Quién fue el rey del hielo y cómo su idea marcó un antes y un después
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Quién fue el rey del hielo y cómo su idea marcó un antes y un después

Tras aguantar —e ignorar— las burlas, Frederic Tudor logró comercializar algo que su tierra natal producía naturalmente y construir una industria enorme creando una demanda que no existía previamente.
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Por BBC Mundo
12 de marzo, 2018
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“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Eso nos contó Gabriel García Márquez en sus “Cien años de soledad”.

Mientras que a Macondo el hielo lo habían llevado unos gitanos que cada año llegaban con maravillas de tierras lejanas, a otras partes del Caribe lo hizo llegar un bostoniano llamado Frederic Tudor, conocido en el siglo XIX como “el rey del hielo”.

Había nacido en 1783 y en 1806 se le había ocurrido cosechar eso que su tierra daba en abundancia cada invierno, cortando bloques del agua congelada de lagos y empacándolos en una mezcla de heno y aserrín para mantenerlos térmicamente aislados hasta que llegaran a lugares cálidos.

Hoy, Tudor sería uno de los tan celebrados emprendedores: a los veinte y pocos años creó una demanda que no existía, vendiendo algo que la naturaleza daba y, según varios historiadores económicos, marcando un antes y un después.

En su época también llegó a ser admirado, pero primero fue objeto de burla.

Frío en el trópicof

Si bien es cierto que Tudor creó una demanda masiva para su producto, el agua congelada había sido apreciada desde tiempos inmemoriales.

Producción de hielo en India

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Una de las formas de producir hielo era dejar potes de agua afuera en las noches frías y recoger la fina capa de encima, como muestra esta ilustración de la práctica en Allahabad, India, en 1828 de Fanny Parks.

Tanto en el Mediterráneo como en Sudamérica, por ejemplo, había una larga historia de traerla de los picos de los Alpes y los Andes durante los meses de verano.

El excéntrico emperador romano Elagabulus enviaba esclavos a las montañas a que trajeran nieve y la amontonaran en su jardín, para que la brisa refrescara el interior de su fastuosa morada.

Hubo hasta producción de hielo artificial desde la época de los antiguos griegos y romanos, pero las cantidades eran pequeñas.

Para el siglo XIX había también algunos métodos químicos para enfriar bebidas, que involucraban mezclarlas con nitro o ácido sulfúrico.

Pero hasta entonces, todo eso era un lujo en el que sólo los más ricos podían darse.

Hielo para aliviar la fiebre

En 1805, las poblaciones y ciudades de las islas entonces conocidas Indias Occidentales —las islas caribeñas Antillas y Bahamas— fueron diezmadas por la fiebre amarilla y casi todos los oficiales y tripulaciones de las flotas europeas fueron víctimas de la enfermedad.

Frederic Tudor

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Frederic Tudor era un excéntrico, pero al final salió victorioso.

Tudor embarcó hielo que cortó de un pequeño estanque situado en una de sus propiedades y embarcó unas toneladas en un velero en el que zarpó con destino a Martinica.

“No es un chiste: barco lleno de hielo viaja a Martinica”, fue el título de un diario de Boston sobre la aventura, que junto con el subtítulo —”¡Esperemos que no resulte ser una resbalosa especulación!”— refleja cuán excéntrica parecía en ese momento.

No obstante las burlas, según un artículo sobre el tema publicado en Nueva York en 1875 en la revista ilustrada Scriber’s Monthly, “uno de los aspectos prominentes del carácter de Tudor (…) era su desprecio total de las opiniones de los demás“.

El autor señala que de sus labios escuchó cómo fue la experiencia y que “no fue un capricho ni mera especulación lo que lo indujo a embarcarse en su experimento. Era un estudio y los resultados de sus teorías efectivamente vindicaron su solidez”.

Monopolios caribeños

Esclavos bajando hielo de un barco en Cuba en 1832.

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Tudor tuvo el monopolio de ese comercio tanto en Habana y otros puertos de Cuba como en Jamaica. (Imagen: Samuel Griswold Goodrich).

Ese primer viaje fue un fracaso; el hielo se derritió antes de que alguien pudiera aprovecharlo.

Sin embargo, la carga había sobrevivido el viaje por el Océano Atlántico. El problema fue que no hubo dónde almacenarla en Martinica.

Así que cuando, el año siguiente, repitió la hazaña, el destino cambió a Cuba, donde había negociado con las autoridades para que construyeran un depósito apropiado para guardar hielo.

Con el tiempo, Tudor tuvo el monopolio de ese comercio tanto en Habana y otros puertos de Cuba como en Jamaica, en ese entonces la más rica posesión del Imperio británico.

Whisky con hielo

Para su tierra natal, Tudor trazó una estrategia.

Whisky con hielo

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La costumbre de echarle hielo al whisky —y a muchas otras bebidas— es un rastro de la estrategia de Tudor.

“La meta es que toda la población se acostumbre a las bebidas frías en vez de calientes o tibias”, escribió en su diario.

Con eso en mente, instruyó a sus empleados para que fueran de bar en bar tratando de convencer a los dueños de que usaran su producto en las bebidas.

Como incentivo, les ofrecía hielo gratis durante todo un año.

“Un sólo cantinero conspicuo que venda constantemente sus licores fríos sin un aumento en el precio hace que sea absolutamente necesario para los demás hacer lo mismo o perderán sus clientes”, anotó en el diario.

A diferencia de los británicos, por ejemplo, es raro ver a un estadounidense tomar whisky sin hielo… ¿un legado de Tudor?

El caso es que…

Mapa mostrando las rutas del hielo en 1856

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Para 1856, esa aventura absurda de Tudor se había convertido en toda una industria y de Nueva Inglaterra -donde está la estrella- zarpaban barcos cargados de hielo hacia Asia, Sudamérica y puertos en EE.UU. (Mapa por Eric Gaba)

Para mediados del siglo XIX, el hielo de Tudor y su socio Nathaniel Wyeth no sólo se vendía en grandes cantidades en Estados Unidos sino que llegaba a puertos en Singapur, Hong Kong y Calcuta.

La industria del hielo creció, con imitadores aprovechando la oportunidad para hacer dinero, y durante la década de 1850 unas 140.000 toneladas de hielo salían de Massachusetts cada año para llevarle algo del frío de su invierno a más de 50 ciudades en todo el mundo.

El artículo de Scriber’s Monthly, escrito unos 20 años más tarde, resalta: “Es asombroso ver hasta qué punto un artículo, que era considerado un lujo en países no productores y —en las latitudes norteñas— como un artículo sin valor práctico calculado, ha sido reconocido en el mundo del comercio”.

Y enumera sus virtudes diciendo: “Uno apenas nota que los lagos y ríos congelados del norte les dan labor a miles que de otra manera estarían desempleados durante la mayor parte de los meses de invierno; que el comercio de hielo emplea millones en capital; que en los ingresos por comercio en Estados Unidos, tanto extranjeros como internos, se clasifica junto al algodón y el grano, y frecuentemente excede este último”.

Además, ya en ese entonces, el autor del artículo reconoce algo que luego, con el advenimiento de tecnología más avanzada para hacer lo que con mucho trabajo se hacía con el simple hielo, se olvidó.

Antes de la nevera

Chicas repartiendo hielo durante la Primera Guerra Mundial.

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Chicas repartiendo hielo durante la Primera Guerra Mundial. Unos años más tarde, los refrigeradores reducirían considerablemente el negocio. (Foto: U.S. National Archives and Records Administration)

Para muchos conocedores del tema, Tudor y el comercio del hielo fueron los catalizadores de una poderosa transformación de la vida cotidiana.

En palabras del Scriber’s Monthly: “El uso práctico universal para el que se aplica (el hielo) en la preservación de carnes, frutas y vegetales ha, en los últimos 30 años, producido una revolución total en el sistema de economía doméstica, sin decir nada de las bendiciones que le ha traído a la sufrida humanidad en nuestros hospitales y en nuestras ciudades pestilentes”.

Todo eso gracias a lo que el coronel Aureliano Buendía conoció aquella tarde remota que recordó frente al pelotón de fusilamiento:

el cofre dejó escapar un aliento glacial. Dentro sólo había un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo. Desconcertado, sabiendo que los niños esperaban una explicación inmediata, José Arcadio Buendía se atrevió a murmurar:

Es el diamante más grande del mundo.

No —corrigió el gitano—. Es hielo.

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Detienen a Óscar Kabata, víctima de tortura por parte del Ejército, cuando protestaba en Gobernación

La madre de Oscar indica que el cargo que se le atribuye a su hijo es “quebrar un vidrio” de Gobernación, cuando él es víctima de graves violaciones a los derechos humanos.
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29 de octubre, 2022
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Óscar Kabata de Anda, víctima de tortura por parte del Ejército en 2009, fue detenido este viernes cuando protestaba en la Secretaría de Gobernación (Segob), denunció Laura Kabata de Anda, madre del joven.

Detalló que su hijo fue detenido la tarde de ayer y llevado a la oficina de la Fiscalía General de la República (FGR), ubicada en la colonia Tacubaya, en donde permanece hasta este sábado.

Señala que, de acuerdo con el abogado Javier Estrada, que llevará el caso del Óscar, el cargo que se le atribuye al joven es daños a la propiedad, el cual es delito federal porque es un inmueble federal.

En entrevista, Laura Kabata señala que ella ha tenido problemas de salud lo que provocó, antier y ayer, una crisis de ansiedad de Óscar y un ataque epiléptico.

Después de que ambos fueran atendidos por elementos del ERUM, el joven decidió protestar en la secretaría.

Posteriormente se saltó a la sede de Bucareli para seguir manifestándose, lanzó una piedra y estrelló un vidrio; momentos más tardes, narra la madre del joven, fue detenido y trasladado.

En las primeras horas, denuncia, no le quisieron dar ninguna información de su traslado.

La señora Kabata de Anda indica que el delito que se le atribuye a su hijo es “quebrar un vidrio”, cuando él es víctima de graves violaciones a los derechos humanos.

No tendría que seguir detenido, pues – dice- otros manifestantes pintan, rompen o se brincan a la sede de Segob y no los meten a la cárcel.

“El sigue detenido; (el cargo es) que quebró un vidrio de la Secretaría de Gobernación, con una piedra le dio y se estrelló el vidrio. No procede allanamiento y lo cambiaron a que quebró el vidrio”, dijo.

Señala que el abogado acudió ayer a la sede de la FGR, pero no pude entrar a ver al joven. Hoy le informaron que mañana tendrá una primera audiencia por el cargo que le atribuyen.

Kabata de Anda señaló que hoy pude ver a su hijo y lo encontró mal por su “depresión severa y por las secuelas que le dejó la tortura, no puede estar en lugares encerrados”.

“Es persecución política, ya es venganza política, no se le puede llamar de otro modo. Es un preso político ahorita”, dijo.

El caso de Óscar Kábata

Óscar Kabata de Anda es víctima de tortura por parte del Ejército en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 2009, durante el Operativo Conjunto Chihuahua, a cargo del general Felipe de Jesús Espitia.

En febrero del 2009, Óscar Kábata, entonces de 17 años de edad, fue detenido junto con su amigo, Víctor Baca, mientras comían hot dogs en un puesto en la calle en Ciudad Juárez.

“Llegó un comando como si fueran a atrapar al peor narcotraficante de México, los agarraron y los subieron a una de las camionetas. Fueron trasladados al destacamento militar de Juárez, durante cinco días fueron torturados y privados de su libertad, los violentaron sexualmente”, ha narrado Laura de Anda sobre la detención de su hijo.

Víctor Baca recibió un “tiro de gracia” después de sostener días de tortura por parte de los militares que los mantenían cautivos; mientras que a Óscar lo dejaron ir con la condición de que se fuera junto con toda su familia, que nunca más regresarán a la ciudad y así lo hicieron durante algún tiempo

Laura cuenta que por cosas del destino y porque el general Felipe de Jesús Espitia Hernández así lo decidió, le perdonaron la vida a su hijo Óscar.

El joven regresó a su hogar hasta que el general Espitia Hernández dejó Juárez. En este periodo Óscar Kábata tomó la decisión de presentar su denuncia.

Al ver que las autoridades en Juárez no daban respuesta a su denuncia, Laura y su hijo viajaron a la Ciudad de México para obtener información de su caso.

Primero llegó ella, en enero de 2021, y Óscar decidió trasladarse a la Ciudad de México en febrero del mismo año en busca de justicia; al principio la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) les brindó apoyo para rentar un departamento y evitar que estuviera en la calle, pero pronto, dice, se dieron cuenta de que su caso no progresaba y todo siguió igual.

Ha pasado casi dos años desde que Laura y Óscar viven en un plantón fuera de Gobernación, en espera de ser atendida su solicitud de reparación integral de su proyecto de vida.

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