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El gobierno federal usa los recursos del ramo 23 para premiar y castigar a estados: México Evalúa
Se trata de una bolsa millonaria de recursos cuya asignación queda a criterio exclusivo de la SHCP; sin reglas de operación, sin diseño ni normatividad, dice la organización.
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Por Ernesto Aroche Aguilar
27 de febrero, 2018
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La discrecionalidad con la que el gobierno federal maneja los recursos del ramo 23 ha permitido que esa bolsa de dinero público se use para premiar, castigar o cooptar a las administraciones estatales, concluyó la organización México Evalúa tras analizar el presupuesto federal de los últimos dos sexenios.

[contextly_sidebar id=”099HfBhRVsL6zaiXaerk8MzjTSphbJDq”]El ejemplo más reciente del uso político de esa bolsa presupuestal fue Chihuahua, entidad que en el sexenio del priista César Duarte recibió un promedio anual 1,650 millones de pesos, con la llegada del panista Javier Corral a la gubernatura la cifra cayó a 70 millones de pesos.

Situaciones similares se vivieron en el Estado de México, Nuevo León o Veracruz, los datos duros muestran que con la llegada del PRI al gobierno federal empezaron a fluir más recursos a esas entidades gobernadas por priistas a través de programas de subsidios federales que están dentro del ramo 23: Fondo para el Fortalecimiento Financiero (Fortafin), Programas Regionales y Contingencias Económicas.

“Se trata de una bolsa millonaria de recursos cuya asignación queda a criterio exclusivo de la SHCP; sin reglas de operación, sin diseño ni normatividad, esta secretaría decide a quién otorgarle recursos, por qué, cuánto y cuándo. La entrega de recursos se efectúa por medio de convenios que la misma secretaría define, los cuáles en su mayoría no se publican”, dice el reporte Arquitectura del Ramo 23 que presentó este martes la organización México Evalúa.

Además en la revisión del gasto en esos programas la Auditoria Superior de la Federación (ASF) detectó entre 2013 y 2016 “una cantidad considerable de irregularidades”, pues no comprobó el uso de 5 mil 943 millones pesos, y el probable daño al erario se estimó en 7 mil 931 millones de pesos.

“Uno de los casos más graves se observó en Veracruz; en 2015 la ASF señaló un presunto daño al erario de más de 3 mil millones pesos vinculado al programa Contingencias Económicas, principalmente por el retiro injustificado de recursos de la cuenta específica del programa”.

Uso electoral

En el informe Arquitectura del Ramo 23, la organización que dirige Edna Jaime detectó dos usos políticos distintos de esa bolsa presupuestaria: Felipe Calderón decidió apoyar sobre todo a los gobiernos panistas, por encima de los estados gobernados por la oposición.

Enrique Peña Nieto en cambio “ha mostrado una diversidad de comportamientos, e incluso, el monto de transferencias fue mayor para los gobernadores de oposición. Lo anterior también puede obedecer a un comportamiento racional: los recursos discrecionales pueden tener utilidad para ganar simpatizantes, algo que debe considerarse cuando se busca aprobar reformas transformadoras. En esos casos puede ser valioso ganar aliados al apoyar gobiernos políticamente relacionados con los opositores”.

Aunque la situación ha sido uniforme en el año previo a la elección, ahí tanto Calderón como Peña le inyectaron muchos más recursos a los estados gobernados por sus propios partidos: “En el año 2011, cuando el PAN estaba en la presidencia, los subsidios más altos se transfirieron a los estados azules. Aquellas entidades federativas que no recibieron recursos eran de distinto partido; Una situación similar ocurrió en 2017, cuando los mayores montos de subsidios se transfirieron a los estados priistas, mientras el PRI estaba en la presidencia”.

ramo 23

México Evalúa

Sobrejercicio exponencial 

La bolsa de recursos del ramo 33 no sólo se maneja discrecionalmente y sin ningún contrapeso, según señala México Evalúa, además ha crecido de manera exponencial.

La organización señala que tan sólo en tres programas del ramo 23 el gasto ejercido pasó de  56 mil 922 millones de pesos en el sexenio pasado a 318 mil 465 millones de pesos. Visto por año, el gasto promedio de la administración anterior fue 14 mil 230 millones de pesos, mientras que en la actual este alcanzó 63 mil 693 millones de pesos.

Y el sobrejercicio en ese ramo ha sido una constante. Tan sólo en 2017 “la Cámara de Diputados aprobó que el Gobierno federal gastara 6 mil 487 millones de pesos en estos programas, pero en la práctica el gasto fue de 58 mil 545 millones de pesos. El Gobierno federal gastó nueve veces más que lo aprobado por el Congreso en programas sin reglas de operación”.

La organización concluye que la mala distribución y discrecionalidad del gasto, y la inyección de recursos en programas que no tienen mecanismos de vigilancia ha incidido en el aumento de la deuda pública, aparejada de “un nivel históricamente bajo de inversión pública. La deuda aumentó 10 puntos porcentuales del PIB en la administración actual (2013-2017). Ésta pasó de representar 36.4% del PIB en 2012 a 46.8%24 del PIB en 2017”.

Y no solo se ha incrementado el monto de la deuda, sino también el costo de tenerla: “el costo financiero aumentó 45% real en la presente administración, llegando a 533 mil millones de pesos”.

Por todo ello, México Evalúa pide “promover un uso transparente, eficaz y eficiente del gasto público en todos los programas, incluidos todos los fondos del Ramo 23”, pero además “programas e intervenciones de política pública vinculados con objetivos institucionales, que cuenten con diseño documentado en reglas de operación, y estén sujetos a monitoreo y evaluación”.

Y que se revisen las facultades de la Secretaría de Hacienda, las oficialías mayores de las dependencias federales y del Congreso “procurando una distribución de facultades orientada a un mejor balance de pesos y contrapesos”.

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#YoSoyAnimal
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El empresario que gastó más de un millón de dólares para vivir 180 años
Se inyecta células madre en el cuerpo, electrodos en la cabeza, toma baños de luz infrarroja y nitrógeno. Así vive el empresario Dave Asprey, fundador del café Bulletproof, cuya receta proviene de Tíbet.
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26 de junio, 2019
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Dave Asprey planea vivir hasta los 180 años. De verdad, no es una broma, él está convencido de que puedo lograrlo.

“No creo que sea ciencia ficción”, dice el empresario estadounidense de 45 años, fundador de la marca de culto de café, Bulletproof.

“Alguien tiene que hacerlo, y yo estoy dispuesto a morir intentándolo”.

Mientras mucha gente lo describe como un excéntrico, Asprey se define como “el primerbiohacker profesional del mundo”.

Un biohacker es una persona que usa la ciencia y la tecnología para intentar mejorar su salud “pirateando” o “hackeando” su propia biología, a menudo haciendo cosas que el resto de nosotros consideraríamos un poco locas.

Y el régimen al que ha sometido a su cuerpo no decepciona. Su búsqueda de la inmortalidad lo ha llevado a que le extraigan parte de la médula ósea cada seis meses, para conseguir algunas de sus células madre y luego inyectárselas en todo el cuerpo.

También usa parte de su tiempo en una cámara de crioterapia, que utiliza nitrógeno para enfriar su cuerpo. Y como si fuera poco, se da “baños” de luz infrarroja y se pone electrodos en la cabeza.

Cuenta que ha gastado más de US$1 millón para mejorar el funcionamiento de su cuerpo y su cerebro.

El financiamiento de sus aventuras proviene de la popularidad de su marca de café Bulletproof, un producto que él califica como un biohackeador del cuerpo.

El café se hace con una inusual receta que requiere que los consumidores compren tres productos por separado: café, al que se le agrega mantequilla, y una forma purificada de aceite de coco.

Aunque se le podría agregar cualquier mantequilla o aceite de coco, él vende “la versión original”.

Asprey asegura que el producto puede ayudar a mejorar la salud física y mental de una persona. Y tiene sus adeptos.

Desde que Asprey comenzó a vender el producto en 2012, estima que se han consumido más de 160 millones de tazas.

El exitoso emprendimiento ha conseguido inversiones por más de US$68 millones, dice Asprey, y se ha expandido hasta convertirse en una marca más amplia que incluye productos alimenticios como barras de proteínas, camisetas y libros de dietas.

Asprey ha sido objeto de duras críticas, especialmente de profesionales de la salud, quienes argumentan que el emprendedor no tiene ninguna certificación médica ni entrenamiento nutricional.

Y señalan que agregarle mantequilla al café no es saludable.

La idea del café se le ocurrió en 2004 mientras viajaba por el Tíbet.

Nacido en Nuevo México, Asprey desarrolló una carrera exitosa como ejecutivo de tecnologías de la información en Silicon Valley.

Pero con el paso de los años adquirió sobrepeso y se enfermó. Dice que en su peor momento llegó a pesar 136 kilos.

Como una forma de mejorar su salud, Asprey viajó al Tíbet para aprender a meditar.

Y mientras hacía una caminata por la montañas, le ofrecieron una taza de té con mantequilla de yak (un pariente del búfalo y el visón).

“Después de tomarlo me di cuenta de que mi cerebro se sentía mejor“, dice.

Después de volver a California, comenzó a experimentar hasta llegar a su propia versión del brebaje.

El emprendedor asegura que toma su café todas las mañanas y que le ayudó a “cambiar mi vida y perder 45 kilos”.

Desde que nació el negocio en 2012, su crecimiento fue gradual, hasta que en 2016 las ventas aumentaron cuando comenzó a distribuirlo en la cadena de supermercados Whole Foods Market.

Jonny Forsyth, investigador del grupo Mintel, dice que aunque los cuestionamientos al café Bulletproof persisten, la marca ha logrado ser bastante influyente.

“La ciencia detrás de los beneficios para la salud del producto sigue siendo difusa”, explica.

“Pero tiene una poderosa narrativa para los consumidores“.

Sin embargo, Aisling Pigott, nutricionista y portavoz de la Asociación Británica Dietética, tiene una mirada crítica.

Nunca recomendaría el café Bulletproof, porque tiene calorías y grasa extra sin proveer ningún otro valor nutricional”, argumenta.

“No hay ningún beneficio en agregarle mantequilla al café”.

Asprey se muestra consciente de las críticas, pero apunta que otros profesionales dicen que las dietas altas en grasas -y bajas en azúcar- son buenas.

“Tenía artritis en mis rodillas y síndrome de fatiga crónica. Tenía disfunción cognitiva y estaba bajo el riesgo de un ataque al corazón. Era pre-diabético y me sentía terrible todo el tiempo”, cuenta.

“Logré cambiar todo eso”.

Asprey además destaca que, a diferencia de las dietas modernas, su producto está basado en un costumbre tibetana ancestral.

“Me siento bien de ser parte de una dieta con más de 4.000 años”.


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