La Suprema Corte anula la alienación parental como causa de pérdida de patria potestad

Los ministros resolvieron que la definición de alienación implica transformar la conciencia de los menores y eso es impreciso y aunque debe ser sancionado no es causa para retirar la custodia.

alienación
Snap.io

La alienación parental ya no será causa de suspensión o pérdida de la patria potestad de de un menor en un juicio entre sus padres en Oaxaca, resolvió la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

La Corte invalidó el artículo 336 Bis B, párrafo último del Código Civil del estado, donde se detallaba que en la alienación parental un “integrante de la familia transforma la conciencia de un menor con el objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con uno de sus progenitores”.

Los ministros consideraron que tal definición es imprecisa e implica que se llegue a un extremo de afectación psicológica, “como sería la transformación de la conciencia del menor, para considerar que se da la existencia de violencia familiar, por lo que el precepto no tiene una función preventiva, que impida la violencia intrafamiliar y la consumación de daños en perjuicio de los menores”.

También se invalidaron los artículos 429 Bis A, párrafo primero, que establecía: “Bajo pena de suspenderse o declararse la pérdida de su ejercicio”, así como el 459, fracción IV, donde se prevé como causa de la pérdida de la patria potestad, cuando el que la ejerce produce actos de alienación parental.

Los ministros consideraron que la pérdida de la patria potestad no debe ser considerada como una sanción en automático, sino que ésta debe ser la última instancia a la que se acuda, pues ante actos de violencia familiar, el juez debe tomar diversas medidas previas a las que puede recurrir.

El peno validó el artículo 429 Bis A que señala que quien tenga la custodia de los hijos “debe procurar el respeto y el acercamiento constante de los menores con el otro ascendiente que también ejerza la patria potestad (…) y evitar cualquier acto de alienación parental, encaminado a producir en el menor rechazo, rencor, odio, miedo o desprecio hacia el otro progenitor”.

Close
Comentarios
  1. José-Luis Espinosa-Fernández

    https://uploads.disquscdn.com/images/b978c0387533868802bdc3fc2e50bf377fd1bc238498584d8cfbd3c6be3bfc11.png
    La Alienación Parental Existe.
    El consenso científico considera al fenómeno como un factor que influye en el estado de salud de los afectados y se integra al catálogo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2018.
    La Alienación Parental (AP) y su sinónimo Distanciamiento Parental Injustificado (DPI) han sido implementados por la OMS como un desorden asociado a las relaciones interpersonales.
    La AP es real y conlleva desde el punto de vista médico un diagnóstico certero asociado con problemas en las interacciones interpersonales durante la infancia. El concepto actual se desprende de la Teoría del Apego (TDA) de Bowlby y Ainsworth.
    La AP se añadirá en la siguiente versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) en la categoría “Problemas en la relación entre un menor de edad y su custodio” a la par de otra condición relacionada que se denomina Distanciamiento Parental Justificado (DPJ).
    El diagnóstico de DPJ se presenta cuando existe repudio de un hijo hacia uno de sus progenitores por causas justificadas y el de AP o DPI cuando el rechazo es por causas injustificadas.
    Para esto operan baterías psicológicas de alta fiabilidad diseñadas por un equipo de aproximadamente 340 investigadores, en su mayoría de la salud mental, de 42 países y respaldadas por afamadas instituciones académicas. En orden de importancia, las pruebas descartan: peligro de muerte, lesiones, abuso, maltrato, violencia física y psíquica, secuestro, negligencia, abandono y otros presuntos signos en detrimento de los derechos de un menor. Los marcadores determinan a la AP como una variante del maltrato a menores.
    La CIE es revisada por la OMS cada cierto número de años. La edición actual se llama CIE-10 que se convertirá en CIE-11. Se ha anunciado que la nueva versión está próxima a publicarse. El actual proceso de revisión es el que ha llevado más tiempo en toda su historia y ahora incluirá temas como “problemas en las relaciones interpersonales” y “maltrato infantil.”
    El Derecho Internacional y sus tratados consideran la búsqueda del bien de los niños como inalienable. El interés superior de un menor de edad no es otra cosa que actuar de acuerdo al resultado de la evaluación del impacto que una decisión tendrá sobre el cúmulo de sus derechos. La falta de esta evaluación de forma multidisciplinaria puede trascender incluso en la nulidad de una decisión judicial.
    Es obligación de su familia, la sociedad y el estado velar por su desarrollo integral y tomar las decisiones que más le convengan.
    Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a convivir con sus dos progenitores y su familia ampliada. También tienen derecho a ser escuchados. Su opinión es importante para lograr que la convivencia requerida resulte sana y afectiva.
    Sin embargo esta opinión no es determinante para restringir la convivencia, como tampoco lo es en ningún otro ámbito de sus vida cuando va en contra de sus propios intereses. Es simple, la evidencia muestra que el contacto con toda su familia es indispensable para lograr su desarrollo integral.
    En el plano psicosocial se considera a la AP como una variante del maltrato psicológico y por lo tanto en el sociojurídico un delito, en donde el infractor impide el vínculo paterno-materno-filial sin una razón justificada, siendo que se puede incurrir en la revictimización del menor cuando no exista una impartición de justicia eficaz. Ya existen leyes en contra de estos procesos de manipulación en casi todo el mundo.
    En el plano sociopolítico, la AP ha encontrado una gran resistencia por parte de grupos feministas y machistas radicales pues el postulado declara que el maltrato infantil no discrimina, es decir, que tanto el hombre como también la mujer pueden ejercer violencia, lo que desmonta el constructo cultural de la ideología de género. Éstas corrientes promueven el uso metódico de la denuncia falsa como recurso legal.
    En el plano socioeconómico, la AP es el reflejo de la ambición, en dónde los hijos son usados como medio de chantaje por uno de los progenitores para obtener un beneficio económico.
    A pesar de que la literatura académica presenta fundamentación empírica suficiente que señala la efectividad del diagnóstico de la AP para corregir situaciones graves de maltrato infantil, por rigor científico los expertos exhortan a no usar el término “síndrome” o las siglas “SAP” a la ligera. La palabra síndrome y las siglas SAP sólo deberán ser usadas por profesionales de la salud mental con especialidad en TDA. La recomendación es que legisladores, litigantes y demás personas hagamos referencia del fenómeno sólo como “Alienación Parental”, usando las siglas “AP”.
    Los detractores de Richard Gardner pueden estar tranquilos. La corriente gardneriana se considera obsoleta. Lo que hoy se avala científicamente es la diferenciación de las causas justificadas e injustificadas del repudio de un menor hacia su progenitor.
    De Gardner sólo se toma un nombre técnico que denomina un fenómeno que existía desde antes que él propusiera sus teorías… Sonsacar a los hijos por medio de manipulación.
    Para solicitar la bibliografía Ud. puede dirigirse al correo electrónico: [email protected] o por Facebook: https://www.facebook.com/groups/AMPFSYuc/
    Elaborado por José Luis Espinosa Fernández.
    https://www.facebook.com/joseluisespinosafernandez
    Más informes con Patricia Garibay Juanes.
    https://www.facebook.com/patricia.garibay.372