A dos meses del sismo, más de 200 damnificados de la Doctores siguen sin dictamen y sin hogar
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Manu Ureste

A dos meses del sismo, más de 200 damnificados de la Doctores siguen sin dictamen y sin hogar

Sin la ayuda de autoridades, los vecinos del edificio Osa Mayor se turnan en una carpa instalada en la calle, para evitar los saqueos.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
21 de noviembre, 2017
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Los vecinos del edificio Osa Mayor, en la colonia Doctores, continúan a la espera de que un dictamen les dé certeza sobre el destino del inmueble que resultó seriamente dañado con los sismos del 7 y 19 de septiembre, esto a pesar de que la delegación Cuauhtémoc lo catalogó en su lista de demolición urgente.

Por lo pronto, sin la ayuda de ninguna autoridad, los vecinos llevan más de 60 días turnándose en guardias para vigilar que nadie termine de saquear lo poco que les resta de patrimonio.

Delincuentes vestidos de voluntarios

Al escuchar la voz trémula del reportero que lo sigue dudoso por unas escaleras que crujen con cada paso, Samuel, pelo ralo y bigote frondoso, se para en la plataforma del piso cuarto y encoge los hombros.

 ¿Está seguro de que el edificio no se nos cae encima?, pregunta el reportero, quien ingresó a invitación de Samuel para constatar la condición en que se encuentra el inmueble.

-Nah, no creo –su voz rugosa hace eco en mitad de un silencio denso-. Si no tiembla ahora mismo, estamos seguros.

Tras la frase, Samuel esboza una sonrisa que no se sabe si es de burla o de compasión. Y reanuda la marcha mientras va explicando que esta torre de 14 pisos con nombre de constelación –Osa Mayor-, ya fue catalogada por la delegación Cuauhtémoc como un inmueble de alto riesgo.

El problema, matiza rápido, es que dos meses después del temblor del 19 de septiembre, el inmueble aún no cuenta con un dictamen del Instituto para la Seguridad de las Construcciones que certifique cuáles son los daños estructurales. Por lo que más de 200 vecinos que habitaban los 56 departamentos y ocho locales de la torre siguen sin hogar y, en algunos casos, viviendo literalmente en la calle, en unas carpas de lona.

Desde allí, poco a poco, van entrando bajo su propio riesgo a la torre para recuperar algo de su patrimonio perdido.

Un patrimonio que se vio mermado por la rapiña. Ya que, el día posterior del sismo, a pesar de la presencia de militares en la zona, desconocidos entraron al Osa Mayor con el pretexto de ayudar, y robaron hasta las cámaras de videovigilancia de la entrada del inmueble.

-Decían que venían a ayudarnos. Pero eran delincuentes disfrazados de voluntarios –lamenta Samuel con el ceño fruncido.

Riesgo inminente de colapso

Son las seis de la tarde, por una ventana sin cristales del Osa Mayor se observa un lento atardecer anaranjado que contrasta con la imagen de escombros desperdigados por el suelo y de columnas fracturadas.

Samuel, que va esquivando cascotes de yeso como si ya conociera de memoria donde se encuentra cada pedazo de cascajo, se detiene en seco cuando llega al quinto nivel y apunta con la barbilla hacia un abismo estrecho.

Con el sismo del 19-S, explica, las escaleras se separaron de la columna vertebral del edificio. Y a medida que se va ascendiendo de nivel, el espacio se agranda hasta tal punto que hay que saltar para no caer al vacío.

De hecho, ya en el sismo previo, el de 8.2 grados en la escala de Richter del 9 de septiembre, Protección Civil tuvo que evacuar a los vecinos de los niveles superiores de la torre, debido a que ese temblor también originó fuertes daños en la estructura de las escaleras, tal y como muestra un video que se hizo viral en Youtube.

-Los dos cuerpos que forman esta torre se inclinaron en direcciones opuestas: uno hacia el norte y el  otro hacia el sur –dice Samuel apuntando a un tablón de madera que los vecinos colocaron para que hiciera de ‘puente’ entre la escalera y el resto del edificio-. Por lo que, en caso de colapso, la gravedad provocaría que la torre se abriera, literalmente, por la mitad. Como cuando pelas un plátano y le quitas la cáscara de un lado y del otro.

Tras la descripción gráfica, un aparatoso ¡crash! hace que súbitamente Samuel guarde silencio.

-Tranquilo, no está temblando -se apresura a decir negando con la cabeza.

Solo fue el ruido de una lámina de hierro que con el fuerte viento golpeó la deteriorada fachada de la torre. No obstante, el ocaso va ganando cada vez más terreno. Y lo más prudente, opina Samuel mientras se mesa el bigote, sería abandonar el edificio antes de que la oscuridad lo envuelva todo.

Dos meses de incertidumbre

Sobre una alargada mesa de plástico en la que los vecinos que hacen guardia desayunan, comen y cenan, Leticia Rosales extiende con cuidado unas láminas que conserva y presume como si de un manuscrito histórico se tratara: los folletos que, hace 30 años, promocionaban la venta de departamentos en la entonces flamante torre Osa Mayor.

-Mira qué bonito era nuestro edificio –dice acariciando con ternura la lámina.

Luego, para combatir el incipiente frío que llega con la noche cerrada, Leticia da un sorbo al café negro que una vecina le sirvió en vaso de plástico, y su rostro recupera el gesto adusto al observar las cintas de plástico que acordonan sin éxito la entrada a la calle Doctor Lucio, donde personas de todo tipo –padres de familia, niños, empleados, ancianos– ignoran los precintos de Protección Civil ante la ausencia de policías, y transitan a escasos metros del Osa Mayor y del Centauro; otra torre en riesgo de colapso.

-Dos meses después del sismo, seguimos en una situación de incertidumbre, de angustia –recalca la señora, quien expone que aunque ya se le hicieron escáneres al edificio y estudios estructurales, nadie les ha entregado ningún dictamen de seguridad, ni tienen certeza de qué es lo que sigue para ellos en caso de tener que demolerlo.

-Si demuelen nuestro edificio, ¿qué va a ser de nosotros? ¿A dónde vamos a ir? –Pregunta mostrando las palmas abiertas de las manos-. Porque ya no solo es que perdamos el techo, sino que además perdemos nuestro hogar.

“Los créditos del gobierno nos dan en la yugular”

Leticia hace una pausa y se ajusta los lentes. Dice que el temblor, además de fracturar columnas y trabes, también ha fracturado a las familias que han tenido que abandonar el Osa Mayor para dividirse entre parientes, amigos, y la renta temporal de otros inmuebles.

Y por si fuera poco, critica, una jubilada como ella tendrá muy difícil poder acceder a los créditos que ofrece el gobierno de la Ciudad de México a los damnificados por el sismo para acceder a otra vivienda.

-Más que créditos blandos, son créditos que nos dan en la yugular –dice enojada, para explicar que para un crédito de dos millones tendría que pagar 15 mil pesos mensuales y ganar un sueldo de 40 mil aproximadamente, además de no estar en el buró de crédito y contar con referencias bancarias.

-Yo soy una persona jubilada y además discapacitada, por lo que no cumplo con los requisitos. O bueno –dice ladeando la mirada hacia las carpas de lona donde cenan algunos de sus vecinos-, más bien creo que ninguno de nosotros pueda cumplir con todos esos requisitos.

Además, lo que causa enojo a Leticia y al resto de damnificados, no solo del edificio Osa Mayor sino al de otras zonas afectadas, tal y como quedó manifiesto en las protestas del pasado 9 y 19 de noviembre en diferentes avenidas de la capital, es lo que entienden un manejo opaco de las ayudas que México recibió del extranjero para apoyar con las labores de rescate y reconstrucción del sismo.

-No hay transparencia –dice tajante la mujer-. Nadie nos explica: miren, aquí está lo que donó Estados Unidos, y aquí lo que donó tal país de Europa. Pero nadie nos dice nada. Lo único que vemos es que mucha gente ha aportado para ayudar a México. Pero nosotros, como mexicanos, no tenemos un presidente que venga aquí y nos ayude. Ninguna autoridad lo ha hecho. Ninguna –repite Leticia, que eleva la mirada hacia una luz que se quedó prendida en un departamento del Osa Mayor, y da por terminada la plática.

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'El día que le dije a mi novio que era una persona no binaria'

Katje van Loon tuvo la idea de celebrar un Día Internacional de las Personas No Binarias, a mitad de camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre.
14 de julio, 2022
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Hace 10 años, Katje van Loon escribió una publicación en su blog en la que pedía la creación del Día Internacional de las Personas No Binarias el 14 de julio, exactamente a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre. Katje le ha contado a la corresponsal de género e identidad de la BBC, Megha Mohan, por qué es importante que el día se haya convertido en una realidad.

Hay un meme que aparece de vez en cuando sobre un pájaro al que han llamado pingüino toda su vida. Un día, el pájaro se encuentra con un médico que le dice: “No eres un pingüino, eres lo que se llama un cisne“. El cisne se siente aliviado. De repente, toda su vida cobra sentido.

Yo tuve mi momento cisne en 2011, cuando tenía unos 20 años.

Mi abuela acababa de morir y yo estaba en su apartamento organizando sus cosas. Tratando de distraerme, entré en internet y, pasando de un página a otra, me encontré con la entrada en Wikipedia sobre identidades de género.

Fue aquí donde leí por primera vez la definición de “no binario”. En esos párrafos, aprendí sobre personas que no siguen las normas binarias de género, personas que sienten que existen en un espacio intermedio fuera de las definiciones de hombre y mujer.

“Esto soy yo”, pensé. “Soy una persona no binaria. Esto es lo que he sido toda mi vida. Y nunca he tenido las palabras para describirlo”. Empecé a llorar. Sabía que tenía que contárselo a mi novio.

La chica más fuerte

El teatro era mi asignatura favorita en la escuela secundaria. Me gustaba todo, incluso acarrear las cosas pesadas que habíamos utilizado al final de la clase. Me señalaban como la “chica más fuerte de la clase de teatro” cuando me tocaba guardar las piezas pesadas del set junto con los chicos.

Así que allí estaba yo, moviendo atrezzo con los chicos, identificada como diferente a las otras chicas. Pero, extrañamente, esta era de las pocas veces en las que ser diferente era un motivo de orgullo para mí en lugar de una vergüenza.

De alguna manera, yo era como mi madre. La gente decía que mi madre era una mujer “guapa”, y mucho más tarde me di cuenta de que en realidad lo decían como un insulto para referirse a su aparente falta de feminidad.

Era una mujer soltera, abogada y educadora. Ella no era como las otras madres de la escuela. Se sentía tan cómoda arreglando cosas por la casa como cuando enseñaba a sus alumnos o me cuidaba a mí.

Yo era como ella al adoptar roles de género no tradicionales. Pero a diferencia de ella, yo existía en otro lugar. No era solo que no me sintiera “femenina”, o que fuera más alta y más grande y menos femenina. Era algo más que eso: la etiqueta de “mujer” simplemente no me encajaba.

Al crecer en los barrios periféricos de Vancouver, en Canadá, y luego en Hawái, me perdí en libros de fantasía, en mundos ficticios creados por escritores como Ursula K. Le Guin, habitados por personajes sin identidad de género fija.

A los 12 años comencé a escribir, creando mis propios planetas ficticios. Más de una década después pude publicar una versión muy revisada y pulida de estos mundos, la primera de una serie de novelas de ciencia ficción.

En estos imperios creativos, jugué con los roles de género; los personajes oscilaban entre tener características sexuales masculinas o femeninas. Escribir me dio la libertad para imaginar una realidad menos rígida.

Como milenial, crecí en internet. En los chats encontré comunidades de personas que hablaban sobre sexualidad y me declaré bisexual a los 14 años. Primero en internet y luego en el mundo real, las comunidades LGBT me dieron la bienvenida cuando me abrí sobre mi sexualidad, y entonces experimenté un sentimiento de pertenencia.

Expulsada de la comunidad LGTB

Más tarde, cuando tenía 20 años, me enamoré de mi novio, Nathan. Pero esto tuvo un precio. Creo que no hay forma más rápida de ser expulsada de una comunidad LGBT que la de ser una mujer bisexual que sale con un hombre.

La gente te ve como “heterosexual”, alguien que no entiende la lucha, y de repente las conversaciones y los eventos ya no te incluyen. Lo llaman el “bi-borrado”, y es un fenómeno muy real. Dejan de invitarte a cosas. Se crean grupos privados sin ti.

En mi experiencia, las personas todavía entienden la sexualidad de la forma en la que no entienden la identidad de género.

Cuando encontré la página de Wikipedia que explicaba mi identidad no binaria, Nathan fue la primera persona a la que quise contárselo, pero me daba mucho miedo.

Cuando lo vi más tarde ese día, lo dije rápidamente: “Soy una persona no binaria”.

Pausa.

“Entonces, ¿qué es lo que cambia?”, preguntó.

Otra pausa.

Puede que use pronombres diferentes“, respondí. “O que me llame de otra forma a veces”.

Me preguntó si yo era transgénero. ¿Estaba pensando en cambiar físicamente de alguna forma?

Dije que no, que no lo era.

“Está bien, intentaré recordar tus pronombres”, dijo, “pero no soy muy bueno recordando cosas”.

Ambos nos reímos, relajados, y la tensión se disipó. Le expliqué cómo, al crecer, me había sentido mal representada como esta “otra” persona, y que ahora tenía un nombre para describir lo que era, por lo que inmediatamente encajé un poco mejor en mi propia piel.

Nos comprometimos poco después y nos casamos en 2015.

La boda de Katje y Nathan.

Zemekiss Photography

Durante varios años, usé diferentes pronombres en lugar de “ella”. Me gustó especialmente “zie”, que sonaba suave y divertido. Eran términos neutros en cuanto al género que la gente usaba en internet y que no determinaban el sexo de la persona.

Durante un tiempo estuve a favor del pronombre “they” utilizado en singular (en inglés significa tanto “ellos” como “ellas”). Pero a medida que vi su uso florecer y despegar, comenzó a desagradarme, y ahora no lo soporto.

Como escritora, me tomo el lenguaje muy en serio, y he leído varios textos en los que las personas usan el pronombre “they” que me confundieron realmente sobre si se referían a un individuo o a un grupo. Algunos escritores argumentan que Shakespeare solía usar “they”, a lo que respondo: “Muy pocas personas escriben tan bien como Shakespeare”.

Con el tiempo, mi amor de la infancia por la escritura de fantasía se convirtió en una carrera, así como en una salida para mi mundo imaginario fuera de las normas de género.

En mi libro “Stranger Skies” (Cielos más extraños), escribo sobre una diosa que cae de los cielos a un planeta que no obedece las leyes de la física o la biología. Descubre que en ese mundo, el género está programado, se es hombre o mujer, pero el sexo es mutable. Las personas pueden cambiar su cuerpo físico a través de una pequeña ceremonia semirreligiosa. Esto permite que las parejas homosexuales puedan tener hijos biológicos sin intervención médica. Me divierto mucho explorando estos conceptos en mi escritura.

Un año después de identificarme como persona no binaria, escribí una publicación de 153 palabras en mi blog sobre por qué debería haber un Día Internacional de las Personas No Binarias. Dije que debería ser en julio, a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer en marzo y el Día Internacional del Hombre en noviembre. Hubo algunos comentarios en el blog entonces, pero apenas se extendió por internet.

Katje haciendo pompas de jabón

Kam Abbott
Katje pasa ahora menos tiempo en internet.

Lo olvidé hasta varios años después, cuando vi que el Día Internacional de las Personas No Binarias se celebraría oficialmente el 14 de julio, el mismo día que sugerí en mi publicación. Lo iban a celebrar la organización Campaña por los Derechos Humanos, Stonewall, el sitio web del Parlamento de Reino Unido e incluso la web dictionary.com.

La gente citaba las razones que yo había dado para elegir la fecha, pero solo la página de Wikipedia sobre el género no binario mencionó mi blog como inspiración. Esto me molestó. Un pequeño reconocimiento hubiera estado bien.

Cambios

Ahora, las cosas han cambiado en mi vida. Estoy más cómoda conmigo misma. Me importa menos cuando la gente se refiere a mí como mujer o usa el pronombre “ella”.

Solía ​​​​estar muy a favor de tener un tercer marcador de género en las identificaciones, como pasaportes o permisos de conducir, como tienen en Argentina, Australia e India y han propuesto en Sudáfrica. Pero ahora no estoy tan segura. ¿Quiero que los datos de las minorías de género se recopilen en algún lugar al que los gobiernos puedan acceder fácilmente? Definitivamente no. No tengo fe en las burocracias. Puedo entender por qué puede ser importante para algunas personas en ciertos países, pero no lo es para mí.

También paso mucho menos tiempo en internet. No me siento cómoda ni en las páginas conservadoras ni en las liberales. Se fagocitan a sí mismas, a la espera de que la gente diga lo que ellos consideran que no está bien.

Solíamos llamarlo “la cultura de la denuncia“, pero ahora le han crecido más cabezas, es una bestia. Y no ayuda a nadie, y mucho menos a las personas vulnerables que quieren pertenecer a algo pero que saben que pueden ser apartadas en cualquier momento por decir algo incorrecto.

Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Katje van Loon
Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Puedo imaginar lo que puedes estar pensando ahora. Si no quiero ningún nuevo tipo de documento de identidad, y no necesito que respetes mis pronombres preferidos (todavía zie), ¿qué sentido tiene ser no binario? ¿Es importante tener un Día Internacional de las Personas No Binarias?

Sí, lo es.

Podemos sentirnos invisibles en un mundo que aún no ha entendido del todo lo que somos. Así que es bonito tener un día que reconozca nuestra existencia. ¿Tiene que ser un día en el que estemos en las calles marchando? No. Pero sería lindo recibir algunas flores.

Creo que ser llamada persona no binaria es importante a nivel interno. Para mí es importante tener esas palabras para describirme, y saber quién soy me permite estar más cómoda conmigo misma. Quiero que la gente sea feliz como es.

Y si tener un día te ayuda a ser feliz contigo mismo, genial. Ese es el mejor resultado que podría haber esperado de esa publicación de blog que escribí hace 10 años.


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https://www.youtube.com/watch?v=XrmzMT7z3V0

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