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Eréndira Aquino

Alumnas de Filosofía y Letras denuncian acoso y abuso sexual; exigen a la UNAM castigar a los agresores

Las estudiantes de Filosofía y Letras exigieron a las autoridades de la UNAM que se revisen y resuelvan los casos de denuncias por violencia sexual que se han denunciado en la facultad.
Eréndira Aquino
Por Eréndira Aquino
15 de marzo, 2018
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Alumnas de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) realizaron un paro de actividades para protestar por lo que llaman “falta de actuación de las autoridades universitarias” ante una serie de denuncias interpuestas por agresiones sexuales, presuntamente cometidas por estudiantes y profesores de la institución.

Este miércoles 14 de marzo, integrantes de la FFyL convocaron a estudiantes y profesores a participar en una asamblea, en la que varias alumnas compartieron sus testimonios sobre agresiones como acoso, hostigamiento, tocamientos, intentos de violación y violaciones, y acusaron que, aunque han acudido ante las autoridades de la facultad, estas han sido “omisas, amparándose en el Protocolo de Atención de Casos de Violencia de Género de la UNAM”.

De acuerdo con las alumnas, la reunión informativa se convocó, inicialmente, para “apoyar a dos compañeras del Colegio de Estudios Latinoamericanos (CELA), que enfrentan una denuncia por difamación, porque denunciaron públicamente a un agresor” por violación.

En conferencia de prensa, este jueves las alumnas informaron que, como resultado de la asamblea celebrada, se decidió que realizarían un paro, para exigir a los directivos de la facultad resolver los casos denunciados.

Señalaron que la doctora Ana María Salmerón, secretaria general de la FFyL, se presentó a la asamblea, en la que escuchó las exigencias de las estudiantes, pero minimizó las denuncias al asegurar que “son inexistentes”. Además, dijo que no han ignorado las denuncias que ya se han presentado.

Según las estudiantes, Salmerón también reconoció que el Protocolo de Atención a Casos de Violencia de Género de la UNAM “tiene muchas deficiencias, pero que la facultad no puede hacer nada, dado que es un protocolo de la universidad”.

Por ello, dijeron, se decidió realizar un paro de 24 horas, que finalizará a las 8 de la noche de este jueves, hora que se entregarán las instalaciones.

“Las agresiones no prescriben”

Las estudiantes que protestaron en la FFyL señalaron como una de las principales deficiencias del Protocolo de Atención de Casos de Violencia de Género el que acote el tiempo de denuncia a 12 meses después de que se cometió la agresión en su contra, excepto si la víctima es menor de edad.

“Eso es una violación a nuestros derechos, porque las violaciones a derechos humanos y las agresiones no prescriben”, acusó una de las estudiantes.

Las denunciantes señalaron que las autoridades universitarias no brindan “medidas urgentes de protección” a quienes presumiblemente podrían encontrarse en riesgo por denunciar, como la reubicación en un lugar distinto de trabajo, el cambio de turno o grupo cuando sea pertinente y apoyo académico para que, como estudiantes, no vean afectado el desarrollo de sus estudios.

De acuerdo con información obtenida a través de la Plataforma Nacional de Transparencia con el folio 6440000132017, entre el 29 de agosto del 2016 y el 12 de junio de 2017, se registraron en la UNAM 234 quejas en materia de violencia de género, de las que se han resuelto 158.

Las 234 víctimas, informaron las autoridades escolares, recibieron apoyo psicológico, asesoría jurídica, o en su caso, acompañamiento por primera vez ante la autoridad ministerial dentro del marco de las competencias de la UNAM o de las Oficinas Jurídicas de cada entidad o dependencia universitaria.

Las estudiantes en paro de la FFyL exigieron a las autoridades de la UNAM que se revisen y resuelvan los casos de denuncias por violencia sexual que se han denunciado, que se expulse de la universidad a quienes se compruebe que cometieron las agresiones y que no se criminalice a las víctimas si hacen públicas las denuncias contra los agresores.

Exigieron conocer los expedientes en los que los presuntos agresores no fueron sancionados, porque dijeron, “tenemos que conocer la cara de los violadores y acosadores con los que compartimos aulas”.

Sobre estas acusaciones, la FFyL informó a través de un comunicado que “la Facultad ha atendido las denuncias presentadas en el marco del Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género en la UNAM, siguiendo los procedimientos establecidos en el mismo y en la legislación universitaria”.

Dijeron que “la presente administración ha mantenido, y seguirá brindando su apoyo a los principios de equidad de género en la universidad”.


“Refrendamos nuestro compromiso y solidaridad contra la violencia de género, pero rechazamos el cierre de las instalaciones y que se afecten las actividades de toda la comunidad”, concluyeron las autoridades universitarias.

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Reuters

"Ojalá nos hubiéramos muerto": la pareja que sobrevivió a un ataque del Estado Islámico el día de su boda

Una pareja afgana que sobrevivió a un atentado suicida de Estado Islámico en su boda dice que sus familiares y quienes eran sus amigos ahora los odian. El novio le dijo a la BBC que quieren abandonar el país, para escapar de la hostilidad de la que son víctimas.
Reuters
17 de septiembre, 2019
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Solo cuando el humo se disipó fue posible apreciar la escala de la tragedia.

Una escena de devastación llenó el salón de bodas de Kabul, la capital de Afganistán, blanco de un ataque con bomba del grupo extremista Estado Islámico (EI).

Los futuros novios sobrevivieron al atentado, que mató a 80 personas. Pero el resentimiento de los familiares de quienes murieron los atormenta todos los días.

El sábado 17 de agosto, Mirwais Elmi fue llevado a empujones a una pequeña habitación llena de miembros varones de su familia y amigos cercanos.

Elmi, de 26 años, estaba lleno de sueños y expectativas. Estaba orando por un nuevo amanecer para su vida el día de su boda, en un país que ha vivido en guerra durante más de cuatro décadas.

Cientos de invitados esperaban pacientemente en el inmenso salón de bodas a que terminara la ceremonia, a la que le seguiría una cena de celebración.

Pero nunca llegarían a probar el banquete.

La explosión

Su futura novia, Rehana, de 18 años, estaba disfrutando de algunos manjares con la hermana y la madre de Elmi en otra habitación.

Docenas de personas murieron en la escena, como producto de la explosión.

Getty Images
Docenas de personas murieron en la escena, como producto de la explosión.

Ante la llamada del clérigo musulmán al que se le da por nombre Molvi, Elmi se abrió paso rebosante de expectativas para firmar el acta de matrimonio conocido como nikah nama. Fue entonces cuando un sonido atronador sacudió el edificio y detuvo el proceso.

Un terrorista suicida había provocado una explosión dentro del salón de bodas, justo en el medio de la sección donde estaban sentados los invitados masculinos. Arrancó los paneles del techo y rompió los cristales de la fachada del recinto.

El fuerte estallido se escuchó a kilómetros de distancia.

Los amigos y familiares, a quienes Elmi había recibido con una sonrisa radiante unas horas antes, habían quedado reducidos a huesos carbonizados y trozos de carne.

Mirwais Elmi conocía personalmente a muchas e las víctimas del ataque.

Reuters
Mirwais Elmi conocía personalmente a muchas e las víctimas del ataque.

La onda expansiva de la poderosa explosión dejó a Elmi inconsciente. Su novia y otros familiares estaban conmocionados.

Cuando se despertó unas horas más tarde, estaba en su casa.

A los pocos minutos se dio cuenta de que sus amigos y familiares estaban ocupados contando a los muertos.

“La gente venía y me decía que un primo había muerto, un amigo había muerto. Los amigos mencionaban a otros amigos que fueron asesinados. Mi hermano perdió a siete de sus amigos”, recuerda Elmi.

Ataque suicida

El joven afgano habló con la BBC sobre cómo su vida cambió después de la carnicería en que se convirtió su boda.

“Perdí a mi primo y mi esposa perdió a su hermano menor. La explosión le arrancó la cabeza. Solo pudimos enterrar su cuerpo decapitado”.

Apenas un día después de la explosión, su suegro le dijo a los medios afganos que 14 miembros de su familia habían muerto en el ataque.

"Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena", dice Elmi.

Getty Images
“Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena”, dice Elmi.

“Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena”, dice Elmi.

Poco después, EI se atribuyó el bombardeo.

El horror de la explosión fue inmenso, incluso para los estándares de Afganistán, un país devastado por la guerra.

Él y su esposa salieron ilesos. Así que, cinco días después de la explosión, Elmi buscó la ayuda de otro clérigo para completar su boda, que había sido detenida abruptamente por la explosión.

El matrimonio tuvo lugar de una manera más que discreta.

Ahora, casi un mes después, las heridas aún están frescas.

El grupo extremista Estado Islámico asumió la responsabilidad por el ataque.

Getty Images
El grupo extremista Estado Islámico asumió la responsabilidad por el ataque.

“Yo, mi papá y mi hermano nos turnamos durante la noche para proteger nuestra casa. Sentimos que podríamos ser atacados por cualquiera”.

Sus amigos y vecinos los acosan constantemente.

“Cada vez que salimos, la gente nos acusa y abusa. Es como si nos mataran todos los días. Es insoportable”, dice Elmi.

El joven incluso fue recibido con ira cuando asistió a ofrecer sus condolencias a los familiares de las víctimas.

“Una persona incluso me dijo: ‘Perdimos a nuestro hijo en la explosión. ¿Cómo es que tú y tu esposa están vivos?'”

Ataques de pánico

Durante los tres días que siguieron a la explosión, Elmi dice que no podía comer ni beber agua. Incluso ahora permanece en estado de shock y angustia.

“Les digo que esto no está en nuestras manos. Si hubiera sabido que ocurriría la explosión, habría cancelado la ceremonia”, dice Elmi.

“Somos pacientes. Los que creen en Dios entenderán que este es su destino”.

Él dice que su esposa apenas sale de casa.

“Cada vez que apagamos las luces, sufre ataques de pánico. Se asusta mucho”.

La mujer se negó a hablar con la BBC.

Elmi dice que los familiares de las víctimas del ataque lo culpan a él y su esposa de lo sucedido.

Reuters
Elmi dice que los familiares de las víctimas del ataque lo culpan a él y su esposa de lo sucedido.

La boda de ambos fue un matrimonio arreglado, como la mayoría de las bodas en esa parte del mundo. La madre de Elmi y la madre de la novia son parientes lejanos y desempeñaron el papel de emparejadores.

Elmi pertenece a la minoría hazara, que son musulmanes chiitas.

Los militantes sunitas, incluidos los talibanes y EI, han atacado repetidamente a las minorías chiitas en Afganistán y Pakistán.

Las autoridades en Afganistán quedaron pendientes de informar a Elmi sobre la investigación que se está llevando a cabo sobre lo sucedido.

“No tengo idea de por qué nos atacaron. En nuestra boda no había un solo funcionario local, empresario o político entre los invitados”, dice.

En la explosión murieron personas de diversos grupos étnicos.

Sin planes futuros

Los familiares de algunas de las víctimas obtuvieron una compensación monetaria, como está estipulado según la política del gobierno.

“Un miembro del Parlamento vino a nuestra casa y nos dio medio millón de afganos (unos US$6350)”, dice Elmi.

El joven también dice que guarda buenos recuerdos de amigos y familiares que perecieron en el ataque. A menudo piensa en ellos.

“Incluso si organizamos cientos de reuniones para aquellos que perdimos, no van a volver. Todo terminó”.

Cuando Elmi vio las fotos de su boda que fueron tomadas antes de la explosión, quiso destruirlas.

Mirwais Elmi dice que no tiene esperanza en el futuro.

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Mirwais Elmi dice que no tiene esperanza en el futuro.

“Después de ver las fotos me sentí más angustiado. No pude dormir durante toda la noche. Lloré. ¿Qué más podría hacer?”, se pregunta.

“No tengo ningún plan para mí. Estoy harto de todo. Quiero que alguien nos ayude a abandonar el país“.

Elmi también debe devolver los 1,1 millones de afganos (US$14,000) que pidió prestados para la boda.

Para tratar de despejar las emociones negativas, Elmi pensó en reabrir su sastrería, pero la decisión resultó ser contraproducente.

Un cliente le quitó la ropa que le había dado para coser.

Otro dijo: “La explosión mató a tantas personas, pero él todavía está vivo. Su tienda debería estar cerrada”.

Incapaz de enfrentar la hostilidad de vecinos y otrora amigos, cerró la tienda.

“No hay felicidad en nuestra vida”

Su esposa, Rehana, que estudiaba el décimo grado, se encuentra reacia a regresar a la escuela.

“Mirwais ¿cómo puedo regresar a la escuela?”, le preguntó ella.

Elmi insistió en que no debía renunciar a sus estudios. Pero cuando regresó encontró el aula llena de personas resentidas contra ella.

“Alguien le dijo: ‘Si estás aquí es probable que un terrorista suicida venga'”.

Esas palabras quebraron a Rehana, quien terminó por abandonar la escuela.

El hermano menor de la novia también murió en el ataque.

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El hermano menor de la novia también murió en el ataque.

“No hay felicidad en nuestra vida. Me he convertido en una persona diferente”.

El joven lamenta haber sobrevivido.

“Mi esposa y yo pensamos que ojalá nos hubiéramos muerto”.


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