Convierten el registro de Anaya en mitin; Margarita anuncia que no recibirá financiamiento público

Ricardo Anaya acusó a Enrique Peña Nieto de utilizar a la PGR para atacarlo, y a su contrincante López Obrador de haber pactado con el gobierno con tal de llegar al poder

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Archivo Cuartoscuro

No fue un acto de campaña (porque todavía no empieza el periodo oficial de campañas), pero cómo se le pareció. La coalición Por México al Frente, conformada por PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, convirtió este domingo el registro oficial ante el Instituto Nacional Electoral (INE) de su candidato presidencial, Ricardo Anaya, en un mitin con alrededor de 2,500 simpatizantes, según los organizadores.

Los que no acompañaron al aspirante fueron la mayoría de gobernadores. Solo estaban seis de los 16 que tiene el Frente: Miguel Ángel Mancera, de la Ciudad de México y postulado por el PAN para senador; los panistas Miguel Márquez, de Guanajuato, y Francisco García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas; los impulsados en alianza, Antonio Echevarría, de Nayarit, y Francisco Vega, de Baja California; y el perredista Arturo Núñez, de Tabasco.

Los otros, por problemas de agenda, según explicó el propio candidato, no asistieron. Solo enviaron sus saludos en video Javier Corral, de Chihuahua; José Rosas Aispuro, de Durango; y los también aliancistas Miguel Yunes, de Veracruz; y Carlos Mendoza Davis, de Baja California Sur.

Anaya entró al auditorio del INE con su mano derecha, el presidente del blanquiazul, Damián Zepeda. Entregó sus documentos flanqueado por Zepeda y los otros dirigentes partidistas, Manuel Granados, del PRD, y Dante Delgado, de MC, que uniformados con traje pero sin corbata, camisa blanca y nada de colores partidistas, solo pronunciaron unas palabras protocolarias. Escucharon al presidente del INE, Lorenzo Córdova, y al consejero Benito Nacif, que explicó que el 29 de marzo validarán los documentos para que el 30, ahora sí, inicien las campañas presidenciales.

Pero ante los casi 300 invitados de los partidos que llenaron el recinto no hubo discurso del virtual candidato, que estuvo concentrado haciendo notas en las fichas que llevaba para poco después. El verdadero evento esperaba afuera, en una carpa con templete al centro que el Frente instaló desde la noche anterior en una explanada del Instituto, con su permiso y cargado como gasto ordinario de los partidos, no de campaña.

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Desde las 9:30 de la mañana empezaron a llegar los asistentes. Destacaban las banderas de Movimiento Ciudadano de un contingente con playeras que anunciaban su origen: Magdalena Contreras. Cinco autobuses, más de 200 personas, que apoyan a la aspirante  a alcaldesa por el frente, Emelia Hernández Rojas, hermana del exdelegado de esa delegación por el PRD, Eduardo Hernández, y que también buscó la postulación por Morena. “Y hubiéramos traído diez, pero no confirmaron”, dice orgulloso Manuel Ruiz, que coordinó a la gente.

Otro pequeño ejército de 300 personas ondeaba banderas amarillas del PRD, aunque vestía playeras azules y gorras con el logotipo de Volkswagen. “Somos de Tlalnepantla. Nos las dio Fernando Ruano, con él venimos. No sabría decirle más”, se disculpó un hombre, refiriéndose al polémico líder de las rutas 1 y 111, que ha sido acusado por otros transportistas de agresiones e invasión de rutas al cobijo del gobierno capitalino.

El grupo se movilizó ordenado por la explanada hasta ubicarse en una esquina bajo el sol, en la que no estaba cerca de los oradores en la tarima, y se convirtió en una constante porra en segundo plano que gritaba “¡Mancera, Mancera, Mancera!” y en una ocasión apoyó también a Héctor Serrano, exsecretario de Movilidad en la ciudad.

En primera fila en torno al templete había personajes de los tres partidos de la coalición y del movimiento de la sociedad civil Ahora, con Emilio Álvarez Icaza a la cabeza. Asistió la candidata a jefa de gobierno y exdirigente del PRD, Alejandra Barrales; Jesús Ortega y Jesús Zambrano, y el exasipirante a jefe de gobierno ahora integrado a la campaña presidencial, Salomón Chertorivski. También estaban panistas destacados como el primer exgobernador de Baja California, Ernesto Ruffo; el expresidente del partido, Luis Felipe Bravo Mena; la exsecretaria general, Cecilia Romero; y el consejero principal de Anaya, Santiago Creel.

Frente a esa multitud congregada en el órgano electoral, Dante Delgado recordó que fue encarcelado en 1996 y comparó su situación con la persecución que el Frente acusa que ha emprendido la PGR contra Anaya por supuesto lavado de dinero.

“No me arrepiento de lo que hice en ese momento y no me arrepiento de estar en esta nueva batalla al lado de Ricardo Anaya. El sistema ya eligió a su enemigo y eso lo hace mi candidato”, arengó.

En su turno, Manuel Granados aseguró que el gobierno de coalición que el Frente pretende formar acabará con el presidencialismo de México, en el que una sola persona lo decide todo. Mientras que Damián Zepeda exaltó a Anaya como ser humano, de valores y siempre preocupado por su familia, que también estaba en primera fila en el acto.

Anaya, esta vez sin teleprompter ni diapositivas, como suele dar sus discursos, se lanzó contra el presidente Enrique Peña Nieto y contra su contrincante de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Al primero lo acusó de utilizar a la PGR para atacarlo, y al segundo, de haber pactado con el gobierno con tal de llegar al poder.

“¿Nos vamos a doblar frente a la PGR facciosa? ¿Nos vamos a doblar frente a los embates de Peña Nieto?”, preguntó a la multitud, que eufórica gritó que no.

Además retó a López Obrador a debatir, luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) autorizó que se realicen debates más allá de los oficiales, organizados por el INE.

“Vamos a ver si el señor tiene las ideas, el valor y los pantalones para enfrentarnos en un debate”, dijo.

Al terminar su discurso, de 19 minutos –y de los que siete fueron solo de saludos–, papelitos azules, amarillos y naranjas volaron bajo la carpa y el candidato salió entre selfies y empujones de quienes querían acercarse a él.

Se fue a reunirse con los seis gobernadores que fueron a su registro, mientras la explanada iba quedando vacía de gente y estructuras.

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Zavala renuncia a financiamiento

Margarita Zavala Gómez del Campo llegó casi sola a las instalaciones al INE. No la acompañó su esposo, el expresidente Felipe Calderón Hinojosa –quién se ha mantenido lejos de los reflectores de la campaña–; tampoco estuvieron ahí los ex gobernadores que recién presentó como parte de su consejo político: José Osuna Millán (Baja California), Alberto Cárdenas Jiménez (Jalisco) y Fernando Canales Clariond (Nuevo León); de los ex colaboradores del gobierno que encabezó Calderón sólo se dejaron ver Ernesto Cordero y Consuelo Sáizar.

Del resto de su consejo político, estuvieron la exdiputada federal Eufrosina Cruz; la ex directora del canal 22, Irma Pía González Luna Corvera; la ex presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, Patricia Espinosa Torres; y la ex secretaria técnica del Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad, Myriam Arabian.

Adentro del auditorio del INE, donde se desarrolló el acto protocolario, la esperaban cerca de 300 simpatizantes que la recibieron al grito de “si se pudo, si se pudo” y “Margarita, presidente”.

Margarita caminó vestida con un traje sastre de dos piezas, de un sobrio azul marino, el color de un partido que ya no es el suyo. En octubre del año pasado renunció a su militancia en el PAN, luego de formar parte de ese instituto político por 33 años, y se lanzó a la aventura de conseguir más de un millón y medio de firmas para aspirar a que su nombre sea incluido y en la boleta, y ser, como lo dijo, la primera mujer en obtener una candidatura presidencial de forma independiente.

Aunque esto todavía no es un hecho. Zavala tendrá que esperar igual que el resto de los aspirantes independientes a que el INE valide las firmas que entregó y se dictamine su reporte de gastos del periodo en que se dedicó a la obtención del respaldo popular.

Pero eso será el 29 de marzo, como lo dijo comisionado el INE, Benito Nacif Hernández, será la dirección ejecutivo del Registro Federal de Electores quien verifique que las firmas presentadas por Zavala sean legales, y que se cumpla con el criterio de dispersión geográfica, y que el dictamen deberá pasar al pleno del INE para su aprobación.

De hecho, en esa fecha el Consejo General del INE validará todas las candidaturas que llegarán a la boleta electoral, las de los independientes y las de los aspirantes partidistas.

Pero en este momento Margarita Zavala sabe que tiene los reflectores encima y aprovecha para presentarse como alguien que, dice, sabe lo que el país está pidiendo “y por eso, seré una presidenta honesta, que hablará siempre con la verdad y cumplirá y hará cumplir la ley”.

En su discurso crítico los actos de corrupción que han acompañado al gobierno de Enrique Peña Nieto, como la Casa Blanca y la Estafa Maestra; los escándalos que acompañaron el periodo de gobierno de Andrés Manuel López Obrador en el Distrito Federal, como las ligas de René Bejarano y las visitas a los casino de Gustavo Ponce. En el paquete también incluye a su excompañero de partido, Ricardo Anaya, cuando habla de los escándalos de “moches, de naves industriales y lavado de dinero”.

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Por ello, anunció, que renunciaría al financiamiento público que le corresponde como candidata independiente, un financiamiento que aún no tiene, pues todavía no es un hecho que vaya a obtener la candidatura. Pero eso no importaba, el anuncio desató la salva de aplausos y los gritos de “presidenta, presidenta, presidenta” de sus simpatizantes.

“Yo aprendí a hacer campaña boteando, pidiéndole permiso a los ciudadanos, en los camiones, en el metro, en el parque”, y dijo que para ella, las campañas deben hacerse sólo con las aportaciones de los militantes y simpatizantes.

Tras recibir la copia de su registro y salir al patio del INE, Zavala ofreció un breve mensaje de no más de 10 minutos a otros 200 simpatizantes que la esperaban sentados en unas sillas que se colocaron frente a la entrada principal.

Al menos la mitad de esos simpatizantes llegaron a la usanza partidista, acarreados por líderes de sus colonias, en este caso venían de la delegación Iztapalapa. Al terminar el evento les pasaron lista con la promesa de que más adelante les darían “una playera y unas despensitas”.

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