Autoridades del Edomex fueron negligentes en el caso de Marco Antonio: especialistas
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Cuartoscuro Archivo

Autoridades del Edomex fueron negligentes en el caso de Marco Antonio: especialistas

En el caso del menor Marco Antonio Sánchez, autoridades del Edomex no procuraron salvaguardar su integridad, lo pusieron en peligro al dejarlo libre por la noche, entre otras situaciones, indicaron especialistas. 
Cuartoscuro Archivo
Por Nayeli Roldán
8 de febrero, 2018
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Los policías y juez calificador de Tlalnepantla, Estado de México, que localizaron a Marco Antonio Sánchez Flores el 27 de enero, fueron “negligentes” e incumplieron con protocolos de protección a derechos humanos, al dejarlo ir sin cerciorarse que se trataba del joven desaparecido en la Ciudad de México cuatro días antes, aseguraron dos especialistas entrevistados por Animal Político.

Aunque debería haber una investigación de oficio por la actuación de estas autoridades en la Procuraduría General del Estado de México -así lo señalaron especialistas consulados-, hasta el momento sólo los cuatro policías que participaron en la detención en la Ciudad de México se encuentran como imputados en el caso.

De acuerdo con la información del gobierno capitalino, Marco Antonio Sánchez Flores, de 17 años, fue aprehendido por policías municipales de Tlalnepantla la noche del 27 de enero, en un puente peatonal de la avenida Mario Colín, porque presuntamente intentaba quitarse la vida.

El joven fue llevado al juez calificador de Tlalnepantla por una presunta falta administrativa, pero el intento de suicidio no está tipificado como tal, explica Miguel Garza, director de Investigación aplicada en policía del Instituto para la Seguridad y Democracia (Insyde).

Ante un escenario de intento de suicidio, los policías no tienen un protocolo de actuación, pero en todo caso, sólo debían persuadirlo para que no lo hiciera. Si decidieron llevarlo al juez calificador, debieron haberlo asentado en un formato de remisión, donde justifican la detención, dice el especialista de Insyde.

Pero esto no ocurrió. En el juzgado calificador no existía ningún reporte sobre la presencia de Marco Antonio esa noche. La única prueba fueron las grabaciones de las cámaras de seguridad, donde se observa la entrada del joven a las 22:25 horas, luego permanece de pie frente a la cámara, y diez minutos después es escoltado por policías hacia la salida.

De acuerdo con la versión oficial, Marco Antonio no dijo su nombre, su edad, ni proporcionó algún dato, por lo que no se registró ninguna información sobre él en el lugar. El joven salió a las 22:35 horas sólo vistiendo un pants, playera y tenis, haciendo ademanes imprecisos, desorientado y cojeando. Por eso cuando su madre, Edith Flores, vio esos videos, dijo una y otra vez que a su hijo “lo echaron a la calle como a un perro”.

Miguel Méndez, especialista e integrante de la Liga 1 de diciembre que defendió a víctimas de detenciones arbitrarias ocurridas en la toma de protesta del presidente Enrique Peña Nieto, en 2012, considera que no proporcionar datos no es justificación para que el detenido no pueda ser identificado. De ser así, ninguna persona que padece de sus facultades mentales y se pierde podría ser localizada.

Para ese día, 27 de enero, ya existía la alerta Amber que, en teoría, ya debían tener las instancias judiciales del país. En ella se dan datos generales y al encontrar a una persona en el estado como estaba Marco Antonio, el juez calificador debió cerciorarse a quién tenía enfrente, sostiene Méndez.

“En efecto el juez juzgador no es un perito”, para determinar si padecía o no de facultades mentales, dice el especialista, pero tenía la facultad de pedir a un médico que lo revisara, y si bien no podía privarlo de la libertad, sí debía mantenerlo en un área de seguridad hasta que pudieran determinar su identidad.

Aún sólo con las características físicas podría dar aviso a la Procuraduría capitalina, y para descartar que se tratara de algún desaparecido, el protocolo indica que se debe llamar a familiares para que realicen el reconocimiento.

Otra acción al alcance del juez calificador es la búsqueda de desparecidos en Plataforma México, pero tampoco ocurrió. Aunque Marco Antonio es menor de edad, tampoco aplicó el protocolo de atención para niños y adolescentes que obliga a las autoridades a llamar a los padres e incluso canalizarlo al DIF.

Para Miguel Garza esto significa que las autoridades mexiquenses faltaron a los protocolos internacionales establecidos en la ONU, de los que derivan los reglamentos locales, como el Código de conducta para funcionarios encargados de hacer cumplir la ley que, entre otras cosas, estipula que “cumplirán en todo momento los deberes que les impone la ley, sirviendo a su comunidad y protegiendo a todas las personas contra actos ilegales”.

En cambio, el juez calificador no veló por salvaguardar su integridad sino que, incluso, al dejarlo libre por la noche en las condiciones en las que se encontraba, lo puso en peligro, dice Miguel Méndez.

Aunque su debida actuación hubiera conseguido que Marco fuera localizado un día antes, los funcionarios públicos sólo podrían ser juzgados por negligencia, lo que significaría una falta administrativa, porque su mala actuación no es un delito.

De acuerdo con su experiencia en las capacitaciones a agentes de todo el país, Miguel Garza dice que los policías o el juez calificador actúan así cuando consideran que se trata de personas en condición de calle, pero eso tampoco justifica su actuación. Falta “empatía” que, de acuerdo con estándares internacionales, debería existir por parte de las autoridades juzgadoras, dice.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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