8 voces de mujeres que marchan para exigir un alto a la violencia de género y que haya igualdad en México
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Eréndira Aquino

8 voces de mujeres que marchan para exigir un alto a la violencia de género y que haya igualdad en México

Ocho mujeres relataron por qué decidieron participar en la #Marcha8M en la Ciudad de México, y cuáles son los casos de acoso y discriminación que han enfrentado.
Eréndira Aquino
Por Eréndira Aquino
8 de marzo, 2018
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Mujeres marcharon este jueves desde el Ángel de la Independencia hacia el Zócalo capitalino, en la Ciudad de México, para exigir que paren las diferentes formas de violencia de género, los feminicidios y la discriminación.

La protesta en la capital mexicana se unió a un grito internacional para reclamar igualdad, ya que este 8 de marzo las mujeres salieron en las calles en diferentes países.

En el caso de México, la Comisión Nacional de Derechos Humanos alertó recientemente sobre un aumento de los feminicidios, en los últimos dos años, al pasar de 1,755 en 2015 a 2,585 en 2017, lo cual representa un incremento aproximado de 47.29%.

A continuación te presentamos un recuento de voces, de mujeres que marcharon este jueves en la Ciudad de México:

Doble discriminación 

Además de la discriminación de género, mujeres con discapacidad se enfrentan con que en México no hay suficientes oportunidades de trabajo para ellas, ni salarios equitativos.

“Sufrimos doble discriminación, pero estamos en lucha para no ser tan castigadas, por el machismo o por nuestro mismo género”, dijo durante la protesta una integrante del Consejo Nacional de Mujeres con Discapacidad.

“En el empleo no tenemos igualdad de salarios. Eso es en lo que estamos insistiendo, para que el gobierno esté consciente, y también la sociedad, para que esto no siga pasando”, agregó.

No más muertas 

Arisbeth salió a la calle con un body paint, para protestar por los casos de feminicidio en el país, que se han incrementado en los últimos dos años.

“Me trae a esta manifestación tanta inseguridad y tanta violencia que sufrimos las mujeres, hoy en día. Yo solo quiero regresar todos los días a mi casa, sin tener miedo”, dijo Arisbeth en Paseo de la Reforma.

“Sí he sufrido alguna forma de violencia, la peor, incluso, hasta de una misma mujer, y de hombres en demasía”, agregó.

Su deseo es que haya equidad, y que paren los asesinatos de mujeres. “No más muertas, siempre llegar sanas y salvas a casa”.

Apoyo transexual

Vanesa marchó acompañada de un grupo de amigas transexuales. Ella menciona que, además de lo complejo que fue lograr su cambio físico, al hacerlo tienen que enfrentar un panorama de abusos y violencia.

“Las golpean. Luego les roban. No les dan trabajo, empleo, seguro ni nada”, dice señalando a sus amigas, mientras  avanzan cerca del Ángel de la Independencia.

“Venimos a apoyar aquí a las mujeres, porque tanto ellas como las chicas transexuales sufren demasiado”.

En tribu, con sus hijos e hijas 

Argelia acudió a la marcha cargando a su bebé. Ella y otras mujeres se organizaron en redes sociales, para formar un contingente de madres, con la idea de criar desde este momento a sus hijos e hijas con un pensamiento feminista, de lucha por la igualdad.

“Nos encontramos en esta nueva trinchera, en esta nueva faceta de madres. Ancestralmente las mujeres se reunían a hacer tribu, así que decidimos venir todas las mujeres, en tribu, con nuestros hijos y nuestras hijas, acompañándonos, cuidadas, sabiendo todo lo que esto conlleva, traer mamilas, cargadores, pañales”, dijo Argelia.

 El feminismo es necesario

“Ya nos tiene hasta la madre”, dice una joven junto a tres amigas, cerca de la Alameda Central, reclamando que los casos de feminicidio o de abuso contra las mujeres en México quedan en su mayoría en la impunidad.

“Creo que absolutamente todas hemos vivido violencia, y justo por eso estamos aquí, la vivimos a diario. En todos los espacios, inclusive en los espacios en que deberíamos sentirnos seguras”, menciona la manifestante.

“Pero estamos aquí no solamente por el tema de la violencia, sino el tema de la impunidad que impera en este país, y que ya nos tiene hasta la madre”.

El grupo de jóvenes acusa que las diferentes formas de violencia se dan en espacios como el transporte público, el trabajo o incluso la escuela.

Ante ello, dicen, el feminisimo es necesario, “para que todos podamos vivir en un mundo equitativo, donde todos tengamos los mismos derechos”.

Conciencia 

“Venimos a hacer conciencia, porque cada vez es más fuerte la violencia contra las mujeres”, dijo Mercedes, camino al Zócalo capitalino. “Quiero que hombres y mujeres vayamos aspirando a la igualdad, a tener mejores condiciones”.

Acoso laboral 

“En el trabajo, yo estaba de fotógrafa, y algunos músicos empezaron a hostigarme, y a acosarme. Mi jefe, en vez de castigarlos me reprendió a mí, me hizo responsable de los ataques”, relató una joven en la manifestación.

Reclamo

“Vine a protestar contra este gobierno, que no hace nada por los derechos de la mujer. Requerimos, necesitamos apoyo, del hombre, del gobierno, para defender a las mujeres”, dijo Patricia, ya en el Zócalo.

“Necesitamos que todas las mujeres se unan, en protesta contra todas las injusticias”.

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Los desconocidos casos de bebés y niños secuestrados durante el régimen militar de Brasil

A diferencia de países vecinos como Argentina, donde las causas judiciales por apropiación de niños durante los gobiernos militares llevan años, Brasil aún no parece haber explorado esta parte de su pasado.
4 de mayo, 2022
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Desde hace al menos una década, Rosângela Serra Paraná busca a sus padres biológicos.

Es víctima de un crimen de Estado poco conocido: el secuestro de bebés y niños de activistas que se opusieron al régimen militar en las décadas de 1960, 1970 y 1980 en Brasil.

Rosângela fue apropiada ilegalmente por una familia militar en la década de 1960 y solo descubrió su condición mucho después, durante una discusión con miembros de la familia.

Once de los 19 casos conocidos de secuestros de niños durante el régimen militar están vinculados a miembros de Araguaia, un movimiento guerrillero de oposición que se desarrolló entre fines de la década de 1960 y 1974 en la región amazónica, en la confluencia de los estados de Pará y el actual Tocantins.

Estas 11 víctimas son hijos de guerrilleros y campesinos que dieron cobijo al movimiento.

Los secuestros de niños ocurrieron en la primera mitad de la década de 1970, durante los gobiernos de los generales-presidentes Emílio Garrastazu Médici y Ernesto Geisel.

Los 19 casos están enumerados en el libro de reportajes Cativeiro sem fim (“Cautiverio sin fin”), escrito por mí.

Contactados en el momento de la escritura del libro, el Ministerio de Defensa y los comandos del Ejército y Fuerza Aérea no respondieron a la solicitud de información.

En una entrevista en un libro publicado el año pasado, el general Eduardo Villas Bôas dijo que los informes sobre los secuestros de bebés durante el régimen militar “carecen de verosimilitud“.

En busca de padres biológicos

“Vivo en una pesadilla todos los días, pensando que mi madre podría estar viva, necesitándome”, dice Rosângela Serra Paraná.

“Hoy vivo con la angustia de no saber quién soy, cuántos años tengo y ni siquiera saber quiénes fueron mis padres”, agrega.

La mujer fue apropiada por Odyr de Paiva Paraná, miembro de una familia militar en Río de Janeiro.

La familia dice que la bebé fue adoptada en 1963.

Un acta de nacimiento da como fecha de nacimiento el 1 de octubre de 1963. Pero la inscripción se hizo en el registro civil el 22 de septiembre de 1967.

En el documento elaborado en el Registro Civil de Catete, Rio de Janeiro, consta que Rosângela es hija ilegítima de Odyr y Nilza.

El documento no proporciona el nombre de los padres biológicos. Nilza, según su familia, no podía tener hijos.

Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Archivo personal
Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Odyr es conductor de profesión.

Según Rosângela, su padre adoptivo trabajaba como chofer del general Ernesto Geisel.

“Tenía un gran auto negro que siempre estaba limpiando”, recuerda.

El acta de nacimiento de Rosângela da como lugar de nacimiento una propiedad en Rua Marquês de Abrantes, 160, Flamengo, Rio de Janeiro.

La propiedad pertenece a Rio Previdência, una entidad de empleados estatales, que la compró en 1958, según consta en el certificado de propiedad.

La misma partida de nacimiento tiene dos testigos. Uno de ellos es Alcindo Quintino Ribeiro, propietario de un inmueble donde vivía la familia Serra Paraná.

El otro es Paulo Cardoso de Oliveira, chofer de profesión, como Odyr. La dirección de residencia del testigo, sin embargo, no existe.

El padre de Odyr, Arcy Paraná, estaba en el ejército. Según el Boletín Oficial, alcanzó el grado de sargento. En la década del 50 fue ascendido y comenzó a trabajar en el sector administrativo de las fuerzas militares.

Los casos de Juracy y Miracy

En la región guerrillera de Araguaia, a principios de la década de 1970, los militares secuestraron a dos niños de una misma familia.

El primero, Juracy Bezerra de Oliveira, fue un error de las fuerzas militares.

El objetivo era Giovani, hijo de uno de los líderes guerrilleros, Osvaldo Orlando da Costa, alias Osvaldão, con una mujer llamada María.

En 1972 o 1973, Juracy tenía unos 7 años. Los militares pensaron que era el verdadero hijo del guerrillero Osvaldão con Maria Viana da Conceição. Pero la madre de Juracy era Maria Bezerra de Oliveira y su padre, Raimundo Mourão de Lira.

La confusión en el secuestro se habría dado porque los militares buscaban a un niño moreno, de entre 6 y 8 años, hijo de una mujer blanca, de cuerpo grande y ojos claros, de nombre María.

José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Eduardo Reina/BBC
José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Encontraron a la madre de Juracy con las mismas características y se llevaron al niño.

Terminó siendo apropiado por el teniente del Ejército Antônio Essílio Azevedo Costa, quien lo inscribió en una notaría como si fuera su hijo legítimo y vivió con la familia del militar durante muchos años.

“Un día llegaron y me llevaron. Mi madre ni me acuerdo qué hizo. Yo era un niño cuando me llevó el Ejército. Estuve 15 días en el bosque”, contó.

El secuestrado quedó con una mano deformada debido a las quemaduras que sufrió. Dice que los soldados decidieron castigarlo por pensar que su padre había matado a un militar.

Más tarde, en la ciudad de Fortaleza, Juracy fue criado por la madre del teniente Antônio Essílio.

A principios de la década de 2000, decidió regresar a la región de Araguaia, todavía pensando que era el hijo de Osvaldão.

Al llegar, conoció a Antônio Viana da Conceição y descubrió su verdadera historia.

Se reencontró con su madre biológica, Maria Bezerra de Oliveira, cuando descubrió que su hermano, Miracy, también había sido secuestrado por militares.

Hoy vive en una isla en medio del río Araguaia.

Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

Archivo personal
Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

El hermano de Juracy, Miracy, tenía piel clara y ojos claros, a diferencia de su hermano.

Fue llevado por el sargento João Lima Filho a la ciudad de Natal, en Rio Grande do Norte, también en 1972 o 1973.

Años después, Juracy y su madre, Maria Bezerra de Oliveira, fueron a buscar a Miracy. Pero no encontraron rastro del sargento que se lo llevó; tampoco obtuvieron información en el cuartel del ejército en Natal sobre el paradero del militar.

Otros secuestros

Después del secuestro por error de Juracy, los militares encontraron a Giovani, hijo de Osvaldão y Maria Viana da Conceição.

El niño tenía entre 4 y 5 años cuando fue secuestrado, según otro de los hijos de Maria, Antônio Viana da Conceição.

El secuestro ocurrió en 1973, en la ciudad de Araguaína, actual Tocantins.

La existencia de este hijo de guerrillero en Araguaia también es revelada por Sebastião Rodrigues de Moura, Mayor Curió, ahora militar retirado y responsable de la cacería de guerrilleros a partir de 1973 en Araguaia.

Se desconoce el paradero de Giovani.

También en Araguaia fue secuestrada Lia Cecília da Silva Martins, hija del guerrillero Antônio Teodoro de Castro, conocido como Raúl.

Lia fue llevada a un orfanato que pertenecía a un teniente de la Fuerza Aérea en Belém do Pará. Fue adoptada por una pareja que trabajaba en la entidad.

Seis niños campesinos también fueron separados de sus familias biológicas y llevados a cuarteles del ejército, de donde luego fueron liberados: José Vieira; Antônio José da Silva, Antoninho; José Wilson de Brito Feitosa, Zé Wilson; José de Ribamar, Zé Ribamar; Osniel Ferreira da Cruz, Osnil; y Sebastião de Santana, Sebastiãozinho.

Solo se localizó a José Vieira. Es hijo de Luiz Vieira, agricultor de subsistencia y residente de la región de São Domingos do Araguaia. Luiz fue asesinado por las fuerzas militares.

Gente caminando en São Paulo

Getty Images
Se desconoce el número de bebés que fue secuestrado.

También hubo casos de secuestro de bebés y niños en Paraná, Pernambuco y Mato Grosso.

Las respuestas de los militares

Cuando investigaba en 2018 para mi libro, el Ministerio de Defensa, el Ejército y la Fuerza Aérea no respondieron a las preguntas enviadas.

El Ministerio de Defensa sugirió que se enviaran nuevas solicitudes a dichas instituciones, alegando que la información solicitada debía estar custodiada bajo el mando de estos cuerpos militares.

El Ejército respondió: “La Institución aclara que no tiene nada que informar al respecto”.

La Fuerza Aérea afirmó que “el 16 de noviembre de 2009, la Procuraduría General de Justicia Militar manifestó interés en analizar los documentos producidos y acumulados por el Comando de la Fuerza Aérea, desde 1964 hasta 1985”.

“En ese sentido, el 3 de febrero de 2010, la colección, que contiene 212 cajas con 49.867 documentos, fue recolectada de la Coordinación Regional del Archivo Nacional del Distrito Federal (COREG), donde se encuentran en dominio público”, agregó.

El año pasado, en una entrevista publicada en el libro “General Villas Bôas-Conversación con el Comandante”, de Celso Castro, de la Fundação Getúlio Vargas, el militar cuestionó que realmente ocurrieran secuestros de niños durante la dictadura.

“Recientemente alguien vinculado a los derechos humanos trajo un tema que yo nunca había escuchado, que un centenar de niños habían sido secuestrados y arrebatados a sus padres”, afirmó Villas Bôas.

“Esta y otras narrativas, como una supuesta masacre de indígenas, en la apertura de la carretera que une Manaus con Boa Vista, carecen de verosimilitud y contribuyen a la falta de exención en la conclusión de las investigaciones”, agregó.


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