Puebla: cada 19 horas desaparece una mujer; no hay elementos para alerta de género, autoridades
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Puebla: cada 19 horas desaparece una mujer; no hay elementos para alerta de género, autoridades

Aunque en los últimos años los casos de desaparición de mujeres se han incrementado más de 2,000%; el gobierno no ha activado la alerta de género y hay deficiencias en las indagatorias que hace la Fiscalía, denuncian activistas.
Cuartoscuro
Por Ernesto Aroche Aguilar
12 de octubre, 2017
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Mara Fernanda, Claudia Carolina, Liliana, Giselle Joselyn, María Teresa y Paulina, todas desaparecieron en alguna zona de Puebla. Algunas de ellas fueron asesinadas, de otras no hay rastro.

En algunos casos las autoridades dicen que se fueron con “la pareja sentimental” y omiten investigar los indicios de trata de personas señalados por familiares.

Estos no son casos aislados, en lo que va de 2017 cada 19 horas se denuncia la desaparición de una mujer en el estado. Durante 2016 fueron, en promedio, un caso cada 31 horas, de acuerdo con cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED).

Y la cifra va en aumento. Entre 2012 y 2016, durante el gobierno del panista Rafael Moreno Valle, las denuncias registradas por el RNPED crecieron 2,230%, al pasar de 12 a 280 casos. A nivel país el aumento en ese periodo fue del 51%, pasando de 3,271 a 4,951 casos.

En febrero de 2017, Moreno Valle entregó el cargo al que fuera su secretario de Infraestructura, Antonio Gali Fayad.

Cambió el gobierno, pero no la situación de inseguridad para las mujeres. En los primeros siete meses de 2017, el RNPED ya registra 260 casos de mujeres desaparecidas.

En total, de enero de 2012 a julio de 2017, Puebla acumula un total de 781 denuncias de mujeres desaparecidas y cuyos casos se encuentran activos, pues siguen sin ser localizadas.

En las desapariciones hay una responsabilidad compartida entre los tres órdenes de gobierno, federal, estatal y municipal, pues no han logrado contener el incremento en la violencia contra las mujeres en esa entidad: desapariciones, feminicidios, violencia sexual, señala Ana Jetzi Flores, quien encabeza el Observatorio de Violencia Social (OVS) de la Universidad Iberoamericana Puebla.

“Desaparecidas y feminicidios no son otra cosa más que la falta de una respuesta oportuna de las tres niveles de gobierno. Nos dice de todo aquello que no se ha hecho en la prevención de la violencia”, añade.

Leer más: Ni Fiscalía de Puebla ni Cabify actuaron ante reporte de desaparición de Mara.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) y de organizaciones no gubernamentales le dan la razón a la académica.

El Observatorio Ciudadano de Derechos Sexuales y Reproductivos contabilizó en Puebla 60 feminicidios en 2014; 50 en 2015; 82 en 2016 y 86 hasta el pasado 3 de octubre de este año.

La edición más reciente de la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares señala que en la entidad la violencia que viven las mujeres casadas en sus relaciones de pareja lejos de contenerse sigue al alza: en 2011 el 48.5% afirmó haber tenido incidentes de violencia, para 2016 la cifra creció a 49.8%.

Las denuncias por violación también van en aumento. Según cifras del SNSP, en 2014, se reportaron 340 denuncias; en 2015 la cifra fue de 548, más de una por día. El 2016 cerró con 649 y hasta agosto de este año se tienen 469, si la tendencia no cambia Puebla terminará el año con más de 700 casos.

Una alerta que no llega

A pesar de las cifras y de la exigencia de activistas, académicos y ciudadanos la Alerta de Violencia de Género que se pidió formalmente desde el 9 de marzo del año pasado, no se ha declarado.

En junio de 2016, el grupo de trabajo que conformó la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) emitió once recomendaciones al gobierno de Puebla para atender la problemática.

De acuerdo con el reporte más reciente de la Conavim, emitido el pasado 7 de julio, se han realizado modificaciones a leyes y reglamentos, pero éstas no se han cumplido en su totalidad.

Se actualizó el “Protocolo para la Investigación, Preparación a Juicio y Juicio de los Delitos en Materia de Trata de Personas”, pero las desapariciones de mujeres no se están investigando de manera expedita ni bajo esa óptica.

Esto a pesar de que el Diagnóstico Nacional sobre la Situación de Trata de Personas en México que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito presentó en 2014 señala a Puebla – junto a Tlaxcala y Quintana Roo – como un foco rojo en el delito de lenocidio.

El caso de la adolescente de 15 años, Claudia Carolina que fue reportada como desaparecida el pasado 16 de septiembre muestra las deficiencias de la Fiscalía poblana en la investigación de esos casos.

Los familiares de la menor señalaron a medios poblanos que la Fiscalía General de Puebla tardó más de dos semanas en comenzar a investigar a la pareja sentimental de la menor, de quien la familia sospechaba que la tenía retenida contra su voluntad. Fue hasta el 30 de septiembre que la Fiscalía comenzó a rastrear los celulares, pero nunca se emitió la alerta Ámber, dijo la madre de la adolescente a medios.

El 5 de octubre la menor fue hallada en el municipio poblano de Olintla en un domicilio de familiares del novio. La Fiscalía antes de informar a los familiares que la menor ya había sido localizada primero mandó un comunicado a medios, descartando “trata o algún otro delito”, a pesar de que los indicios que presentó la familia en ese sentido.

Para la directora del OVSG “estamos viviendo una reproducción de la violencia machista y una indolencia de las autoridades, que como no la sancionan, lo que vemos es que se tolera, se reproduce y se incrementa. El caso de Puebla es un botón de lo que puede pasar si no se atiende ese problema”.

Leer más: Tíos y primos, los principales agresores sexuales de las mujeres durante su infancia.

En Puebla hay una “sistemática omisión del estado frente a la problemática específica de la violencia contra las mujeres, en especial el feminicidio y la desaparición”, dice Natalí Hernández Arias, directora de la organización Centro de Análisis Formación e Iniciativa Social (Cafis) que trabaja sobre temas de género y derechos humanos.

El gobierno, en sus tres órdenes de gobierno con su negativa a reconocer o minimizando el problema permite que se reproduzca impunemente, “tener pocos agresores de mujeres en proceso o encarcelados es una muestra de impunidad, y el mensaje es que a las mujeres se les puede violentar y no pasa nada”.

Pero no para todos la alerta de género es necesaria para contener la crisis de violencia de género que se vive en Puebla.

Hace unos días el presidente de la Coparmex en Puebla, José Antonio Quintana Gómez aseguró a medios que “etiquetar al estado con una alerta de género pues sí podría ser factor para que el desarrollo económico, el turismo, nuevas inversiones se pudieran detener o espantar de venir a Puebla. Es un tema de responsabilidad el promover o no promover ese tipo de alertas”.

La misma Conavim en su reporte de julio pasado señaló: “Por el momento, no se actualizan elementos objetivos suficientes para declarar procedente la alerta de violencia de género contra las mujeres en el estado de Puebla”.

El estado, insiste Natalí Hernández “no está queriendo asumir su responsabilidad y el costo político ante la violencia feminicida y de desaparición de mujeres”, y se resiste a emitir la Alerta de Violencia de Género.

Pues, dice, “es reconocer simbólicamente que algo que les toca hacer no lo están haciendo, o lo están haciendo mal. Y por el otro es reconocer que no están salvaguardando la vida de la mitad de la población, que somos las mujeres”.

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Por qué Nueva España se disgregó en tantos países tras la independencia de México y Centroamérica hace 200 años

El 2021 marca los 200 años del fin de la Nueva España, un extenso territorio dominado por la corona española que intentó mantenerse unido pero al final se fragmentó en múltiples países. ¿Cómo se dio tal transformación?
16 de septiembre, 2021
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Este septiembre es bicentenario para seis naciones de América Latina.

En ese mes, pero del año 1821, se dieron declaraciones de Independencia sobre la corona española que, después de varios experimentos políticos, concluyeron con el nacimiento de seis países que hoy conocemos: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Incluso los territorios de Chiapas, Yucatán y Texas tuvieron una corta vida independiente.

Todos ellos emanaron de la Nueva España, uno de los vastos territorios en América que el imperio español creó y administró durante tres siglos.

Pero ¿por qué uno de los mayores imperios del milenio pasado perdió el control de su más extensa posesión y su territorio terminó tan fragmentado?

Para responderlo hay que mirar a qué ocurría a comienzos del XIX.

¿Cómo era la Nueva España?

La Nueva España era una de las naciones más grandes de su época.

Se extendía por más de 7 millones de kilómetros cuadrados, desde regiones del suroeste y sureste del actual Estados Unidos hasta el noroeste de Panamá.

El territorio actual de España cabría 14 veces tan solo en la Nueva España (más aún en sus otros virreinatos y territorios de América, África y Asia).

Su conformación territorial era diversa: había reinos como el de México y Nueva Galicia en la región central. (Los siguientes mapas muestran las extensiones territoriales con base en los límites actuales de países y estados locales).

Nueva España central

BBC

Al norte, estaban las provincias internas del oriente, como Nuevo León o Nueva Extremadura, y las provincias internas del occidente, entre ellas las Californias, Nueva Navarra o Nueva Vizcaya.

Nueva España norte

BBC

Hacia el sur, estaban las capitanías generales de Yucatán y Guatemala.

Esta última también se subdividía en provincias: Chiapas (actual estado de México), Guatemala (incluyendo el actual Belice), San Salvador (actual El Salvador), Nicaragua y Costa Rica (entonces una sola unidad) y Comayagua (actual Honduras).

Nueva España sur

BBC

La capital era Ciudad de México, pero Ciudad de Guatemala actuaba como una segunda capital en términos de gobierno.

“Era un empalme jurisdiccional muy complicado, pero en términos prácticos sí había mucha independencia de las provincias centroamericanas respecto a México, pero también había algunas funciones en las cuales dependían de México”, dice a BBC Mundo el historiador Alfredo Ávila.

En materia económica, de religión y de justicia a través de la Santa Inquisición, el gobierno de Ciudad de México tenía el control sobre la Nueva España entera. Pero en el resto de cuestiones, como la fuerza armada, la Capitanía de Guatemala o Yucatán tenían su autonomía.

“En Centroamérica no había un virreinato en términos generales, sino una audiencia, con un jefe político, una capitanía general”, continúa Ávila, académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Y es muy difícil hablar de identidades. Una persona que nació en San Salvador era guatemalteca, porque dependía de la Audiencia de Guatemala. Pero si era hijo de españoles, era español”, apunta.

https://www.youtube.com/watch?v=W3yHdmZ_rF8&t=358s

Todo eso tuvo un papel importante en lo que ocurriría alrededor de 1810.

El ocaso de un enorme imperio

Las élites ligadas al poder político, comercial y religioso fueron exponiendo sus discrepancias con España luego de tres siglos de convivencia.

A partir de 1808, el descontento de la clase gobernante en América llevó al surgimiento de varios movimientos de independencia que se fueron fortaleciendo al tiempo que la corona española atravesaba sus propios conflictos bélicos en Europa con Inglaterra y Francia.

Eso dejó a la corona española muy debilitada para hacer frente a las rebeliones en América. Incluso el gobierno de Ciudad de México había perdido el control militar en sus dominios.

“El virrey de México no mandaba en la comandancia de Guadalajara o en Monterrey”, explica Ávila. Ahí los jefes militares eran los que “tenían tanta fuerza que el virrey ya no tenía influencia sobre ellos”.

“Ahí empezó un proceso de desarticulación virreinal que alcanzó a Centroamérica”, señala.

Capitulación de Madrid, Antoine-Jean Gros

Museo de Historia de Francia
El cambio de monarquía en el trono español fomentó los movimientos de independencia en las colonias.

El gran estallido en la Nueva España es el de la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando una conjura independentista se vio descubierta y el cura Miguel Hidalgo llamó al pueblo mexicano a alzarse en armas en el famoso Grito de Dolores.

La guerra de independencia mexicana culminó 11 años después, el 27 de septiembre de 1821.

Por su parte, la Capitanía de Guatemala tuvo un proceso relativamente pacífico en el que la determinación independentista se dio en una asamblea con miembros de las provincias el 15 de septiembre de 1821.

Aunque esas son las fechas más recordadas, en los hechos hubo un momento que semanas antes fue determinante para la Nueva España.

Los Tratados de Córdoba

Cuando México y las provincias de Centroamérica declararon su independencia, ya tenían un plan en marcha: conformar un imperio.

La idea fue plasmada en los Tratados de Córdoba, que fueron firmados entre los independentistas mexicanos y autoridades de la Nueva España el 24 de agosto de 1821. Tenían como objetivo final la fundación del Imperio Mexicano.

Los españoles sabían que no podían contener más el movimiento de independencia, pero querían rescatar las valiosas vías de comercio.

El documento “reconocía la independencia de México, pero buscaba mantener la relación comercial de ambos lados. Y una parte de la élite de Guatemala quería aprovechar eso”, explica Ávila.

Chiapas -que era parte de la Capitanía de Guatemala- fue la primera provincia centroamericana en unirse al imperio, seguido poco después por la Capitanía de Yucatán.

“Y la discusión de los centroamericanos entonces fue qué convenía más: permanecer independientes de España o unirse a alguna de las dos grandes potencias limítrofes, Colombia o el Imperio Mexicano”, señala el historiador.

“Claramente por vínculos históricos tenía más sentido unirse al Imperio Mexicano”.

Panamá, que hoy es parte de Centroamérica, quedó en la Gran Colombia.

Reunión del Ejército Trigarante

Getty Images
El ejército de Iturbide ayudó a reprimir a los opositores a la unión con el imperio de San Salvador.

Bajo el nuevo imperio se delimitaron 24 provincias, muchas de las cuales conservan sus nombres en México y Estados Unidos (Texas, Nuevo México, California) hasta la actualidad.

Por lo que respecta a Centroamérica, se dio la delimitación casi actual: Guatemala (incluyendo a Belice), El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica (estas dos últimas ya no eran una sola).

La fragmentación final

No obstante, el Imperio Mexicano duró poco.

La inestabilidad política que persistía desde la asunción del emperador Agustín de Iturbide condujo a un golpe de Estado en febrero de 1823, el cual llevó a la disolución del Imperio Mexicano un año después.

Las provincias mexicanas, a las que se integró Chiapas, conformaron la primera República Federal Mexicana, mientras que las provincias del sur crearon la República Federal de Centroamérica.

Pero aquel intento de mantener la unión de tan diversos territorios no se pudo sostener. Las razones no solo eran por los acuerdos políticos del momento, sino históricas.

Mapa de Centroamérica

iStock
Centroamérica intentó mantenerse unida, pero a partir de la década de 1830 inició su separación.

En Centroamérica no se alcanzó a construir una identidad más amplia. De un millón, la mitad vivía en Guatemala. Otra buena parte en Chiapas. El resto de las provincias estaban muy poco pobladas y casi no tenían contacto entre sí”, explica Ávila.

“Y había un cierto rechazo a Guatemala, porque se veía como la ciudad que cobraba impuestos, que mandaba tropas, que era un poco opresora”, añade.

En la década de 1930 hubo diversos conflictos que derivaron en la disolución de la unión de las provincias que buscaban tener mayor autodeterminación.

Fue entonces que nacieron cinco repúblicas independientes: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw&feature=emb_title

Y en el caso mexicano, en la década de 1830 y 1840, México perdió importantes territorios ante Estados Unidos: Texas, la Alta California y Nuevo México.

Incluso Yucatán declaró su independencia durante ocho años, pero volvió a la unión mexicana.

Fue así que los más de siete millones de kilómetros cuadrados quedaron divididos en las naciones que este año celebran dos siglos de independencia.


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