Sedatu entregó a damnificados casas con losas fisuradas, trabes expuestas y sin alumbrado
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Sedatu entregó a damnificados casas con losas fisuradas, trabes expuestas y sin alumbrado

El “Construcción de viviendas en la Pesquería La gloria, municipio de Arriaga en el estado de Chiapas” fue revisado en la auditoría 383-DE a petición de los habitantes de la comunidad, quienes denunciaron deficiencias en la construcción de las casas que les entregaron en diciembre de 2016. El organismo les dio la razón.
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13 de marzo, 2018
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La Secretaría de Desarrollo Urbano cumplió la promesa de construir 38 viviendas en la comunidad de Arriaga Chiapas para los damnificados del huracán Bárbara, ocurrido en 2013, pero los inmuebles ni siquiera fueron habitados debido a su mala construcción: tienen las trabes expuestas, aplanados inconclusos, losas fisuradas, baños sin fijación a la pared y carecen de red de alcantarillado y alumbrado, entre otras deficiencias.

Además, se pagó un sobrecosto de 2 millones 933 mil pesos por el predio en el que se construyeron las casas. Mientras que el terreno llamado “Las Isabeles” tenía un valor de 107 mil pesos, la delegación estatal de la Sedatu erogó 3 millones 40 mil pesos. Lo cual constituye un daño al erario, según determinó la Auditoría Superior de la Federación. 

El proyecto de “Construcción de viviendas en la Pesquería La gloria, municipio de Arriaga en el estado de Chiapas”, que tuvo un presupuesto de 9 millones 245 mil pesos del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), fue revisado en la auditoría 383-DE a petición de los habitantes de la comunidad, quienes denunciaron deficiencias en la construcción de las casas que les entregaron en diciembre de 2016 y consideraban que la zona en la que se hicieron las obras era de riesgo.

La desconfianza era tal que hasta mayo de 2017, de las 38 viviendas entregadas por la Sedatu, sólo 12 fueron ocupadas. Los damnificados afectados por el huracán prefirieron solventar sus necesidades de vivienda de cualquier forma antes que habitar esas casas.

La Auditoría acudió a la zona y al revisar el proceso de obra e inspeccionar físicamente las viviendas les dio la razón: “se comprobó la ejecución de trabajos de mala calidad, lo que confirma la falta de supervisión, vigilancia y control, no obstante que se pagó la totalidad del contrato adjudicado a una empresa de supervisión externa”.

Y efectivamente la zona de construcción era de riesgo debido a que el terreno donde se construyeron las viviendas “está constituido por arena de mar, material inestable y erosionable en presencia de agua”, según se lee en la auditoría que forma parte de la Cuenta Pública 2016.

 Casas inhabitables

Las casas, según comprobó la auditoría, tiene “instalaciones eléctricas e hidrosanitarias expuestas, aplanados inconclusos y de mala calidad, salitre en pisos, acero expuesto en trabes y castillos, falta de emboquillados en puertas y ventanas, muros y trabes desplomadas, losas de azotea fisuradas”.

Además, la Sedatu entregó las “viviendas sin tinacos, con lavabos en baños sin la fijación adecuada a la pared, sanitarios sin operar por la falta de conexión a la red de alcantarillado, con las puertas metálicas con desprendimiento de pintura, igual que en las paredes exteriores”.

Supuestamente, la dependencia pagó 445 mil pesos a una empresa para supervisara que la construcción cumplía con las especificaciones técnicas y ocuparan los materiales de buena calidad, pero no lo hizo y no fue sancionada por ello.

Personal de la delegación estatal de la Sedatu en Chiapas y de la Auditoría Superior de la Federación realizaron recorridos de verificación física entre el 1 y 3 de marzo y del 11 al 12 de mayo de 2017 entre para verificar las 53 acciones de introducción de servicios que se debían hacer después de los daños provocados por el huracán Bárbara.

Comprobaron todas las deficiencias en las casas entregadas por la dependencia “no cuentan con los servicios urbanos básicos, existen encharcamientos por lluvia y agua residual por las depresiones existentes en las áreas comunes; el terreno donde se construyeron las viviendas está constituido por arena de mar, material inestable y erosionable en presencia de agua; y no existe alumbrado público”.

Por tanto, la Auditoría pidió al Órgano Interno de Control en la Sedatu que investigue y, en su caso, inicie el procedimiento administrativo correspondiente “por los actos u omisiones de los servidores públicos que en su gestión omitieron supervisar, vigilar y controlar en los aspectos técnicos y de calidad las viviendas”.

También solicitó la promoción de responsabilidades debido al sobrecosto del terreno donde se construyeron las viviendas porque se trata de un daño al erario y ocurrido luego de que mediante un convenio de pago anticipado de tierras celebrado el 30 de marzo de 2015, la delegación de Sedatu en Chiapas autorizó el pago del terreno denominado “Las Isabeles” ubicado en el municipio de Arriaga, Chiapas, si quiera consignarse en escritura pública ni ante notario público, ni inscribirse debidamente en el Registro Público de la Propiedad y del Comercio.

Aún así, la Sedatu erogó 3 millones 40 mil pesos por ese predio que antes había sido comprado en 9 de marzo de 2014 por el vendedor por 107 mil pesos, según consta en la escritura pública. Por tanto, la Auditoría solicitó a la dependencia que informe y justifique a través de documentos oficiales “que la compraventa se llevó a cabo sin vicios de consentimiento, dolo, error, mala fe o enriquecimiento ilegítimo que pudieran causar detrimento a alguna de las partes”.

La Auditoría también solicitó a la  Sedatu que realice las reparaciones pertinentes a las 38 casas para que los damnificados recuperen sus viviendas, a cuatro años de haberlas perdido en el huracán Bárbara.

 

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Cómo se forman los huracanes y por qué son tan frecuentes en México, Estados Unidos y el Caribe

La explicación científica es apasionante y te ayudamos a entenderlo con mapas, gráficos e imágenes satelitales.
30 de agosto, 2021
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Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.

Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.

Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.

Zonas donde se forman ciclones tropicales

BBC

Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.

Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?

Huracanes, bombas de energía

El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico — que provoca más del 60% de estos fenómenos — es una onda tropical.

La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.

Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.

Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, esta área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.

Origen de la onda tropical y los vientos globales

BBC

Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.

En concreto, es necesario que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC y que haya una capa espesa de agua caliente en el océano.

También tiene que haber, por un lado, vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre. Por el otro, vientos que mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.

Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme.

Además, tiene que haber una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera.

Ingredientes para un huracán

BBC

Todo esto tiene que ocurrir en las latitudes adecuadas, en general entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión.

Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar.

“El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta”, explica a BBC Mundo Jorge Zavala Hidalgo, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua.

El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes.

La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta.

Los vientos convergen y ascienden dentro de este área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj — por influencia de la rotación de la Tierra — y dando a los huracanes esa imagen tan característica.

A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán — el área central de hasta 10 km — permanece relativamente tranquilo.

A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos.

Más allá, están las bandas nubosas en forma de espiral, donde hay más lluvias.

La velocidad de los vientos es la que determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno “huracán”: en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora.

Pasos de depresión a ciclón tropical

BBC

A partir de ahí, se suelen clasificar en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, se usa la escala de vientos Saffir-Simpson para medir su poder destructivo.

Tal es su fuerza que los vientos de un huracán podrían producir la misma energía que casi la mitad de la capacidad de generación eléctrica del mundo entero, según la Administración Nacional de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOOA, por sus siglas en inglés).

Escala de vientos Saffir-Simpson

BBC

Sin embargo, no es el viento sino la marejada y las inundaciones que provoca la lluvia que descarga el huracán las que generalmente causan la mayor destrucción y pérdida de vidas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la marejada provocada por ciclones tropicales en el Atlántico fue responsable de casi la mitad de muertes entre 1963 y 2012, según datos de la Sociedad Americana de Meteorología (AMS, por sus siglas en inglés).

Además de estos factores, la destrucción causada por un huracán va a depender de otras circunstancias, como la velocidad a la que pasa, la geografía del territorio y la infraestructura de la zona afectada.

Mujer en su casa inundada

Getty Images
“Amanda” y “Cristóbal” no llegaron a ser huracanes pero dejaron lluvias extraordinarias y mucha destrucción en México y Guatemala en mayo de 2020.

“No necesariamente el daño o el peligro asociado a un ciclón tropical corresponde a su categoría. Por ejemplo, el ciclón de mayor categoría no tiene por qué tener asociada más precipitación”, dice Jorge Zavala Hidalgo a BBC Mundo.

México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables

Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.

Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan a los huracanes.

Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.

El recorrido de estos vientos también está influenciado por la rotación de la Tierra — el llamado efecto Coriolis — que hace que tiendan a desviarse hacia el norte.

Recorrido de los huracanes en el Atlántico norte en 2019

Wiki Project Tropical Cyclones/Tracks/Nasa/Xyklone
Los huracanes que se formaron en el Atlántico norte durante el 2019 siguieron distintos recorridos según las corrientes globales de viento u otros fenómenos – como los anticiclones – que encontraban en su camino.

En el Atlántico, mientras los huracanes avanzan se desvían levemente hacia el norte; y al superar aproximadamente los 30°N, suelen encontrase con los vientos del oeste, otra de las grandes corrientes globales, que hacen que se curven hacia el este.

En su camino van a toparse con el anticiclón de Bermudas-Azores que va a determinar si se dirigen hacia el Golfo de México o hacia Estados Unidos.

Los anticiclones son regiones de alta presión atmosférica con aire más seco, menos nubes y vientos que giran en la dirección de las agujas del reloj en el hemisferio norte.

El anticiclón de Bermudas actúa como un obstáculo y si los huracanes quieren avanzar tienen que bordearlo. Por este motivo, el tamaño y la posición del anticiclón puede determinar hacia dónde va un ciclón tropical.

Gráfico de localización del anticiclón de Bermudas-Azores

BBC

Si es débil y está más posicionado hacia el este, los huracanes lo rodean y siguen hacia el norte, alejándose del Caribe.

Por lo contrario, si es más fuerte y se encuentra al suroeste, un ciclón tropical puede dirigirse hacia el Golfo de México o hacia Florida.

La posición del anticiclón cambia según el año, las estaciones y puede variar en cuestión de días.

“A causa de esas variaciones, un huracán puede seguir una trayectoria muy distinta hoy que otro que pasa tres o cinco días después”, explica Jorge Zavala Hidalgo, del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Siguiendo la misma lógica, los anticiclones y otras masas de aire son responsables de que un huracán se recurve hacia el oeste, como pasó en 2012 con el huracán Sandy, por ejemplo.

Huracán Sandy en Nueva York

Getty Images
En su camino hacia el norte, el huracán Sandy (2012) se curvó azotando las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Después de tocar tierra en Cuba, Sandy empezó a desplazarse hacia el noreste, pero un anticiclón en Groenlandia y un frente frío bloquearon su camino. Eso provocó que Sandy retrocediera hacia la costa este de Estados Unidos, causando destrucción en Nueva York y Nueva Jersey.

En el Pacífico Este, a pesar de que es una zona más activa que el Atlántico Norte, tocan tierra menos huracanes.

“Lo que sucede es que esas tormentas suelen dirigirse hacia el oeste o noroeste. Algunas pueden retroceder hacia las costas de México si los vientos son los adecuados, pero la mayoría se dirigen a latitudes más altas, encuentran aguas más frías y desaparecen”, dice a BBC Mundo Gary M. Barnes, profesor retirado de la Universidad de Hawái, Estados Unidos.

Por qué casi no vemos en Sudamérica

Si bien la parte norte del Atlántico puede ofrecer las condiciones ideales para la formación de huracanes, no ocurre lo mismo bajo la línea del Ecuador.

“El Atlántico Sur es más tranquilo porque no hay onda tropical — es un fenómeno más común en el hemisferio norte — y hay más variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, algo que inhibe la formación de huracanes”, explica Barnes.

Simulación de todos los huracanes entre 1985 y 2015

NASA
El efecto Coriolis es demasiado débil en la línea del Ecuador para que los vientos giren y formen huracanes.

Además, los ciclones tropicales normalmente no se forman si no están al menos a unos 500 kilómetros del Ecuador, ya que el efecto Coriolis es demasiado débil para hacer que los vientos giren y formen un huracán.

Aunque es un fenómeno que pasa con poquísima frecuencia en Sudamérica, sí se han registrado huracanes en las costas del sur de Brasil.

En 2004, el ciclón tropical Catarina dejó 11 muertos y más de 30.000 personas desplazadas.

¿Y cómo puede impactar el cambio climático?

“El cambio climático provoca que la temperatura de la superficie del océano y la capa gruesa sean más calientes y eso es un problema. Tenemos teorías que dicen que si el océano es más cálido eso puede traducirse en tormentas más fuertes e intensas.”, dice el meteorólogo Gary M. Barnes.

Hay indicaciones de que las áreas en que un ciclón encuentra condiciones para mantenerse y sobrevivir se están extendiendo con el paso del tiempo, según Jorge Hidalgo, coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de México.

“Quizás el número de ciclones no aumente pero la distribución de categorías puede cambiar. Es decir, que haya más huracanes de categoría mayor y menos de categoría menor”, añade Zavala.

Los científicos coinciden, ,sin embargo, en que es muy pronto para medir el impacto del cambio climático en la formación y avance de los huracanes.

“Es probable que las tormentas se intensifiquen muy poco a poco, pero vamos a necesitar muchísima data para probar que el calentamiento global va a provocar huracanes más fuertes. En 25 años puede que tengamos evidencias”, concluye Barnes.

Agradecimiento a José Manuel Gálvez, meteorólogo del la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).


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