Funcionario federal era uno de los socios del grupo empresarial que vendió Pegasus a la PGR
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Funcionario federal era uno de los socios del grupo empresarial que vendió Pegasus a la PGR

Una investigación de MCCI revela cómo un funcionario de la Procuraduría General de la República en tiempos de Jesús Murillo Karam estuvo involucrado con el consorcio que cobró a esa dependencia 32 millones de dólares por el malware espía.
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Por Raúl Olmos / Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad
20 de febrero, 2018
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Un funcionario de la Procuraduría General de la República fue socio fundador de una compañía ligada al grupo empresarial que vendió en 32 millones de dólares el malware espía Pegasus a la propia PGR.

Luis Fernando Ayala Puente, quien trabajaba en la oficina encargada de custodiar los bienes decomisados a delincuentes, fue socio fundador de la empresa CITELAE del Centro SA de CV, la cual registró el nombre y el logotipo de Balam Seguridad Privada ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), revela una investigación de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).

Balam nació como empresa el 15 de mayo de 2012, mientras transcurría la pasada campaña presidencial, y el trámite de inscripción de su nombre comercial fue realizado por intermediación de CITELAE el 3 de julio del mismo año.

En octubre de 2014, una empresa filial de Balam, de nombre Grupo Tech Bull SA de CV, obtuvo de la PGR un contrato por 32 millones de dólares (equivalente a 450 millones de pesos de entonces) para surtir el malware de espionaje Pegasus, el cual ha sido utilizado para infectar teléfonos inteligentes de defensores de los derechos humanos, políticos de oposición y periodistas.

Rodrigo Ruiz de Teresa Treviño, uno de los accionistas de Balam, tiene vínculos con encumbrados personajes de la política. Un hermano de su papá es Guillermo Raúl Ruiz de Teresa, Coordinador de Puertos y Marina Mercante, cercano al círculo político del senador Emilio Gamboa, y su primo Guillermo Ruiz de Teresa Mariscal trabajaba en la oficina de la Presidencia de la República cuando se asignó el contrato de Pegasus a Tech Bull.

El accionista de Balam ha negado reiteradamente el vínculo con Tech Bull, pese a que una cadena de correos filtrados por Wikileaks ha mostrado los nexos empresariales.

Además, en esta investigación se corroboró que el hermano de uno de los presuntos prestanombres de Tech Bull trabaja para Balam.

Entra a PGR y a los 8 meses se asigna contrato

Cuando se asignó el contrato de Pegasus a Tech Bull, el socio fundador de CITELAE –la empresa ligada a Balam- tenía ocho meses de haberse incorporado como funcionario de segundo nivel en la PGR.

Ayala Puente se incorporó a la Procuraduría el 1 de febrero de 2014 por invitación de Aurelio Gancedo, quien se desempeñaba como Director de Aseguramientos Ministeriales.

Gancedo y Ayala se conocieron en la ciudad de San Luis Potosí –de donde ambos son originarios- y antes de entrar a la PGR habían trabajado juntos en la Dirección de Desarrollo Social de aquel municipio, el primero como titular de la dependencia y el segundo como su administrador.

Gancedo, a su vez, creció a la sombra de Jesús Murillo Karam desde el año 2009, cuando el primero era presidente del PRI en San Luis Potosí y el segundo el secretario general del mismo partido.

Desde el inicio de su gestión como Procurador, Murillo Karam invitó a Gancedo a incorporarse a la PGR, primero como director de área en la Oficialía Mayor y luego como director de Control y Registro de Aseguramientos Ministeriales.

Cuando Murillo ascendió a Gancedo, en febrero de 2014, éste incorporó a la PGR a Ayala Puente (el socio fundador de CITELAE) y a otros dos amigos que habían sido sus subordinados en el Ayuntamiento de San Luis Potosí: Víctor Hugo Salgado Delgadillo y José Israel Guerrero Cerrillo.

Luego, cuando Murillo fue removido de la PGR y enviado a la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano (Sedatu), Gancedo se fue con él como director de Recursos Materiales y Servicios Generales.

En el medio político de San Luis Potosí se identifica a Gancedo como el ahijado de Murillo Karam.

Vínculo con empresa ‘fantasma’

CITELAE del Centro SA de CV fue creada el 30 de noviembre de 2009 en la ciudad de San Luis Potosí, por dos empleados de Delta Servicios del Sureste, una empresa que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) identificó desde 2014 como presunta ‘fantasma’, por expedir comprobantes fiscales sin tener infraestructura o por realizar operaciones simuladas.

En la declaración patrimonial que presentó cuando ingresó a la PGR, Luis Fernando Ayala Puente reportó que entró a trabajar en Delta Servicios del Sureste en junio de 2009, cuando tenía 24 años de edad, y que permaneció en esa empresa hasta febrero de 2011, donde desempeñaba el cargo de asistente administrativo.

Delta fue constituida en el pueblo chiapaneco de Ocozocuautla, y como supuestos dueños aparece en actas una pareja que reside en Paseo del Bosque, una colonia popular de Tuxtla Gutiérrez. Como administradora figura una señora de 68 años que declaró habitar el departamento 10 del edificio M45 en la unidad habitacional Lomas de Plateros, en la ciudad de México. Sin embargo, en una visita de MCCI se constató que esa dirección es falsa.

A los cinco meses de que declaró haberse incorporado a Delta, Luis Fernando Ayala Puente ayudó a crear CITELAE del Centro, en cuya acta constitutiva fue registrado como socio con el 33% de las acciones y una aportación de 16,500 pesos al capital social.

Como sus socias en CITELAE fueron registradas María Patricia Castillo Rodríguez, quien era la encargada de la contabilidad de Delta Servicios del Sureste, con el 34% de las acciones, y Rosa Elena Herrera Rodríguez, una joven de 23 años, estudiante de contaduría, con el 33%.

En el acta quedó asentado que CITELAE se dedicaría a dar todo tipo de servicios, incluida la vigilancia industrial, comercial y bancaria; asesorías e investigaciones privadas a particulares y todo lo relacionado con la seguridad.

En asambleas realizadas en febrero de 2011 y agosto de 2013 se retiraron de la empresa las dos socias fundadoras, pero en los documentos inscritos en el Registro Público de Comercio de San Luis Potosí no aparece ninguna cesión o venta de acciones por parte de Luis Fernando Ayala Puente.

En octubre de 2013 se acordó liquidar CITELAE en una asamblea extraordinaria de la que dio fe el notario Javier Manuel Gutiérrez Dávila, de Guadalajara.

Coincidentemente el mismo mes en que fue liquidada CITELAE, nació en la ciudad de México otra empresa de seguridad ligada a Balam, de nombre Grupo Tech Bull SA de CV, también con un capital social de 50 mil pesos y con un contador público recién egresado como accionista y administrador único.

Esa empresa fue la que en octubre de 2014 –a un año de haber sido creada- obtuvo un contrato por 32 millones de dólares de la PGR para vender el malware espía Pegasus, desarrollado por la compañía israelí NSO.

Empresas hermanas

Tech Bull se creó el 10 de octubre de 2013 en la Ciudad de México, con dos presuntos prestanombres como socios: Miguel Cayetano Miguel, un joven de 26 años de edad recién egresado de la carrera de contaduría en el Instituto Politécnico Nacional, y Jorge de Jesús Sánchez, de 29 años, un técnico en informática egresado del Conalep. Ambos residen en colonias modestas ubicadas en las cañadas de Mixcoac, en la delegación Álvaro Obregón.

En julio de 2017, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad entrevistó a Cayetano Miguel, quien confesó que no sabía que la empresa en la que aparecía como socio había vendido el malware Pegasus a la PGR.

El vínculo de Balam y Tech Bull quedó al descubierto en una cadena de correos electrónicos filtrados por la organización Wikileaks el 8 de julio de 2015.

En uno de esos correos, fechado el 28 de noviembre de 2014, el administrador de Tech Bull, Armando Pérez Herrero, describió a Balam y a su filial como “la número uno en la PGR y en la Marina”, además de ser proveedores del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) y de la Policía Federal. “Acabamos de vender a la PGR (contrato ya firmado y ellos ya enviaron el dinero) el sistema NSO Pegasus”, confió en ese mismo mensaje.

En otro correo enviado al día siguiente, un intermediario israelí de nombre Eric Banoun les escribió a directivos de la empresa italiana Hacking Team, a nombre de Balam, para pedirles alternativas para comprar un malware de espionaje similar al de Pegasus.

“Un amigo mío, Rodrigo de Balam Seguridad, uno de los mayores jugadores hoy en el campo de las soluciones de inteligencia en México, se pondrá en contacto con usted a principios de la próxima semana con una urgente solicitud de propuesta. Su compañía recibió un contrato de PGR México por un sistema basado en infecciones para móviles basado en 500 agentes reutilizables. Originalmente, la oferta se adaptó a otra empresa, llamada NSO Pegasus. El tema principal es que Rodrigo está buscando una alternativa viable a la luz del precio exorbitante establecido por NSO”, escribió el intermediario israelí.

El correo detalla que Rodrigo Ruiz era el negociador directo con la PGR.

En la investigación de MCCI se comprobó que Carlos de Jesús Sánchez, hermano de uno de los presuntos prestanombres de Tech Bull, trabaja en Balam y mantiene una relación de amistad con Alon Dayan, directivo de la empresa de seguridad.

El ex funcionario niega ser él mismo

MCCI localizó el pasado fin de semana en San Luis Potosí al exfuncionario de la PGR cuya empresa registró a Balam Seguridad Privada, y al ser cuestionado negó su propia identidad.

-¿Luis Fernando Ayala Puente? Somos de la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad.

-No. Está equivocado –dijo el exfuncionario.

-Él no se llama así –intervino su esposa.

-¿No es usted Luis Felipe Ayala?

-No… Está usted equivocado.

-Sí es usted. Tengo su foto.

-No, no.

-Es algo muy simple: quiero hacerle una consulta.

-No, pero no. No soy la persona que dice.

-Sí, claro que sí.

-No. Pero no tengo por qué echarle mentiras. No, no, no…

-Vamos a publicar una investigación de un asunto que involucra a la empresa CITELAE.

-Pero no, no, no…

-Y me interesa tener una opinión. No quisiera publicarlo sin la versión de usted.

-Pero no, no, no…

-Pero él no se llama Luis Felipe –intervino de nuevo la esposa.

-Está equivocado, segurísimo.

-¿Seguro?

-No tengo por qué echarle mentiras –respondió Ayala Puente y dio la media vuelta.

Momentos antes, los reporteros de MCCI habían visitado el domicilio que el exfuncionario aportó al momento de crear la empresa CITELAE, y su papá primero aseguró que no estaba disponible, y luego dijo que se encontraba en el extranjero.

-Buenas noches, buscaba al señor Luis Felipe Ayala.

-No está –respondió el papá.

-¿Sabe a qué hora lo podemos localizar?

-No, ya se fue a Europa.

En realidad, el ex funcionario de la PGR estaba a media cuadra de su casa, oculto de los reporteros.

Después de negar ser él mismo, Luis Felipe Ayala dio vuelta a la cuadra para simular que vivía en otra casa. Sin embargo, MCCI constató que a los cinco minutos entró a su vivienda, donde ya lo esperaba en la puerta su papá, quien minutos antes había asegurado que estaba en Europa.

 

Usaron prestanombres

Rosa Elena Herrera, quien en actas aparece como socia fundadora de CITELAE con una tercera parte de las acciones, aseguró que utilizaron su identidad sin su consentimiento.

Al enseñarle los documentos en los que aparece su nombre y domicilio, se mostró sorprendida y negó haber sido socia de CITELAE o de cualquier empresa. “Es que no, no me suena”, dijo.

-¿Usted recuerda haber pertenecido a esa empresa?

-No, no tengo conocimiento –respondió.

-¿O le parece familiar el nombre de alguna de las personas que aparecen aquí (en el acta)?

-No, no sé. No me suena ni la empresa. No tengo conocimiento de eso.

Tras revisar los documentos, dijo que tal vez cuando era estudiante por alguna razón firmó algo sin estar plenamente consciente.

-¿Pero firmó como empresaria?

-No, no. Ni idea. Y de las empresas que me habla, no.

-¿No reconoce haber estado en la empresa ni haber vendido las acciones?

-No. No.

Patricia Castillo Rodríguez, otra de las socias de CITELAE, se negó a hablar. A través de una pariente dijo que estaba indispuesta por problemas de salud.

También se negó a opinar Leticia Ivonne Ramírez, quien fungía como administradora de la misma empresa.

 

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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