No nos quieren dar nombres de policías, ni el número de placas, acusan familiares de Marco Antonio
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Especial

No nos quieren dar nombres de policías, ni el número de placas, acusan familiares de Marco Antonio

La SSPCDMX informó que presentó a los policías que detuvieron al adolescente ante la Fiscalía Antisecuestros; sigue la búsqueda del joven.
Especial
Por Redacción Animal Político
27 de enero, 2018
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Familiares de Marco Antonio Sánchez Flores, estudiante de 17 años desaparecido desde el pasado 23 de enero, acusaron el sábado que autoridades de la Ciudad de México no les dan información sobre los policías que detuvieron al menor.

“No nos quieren dar nombres de policías, ni el número de sus placas, ni el número de la patrulla, y aparte la patrulla iba escoltada con dos motos, como si fuera un criminal”, dijo Magnolia, hermana del estudiante, al acudir a la Fiscalía Antisecuestro, de acuerdo con un reporte de Reforma. 

“No hay contacto, no hay señales de él, parece como si se lo hubiera tragado la tierra porque ellos (los policías) dicen ‘lo bajamos’, pero ¿a dónde?”, agregó.

La Red por los Derechos de la Infancia en México, en un comunicado, señaló que las autoridades han mantenido una “actitud negativa con la familia, negando información sobre los policías que se llevaron a su hijo”.

La tarde del 23 de enero, cerca del Metrobús Rosario, policías acusaron a Marco Antonio de querer asaltar a una persona, a la que solo le había pedido ayuda para tener una foto, con un grafiti de fondo, que le había gustado, según relató uno de sus amigos, testigo de lo ocurrido.

Los policías insistieron en acusar a Marco Antonio, comenzaron a revisarlo, y ante su insistencia decidió correr. Los agentes lo alcanzaron dentro de la estación del Metrobús Rosario y lo golpearon.

Esposaron a Marco, lo subieron a una patrulla y se lo llevaron. Roberto tomó una foto del momento en que los policías sometían al estudiante y preguntó a dónde lo llevarían. Le respondieron que sería trasladado al Ministerio Público 40 ubicado en Azcapotzalco, pero eso no ocurrió.

La Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México (SSPCDMX) presentó a los policías involucrados en la detención y desaparición de un joven ante la Fiscalía Antisecuestros, a través de la Dirección General de Asuntos Internos, informó la dependencia en un comunicado.

La dependencia capitalina informó que se efectúan los protocolos aplicables para el caso, a fin de esclarecer los hechos y dar con el paradero de Marco Antonio Sánchez Flores, de 17 años.

En tanto, la Procuraduría capitalina solicitó a la Secretaría de Seguridad Pública que “mantenga disponibles y ubicados a los cuatro elementos que ese día tuvieron contacto con el menor de edad. Asimismo, se recabaron las entrevistas de dichos policías y de testigos de los hechos”.

Este sábado, a las 13:00 horas, los familiares del joven se presentaron a la Fiscalía Antisecuestros, donde sostuvieron una reunión con las autoridades, mientras que afuera amigos y otros familiares exigieron la aparición del estudiante de preparatoria.

El Instituto de Justicia Procesal Penal (IJPP) se pronunció sobre el acontecimiento y exigió a las autoridades la presentación de Marco Antonio en un caso que consideró como desaparición forzada; sin embargo, la SSPCDMX lo calificó como secuestro al haber turnado el caso a la fiscalía especializada en dicho delito.

Leer también: Menor desaparece tras ser detenido por policías de la CDMX; padres dicen que sólo tomaba fotos

En un comunicado, el IJPP señaló como responsables a los policías que realizaron la detención de Marco Antonio, así como al secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Hiram Almeida, al agente del ministerio público número 40, a cargo de Sara del Pilar Gómez Martínez, y de Gerardo Olvera, comandante de la Policía.

Asimismo, indicaron que los padres de Marco Antonio promovieron un juicio de amparo indirecto contra la desaparición forzada del adolescente ante el Juzgado Cuarto de Distrito de Amparo en Materia Penal del Primer Circuito con sede en la Ciudad de México.

De igual forma, la Red por los Derechos de la Infancia en México exigió a las autoridades presentar con vida al adolescente, junto con la detención de los elementos de la ‘Unidad Hormiga’ de la SSPCDMX, y que el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, reconozca la existencia del crimen organizado dentro de la corporación.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a la que pertenece la Preparatorio 8, donde estudia Miguel, exigió la aparición del joven.

La tarde del pasado 23 de enero Marco Antonio Sánchez Flores de 17 años tomaba una fotografía a un mural en las inmediaciones del Metrobús El Rosario cuando fue detenido por tres policías capitalinos, que lo golpearon y se lo llevaron en una patrulla, narró su amigo Roberto, único testigo de lo ocurrido.

De acuerdo con el padre del joven, éste se encontraba fotografiando a una persona junto a un mural, cuando los policías llegaron y lo acusaron de estar asaltando a quien le posaba para la foto.

Marco Antonio iba acompañado de un amigo, quien tomó una foto de la detención y agresión. Horas más tarde, sus padres fueron a buscarlo a la agencia 40 del MP, donde le dijeron que su hijo no estaba en ese lugar y no le dieron facilidades para levantar la denuncia por desaparición.

La Procuraduría investiga las cámaras del C-5

La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ) informó que realiza investigación de campo y gabinete para encontrar al joven de 17 años.

La PGJ refirió que solicitó a la  Secretaría de Seguridad Pública que mantenga disponibles y ubicados a los cuatro agentes que realizaron la detención del menor. Además, recabaron información de entrevistas con los policías involucrados y testigos.

Asimismo, buscan a Marco Antonio en hospitales, anfiteatros, centros de reclusión, procuradurías y fiscalías de todo el país, y en la PGR.

Se realizan análisis de los videos del C-5 y del Metrobús, de donde fue privado de la libertad el joven.

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El épico viaje de un grupo de estudiantes en un autobús viejo más allá de la Cortina de Hierro

En el verano de 1968, un grupo de amigos adaptó un autobús de dos pisos y se fueron de viaje en él por Europa del Este. Se encontraron con tanques soviéticos, una escasez de cerveza rumana y un peligroso paso de montaña yugoslavo.
24 de octubre, 2020
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The gang in front of the bus in Pisa

1968 CRD253 Group
De Escocia a Estambul vía Pisa.

En el verano de 1968, un grupo de amigos adaptó un autobús de dos pisos y se fueron de viaje en él por Europa del Este.

Patrocinado por dos fabricantes de whisky escocés, se encontraron con tanques soviéticos, una escasez de cerveza rumana y un peligroso paso de montaña yugoslavo.

El autobús era un antiguo AEC Regent MkII de Reading Transport Corporation, un modelo que ahora tiene su propia página de Wikipedia y un público fiel.

Luego de servir por mucho tiempo al público, el autobús estaba estacionado con una variedad de reliquias desechadas afuera de un garaje en Spittalfield, una pequeña ciudad al norte de Perth, en Escocia.

Ian Jack y su amigo Dave Stickland tenían vagos planes para algún tipo de viaje de verano.

Pasando por delante del garaje un día de mayo de 1968, los estudiantes vieron los autobuses y, por capricho, se detuvieron para preguntar el precio de los un piso.

Costaban unos US$520, increíblemente caros.

Pero, justo cuando se iban, el dueño del garaje los llamó y les ofreció uno de dos pisos, con menos demanda, por la mitad del precio.

Comprar un vehículo tan grande era “una idea ridícula”, por lo que declinaron y se fueron, dice Ian.

“Pero luego regresamos a la universidad y se corrió la voz y, de repente, la gente quiso darme algo de dinero para comprarlo”.

El viaje

El viaje estaba en marcha. La joya de la ingeniería británica construida en Southall estaba a punto de encontrarse con la Europa continental.

Quitaron los asientos para dar espacio a los colchones donados por su universidad, St Andrews.

Compraron trozos de alfombra, y Wendy Scott, una de las doce compañeras de viaje, hizo cortinas para la cubierta superior, tanto para las ventanas como para colgarlas en los dormitorios, para dar a las cinco estudiantes a bordo algo de privacidad.

Map of the entire route

Google
No había Google Maps en 1968.

Los arreglos para dormir eran algo en lo que la prensa local estaba particularmente interesada.

Instalaron una pequeña cocina y armaron una ducha improvisada con agua calentada por el sistema de enfriamiento del motor del autobús.

No había retrete, solo una pila de papel higiénico y la aceptación de que cualquier llamada de la naturaleza tendría que ser respondida al aire libre.

Intentamos que fuera cómodo“, dice Wendy, que ahora vive en Newcastle.

Bus parked near Hagia Sophia museum and the Blue Mosque in Istanbul

1968 CRD253 Group
Durante la estancia en Estambul, cerca de Santa Sofía.

“Tratamos de hacerlo habitable, porque sabíamos que íbamos a tener que dormir allí. Ya sabes, no hoteles ni nada. Tendríamos que dormir en este autobús durante 10 semanas”, agrega.

A veces dormían afuera si el clima lo permitía.

“Te despertabas por la mañana en la parte superior del bus, mirabas hacia abajo y allí estaba Ian, tocando la flauta, la gaita Absolutamente maravilloso. ¿Qué más quieres en esta vida?”, dice Wendy.

El camino

No es fácil precisar exactamente cuántos eran en total. Wendy recuerda 13, Ian piensa que 15.

Pero poco importa, ya que tenían la costumbre de recoger gente en el camino, por lo que su número fluctuaba constantemente.

Un soldado estadounidense, de vacaciones en Múnich, estaba tan atraído por el autobús que subió con su bicicleta y se quedó.

Un par de austriacos se unieron a ellos en Viena y no se fueron durante un mes. Uno, Klem, resultó ser chef y hábil en la “cocina” en la parte trasera del autobús, con su pequeña cocina de gas.

“Tuvimos mejillones y pollos… Ah, tuvimos comidas maravillosas”, dice Wendy, con melancólica.

Wendy Scott lying on a mattress on the beach by the Black Sea

1968 CRD253 Group
Wendy escribió un diario durante el viaje.

Recogieron los mejillones directamente del mar. Las gallinas, compradas vivas en un mercado, se volvieron locas en el autobús.

Dos días antes de llegar a Roma, Klem compró unos caracoles como regalo para su madre y los guardó en un gran cubo. A la mañana siguiente estaban por todas partes.

En Cluj, en el norte de Rumania, un viajero británico les dio las claves de cómo comprar cerveza durante lo que entonces era una escasez nacional.

Cuando el mismo problema se presentó en Bucarest, habían aprendido la lección.

“En ese momento sabíamos que la única forma de comprar cerveza era esperar en las puertas de la cervecería hasta que saliera un camión, luego seguirlo hasta su destino y pagar”, dice Ian.

Hanging out of the windows (l-r): Sarah Lowe, Wendy Scott, Rosemary Stanning. Just visible in the bus: Carol Cave and Margaret Hardisty (Hills). Outside: Roland Lisker, Klemens Hedenig, Dick Moore, Bryan Powell, Ian Jack, Dave Stickland, Mike Hughes, Nigel Hungerford, Sandy Scott

1968 CRD253 Group
El número de viajeros variaba de un país a otro.

El grupo había persuadido a la empresa de whisky escocés Teachers para que les pagara unos US$100 a cambio de un anuncio en el lateral del autobús y la promesa de repartir folletos promocionales escritos en inglés, francés y alemán.

“Recuerdo que iba por la autopista, cuando estábamos atrapados el tráfico, repartiendo folletos”, dice Wendy.

“La gente pensaba que estábamos locos“.

En Turquía y más allá

Conducir en Estambul era una “pesadilla” de calles estrechas llenas de gente, carretillas, carros tirados por burros y balcones colgantes.

Una calle se hizo más y más estrecha hasta que no pudieron ir más lejos.

“Los balcones daban contra el piso superior del autobús”, recuerda Ian. “Tuvimos que dar marcha atrás, cuesta arriba, provocando enormes perturbaciones en el tráfico”.

Para entonces, el autobús ya estaba bastante estropeado.

Se había quedado atascado debajo de un puente en la carretera a Núremberg y en otra ocasión se le habían desinflado los neumáticos.

The bus in Vienna by the parliament building on the Dr Karl Renner Ring

1968 CRD253 Group
Una productora de whiskey les dio algo de dinero por llevar un anuncio.

Luego, un día de agosto a la mitad del viaje, estuvieron a punto de caerse de la ladera de una montaña.

El camino era demasiado estrecho y la roca que sobresalía de un lado los obligó a alejarse tanto que las ruedas del autobús rozaron el borde del acantilado.

“Los lugareños se pararon frente al autobús tratando de persuadirnos de que no siguiéramos“, recuerda Margaret Hills, amiga de Ian, otra exmiembro del grupo.

“La pista estaba sin asfaltar, escombros de piedra caliza, estrecha, con voladizos en un lado y un precipicio en el otro. Fue tan aterrador”, dice.

Esto no sorprenderá a nadie familiarizado con el Paso de Cakor, una peligrosa carretera de montaña a través de Kosovo, entonces parte de Yugoslavia.

The bus on the very edge of the road on the Cakor Pass, Yugoslavia (Montenegro)

1968 CRD253 Group
El Paso de Cakor fue una de las carretera más peligrosa que tuvieron que atravesar.

Pero Ian tenía en una falsa sensación de seguridad por el nombre de la carretera, E27, que sonaba como una carretera principal.

La ruta, no obstante, pronto se deterioró hasta convertirse en una pista de grava con curvas cerradas alrededor de un desfiladero empinado.

“Algunas oraciones fueron pronunciadas incluso por los miembros ateos del grupo”, dice Ian. “Si hubiera sabido algo de esto de antemano, no hay forma de que me hubiera atrevido a intentar la E27”.

Otras peripecias

Después de viajar durante el día, estacionaban en cualquier lugar para pasar la noche: playas, apartaderos y, en una ocasión, un bosque en las afueras de Múnich que resultó ser un campo de tiro del ejército.

Un puente cerca del Danubio en Viena parecía agradable hasta que los drogadictos locales comenzaron a congregarse.

Visitaron tantos lugares que Wendy, ahora una viajera experimentada, no puede recordarlos todos.

Reflexionando sobre la clara evidencia de que fueron a un concierto en la famosa catedral de San Esteban de Viena, dice que “no tiene ningún recuerdo”.

Su diario dice que fueron, “así que definitivamente he estado allí”.

Ian, el cerebro del viaje, había recorrido parte de la ruta el año anterior en una motocicleta y un sidecar con Dave.

Conocía los mejores lugares para ir, dice Margaret, que ahora vive en Sandhurst. en Berkshire.

“Recuerdo que me llevaron por una ciudad con un calor sofocante similar y me dejaron en una piscina, que era la más fría que había experimentado. ¿Cómo diablos supo que estaba allí? Entonces no había wi-fi ni Google”.

Ian dice que tenían “algunos mapas razonables”.

Sin embargo, también tenían que tener cuidado con su dinero. A finales de los años 60, los controles destinados a mantener estable la economía significaban que la suma máxima de dinero que los viajeros británicos podían sacar del país era de 50 libras esterlinas.

Los pantalones vaqueros y bolígrafos occidentales resultaron ser una buena alternativa al dinero en efectivo y los amigos descubrieron un hospital en Kavala, en Grecia, que pagaba por donaciones de sangre.

También deseosos de no gastar más de lo necesario, idearon un plan para evitar un impuesto a los pasajeros que viajaban a Yugoslavia.

Después del puesto fronterizo griego, se bajaron del autobús y caminaron, fingiendo estar solo de paso, y se volvieron a subir una vez pasado el punto de control yugoslavo, no sin antes tener que hacer una larga caminata que los dejó de mal humor.

Las fronteras

Los cruces fronterizos no siempre fueron fáciles: el grupo generalmente fue interrogado y con frecuencia registrado.

En Bulgaria, los funcionarios de aduana sospecharon que transportaban artículos de contrabando.

“Me obligaron a pasar por un foso de inspección que me dio una oportunidad útil, y la única, de revisar la parte inferior del autobús mientras los guardias fronterizos buscaban drogas o lo que sea”, recuerda Ian.

Cruzar el Telón de Acero hacia Hungría fue difícil y lento, pero por diferentes razones que solo se hicieron evidentes más tarde, dice.

The Red Army and the troops of four other member countries of the Warsaw Pact (Hungary, Poland, Bulgaria and East Germany) invade Czechoslovakia, 21 August 1968

Keystone-France/Getty Images
Fue un año inestable en esa parte de la Cortina de Hierro.

Al ver un gran número de transportadores de tanques rusos, estaban “muy conscientes” de que algo se estaba gestando, dice Wendy. Pero no sabían qué y no se quedaron mucho tiempo.

Unas semanas más tarde, en la noche del 20 al 21 de agosto, Hungría se unió a otros cuatro países del Pacto de Varsovia -Polonia, Bulgaria, Alemania Oriental y la Unión Soviética – en la invasión de Checoslovaquia.

Los amigos acababan de evitar la Operación Danubio, la represión militar soviética a la Primavera de Praga, un intento de cuatro meses de los checos por recuperar parte del control de su país de manos de Moscú.

El regreso

Pero cuando los tanques se preparaban para cruzar la frontera, Ian y el grupo ya estaban de camino a casa, cruzando el Canal en el ferry de Dunkerque a Dover.

Wendy regresó pronto a Dundee con seis peniques en el bolsillo y las primeras 7.500 millas de lo que se convertiría en toda una vida de viajes.

La relación de Ian con el autobús duró un poco más. A principios de septiembre de 1968, lo condujo por última vez, de regreso a Aalst en Bélgica, donde estaba un hombre que había querido comprarlo cuando pasaron por la ciudad por primera vez dos meses antes.

The bus in 1981 in Meer, near the town of Aalst in Belgium

Ian Charlton
El bus en 1981.

Terminó como la carroza ganadora en el Carnaval de Aalst del año siguiente.

Y si los fanáticos del músico Cliff Richard encuentran que toda esta historia recuerda a su película de 1963 Summer Holiday, con el autobús, el grupo de amigos, el canto, el baile y la ocasional y peligrosa pista de montaña yugoslava, Ian dice que ni siquiera los inspiró.

La película pasó inadvertida para ellos por completo y todavía no la ha visto.


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