Arropado por los mineros de Napoleón, así fue el registro de AMLO ante el INE

Cientos de integrantes del sindicato de mineros, que encabeza Napoleón Gómez Urrutia, llegaron a bordo de camiones para apoyar a Andrés Manuel López Obrador en su registro ante el INE como candidato presidencial.

AMLO
Andrés Manuel estuvo acompañado de su esposa Beatriz Gutiérrez. Cuartoscuro

Cinco minutos antes de la una de la tarde, una camioneta blanca con los cristales polarizados entra a través de la puerta de hierro corrediza del Instituto Nacional Electoral (INE) y se cuela con sigilo hasta el estacionamiento del inmueble.

-¡Ya llegó, ya está aquí, el que se va a sacar al PRI!

El rugido unísono proviene de la explanada del INE, donde una marabunta de playeras, polos y gorras rojas con el emblema del sindicato de mineros, y el rostro del líder sindical Napoleón Gómez Urrutia, abarca prácticamente el 80% de la superficie del mini-zócalo del Instituto Electoral.

Andrés Manuel, vestido con un sobrio traje negro, camisa blanca, y corbata roja con rayas blancas, abre la puerta del copiloto y nada más abandonar el vehículo lo recibe un joven que le pide un autógrafo. El dirigente de Morena observa de reojo su reloj, y se cerciora de que llegó cinco minutos antes de lo previsto. Acepta la pluma y firma de manera mecánica el ejemplar sobre la portada de uno de sus libros. Luego se toma el selfie de rigor y con el gesto serio toma de la mano a su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, quien acompaña al tabasqueño durante todo el evento.

Con paso renqueante, Andrés Manuel y su pareja quieren avanzar a través de una legión de fotógrafos que les dispara flashazos a bocajarro. Pero varias veces tienen que detenerse. El tabasqueño aprovecha y saluda con el pulgar en alto a los mineros que le gritan presidente mientras despliegan una enorme pancarta con su rostro y el de Napoleón Gómez Urrutia; quien se exilió en Canadá desde 2006 luego de que lo acusaran por un desvío millonario, y que fue invitado por Morena en esta campaña para ir en la lista de plurinominales para el Senado de la República.

Omar, un joven que viste un polo que reza ‘Exigimos al gobierno garantías para el regreso de Napoleón Gómez Urrutia’, asegura que el líder sindical es un “perseguido político”, tal y como también opinó el propio López Obrador el pasado 19 de febrero, cuando dijo que Napoleón “ha sido perseguido y estigmatizado por la propaganda oficial y oficiosa”.

Por ese apoyo de Morena, Uriel, uno de los organizadores del sindicato, explica que 10 camiones con “al menos 600 mineros” de Lázaro Cárdenas, Michoacán, Colima, Zacatecas, Baja California y Querétaro, y otros estados, decidieron trasladarse al INE para apoyar a Andrés Manuel en su registro por tercera ocasión como candidato a la Presidencia.

“Venimos totalmente libres y por nuestra cuenta a apoyar un proyecto de nación”, dice Sebastián, otro minero, cuando se le pregunta si el sindicato recibió algún apoyo del partido para su traslado en camiones a la capital del país.

“Esto es solo una probadita de lo que viene por parte del gremio –agrega a colación-. AMLO tiene todo el respaldo de miles de mineros.

Miedo a la venta del voto

Andrés Manuel ya está en el interior del salón de actos del INE. Lo espera Yeidckol Polevnsky, la presidenta y secretaria general de Morena, cercana al tabasqueño desde que gobernaba la Ciudad de México entre 2000 y 2005, y una de sus principales operadoras políticas en la presente campaña.

También está Tatiana Clouthier, coordinadora de campaña y otra de las colaboradoras de más confianza de Andrés Manuel, quien, en contraste con el entusiasmo de los mineros por Napoleón, ha dicho en entrevistas que aunque el líder minero es un perseguido político, no comulga con su perfil de liderazgo. Incluso, dijo sentirse sorprendida y sin respuesta tras enterarse de la postulación de Napoleón a una plurinominal de Morena.

Otro personaje cercano al candidato que asiste es Marcelo Ebrard, el exjefe de gobierno capitalino que se incorporó en febrero pasado a la campaña para formar parte de lo que los morenistas llaman “la estructura de la defensa del voto” en la circunscripción uno, que comprende estados como Jalisco, Chihuahua, Durango y Sinaloa, entre otros.

El evento al interior del INE arranca. Yeidckol toma la palabra. Dice que a Andrés Manuel “nadie lo para” a pesar de los ataques de sus rivales políticos. Que en esta elección no tienen miedo a nada, salvo una cosa: el robo del voto. Por eso le pide a Lorenzo Córdova, el titular del INE que está presente en el evento, que el Instituto lance una campaña “para que la gente ya no venda su voto”.

“Antes se daba la torta, ahora se dan pantallas de televisión y hasta material de construcción. Ya no queremos que no roben ni un voto”, exige la secretaria general de Morena.

Afuera, en la explanada, la señora Carmen aplaude con entusiasmo junto a su hijo de tres años. Se cubre la cabeza con una gorra rosa con el logo de Morena. Está tan nueva que no se ha dado cuenta que aún lleva colgando la etiqueta.

-¿Sabe usted quién es la persona que está hablando? –se le cuestiona.

La mujer encoge los hombros y responde con una sonrisa tímida que ella a quien viene a ver desde la delegación Iztapalapa es a López Obrador.

Junto a Carmen, otra mujer le echa un capote y le dice que quien está hablando “es la Yeikol”, aunque dice con una carcajada que le resulta imposible pronunciar su apellido Polevnski.

La secretaria general de Morena termina su alocución y en tan solo unos minutos culmina el acto protocolario de la entrega de constancia a López Obrador como candidato de la coalición ‘Juntos haremos historia’, integrada por Morena, el Partido del Trabajo (PT), y el Partido Encuentro Social (PES).

Entre conservadores y banderas gay

Ni cinco minutos después, Andrés Manuel aparece de nuevo por la explanada caminando por un pasillo improvisado por el personal de seguridad del INE que lo lleva directamente a un templete.

Allí, escoltado por una enorme estatua de bronce de Benito Juárez, el candidato y su esposa Beatriz alzan los brazos para saludar al público entre los que, además de la amplia mayoría de mineros, hay otros grupos tan antagónicos como militantes y simpatizantes que visten playeras con las siglas del PES, partido conservador que se opone a los matrimonios homosexuales, y militantes de Morena que portan banderas arcoíris con las que apoyan la diversidad sexual.

Tal y como sucedió el pasado 12 de marzo con el panista Ricardo Anaya, quien convirtió su registro ante el INE en un mitin, desde que López Obrador toma la palabra el evento se convierte en algo muy parecido a un acto de campaña –sin serlo, puesto que todavía no empieza el periodo oficial de campañas-, en el que López Obrador hace incluso cinco promesas.

Entre éstas, promete “acabar con la corrupción, la impunidad y con los lujos en el gobierno” sin subir los impuestos, ni aumentar los precios de la gasolina; que la ciudadanía tendrá “salarios dignos”, y que se “reconstruirá la seguridad pública”.

Además, se compromete a hacer válida la revocación del mandato si gana la presidencia, por lo que cada dos años se le preguntará a la ciudadanía si debe seguir o renunciar. “El pueblo pone y el pueblo quita”, dice.

Finalmente, tras 25 minutos de discurso, Andrés Manuel se despide con una posdata: la promesa de que esta vez sí ganará las elecciones.

“A la tercera es la vencida”, grita López Obrador.

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