Arte tzotzil de exportación: comercio ético impulsa a artesanas indígenas en Chiapas
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Proyecto Impacto Consultores, AC

Arte tzotzil de exportación: comercio ético impulsa a artesanas indígenas en Chiapas

Una iniciativa destaca las habilidades de las artesanas chiapanecas e inserta su trabajo en un cadena comercial justa, sin perder sus tradiciones.
Proyecto Impacto Consultores, AC
Por Nayeli Roldán
28 de enero, 2018
Comparte

Rosa Gómez Ruiz tiene 25 años, es delgada y carga a su bebé de un año de edad en un rebozo amarrado a la espalda; sus hijos mayores, de cuatro y dos años, estarán con la abuela por unas horas. Porta un suéter negro que desentona con los bordados morados y azules de la vestimenta tradicional de la comunidad —este le sirve para aguantar los 6 grados de temperatura que alcanzan las mañanas de enero en Aldama, un municipio en Los Altos de Chiapas—. Aunque dice estar acostumbrada al frío extremo o al sol recalcitrante, su piel guarda estragos del clima que la hacen ver mayor a su edad.

En el municipio de Aldama hay 5,072 habitantes y 97.3 por ciento de ellos están en situación de pobreza, es decir, 4,899 personas ni siquiera tienen lo indispensable para vivir, como alimentación o vivienda con drenaje y luz eléctrica. Si alguien enferma, solo puede ir a una de las dos unidades médicas disponibles; pero si el padecimiento es más grave, deben trasladarse hasta Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado, a más de dos horas de distancia.

Rosa es uno de los 2,100 adultos que solo estudió la primaria y no pudo avanzar a la secundaria para completar la educación básica. Aun así, tuvo más suerte que el 28 por ciento de la población del lugar, unos 689 habitantes, que no saben leer ni escribir. Ella es de las pocas que sabe español y lo habla bien, aunque con menos fluidez que el tzotzil, su lengua materna.

Con otra decena de mujeres, Rosa acudió a una reunión con una diseñadora de modas y una pequeña empresaria de San Cristóbal de las Casas que vende ropa para niños con bordados tradicionales en la zona turística. Desde hace cinco años, las mujeres tzotziles hacen artesanías que se comercializan en otras regiones del país a través de un modelo de trabajo llamado “comercio ético”.

Se trata de un esfuerzo impulsado por Proyecto Impacto Consultores, AC, una organización que funciona como puente entre las artesanas y los interesados en comprar y vender los productos artesanales, con la condición de respetar los conocimientos de las mujeres e involucrarlas en el proceso de diseño de cada pieza y de pagar su trabajo por hora.

Así, por ejemplo, mientras las artesanas vendían un cojín de 50 centímetros con brocados hechos en telar de cintura por 150 pesos en la zona turística de San Cristóbal de las Casas, ahora lo cotizan en 600 pesos. Es un modelo laboral que, refieren, valora y respeta su trabajo.

Bordado con sello propio

Rosa aprendió a tejer desde los siete años, cuando su madre le hizo un telar de cintura a su tamaño. En su comunidad el conocimiento del tejido se pasa de generación en generación entre las mujeres: primero, porque cada una confecciona la ropa que usa y, segundo, porque el tipo de brocado y los materiales utilizados en sus prendas sirve para distinguir a una comunidad de otra.

El brocado en Aldama es de formas geométricas diminutas que forman animales o paisajes en faldas color azul marino de lana y huipiles y blusas negras o rojas. A diferencia del bordado, donde se forman los diseños sobre una prenda terminada, en el telar de cintura se crean las formas durante el tejido. Los hilos se acomodan de forma vertical y en ellos se entrelazan otros más para formar mariposas, ranas o flores.

Si bien el estilo de bordado es característico de las comunidades, cada mujer imprime su propio sello en las prendas que comercializa. Por eso es que cada pieza es una creación distinta a los diseños tradicionales que utilizan a diario las mujeres de la comunidad.

La organización Impacto se propuso crear un modelo laboral en el que se preserve el conocimiento ancestral en las comunidades y donde, al mismo tiempo, las mujeres aprovechen sus habilidades para obtener ingresos y su trabajo sea valorado en la cadena comercial. Así se constituyó en 2013 con un objetivo principal: combatir la brecha de la desigualdad en regiones de Chiapas, estado donde ocho de cada 10 personas viven en pobreza.

El proyecto se aboca a crear una plataforma en la que existe un intercambio de conocimientos, estrategias y vinculación entre las comunidades y el sector comercial para crear una cadena de valor. La organización imparte talleres en tres aspectos: técnico-productiva, con capacitaciones en color y tendencias, desarrollo de producto o diseño participativo; capacitación para el desarrollo humano con cursos de empoderamiento, liderazgo o equidad de género y capacitación de negocios, con talleres sobre comercialización o cadena de valor.

Adriana Aguerrebere, directora de Impacto, explica que la apuesta es por el “desarrollo y empoderamiento de mujeres”. Esta estrategia busca “ayudar a las mujeres a generar otras capacidades y herramientas para crear estos sistemas de emprendimiento social sanos así como generar una cadena de valor”.

En el sector comercial, Impacto busca dar herramientas para que las artesanas reconozcan el valor de su trabajo y tomen decisiones de mercado que las beneficien. “Ellas tienen un patrimonio, tienen un conocimiento profundo sobre el telar de cintura o pedal, y nosotras nada más les damos estas herramientas para explotar este conocimiento y crear un producto que puede ser mucho más vendible desde un punto de vista más occidental”.

Al tiempo de que las artesanas preservan el patrimonio, aprenden otras herramientas de producción e innovación de producto y logran el acercamiento a vínculos comerciales que sean directos en su mayoría con el “consumidor ético”, es decir, aquel que valora el trabajo de las artesanas, reconoce la riqueza histórica de cada brocado y está dispuesto a pagar por ello.

Para determinar el precio de los productos, Impacto “contextualiza el mercado local regional”, tomando en cuenta los salarios para otros oficios y con el ingreso familiar; además, se toma como base el salario mínimo. “Sabemos perfectamente que eso no alcanza ni para la canasta básica, pero (el pago) no puede estar por debajo de eso”. Por ello el pago determinado por hora es de 15 pesos mínimo, dice Aguerrebere.

Sin embargo, la organización vincula a las artesanas con diseñadores y pequeños empresarios que comercializan los productos y, dependiendo del mercado al que van dirigidas y las exigencias en el terminado de los productos, el pago puede ascender hasta 35 pesos por hora, sobre todo con marcas internacionales.

La directora de Impacto explica que ellos validan que las artesanas reciban un pago mínimo por hora, Y justo por su trabajo.

En Aldama formaron un grupo de una docena de mujeres que trabaja con Impacto. Ellas han hecho productos para la marca Carmen Rion, con sede en la colonia Condesa, en la Ciudad de México. La diseñadora elige el tipo de bordado y solicita el tipo de productos: ropa, manteles o cojines. Cada artesana tiene su propio estilo y si alguno de sus diseños es elegido obtiene el pago, porque cada una trabaja a su tiempo y, según determinó la asamblea, lo justo es que quien trabaje más, gane más, afirma Micaela Ruiz.

A veces las diseñadoras proveen los hilos y las mujeres solo tejen. Así, por ejemplo, una artesana tarda 15 horas en hacer una blusa talla 1 para niña en telar de cintura y le pagan 250 pesos. En San Cristóbal de las Casas los turistas regatean tanto que el mismo producto lo vendían en 80 pesos.

Además de acordar el precio por el tiempo laboral, Impacto creó una metodología para unir a las artesanas con las diseñadoras y complementar ambos conocimientos. Las artesanas que deciden participar en alguno de los pedidos primero dibujan algo que les gusta, sin importar que no sean los brocados tradicionales. Hacen animales o paisajes, combinación de colores, figuras geométricas.

Con ellas, las diseñadoras eligen aquellas que funcionen para alguna colección, como el caso de la marca Andrea Velazco para hacer un número de piezas específicas que se venden en alguna tienda. Ana Pérez, de la comunidad de San Juan Cancuc, por ejemplo, dibujó un conejo y su diseño quedó plasmado en un huipil color salmón por el que ganó 700 pesos y la prenda se comercializa en 3,000 pesos, aproximadamente.

El esposo de Ana trabaja en el campo y por cada cosecha de café gana 10,000 pesos, pero es todo su ingreso en 365 días; es decir, unos 27 pesos al día, porque el maíz y frijol que cosechan es solo para autoconsumo. Lo que ella gana alcanza para comprar leche o carne, que no forma parte de su dieta diaria.

Proyecto Impacto Consultores, AC

Los diseños que hacen las artesanas se comercializan en una tienda de Guadalajara y en la Ciudad de México especializadas en diseño mexicano y las artesanas ganan 18 pesos por hora. “El corazón de la colección es su inspiración. Su mundo, en medio de la naturaleza, está trasladado en las prendas y eso solo ellas lo pueden hacer”; después cada prenda se adecua a diseños más occidentales como chalecos o blusas, dice la diseñadora Andrea Velazco.

Roxana Cuello creó la marca Lek-Lek especializada en ropa para bebés y niños con la idea de hacerse de un negocio familiar y fomentar el trabajo de las artesanas. Desde 2014 abrió una tienda en San Cristóbal de las Casas y las prendas son diseños de artesanas de Aguacatenango, San Juan Chamula, Amatenango, Aldama y San Juan Cancuc.

En estos cuatro años, dice Roxana, el negocio ha crecido y beneficiado a todos. “La clave del éxito es hacer una buena conexión para las mujeres artesanas y tomarlas en cuenta en todo el tema de diseño, que se sientan parte del equipo”.

Plagios y protección

La forma de trabajo de Impacto es una buena práctica que intenta, sobre todo, respetar y empoderar a las mujeres artesanas. Sin embargo, existen ejemplos de abuso y plagios de los diseños de las comunidades. Impacto ha detectado al menos nueve casos de plagio de brocados tradicionales por marcas reconocidas como Isabel Marant con las blusas de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca y Pahuatlán, Puebla. Rapsodia con el diseño de las blusas de San Antonino Castillo Velasco, en Oaxaca, y Madewell copió el huipil de San Andrés Larráinzar, Chiapas.

La marca Pineda Covalín plagió los tenangos de Doria, Hidalgo, igual que Mara Hoffman y Mango. La firma Zara también usó los bordados de Aguacatenango, Chiapas, e Intropia copió los diseños de San Juan Bautista Tlacoatzintepec, Oaxaca.

Sin embargo, en México no existe ningún instrumento jurídico que pudiera defender a las comunidades indígenas por el plagio de los brocados y bordados tradicionales porque ninguno de ellos está registrado bajo el derecho de autor. Es decir, no pueden demandar la propiedad porque en la ley no es de nadie.

Esto abre un debate que contrapone ambos mundos porque mientras uno protege al individuo, en los pueblos originarios la convivencia busca el bien comunitario, advierte la profesora de Oakland University Technology, de Nueva Zelanda, Diana Albarrán González.

“Hay un encuentro de mundos en donde las ideologías de Occidente, la propiedad, la creación pertenece a una sola persona, pero los pueblos originarios de todo el mundo hablan de colectividad (por lo tanto), no pueden registrar algo que no les pertenece como persona sino como comunidad”, explica la especialista que realiza un doctorado sobre la descolonización del diseño con artesanos indígenas en México para el consumo ético.

Proyecto Impacto Consultores, AC

No existe ningún instrumento en el mundo que proteja a los pueblos indígenas de estas prácticas “depredadoras”, pero en Guatemala, por ejemplo, el Movimiento Nacional de Tejedoras Mayas propuso un proyecto de ley que busca reconocer “la propiedad intelectual colectiva” de los pueblos indígenas, en un intento por protegerse de otro despojo, como consideran a los plagios de sus diseños; pero hasta el momento no se ha concretado. En Colombia funciona “la denominación de origen”, igual que en México con el tequila, por ejemplo, pero no se ha avanzado en los textiles.

“Jurídicamente es poco probable en protección al derecho patrimonial”, asegura el especialista en derecho del Tecnológico de Monterrey, Carlos Blanco, porque no podría determinarse quién es el primer autor de una obra como los textiles tradicionales. “Para determinar la titularidad del derecho de autor habría que ver el origen. Una opción podría ser propiedad colectiva, pero al no encontrar el origen, ahí es donde se rompe el derecho y (complica) a quién le damos la titularidad del derecho”, dice Blanco.

Sin embargo, existe una posibilidad de defensa a través de tratados internacionales del patrimonio cultural, que apela al derecho moral de los autores. Es decir, si una marca utiliza algún diseño tradicional la marca no tendría que pagarle, pero sí hacer un reconocimiento público sobre la comunidad de origen.

El debate también pasa por una discusión ideológica porque la propiedad intelectual podría considerarse como otra forma de “colonizar”, explica la experta Albarrán González. Por eso “lo que quiere hacer Guatemala empieza a explorar una vía para protegerse de externos que depredan”, porque no es lo mismo que entre comunidades se “copien” a que una transnacional produzca en masa.

La protección, además, no solo se trata de instrumentos jurídicos, sino también de defensa social. Los casos de plagio ocurridos el año pasado, por ejemplo, se visibilizaron en redes sociales y eso también es una manera de “educar al consumidor” porque si se denuncia que alguna marca internacional vende productos plagiados, los consumidores tienen la opción de elegir comprar o no.

Educar al consumidor es acercarlo a estos significados, el valor de los brocados tradicionales, a saber cuántas horas cuesta hacer una prenda y así “visibilizar a los artesanos y que sus procesos para que valoren”, dice Diana Albarrán.

Las paisanas

En San Juan Cancuc se vive en “alta marginalidad”, según las mediciones de pobreza. En 2015 ocupó el lugar 116 de 118 municipios en la escala estatal de rezago social porque la mitad de las viviendas tienen piso de tierra y pocas tienen drenaje o poseen refrigerador.

Aquí está la cooperativa X-Chilul Pak, el grupo de trabajo Las Paisanas, que se autollaman así porque las 16 mujeres que participan son de la misma comunidad. Ellas comenzaron a recibir capacitaciones desde 2016 y consiguieron un pequeño financiamiento a través de un programa de proyectos sustentables.

En asamblea decidieron abrir una tienda donde se ofertan los productos de todas. El espacio está construido con madera y muestra en maniquíes las blusas o vestidos con el tipo de brocado de la comunidad, pero más ceñidas o con colores distintos a los rosas tradicionales.

Con la organización Huellas que trascienden consiguen crédito de hilos, no en efectivo, pero les es muy útil y con la venta de las prendas “vamos ahorrando para comprar material y así vamos cada año haciendo más piezas para la tienda”, explica Juana Hernández, líder de la organización.

“Tenemos que checar cuál color se vende más o qué brocado”, así, cada artesana va adecuando sus diseños a las demandas del mercado. Cada una también gana de acuerdo con lo que trabaja y vende en la tienda o en los pedidos con los diseñadores y tiendas.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Getty Images

Los espeluznantes experimentos que Canadá hizo con niños de escuelas indígenas

Los niños indígenas separados de sus familias eran sometidos a invasivos y crueles procedimientos en "nombre de la ciencia".
Getty Images
Por BBC
3 de julio, 2021
Comparte

El descubrimiento de cientos de restos de niños en Kamloops, Brandon y Cowessess, en Canadá, ha puesto de manifiesto la devastación absoluta que los colonos infligieron en los niños, las familias y las comunidades originarias a través del sistema de Escuelas Residenciales Indígenas.

Como investigadora especializada en nutrición y colona-canadiense, hago un llamado a mis colegas para que reconozcan y comprendan los daños que han causado los experimentos de desnutrición y nutrición en los pueblos indígenas y el legado que han dejado.

Más fácil de asimilar

Ian Mosby, historiador de la alimentación, salud indígena y política del colonialismo de los colonos canadienses, descubrió que entre 1942 y 1952 los científicos en nutrición más prominentes de Canadá llevaron a cabo investigaciones muy poco éticas en 1.300 indígenas, incluidos 1.000 niños, en comunidades cree en el norte de Manitoba y en seis escuelas residenciales en Canadá.

Muchos ya sufrían desnutrición debido a las políticas gubernamentales destructivas y las terribles condiciones de las escuelas residenciales.

A los ojos de los investigadores, esto los convertía en sujetos de prueba ideales.

Niños indígenas en Canadá

Archivo de Saskatchewan / EPA. Los niños eran separados de sus familias por la fuerza.

Frederick Tisdall, famoso por ser cocreador de la comida infantil Pablum en el Hospital para Niños Enfermos de Toronto, junto con Percy Moore y Lionel Bradley Pett fueron los principales arquitectos de los experimentos de nutrición.

Ellos aseguraron que la educación y las intervenciones en la dieta harían que los pueblos indígenas fueran activos más rentables para Canadá, que si los pueblos indígenas fueran más sanos, la transmisión de enfermedades como la tuberculosis a los blancos disminuiría y la asimilación sería más fácil.

Presentaron con éxito su plan para experimentos de nutrición al gobierno federal.

Pocas calorías, nutrientes y vitaminas

Tisdall, Moore y su equipo basaron su propuesta en los resultados que encontraron después de someter a 400 adultos y niños Cree en el norte de Manitoba a una serie de evaluaciones intrusivas, que incluyeron exámenes físicos, radiografías y extracciones de sangre.

El plan de Pett y su equipo se centró en determinar una base de referencia.

Querían darles a los niños de la Escuela Residencial Indígena Alberni durante dos años una cantidad de leche tan pequeña que se les privara de las calorías y nutrientes necesarios para su crecimiento.

Otros experimentos consistieron en no darles vitaminas y minerales esenciales a los niños de los grupos de control, mientras evitaban que los Servicios de Salud para Indígenas les brindaran atención dental con el pretexto de que esto podría afectar los resultados del estudio.

E incluso antes de estos experimentos, los niños de las Escuelas Residenciales Indígenas pasaban hambre, que se confirmaba con informes de desnutrición grave y signos de deficiencias graves de vitaminas y minerales.

Motivos raciales

El interés en la investigación de la nutrición aumentó dramáticamente en la década de 1940, después de que el Consejo Canadiense de Nutrición declarara públicamente que más del 60% de las personas en Canadá tenían deficiencias nutricionales.

La mayoría de los experimentos hasta entonces se habían realizado en animales, pero investigadores como Pett, quien fue el autor principal de lo que luego se convertiría en la Guía de Alimentos de Canadá, aprovecharon la oportunidad de utilizar a los indígenas como ratas de laboratorio.

Si bien los perpetradores como Pett a menudo actuaban bajo la fachada de comprender y ayudar a los pueblos indígenas, estaba claro que estos experimentos de nutrición tenían una motivación racial.

Los investigadores intentaron desentrañar el “problema indígena”. Moore, Tisdall y sus colaboradores atribuyeron estereotipos discriminatorios como “descuido, indolencia, imprevisión e inercia” a la desnutrición.

A.E. Caldwell, director de la Escuela Residencial Indígena Alberni, afirmó que la desnutrición fue causada por dietas y formas de vida tradicionales, que también llamó “hábitos indolentes”.

Los experimentos de nutrición, junto con los alimentos profundamente inadecuados y de baja calidad que se les daba a los niños en estas escuelas, se alinearon perfectamente con el mandato de asimilación de Caldwell.

Prohibir a prácticamente todos los niños alimentos tradicionales adecuados es otro medio más de colonización y genocidio cultural.

Homenaje a las víctimas

Getty Images. Tras el hallazgo de cientos de restos de niños en las inmediaciones de varias escuelas, muchos se acercaron a rendirles tributo.

Según los hallazgos de Mosby, Pett afirmó que su objetivo era comprender mejor la transición “inevitable” al estar lejos de los alimentos tradicionales, sin embargo, las Escuelas Residenciales Indígenas fueron diseñadas a propósito para provocar esto.

Su investigación no es ética según los estándares contemporáneos, y es difícil creer que alguna vez haya sido aceptable experimentar con cualquier persona, y mucho menos con niños, sin su consentimiento.

Las secuelas del Holocausto y los experimentos biomédicos en los campos de concentración llevaron al desarrollo del Código de Nuremberg en 1947, que establece que el consentimiento voluntario para la investigación es absolutamente esencial y que los experimentos deben evitar todo sufrimiento físico y mental innecesario.

El código se creó el mismo año en que Pett se embarcó en sus experimentos de nutrición en seis escuelas residenciales.

Consecuencias de la malnutrición y experimentación

La desnutrición infantil puede ser mortal, especialmente cuando se combina con el riesgo de enfermedad, que era con frecuencia el caso en los internados.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación indica que las principales causas de muerte de los niños en las escuelas residenciales fueron los daños físicos, la desnutrición, las enfermedades y el abandono.

Para los sobrevivientes de escuelas residenciales, los efectos de la desnutrición aún duran.

El hambre durante la niñez aumenta el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, e investigaciones indican que la desnutrición severa puede incluso causar cambios epigenéticos que pueden transmitirse de generación en generación.

Experimentar con niños que ya estaban sufriendo fue inmoral.

Efectos a día de hoy

Los problemas de inseguridad alimentaria y nutrición en las comunidades indígenas son problemas importantes en Canadá, como resultado de las escuelas residenciales y las políticas coloniales que continúan hasta el día de hoy.

Los experimentos en estos internados y en las comunidades han hecho que los sitios de atención médica sean lugares precarios y traumáticos para muchas naciones indígenas y han llevado a que muchos tengan dudas en torno las vacunas durante la pandemia de covid-19.

Homenaje a las víctimas

Reuters. La noticia del hallazgo de cientos de cuerpo de niños indígenas causó indignación en Canadá y en el mundo.

Al mismo tiempo, persiste el estigma, la violencia y el racismo hacia los pueblos indígenas en estos contextos.

Esta historia particular de experimentos de desnutrición y nutrición en niños y adultos indígenas se ha contado antes. Atrajo la atención de los principales medios de comunicación en 2013 después de la investigación de Mosby.

Y no sorprende a los pueblos indígenas, cuyas verdades debemos finalmente escuchar con atención.

*Allison Daniel es candidata de PhD en Ciencias Nutricionales, Universidad de Toronto.

*Esta artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original (en inglés).

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.