Vallegrande, el pueblo de Bolivia que ocultó los restos del Che Guevara por tres décadas
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Foto: AFP

Vallegrande, el pueblo de Bolivia que ocultó los restos del Che Guevara por tres décadas

BBC Mundo habló con el hombre que operó la maquinaria para enterrar el cuerpo del Che junto a los de otros guerrilleros en esa noche cerrada en las afueras del pueblo de Vallegrande.
Foto: AFP
Por Boris Miranda / BBC Mundo
8 de octubre, 2017
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Pasada la medianoche, el tractorista recibió la instrucción de levantarse de la cama.

Él, junto a otros tres miembros del ejército boliviano, tenían una misión especial en ese 11 de octubre de 1967.

La tarea era nada menos que desaparecer el cuerpo de Ernesto Che Guevara.

El argentino-cubano había sido ejecutado un par de días antes y su cuerpo se encontraba en ese momento en el hospital de Vallegrande, un pueblo pequeño al sureste de Bolivia.

Soldados cavan una de las fosasDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionAsí buscaron los restos del Che en las inmediaciones de la pista de Vallegrande en 1997.

La muerte del Che significaba la derrota del foco guerrillero que intentó consumar una revolución como la cubana desde las serranías bolivianas.

Desbaratado el foco insurgente, quedaba un último gran asunto pendiente por resolver: que los seguidores del icónico revolucionario no tuvieran un lugar donde llorarlo ni ponerle flores.

Cumplida la misión, unas horas antes del amanecer, el tractorista y los otros militares juraron guardar el secreto.

Vallegrande, 50 años después

La ciudad de Jesús y Montes Claros de los Caballeros del Vallegrande fue fundada hace más de 405 años.

En el mundo es conocida por ser el sitio donde los restos del Che fueron exhibidos, pero en Bolivia también es identificada por su ruidoso carnaval y licores de fruta macerada.

Tiene menos de 15.000 habitantes, pero en dos oportunidades del año esta cifra se multiplica significativamente.

Una de ellas sucede en octubre, el mes en el que se conmemora muerte del comandante y en el que los visitantes “peregrinan” a los lugares en los que Guevara pasó sus últimas horas.

La otra sucede en los primeros meses del año, cuando vallegrandinos que viven en varios lugares de Bolivia vuelven a su tierra para celebrar un carnaval que dura una semana.

Una fiesta que combina un desfile de comparsas con las tradicionales ambrosías, en las que desde la madrugada se bebe leche tibia de vaca recién ordeñada mezclada con whisky.

Cuando se acerca mediodía, los vallegrandinos abren las puertas de sus casas y ofrecen comida y vinos artesanales a los visitantes.

Desde la tarde, músicos recorren las calles entonando las canciones del lugar con acordeones y guitarras a cambio de un vaso de cerveza.

Así durante varios días hasta que concluye el carnaval y el silencio retorna a Vallegrande.

La casa del tractorista

Medio siglo después, BBC Mundo conversó con el tractorista y su esposa, bajo condición de mantener sus nombres en el anonimato.

S.A. son las iniciales del hombre que operó la maquinaria para enterrar el cuerpo del Che junto a los de otros guerrilleros en esa noche cerrada en las afueras del pueblo.

En la década del 90, algunos medios de comunicación bolivianos revelaron su identidad sin generar mucha repercusión al respecto, pero él jamás accedió a dar una entrevista.

Hay cosas que se pueden contar y otras que no“, señala a BBC Mundo desde su casa, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, la segunda más grande de Bolivia y capital del departamento donde se produjo la guerrilla del Che.

Lugar donde encontraron al Che visitado en 2017. (Foto: Luis Velasco/BBC Mundo)
Image captionUna especie de capilla rodea a la fosa en la que encontraron los restos de Guevara. (Foto: Luis Velasco/BBC Mundo)

En 1967, el tractorista era suboficial y fue uno de los cientos de efectivos militares desplegados en los alrededores de Vallegrande debido a la aparición del foco subversivo bajo el mando de Guevara.

Así conoció a su esposa, una profesora vallegrandina quien lo acompaña hasta ahora.

Durante la conversación, la pareja de S.A. reniega contra los camaradas y superiores de su esposo que sí hablaron con medios de comunicación, publicaron libros, vendieron entrevistas y alcanzaron reconocimiento al mostrarse ante el mundo como los que derrotaron al Che.

Ella apoya la decisión de su marido de no revelarle al mundo el secreto que prometió guardar, pero ambos rememoran con tanto detalle cómo fue aquella noche en la que Guevara fue desaparecido que parece que hablaron de ese episodio cientos de veces en el casi medio siglo que llevan casados.

Casa en La Higuera con una imagen del Che pintadaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionSon múltiples los lugares en Vallegrande que llevan pintada una imagen del Che.

Vivieron durante muchos años en Vallegrande después de que pasara la conmoción por la guerrilla guevarista.

Luego estuvieron un tiempo en Estados Unidos y ahora ambos viven de su jubilación en Santa Cruz.

Cuentan que en todo este tiempo los buscaron cubanos, el gobierno de Bolivia, agentes de la CIA y periodistas de todo el mundo, pero que la posición del tractorista siempre fue la misma.

Imagine si ahora nos quitan su jubilación por hablar demás“, señala la mujer.

Fosa del Che abierta al público (Foto: Luis Velasco/BBC Mundo)
Image captionLa búsqueda del Che comenzó después de que un militar revelara que su cuerpo estaba enterrado en Vallegrande. (Foto: Luis Velasco/BBC Mundo)

Ella añade que Mario Vargas Salinas, el militar que en 1995 le reveló al periodista estadounidense Jon Lee Anderson que el Che estaba enterrado en las afueras de Vallegrande, sufrió represalias posteriores por romper el secreto.

Aquella confesión propició que un equipo cubano desembarcara en Bolivia para iniciar la búsqueda del cuerpo del guerrillero que fue encontrado finalmente a mediados de 1997, a 30 años de su desaparición.

Los códigos entre militares son algo muy serio“, dice el tractorista, después de tomar un sorbo de chicha de maní, una bebida natural no alcohólica preparada por su esposa.

Así concluye la conversación.

1967-1997

El militar boliviano que rompió con el pacto de silencio y le confesó a Jon Lee Anderson que el cuerpo de Guevara estaba enterrado en la vieja pista de aviación de Vallegrande no fue muy preciso y por eso más de 200 fosas fueron cavadas entre finales de 1995 y mediados de 1997, cuando se encontraron los restos.

Como los huesos del Che no aparecían, al equipo cubano no le quedó más opción que acudir a los pobladores del lugar que durante décadas comentaban entre ellos los posibles sitios en los que fueron enterrados los guerrilleros.

Vista aérea de Vallegrande (Foto: Luis Velasco/BBC Mundo)
Image captionDurante 30 años, ningún vallegrandino dijo públicamente saber dónde se encontraba Guevara. (Foto: Luis Velasco/BBC Mundo)

Freddy Lacio es uno de los vallegrandinos que desde 1967 hasta la fecha no ha dejado de intercambiar recuerdos con sus paisanos sobre los días de la guerrilla.

Con este profesor jubilado, BBC Mundo cruzó las calles empedradas y de tierra de Vallegrande visitando a sus viejos amigos para reconstruir cómo fueron esos días que cambiaron la historia de su pueblo para siempre.

“Lo que pasa es que en aquella época Vallegrande estaba prácticamente bajo estado de sitio y la gente entraba a su casa temprano. Por eso desaparecieron todos los cuerpos de los guerrilleros de noche, en diferentes lugares”, explica Lacio.

Uno de sus amigos asegura que vio pasar a la camioneta que se llevó el cuerpo del Che esa madrugada del 11 de octubre. Otro señala que escuchó el ruido deun tractor cerca del cementerio.

Serranías bolivianas
Image captionLa última campaña guerrillera del Che se produjo en las serranías del sureste de Bolivia. (Foto: Boris Miranda/BBC Mundo)

Durante 30 años, ningún vallegrandino dijo públicamente saber dónde se encontraba Guevara, pero todos escucharon alguna vez los relatos de vecinos que aseguraban que allí seguían los restos en contra de las versiones de militares que aseguraban que el cuerpo había sido quemado o robado.

Una de las hipótesis más descabelladas de ese entonces era que los huesos se encontraban en Langley, Estados Unidos, en el cuartel general de la CIA.

Lacio añade que su hermano fue un gran seguidor de Guevara y que cuando exhibieron su cuerpo “le sacó muchas fotos e incluso guardo un mechón de sus cabellos”.

Una de las fotos, algo descolorida y desgastada por el paso del tiempo, todavía está en su poder.

Foto antigua del CheDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionUna de las fotografías que el hermano de Freddy Lacio le sacó al Che.

Ese hermano, fallecido hace unos años, era uno de los vallegrandinos que llegó a recibir ofertas económicas de la prensa internacional por revelar el paradero del Che y fue consultado por los cubanos que lo buscaban.

Él no quería que se lo llevaran y siempre se negó a cooperar.

Como Bolívar

Otra de las personas que esperaba que Guevara no fuera encontrado fue Alfredo García, quien era el alcalde de Vallegrande mientras los cubanos buscaban sus restos.

“Para nosotros es como si hubiese pasado Bolívar por acá”, señala la exautoridad local a BBC Mundo.

En 1997, García llegó a emitir una norma municipal para impedir la excavación y posible traslado de los restos con el objetivo de que no dejen a su pueblo “fuera de la historia”.

“No se puede sacar a Vallegrande de un acontecimiento histórico tan importante en el siglo pasado. Siempre intentaron eliminar a Vallegrande de estos hechos”, explica el hombre que ahora se dedica a preservar la ruta que realizó el Che en su última campaña.

García cree que por eso muchos vallegrandinos guardaron silencio durante tres décadas impidiendo que se conozca el paradero final de los cuerpos de los guerrilleros.

“Había gente que sabía”, concluye.

Adys Cupull, una de investigadora cubana que desde la década del 80 comenzó a visitar a Bolivia para recabar mayores datos sobre el paso del argentino-cubano por ese país, tiene la misma percepción.

Ella señala que en la mayoría de las conversaciones que tuvo con militares bolivianos que intervinieron en los combates de 1967 recibió la versión de que el cuerpo del Che fue quemado y esparcido.

En cambio, asegura que los vallegrandinos sabían que Guevara y los otros guerrilleros habían sido enterrados y que seguían allí.

“Esa es la importancia de gente humilde que por 30 años guardó ese secreto y cuidó el lugar donde estaban enterrados”, señaló la investigadora en una entrevista con el periódico oficial cubano Granma publicada hace pocos meses, cuando se cumplieron 20 años del hallazgo de Guevara.

Cupull añadió que los vallegrandinos “lloraron cuando se iban a llevar los restos”.

La fosa

Una construcción parecida a la de una capilla rodea a la fosa en la que los huesos de Guevara permanecieron enterrados durante casitres décadas.

Las paredes del lugar están cubiertas por fotos de todas las épocas de la vida del argentino-cubano.

Hay instantáneas de su infancia entre Rosario y Córdoba, de sus dos vueltas por Sudamérica en la juventud, de la llegada a México donde se encontraría con Fidel Castro y de la Sierra Maestra, ya convertido en comandante e ícono revolucionario.

También hay otras menos conocidas en las que aparece calvo, con prótesis maxilar y lentes gruesos.

Son las fotos de cuando fingía ser un uruguayo llamado Adolfo Mena González para que su ingreso a Bolivia no fuese detectado.

Allí está la selfie que él se tomó frente a un espejo en una habitación del hotel Copacabana de La Paz, en los días previos a iniciar su última aventura guerrillera.

La selfie que se tomó el Che en La Paz. (Foto: Luis Velasco/BBC Mundo)
Image captionLa selfie que se tomó el Che en La Paz. (Foto: Luis Velasco/BBC Mundo)

Al lado de la “capilla” se construyó un museo con réplicas de varios de sus objetos y una copia en microfilm del diario de campaña que el guerrillero escribió entre el 7 de noviembre de 1966 y el 7 de octubre de 1967.

Fernando Romero es el responsable de recibir a los visitantes y es capaz de contar la historia de cada objeto y fotografía.

Sin embargo, él guarda otro tesoro que no es parte del inventario del museo.

Son periódicos y revistas con artículos y reportajes sobre el Che que su abuela coleccionó desde la época de la guerrilla.

Fidel Castro y Ernesto Guevara en México, antes de que comience la campaña guerrillera en la Sierra Maestra.Derechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionFidel Castro y Ernesto Guevara en México, antes de que comience la campaña guerrillera en la Sierra Maestra.

Las crónicas de cómo vivió Vallegrande las horas finales de Guevara, su desaparición posterior y los intentos por encontrarlo a lo largo de 30 años están en esa colección.

Algunos turistas intentaron comprarle las revistas o algunos periódicos por separado, pero Romero prefiere esperar a que alguna institución pública o privada pague por el total de las publicaciones y las preserve para el futuro.

Por eso no deja que nadie tome una sola foto de su tesoro.

El viaje final del Che

¿Por qué desaparecieron al Che después de ejecutarlo?

En la mayoría de los casos, el cuerpo de un combatiente enemigo es devuelto a su familia para que sean los parientes más cercanos los que dispongan el destino final de los restos.

Aquello no se produjo con Guevara, pese a que en esa época circularon informaciones referidas a que su padre viajó desde Argentina a Bolivia para recogerlo.

“La orden fue que se hagan desaparecer los restos para que no haya un lugar de peregrinaje. Un lugar donde vengan los adoradores del Che a hacerles sus homenajes. Esa fue la idea y por eso se ordenó que se lo desaparezca”, explicó a BBC Mundo el general retirado Gary Prado

Prado fue quien dirigió la compañía del ejército boliviano que capturó a Guevara el 8 de octubre de 1967.

Periódico boliviano de 1967 con la noticia del viaje del padre del Che a Bolivia
Image captionMedios bolivianos en 1967 informaron que el padre del Che tenía la intención de llegar hasta Bolivia para identificarlo. (Foto: archivo Iván Miranda)

Sin embargo, no todo salió como esperaban.

El 28 de junio de 1997, cerca al cementerio de Vallegrande, la máquina excavadora del equipo cubano de búsqueda impactó con una osamenta.

Después de remover la tierra con las manos, el uniforme de combate del Che vio la luz nuevamente casi 30 años después.

El cuerpo sin manos de Guevara apareció en una fosa común junto a los de otros siete guerrilleros.

Pocas semanas después de que se realizaron las pruebas forenses para confirmar la identidad del comandante, sus huesos aterrizarían en Santa Clara, la ciudad donde dirigió una de las victorias decisivas para el triunfo de la Revolución Cubana y en la que tiene un enorme mausoleo y una estatua que recuerda sus días victoriosos.

Allí, al igual que en Vallegrande, el Che sí tiene donde le pongan velas y flores.

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Cuartoscuro Archivo

Cienfuegos, el atentado contra Evo Morales: las revelaciones del libro de AMLO

A mitad del camino, el libro más reciente del presidente Andrés Manuel López Obrador, contiene información inédita en asuntos de seguridad nacional, política exterior y recaudación fiscal.
Cuartoscuro Archivo
5 de septiembre, 2021
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El más reciente libro del presidente Andrés Manuel López Obrador, A mitad del camino, que edita Planeta, no es sólo un retrato de la idea de país del mandatario y una autoevaluación de su gobierno, sino que también contiene información inédita en asuntos de seguridad nacional, política exterior y recaudación fiscal.

Por ejemplo, el presidente reveló el facsímil de una carta que le envió el exsecretario de la Defensa Nacional en el sexenio peñista, Salvador Cienfuegos, poco tiempo después de su detención en Estados Unidos por supuestos cargos de narcotráfico y lavado de dinero. En el manuscrito, el general le dijo a López Obrador que su detención había sido humillante y que no tenía dinero suficiente para pagar su defensa en el país norteamericano.

El libro también incluye un informe inédito de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) sobre la misión de rescate de Evo Morales tras el golpe de Estado en Bolivia, para la que México envió una aeronave oficial. El documento revela que, cuando el avión despegó del aeropuerto de Cochabamba, con el mandatario y su comitiva a bordo, soldados bolivianos le lanzaron un cohete en un intento por derribarlo.

López Obrador también revela que su administración logró un acuerdo con las empresas que administran reclusorios para que, al término de los contratos vigentes (de 22 años), las prisiones pasen a ser propiedad del gobierno.

En A mitad del camino también se incluye un reporte del Servicio de Administración Tributaria (SAT) que revela una lista de los 58 grandes contribuyentes más beneficiados con condonaciones durante los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

El listado de beneficiarios incluye los nombres de empresas cuyos dueños ahora son asesores del presidente López Obrador, como Grupo Salinas −de Ricardo Salinas Pliego−, al que se le condonaron 7 mil 775 millones de pesos, principalmente en el peñismo; Deacero −de Sergio Gutiérrez−, que tuvo condonaciones por 1 mil 993 millones de pesos, todas con Peña Nieto; y Grupo Financiero Banorte −de Carlos Hank González−, al que se le condonaron 1 mil 436 millones de pesos en el peñismo.

El atentado contra Evo

Durante la misión de rescate del expresidente Evo Morales tras el golpe de Estado en Bolivia en noviembre de 2019, militares de ese país lanzaron desde tierra un cohete a la aeronave del gobierno mexicano donde viajaba el depuesto mandatario con la intención de derribarlo.

El ataque fue efectuado con un lanzacohetes RPG-7, de fabricación rusa, que está diseñado para destruir tanques y que también es capaz de derribar aeronaves (ha sido utilizado por organizaciones terroristas para echar abajo helicópteros de Estados Unidos y de la OTAN). En México, el Cártel de Jalisco derribó con uno de esos misiles un helicóptero de la Fuerza Aérea en 2015.

La tripulación mexicana, encabezada por militares, logró eludir el proyectil lanzado por soldados bolivianos cuando iniciaba su despegue la aeronave oficial, un jet Gulfstream G550, del aeropuerto de Chimoré, en Cochabamba.

La revelación forma parte de un informe inédito elaborado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), encargada de ejecutar el plan de rescate de Morales, y que fue incluido en el más reciente libro del presidente Andrés Manuel López Obrador, A mitad del camino, que edita Planeta.

“Evo decía que le habíamos salvado la vida; yo pensaba que esa expresión era solo un gesto de agradecimiento por nuestra solidaridad, pero cuando el secretario de la Defensa me entregó el informe sobre los pormenores del operativo, caí en la cuenta del gran riesgo que se había corrido”, escribe López Obrador.

El reporte de la Sedena fue hecho a partir de las declaraciones de los militares directamente involucrados en la “Misión Bolivia”: la tripulación a bordo del Gulfstream G550 que viajó desde la Ciudad de México al país sudamericano la madrugada del 11 de noviembre de 2019, luego del golpe de Estado encabezado por grupos conservadores de ese país en contubernio con el Ejército.

La tripulación se integró por el general piloto aviador Miguel Eduardo Hernández Velázquez, el teniente coronel piloto aviador Felipe Jarquín Hernández, y el capitán segundo Julio César Sánchez Ruperto. Sus funciones serían, respectivamente, las de piloto, copiloto y mecánico de a bordo. Los acompañó Froylán Gámez Gamboa, de la Dirección de Asuntos Especiales de la Subsecretaría para América Latina y el Caribe de la SRE, como representante diplomático de México.

La aeronave aterrizó casi siete horas después en el aeropuerto de Lima, a la espera de autorización para ingresar al espacio aéreo de Bolivia y poder aterrizar en el aeropuerto de Chimoré, en Cochabamba.

Tras horas de negociación entre el representante de la Cancillería y las nuevas autoridades bolivianas, se logró el permiso para volar a Bolivia, donde aterrizaron a las 19:00 horas (tiempo de México) del 11 de noviembre.

Según el relato de los tripulantes, al aterrizar en el aeropuerto de Chimoré, a ambos lados de la calle de rodaje, “se advertía una abundante presencia de personal militar y civiles armados que observaban la aeronave”.

Luego de estacionar en la plataforma de servicio y apagar los motores, el general Hernández -quien pilotaba la aeronave- pidió a la tripulación permanecer a bordo y descendió desarmado, a fin de no provocar “malas interpretaciones”.

Al avión mexicano abordó Evo Morales 45 minutos después, acompañados del vicepresidente Álvaro García Linera y la entonces ministra de Salud, Gabriela Montaño.

“En ese momento, los mexicanos sintieron alivio, ya estaba hecha la mitad del trabajo; lo que ignoraban era que esa había sido la mitad fácil, ahora faltaba completar la parte más difícil y complicada de la misión: llevar a México al señor Evo Morales y sus acompañantes garantizando su seguridad”, indica el informe castrense citado por López Obrador en su libro.

De parte de Perú, la tripulación recibió autorización para volar al aeropuerto de Lima, pero, cuando la aeronave estaba a pocos instantes de iniciar el despegue, desde la torre de control del aeropuerto de Chimoré se les comunicó que no tenían permiso, por lo que se les ordenó volver a la plataforma de servicio, donde advirtieron “una mayor actividad de personal armado y vehículos artillados a ambos lados de la pista”.

El piloto mexicano, el general Hernández, descendió de la aeronave e intentó hacer una llamada, cuando fue rodeado por tres hombres armados que portaban el uniforme del Ejército boliviano. A partir de entonces se la situación se volvió tensa.

“Ordenándole uno de ellos (al general piloto) levantar los brazos, diciéndole que bajarían a Evo Morales de su avión. En ese momento, otro de los individuos se le aproximó por detrás y lo golpeó en la espalda baja con la culata de un arma larga tipo Garand, por lo que el piloto giró hacia la izquierda para enfrentarlo, momento en el cual otro de los individuos, también uniformado, le golpeó en el abdomen con el rompeflamas de un fusil automático ligero, cargando su arma y apuntándole al pecho sin ninguna razón aparente que motivara la acción”, dice el informe.

El general mexicano razonó con el soldado que le apuntaba diciéndole que “los valientes no asesinan”, luego de lo cual éste bajó su arma.

Llegaron más sujetos armados, algunos uniformados y otros vistiendo de civil, que rodearon la aeronave. Muy cerca, a 150 metros, se apostó un hombre con un lanzacohetes RPG, apuntándole al avión.

El general Hernández instruyó a su tripulación que cerraran las persianas de las ventanillas de la cabina de pasajeros y mantuvieran la puerta sellada.

El líder del grupo boliviano volvió a insistir “en sus intenciones de ingresar a la aeronave para extraer a las tres personas de nacionalidad boliviana que se encontraban a bordo”. El general piloto se interpuso en la escalera de acceso y le replicó que no podía darle acceso porque, según el derecho internacional, la aeronave, al ser ostensiblemente propiedad de la Fuerza Aérea Mexicana, debe ser considerada de su jurisdicción.

Tras varias negociaciones, el general Hernández logró que lo pusieran en contacto vía telefónica con un mando que se identificó como el general Terceros Lara, comandante de la Fuerza Aérea Bolivariana, a quien el piloto mexicano le explicó que la razón de su estancia en su país era efectuar una misión humanitaria en cumplimiento de una orden.

El general boliviano accedió a su petición con actitud molesta; le dijo que tenía 30 minutos para abandonar el espacio aéreo de su país, luego de lo cual, advirtió, “él no respondería por la seguridad de los ocupantes ni por la integridad de la aeronave”.

A instancias del general Terceros Lara, se le ordenó a los soldados bolivianos permitir el despegue, y, particularmente, se le pidió al militar que sostenía el lanzacohetes RPG que dejara de apuntarle a la aeronave mexicana. El hombre obedeció, momentáneamente.

Cuando el jet apenas despegaba, con Evo Morales y su comitiva a bordo, le lanzó un misil, que el piloto logró esquivar. El informe de la Sedena detalla la escena:

“Habiendo iniciado el rodaje a las 20:55 horas (tiempo local de México), despegaron a las 21:01; durante el ascenso inicial, el piloto alcanzó a observar, desde el lado izquierdo de la cabina de mando, y cuando casi alcanzaban 1,500 pies sobre el terreno, una estela luminosa similar a la característica de un cohete en la posición de las siete (atrás y a la izquierda de la trayectoria del avión) por debajo del horizonte, estimando el piloto que, en caso de tratarse de un proyectil, el punto desde donde fue lanzado podría estar ubicado en las inmediaciones del aeropuerto de Cochabamba, por lo que efectuó un viraje ceñido hacia el lado contrario de la trayectoria del proyectil (lado derecho), incrementando el régimen de ascenso para evitar el impacto, observando que la traza, muy por debajo de la aeronave, efectuaba una parábola hacia el terreno sin haber alcanzado la altura que en ese momento ya tenían, aproximadamente, de 3,000 pies sobre el terreno, concluyendo su apreciación que el posible cohete podría haber provenido del lanzador RPG que observó en el aeropuerto; respecto a esta situación, decidió abstenerse de comunicar a la tripulación para evitar incrementar la tensión existente y poder mantenerse concentrado en el ya de por sí complicado vuelo”.

Luego de haber dejado a salvo a Morales y su comitiva en México, tras 24 horas sin dormir, la tripulación de militares fue condecorada por el presidente López Obrador.

 

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