5 años con Mancera: los homicidios crecen 45% pero bajan los secuestros y extorsiones
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Cuartoscuro

5 años con Mancera: los homicidios crecen 45% pero bajan los secuestros y extorsiones

Los homicidios llegaron a un nivel récord por lo menos en las últimas dos décadas y los ataques a mano armada se duplicaron, aunque varios delitos graves bajaron respecto al sexenio pasado.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
14 de diciembre, 2017
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El gobierno de Miguel Ángel Mancera cumplió cinco años el pasado 6 de diciembre. La administración del que fuera procurador de la ciudad acumula en este lapso un crecimiento de más del 45 % de los homicidios dolosos, y un alza superior al 100 %  en casos de lesiones con armas de fuego. En general la delictiva total también creció, aunque algunos delitos graves como los robos con violencia, secuestros y extorsiones disminuyeron.

Los datos oficiales reportados por la Procuraduría de la ciudad ante el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que de diciembre de 2012 a octubre de 2017, periodo en el que Mancera ha sido jefe de gobierno, se han registrado en la ciudad un total de cuatro mil 285 homicidios dolosos en la capital del país, que equivalen a una tasa de 48.63 nuevos asesinatos por cada cien mil habitantes.

Si comparamos este registro con el del gobierno anterior encabezado por Marcelo Ebrard nos encontramos con que, de enero de 2006 a octubre de 2011, el entonces Distrito Federal reportó tres mil 712 averiguaciones por homicidio doloso, una tasa de 41.57 asesinatos.

Lo anterior significa que en el gobierno de Miguel Ángel Mancera la tasa de homicidios ha repuntado 16.9 %.

Si limitamos el análisis a los cinco años del actual sexenio,  el incremento de los asesinatos es aún más dramático. De enero a octubre de 2013, primer año de la administración de Mancera, la tasa de homicidios en la ciudad fue de 7.06 casos por cien mil habitantes. Mientras que de enero a octubre de este año la tasa ha crecido a 10.27. Es un disparo del 45.4 % de los homicidios dolosos.

Cabe señalar que Mancera recibió del gobierno de Ebrard una tendencia a la baja en homicidios. En 2013 y 2014 el promedio de asesinatos ya no descendió pero se mantuvo estable, hasta que en 2015 comenzó un incremento que no se ha detenido y que ya ubica a la capital en un nivel récord de asesinatos, por lo menos en las últimas dos décadas.

Un incremento significativo es el que también se registra en el delito de lesiones dolosas con armas de fuego.

La estadística oficial arroja que, en lo que va del gobierno de Mancera, se han denunciado seis mil 898 casos de este delito, que equivalen a una tasa de 78.28 averiguaciones por cada cien mil habitantes. En el periodo de Ebrard el dato oficial es de tres mil 410 casos, una tasa de 38.19 %. Con Mancera, los ataques a mano armada en la ciudad se han duplicado, pues hay un incremento del 104.8 %.

Si la comparación la limitamos al sexenio actual, en 2013 la tasa fue de 13.6 casos de lesiones dolosos con armas de fuego por cada cien mil habitantes, mientras que este año la tasa ya rebasa los 16.7 casos. Es un repunte de casi 23%.

Sube actividad delictiva, pero no ilícitos graves

Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública arrojan que la incidencia delictiva general de la Ciudad de México (todos los delitos) registra un incremento en la administración de Mancera, aunque los ilícitos más graves o de alto impacto, con excepción del homicidio, han disminuido.

En los casi cinco años de la administración actual se reportan 888 mil 935 averiguaciones previas o carpetas de investigación iniciadas por todos los delitos del fuero común, lo cual equivale a una tasa de 10 mil 88 nuevos ilícitos por cada cien mil habitantes. En contraste, en el mismo periodo pero del gobierno de Ebrard el balance fue de 887 mil 385 ilícitos, que se traduce en una tasa de nueve mil 938 casos.

Lo anterior representa un incremento del 1.5 % de la incidencia delictiva general entre el sexenio de Ebrard y el de Mancera.

Al igual que ocurre con los homicidios, si se analiza el comportamiento de la incidencia durante el actual sexenio en la capital el incremento es mayor. La Ciudad de México pasó de una tasa de mil 665 delitos por cien mil habitantes, de enero a octubre de 2013, a una tasa de mil 919 denuncias en el mismo periodo de este año. Lo anterior equivale a un repunte del 15.2 % en la incidencia delictiva total.

La buena noticia es que con excepción de los asesinatos y de los ataques armados, los delitos más graves han bajado.

Por ejemplo, en el caso de secuestro, en los primeros cinco años del gobierno de Ebrard se reportaron 460 casos denunciados mientras que en ese mismo lapso del actual gobierno el registro es de 265, lo que representa una baja del 42.4 % en los plagios.

Una situación similar es la de la extorsión en donde la capital pasó de tres mil 972 casos según los registros oficiales de la administración de Ebrard a tres mil 341 en el actual sexenio, un descenso del 15.9 % en este delito.

Incluso en los robos con violencia en la ciudad hay un descenso importante, aun cuando este delito ha comenzado a repuntar en el último año. En total, en el gobierno de Mancera, la Procuraduría reporta 128 mil 20 averiguaciones por robo con violencia en distintas modalidades,  una caída del 45 %.

Los tres pretextos de Mancera

El gobierno de Miguel Ángel Mancera ha expuesto en los últimos años al menos tres argumentos distintos para justificar el incremento en los homicidios, sin que en ninguno de ellos se reconozcan fallas en los esquemas de seguridad pública implementados por su propio gobierno.

El primero señalamiento se dio en 2015, cuando comenzó a revertirse la tendencia a la baja de los homicidios. La Procuraduría capitalina sostuvo que la mayoría de los homicidios que se registraban en la ciudad eran por peleas o riñas internas, en donde se veían involucradas bebidas alcohólicas y drogas, y no por un deterioro de las condiciones generales de seguridad pública.

Luego, desde finales de 2016 y con mayor fuerza en 2017, el gobierno de la ciudad comenzó a sostener que la culpa del repunte de los asesinatos y de algunos otros delitos obedecía a que con el nuevo sistema penal cientos de presuntos delincuentes habían salido de los reclusorios capitalinos. El Sabueso revisó los datos disponibles para tratar de verificar esta afirmación y se confirmó que no había cifras que la sustentaran.

Y en los últimos meses el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera ha insistido en que la proliferación en la posesión de armas de fuego es el principal motor de la violencia. En este contexto Mancera ha insistido en la necesidad de reformar el actual sistema penal para que a los detenidos con armas se les de prisión automática, situación que ha sido rechazada por especialistas y organizaciones abocadas al análisis de las condiciones de seguridad.

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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