Candidatos presidenciales omiten información sobre gasto, critica el INE; AMLO, el más cuestionado
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Candidatos presidenciales omiten información sobre gasto, critica el INE; AMLO, el más cuestionado

El consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, dijo que en las campañas existe "una notable diferencia entre las actividades registradas y los gastos que reportan las distintas fuerzas políticas".
Especial
Por Redacción Animal Político
25 de abril, 2018
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El Instituto Nacional Electoral (INE) indicó este miércoles que en el periodo de campaña los candidatos presidenciales han incurrido en omisiones en la rendición de cuentas sobre su gasto.

Al hacer un corte hasta el 23 de abril, los cinco candidatos presidenciales habían reportado un gasto de 157.2 millones de pesos.

“En los gastos, Ricardo Anaya informa erogaciones por 118 millones de pesos, el 75 por ciento de lo gastado por los cinco candidatos: José Antonio Meade 26.6 millones, el 17 por ciento del gasto total a la Presidencia; López Obrador, 9.9 millones, el 6.3 por ciento; Margarita Zavala 1.5 millones, el uno por ciento; y Jaime Rodríguez 780 mil pesos, 0.5 por ciento”, detalló el consejero, Ciro Murayama.

En cuanto al número de operaciones, Anaya había reportado 167 operaciones de gasto, el 23 por ciento del total; Meade 377 operaciones, el 52 por ciento del total; López Obrador 38 operaciones, el cinco por ciento del total; Margarita Zavala 137 operaciones, el 19 por ciento; y Rodríguez Calderón nueve operaciones, el uno por ciento.

Murayama apuntó que los candidatos deben presentar sus informes de gasto, en tiempo real, 72 horas después del acto de campaña, al que destinaron recursos, “para reflejar los costos de mismo y de dónde salió el recurso involucrado”.

Sin embargo, los aspirantes han incurrido en retrasos, a excepción del candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade.

El caso más grave es el del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, ya que el 70% de sus operaciones fueron cargadas con retraso en el Sistema Integral de Fiscalización (SIF).

“El 13 por ciento de las operaciones de Anaya son extemporáneas, mientras que ninguna lo es en el caso de Meade; el 70 por ciento de las de López Obrador se cargan con retraso, fuera del plazo normativo, Margarita Zavala tiene solo el 2.4 de sus operaciones fuera de tiempo y Jaime Rodríguez realiza de forma extemporánea el 55 por ciento de su rendición de cuentas”, enumeró Murayama.

Ir retrasando la rendición de cuentas o subir al SIF información con demora, dijo Murayama, “conspira contra la fiscalización porque dificulta la verificación”.

Otro punto en el reporte de gastos es el relativo a los eventos públicos, o actos de campaña.

Ahí existe un contraste importante, pues mientras en promedio cada evento de Anaya fue reportado con un costo de 2.2 millones de pesos, cada evento de López Obrador costó en promedio 203 mil pesos. 

“Ricardo Anaya ha realizado 53, con un costo promedio de 2.2 millones de pesos por cada evento; José Antonio Meade 67 eventos, costo medio de 397 mil pesos; López Obrador con 49 eventos, costo promedio de 203 mil pesos; Margarita Zavala una erogación promedio de 46 mil pesos; y 55 mil en el caso de Rodríguez Calderón”, informó Murayama.

Otro rubro, es el de propaganda en las calles. El INE indicó que se han realizado mil 744 recorridos en todas las calles y carreteras del país, y ha registrado cinco mil 185 testigos de publicidad, de los candidatos presidenciales.

Murayama cuestionó casos como el de López Obrador, pues al hacer las cuentas resulta que cada anuncio le ha costado, en promedio, solo 31 pesos. En contraste, cada anuncio de Anaya costó, según los registros existentes, 22 mil 950 pesos en promedio.

“Desde ahora es posible detectar omisiones en la rendición de cuentas, por ejemplo, al candidato de la coalición ‘Juntos haremos historia’ se le han detectado mil 727 testigos de propaganda en vía pública, sin embargo, el candidato ha reportado gastos en este rubro de tan solo 53 mil 500 pesos, lo que significa que cada propaganda, cada anuncio, barda, espectacular, en promedio le ha costado 31 pesos”, dijo el consejero.

“José Antonio Meade tienen detectados 2 mil 053 testigos de propaganda en vía pública, y como ha reportado 185 mil 600 pesos, tiene un promedio de gasto de 90 pesos por anuncio, por barda. Mientras que el candidato de la ‘Coalición por México al Frente’ tiene detectados mil 384 testigos, y ha reportado gastos de 31.8 millones en este rubro, esto es 22 mil 950 pesos por espectacular”, agregó.

En el caso de los independientes, no han reportado gastos de propaganda en la vía pública, “a pesar de que ya hemos recopilado 21 testigos de la candidata Margarita Zavala”.

El consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, dijo que las operaciones de campaña que han registrado los candidatos, hasta ahora, “reflejan una vez más, una notable diferencia entre las actividades registradas y los gastos que reportan las distintas fuerzas políticas”.

Lo anterior, dijo, se comprueba comparando los eventos realizados con los datos reportados por la y los candidatos a la presidencia de la República, y también por las cifras relacionadas con la propaganda electoral.

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Elecciones en Brasil: 3 claves para entender el áspero duelo entre Bolsonaro y Lula da Silva

La mayor democracia de la región celebra este domingo unos comicios marcados por la extrema polarización y las dudas sobre cómo reaccionaría el presidente ante una posible derrota.
2 de octubre, 2022
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A primera vista, las elecciones de este domingo en Brasil pueden parecer una típica disputa latinoamericana por votos entre la derecha y la izquierda política.

Sin embargo, este duelo electoral que tiene como protagonistas al presidente brasileño de ultraderecha, Jair Bolsonaro, y al expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva es especial por donde se lo analice.

Las últimas encuestas colocan a Lula como líder en las intenciones de voto, con una ventaja de entre seis y 14 puntos sobre Bolsonaro. Algunas dejan abierta la posibilidad de que gane la presidencia en esta primera vuelta, sin tener que ir a un balotaje el 30 de octubre.

Pero la dureza de la lucha electoral, el ánimo de los votantes y, sobre todo, las dudas sobre cómo actuaría Bolsonaro ante una posible derrota, llevan a expertos en política brasileña como Marco Antonio Teixeira a advertir que esta elección es “atípica”.

Tres claves ayudan a entender lo que ocurre en la mayor democracia de América Latina.

1. Polarización extrema

Si bien hay 11 candidatos presidenciales registrados, esta elección en Brasil es un pulso entre Bolsonaro, de 67 años, y Lula, de 76.

La idea de organizar una “tercera vía” nunca se concretó en la práctica.

El candidato que sigue en las encuestas, el centroizquierdista Ciro Gomes, figura con menos de 10% de las intenciones de voto.

A diferencia de elecciones anteriores en que los contendientes se veían como adversarios, ahora hay una fuerte polarización donde se instaló la noción de “enemigo político”, explica Vera Chaia, profesora de ciencia política en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.

“Con el enemigo no tienes diálogo, no respetas al otro: eso es lo que está ocurriendo”, dice Chaia a BBC Mundo. “La propagación del odio y la visión estrecha del candidato Bolsonaro hacen que esta elección sea muy exasperada”.

Manifestaciones a favor de Lula e Bolsonaro

Reuters
Brasil vive una fuerte polarización política entre Lula y Bolsonaro.

Ese nivel de crispación se apreció claramente en el último debate de candidatos presidenciales el jueves por la noche, donde Bolsonaro y Lula intercambiaron acusaciones de mentir y tener pandillas dedicadas al desvío de fondos en sus gobiernos.

Durante la campaña, Bolsonaro planteó los comicios como “una lucha del bien contra el mal”, se presentó como garante de los valores conservadores y cristianos, y se refirió a Lula como un “ladrón” que puede llevar a Brasil hacia un socialismo como el de Venezuela.

El presidente ha sido acusado de incitar la violencia política, con frases como la que lanzó en mayo al hablar de las alianzas de sus rivales: “Es bueno, un tiro solo mata a todo el mundo, o una granadita”.

Bolsonaro ha negado que sus palabras estimulen la violencia.

Pero Lula lo responsabilizó por el homicidio de un simpatizante suyo que, según la policía, fue apuñalado en agosto por un seguidor del presidente tras una discusión política en un área rural del estado de Mato Grosso.

En julio, un militante del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula fue asesinado a tiros por un policía que irrumpió en su fiesta de cumpleaños que homenajeaba al expresidente y gritó: “¡Aquí somos de Bolsonaro!”

Funeral del militante del PT Marcelo Arruda en Foz de Iguaçu

AFP
El asesinato del militante del PT Marcelo Arruda sacudió a Brasil en julio.

Lula ha buscado ampliar su base electoral con acuerdos como el que alcanzó con su candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, un exrival suyo de centroderecha al que derrotó en las elecciones de 2006.

Pero el líder izquierdista tampoco rehuyó de la confrontación directa con Bolsonaro, a quien ha calificado de “genocida” por su respuesta a la pandemia de covid-19, y sostuvo que en las elecciones se juega “la democracia contra el fascismo”.

Con un debate alejado de las propuestas de gobierno, es probable que la tensión política aumente más en Brasil si ningún presidenciable supera la mitad de los votos válidos en la primera vuelta y hay un segundo turno entre Lula y Bolsonaro.

2. Un mar de angustias

Con este panorama, los brasileños parecen mirar con recelo la campaña electoral: tres de cada cuatro votantes (67,5%) teme sufrir agresiones por motivos políticos, según una encuesta de la firma Datafolha.

Pero esa está lejos de ser la única inquietud de la población.

De hecho, las mayores preocupaciones de los brasileños pasan por temas económicos como el desempleo o la inflación, así como por la salud, según distintos sondeos.

Fila de búsqueda de empleo en Brasil.

Agência Sindical
La tasa de desempleo en Brasil cayó a 9,1% pero aun es una de las mayores preocupaciones de los votantes.

Esta elección será la primera en Brasil luego de la pandemia que golpeó con dureza al país y dejó más de 685.000 muertes mientras Bolsonaro comparaba el covid con una “gripecita” y se mostraba escéptico sobre las vacunas para combatirlo.

La economía brasileña entró en recesión en 2021 y, si bien volvió a crecer desde hace casi un año y la tasa de desempleo cayó a 9,1% en julio, la mejora está lejos de ser percibida por la población en general.

El 15% de brasileños (unos 33 millones de personas) pasa hambre y más de la mitad de la población padece (125 millones de personas) padece en algún grado de inseguridad alimentaria, de acuerdo a un estudio de la red Penssan.

Algunas noticias recientes han causado escalofríos.

El agosto, un niño de 11 años en la región metropolitana de Belo Horizonte llamó a una línea policial de emergencia para informar que no había “nada” que comer en su casa, luego de ver a su madre desesperada por la falta de alimentos para sus hijos.

Mujer con hijo en brazos busca comida en un armario.

Getty Images/AFP

“La mayoría de la población brasileña está angustiada”, dice Chaia. “En Brasil ocurrió un retroceso total: en lugar de ir para adelante, Brasil fue para atrás”.

Muchos en el país añoran los años de 2003 a 2010 en que Lula gobernó en medio de un boom económico impulsado por altos precios de las materias primas y millones de personas ascendieron a la clase media con programas sociales del gobierno.

Bolsonaro y sus seguidores, en cambio, recuerdan el desplome que tuvo la economía brasileña bajo el mandato de la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, y los grandes escándalos de corrupción que surgieron en los gobiernos del PT.

El propio Lula estuvo 19 meses preso por un caso de corrupción, pero el Supremo Tribunal Federal brasileño anuló sus condenas en 2021 por fallas en el proceso que condujo el entonces juez Sergio Moro, quien luego fue ministro de Bolsonaro.

Un hombre en Brasil muestra un plato que tiene escrita la palabra "hambre" en portugués.

Reuters
La el hambre y la inseguridad alimentaria moderada afecta a tres de cada 10 brasileños.

El gobierno de Bolsonaro, que también ha sido salpicado por denuncias de corrupción, aumentó 50% el programa Auxilio Brasil de subsidios a los pobres en agosto, hasta 600 reales (unos 115 dólares) por persona.

Pero nada indica que con esto el presidente haya eliminado la ventaja de Lula en las encuestas, que en las últimas semanas reflejaron una carrera estable.

3. Incertidumbre sobre el desenlace

Para que un candidato gane en primera vuelta, precisa superar la mitad de los votos válidos (es decir, descontando del total los sufragios en blanco o nulos).

Algunas de las últimas encuestas ubican a Lula próximo a ese umbral de 50% de los votos válidos.

Datafolha e Ipec, dos grandes encuestadoras brasileñas, proyectaron el sábado que el expresidente tenía el 50% y 51% de los votos válidos respectivamente.

Como el margen de error de esos sondeos es de dos puntos más o menos, señalaron que no es posible anticipar si Lula ganará en primera vuelta o irá a un balotaje con Bolsonaro en cuatro semanas.

Eso puede depender en buena medida del nivel de participación este domingo: los votantes de baja renta y escolaridad, que tienden a apoyar más a Lula, también suelen tener mayores índices de abstención. Por eso, el izquierdista llamó en los últimos días a votar.

Claro, las encuestas pueden errar y la diferencia entre los candidatos podría ser menor o mayor de lo que proyectan.

Pero lo que vuelve más peculiar esta elección es la incertidumbre sobre si Bolsonaro reconocería una victoria de Lula.

A semejanza de lo que hizo su “amigo” Donald Trump como presidente de Estados Unidos, Bolsonaro ha buscado sembrar dudas sobre la fiabilidad de las encuestas y, sobre todo, del sistema de votación de su país, sin presentar pruebas para ello.

Además ha repetido, como hacía Trump, que aceptará el resultado de las elecciones “siempre que sean limpias”.

Jair Bolsonaro

Reuters
Bolsonaro ha planteado dudas sobre la fiabilidad del sistema electoral brasileño, sin presentar pruebas.

Muchos se preguntan si Bolsonaro se prepara así para actuar también como Trump en caso de ser derrotado y denunciar un fraude en su contra, intentando seguir en el poder.

“Nunca antes en la historia de este país (…) discutimos una reelección y también si el resultado será impugnado o no”, dice Teixeira, politólogo de la Fundación Getulio Vargas, a BBC Mundo. “Eso es inédito en la democracia brasileña”.

La preocupación es tal que un manifiesto en defensa de la democracia y el sistema electoral del país recogió en agosto la firma de más de un millón de brasileños, desde artistas y deportistas hasta intelectuales y expresidentes.

Bolsonaro pareció moderar su retórica en días recientes, por ejemplo al declarar que si pierde la elección pasará la banda presidencial y se retirará de la política.

Pero algunos cuestionan si eso respondió apenas a un esfuerzo del presidente por captar votos de centro.

Luis Inácio Lula da Silva

Reuters
Lula figura como favorito en las encuestas aunque es probable que tenga que disputar un balotaje con Bolsonaro.

Distintos analistas ven un riesgo de que, si el Bolsonaro denuncia un fraude en su contra, sus seguidores arremetan contra las instituciones como hicieron los trumpistas el año pasado en el Capitolio de Washington.

En los actos de Bolsonaro es común ver carteles pidiendo “intervención militar” y en plena campaña la policía registró las casas de empresarios simpatizantes del presidente por discutir en WhatsApp sobre la posibilidad de un golpe de Estado, aunque ellos niegan haber cometido delito alguno.

Las Fuerzas Armadas ganaron protagonismo en el gobierno de Bolsonaro, un excapitán del Ejército que ha expresado nostalgia por el régimen militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985 y ha elogiado a uno de los torturadores de ese régimen.

Para estas elecciones, los militares plantearon cuestionamientos a la justicia electoral sobre las urnas electrónicas y prevén hacer un seguimiento propio del escrutinio, algo también novedoso en el país.

Teixeira descarta que las Fuerzas Armadas brasileñas como institución tengan intenciones golpistas.

Pero advierte que las dudas planteadas desde la propia presidencia sobre el desenlace de las elecciones “dejan todo en un estado que contribuye a la inestabilidad”.


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