Los polémicos experimentos con humanos y monos de la industria automovilística alemana
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Los polémicos experimentos con humanos y monos de la industria automovilística alemana

El gobierno alemán denunció que algunas empresas automovilísticas financiaron estudios en los que humanos y monos inhalaron gases emitidos por vehículos.
EPA
Por BBC Mundo
29 de enero, 2018
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Activista en Alemania con una pancarta contra los motores diésel.

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La contaminación de los motores diésel sigue causando polémica en Alemania.

La industria del automóvil de Alemania están bajo sospecha.

El gobierno alemán denunció que algunas empresas automovilísticas financiaron estudios en los que humanos y monos inhalaron gases emitidos por vehículos con motores diésel.

El objetivo, apunta la prensa alemana, era conocer los efectos que pueden tener en la circulación sanguínea y en el sistema respiratorio.

Según medios alemanes, el estudio lo realizó la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el Transporte (EUGT, por sus siglas en alemán), una institución financiada por los fabricantes de Volkswagen, Mercedes y BMW, y que fue disuelta el año pasado.

La BBC no ha tenido acceso al estudio en sí mismo pero, de acuerdo con la información que aparece en la prensa de Alemania, fue publicado en 2016.

Oficinas de Volkswagen

Getty Images
Volkswagen se ha visto envuelta en varios escándalos.

Ya en 2015, Volkswagen se vio en un escándalo por haber manipulado las pruebas para las emisiones contaminantes de sus autos diésel en Estados Unidos.

El escándalo provocó la salida jefe de la compañía, Martin Winterkorn.

“Abominables”

El gobierno alemán aseguró que este tipo de prácticas no pueden justificarse y pidió más detalles.

“Estos tests en humanos y en monos no se pueden justificar de ninguna manera”, dijo el portavoz de la canciller Angela Merkel, Steffen Seibert.

La ministra de Medio Ambiente alemana, Barbara Hendricks, los calificó de “abominables” y se mostró sorprendida con que algún científico haya accedido a llevarlos a cabo.

La empresa Daimler, fabricante de Mercedes-Benz, también condenó los experimentos mientras que VW sigue envuelta en el escándalo del software que daba datos falsos sobre las emisiones de gases diésel.

Símbolo de Mercedes-Benz.

Getty Images
Daimler, la empresa fabricante de Mercedes-Benz financiaba junto a otras dos grandes marcas la EUGT, disuelta en 2017.

Stephan Weil, del Partido Socialdemócrata alemán y miembro del consejo de supervisión de VW, dijo que estos estudios eran “absurdos y horrendos”.

La organización EUGT se disolvió el año pasado por decisión de los fabricantes.

¿Cómo eran los tests?

El fin de semana, la emisora del diario Stuttgarter Zeitung de Alemania y la estación de radio de SWR dijeron que 19 hombres y seis mujeres fueron sometidos a la inhalación de gases de diésel en un experimento de EUGT.

Durante un mes, los ensayos se llevaron a cabo en Aachen, al oeste de Alemania.

En ellos se sometía a los participantes a varios niveles de concentración de gases con un alto contenido óxidos de nitrógeno tóxico.

Ya el pasado jueves, The New York Times informó de que EUGT había llevado a cabo unos experimentos para contrarrestar una decisión de la Organización Mundial de la Salud, que en 2012 que clasificó a los gases de diésel como cancerígenos.

Según el periódico estadounidense, en 2014 EUGT encerró a 10 monos en una cámara hermética para someterlos a este tipo de gases emitidos por varios modelos de automóviles, incluido el VW Beetle diésel.

Modelo Volkswagen Beetle en un concesinario de Estados Unidos.

Getty Images
El anterior escándalo en la manipulación de las pruebas del nivel de gases contaminantes afectó a 11 millones de vehículos de la marca.

Las pruebas, según esta información, se llevaron a cabo en un laboratorio en Albuquerque, Nuevo México (Estados Unidos).

Investigación

El sociademócrata Weil dijo que “debe hacerse una investigación, no valen excusas”.

Daimler condenó el domingo los experimentos y aseguraron sentirse “consternados por el alcance de los estudios y su implementación”.

Como reacción a la nota del The New York Times sobre los experimentos con monos, VW dijo en su cuenta de Twitter que la compañía “se distancia de forma clara y explícita de todas las formas de abuso de animales“.

“Sabemos que los métodos científicos que usó EUGT estaban equivocados y pedimos disculpas por ello”.

Reducir la contaminación de sus vehículos se ha convertido en un desafío para la industria automovilística en Alemania.

Un nuevo estudio del especialista alemán Ferdinand Dudenhöffer asegura que los niveles de contaminación por carros diésel siguen siendo muy altos en 10 ciudades alemanas así que es probable que se prohíba la circulación de estos vehículos si no realizan cambios en su motor.

Mano de hombre limpia símbolo de BMW

Getty Images
Las marcas de coches están intentando limpiar su mala imagen por las emisiones de gases diésel.

De acuerdo con esta investigación, las mejoras en el sistema de software que controla los niveles de contaminación del automóvil no serán suficientes para resolver el problema.

Múnich, Colonia, Stuttgart, Hamburgo y Düsseldorf están entre las ciudades alemanas con los niveles más altos de contaminación en el aire.


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Foto: Carlo Echegoyen

“Se aferraron a un lugar”: Así fue el Grito a las orillas del Zócalo

Por las calles de Madero y Pino Suárez anduvieron cientos de personas que intentaban llegar al Zócalo para ver de cerca el Grito de Independencia del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Foto: Carlo Echegoyen
16 de septiembre, 2021
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Si a la señora Eva Frías le dieran a elegir, hubiera preferido vivir en la época del movimiento de Independencia, aunque de esta vida, la que le tocó vivir vendiendo boletos de la Lotería Nacional a sus 71 años, tampoco se arrepiente.

“Esos eran otros tiempos, donde lucharon para tener una tierra, lograron que México sea libre. No hay otro país así como el de nosotros: aquí es la gloria. Los mexicanos somos libres –sólo no están libres los que están en el reclusorio”, dice desde su negocio ubicado cerca de Reforma.

¿Qué es ser mexicano? Pregunta paciana. Es desobedecer e ir a donde uno no fue invitado.

Por las calles de Madero y Pino Suárez anduvieron cientos de personas que intentaban llegar al Zócalo para ver de cerca el Grito de Independencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, a pesar de que había pedido a la gente no presentarse para cuidarse de la pandemia.

Algunos, sabiendo que no podrían pasar, igual fueron e intentaron suerte, chicle y pegaba, que aquí mucho se sabe de hacer las cosas a la brava.

Foto: Carlo Echegoyen

Mescolanza de símbolos. Por aquí pasaron personas con la playera de la Selección Mexicana; con sombreros charros y sombreros “Zapata”; con atuendos indígenas; con lazos tricolores en las trenzas y diademas lumínicas; con bigotes postizos encima de los cubrebocas; con banderas de México y matracas en una mano, y en la otra la figura de la Santa Muerte; las caras pintadas de verde, blanco y rojo. De los negocios ambulantes sonó la música, corridos y salsas, y por Madero chillaron las cornetas de plástico y los vivas de la gente, que para dar el Grito no hace falta ser presidente.

Algunos ejercieron su mexicanidad cruzando la calle aún con el semáforo en verde y colándose por donde se pudiera.

Foto: Carlo Echegoyen

A diferencia del año pasado, esta vez hubo una porosidad o permisividad que permitió a las personas transitar por las calles aledañas al Zócalo y aproximarse a unos metros. Allí mismo, tras las vallas vigiladas por policías capitalinos, se aferraron a un lugar, como Sergio Callejas, que no por nada vino de tan lejos -desde Arizona- con todo y su familia para ver el Grito, sí, pero también para acompañar al presidente, hacerle sentir que no está solo, no como en septiembre de 2020 cuando López Obrador le dio su grito al silencio.

Para algunos, como para este migrante, ser mexicano es ser militante.

“López Obrador ha hecho mucho con poco y se está viendo lo que está haciendo. Los que tuvieron la oportunidad de hacerlo cuando había, no lo hicieron, se robaron todo. Es un orgullo para mí ser mexicano, es un orgullo la oportunidad que nos dio la vida para presenciar el gobierno de este señor”, dice Callejas con la voz quebrándosele.

Él, que ha vivido más de 30 años fuera del país –se fue luego de que Salinas ganó la elección de 1988–, no cree que México sea un país independiente, porque ni Estados Unidos ni España ni los partidos políticos le han dejado crecer, dice.

Allá, muchos metros adelante, horas más tarde, López Obrador gritará sus vivas a esa libertad y soberanía de la que muchos se acuerdan únicamente cada 15 de septiembre.

En su plantón frente a Bellas Artes, alejada por varias calles, entre lonas y carpas donde habitan familias de desplazados forzados de Oaxaca, Venustiana López, una maestra indígena de la comunidad triqui, no oyó que el presidente también lanzó vivas a “las culturas del México prehispánico”.

“Del presidente no se espera más, él nada más nos recuerda (en el discurso), y en la vida real no soluciona problemas de los indígenas o de los que en verdad queremos ser independientes”, dice. “Habla mucho de que primero los pueblos originarios, pero hasta el momento no vemos la solución, no vemos que sea su palabra, no vemos nada. Somos mexicanos, pero no estamos muy de acuerdo con lo que está haciendo el presidente”.

A los mexicanos les da por suplir ausencias. Ante una plancha vacía del pueblo, López Obrador, parado junto a su esposa, la escritora Beatriz Gutiérrez, vio un espectáculo de luces que le recordará que en este Zócalo se fundó Tenochtitlan, este mismo centro seminal que ayer estuvo vacío de su gente, arrinconada a las orillas.

“Veo mal que está restringido, trato de entender por qué, cuando él ha dicho que es del pueblo y para el pueblo y que a él siempre lo íbamos a cuidar nosotros mismos; yo, siendo indígena, quisiera estar ahí. ¿De qué sirve que no traiga guaruras si nos hace estas cosas?”, se cuestiona Raquel Díaz Gutiérrez, una líder de pescadores de Oaxaca.

Desde su balcón en Palacio Nacional, López Obrador vio también la silueta lumínica de Quetzalcóatl donde hace un año vio las caras de los héroes de la Independencia, los vengadores de los vencidos, proyectadas en los edificios que circundan el Zócalo. En sus arengas vuelven a aparecer Hidalgo, Morelos, Josefa Ortiz, Allende, Vicario, Guerrero y, genéricamente, los “héroes anónimos”. ¿Quiénes son?

Lila Downs suple la ausencia, da rostro a la generalización, en su canción “América Latina”, que resulta ser de las preferidas del mandatario: “soy la fotografía de un desaparecido”, canta en el país de las desapariciones; “mano de obra campesina para tu consumo”, “soy lo que sostiene mi bandera”.

Omar Jonathan, solitario, está sentado entre banderas de México, vestidos, matracas, guitarras de juguete y pinturas, viendo cómo la humanidad se transforma. Cada 15 de septiembre él y su familia viajan a la CDMX desde San Antonio Pueblo Nuevo, Toluca, para vender. ¿Qué es lo que más extraña este joven que en sus piernas carga a su perrita Chihuahua vestida con sombrerito y un vestido? A las personas que se tocan, dice.

“Más que vender, lo hacías con amor y con pasión a tu trabajo porque ves a la gente y la ganancia era buena, pero más era la unidad con el prójimo, relacionarse; ahora las cosas son diferentes, de lejitos, entre menos te me acerques es mejor, si no te sanitizo no te toco, cosas así”, dice.

Los mexicanos también ejercen esa fraternidad que resaltó el presidente en su arenga. Omar Jonathan dice estar orgulloso de haber aprendido cómo fabricar una matraca o un vestido –“todo eso me llena de amor a mis antecesores”—, y Claudia Dorantes, otra comerciante, presume ser hija, nieta y bisnieta de una familia que ha vivido de vender boletos de la Lotería Nacional: “yo soy muy mexicana porque sigo vendiendo billetes y es una tradición de más de 240 años”, resume.

México es un país, pero el patriotismo no tiene lugar fijo. Mucha gente que no pudo entrar al Zócalo decide marcharse, pues la vida sigue. Frente a Bellas Artes hay bares abiertos y, en la calle, parejas aleatorias practican pasos de salsa y cumbia. Hay gente tomándose fotos con artistas disfrazados de revolucionarios; hace ya horas que se marcharon los organilleros.

A los mexicanos, que son dados al esoterismo, les llama la atención una calavera que lleva por túnica una prenda que asemeja la bandera de México. A cambio de propinas, esa calavera obsequia papeles que descifran el destino de las personas en el dinero, el amor y la salud.

Una mujer joven entrega su propina y recibe la clave de su destino de manos de la calavera que bien podría ser una alegoría del país. Lo lee en voz baja, pero rehúsa revelar el contenido.

“Es de mala suerte”, explica.

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