Muere Charles Manson, el líder de la secta que asesinó a Sharon Tate, a los 83 años
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Muere Charles Manson, el líder de la secta que asesinó a Sharon Tate, a los 83 años

Manson murió este domingo en un hospital de California. Cumplía cadena perpetua por el asesinato de la actriz Sharon Tate, embarazada de 8 meses y casada con el director de cine Roman Polanski, y otras seis personas.
AFP
Por AFP
20 de noviembre, 2017
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Considerado uno de los criminales más peligrosos de Estados Unidos, Charles Manson, que murió en la cárcel a los 83 años, fue el gurú psicópata que ordenó asesinatos como el de la actriz Sharon Tate, cuya brutalidad conmocionó al país y al mundo.

A finales de los años 1960, había ordenado a sus discípulos matar al azar a los habitantes de barrios ricos y blancos de Los Ángeles, con la esperanza de desatar una guerra racial apocalíptica.

La “familia” Manson cometió al menos nueve asesinatos. Pero fue la espiral de violencia de los días 9 y 10 de agosto de 1969, con sus siete muertos, lo que más marcó las conciencias.

Entre las víctimas estaba Sharon Tate, la mujer del cineasta Roman Polanski, que entonces tenía 26 años y estaba embarazada de ocho meses y medio.

Por orden de Manson, que no estaba presente, una de sus adeptas, Susan Atkins, cometió el asesinato. Después, con la sangre de la actriz, escribió la palabra “PIG” (cerdo) en la puerta de entrada.

Presentado durante su largo juicio como un loco solitario dotado de una impresionante capacidad de persuasión, Manson –que nunca mostró arrepentimiento– se presentó al proceso con una cicatriz en forma de esvástica en la frente. Algunos seguidores lo imitaron.

En 1971 fue condenado a la pena de muerte junto a cuatro de sus discípulos.

Las penas fueron después conmutadas por cadena perpetua. Manson pidió en doce ocasiones la libertad condicional, rechazada cada vez.

Manson y su ‘profecía’ inspirada en los Beatles

Nacido el 12 de noviembre de 1934 en Cincinnati, en el norte de Estados Unidos, de una madre con solo 16 años, el pequeño Charles nunca conoció a su padre y creció sin amor.

Su infancia fue caótica. En la adolescencia fue internado en una institución para muchachos donde cayó en la delincuencia. En 1955, con 21 años, fue condenado a cinco años de cárcel por robo de automóvil, pero obtuvo la libertad condicional.

Intentó sentar cabeza casándose con Rosalie Willis, pero un año después volvía a ser condenado por el mismo delito. En la cárcel supo que tenía un hijo, pero Rosalie pidió el divorcio y se fue con el niño.

Liberado por buena conducta, fue encarcelado de nuevo por diferentes delitos. “He pasado toda mi vida en prisión, lo que hace que aquí me sienta como en casa… ¿Cuánto hace que estoy en la cárcel? 34 años”, dijo en una entrevista en 1981.

En 1967, incluso pidió quedarse entre rejas, pero su petición fue rechazada. Fue en ese momento, en plena época hippy y con el apogeo de los Beatles, cuando fundó su “familia”, en torno a una profecía inspirada en canciones del mítico grupo inglés.

La comunidad de Manson, compuesta principalmente por mujeres ingenuas y entregadas, vive al margen de la sociedad. Nacen muchos bebés. El gurú tiene al menos un hijo con una de sus adeptas. La droga siempre está presente.

Nómada al principio, la comunidad se instala después en ranchos del Valle de la Muerte.

Creyéndose la reencarnación de Cristo, Charles Manson fomenta una serie de asesinatos para provocar el estallido de una lucha entre blancos y negros, bautizada como “Helter Skelter” por un título de los Beatles.

Cuando en numerosas entrevistas concedidas desde la cárcel se le preguntó qué consejo daría a los jóvenes, respondía: “deja huella para hacer saber al mundo que estuviste aquí”.

Más de 50 años después, los asesinatos de la “familia” Manson siguen atormentado las conciencias y suscitando una fascinación morbosa, alimentada por libros, canciones, circuitos turísticos, páginas web y películas. El propio Manson publico un álbum en 1970, que fue reeditado en CD en 2006.

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Perseverance en Marte: por qué sería una buena noticia que no descubriera vida en el planeta rojo

Si la misión no encontrara indicios de vida, muchos lo verían como un fracaso. Sin embargo, disponer de un planeta en el que la vida pudo haberse detenido en sus inicios ayudaría a responder otras preguntas clave, según un experto en astrobiología.
12 de marzo, 2021
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El 18 de febrero de 2021 aterrizó en el cráter Jezero de Marte el rover Perseverance, que estudiará la composición de rocas, el subsuelo y el clima.

Este fue el primer éxito de la misión Mars 2020 y su desarrollo contó con participación española: MEDA es una estación ambiental desarrollada por el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

La llegada de Perseverance ha avivado el debate sobre si hay o hubo vida en Marte, y su habitabilidad presente o pasada.

Habitabilidadno quiere decir que los humanos podamos construir una casa allí, sino que define las condiciones geoquímicas y ambientales favorables para el origen y evolución de la vida.

Entre los objetivos de la misión está estudiar la habitabilidad y la búsqueda de evidencias de vida microbiana antigua.

Hoy en día, por lo que sabemos, es improbable que en Marte haya vida. Pensemos en la de nuestro planeta: durante la mayor parte de su historia, la Tierra estuvo habitada solo por microorganismos.

La evolución necesitó unos 3.400 millones de años para que surgieran plantas y animales. Tiene sentido asumir que, de haber existido vida en Marte, esta era microbiana.

En la exploración espacial tomamos como referencia la vida terrestre actual, pues no conocemos otra. El inconveniente es que, si no se ven evidencias de vida marciana (algo probable), nos preguntaremos si es porque no sabemos qué buscar exactamente.

¿Qué evidencias de vida buscamos?

La ubicación del Perseverance no es casual. Si queremos buscar evidencias de vida, debemos ir a un sitio favorable.

En el cráter Jezero podría haber estado ese lugar: el delta de la desembocadura de un río.

Pero, que haya evidencias de que el agua formó paisajes familiares, con sus ríos y valles, no implica que haya habido vida. Hay que buscar las evidencias.

Cauce seco de un río en el cráter Jezero

Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin
Zona de operaciones de Perseverance en el cráter Jezero. El cauce seco del río se ve en la parte superior izquierda, con el abanico de sedimentos del delta en su desembocadura. Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin

Para la búsqueda, el Perseverance está equipado con SHERLOC, un instrumento capaz de encontrar moléculas orgánicas.

Sin embargo, debemos diferenciar entre “molécula orgánica” y “biofirma orgánica” o “biomarcador”.

Las moléculas orgánicas podrían ser un indicio de vida, pero, cuidado: en realidad, pocas lo son. A estas las llamamos biomarcadores.

Para entenderlo, pensemos en el petróleo. En los años 1930 el origen biológico del petróleo se debatía, hasta que el químico Alfred Treibs descubrió porfirina en los combustibles fósiles. Esta deriva de la clorofila y no podemos explicar su presencia sin la vida. Así, estudiando los biomarcadores (compuestos cuyo origen solo podemos atribuir a la vida), sabemos que el petróleo es lo que queda de ecosistemas de hace millones de años.

Si SHERLOC encuentra moléculas orgánicas, debe evaluarse si son biomarcadores válidos.

El problema es que ello implica asumir que el metabolismo terrestre es universal. Por ejemplo, si en Marte nunca hubo fotosíntesis con clorofila, nunca encontraremos la porfirina de Treibs como biomarcador.

Los minerales también pueden ser biofirmas:

Cristal de formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos

Gentileza C. Menor Salvan
Formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos.

Recogimos estos cristales de formiato, un compuesto orgánico, en un lago salino similar a los que pudo haber en Marte.

El (improbable) hallazgo de estos cristales en Marte tendría gran impacto y en las redes sociales se extendería la idea de que hubo vida.

A diferencia de la porfirina, el formiato puede ser abiótico y no es un biomarcador. Sabemos que lo es, porque la verdadera biofirma es el desequilibrio químico con los otros componentes del lago.

El estudio de biofirmas es difícil y requerirá el transporte de muestras a la Tierra.

¿Y si no se encuentran evidencias de vida?

Desde el punto de vista de la publicidad y la financiación, buscar indicios de vida es una buena estrategia. Es menos mediático, pero, que en Marte no haya vida, ni la haya habido, también sería una buena noticia.

Si Perseverance no encuentra indicios de vida, el público podría verlo como un fracaso. Sin embargo, la exploración de Marte siempre es un éxito, tanto por el conocimiento que nos aporta, como por las tecnologías derivadas.

Disponer de un planeta en el que se reunieron las condiciones que (pensamos) propiciaron la vida, pero que esta se haya detenido en su inicio, sería un escenario único para entender el origen de la vida terrestre.

No es una idea descabellada. El rover Curiosity encontró materiales que pudieron ser claves en el origen de la vida, formando un escenario intacto durante millones de años, libre de los cambios provocados por una potencial biosfera marciana.

Rocas de fosfato, meteoritos de hierro y vetas con sulfatos encontrados en Marte por el rover Curiosity

NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS
Rocas de fosfato (A), meteoritos de hierro (B) y vetas con sulfatos (C) encontrados en Marte por el rover Curiosity. Todos juntos son ingredientes para el origen de la vida. NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS/MSSS

Es probable que no se encuentren evidencias de vida en Marte, y la pregunta seguiría sin respuesta (la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia).

Pero, si tomamos la idea de que en Marte nunca proliferó la vida, podríamos centrarnos en las condiciones que, pensamos, debieron darse para su origen.

Si lo que encontremos encaja, ¿por qué no evolucionó la vida? ¿Faltaba algún ingrediente? ¿La dinámica de Marte no lo permitió? ¿Proliferó un tipo de vida distinto? Junto con el trabajo de laboratorio y lo que sabemos sobre nuestro planeta, quizá podríamos entender cómo empieza la vida y su evolución.

Si en Marte hubiera existido vida avanzada (y los ecosistemas bacterianos lo son), las preguntas sobre el origen de la vida seguirían abiertas. Sin embargo, un Marte sin vida podría ser la gran oportunidad para conocer nuestro propio origen.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver los vínculos a los estudios científicos y leer la versión original aquí.

César Menor-Salván es doctor en bioquímica y astrobiología, y profesor del Departamento de Biología de Sistemas en la Universidad de Alcalá.


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