En Yugoslavia, todo el que hablara español, era mexicano”, sentencia Mazzini con humor.

Perovic recuerda cómo grababa las canciones de las películas mexicanas en el cine con un viejo radiocasete de fabricación italiana.

Más tarde, de vuelta en casa, transcribía las letras y se las aprendía de memoria.

Tito, el mariscal fan

La música mexicana se popularizó a lo largo y ancho de Yugoslavia al margen de los medios de comunicación oficiales, controlados por el Partido Comunista.

Portada de un disco de Slavko Perovic.PABLO ESPARZA
Para Slavko Perovic, los mexicanos son muy parecidos a los serbios.

“Las radios estatales pasaban de ellos. La música se extendió gracias a las radios locales. Todas ellas tenían programas de discos dedicados y la gente pedía canciones de estilo yu-mex. Para mi madre, para mi hermano, para mi enamorado…”, cuenta Mazzini.

Sin embargo, según relata Nikola Karovic, uno de los cantantes Yu-Mex más conocidos y pareja artística de Slavko Perovic durante algunos años, el mismo mariscal Tito era un amante de este tipo de música.

“Canté para Tito 102 veces en 33 años. Él prefería escuchar canciones mexicanas y sudamericanas”, asegura en el documental Yu-Mex.

Pero la conexión entre el público yugoslavo y la música y el cine mexicanos responde también a razones que van más allá de la “geopolítica cultural” de la Guerra Fría.

Las canciones mexicanas hablan de amor, de dolor, de desengaño, de heroísmo, de muerte. Y en Yugoslavia encontraron una audiencia ávida de esos temas.

Como en el resto de Europa, el recuerdo de la II Guerra Mundial, que había dejado más de un millón de muertos en el país, estaba todavía muy presente en aquellos años.

“Gran parte de la población estaba de duelo por alguien. Y estas canciones tristes y emocionales conectaron bien con el público. Cuando era pequeño recuerdo haber visto ‘Un día de vida’ en un cine lleno de mujeres mayores llorando desde el principio hasta el final”, afirma Mazzini.

“Hay también una conexión que podríamos llamar antropológica en la cuestión del sufrimiento cristiano que los mexicanos representan mucho en su cultura y también la gente de los Balcanes. Es una visión del sufrimiento como algo positivo. Cuando más sufres, mejor persona eres”, añade el escritor.

Canté para Tito 102 veces en 33 años. Él prefería escuchar canciones mexicanas y sudamericanas”

Nikola Karovic

Patria y corazón

Slavko Perovic resume este vínculo emocional de una forma sencilla.

“Los mexicanos son muy parecidos a los serbios. Como nosotros, son temperamentales. Cuando se ríen, ríen de verdad y cuando lloran, lloran de verdad”, afirma mientras apura su café.

Discos del género Yu-Mex.PABLO ESPARZA
El mismo mariscal Tito era un amante de la música Yu-Mex.

La música Yu-Mex entró en declive a finales de la década de los 60 hasta prácticamente desaparecer.

La irrupción del rock y el pop hicieron que los jóvenes se interesasen más por otros ritmos y los Beatles y los Rolling Stones sustituyeron a los mariachis como fuente de inspiración.

Casi 50 años después, las huellas de aquel estilo se limitan a la nostalgia y a ciertas influencias en algunos músicos. Las telenovelas son hoy, quizá, la principal influencia cultural latinoamericana en los países de la ex-Yugoslavia.

Gracias a ellas, no es extraño encontrar a jóvenes que dicen entender el español y hablarlo “un poquito”.

En cambio, para quienes vivieron aquella época, la música mexicana sigue siendo parte fundamental de la banda sonora de sus vidas.

“Si me preguntan qué sería si volviera a nacer… sería cantante. Cantante de música mexicana”, asegura Slavko Perovic.

“Cuando Yugoslavia comenzó a desmoronarse y la guerra entre Croacia y Serbia empezó a principios de los 90, un cantante croata grabó un disco con canciones de exaltación patriótica del tipo “lucha por tu país”. Eso se puede entender en ese contexto, pero el cantante iba vestido de mexicano. Esto no se puede explicar si no se tiene en cuenta el movimiento Yu-Mex”, asegura.

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Imagen: @VioletAquelarre

Policía impide a mujeres entrar a la CEAV; regresan a la CNDH tras confrontación

Las mujeres dijeron que fueron a apoyar y llevar víveres a quienes están dentro de las instalaciones y mantienen un plantón desde hace varios meses.
Imagen: @VioletAquelarre
12 de septiembre, 2020
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Tras una confrontación entre un grupo de mujeres y policías capitalinas que impidieron su paso al edificio de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), las manifestantes decidieron retirarse y volver a la CNDH.

Las mujeres llegaron a las instalaciones de la CEAV, ubicado en la colonia Del Valle, en la alcaldía Benito Juárez, para exigir que se atiendan sus demandas, y para apoyar y llevar víveres  a quienes están dentro de las instalaciones y mantienen un plantón desde hace varios meses.

Al llegar al edificio se registraron gritos, insultos y empujones entre las mujeres y los elementos de seguridad.

Una mujer intentó retirarle un escudo a una policía que resguarda el inmueble, ante ello, una oficial le respondió; “¡Dejen de estar jodiendo!”.

Una de las activistas contestó: “Ustedes son las que están jodiendo. Como si no supieran que aquí están las víctimas de los asesinatos”.

Un grupo de mujeres les dijo que si no se retiraban las policías, incendiarían el edificio.

Las manifestantes salieron de las oficinas de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), hacia al antimonumento, ubicado en Avenida Juárez, pero decidieron tomar un camión para que las trasladara a la colonia Del Valle.

Entre las mujeres presentes se encuentra Yessenia Zamudio, madre de Marichuy Jaimes, asesinada en 2016—, que encabeza el Frente Ni Una Menos, una organización feminista enfocada en los feminicidios y otras violencias de género, quien forma parte del colectivo que tomó las oficinas de la Comisión de Derechos Humanos.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegó más de 50 policías mujeres con equipo antimotin -cascos, escudos- para resguardar la entrada principal y periferias de la CEAV.

Algunas mujeres denunciaron que los elementos de seguridad las han agredido y comenzaron a replegarlas.

“Ve cuántas somos y ve todas las policías que nos mandan ¿cómo creen que no vamos a estar enojadas”, dijo Zamudio.

Los agentes impidieron que las colectivas y familiares ingresaran al lobby del edificio.

“Nosotras nada más veníamos a apoyar a otros compañeros que están dentro de la CEAV, traemos alimentos”, dijo una de las manifestantes.

“No soy ninguna encapuchada ni vengo pagada por nadie, soy una madre que estoy sufriendo de coraje y de angustia por no saber dónde está mi hijo, porque sus niños los están esperando. Y no nos vamos a mover hasta que López Obrador y la secretaria de Gobernación nos reciba y nos dé respuesta”, dijo una de las madres que protestaba.

En un comunicado, la Subsecretaría de Derechos Humanos informó que quien está dentro de las oficinas del CEAV es un señor originario de Chihuahua, víctima indirecta de secuestro en la entidad, quien permanece junto a tres integrantes de su familia (dos menores), desde el 17 de febrero de 2020, en el lobby del organismo.

Protesta en la CEAV que lleva meses

María Isela Valdez se volvió noticia nacional cuando se arrodilló ante el presidente Andrés Manuel López Obrador en Palacio Nacional para pedirle justicia en el caso de su hijo Roberto Quiroa, desaparecido en Tamaulipas en 2014, y tras lo cual le prometió “te lo voy a entregar”, según cuenta. Ha pasado más de un año desde esa única vez en que familiares de desaparecidos pudieron reunirse directamente con el presidente, que estuvo llena de reclamos y en la que les prometió que cada tres meses revisarían sus casos, pero nada de eso ha pasado.

Así que María Isela y otras víctimas del Colectivo 10 de Marzo instalaron hace unos meses un plantón en la puerta de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) para exigir un trato digno, entre otras demandas.

 

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