Ejército vs el narco: bajan los decomisos de droga y dinero; repuntan muertes de soldados
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Ejército vs el narco: bajan los decomisos de droga y dinero; repuntan muertes de soldados

De 2015 a 2017, los decomisos que hace el Ejército de drogas como la marihuana bajaron 69%, y los de heroína 52%; durante 2017 han fallecido 38 militares al enfrentar al narcotráfico.
Cuartoscuro Archivo
Por Arturo Angel
21 de diciembre, 2017
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La efectividad del Ejército Mexicano en cuanto a decomisos de droga ha disminuido en los últimos dos años. Datos oficiales arrojan reducciones que van de 50 hasta 80%  en los aseguramientos de los principales estupefacientes en el país. En la misma proporción ha descendido el decomiso de recursos económicos, en las operaciones contra el crimen organizado.

Por el contrario, el número de militares muertos en operaciones contra la delincuencia ha repuntado más de 22% en el mismo lapso.

Información de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) revelada a través de su área de transparencia arroja que, en lo que va de este 2017, han sido decomisados 336 mil 82 kilogramos de marihuana en los distintos operativos.

Esta cifra es inferior a los 758 mil 34 kilogramos de esa droga descubiertos en el mismo periodo de 2016, y  del millón 116 mil 998 kilos de marihuana destruidos en 2015.

Los números anteriores representan una caída el 69%  en los decomisos de marihuana, que es la droga de mayor producción en México, de acuerdo con los propios datos de la Defensa Nacional.

En cuanto a la cocaína, la estadística oficial arroja que, en lo que va del año, los militares han decomisado dos mil 151 kilogramos, menos de la mitad si lo comparamos con los cinco mil 617 kilos de esta droga que se aseguraron en 2015. La caída en los descubrimientos de esta droga es del 62%.

La misma situación se registra con la heroína. En este año el Ejército Mexicano reporta 204 kilogramos asegurados, muy por debajo de los 318 kilogramos decomisados en 2016, y más aun de los 422 kilogramos descubiertos en 2015. Esto equivale a una caída del 52% en los decomisos de heroína.

Cabe señalar que, de acuerdo con el informe actualizado sobre la amenazas de las drogas en Estados Unidos elaborado por la DEA, más del 90% de la heroína que se distribuye en ese país proviene de México, por lo que no parece que la producción de dicho estupefaciente haya disminuido.

Esta situación combinada con la disminución en los decomisos de heroína y amapola (fuente primaria para elaborar la droga), ya provocó que la propia DEA le exigiera a México un mayor esfuerzo en este sentido.

El desplome más significativo en cuanto a decomisos de drogas se registra en las metanfetaminas (conocidas como drogas químicas o de diseño). Los datos del Ejército arrojan que en 2017 han sido decomisados tres mil 932 kilogramos de este estupefaciente, muy lejos de los 35 mil 153 kilogramos asegurados en 2015 de este tipo de estupefaciente. Se trata de un desplome de más del 89% en los decomisos de metanfetaminas.

Claroscuros en golpes a recursos del narco

El balance de la Secretaría de la Defensa Nacional en cuanto a los golpes a la infraestructura y recursos de las organizaciones del narcotráfico arroja resultados contrastantes.

Por un lado el balance no es positivo en cuanto a la localización de laboratorios clandestinos, donde se fabrican las drogas químicas. En 2017, el Ejército reporta 95 laboratorios asegurados, debajo de los 112 encontrados en 2016 y de los 185 asegurados en 2015. En una reducción en dos años del 49% en este renglón.

De igual manera, hay una caída en el descubrimiento de pistas de aterrizaje ilegales: Fueron 446 aseguradas en 2015, un total de 326 en 2016 y apenas 124 en 2017. Se trata de una reducción del 72% en el descubrimiento de las pistas ilegales.

Otro desplome significativo se da en el renglón de los recursos económicos arrebatados a los criminales, tanto en moneda nacional como extranjera.

La Defensa Nacional informa que, en 2017, se han decomisado 18 millones 744 mil pesos, que es casi la tercera parte en comparación con los 48 millones 545 mil pesos asegurados por militares en 2015. En tanto, en 2017 se reportan 4 millones 68 mil dólares asegurados, una reducción del 77% respecto a los 17 millones 708 mil dólares recuperados en 2015.

Por otro lado el Ejército reporta el decomiso en 2017 de cuatro mil 798 armas de fuego en operaciones contra el crimen organizado, cifra que ya superó a las tres mil 598 armas que se aseguraron el año pasado, aunque aún se encuentra por debajo de las cinco mil 513 armas que se decomisaron en 2015.

En cambio hay un avance notable en cuanto a los vehículos asegurados a los delincuentes, pues este año suman poco más de 11 mil, superando por mucho a los seis mil del año pasado, y los nueve mil de 2015. Lo mismo ocurre con embarcaciones con droga aseguradas este año, las cuales suman 17, más del doble que las encontradas en 2015.

La efectividad del Ejército en cuanto al número de personas detenidas en operaciones antinarco también registra un repunte significativo. En lo que va de 2017 la estadística oficial contabiliza 8 mil 297 presuntos criminales detenidos, que es un incremento del 89% respecto a 2016, y del 53% en comparación con 2015.

Repunta la muerte de militares

Otra estadística de la Secretaría de la Defensa Nacional revelada a través de transparencia muestra un repunte en 2017 en cuanto a personal del Ejército Mexicano que ha fallecido en la denominada Campaña Permanente contra el Narcotráfico y la Ley Federal de Armas de Fuego y Control de Explosivos.

Los datos oficiales indican que, este año, suman 38 los integrantes del Ejército que han perdido la vida en el contexto de estos operativos, cifra que ya supera a la de 24 soldados fallecidos en 2016 y 31 militares caídos en 2015. Esto es un incremento del 22.5% en el número de elementos castrenses fallecidos.

Entre los militares fallecidos en 2017 hay 16 que perdieron la vida directamente por agresiones con arma de fuego.

El evento de mayor letalidad en cuanto a enfrentamientos directos se dio el pasado 3 de mayo en Puebla, cuando cuatro soldados de infantería y policía militar perdieron la vida en un tiroteo con presuntos ladrones de combustible, hecho en el que fallecieron otras seis personas y hubo doce lesionados.

El incidente cobró relevancia mediática luego de que cámaras instaladas por los presuntos delincuentes captaran el momento en el que un soldado presuntamente ejecuta a un delincuente, que ya estaba rendido en el suelo.

El peor evento en cuanto al número de soldados fallecidos ocurrió el 10 de junio de 2017 en la comunidad de San Miguel Totoloapan, Puebla, cuando ocho elementos de Policía Militar fallecieron en un evento que el reporte oficial describe como “arrastrados por la corriente de un río”. Lo que los medios reportaron es que el hecho ocurrió cuando los soldados viajaban en un vehículo que intentó cruzar un río en la comunidad de El Carrizal, pero no lo logró. El accidente habría dejado solo dos sobrevivientes.

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Colombia: por qué está en un escenario sin precedentes (y qué puede significar para su futuro)

A pesar de la violencia, Colombia fue un país reconocido por su estabilidad económica y política. Pero todo esto parece haber cambiado.
6 de mayo, 2021
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Estaciones de policía y transporte quemadas. Carreteras cortadas durante días. Desabastecimiento de productos. Un número desconocido de muertos y desaparecidos. Un estado de incertidumbre y nerviosismo agudo.

Colombia ha vivido muchos momentos delicados al largo de su traumática historia, pero ahora parece estar recorriendo un camino desconocido en al menos tres ámbitos distintos: la protesta social, la economía y la representación política.

Hubo momentos en el pasado que rompieron la historia en dos como la ola de violencia que antecedió a la firma de la Constitución de 1991 o las revueltas de 1948 tras el asesinato del candidato Jorge Eliécer Gaitán que dieron origen a las guerrillas.

El desenlace de la crisis actual es desconocido y por eso es difícil entrar en comparaciones sobre su relevancia histórica.

Lo que parece evidente, según los expertos consultados por BBC Mundo, es que la actual es una situación sin precedentes. Y que mucho se explica porque el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016 abrió una caja de pandora de demandas y problemáticas antes prohibitivas por cuenta de la guerra.

“Yo tengo 74 años y le digo que nunca vi una élite política tan incapaz de llegar a resoluciones“, dice el historiador Carlos Caballero Argáez.

El gobierno de Iván Duque ha lanzado una nueva mesa de negociación para rebajar la tensión y buscar salidas consensuadas. Es lo que hizo en noviembre de 2019, cuando las protestas eran más pacíficas y puntuales y la situación del país menos grave.

Hoy el mandatario tiene desafíos por donde se mire: en su partido, en las calles, dentro de las fuerzas armadas, en materia fiscal y en lo político.

Dentro de exactamente un año Colombia estará celebrando elecciones generales y presidenciales: todo desarrollo en este momento tiene una clave electoral.

Mientras la violencia sigue siendo la principal preocupación de los colombianos, BBC Mundo habló con varios expertos para hacer un ejercicio de distancia que permita entender lo que está ocurriendo.

Un paro sostenido y amplio

Un primer elemento nuevo de esta crisis es la dimensión de la protesta social.

“La cobertura y la sostenibilidad han sido inéditos”, dice Mauricio Archila, experto en movimientos sociales.

Una manifestación en Colombia

Getty Images
Las protestas en Colombia han sido masivas y se han extendido a muchas ciudades y poblados del país.

Las protestas esta vez llegaron a pequeños y medianos municipios. Fueron convocados por jóvenes, pero cuentan con el apoyo de adultos mayores y poblaciones minoritarias. Han paralizado la producción, el abastecimiento y el transporte en rincones inesperados.

Este paro ha llegado a lugares donde antes no se solía protestar y se ha mantenido por varios días sin dar tregua”, añade Archila.

Y concluye: “Soy muy escéptico de las comparaciones, y no quiero entrar a hablar del Bogotazo (1948) ni el paro cívico de 1977, pero es cierto que este paro ha producido una alianza obrero-campesina-indígena que tal vez nunca había estado tan equilibrada”.

En efecto, al Paro Nacional es un movimiento heterogéneo plagado de contradicciones y conflictos internos. Su líder no es claro y en su interior hay representaciones de casi todos los sectores. Su futuro depende de cómo logra sortear esa diversidad.

“Pero lo que sí es evidente es que la fuerza del Paro sorprendió a toda la clase política”, opina Daniel Hawkins, investigador de la Escuela Nacional Sindical.

“En la mitad de la tercera y más fuerte ola de contagio y luego de la orden del tribunal de Cundinamarca que prohibió aglomeraciones, los políticos nunca creyeron que la gente iba para la calle de forma masiva”, apunta Hawkins.

Una protesta en Colombia

Getty Images
Las protestas se han recrudecido tras las confrontaciones con las fuerzas de seguridad pública.

Las protestas ya lograron dos efectos inesperados en un país donde la movilización social, que era esporádica y tachada de “subversiva”, rara vez tuvo consecuencias políticas: las retirada de la reforma tributaria y la caída del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Lo que es difícil de pronosticar es si este movimiento, que en origen se mostró fresco y novedoso, terminará en una situación que sí tiene precedentes en Colombia: la de una violencia desbordada.

Una economía desestabilizada

La economía colombiana ha sido durante décadas la más estable de América Latina: la que menos recesiones tuvo en el siglo XX, la que no presentó hiperinflación y la que no incumplió sus compromisos de deuda en 80 años.

Pero ahora la situación es distinta.

“Pocas veces —por no decir nunca— había visto al país en una situación tan difícil como la que estamos viviendo hoy“, escribió en su columna el prestigioso economista y exministro Mauricio Cárdenas.

Iván Duque

EPA
Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma fiscal.

Y Caballero Argáez añade: “La última vez que se cuestionó la responsabilidad fiscal del país fue durante la crisis de la deuda latinoamericana (principios de los 80), pero ahí Colombia consiguió refinanciar la deuda y un acuerdo de monitoreo con el FMI que nos permitió ser el único país latinoamericano que no entró en recesión ni tuvo que reestructurar deuda”.

Hoy los bonos colombianos son calificados como “basura” en los mercados internacionales, el peso está alcanzando récords de devaluación y por primera vez en años la capacidad de pago y emisión de deuda del país están cuestionados.

“Colombia tienen un problema de recaudo (fiscal) cada vez que hay una crisis, porque su recaudo en tiempos normales siempre ha sido bajo”, dice la politóloga Mónica Pachón.

“Pero eso siempre lo habían podido solucionar con reformas tributarias de crisis con impuestos transitorios que lograban sacarnos del problema”.

“La diferencia ahora es que nunca una reforma nunca había generado semejante nivel de oposición, mucho menos sin entrar al Congreso, y su caída nos puso en un lugar incómodo”, explica la decana de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

Un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Colombia

Getty Images
El número de fallecidos y heridos por los enfrentamientos en las protestas ha ido en aumento.

Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma cuanto antes que se pueda aprobar en el Congreso. Los economistas dudan que no se logre una resolución que probablemente recaude menos impuestos, pero al menos saque al país de la crisis.

Sin embargo, el famoso modelo de la estabilidad neoliberal y ortodoxo de Colombia mostró grietas por primera vez en su historia.

Una política radicalizada

Así como estable en lo económico, Colombia ha sido un país sin muchos altibajos en lo político: salvo durante un pequeño periodo en los años 50, la democracia en su sentido más formal —elecciones cada cuatro años y transiciones de poder sin problemas— se ha mantenido intacta.

Aunque la violencia no ha dejado de ser un problema desde los años 50, el bipartidismo entre liberales y conservadores (que llegaron a alternarse en el poder por convenio) permitió que se generara la idea de que las instituciones democráticas no estaban en peligro.

Colombia siempre fue considerada, al menos en el exterior, como una democracia estable.

Pero en esta crisis la clase política se ha visto incapaz de llegar a resoluciones, apuntan los analistas. Duque llamó a los militares a controlar la situación (aunque varios alcaldes se opusieron); algunos incluso barajan escenarios de golpes de Estado y el líder en las encuestas para las elecciones de 2022 es un candidato de izquierda que militó en las guerrillas, Gustavo Petro.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Muchos colombianos denuncian que el Estado ha sido represor.

“La violencia de las protestas, que además es seguida por la gente desde sus redes sin entrar a entender ni profundizar, hace que la política sea más polarizada y más ideológica, con la consecuencia de que llegar a soluciones es muchos más difícil”, explica Pachón.

Uno de los efectos del proceso de paz de 2016 fue el estatuto de oposición, un mecanismo que da garantías a los críticos del Ejecutivo, pero también aumenta su capacidad de entorpecerle sus iniciativas.

“Le sumas a eso que Duque es un presidente débil incluso dentro de su partido y tienes el caldo de cultivo de la desgracia“, dice Pachón.

En Colombia, como en toda América Latina, siempre ha habido una crisis de representación política, pero quizás nunca antes se había hecho tan evidente la desconfianza de la población sobre la clase política.

“Lo que estamos viendo es un descontento generalizado y quizá irremediable, es casi una situación pre revolucionaria”, dice Caballero.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Los escuadrones antidisturbios han sido culpados de varios fallecimientos durante las protestas.

Las consecuencias pueden ser muchas: desde la renuncia del presidente, inédita en Colombia desde los años 50, hasta la elección de un candidato, de izquierda o derecha, que rompa con las hasta ahora estables instituciones democráticas del país.

“Esto se soluciona con un candidato que pueda generar confianza entre las diferentes poblaciones al mismo tiempo que pueda incluir al establishmentpolítico”, dice Pachón.

“Pero me temo que eso, ahora, está más lejos que nunca”.


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