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Un edificio al punto del colapso impide a 105 familias regresar a sus departamentos
Los vecinos de los edificios aledaños al de Paseo del Río 10 esperan la demolición de éste inmueble, pues hasta que eso no suceda no podrán volver a sus edificios, que albergan 81 departamentos.
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Por Nayeli Roldán
17 de octubre, 2017
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Los daños que sufrió el edificio de nueve pisos de la calle Paseo del Río, número 10, en la colonia Paseos de Taxqueña, fueron tan graves que debe ser demolido. 24 familias dejaron sus casas desde el 19 de septiembre. Sin embargo, el riesgo de colapso de ese inmueble provocó que los cuatro edificios aledaños con 81 departamentos también fueron evacuados.  

Los habitantes de los departamentos que no están dañados podrán regresar hasta que el edificio afectado sea demolido. Pero, a casi un mes del sismo, el gobierno de la Ciudad de México no les ha informado el procedimiento, ni la fecha en que sucederá y si implicará un costo para los dueños de cada departamento.

“Exigimos claridad porque no nos resuelven. Estamos en total incertidumbre. No sabemos cuáles van a ser los apoyos, cuándo van a demoler, qué va a pasar”, reclama Rodrigo Ruiz, representante del edificio de Paseo del Rió 10, construido en 1984.

Felipe González vivía a lado del edificio que será demolido. Desde el sismo tuvo que abandonar su departamento y vivir en casa de su suegro, cerca de la autopista hacia Cuernavaca, aunque él trabaje en Santa Fe. Todos los días hace tres horas de camino.

Aunque su edificio resistió el temblor, no podrá regresar hasta la demolición del edificio vecino. Un problema desencadenó más y, hasta el momento, ninguna autoridad resuelve algo. El delegado de Coyoacán, José Maldonado, es el único que ha hablado con los vecinos, pero la solución no está en su competencia, según les ha dicho.

De acuerdo con el Reglamento de Construcciones de la Ciudad de México, los propietarios deben tramitar una “licencia de construcción especial para demolición”. Esto les costaría 15 pesos por cada metro cuadrado, según establece el Catálogo único de trámites local.

Sin embargo, los propietarios del edificio número 10 de Paseo del Río no han sido informados de esto. Tampoco si el gobierno capitalino tiene algún plan para que los propietarios no paguen por la demolición. El delegado Maldonado les ha dicho que no pagarán, pero “no nos lo han asegurado por medio de escritos”, dice Rodrigo.

La posibilidad de los vecinos costear la demolición y reconstrucción es baja. Rodrigo, por ejemplo, compró su departamento por 2 millones 200 mil pesos hace apenas dos años y aún está pagando la hipoteca. Para otras 24 familias que ya los habían pagado eran su patrimonio y ahora se quedaron sin nada.

Ahora, él y sus vecinos, tienen la incertidumbre de qué pasará con la demolición y la posibilidad de una reconstrucción. “Va a pasar el tiempo y no queremos que nos pase como a muchos del sismo del 85, que vivieron en campamentos y apenas les entregaron departamentos”, dice.

Se acercó al módulo de la Sociedad Hipotecaria Federal que ofrece dos tipos de apoyo: para reparar los inmuebles catalogados como verde o naranja, es decir, que pueden se habitables con arreglos o para reconstrucción. Este último sería la mejor opción, pero sólo pueden acceder a él los propietarios del terreno. En este caso, las 24 familias son propietarias de su departamento, pero no del terreno total y por lo tanto, le negaron la posibilidad de acceder a este esquema de ayuda.

Las demoliciones paso a paso

El jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, informó el pasado 3 de octubre que sólo por demoler los edificios colapsados y el manejo del cascajo costaría 2 mil 500 millones de pesos.

Sin embargo, existen mil 193 edificios en categoría “rojo”, es decir, podrían ser demolidos. Animal Político solicitó a la Secretaría de Obras, el costo que prevén para demoler dichas construcciones, pero aseguraron que aún no tienen el dato porque los recursos del Fondo de Desastres Naturales no ha sido liberados.

De acuerdo con Gerardo Báez Pineda, director general de Construcción de Obras para el Transporte, la complejidad de cada edificio en riesgo de colapso determina el tiempo de trabajo y, por lo tanto, el costo. Debería hacerse una evaluación caso por caso para determinar cuánto costará, dice en entrevista.

Aunque en todos los casos se sigue el mismo procedimiento que consiste primero, en identificar el inmueble en mal estado; segundo en tener la cédula que comprueba que el edificio requiere ser demolido. El tercer paso es presentar el dictamen de procedencia de demolición. Le sigue un estudio topográfico para analizar el tipo de construcción, suelo, número de pisos y condición de la estructura.

Para empezar los trabajos, se retiran tanques de gas, tinacos, instalaciones eléctricas, la impermeabilización y con ello se identifica qué tipo de losa tiene para seguir desmantelando. Los últimos pasos es la utilización de maquinaria y el retiro de escombros.

El edificio de Álvaro Obregón, por ejemplo, requirió de siete días de trabajo para retirar los pisos que colapsaron, pero el tiempo en cada edificio, dice el especialista Báez Pineda, es variable.

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El "ataúd nuclear" que gotea material radioactivo en el océano Pacífico
El estado de una estructura de concreto que encapsula material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos entre 1946 y 1958 preocupa tanto a los habitantes de las Islas Marshall como al Secretario General de Naciones Unidas.
18 de mayo, 2019
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La campanada de alerta la volvió a hacer sonar el propio secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, mientras hablaba con un grupo de estudiantes en Fiyi.

“Acabo de estar con la presidenta de las Islas Marshall (Hilda Heine), y está muy preocupada por el riesgo de que se filtre el material radioactivo contenido por una especie de ataúd que hay en el área”, dijo.

Guterres estaba describiendo así al llamado “domo de Runit” o “domo Cactus”, una estructura de concreto construida en la isla del mismo nombre para encapsular el material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos en el área entre 1946 y 1958.

Las 67 explosiones nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak -al que pertenece Runit- incluyeron la detonación en 1954 de “Bravo”, una bomba de hidrógeno 1.000 veces más poderosa que la que cayó en Hiroshima y el arma más poderosa jamás detonada por EE.UU.

Y a finales de la década de 1970, más de 4.000 soldados estadounidenses pasaron tres años recogiendo los restos radiactivos depositados en seis de las islas del atolón de Enewetak para colocarlos en el cráter dejado en Runit por la llamada prueba “Cactus” -la explosión de una bomba de superficie de 18 kilotones-, el que fue recubierto por el domo de concreto.

Explosión nuclear en el atolón de Bikini.

Getty Images
En total EE.UU. realizó 67 pruebas nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak.

En total, se estima que la estructura que los locales llaman “la Tumba”, recubre al menos 73.000 metros cúbicos de material radioactivo, incluyendo plutonio-239, una de las sustancias más tóxicas del planeta.

Y la cúpula de concreto de medio metro de grosor que sobresale entre los arbustos y palmeras que renacieron en Runit no es el único recuerdo de las brutales detonaciones.

4 de las 40 islas de Enewetak fueron completamente vaporizadas por las pruebas, con cráteres de kilómetros de diámetro remplazando a algunas de ellas.

Y según la radiotelevisora pública australiana ABC, en la actualidad únicamente tres de las islas del atolón son consideradas lo suficientemente seguras para ser habitadas.

Secuelas

“Como todos sabemos, el Pacífico ya fue victimizado antes”, fue como Guterres se refirió a lo ocurrido en el territorio de las Islas Marshall, territorio que solo se independizó completamente de EE.UU. en diciembre de 1990.

“Y las consecuencias (de las pruebas nucleares) han sido bastante dramáticas, en relación con la salud, en relación con el envenenamiento de las aguas en algunas áreas”, reconoció en declaraciones recogidas por la agencia AFP.

Atolón de Enewetak

Getty Images
Muchos de los pobladores de Enewetak tuvieron que abandonar sus hogares y en la actualidad solo 4 islas son consideradas seguras para la presencia humana.

De hecho, según ABC, el mismo departamento de Energía de EE.UU. ha prohibido las exportaciones de pescado y pulpa de coco desde Enewetak, por causa de la contaminación.

Y eso también ha forzado cambios en la dieta de los habitantes del atolón, que ahora dependen casi exclusivamente de comida enlatada y procesada “que han generado problemas de salud como la diabetes”.

Parte del problema es que el domo de Runit -que fue concebido como una solución temporal– ya presenta grietas en la superficie, y charcos con líquidos salobres a menudo se forman en el anillo.

Pero EE.UU. también renunció a la idea de sellar el fondo del domo con concreto antes de almacenar el material radioactivo, por considerarlo demasiado costoso, lo que significa que la estructura nunca ha sido realmente capaz de evitar filtraciones.

Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall

AFP
Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall, le externó su preocupación al Secretario General de Naciones Unidas.

De hecho, aunque un reporte elaborado en 2013 por el departamento de Energía de EE.UU. encontró que “existe la posibilidad de que las aguas subterráneas contaminadas provenientes del Domo Runit fluyan hacia el entorno marino subterráneo cercano“.

También concluyó que eso no necesariamente se traduciría en un aumento significativo de los niveles de contaminación del área.

Pero esto es porque el área circundante ya está bastante contaminado, como producto de las filtraciones, y por el sencillo hecho de que la operación de limpieza en Enewetak después de las pruebas nucleares recogió menos del 1% del material radioactivo generado.

“El inventario radiológico enterrado debajo del Domo Runit palidece en comparación al inventario actual de radionúclidos en los atolones de la laguna”, se lee en el reporte.

Y aunque el Secretario General de Naciones Unidas no entró a valorar lo que se debe hacer con respecto al domo, Guterres reconoció en Fiyi que la historia nuclear del Pacífico todavía necesita ser debidamente abordada.

“Hay mucho por hacer mucho en relación con las explosiones que tuvieron lugar en la Polinesia Francesa y las Islas Marshall (…) con las consecuencias para la salud, el impacto en las comunidades y otros aspectos”, dijo, sin descartar compensaciones monetarias y otros “mecanismos para permitir que estos impactos se minimicen”.


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