Publicidad oficial y violencia afectan la libertad y seguridad de los periodistas en México: ONU
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Cuartoscuro

Publicidad oficial y violencia afectan la libertad y seguridad de los periodistas en México: ONU

Los relatores de la ONU señalaron en un informe los obstáculos que enfrentan los periodistas en México; entre los principales están los controles editoriales, las desapariciones y las amenazas.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
4 de diciembre, 2017
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Los periodistas en México están aterrorizados por las desapariciones y agresiones a compañeros. A esto se suma el control de la libertad de expresión del gremio a través de la publicidad oficial, señalaron los relatores especiales de la ONU.

Edison Lanza, relator especial, señaló la publicidad oficial debe ser regulada y transparentada, además de no usarse con fines políticos, pues esto influye en la línea editorial e interfiere en la independencia y libertad para hacer periodismo. Además existe un sesgo para restringir esta publicidad a los medios críticos.

Explicó que las sumas dedicadas a la publicidad oficial en México son de las más elevadas en la región y en el mundo.

Por ello, dijo, no puede cortarse de pronto a los medios estos recursos, pues los afectaría notablemente, pues muchos dependen de ella para subsistir y pagar la nómina, pero sí se puede definir los objetivos de la publicidad oficial y tener un control sobre el gasto.

Violencia contra periodistas

Los relatores de la ONU se reunieron con más de 250 periodistas y miembros de las organizaciones de la sociedad civil, de 21 estados del país.

Lanza señaló que tras las entrevistas “se percibe un gremio aterrorizado” por las desapariciones, asesinatos y agresiones que sufren los periodistas en todo el país.

Expuso que se han roto vínculos entre los periodistas y los medios para los que trabajan, por lo que por primera vez la ONU hace una recomendación a los medios para que ayuden a sus periodistas, que creen redes de apoyo para ellos y mejoren sus condiciones de trabajo.

Los relatores pidieron mayor eficacia de la autoridades federales y locales y del Mecanismo de protección a periodistas y defensores de derechos humanos, que dijeron, hasta ahora, no ha tenido los resultados esperados.

Señaló como deficiencias del Mecanismo, la falta de presupuesto y que esta figura no tenga comunicación permanente con periodistas beneficiados con la protección.

De acuerdo con la organización Artículo 19, durante el primer semestre de 2017, cada 15.7 horas ha sido agredido a un periodista en México, siendo los funcionarios públicos en el 50% de los casos los principales responsables de los ataques.

Destacan los asesinatos de los periodistas Cecilio PinedaRicardo Monlui, Miroslava BreachMaximino RodríguezJavier Valdez y Jonathan Rodríguez, atacados con armas de fuego y a plena luz del día.

Añadió que se debe contar con una ley a nivel federal para evitar diferencias con las leyes de protección estatales.

“Se necesita una ley que obligue a los estados a proteger en los mismos términos que a nivel nacional”, dijo el relator.

Lanza dijo que hay un subregistro de los casos de agresiones contra periodistas, pues muchos de los entrevistados dijeron que tenían miedo a denunciar porque saben que los agresores son funcionarios públicos locales que conocerán de la denuncia.

La respuesta del gobierno

Ante los señalamientos de los relatores, el gobierno mexicano señaló que “los distintos representantes de las instituciones del Estado mexicano ofrecieron analizar y dar seguimiento a las recomendaciones de dichos funcionarios internacionales, considerando la guía y el aporte que significan para fortalecer las acciones a nivel federal y estatal”.

El Subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa, “reiteró que el Estado mexicano mantiene un firme compromiso con los derechos humanos y dio la bienvenida a las recomendaciones de los Relatores Especiales de la ONU y de la CIDH para fortalecer toda acción que beneficie la labor de los y las periodistas en México”.

Con información de Tania L. Montalvo.

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Así lucha el COVID contra las vacunas para intentar escapar de ellas

El virus lucha constantemente contra las vacunas para intentar escapar de ellas. Sin embargo, nuestros linfocitos B productores de anticuerpos también pueden “mutar” para hacerle frente.
Shutterstock
20 de julio, 2021
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Las variantes de SARS-CoV-2 y su contagiosidad están causando una gran atención mediática en las últimas semanas.

A medida que ha ido pasando el tiempo, el virus ha ido cambiando. Ha introducido mutaciones puntuales en su secuencia génica, muchas de las cuales se traducen en cambios de aminoácidos de sus proteínas.

Con estos cambios, el virus adquiere ventajas evolutivas en el proceso de adaptación a nuestras células y organismos, que son el medio en el que se replica.

Este proceso de adaptación no implica necesariamente una mayor virulencia, pero si avances en mejorar la unión al receptor, una optimización de su replicación, la producción más efectiva de partículas virales y su transmisión, la modulación de la patología o, eventualmente, el escape parcial de alguno de los mecanismos inmunes.

Cuando no teníamos vacunas, el virus campaba a sus anchas

Uno de los mecanismos inmunes más importantes frente a la infección es la producción de anticuerpos por parte de los linfocitos B y su capacidad de reconocer y neutralizar al virus.

Hasta el comienzo de la campaña de vacunación, cada vez que el SARS-CoV-2 infectaba a alguien, se encontraba con el reto de superar las distintas barreras del hospedador infectado.

Pero si el individuo no había contagiado previamente, había pocas posibilidades de que el virus se encontrase con algún anticuerpo que le reconociese.

De esta forma, en cada infección, las mutaciones que el virus pudiera generar iban a ser seleccionadas e incorporadas en las nuevas partículas virales en la medida en la que supusieran ventajas evolutivas independientes del escape de los anticuerpos.

Pero cuando se encuentra con personas vacunadas, el escenario cambia.

Un trabajador sanitario muestra ampollas que contienen la vacuna Sinovac contra la Covid-19 hecha por Biopharma en Indonesia el 22 de junio de 2021.
EPA

Sin vacunas el virus campaba a sus anchas

Un obstáculo en el camino: las vacunas

La evolución en general, y la de los virus en particular, está determinada por las condiciones reproductivas en un determinado medio.

En virología existe un concepto denominado “viral fitness”, que podría ser traducido como aptitud viral, que determina la selección de aquellas partículas virales que introducen cambios para replicarse y transmitirse de forma más efectiva.

En otras palabras, se seleccionan virus más aptos al contexto de infección con el que se van encontrando.

Cuando el virus se encuentra a más personas con inmunidad, se ve obligado a enfrentarse a las defensas con las que antes no se encontraba, además de tener que competir entre sí con otras variantes.

De esta forma, las variantes que “ganarán” serán aquellas que tengan una ventaja sobre variantes previas, no preparadas para ese nuevo escenario inmune.

Por tanto, las variantes que escapen del efecto de las vacunas serían, en teoría, las que se impondrían sobre otras. En este escenario, las vacunas dejarían de funcionar a medio o largo plazo.

Fortaleza de las vacunas

Esta situación, que pudiera parecer descorazonadora en cuanto al papel de las vacunas en la pandemia, esconde un paradigma que juega en contra del virus.

Ya conocemos la capacidad de los anticuerpos neutralizantes de bloquear la unión de la proteína S del virus a la célula hospedadora. Al prevenir esta unión, el virus no nos llega a infectar.

Para escapar de esto, una estrategia que podría utilizar una nueva variante del virus sería cambiar la región de esta proteína S donde se unen estos anticuerpos para así no ser neutralizada.

Sin embargo, estos cambios que parecieran una ventaja para el virus suponen también un coste.

Al situarse los cambios en la misma zona empleada por la proteína S para unirse al receptor celular, podría empeorar su unión al receptor y reducir, a su vez, su capacidad infectiva.

Los virus tratan de solventar este paradigma de “lo que se gana por lo que se pierde” con mutaciones que afecten mínimamente a su capacidad infectiva y replicativa y que, al mismo tiempo, sean capaces de evadir parcialmente las defensas del organismo.

Como resultado de esta continua adaptación, el virus cambia parcialmente algunas de sus proteínas más inmunogénicas, como la proteína S, en un proceso denominado deriva antigénica.

Los virus de la gripe son uno de los más estudiados en cuanto al proceso de deriva antigénica.

Esta es la fuerza responsable de la aparición de nuevas cepas que circulan cada año y que obligan a reformular la estrategia vacunal frente a la gripe.

Pero a pesar de estos cambios, las nuevas cepas gripales no evaden completamente la capacidad de luchar frente a la infección de una persona inmunizada peviamente.

¿Y si nuestros anticuerpos se adaptasen a las nuevas mutaciones?

La adaptación a las condiciones cambiantes no solamente ocurre en el lado del virus.

Nuestros linfocitos B productores de anticuerpos pueden sufrir también un proceso de adaptación denominado hipermutación somática, que se deteriora con la edad.

De esta forma, los linfocitos B productores de anticuerpos frente al virus también pueden “mutar” para mejorar la capacidad de unirse a las proteínas del virus y neutralizarlos.

Esta mejora de los anticuerpos permitiría adaptarse a los cambios de las variantes.

El escenario cambiante de la lucha entre virus y hospedador se juega a dos bandas. El virus tiene que evolucionar y adaptarse continuamente a la situación inmune cambiante o, de lo contrario, extinguirse.

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Quizás esta continua adaptación recuerde a situación en la novela de Lewis Carroll “Alicia a través del espejo”, donde los habitantes del país de la Reina Roja deben correr lo más rápido posible, solo para permanecer donde están.

Justamente por eso, la continua evolución de los virus en condiciones cambiantes se denomina (debido a su similitud), “efecto de la Reina Roja”. Es decir, cambiar para tratar seguir en el mismo sitio.

*Estanislao Nistal Villán, es virólogo y profesor de microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo. Este artículo apareció originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión orginal aquí.


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