El INE registra al Bronco como candidato, pero insiste en que presentó apoyos falsos (incluso de gente muerta)
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El INE registra al Bronco como candidato, pero insiste en que presentó apoyos falsos (incluso de gente muerta)

El consejero Ciro Murayama recordó las irregularidades que el INE ubicó en los apoyos con los que el Bronco solicitó su registro como candidato independiente a la presidencia.
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Por Redacción Animal Político
10 de abril, 2018
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El Instituto Nacional Electoral acató este martes la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y registró a Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco, como candidato independiente a la presidencia.

Sin embargo, en la discusión sobre lo que determinó el Tribunal, fueron enumeradas de nueva cuenta las irregularidades en los apoyos o firmas que presentó el Bronco, para lograr la candidatura, rumbo a la elección del 1 de julio.

Leer: El Bronco sí estará en la boleta electoral; no se respetó su derecho de audiencia: Tribunal

Entre ellas, que en un inicio el equipo de Rodríguez Calderón incluso registró apoyos -los aspirantes independientes tenían que recolectar 866 mil firmas de gente para obtener la candidatura- con los datos de personas que ya habían fallecido.

El consejero del INE, Ciro Murayama, dijo que aunque el INE tenía la obligación de acatar la senencia del Tribunal, el Instituto también tenía la obligación de explicar lo ocurrido en este caso.

“Explicar no es cuestionar jurídicamente, y en democracia no hay mordaza. Vayamos a los datos duros, los que son reconocidos por tirios y troyanos”, dijo Murayama.

Para empezar, Murayama dijo que el Bronco envió al INE  2,034,403 apoyos entre octubre y febrero. De esos, 810,995 le fueron descartados, por diferentes razones.

Entre ellas, que 266,357 de los apoyos estuvieron duplicados.

11,748 eran de gente que estaba en el padrón, pero no en la lista nominal.

15,938 de los apoyos eran de gente que ya había sido dada de baja del listado nominal, lo que incluyó a 7,044 personas que habían fallecido y a 7,078 cuya credencial ya no estaba vigente, porque tenía más de diez años de antigüedad.

Otros 508,453 apoyos fueron descartados, ya que fueron registrados con fotocopias de credenciales de elector y con la credencial original, o con elementos no válidos, como tarjetas de descuento, o licencias de manejo.

Ese fue un primer corte, con lo que el Bronco quedó con un total de un millón 223,408 apoyos. Sin embargo, las revisiones continuaron, y también el hallazgo de irregularidades, por lo que le descontaron 387,897 y quedó con 835 mil 511.

Entonces se dio la etapa de audiencias, y Rodríguez Calderón recuperó apoyos a su favor.

“De los 835,511 apoyos que sí reunieron los requisitos normativos en un primer momento, más los 14,426 recuperados en la garantía de audiencia, se llegó a un monto final, que no ha cambiado ni con la sentencia, de 849,937 apoyos, es decir, el 98.08 por ciento. Se quedó a 1.92% por ciento. A 16,656 apoyos de alcanzar el umbral”, expuso el consejero.

Murayama, ante el señalamiento del Tribunal de que no se respetó el derecho a audiencia del Bronco, y no se le permitió revisar la totalidad de las inconsistencias, dijo que “en 12 ocasiones el equipo de Rodríguez Calderón acudió a revisar sus firmas”, entre el 15 de diciembre y el 28 de febrero, y luego su equipo tuvo audiencias de revisión en marzo.

Además, el consejero insistió en que se registraron inconsistencias “insubsanables” en los apoyos presentados por el Bronco, que no hubieran desaparecido con nuevas revisiones.

“Cuáles fueron las irregularidades realmente insubsanables para el INE: los muertos, ¿o qué, había que revisar si los 7 mil o algunos de ellos habían resucitado, o aquellos cuyos nombres nunca han estado en el padrón?, ¿querían que afiliáramos fuera de módulo y de norma a quien nunca ha tramitado una credencial?, ¿o ver si los 266 mil duplicados con el mismo nombre y misma clave de elector se habían convertido de una persona en dos diferentes?”, cuestionó Murayama.

“Se infirió que de ese universo de fallecidos, de nombres jamás registrados en el padrón, de personas repetidas, tal vez se podrían encontrar los 16,656 ciudadanos que faltaron. Y siguen faltando pero, por mandato del Tribunal Electoral, no importa”, agregó.

“Acatamos, pero no renunciamos al cabal ejercicio de nuestra autonomía e imparcialidad”.

El consejero Benito Nacif, en tanto, mencionó que “en todas y cada una de las audiencias desahogadas se puso a disposición del aspirante (el Bronco) la posibilidad de revisar todos los apoyos clasificados como ‘no encontrados’ o ‘inconsistencias’, sin embargo, en diferentes momentos y por diferentes razones su representación legal decidió agotar la revisión uno a uno de un conjunto menor de apoyos”.

También precisó que en un punto el Bronco, cuando recuperó firmas a su favor, pidió que se hiciera de nueva cuenta una revisión de todos sus apoyos, pero “sobre esta petición la autoridad le informó al aspirante que no podía ser concedida ya que le otorgaría una condición de inequidad frente a los demás aspirantes dado que en ningún caso se había permitido retrotraerse a una etapa concluida”.

El consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, dijo que todos los actos indebidos en la presentación de apoyos para obtener candidaturas, “siguen corriendo por los cauces legales, penales a cargo de la FEPADE y administrativos a cargo del Instituto Nacional Electoral para determinar y deslindar responsabilidades”.

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Cómo es el kawésqar, el idioma que solo hablan 8 personas en el mundo

¿Qué particularidades tiene el idioma nativo de los kawésqar? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes? Aquí te lo contamos.
27 de abril, 2022
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Entre laberínticos archipiélagos australes —donde los vientos, las lluvias y el frío no dan tregua—, vivían los kawésqar.

El grupo nómada pasaba gran parte del día en sus canoas (o hallef) recorriendo los canales entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes, rodeados de densos bosques y en busca de lobos marinos, nutrias, aves y moluscos para alimentarse.

Los hombres eran los responsables de la caza terrestre (que incluía el icónico huemul) y marítima, mientras las mujeres recolectaban mariscos mediante el buceo, para lo que cubrían su piel con grasa de lobo marino.

Al igual que el resto de los pueblos originarios que poblaron América hace miles de años, los kawésqar tenían su propia lengua, marcada profundamente por su geografía. Eso explica, por ejemplo, por qué tenían 32 maneras de decir “aquí”.

Pero con el paso del tiempo y la llegada de los colonos a esta zona austral de Chile, denominada Patagonia Occidental, el grupo étnico sufrió una transformación brutal: no sólo abandonó su vida nómada —estableciéndose en Puerto Edén, una pequeña villa situada al sur del golfo de Penas—, sino que también relegó a segundo plano su idioma.

Kawésqar

Internet Archive Book Images
Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, los kawéskar (también llamados “alacalufes” por algunos investigadores) fueron vistos por primera vez en 1526 por la expedición del marino español Francisco José García Jofré de Loaysa.

Y es que aprender español se volvió una necesidad para ellos y, así, poco a poco se llegó a un punto crítico: hoy, solo ocho personas hablan su lengua originaria.

Cuatro de ellas son ancianos. Tres nacieron en la década de 1960 —la última generación que adquirió la lengua desde la infancia—, y solo uno, que no es miembro del grupo étnico, lo habla: Oscar Aguilera.

El etnolingüista chileno de 72 años lleva casi 50 intentando salvar este idioma, registrando el vocabulario, grabando durante horas archivos sonoros y documentando el léxico.

Ahora hay otra persona que no es de la comunidad interesada en aprender su gramática: la pareja del próximo presidente Gabriel Boric y futura primera dama, Irina Karamanos.

La dirigenta feminista se ha comunicado con Aguilera con el fin de investigar más del tema. Para ella, los chilenos tienen una relación “deficiente” con sus comunidades y pueblos indígenas, y aprender de su léxico es una forma de acercarse a ellos.

Pero ¿qué particularidades tiene este idioma nativo? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes?

Aquí te lo explicamos.

¿Cuál es el origen del kawésqar?

Los lingüistas e investigadores siempre intentan responder la misma pregunta: ¿de dónde vienen las lenguas de los pueblos, cuál es su verdadero origen?

Kawéskar

Oscar Aguilera
Mujer kawéskar en Puerto Edén.

En el caso del kawésqar —así como de muchas otros hablas indígenas—la respuesta aún no está clara.

Esto se explica en parte porque se le considera una lengua “aislada” o “no clasificada”.

Es decir, no forma parte de una familia lingüística ni tiene vínculos con ninguna otra lengua viva (como sí lo tiene, por ejemplo, el español, que procede del latín y es parte de las lenguas romances).

Al ser “aislada” es más difícil descubrir de dónde vienen sus palabras, su estructura o su gramática.

Aunque se cree que los kawéskar habitan la Patagonia Occidental hace unos 10 mil años, el primer testimonio que se conoce de su lengua aparece recién entre los años 1688 y 1689, elaborado por el aventurero francés Jean de la Guilbaudière.

Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, hacia el siglo XIX su población alcanzaba las 4 mil personas, y la mayoría hablaba el idioma ancestral.

A fines del siglo XIX, sin embargo, su población descendió abruptamente a 500 personas y luego a 150 en la década de 1920.

Actualmente, hay cerca de 250 kawéskar en la región de Magallanes, pero son monolingües —hablan solo español— y no dominan la lengua de sus antepasados.

¿Qué características tiene?

Por sus características morfológicas, el kawéskar es una lengua aglutinante (al igual que el turco y otras) y polisinética; es decir, tiene “palabras, oraciones o frases” que no se pueden traducir con una sola palabra al español.

“No hay una equivalencia de uno a uno, como por ejemplo, el table inglés y el ‘mesa’ español. En kawésqar tenemos palabras como jerkiár-atǽl, un verbo que significa ‘el movimiento que hace el mar de flujo y reflujo'”, le explica Oscar Aguilera a BBC Mundo.

Puerto Edén.

Oscar Aguilera
En Puerto Edén viven unos 200 kawéskar actualmente.

A pesar del amplio contacto de los kawésqar con los colonos, se resisten a aceptar préstamos del español. Así, han creado sus propias palabras para llamar, por ejemplo, a los aparatos han ido adquiriendo (como el televisor o el teléfono).

Las pocas palabras que se han adoptado del español han sufrido una “nativización”; es decir, una transformación a la fonética kawéskar.

Es el ejemplo de “barco”, que se dice jemmáse pero también wárko. La “b” en castellano se reemplaza por la “w”, pues no existe el sonido “b” en kawésqar.

Además, hay un lado cultural que, según Aguilera, “difiere notablemente de la manera en como nosotros nos expresamos”.

Si el kawésqar no tiene certeza de lo que dice, no lo dice. Siempre usa el condicional. Culturalmente ellos rechazan la falta de veracidad, es sancionada por el grupo. La persona que miente se la señala con el dedo”, explica.

Así, por ejemplo, los kawésqar nunca dirían que tal persona los llamó desde Londres. Como no tienen seguridad de que esa persona estaba en Londres (porque no lo ven), dirían “me habría llamado” desde Londres.

¿Por qué está en peligro de extinción?

Al ser hablado solo por ocho personas, está entre las lenguas que la Unesco considera en vías de extinción.

“El problema es que, en términos generales, no es una lengua práctica. Es mejor aprender español o estudiar inglés”, dice Aguilera.

Según el experto, entre las razones que explican por qué el español penetró tan fuerte entre los kawésqar está la comercialización de sus productos con los nuevos habitantes de la zona.

Oscar Aguilera

Oscar Aguilera
El etnolingüista Oscar Aguilera se mudó a Punta Arenas en 2015. Hoy es profesor de la Universidad de Magallanes.

Además, de acuerdo al especialista, se sentían discriminados por los pueblos aledaños, como los chilotes (habitantes de la isla de Chiloé).

“Los chilotes los miraban en menos e incluso se reían de cómo hablaban su idioma. Entonces ellos decidieron no hablar más su idioma en público, sino que solamente en la casa”, explica el lingüista.

El Estado de Chile tampoco ha priorizado su rescate o sobrevivencia. Hasta el día de hoy no hay suficientes incentivos para revitalizar el idioma. La única escuela que hay en Puerto Edén, por ejemplo, enseña en español.

“Hay algunas personas que están haciendo esfuerzos por aprender la lengua, pero la falta de continuidad y persistencia, además de tratarse de una lengua gramaticalmente tan diferente del español, lo hace difícil para ellos”, cuenta Aguilera.


La fascinante historia de Oscar Aguilera

En el invierno de 1975, Oscar Aguilera emprendió una aventura que cambiaría su vida para siempre.

Siendo un joven inexperto, recién egresado de Filología Clásica, Germanística y Lingüística de la Universidad de Chile, decidió viajar a Puerto Edén, el lugar donde viven actualmente los kawésqar.

“Quedé muy impresionado porque me habían pintado un cuadro completamente distinto. Me imaginaba que me iba a encontrar con personas vestidas con pieles, casi con harapos, y viviendo en chozas icónicas. Pero no, ellos vivían en casas común y corrientes, y se vestían igual que yo”, dice.

En ese viaje —que se extendió por todo el invierno— conoció a la familia Tonko, quienes lo ayudaron a comenzar con el registro de la lengua, compartiendo con él largas jornadas de grabación.

Al año siguiente, publicó un primer léxico que perdura hasta el día de hoy.

Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

La fascinación de Aguilera con los kawésqar fue tal que siempre encontró razones para volver.

Y así es como decidió embarcarse en una segunda expedición, de la cual volvió con dos miembros de la comunidad a su casa en Santiago, donde vivía con sus padres y su abuela.

Estuvieron viviendo con nosotros durante cuatro meses. Mi familia los recibió bien, los aceptaron”, afirma.

Aguilera era en ese entonces profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile.

Cada tarde, cuando se acababan las clases, se quedaba con los dos kawésqar grabando parte de su léxico y registrando información etnográfica.

Luego, regresaron todos juntos a Puerto Edén.

“A mí me gustaba ir porque la lengua de una comunidad tiene un componente cultural muy importante. Así que me dediqué no solo a salvar el idioma sino también al rescate cultural que implica mucho más, toda la forma de vida y el testimonio propio de ellos”, explica.

La mayoría de los kawéskar que conoció en esos viajes hablaban español pero con distintos grados de competencia. Los más ancianos, por ejemplo, solían tener más interferencia de su lengua materna, cometiendo errores como la no diferenciación entre el singular y el plural.

Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

El académico reconoce que se enamoró de su gente.

“Hice todo lo contrario a lo que los libros de texto le recomendaban a un investigador: ‘Usted saque información, describa la lengua y váyase’. Yo me involucré con la comunidad”, dice.

“Adopción mutua”

En los años 80, la relación entre Oscar Aguilera y los kawésqar se profundizó aún más cuando decidió adoptar a dos niños de la comunidad para que recibieran una buena educación en Santiago.

Los niños pertenecían a la familia de los Tonko. En total, eran ocho hermanos. Uno de ellos, José, amaba la lectura.

“Con el permiso de sus padres, le compré un pasaje a Puerto Montt y lo fui a buscar para irnos a Santiago. Ingresó a la escuela, al Liceo Alessandri, donde yo también había estudiado”, cuenta.

José Tonko

Oscar Aguilera
José Tonko.

Cuatro años después, el hermano de José, Juan Carlos, también se fue a vivir a Santiago con Aguilera. Vivían todos juntos en una casa que el académico arrendaba en la comuna de providencia.

“Yo los adopté. Es que su familia había sido muy buena conmigo, me recibieron siempre como si fuera parte de ellos. Así que en realidad fue una adopción mutua”.

Cuando cumplieron 18 años, José y Juan Carlos ingresaron a la universidad. El primero, estudió Trabajo Social y Antropología, y el segundo, periodismo.

“Ellos son mi familia”

Actualmente, los hermanos —que bordean los 60 años— viven en la ciudad de Punta Arenas, al igual que Aguilera, quien dicta seis cursos en la Universidad de Magallanes.

“Hasta el día de hoy ellos son mi familia. Es como si fueran mis hijos, me cuidan y yo los cuido”.

Ambos han trabajado con él en la ardua tardea de rescatar el idioma.

José es coautor de distintas publicaciones —como “Gente de los canales” (2019)—, y ha colaborado en la creación de un diccionario kawésqar-español, que aún no logran terminar.

Además, entre 2007 y 2010, redactaron un texto y un archivo sonoro que se encuentra hoy en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad James Cook, en Australia.

Sin embargo, el lingüista cree que aún falta mucho por hacer.

José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

Oscar Aguilera
José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

“Detrás de las lenguas hay un gran conocimiento y por eso se deben preservar, porque albergan información única sobre el medioambiente donde vive la gente que lo habla”, dice.

De cara al futuro del idioma, su esperanza está depositada en la futura primera dama, Irina Karamanos.

Quizás su interés —dice— ayude a revitalizar realmente la lengua de quienes considera su verdadera familia.


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