Índice de impunidad crece en 26 de 32 estados del país; solo 4 de cada 100 denuncias tienen resultados
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Índice de impunidad crece en 26 de 32 estados del país; solo 4 de cada 100 denuncias tienen resultados

El informe advierte “colapso” en sistema de justicia de México: hay déficit de jueces, policías y fiscales. 9 de cada 10 delitos ni siquiera se denuncian.
Cuartoscuro
13 de marzo, 2018
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Los índices de impunidad en México siguen en ascenso. En 26 de los 32 estados se agravó el porcentaje de delitos que no se esclarecen y, en promedio, menos del 4 por ciento de las denuncias tiene algún resultado. ¿El motivo? El país tiene la mitad de los policías que como mínimo se necesitan, también hay déficit de fiscales que indaguen delitos, y tenemos cuatro veces menos jueces que el resto del mundo, entre otras cosas.

Los resultados del Índice Global de Impunidad México 2018 que se presentan hoy, muestran datos contundentes: 93 de cada 100 delitos que se cometen en el país ni siquiera se denuncian. Y en la minoría de los ilícitos que se sí reportan ante un Ministerio Público, las investigaciones no llegan, casi nunca, a una sentencia contra los implicados

El estudio, elaborado por cuarto año consecutivo por la Universidad de las Américas de Puebla(UDLAP) utiliza 32 variables relacionadas con la eficiencia y la estructura del sistema de justicia, para calcular un indicador de impunidad tanto a nivel internacional, así como nacional y por estado.

El índice de impunidad promedio nacional es de 69.84 puntos, un incremento respecto al año pasado que era de 67.42 puntos. Esto coloca a México como el cuarto país a nivel mundial con mayor impunidad y el peor del continente americano.

En 2016, año que toma como base el estudio para medir los resultados de la investigación de los delitos se identifica, de entrada, que el 93.7 por ciento de los delitos no se denuncian y por lo tanto quedan impunes de forma automática.

Pero en cuanto a los que sí se denuncian, el resultado tampoco es tan distinto.

En 2016 se abrieron un millón 532 mil 313 averiguaciones y carpetas de investigación en las agencias del Ministerio Público de todo el país por denuncias de algún delito. En ese mismo lapso 172 mil 695  carpetas fueron consignadas/judicializadas ante un juez penal y hubo 54 mil 818 sentencias (contando condenatorias y absolutorios).

Lo anterior significa que apenas en el 11 por ciento de los delitos que sí se denuncian (y que de por si son minoría) terminan con una investigación que es enviada ante el juez, y menos del 4 por ciento de ellos finaliza con alguna sentencia, es decir, con algún resultado.

“Nuestro país vive un momento crítico, producto del profundo deterioro en el desempeño de las insti­tuciones de seguridad y justicia (…) El nuevo Índice Global no sólo confirma los resultados presentados por la versión publicada en 2016, muestra además que, al hacer caso omiso de nuestras recomendaciones, las autoridades permi­tieron que el nivel de impunidad estatal aumentara en –prácticamente– todo el país” indica el estudio.

Un cáncer que se extiende

La impunidad es un problema que se generaliza en todo el país y va en crecimiento. En 26 de los 32 estados creció el índice de impunidad que mide el estudio y, de acuerdo con una escala elaborada por los autores del mismo, con excepción de Campeche y Ciudad de México todos los demás estados se encuentran en condiciones de alta o muy alta impunidad.

“Mientras que en 2016 un total de trece estados se ubicaban en niveles muy altos de impunidad y seis en impunidad baja o media, en 2018 el grupo con el peor desempeño aumenta hasta dieciséis estados y solamente dos casos se encuentran en impunidad baja o media”

La situación más crítica es la del estado de México con un índice de impunidad de 80.06 puntos, cuatro puntos más respecto a la medición pasada que era de 76.48 puntos, y prácticamente 11 puntos por encima del promedio nacional.

En el estado de México se iniciaron en 2016, un total de 202 mil 205 carpetas de investigación por cualquier delio. En ese mismo lapso 16 mil 863 carpetas fueron consignadas, que equivale l 8.33 por ciento de las iniciadas, mientras que se dictaron mil 209 sentencias, apenas un 0.59 por ciento respecto al total de casos iniciados.

En resumen, de cada 200 denuncias en el estado de México apenas una termina en una sentencia condenatoria.

“Esto habla de la debilidad en la integración de las carpetas por parte de los ministerios públicos pero también de problemas estructurales. No cuenta con suficientes jueces y magistrados, además de que se redujo su estado de fuerza policial. Finalmente, es la segunda entidad con la mayor cifra negra (delitos no denunciados) del país” indica el estudio.

Luego del estado de México, los otro nueve estados dentro de los 10 que tienen los índices de impunidad más altos son Tamaulipas (78.88), Baja California (78.08), Coahuila (77.88), Quintana Roo (77.33),  Guerrero (76.08), Aguascalientes (75.85), Veracruz (75.62), Puebla (75.59) y Oaxaca (75.12).

El informe destaca el caso de ocho estados en donde el índice de impunidad creció más de cinco puntos, lo cual califica como muy grave. Se trata de Aguascalientes (+7.48 puntos), Tlaxcala (+7.37 puntos), Nayarit (+6.65 puntos), Puebla (+6.4 puntos), Chiapas (+5.68 puntos), Guanajuato (+5.66 puntos), y Tamaulipas (+5.49 puntos).

En contraparte solo hubo seis estados en donde se registró un descenso en el índice de impunidad: Morelos, Campeche, Colima, Michoacán, Querétaro y Yucatán.

“Los resultados anteriores nos llevan a una media nacional de impunidad, en 69.84, que es lejana a la media internacional estimada para el índice global de impunidad, que se encuentra en 55.3; adicional­mente, el máximo entre las entidades alcanza el 80.063 mientras que a nivel global tenemos un máximo de 74.6. De la misma manera, el mínimo en México alcanza apenas el 45.068 mientras que a nivel global esta cifra baja hasta 36” indica el análisis.

Al borde del colapso

El Índice Global de Impunidad México 2018 advierte que el sistema de justicia en México se encuentra al borde del “colapso”. Mientras que a nivel internacional existe un promedio de 16 jueces por cada cien mil habitantes, en México el promedio es de 3.9 jueces, es decir cuatro veces menos.

De ahí que haya estados, señala el informe, que en términos prácticos “no tienen un sistema de justicia”. Los casos más críticos son Puebla con un promedio de 1.5 jueces por cada cien mil habitantes; estado de México con 2.32 jueces; Hidalgo con 2.5; Nuevo León con 2.56; Baja California con 2.73; Coahuila con 2.74; Tlaxcala con 2.82; Yucatán con 2.97; Tamaulipas con 3.08; Michoacán con 3.2; Sonora con 3.31 y Aguascalientes con un promedio de 3.34 jueces por cada cien mil habitantes.

En policías estatales también existe un déficit grave pues prácticamente hay menos de la mitad de los que se necesitan, según el Modelo Óptimo de Función Policial elaborado por el propio Sistema Nacional de Seguridad Pública,

“Salvo la Ciudad de México (4.2) y Tabasco (1.8), todos los estados de la República se encuentran por debajo del estándar nacional de policías estatales con resultado aprobatorio de la evaluación de control de confianza. El estado real de fuerza operativo es de 120,001 policías estatales. México nece­sita un estado de fuerza real operativo de policías estatales de al menos 235,944 elementos” indica el estudio.

Y a México también le falta personal que investigue los delitos. En los últimos dos años el promedio de agentes del Ministerio Público por cada 100 mil habitantes cayó de 33.9 a 31.1; mientras que la tasa de policías de investigación (ministeriales) bajó de 5.31 a 4.97 solamente.

Las entidades con el menor número de agencias del Ministerio Público por cada cien mil habitan­tes son: Estado de México  con apenas 1.01 por cada cien mil personas, Tlaxcala con 1.25, Yucatán  con 1.27, Puebla con 1.73, Baja California con 1.98, Quintana Roo con 2.03, Ciudad de México con 2.27,  Querétaro con 2.29, Sonora con 2.34 y Aguascalientes con 2.49.

“Los ministerios públicos estatales están sufriendo un deterioro estructural y de sus capacidades humanas frente al aumento de los delitos y de la población en el país.” Indica el análisis.

Piden a candidatos acciones, no palabras

Luis Ernesto Derbez, rector de la Universidad de las Américas (UDLAP), hizo un llamado a los candidatos a la presidencia para que asumen el compromiso de combatir la impunidad en México, pero con acciones y estrategias concretas y no solo con promesas de campaña.

Los resultados del informe, explica Derbez en la introducción del mismo, ponen en evidencia que hasta ahora las autoridades han hecho caso omiso a esta problemática pues el “deterioro” del sistema de justicia no ha hecho más que profundizarse en los últimos años. Y aunque el tema de “impunidad” ha sido referido por los candidatos, el exhorto es para que no se quede solo en promesas electorales.

“Hace­mos un llamado a quienes hoy compiten en la elección presidencial 2018 para que, a lo largo de la cam­paña política –que iniciará el 31 de marzo–, propongan acciones concretas para eliminar la impunidad en el periodo 2018-2024” indica Derbez en el estudio.

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Los granjeros de Wisconsin que cambiaron el muro de Trump por un 'puente' con México

En territorio de gran apoyo "trumpista" y clave para estas elecciones, hay quien prefiere levantar puentes con México en lugar de muros.
29 de octubre, 2020
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John Rosenow y Roberto Tecpile.

T.G.

De pronto, la carretera se acaba y desaparecen los nombres y números que la identifican. En su lugar, una sola letra y un camino sin asfaltar, por el que cruzan los animales sin prestar atención al tráfico y alguno que otro yace muerto en la vía.

Alrededor, vastos campos verdes y dorados… y unos pequeños carteles que sobresalen en el terreno, con frases difíciles de leer desde el auto.

“Se trata del medio ambiente”, parece decir uno de ellos. “Se trata de ti”, continúa el siguiente.

Al fondo, la respuesta a mis dudas, en la verja de una de las primeras viviendas que me encuentro en el camino: “Vota el 3 de noviembre. Wisconsinitas por Biden”.

A diferencia de los carteles pro-Trump, este es el primero que veo a favor del candidato demócrata a la presidencia de EE.UU., Joe Biden, en decenas de kilómetros. Y casi el único de ese gran tamaño.

Carteles en la verja de la casa de John Rosenow.

T.G.
Además del voto a Biden, la familia Rosenow colgó frases de Alexander Hamilton (“Quienes no defienden nada, acaban creyéndose cualquier cosa”) o James Baldwin (“La ignorancia, aliada con el poder, es el mayor enemigo de la justicia”).

“Son cosa de mi mujer… Yo soy el manitas”, dice bromeando el granjero John Rosenow en el jardín de su casa y sin soltar a su pequeño perro, que gruñe a la extraña hasta que se le da algo de cariño.

Rosenow dice ser la “excepción” en esta pequeña localidad rural de Wisconsin, Waumandee, una de las que le dieron la sorprendente victoria a Donald Trump en 2016 y que estas elecciones también serán determinantes.

El estado de Wisconsin llevaba sin votar por un candidato republicano desde los años 80 pero lo hizo por Trump por un estrecho margen de votos; un viraje que se dio, entre otras cosas, por el apoyo de enclaves rurales como éste.

“En realidad, mi familia y yo llevamos siendo la excepción 100 años”, dice con cierto orgullo el granjero.

Pero hay algo en lo que su familia también destaca en este lugar: un proyecto con el que, mientras se intensificaba la retórica antinmigración de Washington, él y otros compañeros conseguían derribar barreras entre EE.UU. y México.

Lo llaman “Puentes” y es la antítesis del muro de Trump.

Un sector falto de mano de obra

“Por ahí va Roberto. Luego lo conocerás, ayer estuvimos jugando al golf. Está muy enganchado… como yo”, dice riendo Rosenow al principio de la entrevista, apuntando al vehículo industrial que acaba de cruzar por la vía más cercana y cuyo estruendo corta nuestra conversación.

En el transporte, uno de los trabajadores mexicanos que más años lleva en este “rancho” de producción láctea, seis; y el que mejor parece manejarse con el inglés.

tractor en la granja de Rosenow.

T.G.
Roberto Tecpile lleva seis años en la granja de Rosenow.

“Está aquí desde las 4:00 am dando de comer a las vacas“, explica el granjero a media mañana. Más de cuatro horas después, Roberto seguirá allí.

En este martes de septiembre, la actividad en la granja de Rosenow, “Rosenholm Dairy”, parece funcionar como un reloj, a pesar de que el “patrón”, como le llaman sus empleados mexicanos, pase parte del día enseñando las instalaciones a esta periodista de BBC Mundo.

La situación actual es radicalmente distinta a la que vivieron en los años 90, cuando nadie parecía querer trabajar aquí y los empleados que encontraban no eran del todo fiables, por lo que Rosenow desayunaba en su cocina con la mirada puesta en el granero, por si alguien volvía a fallar y tenía que ir a suplirle.

“Era 1998, ya no podíamos encontrar gente localmente, así que decidimos emplear a inmigrantes a regañadientes”, recuerda el septuagenario, que suele levantarse a las 3:30 am para estar a las 4:00 listo para trabajar, con su característico peto de rayas.

John Rosenow en el jardín de su casa.

T.G.
Rosenow también es descendiente de inmigrantes.

“El primero que contraté fue a través de una empresa de Texas y fue fabuloso. Trabajó dos meses, pero se sentía solo, porque era el único mexicano en unas 100 millas a la redonda, así que se marchó”.

Fue el inicio de un flujo de inmigrantes, muchos de ellos indocumentados —si no la mayoría—, que ya no cesaría y que acabaría salvando su granja y la de muchos otros, en un momento de grave escasez de mano de obra y ante un mercado complicado en plena globalización.

El número de inmigrantes trabajando actualmente en el sector es difícil de establecer. El último estudio nacional realizado hace cinco años para la Federación Nacional de Productores de Leche estimó que representan el 51,2% de la fuerza laboral y que las granjas que emplean a inmigrantes producen el 79% del suministro lácteo de EE.UU.

En el sector agrícola en general, los latinos representan el 27,5%, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. publicados en 2019.

Los mexicanos resolvieron el mayor problema en Waumandee, realizando trabajos duros —de 4:00 a 17:00 o más, y en temperaturas que en invierno pueden caer por debajo de los 10 grados bajo cero—; pero presentaron un nuevo desafío.

Datos clave del peso de los inmigrantes en el sector lácteo. [ 51,2% Los inmigrantes representan más de la mitad de la fuerza laboral de la industria en el país. ],[ 79% Es la cifra del suministro lácteo estadounidense que proviene de granjas que emplean a inmigrantes. ] , Source: Fuente: Estudio nacional para la Federación Nacional de Productores, publicado en 2015., Image: Dos vacas

“Me di cuenta pronto que no saber español y nada de la cultura era un aspecto realmente negativo para mí. Si iba a ser un buen empleador, necesitaba saber todo eso”, dice Rosenow, recordando algunos momentos que le frustraron y que hoy considera graciosos.

Acudieron entonces a la profesora de español de secundaria de la zona, Shaun Duvall, pero ella enseguida vio que con clases no bastaría y propuso un “viaje de inmersión” a México.

Rosenow reconoce que antes de ir le parecía absurdo (“¿por qué hacer tantos kilómetros con las tecnologías que tenemos hoy en día?”), pero casi dos décadas después, no duda: “Fue una experiencia reveladora”.

Rosenow con la familia de Marcos.

Puentes/Bridges
Rosenow ha viajado en diez ocasiones a México.

Y es que en ese primer viaje, al que se sumaron 15 granjeros y cuya agenda consistía en clases por la mañana y por la tarde, lo que se presentó como una idea casual —visitar a las familias de sus empleados durante uno de sus días libres— acabó convirtiéndose en revolucionario.

“Un veterano periodista en México me contó que nunca había visto algo igual”, subraya Rosenow sobre esa visita espontánea, que sus empleados latinos no pueden arriesgarse a hacer. Su situación irregular lo convierte en un peligro: si consiguen salir, quizá nunca puedan volver a entrar.

“Le dije a Duvall que no podíamos dejar que esto muriera, así que condujimos a todas partes, dimos charlas y recaudamos dinero para ayudar a respaldar la idea y a la gente a ir. Unas 150-200 personas, la mayoría granjeros, han ido ; yo unas 9 o 10”.

El activismo de Rosenow también le ha llevado en diversas ocasiones a Washington, donde se manifestó y presionó por los derechos de sus trabajadores, muchos de ellos condenados a vivir en las sombras.

Puentes en la era Trump

La jovial Mercedes Falk aparece en la granja y todos los empleados latinos se giran a saludarla. “¡Hola! —dice ella en perfecto español— ¿Nos vemos luego en la clase de inglés?”

Esa misma tarde estará impartiendo un curso gratuito para los trabajadores que quieran o puedan asistir, una iniciativa impulsada por Rosenow. La materia se imparte en la cocina de la propia granja, una suerte de sala de estar, con un sofá y un pequeño escritorio de madera, que hoy acogerá a tres empleados.

“Yo he estado ya cuatro veces en México. Y en todas las ocasiones fue conmovedor, sobre todo ver las reacciones de los padres. Dicen: ‘No sabía que mi hijo tenía un jefe que se preocupara tanto para recorrer todo este camino hasta aquí'”.

Falk asumió la dirección de “Puentes”, la organización sin ánimo de lucro que crearon para derribar barreras, en 2017, tras enamorarse de la vida en el campo y abandonar su vida urbana, en su Milwaukee natal.

Los viajes que realizan han cambiado mucho desde que empezaron en 2001: ahora el objetivo no son las clases de español, sino la visita a las familias.

“Solemos pasar 7 días: varios días enteros de visita a los familiares, alguno de descompresión y algo de turismo en la zona cercana a los pueblos donde viven los allegados”, explica Falk.

"Los granjeros están muy agradecidos porque antes no tenían mano de obra fiable"", Source: Mercedes Falk, Source description: Directora de "Puentes" desde 2017, Image: Mercedes Falk

“Doy lo mejor de mí para prepararlo todo, contactar con todas las familias, pero, bueno, es México… Todo puede cambiar”, dice riendo. “Eso ayuda también a los granjeros a entender la mentalidad de sus empleados —continúa—, allí se vive día a día y cuando lo ven de primera mano, entienden muchas cosas”.

Las fotografías que Falk muestra de sus viajes están plagadas de sonrisas por ambas partes, pero dejan entrever la pobreza y las dificultades que sufren las comunidades mexicanas que han visitado, la mayoría en las montañas de Veracruz.

“Es especialmente desgarrador escuchar a las madres hablar de cuánto echan de menos a sus hijas o hijos. Una de ellas me dijo que llevaba 15 años sin ver a su hijo. Puedes sentir su corazón quebrándose y esa parte se te queda grabada”, comenta la directora, que hace de intérprete en diferentes granjas.

Rosenow y Falk con la familia de Cristian.

Puentes/Bridges
“Si este noviembre hacemos el cambio (…) las posibilidades para nuestros empleados se ampliarán”, dice Rosenow.

Su mensaje cobra mayor relevancia si cabe en un momento de persistentes ataques a los inmigrantes por parte del presidente Donald Trump y el endurecimiento de las políticas antinmigración que ha impulsado desde su llegada a la Casa Blanca, marcada por la separación de familias en la frontera.

Trump logró su victoria con una campaña repleta de insultos a los inmigrantes y la promesa de “construir un muro” con México, y bajo su mandato el número de detenciones de migrantes en la frontera sur creció en 2019 (año fiscal) hasta su mayor nivel en 12 años, según publicó el Pew Research Center.

El presidente, además, firmó una polémica orden ejecutiva ampliando la autoridad del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) para detener inmigrantes “no autorizados” dentro del país, incluido aquellos sin antecedentes penales, lo que llevó a algunas de las mayores redadas en centros de trabajo en una década y a un aumento del 30% en detenciones en el año fiscal 2017.

No obstante, el número de arrestos en el país y deportaciones se sigue situando por debajo del registrado durante el mandato de Barack Obama, precisa el centro.

Nerviosismo

La pequeña comunidad de Waumandee votó por Trump en 2016, por 188 votos vs 87 de Hillary Clinton, y en esta campaña ya hay diversos vecinos con carteles a favor del presidente a las puertas de sus casas o negocios.

El desgarro social que se siente en otras partes de Wisconsin y del país en medio de la alta crispación política no parece ser un problema mayor en este enclave, donde el vecino es también el comisario de policía y un amigo de la infancia.

“Claro que conozco la granja de John, te indico con gusto”, me decía una afable señora a primera hora de la mañana en la única tienda que se encontraba abierta en la zona, a varios kilómetros de distancia del que era mi destino.

John en su granja.

T.G.
En la comunidad, dice Rosenow, hay diferencias políticas marcadas pero no se han retirado la palabra.

“Sé que los seguidores de Trump son en realidad buenas personas y me llevo bien con ellos”, comenta por su parte Rosenow, “Si nuestras vacas se escapan en medio de la noche, serán los primeros en ayudarnos. Mi esposa, por otra parte, lleva ese tema peor…”

Cuando se confirmó la victoria de Trump, no obstante, se vivió cierto nerviosismo en esta región del centro-oeste de Wisconsin.

“A los patrones les dio miedo”, recuerda Roberto Tecpile, el trabajador mexicano con el que Rosenow compartió “18 hoyos” la noche anterior, de estatura menuda y rostro joven.

El jefe de la granja explica que el miedo llevó a que muchos trabajadores inmigrantes “volvieran a sus casas” y varios de los granjeros de la zona pasaron por un momento “difícil” ante la escasez temporal de mano de obra

Ellos son los que más necesitan trabajadores. Y si viene Trump y los lleva… habrá problemas”, señala Tecpile, mientras va fijando una nueva verja para que las vacas no escapen del recinto y un socio de Rosenow, otro granjero estadounidense, le trae agua para combatir el calor, que empieza a ser sofocante.

Roberto Tecpile.

T.G.
Tecpile es también de Veracruz y tiene tres hijos.

El mexicano empezó a cruzar a EE.UU. cuando estaba soltero, jugándose la vida en el desierto durante dos días y dos noches, y siguió haciéndolo de casado, la última vez dejando atrás a una bebé recién nacida y otros dos hijos.

Pienso que solo podemos vivir así. No podemos estar todo el tiempo juntos (…) Cuando tienes familia, tienes más responsabilidad. Allí no hay dinero”, dice de su hogar en Veracruz.

Uno de sus compañeros, Moisés, de 27 años, cuenta que se irá pronto tras varios años trabajando en esta granja, quizá para no volver nunca más. “Yo me voy antes de que llegue el frío (…) Es muy duro”, subraya en una entrevista de pocas palabras, en la que no deja de recolocarse la gorra y mover los brazos, notablemente nervioso.

"Lo que menos me gusta es el frío. Antes de que llegue la nieve, yo me voy"", Source: Moisés, Source description: Empleado mexicano de 27 años y seis en la granja, Image: Moisés

Los inmigrantes suelen ocupar los puestos más agotadores en la industria láctea. Un estudio de 2009 de la Universidad de Madison concluyó que este grupo tendía a ser relegado a tareas rutinarias y mal pagadas, como ordeñadores o “empujadores”, que limpian el estiércol de los establos o llevan las vacas a ser ordeñadas, recogió un especial del diario local The Milwaukee Journal Sentinel.

De media, los trabajadores del sector trabajan 57 horas a la semana y tienen menos de 5 días libres al mes, incidía el periódico.

Tecpile conoce bien las dificultades de este trabajo pero también otros de gran esfuerzo manual: ha pasado de ser panadero u obrero en México, a cortar pinos o hacer cigarros en EE.UU. Lleva décadas siendo parte de un grupo crucial para la primera economía mundial, pero sigue obligado a vivir en los márgenes de la sociedad.

""Algunos piensan que es facilito, pero no. Hay que trabajar. Si no trabajas, no hay dólar" ", Source: Roberto Tecpile, Source description: Trabajador mexicano en la granja , Image: Roberto Tecpile

“Nadie tiene papeles acá, porque los ranchos no nos pueden dar visas (…) El trabajo que nosotros hacemos, pues les conviene a los americanos. Y pienso que muchos no quieren trabajar con hispanos, pero…”, comenta Tecpile, mientras continúa levantando vallas y fijándolas en el terreno arenoso, a golpe de fuerza.

De repente, su teléfono móvil suena y se escucha una voz en una lengua que me resulta ininteligible.

– “Es la esposa. Está hablando náhuatl ”, aclara él.

– “Órale, ¿ahí estás con tu patrón o con quién estás?”, se le oye decir a ella, ahora en español.

– “Aquí estoy con una reportera de España. ¿Puedes saludar?”

La mujer empieza a hablar con voz tímida pero dulce, y comparte alguno de sus temores: “A veces, estoy preocupada por mi esposo y por mi hijo, pero ellos dicen que están trabajando bien”.

Su hijo, un adolescente que aún no ha cumplido la mayoría de edad, tomó el mismo camino que su padre recientemente y cruzó con la ayuda de coyotes, una decisión que mantuvo en vilo a sus progenitores, conscientes de todos los que no salen con vida de ese mismo trayecto.

Hoy está en la clase de inglés de Falk y es uno de los que toma más apuntes, a pesar del desinterés que sentía por la escuela en su lugar de origen.

“Le gusta el trabajo, aunque es duro (…) Pero pienso que se va a desesperar“, dice Tecpile de su hijo adolescente. Él, sin embargo, cree que se quedará hasta que tenga que andar “con garrote”.

Tecpile y Rosenow.

T.G.
“Si estoy bien de salud, pienso que voy a seguir trabajando en Estados Unidos”, dice Tecpile.

Para Roberto Tecpile, “Puentes” es una iniciativa inusual y buena. Para Mercedes Falk y John Rosenow, la única vía posible.

“Cualquiera que tenga la oportunidad de conocer la otra parte de la historia —subraya Falk—, no puede evitar volver a casa con una perspectiva diferente, con empatía“.

Texto de Tamara Gil – @_tamaragil

Enviada especial de BBC Mundo a Wisconsin, EE.UU.

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