Marina torturó y acusó a joven de ser sicario, por llevar tatuaje: CNDH
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Cuartoscuro

Marina torturó y acusó a joven de ser sicario, por llevar tatuaje: CNDH

Elementos de la Marina dijeron que había sido detenido en una casa de seguridad, pero en realidad lo secuestraron mientras comía en un restaurante en San Luis Potosí con un amigo.
Cuartoscuro
Por Paris Martínez
12 de enero, 2018
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En 2012, Carlos tenía 19 años y era estudiante en su ciudad natal, San Luis Potosí. En septiembre de ese año, sin embargo, fue presentado por la Secretaría de Marina ante la prensa como uno de los supuestos escoltas que protegían al narcotraficante Iván Velázquez Caballero, alias el Z-50, cuando éste fue capturado.

Según la versión de la Secretaría de Marina, luego de que se ubicó el domicilio del Z-50, un convoy de uniformados se dirigió al lugar, y al llegar, se percataron de que dos personas armadas ingresaban corriendo al inmueble, en donde, siempre según la versión oficial, el capo y sus dos escoltas fueron detenidos.

Como prueba de que así sucedieron los hechos, la Secretaría de Marina difundió un video en donde se ve a los marinos recorriendo el interior de un inmueble, sin embargo, el video no incluye el momento en que Carlos fue capturado, sino que el video pasa en corte directo del domicilio cateado a una avioneta de la que descienden los tres detenidos.

Tal como concluyó la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, este joven de 19 años no fue realmente capturado en compañía del Z-50, sino arrestado en un restaurante de pollos, donde comía con un amigo antes de partir a la escuela. La Marina lo eligió como chivo expiatorio, por llevar un tatuaje en un brazo.

Carlos fue acusado de dos delitos federales: delitos contra la salud, en su modalidad de portación de mariguana; y portación de armas y cartuchos de uso oficial de las Fueras Armadas.

La Marina, además, presentó como prueba en su contra el arma que supuestamente llevaba en las manos cuando fue capturado.

No obstante, la Procuraduría General de la República concluyó que dicha arma, una pistola calibre 9mm, no tenía las huellas dactilares de Carlos, aún cuando los marinos afirmaron que el joven, con sus propias manos, se las entregó “voluntariamente” al ser capturado.

Asimismo, al menos dos testigos confirmaron ante las autoridades que Carlos no fue capturado en el domicilio cateado por la Marina, ni en las circunstancias en las que la institución armada describió, sino en el restaurante de pollos donde comía.

Según la narración de Carlos, vertida ante el Ministerio Público, ese 26 de septiembre de 2012, “me encontraba en el domicilio de mi abuelita, con mi hermana (y) como a las cinco y media de la tarde salí con rumbo a la (avenida) Himno Nacional a verme con mi amigo, porque lo iba a llevar a la escuela donde yo estudiaba”.

Tras encontrarse con su amigo, continuó Carlos, “él me invitó un pollo antes de ir a la escuela, y nos introducimos al restaurante, y como a eso de las seis y diez, más o menos, entraron unos soldados, revisando al personal, y a mí se aproximó un oficial o soldado, me sacó del negocio, y al revisarme se percató que en mi muñeca izquierda tengo un tatuaje, y me empezó a decir que era una escoria de la sociedad y un malandrín, yo le dije que por qué me agarró, y él me puso contra la pared, poniéndome en la cara un trapo o algo, no sé que era, me tapó los ojos.”

Según su narración, Carlos fue esposado con las manos a la espalda, puesto a bordo de un vehículo (siempre con los ojos vendados), y conducido a un inmueble deshabitado, donde le descubrieron los ojos sólo para tomarle una foto y luego “inmediatamente me volvieron a tapar los ojos y me estuvieron golpeando no sé cuanto tiempo, perdí la noción”.

Entre los tormentos descritos están patadas en el estómago, golpes con la rodilla en la espalda, pisotones en los tobillos, además de que usaron un cuchillo para provocarle una cortada en el brazo y amenazarlo “con que me iban a sacar el músculo (…) varias veces me doblé y me caí al suelo por el dolor, me pegaban en la cabeza con algo duro, como un casco, me dejaban en paz un rato y después regresaban otra vez a golpearme (…) Esto sucedió como cinco ocasiones, en las últimas perdí el conocimiento, cuando eso pasaba me levantaban a patadas”.

Tres horas y media después de su captura, Carlos fue conducido a la Ciudad de México.

“Me sacaron del domicilio (donde lo torturaban), me subieron a otro vehículo y me subieron a un avión”.

Aún durante el vuelo hacia la capital del país, aseguró Carlos, los marinos lo mantuvieron con los ojos vendados, “me daban zapes para que agachara la cabeza y golpes en el estómago y las costillas”.

Sólo le retiraron el vendaje cuando el avión aterrizó, “para tomarme fotografías. Ahí me percaté de la presencia de otros dos sujetos más”.

Ese es el momento que registra el video difundido por la Marina, en el que los tres detenidos posan brevemente ante la cámaras de la prensa convocada, con la avioneta detrás, y luego se les ve irse, bajo custodia de marinos armados.

Después de que esas imágenes fueron capturadas en video, narró Carlos, “me ingresaron a una base, o no sé qué sería. Me golpearon ahí, me pusieron toallas y bolsas en la cara, para no permitir mi respiración. En la espalda tengo unas marcas que me dejaron, cuando me golpearon muy fuerte, no sé con qué me golpearon”.

Luego de aplicar el Protocolo de Estambul (establecido internacionalmente para la identificación de secuelas de tortura), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos constató que, efectivamente, Carlos fue torturado en un lapso de al menos 17 horas, para extraerle una confesión.

En el tiempo en que fue sometido a tortura, cabe destacar, Carlos ni siquiera estaba formalmente acusado algún delito, ya que no había sido puesto a disposición del Ministerio Público.

Tras llegar a la Ciudad de México (alrededor de las diez de la noche), Carlos fue retenido por la Marina otras 14 horas y entregado al MP hasta el día siguiente, por la tarde. Luego pasó 44 días arraigado, hasta el 12 de diciembre de 2012, cuando finalmente fue consignado ante un juez, quien determinó que había pruebas suficientes para iniciar un juicio en su contra: el arma, la droga y su confesión.

Cinco años y cuatro meses después de que Carlos fuera detenido por la Marina, aún continúa preso, “sujeto a proceso”.

Luego de revisar los expedientes judiciales acumulados en estos cinco años, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos concluyó que la detención de Carlos fue ilegal, al no haberse dado en el lugar y en las circunstancias expuestas por la Marina, tras detectar testimonios de al menos cinco personas que se encontraban comiendo en el mismo restaurante que el joven, y que pudieron confirmar que ahí fue separado de los comensales, cuando uno de los uniformados lo calificó como “otro tatuadito”, y por ello fue arrestado.

Igualmente, la CNDH determinó que el arma y la droga (12 kilos de mariguana), le fueron sembradas al joven, para poder inculparlo.

Por otra parte, la CNDH consideró falso que Carlos hubiese sido capturado en flagrancia, cuando intentaba huir de los marinos, mientras manipulaba un arma, ya que “si los hechos hubiesen sucedido en los términos señalados, dicha manipulación de las armas implicaría, en un alto grado de probabilidad, que al ser analizadas pericialmente se encontrase en éstas las huellas de los detenidos”, lo cual no ocurrió.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos también subrayó el hecho de que en el video que tomó la Marina durante el allanamiento en el que supuestamente capturó a Carlos, en realidad no se aprecia a nadie saliendo del lugar armado y luego intentando huir de los oficiales.

Asimismo, cuando la CNDH le consultó a la Marina por qué había tardado 17 horas en entregar a Carlos al Ministerio Público, la institución armada se limitó a responder que luego de la captura, tardó dos horas en embalar la evidencia, y el resto del tiempo se invirtió en coordinar el traslado aéreo.

La Marina no explicó “por qué se ocupó tiempo para exhibirlo a los medios, y no fue puesto a disposición de manera inmediata al MP”, destacó la CNDH, ni “dónde permaneció el detenido a su arribo al Aeropuerto (Internacional de la Ciudad de México)”.

Fue ya en la capital del país en donde Carlos fue sometido a asfixia y “me pegaron en la espalda con un objeto que sentía que me quemaba y me ardía mucho”.

Antes de ponerlo a disposición del MP, la Marina elaboró un reporte médico en el que se establecía que Carlos no presentaba ninguna lesión. Horas más tarde, el personal médico del Ministerio Público elaboró su propio reporte, en el que se señalaban todas las marcas que la tortura había dejado.

La CNDH destacó que no es su facultad expresarse sobre la inocencia o culpabilidad de Carlos en torno a los presuntos delitos por los cuales es juzgado, sí puede certificar que este joven es víctima de la violación a su derecho a la libertad y la seguridad personal, y a la integridad personal por actos de tortura, cometidos por el personal de la Marina, contra quienes, además, existe una investigación penal desde hace cinco años, que no ha arrojado ninguna conclusión.

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Clare Freer

Parosmia: desde que tuve COVID-19, la comida me da ganas de vomitar

Muchas personas descubren que las cosas no huelen bien después de padecer COVID y que la mayoría de los alimentos huelen y saben repugnantes.
Clare Freer
26 de febrero, 2021
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Muchas personas con COVID-19 pierden temporalmente el sentido del olfato.

A medida que se recuperan, este por lo general regresa, pero algunos descubren que las cosas huelen diferente y algunas que deberían oler bien, como la comida, el jabón y sus seres queridos, huelen repulsivamente.

El número de personas con esta afección, conocida como parosmia, aumenta constantemente, pero los científicos no están seguros de por qué ocurre o cómo curarla.

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BBC

Clare Freer termina llorando cada vez que intenta cocinar para su familia.

“Me mareo con los olores. Un olor podrido invade la casa en cuanto se enciende el horno y es insoportable”, describe.

La mujer de 47 años de Sutton Coldfield, Reino Unido, ha estado padeciendo parosmia durante siete meses y dice que muchos olores cotidianos le resultan repugnantes.

Las cebollas, el café, la carne, las frutas, el alcohol, la pasta de dientes, los productos de limpieza y los perfumes le dan ganas de vomitar.

El agua del grifo tiene el mismo efecto (aunque no el agua filtrada), lo que dificulta el lavado.

“Ya ni siquiera puedo besar a mi pareja”, dice.

Clare contrajo COVID-19 en marzo del año pasado y, como muchas personas, perdió el olfato como resultado.

El sentido regresó brevemente en mayo, pero en junio Clare empezó a rechazar sus comidas para llevar favoritas porque tenían un aroma rancio y cada vez que algo entraba en el horno había un olor abrumador a productos químicos o algo quemado.

Desde el verano lleva una dieta de pan y queso porque es todo lo que puede tolerar.

“No tengo energía y me duele todo”, cuenta. También la ha afectado emocionalmente. Dice que llora la mayoría de los días.

“Aunque la anosmia no fue agradable, pude seguir con mi vida normal y seguir comiendo y bebiendo”, dice Clare. “Viviría con eso para siempre, si eso significara deshacerme de la parosmia”.

Clare disfruta de un día de mimos con su hija mayor: el perfume ahora huele repugnante para ella.

Clare Freer
En esta foto se la puede ver a Clare Freer disfrutando de un día de mimos con su hija mayor. Ahora el perfume de sus seres queridos huele repugnante para ella.

El médico de cabecera de Clare dijo que nunca antes se había encontrado con un caso así.

Asustada y desconcertada, buscó respuestas en Internet y encontró un grupo de Facebook con 6.000 miembros creado por la organización benéfica de pérdida de olores AbScent.

Casi todos habían comenzado con anosmia derivada de la COVID-19 y terminaron con parosmia.

“Los descripciones comunes de los diferentes olores de parosmia incluyen: muerte, descomposición, carne podrida, heces“, dice la fundadora de AbScent, Chrissi Kelly, quien creó el grupo de Facebook en junio después de lo que describe como un “maremoto” de casos de parosmia por COVID-19 .

La gente usó frases como “aguas residuales con sabor a fruta”, “basura empapada y caliente” y “perro mojado rancio”.

A menudo, luchan por describir el olor porque no se parece a nada que hayan encontrado antes y eligen palabras que transmiten su disgusto.

Alrededor del 65% de las personas con COVID pierden el sentido del olfato y el gusto y se estima que alrededor del 10% de ellos desarrollan una “disfunción olfativa cualitativa”, es decir, parosmia u otra afección, fantosmia, cuando huele algo que no se encuentra en el lugar.

Si esto es correcto, 6.5 millones de personas de los 100 millones que han tenido COVID-19 en todo el mundo pueden estar experimentando parosmia prolongada por COVID.

Short presentational grey line

BBC

La doctora Jane Parker, científica especialista en sabor de la Universidad de Reading, Reino Unido, estaba estudiando la parosmia antes de la pandemia, cuando era una condición aún más rara.

Una teoría sobre el origen de los olores horribles que experimentan las personas que viven con parosmia es que solo perciben algunos de los compuestos volátiles que contiene una sustancia y que huelen peor de forma aislada. Incluso podría aumentar su intensidad.

Por ejemplo, el café contiene compuestos de azufre que huelen bien en combinación con todas las demás moléculas que le dan al café su aroma agradable, pero no cuando se huele solo.

Consultando con varias personas del grupo de Facebook AbScent parosmia, Parker y su equipo han descubierto que la carne, las cebollas, el ajo y el chocolate provocan habitualmente una mala reacción, junto con el café, las verduras, la fruta, el agua del grifo y el vino.

Jarra de café.

Getty Images
Para la mayoría de las personas que padecen de parosmia, el café sabe muy mal.

Muchas otras cosas huelen mal para algunos de los voluntarios y nada huele bien para todos ellos “excepto quizás almendras y cerezas”.

Ellos, y otros con parosmia, describen repetidamente algunos malos olores, incluido uno que es químico y ahumado, uno que es dulce y enfermizo, y otro descrito como “vómito”.

La investigación de Parker también ha encontrado que los malos olores pueden permanecer con los parósmicos, como se les llama, durante un tiempo inusualmente largo.

Para la mayoría de las personas, el olor a café permanecerá en sus fosas nasales durante unos segundos. Para los parósmicos, podría quedarse durante horas, incluso días.


Consejos para afrontar la parosmia

  • Consume alimentos a temperatura ambiente o fríos
  • Evita los alimentos fritos, carnes asadas, cebollas, ajo, huevos, café y chocolate, que son algunos de los peores alimentos para los parósmicos.
  • Prueba alimentos suaves como arroz, fideos, pan sin tostar, verduras al vapor y yogur natural.
  • Si no puedes tolerar la comida, considera batidos de proteínas sin sabor

Fuente: AbScent


Barry Smith, líder británico del Consorcio Global para la Investigación Quimiosensorial, dice que otro descubrimiento sorprendente: “lo bueno es malo y lo malo es bueno”.

“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”, describe.

“Es como si los desechos humanos ahora huelen a comida y la comida ahora huele a desechos humanos”.

Baño.

Getty Images
“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”.

Entonces, ¿qué causa la parosmia?

La hipótesis predominante es que resulta del daño a las fibras nerviosas que transportan señales desde los receptores en la nariz hasta las terminales (glomérulos) del bulbo olfatorio en el cerebro.

Cuando estos vuelven a crecer, ya sea que el daño haya sido causado por un accidente automovilístico o por una infección viral o bacteriana, se cree que las fibras pueden volver a adherirse a la terminal incorrecta, dice Parker.

“¡Están en la sala de reuniones equivocada! Esto se conoce como cableado cruzado y significa que el cerebro no reconoce el olor y quizás está programado para pensar en él como un peligro”, detalla.

La teoría es que, en la mayoría de los casos, el cerebro, con el tiempo, corregirá el problema, pero Parker se muestra reacio a decir cuánto tiempo llevará.

“Debido a que muy pocas personas tenían parosmia antes de la COVID-19, no se estudió mucho y la mayoría de la gente no sabía qué era, por lo que no tenemos datos históricos. Y tampoco tenemos datos para COVID-19 porque eso podría llevar años”, asegura.

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BBC

Aparte de esperar a que el cerebro se adapte, no hay cura, aunque AbScent cree que el “entrenamiento del olfato” puede ayudar.

Consiste en oler regularmente una selección de aceites esenciales uno sobre otro, pensando en la planta de la que se obtuvieron.

Clare Freer ha estado haciendo esto y dice que el limón, el eucalipto y el clavo de olor han comenzado a oler levemente como deberían, pero que no registra nada en el caso de la rosa.

Algunos parósmicos han adaptado su dieta para hacer más llevadero vivir con la enfermedad.

Dos hermanas, Kirstie, de 20 años, y Laura, de 18, de Keighley, Reino Unido, están haciendo lo mismo, aunque tomó un tiempo descubrir cómo llevarlo a cabo y al mismo tiempo vivir en armonía con sus padres.

Una vez, las hermanas tuvieron que correr por la casa y abrir las ventanas, cuando sus padres llegaron con pescado y papas fritas, “porque el olor es horrible”, describe Laura.

Sus padres, en cambio, se han cansado de las especias picantes con las que cocinan las hermanas, para enmascarar los sabores desagradables y darles lo que para ellas es un toque de sabor.

Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

BBC
Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

“Algunas personas nos dicen que simplemente debemos alimentarnos y comer de todos modos. Lo intentamos, pero es muy difícil comer alimentos que saben podridos“, dice Kirstie.

“Y luego, durante los próximos tres días, tendré que vivir con ese olor que se filtra en mi sudor. Es uno de los olores más angustiantes y me siento sucia constantemente”, detalla.

Ahora se han dado cuenta de que los alimentos de origen vegetal saben mejor y disfrutan de platos como la boloñesa de lentejas y el risotto de calabaza.

“La carne es un alimento que ahora evitamos. Encontrar buenas recetas que nos gusten ha hecho que sea mucho más fácil de afrontar”, afirma Kirstie.

“Hemos tenido que adaptarnos y cambiar nuestra forma de pensar porque sabemos que podríamos estar viviendo con esto durante años y años”, se resigna.

La pérdida del olfato a menudo afecta la salud mental

Jane Parker señala que la pérdida del olfato ocupa un lugar muy bajo en la lista de prioridades para quienes enfrentan la pandemia, pero ella y Barry Smith dicen que a menudo afecta la salud mental y la calidad de vida.

“Es sólo cuando pierdes el sentido del olfato que te das cuenta de cuánto fue parte de la esencia de tu experiencia”, explica Smith.

La conexión humana, el placer y los recuerdos están ligados al olfato, señala.

“Te dicen que se sienten aislados de su propio entorno, ajenos. Ya no encuentran ningún placer en comer y pierden esa cercanía tranquilizadora de poder oler a las personas que aman”, describe.

Mientras que Clare Freer extraña los días en que le gustaba el olor de su esposo cuando salía de la ducha, Justin Hyde, de 41 años, de Cheltenham, en el suroeste de Reino Unido, nunca ha olido el aroma de su hija nacida en marzo de 2020.

Justin no asistió al festival de carreras de caballo de su ciudad en el mismo mes, pero conoce a personas que sí lo hicieron, y no mucho después contrajo el virus, perdiendo el sentido del gusto y el olfato.

Justin Hyde

Justin Hyde
Justin Hyde ya no disfruta de una visita a una cervecería al aire libre porque no puede tolerar el sabor de la cerveza.

Tuvo una recuperación de los sentidos en julio, pero luego el café comenzó a oler extraño, y rápidamente las cosas empeoraron.

“Casi todos los olores se volvieron extraños”, puntualiza. “Los huevos me repelen físicamente y no puedo disfrutar de la cerveza o el vino, ya que tienen un sabor que simplemente llamo COVID”.

Al igual que Kirstie y Laura, él descubrió que algunos platos sin carne son comestibles, incluido el curry de verduras, pero no habrá más visitas a las cervecerías mientras dure su parosmia y ni desayunos con alimentos fritos.

“Todos esos placeres que damos por sentado han desaparecido desde que tuve COVID. Siento que estoy roto y ya no soy yo“.


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