Los narcos que controlan el tráfico de cocaína de Colombia (y que no se parecen a Pablo Escobar)
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Los narcos que controlan el tráfico de cocaína de Colombia (y que no se parecen a Pablo Escobar)

¿El secreto? Bajo perfil, solvencia en el mundo financiero, pocas o ninguna excentricidad y, fundamentalmente, creer ciegamente en que el dinero puede persuadir más que las balas.
21 de abril, 2018
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No hablan como mafiosos, no se visten como mafiosos, no se comportan como mafiosos, pero sí son mafiosos.

No visten marcas de ropa europea ni conducen coches de alta gama. Pueden ser vecinos de un docente de universidad privada o de un viceministro del gobierno en un barrio de clase media alta.

Es la nueva generación de narcos colombianos que no tiene nada que ver con el estereotipo que encarnó como nadie Pablo Escobar, quien murió hace casi 25 años.

Son gente mucho más formada que la que fundó el negocio hace más de cuatro décadas, capaz de moverse con solvencia entre las clases altas y pasar debajo del radar de las fuerzas antidroga mundiales con asombrosa habilidad.

¿El secreto? Bajo perfil, solvencia en el mundo financiero, pocas o ninguna excentricidad y, fundamentalmente, creer ciegamente en que el dinero puede persuadir más que las balas.

Por eso les llaman los “invisibles”.

Policía con cocaína incautada

Getty Images
En los primeros años de este siglo se pensó en la posibilidad de que el narcotráfico sería derrotado en Colombia.

¿Qué eran los traquetos?

En Colombia, algunos le llaman “traqueto” al narcotraficante e incluso se habla de la “cultura traqueta”, que son los hábitos, términos y símbolos que se forjaron desde los primeros años del cartel de Medellín y de Cali.

Escobar era, en ese sentido, el “traqueto” por excelencia.

Salió de una familia humilde con escasa formación académica, pero dotado de una ambición e iniciativa que lo llevaron a ser considerado el narcotraficante más famoso de la historia en pocos años (solo Joaquín “el Chapo” Guzmán le podría disputar ese sitial).

Llegó a ser senador de la República, presumió su enorme fortuna desde Las Vegas hasta las playas de Río de Janeiro.

Tuvo un zoológico propio con especies importadas desde Estados Unidos y África, colección de autos clásicos y una hacienda bautizada con el nombre de la ciudad en la que nació el padre de Al Capone: Napolés.

Hipopótamo de Escobar

Getty Images
Escobar montó un zoológico propio en su hacienda Nápoles.

Acompañaba su talante excéntrico con su implacable carácter sanguinario que lo llevó a ofrecer un puñado de dólares a todo aquel que mate a un policía en Medellín o a estallar un avión en pleno vuelo.

Por todo eso se convirtió en el hombre más buscado del mundo entre finales de los 80 y principios de los 90.

Falleció cercado por fuerzas de seguridad en diciembre de 1993, después de declararle la guerra el Estado y, según más de uno, estar cerca de ganarla.

Bajo su sombra se forjó toda una generación de “traquetos” ansiosos de ser el nuevo “Patrón” con el derroche, excesos y asesinatos como banderas. Ninguno lo logró (o al menos ninguno de los que llegó a ser descubierto).

Escobar disfrazado de mariachi

Getty Images
Nadie encarnó como Escobar el arquetipo del traqueto colombiano.

La transición

A partir de la extinción de los poderosos carteles de Medellín y de Cali hubo una readecuación en las dinámicas del negocio del narco, explica Hernando Zuleta, director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (Cesed), de la Universidad de Los Andes de Bogotá.

Desde ese momento, en la década del 90, el cultivo de hoja de coca se multiplica en territorio colombiano y los grupos armados como las guerrillas y los paramilitares entran en el negocio de lleno.

También es el momento en el que los carteles mexicanos toman el control del mercado estadounidense de cocaína y la paulatina aparición en Colombia de un nuevo tipo de narcotraficante.

“Surgen nuevos actores en la etapa de distribución de la droga que aprendieron algo: en el pasado la visibilidad de los grandes carteles fue la que los destruyó“, explica Zuleta a BBC Mundo.

El experto apunta que estos nuevos narcos colombianos se caracterizan por su bajo perfil y “porque a primera vista no son sospechosos”.

“No son individuos que andan en grandes carros y se pueden mezclar fácilmente entre gente de alta sociedad”, señala el investigador.

Zuleta añade que “claramente son urbanos, con contactos cercanos con la mafia mexicana, pero que pueden pasar desapercibidos”.

“Son gente formada que, desde la forma de hablar, dan la señal de ser gente educada. Eso les permite codearse con cualquiera. No se visten de manera muy vistosa, pueden ser un vecino de cualquier barrio de clase media alta que maneja un carro normal“.

Por lo que se ha logrado saber hasta ahora, indica el investigador, por lo general están vinculados a sofisticadas redes empresariales.

“Pueden pedir un crédito en el banco y usar ese dinero para financiar un cargamento en conexión con capos mexicanos. Maquillan esos acuerdos con viajes de negocios a México porque es verosímil que un colombiano diga que viaja a México para exportar productos”, indica.

Zuleta concluye que se trata de “mafiosos que no parecen mafiosos“.

Ingreso a Nápoles

Getty Images
Ahora la Hacienda Nápoles es un sitio turístico, pero fue un símbolo del poder que tenía Pablo Escobar.

Los “invisibles”

Los “éxitos” en lucha antidroga alcanzados en Colombia en la primera década de este siglo, a la par del empoderamiento de las organizaciones mexicanas que se apropiaron del mercado estadounidense, llegaron a hacer creer que el narcotráfico finalmente estaba por ser derrotado en el país sudamericano.

Sin embargo, de acuerdo al informe “La nueva generación de narcotraficantes colombianos post-FARC: ‘Los Invisibles'”, escrito por Jeremy McDermott, del centro de investigación de crimen organizado Insight Crime, este diagnóstico optimista fue apenas un espejismo.

“Los narcotraficantes colombianos han aprendido que la violencia es contraproducente para el negocio. La nueva generación de traficantes ha aprendido que el anonimato es la mejor protección y que la plata es muchísimo más efectiva que el plomo“, destaca el estudio.

Otro aspecto que resalta el informe es que esta nueva generación les cedió a los mexicanos el mercado de Estados Unidos, todavía el mayor consumidor mundial de cocaína, pero no como una señal de debilidad sino como un hábil movimiento mercantil.

“El tráfico de drogas hacia el mercado estadounidense no es un buen negocio. Los traficantes tienen un alto riesgo de ser interceptados y extraditados. (…) Los precios al por mayor oscilan entre US$20.000 y US$25.000 por kilo. Los colombianos prefieren poner sus ojos en Europa, donde un kilo de cocaína vale más de US$35.000, en China (US$50.000) o Australia (US$100.000). Los riesgos allí́ son menores y las ganancias mayores”.

Plantaciones de coca

Getty Images
El cultivo de hoja de coca se multiplicó a niveles inauditos desde la década del 90 en Colombia.

Los narcos colombianos que son parte de la nueva generación, resalta McDermott, “hoy no tocan nunca un kilo de cocaína y mucho menos una pistola 9 mm chapada en oro“.

“Sus armas son un teléfono móvil encriptado, una variada cartera de negocios establecidos legalmente y un íntimo conocimiento de las finanzas mundiales”.

¿Qué puede hacer Colombia?

La gran interrogante que surge es cómo combatir a mafiosos que son expertos en pasar por debajo de todos los radares.

Para Zuleta, las labores de inteligencia se han vuelto más importantes que nunca.

“El hecho de que sepamos que esto está sucediendo es porque ya se atrapó a algunos. Eso se logra con inteligencia y colaboración internacional. Las fuerzas de inteligencia de Estados Unidos, Colombia y México tienen que actuar juntas”, señala.

No es la primera vez que el narcotráfico muta dado que, según varios expertos, es el rubro con mayor capacidad de adaptación e iniciativa en el mundo.

“Ahora no hay nadie que puede estar libre de sospecha y hacer labores de inteligencia será más costoso”, indica Zuleta.

Para el experto, queda una vez más en evidencia que la lucha contra las drogas como se ha planteado sigue lejos de ser efectiva.

Y lo más probable, según él, es que cuando se logre encontrar a los “invisibles”, aparezca otro modelo de “traqueto”. Otra generación.


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Cuartoscuro Archivo

Caso Formando Hogar: la desaparición forzada de 6 jóvenes en Veracruz que sigue impune

La SCJN analiza la actuación de las autoridades en este caso y el incumplimiento de México obligaciones internacionales en materia de desapariciones forzadas. El próximo 15 de junio se estrena un cortometraje documental del caso.
Cuartoscuro Archivo
14 de junio, 2020
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La colonia Formando Hogar cerca del centro del Puerto de Veracruz alberga una historia de corrupción y otra de terror.

En sus calles se encuentran los domicilios de más de una decena de empresas fantasma a través de las cuales se desviaron miles de millones de pesos en el gobierno de Javier Duarte. Sus habitantes de bajos recursos fueron convertidos en falsos empresarios para culminar el fraude.

Pero la misma colonia también fue el escenario en el que hace casi siete años, en diciembre de 2013, seis jóvenes fueron detenidos en un operativo coordinado a cargo de elementos de la policía ministerial de Veracruz y de la Secretaría de Marina. ¿La razón de esa detención? Desconocida, pero fue la última ocasión en que dichos jóvenes fueron vistos con vida.

Lee: Fábrica de empresas fantasma desvió más de 3 mil 617 mdp de Veracruz

La desaparición forzada de Víctor Álvarez Damián, Pablo Darío Miguel Hernández, José Ignacio Cruz González, José Armando Cortés Arrioja, Yonathan Isaac Mendoza Berrospe y Marco Antonio Ramírez Hernández es un crimen y una violación grave a los derechos humanos que hasta el día de hoy continua impune. Pese a que ya ha habido tres cambios de gobierno y de fiscales, las carpetas de investigación siguen abiertas, pero sin ningún avance.

Ni siquiera las acciones urgentes ordenadas en este caso por el Comité Contra las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas han ayudado. De hecho, la Fiscalía de Veracruz decidió ignorarlas. Tampoco han servido de mucho los amparos ganados por los familiares para agilizar el caso.

En su momento, altos mandos de la policía de Veracruz fueron detenidos y procesados por otras desapariciones, pero varios han quedado libres. En contra del propio Javier Duarte hay una orden de aprehensión por desaparición forzada que no ha podido ejecutarse pues se encuentra atorada en el trámite, de acuerdo con los datos a los que Animal Político tuvo acceso.

Entérate: Las sedes de la red de empresas de Veracruz son casas, tienditas y lotes baldíos

El “Caso Formando Hogar”, como se le conoce a la desaparición de los seis jóvenes señalados, está ahora en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). El Máximo Tribunal decidió atraer el expediente no solo para revisar de fondo las fallas en la investigación, sino además la desatención del Estado mexicano a instancias internacionales como el comité para las desapariciones de Naciones Unidas.

“Lo que ha pasado aquí es que México ratifica instrumentos internacionales que luego no respeta. Y esto debería ser una obligación. Mas aun en el tema de desapariciones forzadas, pues es el segundo país en el mundo con mas acciones urgentes emitidas por el Comité de Naciones Unidas en la materia. Por eso la resolución que la Corte tome puede sentar un precedente no solo para este caso sino todos los demás”, dijo Jérémy Renaux, subdirector de I(DH)EAS, organización civil que promovió junto con los familiares los amparos.

Un cortometraje documental titulado “Abrir la Tierra” dirigido por Alejandro Zuno, que retrata la historia de uno de los jóvenes desaparecidos y la lucha de su madre por encontrarlo, será exhibido en el programa de cine en línea del Festival Internacional de cine de Morelia a partir de 15 de junio.

Los seis desaparecidos ¿Quiénes eran?

Entre el 6 y el 11 de diciembre de 2013, agentes ministeriales y marinos implementaron operativos en la colonia Formando Hogar para detener a una docena de jóvenes. De acuerdo con testigos, los policías llevaban consigo fotografías de las personas que estaban buscando. Las detenciones fueron arbitrarias desde un inicio. No había ordenes de aprehensión y no se estaban cometiendo delitos en flagrancia.

Una parte de los detenidos fueron liberados, pero hubo seis jóvenes que nunca regresaron. Su estatus oficial es de desaparecidos porque tampoco se han encontrado cuerpos o restos que coincidan con ellos. Hay testigos que, en su momento, afirmaron haberlos visto en comisarias de policía, pero por temor a amenazas nunca lo declararon oficialmente. Las víctimas son:

Víctor Álvarez Damián. El joven tenía 16 años cuando desapareció el 11 de diciembre de 2013. El día de los hechos los policías lo sacaron de la “Aceitera Remy” donde trabajaba debido a una supuesta denuncia por robo interpuesta por su jefe. Era mentira. La denuncia no existía y el joven nunca llegó a agencia alguna del Ministerio Público.

Pablo Darío Miguel Hernández. El joven le había dicho a su madre que quería ser misionero y que pronto trabajaría para comprarle una casa. Fue una de las últimas charlas que tuvieron. A las 9:30 de la noche del 6 de diciembre se encontró con los agentes cuando caminaba a una tienda de autoservicio. Nunca más volvió a ser visto.

Yonathan Mendoza Berrospe: Al joven le gustaba el deporte y la música. Participaba en los festivales de la zona. El 11 de diciembre de 2013, aproximadamente a las 2:30 de la tarde, los policías irrumpieron en el domicilio donde vivía con su madre y lo sacaron arrastrando. Su madre, Angélica, le gritó que lo buscaría. Hasta hoy lo sigue haciendo.

José Armando Cortes Arrioja: El joven tenía 23 años y trabajaba en la empresa Astilleros de México. La noche del 6 de diciembre se reunió con dos amigos y acudió al bar “El Partido” que visitaban con frecuencia. “Pensé que mi hijo regresaría pronto, como siempre, pero esa fue la última vez que pude verlo”, dice su madre.

Marco Antonio Ramírez Hernández: El joven trabajaba habitualmente con su papá como cargador de escombros transportados en camiones de volteo. Trabajaba horas extra para poder vestir y alimentar a su hija de 4 años. En uno de sus descansos, en la tarde del 11 de diciembre, los agentes vestidos de civil lo sometieron mientras platicaba con una amiga y lo metieron a una camioneta con logos de la Fiscalía. No se supo más de él hasta la fecha.

José Ignacio Cruz González: El joven desapareció junto con los demás la tarde del viernes 6 de diciembre cuando se encontraba cerca de un establecimiento comercial. Su familia intentó denunciar el hecho la mañana del sábado siguiente en el Ministerio Público local pero les dijeron que “era fin de semana y estaba cerrado”. Tuvieron que esperar hasta el lunes para que se iniciara la averiguación previa.

Impunidad bajo juicio

Tras la desaparición de los jóvenes y la denuncia de los familiares, la Fiscalía General de Justicia del estado de Veracruz inició diversas averiguaciones previas que se terminaron acumulando en el expediente 1293/2013/I/VER/12 por el presunto delito de desaparición forzada. El objetivo de la indagatoria era dar con el paradero de las víctimas, así como identificar y proceder penalmente en contra de los responsables.

Pero seis años y medio de distancia los resultados son inexistentes. La investigación se mantiene abierta, sin ningún tipo de determinación.

En 2018, al resolver una demanda de amparo promovida por las víctimas, un juez federal analizó la actuación de la Fiscalía y confirmó que ésta había violado los derechos constitucionales de las víctimas a una justicia pronta, eficaz y expedita.

“Al integrar la indagatoria la autoridad no ha logrado establecer líneas de investigación que le permitan abordar el problema planteado y determinar puntualmente el objeto de la investigación, es decir, no ha establecido los patrones teniendo en cuenta el contexto en que ocurrieron los hechos (una desaparición múltiple), desatendiendo su deber de realizar una investigación inmediata, eficiente, exhaustiva, profesional e imparcial”, señala la resolución judicial.

En su sentencia, el juez repasa múltiples indicios en el caso a los que la Fiscalía no les dio correcto seguimiento y que van desde el nulo análisis de datos obtenidos a través de la geolocalización de los teléfonos celulares de las víctimas, hasta la falta de cruces de muestras de ADN recabadas a los familiares con muestras de otros casos en Veracruz y en otras entidades.

Las irregularidades en el caso llegaron al punto en que la fiscalía se negó a entregarle a las víctimas copias de las indagatorias iniciadas, pese a que se trata de un derecho básico.

Ante la falta de avance de esta indagatoria, el 15 de marzo de 2017 el Comité Contra las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas emitió el oficio AU 281/2016 para que se implementaran una serie de acciones urgentes para agilizar las indagatorias, recabar y resguardar las pruebas del caso, dar protección a las víctimas y posibles testigos, entre otros.

Pero nada de lo anterior ocurrió y, de hecho, la Fiscalía incluso omitió dar respuesta al oficio. Este fue el punto que detonó que el expediente haya sido atraído y asumido por la SCJN dado que podría representar una violación a convenciones internacionales que nuestro país está obligado a respetar.

Jérémy Renuax, subdirector de I(DH)EAS Litigio Estratégico, organización que ha acompañado a los familiares en estas demandas, dice que la intervención de la Corte en el caso es trascendental, porque podría marcar una línea clara en torno a las obligaciones que tiene México de respetar y acatar la jurisdicción del derecho internacional.

En el tema específico de las desapariciones forzadas esto es aun de mayor relevancia, dado que de acuerdo con los registros del Comité Contra las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas México es el segundo país del mundo al cual se le han dirigido mas acciones urgentes con un total de 361, solo detrás de Irak que acumula 463.

En ese contexto la Primera Sala de la SCJN atrajo el caso. La ponencia del ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena está a cargo de la elaboración de resolución del proyecto que se prevé sea presentado en las próximas semanas.

¿Y Javier Duarte?

En 2018 un juez penal de Veracruz giró una orden de aprehensión en contra de Javier Duarte por el delito de desaparición forzada. Esto a petición de la Fiscalía de Justicia local que acusó al gobernador de encubrir por acción u omisión las desapariciones sistemáticas perpetradas por las fuerzas de seguridad durante su gobierno.

Pero dicha orden de aprehensión sigue sin ejecutarse hasta la fecha debido a un proceso diplomático que ha resultado lento y burocrático. El obstáculo surge a partir de que Duarte fue detenido en Guatemala y extraditado a México solo por delitos de corrupción, por lo que ahora se requiere un permiso especial del país centroamericano para sumarle un nuevo proceso.

De inicio México se tardó un año en presentar, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, la solicitud formal a Guatemala para que se autorice el procedimiento. Desde ahí no habido una resolución.

En febrero pasado la SRE informó a Animal Político través del oficio CTA-018/2020 que el gobierno de Guatemala continuaba con el estudio de la solicitud presentada por nuestro país.

“Abrir la Tierra”

A partir del próximo 15 de junio, en el marco del programa de cine en línea del Festival Internacional de Cine de Morelia se comenzará a proyectar el cortrometraje documental “Abrir la Tierra” que retrata la desaparición de los jóvenes de la colonia Formando Hogar en Veracruz.

La obra del director Alejandro Zuno aborda esta tragedia a partir del caso de Víctor Álvarez Damián y de la lucha de su madre, Perla Damián Marcial, por localizar a su hijo. Es esa batalla la que la llevará a conocer a otras madres en la misma situación y a fundar el “Colectivo Solecito” que, hasta la fecha, no solo impulsa movilizaciones para exigir respuestas de las autoridades, sino también la búsqueda activa lo que incluso ha derivado en hallazgos de fosas clandestinas.

El documental forma parte además de la selección del “Literally Short Fil Festival” que estaba programado para llevarse a cabo en la ciudad de Houston, Texas del 3 al 17 de junio, pero que debido a la contingencia sanitaria se está realizando en línea.

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