Empresa monopoliza venta y operación de alerta sísmica con aval del gobierno federal y CDMX
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Foto: Receptor de alertas Sarmex

Empresa monopoliza venta y operación de alerta sísmica con aval del gobierno federal y CDMX

Actualmente estos radios tienen un precio de 34 mil pesos y la población interesada (u obligada, en el caso de empresarios) a instalar estos equipos de alerta sísmica en sus casas o lugares de trabajo sólo puede comprárselos al consorcio CIRES-MDreieck.
Foto: Receptor de alertas Sarmex
Por Paris Martínez y Diana Amador
9 de octubre, 2017
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Daniela y sus papás administran desde hace diez años una pequeña escuela privada en la colonia Del Valle, que imparte educación preescolar y primaria. Desde su fundación, nunca tuvieron problemas para cumplir con las normas que marca la Secretaría de Protección Civil de la Ciudad de México para su funcionamiento, incluyendo la instalación en su plantel de un sistema de alerta sísmica.

La familia, aún antes de abrir la escuela, pasaba largas temporadas en Estados Unidos, y por eso les pareció casi natural traer de ese país un sistema de alerta sísmica que les costó 200 dólares, que es el rango en que esta tecnología de alertamiento puede adquirirse del otro lado de la frontera.

“Cuando hicimos todos los trámites para abrir la escuela, (en la Secretaría de Protección Civil) nos dijeron que necesitábamos alertas con el sistema NOAA, y eso fue justo lo que compramos”, dice Daniela.

Este equipo extranjero no les falló en ningún sismo.

Sin embargo, a finales de 2016, un grupo de inspectores de la Secretaría de Protección Civil de la Ciudad de México llegó a su escuela para anunciarles que su alerta sísmica era ilegal, no porque incumpliera con las características técnicas exigidas por la ley, sino porque no era de una marca en específico, la marca Sarmex, cuyo único vendedor en México es el consorcio CIRES-MDreieck.

Por no haber adquirido sus alertas a este consorcio empresarial, la Secretaría de Protección Civil les anunció que su escuela quedaba clausurada.

Los representantes del plantel le explicaron a los funcionarios lo que más de un técnico, y su propia experiencia, les decía: que sus alertas funcionaban perfectamente. Pero no había espacio para la negociación, simplemente no eran las autorizadas.

Luego de esto, los funcionarios les proporcionaron a los dueños de esta escuela los datos del “distribuidor” autorizado y les informaron que, si se apresuraban a comprar sus sistemas a dicho distribuidor, quizá podrían iniciar clases a tiempo.

Daniela y sus padres no lo dudaron. En la misma colonia Del Valle, a unos dos kilómetros de distancia, está una oficina del consorcio CIRES-MDreieck, que les cobró 85 mil pesos por instalar un sistema similar al que ellos habían comprado en Estados Unidos por 200 dólares (menos de 4 mil pesos).

Los representantes de esta escuela no lo sabían, pero el 7 de abril de 2016, el Gobierno de la Ciudad de México había emitido la “Norma Técnica Complementaria NTCPC-007-SAS- 2016”, con la que se designó al consorcio empresarial CIRES-MDreieck como único órgano autorizado para “certificar” cualquier sistema de alertamiento sísmico instalado en la capital del país.

En teoría, cualquier fabricante de alertas sísmicas podría obtener dicha certificación, si cumple con todos los requisitos técnicos impuestos por la autoridad. Sin embargo, tal como señala el consorcio CIRES-MDreieck en sus páginas de internet, los únicos equipos a los que han otorgado esta certificación son, precisamente, los que ellos mismos venden de la marca Sarmex.

De hecho, los equipos de alertamiento que comercializa CIRES-MDreieck son los únicos que cumplen a cabalidad con los requisitos impuestos por el gobierno capitalino, por una razón: para determinar dichos requisitos, las autoridades utilizaron un radio Sarmex como modelo ideal.

Finalmente, en marzo de 2017, esta norma técnica fue nuevamente actualizada, ahora para establecer que el único sistema autorizado para advertir sobre la aproximación de ondas sísmicas en la capital del país es el Sistema de Alerta Sísmica de la Ciudad de México, que fue creado con recursos públicos, pero luego entregado al consorcio CIRES-MDreieck para su operación, mediante un convenio sin fecha de vencimiento.

Con esta medida, otras empresas que también buscaban desarrollar tecnologías de alerta sísmica quedaron eliminadas del mercado y el consorcio CIRES-MDreieck quedó libre de competencia.

En una primera entrevista realizada en agosto de 2016, el director del CIRES (siglas que significan Centro de Instrumentación y Registro Sísmico), Juan Manuel Espinosa, negó que el consorcio que encabeza incurra en prácticas monopólicas e incluso negó que existiera ningún tipo de relación entre CIRES, que oficialmente es una asociación civil “sin fines de lucro”, y la empresa MDreieck.

No obstante, en una segunda entrevista (realizada el 13 de septiembre de 2017), el mismo Juan Manuel Espinosa reconoció que CIRES creó la firma MDreieck SA de CV, para eludir las barreras legales que impiden a las asociaciones civiles realizar actividades empresariales.

Triangulaciones

Desde 1989 –cuatro años después de los sismos del 85–, las autoridades federales designaron a la asociación civil CIRES como desarrollador y operador del Sistema de Alerta Sísmica, que inicialmente se pensó para advertir a la Ciudad de México y luego al resto de estados que comparten la amenaza de enfrentar temblores fuertes, como Guerrero, Oaxaca y Michoacán.

Desde entonces, CIRES recibe un subsidio permanente por parte de las autoridades mexicanas para la operación del Sistema de Alerta Sísmica.

Paradójicamente, además de pagar la operación del sistema, las autoridades han establecido con el consorcio CIRES-MDreieck distintos contratos por “renta” de la señal de alerta, así como por la adquisición de equipos de alertamiento para inmuebles oficiales.

En los hechos, las autoridades pagan dos veces la operación del Sistema.

A eso, además, deben sumarse distintos pagos gubernamentales al consorcio CIRES-MDreieck, especialmente a partir de 2010, destinados a la modernización del Sistema de Alerta Sísmico Mexicano.

Cabe destacar que, aún siendo un órgano privado, el consorcio CIRES-MDreieck no sólo ostenta el control total del Sistema, sino que también decide de forma libre qué requierese para su modernización, y el gobierno mexicano sólo pone el dinero.

En 2010, detalló el titular de CIRES durante la entrevista concedida en septiembre pasado, el Gobierno de la Ciudad de México “pidió radio-receptores (de alerta sísmica), y se le logró abastecer a través de la empresa MDreieck”. Los equipos de alertamiento entregados eran de la marca Sarmex.

“Nosotros somos asociación civil –señaló Espinosa– y no podíamos ser comercializadores de los radio-receptores, entonces, se nombró a un grupo de gente, ex investigadores de CIRES, y ellos, a través de esta empresa (MDreieck), lograron la exclusiva” para comercializar la marca Sarmex en México.

En ese año, el gobierno capitalino, encabezado entonces por Marcelo Ebrard, entregó 126 millones de pesos a CIRES para que formulara un proyecto de modernización del Sistema de Alerta Sísmica, y el proyecto que CIRES entregó era sencillo: comprar 50 mil equipos de alertamiento marca Sarmex, y distribuirlos masivamente en la Ciudad de México.

Siguiendo ese plan, el gobierno de Ebrard le compró los 50 mil equipos al único distribuidor autorizado, la empresa MDreieck.

Es decir: este consorcio se presenta como asociación civil para imponerle adquisiciones al gobierno, y luego se presenta como empresa proveedora, para que el gobierno le compre los insumos.

Este mismo modelo fue usado en los años siguientes para venderle 33 mil equipos más al gobierno federal, entonces encabezado por Felipe Calderón.

Sólo con estas dos operaciones, realizadas entre julio de 2010 y julio de 2011, el consorcio CIRES-MDreieck logró ventas por 255 millones de pesos, provenientes del presupuesto público.

De hecho, con este mecanismo de triangulación, el consorcio CIRES-MDreieck ha acaparado 100% de la inversión pública destinada a la creación, operación, ampliación y modernización del Sistema de Alerta Sísmica, desde 1989 y hasta la fecha, recursos que, sumados, superan los 34 millones de dólares.

Monopolio del miedo

El proceso de “modernización” del Sistema de Alerta Sísmica emprendido en 2010, mediante la compra de decenas de miles de aparatos Sarmex, se sustentó en un único argumento del consorcio CIRES-MDreieck: que dichos aparatos eran de “bajo costo” (entre 30 y 80 dólares por unidad, tal como se manejó en ese momento). Eso, se subrayó, permitiría la distribución masiva en México.

Con estos radio-receptores marca Sarmex, en teoría, la población podría recibir una advertencia sobre sismos, entre 30 y 60 segundos antes de que se sintieran sus efectos.

Entre 2010 y 2011, efectivamente, CIRES-MDreieck le vendió los primeros 88 mil equipos al gobierno mexicano a un costo promedio de mil 140 pesos, es decir, dentro del rango de los 80 dólares.

Sin embargo, antes de que acabara el año 2011, el consorcio CIRES-MDreieck determinó que dicha tecnología ya no sería de “bajo costo” e impuso a sus radios Sarmex un sobreprecio de 2,700%.

Así, estos aparatos, que en 2010 se vendían en menos de mil 200 pesos, pocos meses después elevaron su costo hasta 34 mil pesos por unidad.

Las ganancias son para CIRES-MDreieck, consorcio que, además, quedó exento del pago de impuestos de importación, tal como quedó establecido en los acuerdos firmados con las autoridades mexicanas, de los cuales Animal Político posee copia.

Supuestamente, el consorcio quedó libre del pago de dichos impuestos, para que los radios Sarmex mantuvieran su bajo costo, lo cual resultó falso.

“Ese era el punto”, explica Juan Manuel Espinosa, director de CIRES: que fuera tecnología accesible en términos económicos.

Sin embargo, precisó, luego de recibir la autorización oficial de venta de estos equipos, el consorcio que representa determinó que se justificaba elevar su costo comercial en 2,700%, porque “el radio tiene una posibilidad de alertamiento mucho mayor que sólo sobre temblores: puede advertir que va a llover, o que no se debe salir al patio escolar por la contaminación. Eso es lo que agrega MDreieck”.


En la actualidad, estos radios tienen un precio de 34 mil pesos por unidad y, debido a las prebendas legales aprobadas en 2016 y 2017 por el gobierno capitalino, la población interesada (u obligada, en el caso de empresarios) en instalar estos equipos de alerta sísmica en sus casas o lugares de trabajo sólo puede comprárselos al consorcio CIRES-MDreieck. Negocio redondo.

Despojo intelectual

Tal como reconoció en entrevista el director de CIRES, los radios Sarmex fueron fabricados con base en tecnología diseñada en Estados Unidos, y que el gobierno de ese país hizo de acceso público, para que cualquier fabricante pudiera libremente producirlos.

Por esa razón, dichos aparatos son conocidos como radios tipo NOAA, que son las siglas de la National Oceanic and Atmospheric Administration del gobierno estadounidense.

En el caso de los radios Sarmex, sin embargo, el CIRES debió realizar una investigación previa, para determinar en qué frecuencia debían quedar sintonizados los aparatos para poder ser usados en México.

Dicha investigación en radiocomunicaciones fue sufragada con los recursos públicos que CIRES recibió del gobierno mexicano.

No obstante, una vez que se determinó qué frecuencias eran las adecuadas para los radios marca Sarmex, el consorcio CIRES-MDreieck tramitó una licencia de fabricación a título empresarial, y luego cedió dicha licencia a la firma estadounidense Alerting Solutions Inc., que es la que produce los radios marca Sarmex.

A cambio de regalarle dicha licencia, Alerting Solutions Inc. nombró al consorcio CIRES-MDreieck como sus distribuidores exclusivos en México.

Es decir, el gobierno mexicano contrató a CIRES para generar conocimiento en materia sísmica y de telecomunicanciones, luego CIRES usó ese conocimiento para patentar innovaciones tecnológicas a título empresarial (a través de MDreieck), y después dichas patentes se usaron como moneda de cambio, para garantizar que el fabricante sólo vendiera su producto a través de MDreieck.

De esta forma, aunque el gobierno mexicano pagó todo el proceso previo que llevó al desarrollo de los radios marca Sarmex, las licencias intelectuales y de fabricación se convirtieron en un activo privado del consorcio CIRES-MDreieck, que luego transó con una empresa estadunidense.

Ambiciones

En la actualidad, el consorcio CIRES-MDreieck asegura que el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano da cobertura a la población de una entidad federativa completa, la Ciudad de México, y a los habitantes de cinco urbes estatales: la ciudad de Puebla, la ciudad de Oaxaca, Morelia, Chilpancinco y Acapulco.

Dicha cobertura, sin embargo, es intermitente: en las ciudades de Oaxaca y Morelia, por ejemplo, el servicio ha sido interrumpido en distintas ocasiones por “falta de pago”.

De hecho, este criterio empresarial dejó a la población de Morelia sin advertencia previa, ante los pasados sismos del 7 y 19 de septiembre.

Pese a la gravedad de este hecho, el director de CIRES bromea en la entrevista, y asegura que a Morelia le cortaron el servicio “por exceso de pago”.

Pero el plan de este consorcio empresarial, aclaró Espinosa, no se limita a dar servicio a estas urbes, que por ahora son las únicas en las que los radios Sarmex pueden tener algún uso.

El objetivo de CIRES-MDreieck, explicó, es que estos radios sean la base para constituir el Sistema Nacional de Alertas, que fue anunciado por el presidente Enrique Peña Nieto en 2013, y que hasta ahora sólo existe en el papel.

“El presidente Peña Nieto pidió (desarrollar) el Sistema Nacional de Alertas en 2013. Y lo único que ya se tiene, en automático, es la Alerta Sísmica –aseguró–. El Sistema Nacional de Alertas hace falta en el país completo, y esta tecnología (los radios que vende el consorcio CIRES-MDreieck) ya está lista, no se tiene que desarrollar, simplemente hay que ampliarla”.

Obviamente, este plan de ampliación implicaría que el gobierno mexicano compre al consorcio CIRES-MDreieck decenas de miles de radios más, ahora a 34 mil pesos por unidad, para repartir no sólo en algunas entidades al sur del país (como ocurrió entre 2010 y 2011), sino en la república entera.
“Esperamos ver un repunte en el ánimo” de los compradores, remató Juan Manuel Espinosa.

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Los traficantes que se hacen pasar por falsos voluntarios para captar refugiadas ucranianas

Para depredadores sexuales y traficantes de personas, conflictos como los de Ucrania son una oportunidad para cazar a refugiadas y menores de edad.
29 de marzo, 2022
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Cinco semanas de una brutal invasión de Rusia a Ucrania. Imagina por un momento cómo es vivir allí en este momento.

Bombas, derramamiento de sangre, trauma. Sin escuela para tus hijos, sin atención médica para tus padres, sin un techo seguro sobre tu cabeza.

¿Intentarías huir? Diez millones de ucranianos lo han hecho ya, según Naciones Unidas.

La mayoría busca refugio en otras zonas de Ucrania, que se cree que son más seguras. Pero más de tres millones y medio de personas han huido por la frontera.

Son principalmente mujeres y niños, ya que el gobierno ucraniano obliga a los hombres menores de 60 años a quedarse en el país y luchar.

Desplazados y desorientados, a menudo sin saber a dónde ir, los refugiados se ven obligados a confiar en extraños.

El caos de la guerra puede quedar atrás, pero la verdad es que tampoco están del todo seguros fuera de Ucrania.

“Para los depredadores y traficantes de personas, la guerra en Ucrania no es una tragedia”, advirtió en Twitter el secretario general de la ONU, António Guterres. “Es una oportunidad, y las mujeres y los niños son los objetivos”.

Las redes de tráfico están notoriamente activas en Ucrania y los países vecinos en tiempos de paz. Y ahora la niebla de la guerra es la tapadera perfecta para incrementar el negocio.

El riesgo de los niños

Karolina Wierzbińska, coordinadora de Homo Faber, una organización de derechos humanos con sede en Lublin, Polonia, me dijo que los menores eran la gran preocupación.

Muchos viajaban fuera de Ucrania sin compañía, explicó. Varios niños desaparecieron y se desconoce su paradero actual como resultado de unos procesos de registro irregulares en Polonia y otras regiones fronterizas, especialmente al comienzo de la guerra.

Mis colegas y yo nos dirigimos a la frontera entre Polonia y Ucrania para verlo por nosotros mismos.

En una estación de tren, muy conocida por la llegada de refugiados, encontramos un hervidero de actividad. Mujeres de aspecto aturdido y niños llorando por todas partes.

Una mujer y un bebé

BBC
Las mujeres ucranianas llegan con sus hijos todos los días a los países vecinos.

Muchos estaban siendo consolados y un ejército de voluntarios que vestían chalecos fosforescentes les ofrecían comida caliente de humeantes ollas de tamaño industrial.

Algo que parecía muy bien organizado. Pero no lo es tanto.

Conocimos a Margherita Husmanov, una refugiada ucraniana de Kiev de poco más de 20 años. Llegó a la frontera hace dos semanas, pero decidió quedarse para ayudar a evitar que otros refugiados caigan en las manos equivocadas.

Le pregunté si se sentía vulnerable. “Sí”, respondió sin dudar. “Ese es especialmente el motivo por el que me preocupo por su seguridad”.

“Las mujeres y los niños vienen aquí de una guerra terrible. No hablan polaco ni inglés. No saben lo que está pasando y creen en lo que les dicen“, explica.

“Cualquiera puede presentarse en esta estación. El primer día que me ofrecí como voluntaria, vi a tres hombres de Italia. Estaban buscando mujeres hermosas para venderlas en el comercio sexual“, continúa.

“Llamé a la policía y resultó que tenía razón. No era paranoia… Es horrible”.

¿Qué se está haciendo?

Margherita Husmanov dice que las autoridades locales ahora están un poco más organizadas. La policía patrulla regularmente la estación.

Algunas personas (principalmente hombres) que llevaban letreros con nombres de destinos llamativos, tan presentes en las primeras semanas de llegada de refugiados, han desaparecido en gran medida.

Pero como nos enteramos por varias fuentes, otras personas con malas intenciones ahora se hacen pasar por voluntarios.

Margherita Husmanov

BBC
Margherita Husmanov es una refugiada ucraniana que ahora es voluntaria.

Elena Moskvitina compartió en Facebook su experiencia. Ahora está a salvo en Dinamarca, así que charlamos largamente a través de Skype. Lo que le pasó es escalofriante.

Ella y sus hijos cruzaron de Ucrania a la vecina Rumania. Estaban buscando un viaje lejos de la frontera.

Asegura que falsos voluntarios en un centro de refugiados le preguntaron dónde se hospedaba.

Aparecieron más tarde ese mismo día y le dijeron que Suiza era el mejor lugar para ir y que la llevarían allí en una camioneta junto con otras mujeres.

Moskvitina explica que los hombres la miraban a ella ya su hija “de mala forma”. Su hija estaba petrificada.

Le pidieron que les mostrara a su hijo, que estaba en otra habitación. Lo miraron de arriba abajo, dijo. Luego insistieron en que viajara sin nadie más que ellos, y se enojaron cuando les pidió ver sus identificaciones.

Para alejar a los hombres de su familia, Moskvitina prometió reunirse con ellos cuando las otras mujeres estuvieran en su camioneta. Pero en cuanto se fueron, explica, tomó a sus hijos y salió corriendo.

“Están expuestas al miedo y la explotación”

Elżbieta Jarmulska, una empresaria polaca, es la fundadora de la iniciativa Women Take The Wheel (Mujeres al volante). Su objetivo, dice, es proporcionar a los refugiados ucranianos una “burbuja de seguridad”.

“Esas mujeres ya han pasado por mucho, caminando o conduciendo a través de una zona de guerra y luego están expuestas al miedo y la explotación aquí. No tengo palabras para describir cómo debe ser eso”, dice.

Elżbieta Jarmulska

BBC
Elżbieta Jarmulska organiza viajes seguros para las mujeres y sus hijos.

Hasta ahora, ha reclutado a más de 650 “mujeres increíbles” de Polonia, como las describe, que conducen de un lado a otro tanto como pueden hasta la frontera entre Polonia y Ucrania, para ofrecer a los refugiados un transporte seguro.

Acompaño a Elżbieta Jarmulska, más conocida como Ela, a un centro de refugiados donde se asegura de mostrar su identificación y prueba de residencia a los funcionarios, antes de preguntar si alguien quiere ir a Varsovia.

Su coche se ocupó rápido. Los pasajeros son unos refugiados, Nadia y sus tres hijos.

Ela acomodó a la familia en su automóvil bien equipado y ofreció a los niños pequeños agua, chocolate y píldoras para el mareo por si las necesitaban.

Mientras tanto, Nadia me habló de su peligroso viaje para salir de Ucrania desde Járkiv. Ya en Polonia, dijo que estaba tan aliviada de tener una mujer al volante.

Nadia y sus hijos

BBC
Nadia y sus hijos consiguieron un transporte seguro.

Había oído hablar de los riesgos del tráfico de personas y la explotación en la radio ucraniana. Pero vino de todos modos.

Contó que su casa estaba siendo bombardeada. Los riesgos de guerra eran inmediatos.

Necesidad

Ela se preocupa por lo mejor para los refugiados, pues dejar la frontera a salvo no significa que el peligro haya terminado.

La mayoría de las mujeres con las que hablamos esperaba volver a casa tan pronto como terminara la violencia. Pero durante los próximos días, semanas, incluso meses, necesitan un lugar donde dormir, comer, enviar a sus hijos a la escuela, así como un trabajo para mantenerse.

Esas necesidades hacen que los refugiados sean vulnerables.

Los líderes de la Unión Europea aprobaron por unanimidad una medida para abrir el mercado laboral, las escuelas y el acceso a la atención médica para los ucranianos, pero como señalan los grupos de derechos humanos, los refugiados necesitan ayuda para registrarse e informarse sobre sus derechos.

Una de los voluntarias que conocí en la frontera polaco-ucraniana dijo que cuando estás deprimido, sin amigos y con necesidad de dinero, puedes terminar haciendo cosas que nunca hubieras imaginado.

Refugiados en la frontera de Polonia

BBC
Todos los refugiados son vulnerables a la explotación.

Esta mujer fue atraída a la prostitución cuando era más joven. Y eso, dice, es en gran parte la razón por la que ahora ayuda a las refugiadas ucranianas.

“Quiero protegerlos. Para advertirles”, dice. Me pidió que no revelara su nombre. Desde entonces, cambió su vida y no quiere que sus hijos sepan de su pasado.

De buenas intenciones engañosas

Cinco semanas después de la invasión de Rusia en Ucrania, los sistemas en toda Europa que revisan a los ucranianos que necesitan ayuda aún están lejos de ser infalibles.

El crimen organizado (incluido el tráfico sexual y de órganos y, con frecuencia, el trabajo forzado) no es la única amenaza. Los refugiados también son explotados por individuos.

Personas en Polonia, Alemania, Reino Unido y otros lugares han abierto sus hogares a los refugiados, la mayoría con las mejores intenciones. Pero lamentablemente no todos.

Encontramos una publicación en las redes sociales de una mujer ucraniana que huyó a Düsseldorf en Alemania. El hombre que le ofreció una habitación confiscó sus documentos de identidad y le exigió que limpiara su casa gratis.

Luego comenzó a acosarla sexualmente también. Ella lo rechazó y él la echó a la calle.

Irena Dawid-Tomczykkids, directora ejecutiva de la rama de Varsovia de la ONG contra la trata de personas La Strada, dijo que la historia era demasiado familiar.

Ese tipo de cosas pasan, con guerra o sin ella, asegura. Pero una avalancha de mujeres y niños con cicatrices de la guerra que salen de Ucrania significa que los casos de explotación y abuso aumentan.

Los refugiados adolescentes son una preocupación particular. “Todos conocemos a los adolescentes, ¿no? Son inseguros. Quieren aceptación y reconocimiento”, explica.

“Y si son refugiados que están lejos de casa y de sus amigos, son aún más fáciles de explotar”, continúa.

“A las chicas les puede encantar la atención que les brindan los hombres mayores. O les presentarán a una chica agradable de su misma edad, que tiene ropa genial y las invita a fiestas. Así es como comienza. No olviden que no solo los hombres son proxenetas, traficantes y abusadores”.

El riesgo en línea

Los factores que impulsan a las mujeres ucranianas a aceptar ofertas en internet aparentemente generosas para escapar de sus dificultades también se multiplican en tiempos de guerra.

Sin revelar identidades, Irena relata caso tras caso en los que está trabajando La Strada Polonia: chicas ucranianas que les ofreciern pasajes de avión a México, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, sin haber conocido a los hombres que las invitaron.

Un volante para refugiados ucranianos

BBC
Los refugiados ucranianos reciben volantes con información de ayuda.

“Mis colegas estaban tratando de persuadir a una chica de 19 años para que no fuera con su amiga a la casa de un hombre”, dice.

“Ella sabe que su amiga ha sido golpeada. Pero el hombre la llama a su celular, le dice cosas bonitas y le ofrece regalos. Si insisten en ir, les rogamos a las niñas que al menos se registren con las autoridades locales. Si no lo hacen, tienen nuestro número de teléfono”, explica.

“Espero que nos puedan llamar si nos necesitan”.

Los gobiernos de toda Europa han prometido solidaridad con Ucrania.

Y los grupos de derechos humanos quieren que cuiden mejor a quienes corren por sus vidas. Necesitan protección.


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