A los 94 años, Saúl no sabe si podrá pagar al INVI por el departamento que perdió el 19S
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Tania Casasola

A los 94 años, Saúl no sabe si podrá pagar al INVI por el departamento que perdió el 19S

Nueve de los 14 niveles de Osa Mayor, edificio dañado por los sismos de septiembre, ya fueron demolidos. Vecinos enfrentan incertidumbre jurídica y varias personas de la tercera edad no saben cómo pagarán sus créditos o si alcanzarán a habitarlos
Tania Casasola
Por Tania Casasola @taniacsa_m
20 de marzo, 2018
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Los 56 departamentos del edificio de Osa Mayor, ubicado entre las calles Doctor Lucio y Doctor Navarro en la colonia Doctores, empezaron a ser demolidos desde enero, y en cuanto terminen, un edificio será construido por el INVI. Casi dos meses después de iniciados los trabajos, se han retirado 9 de los 14 niveles del edificio.

Aquí se avanza en la reconstrucción entre polvareda, picos, maquinaria y cascajo, pero no todos tienen la certeza que habitarán en el nuevo condómino.

Saúl Calderón, de 94 años, como muchas personas de la tercera edad, vivía en ese edificio de 14 niveles, considerado como el inmueble con el mayor número de departamentos que quedaron inservibles tras los sismos de septiembre.

Él no recibe ninguna pensión ya que siempre trabajó por su cuenta en un negocio en donde vende y repara artículos de piel. A su edad sigue trabajando, de ahí tiene que sacar para pagar los 7 mil pesos de renta, pues a Osa Mayor, que fue su hogar por más de 20 años, ya no pudo regresar, el inmueble fue catalogado por las autoridades como de alto riesgo.

El hombre tiene tres hijos, la mayor cumplió ya 70 años, otro hijo tiene 68 años y la menor, que es quien ve más por él, 57. “Yo tengo que ver por mí, vivo solo, aún estoy lúcido afortunadamente. Mis hijos también ya son unos ancianos y no están muy bien”, cuenta en entrevista.

Saúl no sabe si la vida le alcanzará para ver el edificio que el gobierno construirá en lo que hoy solo hay cascajo y poco menos de la mitad de su edificio. A él como a los demás damnificados de Osa Mayor, el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, les entregó una constancia de reconstrucción.

Él se cuestiona cómo pagará un crédito a su edad, las autoridades les han dicho que les harán un estudio socioeconómico y como será una obra que construya el INVI el esquema de financiamiento será a 30 años.

“Ahí se me fueron muchos recuerdos, qué le vamos a hacer, es triste, pero hay que seguir. No sé si alcance a vivir en los nuevos departamentos que se construyan, es más, cómo lo voy a pagar”, dice el hombre quien hace cuatro años se hizo viral en internet, pues siempre ha disfrutado el baile y es recordado en la red por bailar rock and roll y aventar sus bastones.

El hombre de más de 90 años tiene todos sus papeles en regla y en el proceso para obtener su certificado como damnificado lo ha apoyado su yerno Miguel Ángel Alatorre, quien recuerda lo difícil que han sido para su suegro estos seis meses sin vivienda.

“Desde el día uno pusimos un campamento día y noche, aun así, hubo mucha rapiña, saquearon muchos departamentos, sobre todo los últimos pisos porque los inquilinos tenían miedo de subir. Luego nos organizamos y pusimos puertas para pasar del descanso hacia la escalera, pues había una distancia de más de un metro”, cuenta

Él sacó las pertenencias del señor Saúl hasta octubre, cuando las autoridades determinaron que podían entrar a los inmuebles, aunque muchos, narra, se arriesgaron desde septiembre a bajar refrigeradores, salas, comedores, estufas, lo más que se pudiera. “Y es entendible era su patrimonio”.

A Don Saúl todos lo conocen en la colonia, muchos van a su negocio que está muy cerca de la Arena México. A él le gustaría regresar a la nueva Osa Mayor y dice que vivir solo sí lo deprime, “los parientes cercanos, los sobrinos, no me ayudan, cuando lo hacen se enojan o lo hacen de mala gana y eso me lastima, por eso mejor les recomiendo que no lleguen a viejo”, dice.

Viacrucis e incertidumbre jurídica

Jacqueline Carmona Pérez, administradora del edificio Osa Mayor, confirma que su campamento continuará las 24 horas del día hasta que se concluyan las obras. Ahí todos supervisan, hacen guardias y han instalado varias carpas que son su “hogar alterno” en donde hay un sillón, un comedor, un pequeño refrigerador, garrafones de agua y una pequeña despensa para pasar los días frente a lo poco que queda de su inmueble.

Cuenta que desde que dejaron sus viviendas todo fue un viacrucis, desde obtener el dictamen y organizarse, “un día nos citaba Protección Civil otro día la delegación, la Seduvi, ha sido un ir y venir, para muchos faltar a sus trabajos”.

“Una vez que supimos que el edificio sería demolido, a varios vecinos les faltaban muchos documentos, la liberación de los créditos, testamentos, hay algunos que están intestados, había nombres incorrectos, direcciones, en fin, ha sido para muchos un largo camino que no acaba, seguimos en papeleo, ahora con el INVI”.

Para muchos de los afectados la incertidumbre jurídica seguirá pues algunos no pueden reunir su documentación, otros, por ejemplo, no tienen escrituras, solo contratos privados, a eso se suman sus dudas sobre el financiamiento, no saben con exactitud cuánto pagarán.

Al principio los afectados se fueron a vivir con sus familiares, ahora la mayoría tiene un gasto extra de su presupuesto de entre 7 a 10 mil pesos por pago de renta.

osamayor

La reconstrucción de Osa Mayor podría tener modificaciones para recuperar la inversión del INVI, es decir, a los 14 pisos se les podrían construir dos pisos más con ocho departamentos y tener en total 64.

De acuerdo con Carmona, en la reunión que tuvieron con Mancera y en la carta compromiso que se le dio se les aseguró que Osa Mayor se construirá de la misma altura, con el mismo número de departamentos y negocios −ubicados en la planta baja− igual como tenían sus departamentos, pero los rumores sobre más pisos es tema de conversación entre ellos.

“Que ya casi termine la demolición nos alienta, pues vemos a otros damnificados y al menos nosotros vamos avanzando, esperamos que entre un año o año y medio ya esté lista nuestra Osa”, sostuvo la administradora.

 

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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