Puebla: cada 19 horas desaparece una mujer; no hay elementos para alerta de género, autoridades
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Puebla: cada 19 horas desaparece una mujer; no hay elementos para alerta de género, autoridades

Aunque en los últimos años los casos de desaparición de mujeres se han incrementado más de 2,000%; el gobierno no ha activado la alerta de género y hay deficiencias en las indagatorias que hace la Fiscalía, denuncian activistas.
Cuartoscuro
Por Ernesto Aroche Aguilar
12 de octubre, 2017
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Mara Fernanda, Claudia Carolina, Liliana, Giselle Joselyn, María Teresa y Paulina, todas desaparecieron en alguna zona de Puebla. Algunas de ellas fueron asesinadas, de otras no hay rastro.

En algunos casos las autoridades dicen que se fueron con “la pareja sentimental” y omiten investigar los indicios de trata de personas señalados por familiares.

Estos no son casos aislados, en lo que va de 2017 cada 19 horas se denuncia la desaparición de una mujer en el estado. Durante 2016 fueron, en promedio, un caso cada 31 horas, de acuerdo con cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED).

Y la cifra va en aumento. Entre 2012 y 2016, durante el gobierno del panista Rafael Moreno Valle, las denuncias registradas por el RNPED crecieron 2,230%, al pasar de 12 a 280 casos. A nivel país el aumento en ese periodo fue del 51%, pasando de 3,271 a 4,951 casos.

En febrero de 2017, Moreno Valle entregó el cargo al que fuera su secretario de Infraestructura, Antonio Gali Fayad.

Cambió el gobierno, pero no la situación de inseguridad para las mujeres. En los primeros siete meses de 2017, el RNPED ya registra 260 casos de mujeres desaparecidas.

En total, de enero de 2012 a julio de 2017, Puebla acumula un total de 781 denuncias de mujeres desaparecidas y cuyos casos se encuentran activos, pues siguen sin ser localizadas.

En las desapariciones hay una responsabilidad compartida entre los tres órdenes de gobierno, federal, estatal y municipal, pues no han logrado contener el incremento en la violencia contra las mujeres en esa entidad: desapariciones, feminicidios, violencia sexual, señala Ana Jetzi Flores, quien encabeza el Observatorio de Violencia Social (OVS) de la Universidad Iberoamericana Puebla.

“Desaparecidas y feminicidios no son otra cosa más que la falta de una respuesta oportuna de las tres niveles de gobierno. Nos dice de todo aquello que no se ha hecho en la prevención de la violencia”, añade.

Leer más: Ni Fiscalía de Puebla ni Cabify actuaron ante reporte de desaparición de Mara.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) y de organizaciones no gubernamentales le dan la razón a la académica.

El Observatorio Ciudadano de Derechos Sexuales y Reproductivos contabilizó en Puebla 60 feminicidios en 2014; 50 en 2015; 82 en 2016 y 86 hasta el pasado 3 de octubre de este año.

La edición más reciente de la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares señala que en la entidad la violencia que viven las mujeres casadas en sus relaciones de pareja lejos de contenerse sigue al alza: en 2011 el 48.5% afirmó haber tenido incidentes de violencia, para 2016 la cifra creció a 49.8%.

Las denuncias por violación también van en aumento. Según cifras del SNSP, en 2014, se reportaron 340 denuncias; en 2015 la cifra fue de 548, más de una por día. El 2016 cerró con 649 y hasta agosto de este año se tienen 469, si la tendencia no cambia Puebla terminará el año con más de 700 casos.

Una alerta que no llega

A pesar de las cifras y de la exigencia de activistas, académicos y ciudadanos la Alerta de Violencia de Género que se pidió formalmente desde el 9 de marzo del año pasado, no se ha declarado.

En junio de 2016, el grupo de trabajo que conformó la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) emitió once recomendaciones al gobierno de Puebla para atender la problemática.

De acuerdo con el reporte más reciente de la Conavim, emitido el pasado 7 de julio, se han realizado modificaciones a leyes y reglamentos, pero éstas no se han cumplido en su totalidad.

Se actualizó el “Protocolo para la Investigación, Preparación a Juicio y Juicio de los Delitos en Materia de Trata de Personas”, pero las desapariciones de mujeres no se están investigando de manera expedita ni bajo esa óptica.

Esto a pesar de que el Diagnóstico Nacional sobre la Situación de Trata de Personas en México que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito presentó en 2014 señala a Puebla – junto a Tlaxcala y Quintana Roo – como un foco rojo en el delito de lenocidio.

El caso de la adolescente de 15 años, Claudia Carolina que fue reportada como desaparecida el pasado 16 de septiembre muestra las deficiencias de la Fiscalía poblana en la investigación de esos casos.

Los familiares de la menor señalaron a medios poblanos que la Fiscalía General de Puebla tardó más de dos semanas en comenzar a investigar a la pareja sentimental de la menor, de quien la familia sospechaba que la tenía retenida contra su voluntad. Fue hasta el 30 de septiembre que la Fiscalía comenzó a rastrear los celulares, pero nunca se emitió la alerta Ámber, dijo la madre de la adolescente a medios.

El 5 de octubre la menor fue hallada en el municipio poblano de Olintla en un domicilio de familiares del novio. La Fiscalía antes de informar a los familiares que la menor ya había sido localizada primero mandó un comunicado a medios, descartando “trata o algún otro delito”, a pesar de que los indicios que presentó la familia en ese sentido.

Para la directora del OVSG “estamos viviendo una reproducción de la violencia machista y una indolencia de las autoridades, que como no la sancionan, lo que vemos es que se tolera, se reproduce y se incrementa. El caso de Puebla es un botón de lo que puede pasar si no se atiende ese problema”.

Leer más: Tíos y primos, los principales agresores sexuales de las mujeres durante su infancia.

En Puebla hay una “sistemática omisión del estado frente a la problemática específica de la violencia contra las mujeres, en especial el feminicidio y la desaparición”, dice Natalí Hernández Arias, directora de la organización Centro de Análisis Formación e Iniciativa Social (Cafis) que trabaja sobre temas de género y derechos humanos.

El gobierno, en sus tres órdenes de gobierno con su negativa a reconocer o minimizando el problema permite que se reproduzca impunemente, “tener pocos agresores de mujeres en proceso o encarcelados es una muestra de impunidad, y el mensaje es que a las mujeres se les puede violentar y no pasa nada”.

Pero no para todos la alerta de género es necesaria para contener la crisis de violencia de género que se vive en Puebla.

Hace unos días el presidente de la Coparmex en Puebla, José Antonio Quintana Gómez aseguró a medios que “etiquetar al estado con una alerta de género pues sí podría ser factor para que el desarrollo económico, el turismo, nuevas inversiones se pudieran detener o espantar de venir a Puebla. Es un tema de responsabilidad el promover o no promover ese tipo de alertas”.

La misma Conavim en su reporte de julio pasado señaló: “Por el momento, no se actualizan elementos objetivos suficientes para declarar procedente la alerta de violencia de género contra las mujeres en el estado de Puebla”.

El estado, insiste Natalí Hernández “no está queriendo asumir su responsabilidad y el costo político ante la violencia feminicida y de desaparición de mujeres”, y se resiste a emitir la Alerta de Violencia de Género.

Pues, dice, “es reconocer simbólicamente que algo que les toca hacer no lo están haciendo, o lo están haciendo mal. Y por el otro es reconocer que no están salvaguardando la vida de la mitad de la población, que somos las mujeres”.

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Los momentos que pudieron haber terminado accidentalmente con la humanidad

En la historia reciente, algunas personas tuvieron el destino de todos en sus manos. Y puede repetirse.
20 de febrero, 2021
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A finales de la década de 1960, la NASA se enfrentó a una decisión que podría haber cambiado el destino de nuestra especie.

Después de la llegada del Apolo 11 de la Luna, los tres astronautas de la misión esperaban a ser recogidos dentro de su cápsula, flotando en el océano Pacífico, con mucho calor e incómodos.

Los trabajadores de la NASA decidieron asistir a sus tres héroes nacionales rápidamente. Sin embargo, existía una pequeña posibilidad de desencadenar una invasión de microbios alienígenas mortales en la Tierra.

Otro ejemplo sucedió un par de décadas antes, cuando un grupo de científicos y militares se encontraron ante un punto de inflexión similar.

Mientras esperaban para observar la primera prueba de arma atómica, se dieron cuenta de un resultado potencialmente catastrófico. Existía la posibilidad de que sus experimentos incendiaran accidentalmente la atmósfera y destruyeran toda la vida en el planeta.

En algunos momentos del siglo pasado, unos pocos grupos de personas tuvieron el destino del mundo en sus manos.

Fueron responsables de la posibilidad, pequeña pero real, de causar una catástrofe total. No solo el final de sus propias vidas, sino el final de todo.

¿Cómo se llegó a estas decisiones? ¿Y qué nos dice todo ello sobre nuestra actitud frente a los riesgos y crisis que enfrentamos hoy?

Contaminación

Cuando por primera vez la humanidad hizo planes para enviar sondas y personas al espacio a mediados del siglo XX, surgió el problema de la contaminación.

En primer lugar, existía el miedo a la contaminación “futura, es decir, la posibilidad de que la vida terrestre pudiera perjudicar el cosmos.

Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin Jr. en sus trajes espaciales en 1969.

Getty Images
Una de las teorías que se estudió es que los astronautas podrían haber traído microbios alienígenas a la Tierra.

La nave espacial necesitaba ser esterilizada y cuidadosamente sellada antes del lanzamiento. Si los microbios se infiltraban a bordo, confundiría cualquier intento de detectar vida extraterrestre.

Y si hubiera organismos extraterrestres por ahí, podríamos terminar matándolos inadvertidamente con bacterias o virus terrestres, como el destino de los extraterrestres al final de la novela “La guerra de los mundos” (War of the Worlds).

Estas preocupaciones son tan importantes hoy como en la era de la carrera espacial.

Una segunda preocupación fue la contaminación “posterior”, la idea de que los astronautas, los cohetes o las sondas que regresaban a la Tierra pudieran traer vida que podría resultar catastrófica, ya sea superando a los organismos terrestres o algo mucho peor, como consumir todo nuestro oxígeno.

La contaminación posterior era un temor que la NASA debió tomar en serio durante la planificación de las misiones Apolo a la Luna.

¿Y si los astronautas traían algo peligroso?

En ese momento, la probabilidad no se consideraba alta, pocos pensaban que era probable que la Luna albergara vida, pero aun así, el escenario tenía que estudiarse, porque las consecuencias podrían ser muy graves.

Rescate de lo astronautas en el océano Pacífico en 1969.

Getty Images
Se realizó una operación titánica para el rescate de los astronautas pero había riesgos.

“Tal vez haya un 99% de que el Apolo 11 no traiga organismos lunares”, dijo un científico influyente en ese momento, “pero incluso ese 1% de incertidumbre es demasiado grande para ser complacientes”.

La NASA implementó varias medidas de cuarentena, aunque en algunos casos las cumplió protestando.

Funcionarios del Servicio de Salud Pública de EE.UU. estaban preocupados y pidieron medidas más estrictas de las planeadas inicialmente argumentando que tenían el poder de negar la entrada a los astronautas contaminados en la frontera.

Después de las audiencias en el Congreso, la NASA acordó instalar una costosa instalación de cuarentena en el barco que recogería a los hombres de su amerizaje en el océano Pacífico.

También se acordó que los exploradores lunares pasarían tres semanas aislados antes de poder abrazar a sus familias o estrechar la mano del presidente.

El astronauta Edwin E. Aldrin Jr., piloto del módulo lunar, es fotografiado caminando en la Luna.

NASA
En 1969 hubo temor de que la misión a la Luna trajera a la Tierra material alienígena peligroso.

Sin embargo, hubo una brecha importante en el procedimiento de cuarentena, según el académico de Derecho Jonathan Wiener de la Universidad de Duke, quien escribió sobre el episodio en un artículo sobre percepciones erróneas del riesgo catastrófico.

Cuando los astronautas llegaron al agua, el protocolo original señalaba que debían permanecer dentro de la nave espacial.

Pero la NASA lo pensó mejor después de que surgieran preocupaciones sobre el bienestar de los astronautas en ese momento, esperando de un espacio caluroso y sofocante, azotado por las olas.

Pese al protocolo, se decidió abrir la puerta y rescatar a los hombres en balsa y helicóptero (así lo muestra la primera imagen de este artículo).

Mientras se ponían los trajes de biocontaminación y entraban a las instalaciones de cuarentena en el barco, el aire interior de la cápsula se esparció en el exterior.

Afortunadamente, la misión Apolo 11 no trajo vida extraterrestre mortal a la Tierra. Pero podría haber pasado en ese corto período, como consecuencia de esa decisión de priorizar el bienestar a corto plazo de los hombres.

Aniquilación nuclear

Veinticuatro años antes, los científicos y funcionarios del gobierno de EE.UU. llegaron a otro punto de inflexión que implicaba un riesgo pequeño pero potencialmente desastroso.

Antes de la primera prueba de armas atómicas en 1945, los científicos del Proyecto Manhattan realizaron cálculos que apuntaban a una posibilidad escalofriante.

Foto del físico estadounidense, "padre de la bomba higrógena", Edward Teller, señalando una fórmula en una pizarra. Teller trabajó en el Proyecto Manhattan en Los Alamos, Nuevo México entre 1943 y 1946 que desarrolló la bomba atómica y luego trabajó en el desarrollo de la bomba de hidrógeno.

Getty Images
En los cálculos de las primeras armas atómicas hubo errores.

En un escenario que plantearon, el calor de la explosión de fisión sería tan grande que hubiera podido desencadenar una fusión descontrolada.

En otras palabras, la prueba podría haber incendiadoaccidentalmente la atmósfera y quemar los océanos, destruyendo la mayor parte de la vida en la Tierra.

Estudios posteriores sugirieron que probablemente eso era imposible, pero hasta el día de la prueba los científicos verificaron una y otra vez su análisis.

Finalmente llegó el día de la prueba Trinity y los funcionarios decidieron seguir adelante.

Cuando el destello fue más largo y brillante de lo esperado, al menos un miembro del equipo pensó que había sucedido lo peor.

Uno de ellos fue el presidente de la Universidad de Harvard, cuyo asombro inicial se convirtió rápidamente en miedo.

“No sólo no tenía confianza en que la bomba funcionara, sino que cuando funcionó él creyó que la habían arruinado con consecuencias desastrosas y que estaba presenciando, como él mismo dijo, ‘el fin del mundo'”, dijo su nieta Jennet Conant al diario The Washington Post después de escribir un libro sobre los científicos del proyecto.

Foto en exhibición en el Museo de Ciencias de Bradbury muestra la primera prueba de bomba atómica el 16 de julio de 1945, a las 5:29:45, en Trinity en Nuevo México, EE.UU.

Getty Images
La primera prueba de armas atómicas marcó el comienzo de una nueva era.

Para el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford, ese momento fue un punto significativo en la historia de la humanidad.

Él menciona la fecha y hora específicas de la prueba Trinity -05:29 del 16 de julio de 1945- como el comienzo de una nueva era para la humanidad, marcada por un cambio radical en nuestras habilidades para destruirnos a nosotros mismos.

“De repente, estábamos liberando tanta energía que estábamos creando temperaturas sin precedentes en toda la historia de la Tierra”, escribe Ord en su libro The Precipice (“El precipicio”).

A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares, de una parte desinteresada, señala, y tampoco hubo evidencia de que se informara a ningún representante electo sobre el riesgo y mucho menos a otros gobiernos.

Los científicos y los líderes militares siguieron adelante por su cuenta.

Ord también destaca que, en 1954, los científicos obtuvieron un cálculo asombrosamente incorrecto en otra prueba nuclear: en lugar de una explosión esperada de 6 megatoneladas, obtuvieron 15.

“De los dos cálculos termonucleares principales realizados ese verano… obtuvieron uno correcto y otro incorrecto. Sería un error concluir que el riesgo subjetivo de incendiar la atmósfera era tan alto como un 50%. Pero ciertamente no era un nivel de confiabilidad en el que arriesgar nuestro futuro“, dijo.

Un mundo vulnerable

Desde nuestra posición informada en el siglo XXI, sería fácil juzgar estas decisiones específicas de su época.

El conocimiento científico sobre la contaminación y la vida en el Sistema Solar es mucho más avanzado hoy y la guerra entre los aliados y los nazis ya pasó.

Réplica a tamaño real de la bomba atómica 'Fat Man' que fue lanzada sobre Nagasaki, Japón el 9 de agosto de 1945, y que se encuentra entre las exhibiciones en el Museo de Ciencias Bradbury en Los Alamos, Nuevo México.

Getty Images
A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares de ua parte desinteresada, señala el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford.

En la actualidad, nadie volvería a correr riesgos así, ¿verdad?

Tristemente, no. Ya sea por accidente o por otro motivo, la posibilidad de una catástrofe es, en cualquier caso, mayor ahora que en ese entonces.

Es cierto que la aniquilación alienígena no es el mayor riesgo al que se enfrenta el mundo.

Si bien puede haber políticas de “protección planetaria” para cuidarnos contra la contaminación extraterrestre es una pregunta válida saber qué tan bien se aplicarán estas regulaciones y procedimientos a las empresas privadas que visitan otros planetas y lunas en el Sistema Solar.

Además de la amenaza de catástrofe extraterrestre, esparcir nuestra presencia por la galaxia puede arriesgarnos a un encuentro potencialmente funesto con extraterrestres, especialmente si son más avanzados. La historia sugiere que fenómenos adversos tienden a suceder a las poblaciones que se encuentran con culturas tecnológicamente más competentes (si no, mira el destino de los pueblos indígenas que se encuentran con los colonos europeos).

Más preocupante aún es la amenaza de las armas nucleares.

Una atmósfera ardiente puede ser imposible, pero un invierno nuclear similar al cambio climático que ayudó a hacer desaparecer a los dinosaurios no lo es.

En la Segunda Guerra Mundial, los arsenales atómicos no eran lo suficientemente abundantes o poderosos para desencadenar este desastre, pero ahora sí lo son.

Ord estima que el riesgo de extinción humana en el siglo XX fue de alrededor de 1 de 100. Pero él cree que ahora es mayor.

Además de los riesgos existenciales naturales que siempre estuvieron ahí, el potencial de una desaparición provocada por el hombre se ha incrementado significativamente en las últimas décadas, argumenta.

"Gadget", la primera bomba atómica explota en Alamogordo, Nuevo México, el 16 de julio de 1945.

Getty Images
Los especialistas sostienen que el riesgo de extinción humana está cada vez más presente.

Aparte de la amenaza nuclear, ha surgido la perspectiva de una inteligencia artificial desalineada, las emisiones de carbono se han disparado y ahora podemos inmiscuirnos en la biología de los virus para hacerlos mucho más letales.

También nos volvemos más vulnerables debido a la conectividad global, la desinformación y la intransigencia política, como ha demostrado la pandemia de covid-19.

“Con todo lo que sé, pongo el riesgo de este siglo en alrededor de 1 de cada 6, una ruleta rusa“, escribió Toby Ord.

“Si no hacemos las cosas adecuadamente, si seguimos permitiendo que nuestro crecimiento en términos de poder supere al de la sabiduría, deberíamos esperar que el riesgo sea aún mayor el próximo siglo, y así sucesivamente”, añadió.

Otra forma en que los investigadores del riesgo existencial han caracterizado este peligro creciente es pidiendo que te imagines sacando bolas de una urna gigante.

Cada bola representa una nueva tecnología, descubrimiento o invención. La gran mayoría de ellas son blancas o grises.

Una bola blanca representa un buen avance para la humanidad, como el descubrimiento del jabón. Una bola gris representa un logro mixto, como las redes sociales.

Sin embargo, dentro de la urna hay un puñado de bolas negras. Son extremadamente raras, pero elige una y habrás destruido a la humanidad.

Esto se llama la “hipótesis del mundo vulnerable” y destaca el problema de prepararse para eventos muy raros y muy peligrosos en nuestro futuro.

Hasta ahora, no hemos elegido una bola negra, pero es muy probable que sea porque son muy poco comunes y nuestra mano ya ha rozado una o dos cuando la metimos en la urna.

En resumen: tuvimos suerte.

Astronautas del Apolo 11

Getty Images
Los astronautas del Apolo 11 fueron puestos en cuarentena después del aterrizaje, pero hubo una brecha cuando fueron recogidos en el mar.

Hay muchas tecnologías o descubrimientos que podrían acabar siendo bolas negras. Algunos ya los conocemos, pero no los hemos implementado, como las armas nucleares o los virus de bioingeniería.

Otras son incógnitas conocidas, como el aprendizaje automático (machine learning) o la tecnología genómica. Y otras son incógnitas desconocidas: ni siquiera sabemos que son peligrosas, porque aún no fueron concebidas.

La tragedia de lo poco común

¿Por qué no tratamos estos riesgos catastróficos con la gravedad que merecen?

Wiener tiene algunas sugerencias. Él describe la forma en que la gente percibe erróneamente los riesgos catastróficos extremos como “tragedias de lo poco común”.

Probablemente hayas oído hablar de la tragedia de los comunes: describe la forma en que las personas interesadas en sí mismos administran mal un recurso comunal.

Cada uno hace lo mejor para sí mismo, pero todos terminan sufriendo. Es la base del cambio climático, la deforestación o la sobrepesca.

Una tragedia de lo “poco común” es diferente, explica Wiener. En lugar de que las personas administren mal un recurso compartido, aquí la gente está percibiendo mal un riesgo catastrófico poco común.

Sitio d prueba Trinity.

Getty Images
El sitio de la prueba Trinity hoy, bajo una atmósfera que afortunadamente no se incendió.

Él propone tres razones por las que esto sucede:

La primera es la “falta de disponibilidad” de catástrofes raras.

Los acontecimientos recientes y destacados son más fáciles de recordar que los acontecimientos que nunca sucedieron.

El cerebro tiende a construir el futuro con un collage de recuerdos sobre el pasado. Si un riesgo encabeza las noticias (terrorismo, por ejemplo), aumenta la preocupación pública, los políticos actúan, se inventa la tecnología, etc.

Sin embargo, la dificultad especial de prever las tragedias de los infrecuentes es que es imposible aprender de la experiencia. Nunca aparecen en los titulares. Pero una vez que suceden, se acabó el juego.

La segunda razón por la que percibimos mal las catástrofes muy raras es el efecto “adormecedor” de un desastre masivo.

Los psicólogos observan que la preocupación de la gente no crece linealmente con la gravedad de una catástrofe.

O para decirlo más simple, si preguntas a las personas cuánto les importa que mueran todas las personas en la Tierra, no es 7.500 millones de veces más preocupante que si les dijeras que una persona moriría. Tampoco consideran las vidas de las generaciones futuras perdidas.

En grandes cantidades, hay cierta evidencia de que la preocupación de las personas incluso disminuye en relación con sus preocupaciones sobre la tragedia individual.

En un artículo reciente para BBC Future, la periodista Tiffanie Wen cita a la Madre Teresa, quien dijo: “Si miro a la masa, nunca actuaré. Si miro a uno, lo haré”.

Finalmente, Wiener describe un efecto de “subestimación” que fomenta una actitud de no actuar entre quienes toman los riesgos, porque no hay responsabilidad.

Si el mundo se acaba debido a tus decisiones, entonces no puedes ser demandado por negligencia. Las leyes y reglas no tienen poder para disuadir la imprudencia de acabar con las especies.

Foto de la Tierra tomada desde la Luna.

Getty Images

Quizás lo más preocupante es que una tragedia poco común podría suceder por accidente ya sea por arrogancia, estupidez o negligencia.

“En igualdad de condiciones, no mucha gente preferiría destruir el mundo. Incluso las corporaciones sin rostro, los gobiernos entrometidos, los científicos imprudentes y otros agentes de la catástrofe necesitan un mundo en el que lograr sus objetivos de lucro, orden, tenencia u otras canalladas”, escribió una vez el investigador de Inteligencia Artificial Eliezer Yudkowsky.

“Si nuestra extinción avanza lo suficientemente lenta como para permitir un momento de horrorizada comprensión, los autores de la acción probablemente se sorprenderán bastante… si la Tierra es destruida, probablemente será por error”, añadió.

Podemos estar agradecidos de que los trabajadores del proyecto Apolo 11 y los científicos de Manhattan no fueran esos horribles individuos.

Pero en el futuro, alguien llegará a otro punto de inflexión en el que el destino de la especie estará en sus manos. O quizás ya están en este camino, lanzándose hacia el desastre con los ojos cerrados.

Con suerte, por el bien de la humanidad, tomarán la decisión correcta cuando llegue su momento.

Puedes ver aquí el artículo original en inglés


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