Meade, Zavala y Cuauhtémoc Blanco piden al INE seguridad para sus campañas
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Cuartoscuro.

Meade, Zavala y Cuauhtémoc Blanco piden al INE seguridad para sus campañas

Los aspirantes a la presidencia y a la gubernatura hicieron llegar al INE la petición, que se remitirá a la Secretaría de Gobernación para que ésta analice la solicitud y resuelva aplicar el protocolo de seguridad.
Cuartoscuro.
Por Notimex
17 de abril, 2018
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Los candidatos al Presidencia de la coalición Todos por México, José Antonio Meade Kuribreña, y la independiente, Margarita Zavala Gómez del Campo, así como el aspirante al gobierno de Morelos, Cuauhtémoc Blanco Bravo, solicitaron al INE se les apoye con seguridad en el desarrollo de las campañas.

En entrevista, el consejero Marco Antonio Baños Martínez informó que este lunes los aspirantes a la Presidencia de México y a gobernador hicieron llegar al Instituto Nacional Electoral (INE) esta petición, que a su vez remitirá a la Secretaría de Gobernación (Segob) para que analice la solicitud y resuelva aplicar el protocolo de seguridad.

Precisó que para el caso de los candidatos a la Presidencia de la República, el procedimiento que realiza la dependencia tarda de dos a tres días, y que la seguridad deberá estar a cargo del Estado Mayor Presidencial.

En tanto, en el del aspirante a la gubernatura y a diputados federales, que también han llegado al INE, las analizará la dependencia federal, debido a que la seguridad de ellos debe estar a cargo de las instituciones federales y locales.

Explicó que se han turnado todas las solicitudes a la Segob para que se analicen y se dictamine lo procedente en el marco del protocolo que se firmó con esta dependencia.

“De entrada la seguridad con los candidatos Presidenciales es a través de protocolo que el instituto suscribió con la Secretaría de Gobernación hace semana y media. Ese protocolo establece que el Estado Mayor Presidencial brinda seguridad a los candidatos presidenciales, ellos determinan las condiciones”, detalló.

En el caso de las gubernaturas, que la solicitó la semana pasada Blanco Bravo, como es una elección local deberían ser un tema de la entidad, pero por las circunstancias que prevalecen en Morelos, “supongo que Cuauhtémoc Blanco decidió apegarse a la posibilidad de que el INE le tramite esa seguridad y la hemos turnado también”.

“Las candidaturas a la Presidencia de la República son evidentemente necesarias y creo que los candidatos a la Presidencia de la República tienen que analizar el contexto y saber que la participación de un candidato presidencial es fundamental en un proceso electoral y que evidentemente tienen que estar resguardados”, afirmó.

Baños Martínez comentó que el candidato independiente a la Presidencia, Jaime Rodríguez Calderón sabe sobre este protocolo y hasta ahora no ha solicitado el apoyo.

Informó que, por otra parte, el INE tiene reuniones periódicas de coordinación  con las instancias de seguridad, como Gobernación y algunas áreas de la Procuraduría General de la República, se ha hecho el planteamiento y se revisa la situación de violencia y provocaciones en el marco del desarrollo de las campañas electorales.

El consejero indicó que capacitadores del INE que recorren las calles del país para notificar a las personas que fueron insaculadas para participar en el proceso electoral como funcionarios de casillas, han sido violentados por el crimen común que se registra en el las ciudades del país.

Baños Martínez abundó que se han registrado unos 20 casos, los cuales han sido atendidos, pero que en realidad son muy pocos, pues el universo de capacitadores es de más de 30 mil.

“Hemos tenido algunas agresiones en los suburbios de las zonas urbanas, donde los perros han atacado a los capacitadores electorales y algunos intentos de asalto para quitarles sus celulares o mochilas”, detalló.

Sobre el tema de la violencia en actos de campaña, recordó que el INE los ha condenado ya que rechazan que sea una vida normal para el desahogo de las campañas electorales, y han hecho llamados a las autoridades competentes para que los apoyen en la revisión de estos incidentes, que se aclaren y tomen medidas preventivas.

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'Los talibanes no aceptan la justicia impartida por mujeres': la desesperada huida de una jueza afgana

Como otras mujeres que desempeñaron posiciones en el poder judicial afgano antes de que el Talibán tomara el poder en 2021, esta jueza temía que su trabajo pudiera representar una amenaza para su vida y la de su familia.
17 de agosto, 2022
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Cuando desembarcó en Brasil con su familia, Sahar* sólo tenía una maleta con una o dos mudas de ropa.

La jueza salió de Afganistán a toda prisa el año pasado, huyendo de los talibanes y tuvo que dejar todo atrás.

Como muchas otras mujeres que ocuparon cargos en el poder judicial afgano antes de que el grupo fundamentalista tomara el poder en agosto de 2021, temía que su trabajo pudiera representar una amenaza para su vida y la de su familia.

“Tuve que dejar atrás todo lo que construí en Afganistán: mi casa, mis posesiones y parte de mi familia”, le dijo la jueza a BBC News Brasil.

“Tenía una vida completa y lo perdí todo”.

En los últimos 20 años, 270 mujeres se han desempeñado como magistradas en Afganistán. Muchas de ellas lograron escapar con la ayuda de la Asociación Internacional de Juezas (IAWJ) y se refugiaron en varios países del mundo.

Brasil otorgó visas humanitarias a siete de estas juezas y a tres magistrados. Todos llegaron al país en octubre pasado y fueron recibidos por la Asociación de Magistrados Brasileños (AMB).

Pero alrededor de 90 juezas siguen atrapadas en su país, escondidas.

“Salir de allí”

En su relato, Sahar detalla los momentos de miedo y desesperación que precedieron a su huida de Afganistán.

La jueza y su familia tuvieron que dejar su hogar para esconderse en otro lugar después de que los talibanes tomaron el poder.

Los talibanes tomaron el control de Afganistán en agosto del año pasado.

Getty Images
Los talibanes tomaron el control de Afganistán en agosto del año pasado.

Con la caída del gobierno afgano, jueces de todo el país comenzaron a ser perseguidos por su participación en los juicios y condenas de miembros del grupo extremista durante el período de ocupación estadounidense.

Los talibanes incluso abrieron prisiones en todo el país, liberando a hombres que los magistrados habían encarcelado.

La vida de las mujeres también cambió drásticamente con el establecimiento del régimen. Se prohibió a las niñas recibir educación secundaria, se disolvió el ministerio de la mujer y, en muchos casos, se impidió que las empleadas regresaran al trabajo.

“Grupos como los talibanes, Daesh (Estado Islámico) y otros no aceptan la justicia impartida por mujeres”, dice Sahar.

“La situación se volvió realmente desesperada cuando los talibanes comenzaron a registrar las casas de todos los jueces. Invadieron la Corte Suprema y obtuvieron acceso a todo tipo de información sobre nosotros, como fotos, direcciones y documentos”.

“Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que realmente no podíamos quedarnos en Afganistán porque era demasiado peligroso”, dice.

La ayuda

La jueza inicialmente se refugió en la casa de los familiares.

“Estábamos encerrados sin poder salir. No podíamos volver a nuestro departamento ni sacar nuestras cosas porque los talibanes patrullaban nuestra cuadra”.

Después de que los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021, miles de afganos intentaron huir del país.

AFP
Después de que los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021, miles de afganos intentaron huir del país.

“Fue realmente difícil. No podía cocinar ni lavar ni hacer nada, solo pensaba en que tenía que salir de allí“.

Pasaron dos meses antes de que Sahar recibiera la noticia de que iba a ser rescatada y de que recibiría refugio en Brasil.

“Le informamos sobre nuestra situación a la IAWJ y ellos entraron en contacto con varios países en busca de ayuda y visas para nosotras, las juezas”.

“Cuando me tocó a mí, me dijeron que íbamos a Brasil”.

La magistrada se mudó con sus familiares más cercanos. Por razones de seguridad, no se revelaron los detalles de la operación que los sacó de Afganistán y los trajo a Brasil.

“Dijeron que no podíamos llevar muchas cosas con nosotros, porque todo tenía que ser discreto. Así que no trajimos casi nada, tal vez solo una o dos mudas de ropa”, le dijo Sahar a BBC News Brasil.

“Tengo que controlarme para no llorar cuando recuerdo el día que nos fuimos. Fue una gran desgracia para nosotros”.

“Teníamos una buena casa, un buen salario y nuestra familia en Afganistán y dejamos todo atrás. Fue una situación muy mala, apenas puedo describirla con palabras”.

Miedo por lo que queda atrás

En sus más de cuatro años como magistrada en Afganistán, Sahar estuvo involucrada principalmente en casos penales.

Esta imagen de archivo muestra a una maestra en Afganistán, donde mujeres y niñas fueron excluidas de la escuela secundaria.

Getty Images
Esta imagen de archivo muestra a una maestra en Afganistán, donde mujeres y niñas fueron excluidas de la escuela secundaria.

La jueza dice que está orgullosa de su trabajo, especialmente en casos relacionados con la seguridad y el bienestar de otras mujeres.

“Tiene que haber espacio para que las mujeres sean juezas, porque una mujer confía en la otra. Las mujeres que fueron a la corte pudieron abrirse más con nosotras”, cuenta.

Era muy feliz en mi trabajo. Desde pequeña soñaba con ser jueza y hacer justicia para las familias y los niños”.

Sahar dice que no le tocó juzgar ningún caso directamente relacionado con el Talibán, pero admite que pudo haber participado en juicios por delitos comunes cometidos por miembros del grupo.

“Procesé todo tipo de casos, como asesinato, secuestro, robo, corrupción, casos de familia”.

Debido a su trabajo, teme por la vida de algunos miembros de su familia que aún se encuentran en Afganistán.

“Tengo miedo porque tienen todo tipo de datos e información sobre nosotros. Podrían estar en peligro“, dice.

“Cuando salimos de Afganistán todos se mudaron y se escondieron en otros lugares”.

“Hablo con ellos a veces, pero no mucho porque creo que nuestros números pudiesen estar siendo interceptados”.

E incluso a millas de distancia de Afganistán, Sahar dice que todavía teme por lo que dejó atrás.

“A veces todavía tengo miedo, porque soy humana y pienso demasiado en las cosas”.

Vida en brasil

Sahar y los otros nueve magistrados que se refugiaron en Brasil recibieron visas humanitarias emitidas sobre la base de una ordenanza interministerial publicada en septiembre de 2021, por los ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia y Seguridad Pública.

Entre jueces y familiares, 26 personas llegaron al país en octubre pasado.

“Todos llegaron a Brasil muy asustados, preocupados por la seguridad y sin hablar una palabra de portugués”, dice Renata Gil, presidenta de la Asociación de Magistrados Brasileños que coordinó la recepción de las familias.

Para que pudieran reiniciar sus vidas, todos recibieron alojamiento, alimentación y atención médica proporcionada por esa organización y sus socios.

Los magistrados y sus familias también están estudiando inglés y portugués y sus hijos han obtenido becas en escuelas locales.

“Todas las juezas que recibimos tienen profundas cicatrices por todo lo vivido y un gran dolor por lo perdido. Es un proceso de adaptación intenso”, indica Gil.

“Pienso en mi país”

Después de un período inicial viviendo en alojamientos militares, Sahar ahora vive con toda su familia en una propiedad alquilada.

Una vista de Kabul

BBC
Una vista de Kabul.

Fue empleada como asistente legal por un bufete de abogados, donde investiga casos relacionados con inmigración.

La jueza dice que, antes de mudarse a Brasil, sabía muy poco sobre el país. “No había oído mucho sobre la gente, la cultura o el idioma”, precisa.

Y aunque está muy agradecida por la cálida bienvenida y la ayuda que ha recibido, Sahar dice que no pasa un día sin pensar en volver a casa.

“Pienso en mi país, mi familia y mi antiguo trabajo todos los días. Afganistán es mi patria y la extraño cada día”.

“No puedo decir que estoy disfrutando mi tiempo en Brasil, porque esta situación no es nada fácil”, señala la jueza.

“Pero estamos muy agradecidos por toda la ayuda que hemos recibido. La gente aquí es muy amable, al igual que el pueblo afgano”.

“Espero que todo salga bien para poder volver. Sé que la situación no es fácil, pero si Alá lo quiere, tal vez todo se resuelva pronto”.

*El nombre de la jueza ha sido cambiado para proteger su identidad y garantizar su seguridad y la de su familia.

Este artículo fue originalmente publicado en BBCBrasil


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