Con EPN, el registro de tomas clandestinas en ductos de Pemex supera por ocho veces al de Calderón
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Con EPN, el registro de tomas clandestinas en ductos de Pemex supera por ocho veces al de Calderón

Entre 2013 y 2017, Pemex ha registrado 28 mil 736 perforaciones a ductos para el robo de combustible; de 2007  a 2011, fueron 3,230 tomas clandestinas.
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Por Ernesto Aroche Aguilar
7 de febrero, 2018
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En materia energética el sexenio de Enrique Peña Nieto será recordado no sólo por la apertura a empresas transnacionales como la estadounidense Shell o la inglesa BP, sino también por el crecimiento exponencial de la perforación de ductos para el robo de combustible: en cinco años de gobierno, ese fenómeno delictivo ha repuntado 790%, de acuerdo con datos de Petróleos Mexicanos (Pemex).

La empresa productiva ha contabilizado un total de 28,736 tomas clandestinas en todo el país, entre 2013 y 2017, un promedio de 1 perforación cada 90 minutos.

En el mismo periodo del sexenio del panista Felipe Calderón, de 2007 a 2011, Pemex registró 3,230 tomas clandestinas, un promedio de 1 perforación cada 13 horas y media.

Y aunque en mayo pasado el gobierno federal anunció el inicio de un plan integral contra el robo de combustible en todo el país, las cifras que Pemex hace públicas mes con mes muestran que las acciones gubernamentales para contener el delito no han tenido un impacto positivo.

De hecho, 2017 terminó con la cifra récord de 10, 363 perforaciones ilegales en todo el país.

Guanajuato quedó como el estado con el mayor número de tomas clandestinas (1852), seguido de Puebla (1443), Tamaulipas (1100), Hidalgo (1064) y Veracruz (1012); estas cinco entidades concentraron el 62% de los casos.

El robo y las fugas de combustible representaron pérdidas de 25 mil millones de pesos en promedio, en los primeros cuatro años de la actual administración, según una estimación que realizó este portal basada en información oficial.

Gráfico: Omar Bobadilla

Del norte al centro del país

De acuerdo con el Informe de Sustentabilidad 2016, publicado hace unas semanas por la empresa estatal, se han puesto en marcha varios sistemas de vigilancia, lo mismo humanos que tecnológicos, por tierra y aéreos.

Se han establecido puestos de mando y centros coordinadores de operaciones avanzados, y un monitoreo permanente de los sistemas de transporte por ductos, para detectar en tiempo real las variaciones de flujo, presión y temperatura en un punto determinado.

Pero las acciones de la empresa productiva no han contenido el problema. Los ductos siguen siendo perforados para extraerles el combustible que transportan, aunque los datos oficiales muestran un cambio en la tendencia delictiva, pues los mayores crecimientos se dieron en entidades del centro del país.

El mayor crecimiento entre 2013 y 2017 se registró en entidades como Guanajuato (1015%), Michoacán (1060%), Hidalgo (850%) y Puebla (584%).

Aunque los casos que más resaltan en esa medición son el de la Ciudad de México, pues el registró pasó de 1 toma clandestina en 2013 a 91 el año pasado, lo que significa un crecimiento del 9000%.

Y el de Morelos, que de un registro cero en 2013 pasó a 378 perforaciones para 2017.

En cambio decreció en estados como Durango (-68%), Coahuila (-48%) y Zacatecas, que pasó de 16 tomas clandestinas al inicio del sexenio a cero en 2017.

En número neto de tomas clandestinas el mayor crecimiento se dio en Guanajuato, al pasar de 166 a 1852; Puebla que pasa de 211 a 1443, e Hidalgo que de 112 perforaciones ilegales pasó a 1064.

Una lucha sin inteligencia

De acuerdo con el informe “El robo de combustible: asalto a la nación” del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados, detrás de ese delito están los cárteles del crimen organizado”.

“El robo a través de la extracción de combustibles en los ductos de Pemex se supone realizado por una estructura bien definida y organizada compuesta por un buen número de individuos vinculados —o no— con actores legales y con conocimientos —al menos básicos— del tratamiento, infraestructura de la red de ductos, así como de los periodos de tiempo más convenientes para su extracción ilegal; lo que acusa un conocimiento de todo el procedimiento técnico que conlleva su extracción, almacenamiento y distribución”.

A pesar de ello, ni la Procuraduría General de Justicia, ni el Ejército o la Marina cuentan con información de inteligencia sobre grupos dedicados a la extracción ilegal de combustibles.

Cuestionadas al amparo de la ley de transparencia, las tres instituciones respondieron que la información sobre “células del crimen organizado dedicados al robo de combustible que operan en el país, especificando nombre y/o sobrenombre de los líderes de dichas organizaciones, estados y municipios de influencia y su año de inicio de operaciones” es inexistente.

Solicitan ayuda de la sociedad

Mediante un comunicado de prensa, Pemex ha manifestado ser “el primer interesado en frenar el robo de combustibles” y piden colaboración a la sociedad en general para cumplir con el objetivo.

Argumentan que se realizan los esfuerzos necesarios para acabar con el delito, trabajando en coordinación con las  instancias de seguridad en México. Respecto a la cantidad de producto robado, se informa que han clausurado alrededor de 70 estaciones de servicio en diversas entidades que no comprobaron la procedencia lícita de los combustibles que comercializaban.

Además de mejorar la vigilancia de los ductos e instalaciones de almacenamiento. Esto, según detallan, permitió recuperar en 2017 casi 15 millones de litros de hidrocarburos que fueron sustraídos ilegalmente. También se anuncia la creación de un grupo interinstitucional conformado por Petróleos Mexicanos, la Secretaría de la Defensa, la SHCP, la PGR, Policía Federal, Profeco, así como gobiernos estatales y municipales.

De la misma forma con esta estrategia, el gobierno federal buscará desalentar y erradicar la demanda de combustible robado para romper el mercado ilícito.

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'Arriesgo mi vida para tratar a pacientes de covid-19 pero mañana puedo ser deportado a México'

Como enfermero en una unidad de cuidados intensivos en un hospital de Carolina del Norte, Jonathan Vargas Andrés trata a pacientes con covid-19 todos los días. Pero pronto puede encontrarse con una orden de deportación.
13 de mayo, 2020
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Guillermo y Jonathan Vargas Andrés

Jonathan Vargas
Guillermo y Jonathan Vargas Andrés llevan 18 años en Estados Unidos.

La Corte Suprema de Estados Unidos está revisando un caso que podría poner en riesgo de deportación a miles de personas que llegaron de forma ilegal al país cuando eran niños.

La Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, aprobada en 2012) les dio a estos jóvenes la oportunidad de trabajar y estudiar legalmente en EE.UU., pero el presidente Donald Trump quiere revocarla.

Y muchos de los que están en riesgo son trabajadores de la salud que se enfrentan a la pandemia de coronavirus.

A principios de abril, una larga fila de autos de policía rodeó un hospital en Winston-Salem, en Carolina del Norte, con sus luces azules parpadeando.

Era un tributo, dijeron, a los trabajadores sanitarios que arriesgan sus vidas para tratar a los pacientes de covid-19.

Pero al mexicano Jonathan Vargas Andrés, un enfermero de la unidad de cuidados intensivos que trata a pacientes de coronavirus en ese hospital, le parecen, de alguna manera, gestos vacíos.

Lleva cuatro años trabajando en la misma unidad que su esposa y su hermano, también enfermeros, y la semana pasada ha visto un aumento en el número de casos.

Jonathan también es indocumentado y en las próximas semanas sabrá si el país por el que está arriesgando su vida decidirá deportarlo.

“Trato de no pensar en eso, porque si lo pienso mucho me canso”, dice Jonathan en su suave acento sureño. “Básicamente, tuve que desconectar por mi propia salud”.

“Es el miedo más que nada”.

El programa DACA

Jóvenes protestando frente a la Corte Suprema en apoyo al programa DACA.

Getty Images
La mayoría de los beneficiados por el programa DACA son de América Latina, pero también hay de otras partes del mundo.

Jonathan se benefició del programa DACA, una norma de la era Obama que protegía de la deportación a los jóvenes que fueron traídos ilegalmente a Estados Unidos cuando eran niños y que les proporcionó permisos de trabajo y estudio.

Jonathan llegó de México cuando tenía 12 años.

En 2017, Donald Trump detuvo el programa y actualmente está siendo revisado por la Corte Suprema estadounidense.

En cualquier momento, a Jonathan se le podría decir que ya no tiene derecho a trabajar o vivir en Estados Unidos.

Hay aproximadamente 800.000 beneficiarios de DACA en Estados Unidos. El Centro para el Progreso Americano, un think tank de izquierda, estima que 29.000 de ellos son trabajadores de atención médica en primera línea (médicos, enfermeros, paramédicos) y otros 12.900 se desempeñan en otros sectores de la industria de la salud y el cuidado.

Jonathan describe su trabajo como una vocación.

Le encanta ser enfermero a pesar de enfrentar una pandemia a los cuatro años de haber iniciado su carrera.

“Obviamente, da miedo cuando estás allí”, dice. “Te vuelves muy, muy, muy paranoico con lo que tocas”.

“Pero tienes que dejar ese pensamiento de lado, porque estás allí para ayudar a estas personas. No se trata de ti”.

Su hospital tiene suficientes equipos de protección personal. Los están usando con moderación, lo que lo pone nervioso, pero lo que es más difícil, cuenta, es tener que ver a la gente morir sola.

“Es muy triste, muy deprimente ver a las familias tener que despedirse a través de un iPad”, dice.

“No solo es estresante, sino emocionalmente agotador“.

Al menos en la unidad hay solidaridad, pero a veces siente que está viviendo una doble vida.

“Cuando voy a trabajar y hablo con mis compañeros de trabajo, ellos no saben sobre mi estatus”, dice.

“Pero luego regreso a casa y me doy cuenta de que, ya sabes, estoy viviendo fuera del radar”.

“Ni siquiera sabes si algo de lo que estás haciendo para ayudar a tu país será apreciado. Y en un par de meses, podría ser deportado“.

Cambio de vida

Protesta de "Dreamers" afuera de la Corte Suprema en noviembre.

Getty Images
El programa DACA está actualmente bajo revisión por la Corte Suprema de EE.UU.

Jonathan nació en México, en un pequeño pueblo cerca de Puebla, en 1990.

Su padre manejaba un autobús para ganarse la vida, pero apenas podía mantener a la familia.

Él recuerda la casa en la que vivían: no tenía ventanas, el piso era de tierra, y no había agua corriente.

Su padre se fue primero a Estados Unidos, en el año 2000, y trajo a su familia dos años después.

Junto con su hermano y su madre, Jonathan cruzó el río que separa a México de Estados Unidos y el desierto, entrando a territorio estadounidense ilegalmente.

Hasta 2012, toda la familia vivía fuera del radar. Como niños indocumentados, podían asistir a la escuela pública, pero no a las universidades públicas ni a las universidades privadas, que eran demasiado caras.

Cuando terminó la escuela secundaria, consiguió trabajos ocasionales. Trabajaba reparando neumáticos cuando se anunció el programa DACA.

“Fue un cambio de vida”, dice. “No sé cómo describirlo. Saber que iba a tener la oportunidad de trabajar legalmente y tener la posibilidad de ir a la universidad”.

Llevaba en Estados Unidos 10 años en ese momento y aunque dice que se sentía estadounidense, no tenía la documentación para demostrarlo.

Cuando se aprobó el programa DACA, él y su hermano inmediatamente intentaron inscribirse en el ejército, pero fueron rechazados por su estatus de ciudadanía.

Su deseo de servir los llevó a la enfermería.

“Vuelve a cruzar el río”

Aunque le encanta su trabajo, los últimos cuatro años han sido un período de mucha ansiedad.

Jonathan ha comenzado a apretar la mandíbula mientras duerme. A veces lo hace tanto que la articulación se hincha y le duele cuando come o habla. Es una condición que generalmente está vinculada al estrés.

“He estado lidiando con este estrés desde 2015, cuando Donald Trump anunció que se postulaba para presidente y lo primero que hizo fue atacar a los mexicanos“.

“Se volvió muy, muy real cuando asumió el cargo”.

Desde entonces, dice que ha sentido más animosidad hacia él y ha experimentado un racismo manifiesto. Cree que algunas personas ahora se sienten con el derecho a mostrar intolerancia.

Describe un incidente fuera de su gimnasio, antes de la cuarentena, en el que un hombre le gritó improperios racistas y le dijo que “volviera a cruzar el río” porque había estacionado incorrectamente.

Una joven con la solicitud para el programa DACA en 2012.

Getty Images
El derecho a trabajar de Jonathan depende del programa DACA.

Camuflaje

Jonathan se casó hace dos años y su esposa es ciudadana estadounidense. Ha solicitado una green card -residencia temporal-, pero no es un hecho que se la vayan a dar.

Su entrada ilegal al país siendo niño podría jugar en su contra.

Si un niño indocumentado no abandona Estados Unidos en el año antes de cumplir su mayoría de edad, asume la responsabilidad legal de su ingreso.

Y si la decisión de la Corte Suprema detiene el programa DACA, podría perder su derecho a trabajar.

Jonathan está tratando de no pensar en lo que sucederá si la decisión va en su contra. Dice que no volverá a México, ya que no cree que la profesión de enfermería sea valorada allí, pero él y su hermano han estado investigando para mudarse a Canadá.

Tendría que dejar a sus padres y su vida de los últimos 18 años atrás. Actualmente está estudiando a tiempo parcial para obtener una calificación adicional en enfermería, y es posible que también tenga que dejarlo.

Aunque el miedo a la covid-19 y la decisión de la Corte Suprema se ciernen sobre él todos los días, tiene una sensación de seguridad dentro de su uniforme de color azul oscuro.

“A veces siento que mi uniforme de trabajo es un tipo de camuflaje”, dice.

“La gente me ve con la bata y asumen que soy de los ‘buenos’ o que estoy aquí legalmente”.

“Pero tan pronto como me cambio, no hay forma de que sepan que soy enfermero, así que me vuelvo un ‘espalda mojada’ como suponen sobre todos los demás que parecen hispanos”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=3FlrsNfKguk&t=35s

https://www.youtube.com/watch?v=85PHSOeDz2Y

https://www.youtube.com/watch?v=QZ9JbrioTiw

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