¿Para qué alcanza con el salario mínimo? Una persona requiere 99.51 pesos diarios para cubrir sus necesidades
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro Archivo

¿Para qué alcanza con el salario mínimo? Una persona requiere 99.51 pesos diarios para cubrir sus necesidades

Ricardo Anaya propone aumentar el salario mínimo en diciembre a 100 pesos y duplicarlo en 2022; López Obrador 176.72 pesos hacia el final de su mandato. Al día de hoy el ingreso mínimo es de 88.36 pesos al día, pero la línea de bienestar es de 99.51 pesos, según la Coneval
Cuartoscuro Archivo
Por Tania Casasola
12 de abril, 2018
Comparte

Dos de los candidatos a la presidencia de México han propuesto aumentar el salario mínimo si ganan la elección el próximo 1 de julio.

Actualmente, el salario mínimo es de 88.36 pesos al día, esto equivale a 2,650 pesos mensuales, pero para el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la línea de bienestar (que incluye la canasta alimentaria y no alimentaria) al mes de marzo, es de 2,985.48 pesos por persona. Es decir, con el salario mínimo actual faltarían 335 pesos para tener “una vida digna”.

El candidato presidencial, Ricardo Anaya, dijo que de ganar la elección del 1 de julio, aumentará el salario mínimo a partir de diciembre de este año a 100 pesos y, lo duplicará en 2022, para que se logré un nivel acorde a la canasta de bienestar establecida por el Coneval.

Sostuvo que en diciembre de 2018, convocaría a la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami), para llevar el salario al nivel de la canasta alimentaria y, también se cambiaría el mecanismo para fijar el salario mínimo.

Mientras que Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, integrada por Morena, el PT y el PES, propone aumentar el salario mínimo gradualmente hasta llegar a 176.72 pesos aproximadamente hacia el final de su mandato en el 2024, según Luisa María Alcalde, su asesora en temas de trabajo y previsión social.

De acuerdo con el Coneval, por persona se requieren 99.51 pesos al día para comprar la canasta alimentaria y no alimentaria. Así que la propuesta  de Anaya y de AMLO de aumentar el salario mínimo rebasaría el monto que se requiere para tener una vida digna, al menos al día de hoy.

¿Cuánto necesita una familia para cubrir sus necesidades básicas?

Un ingreso de al menos 11, 941 pesos al mes es lo que necesita una familia mexicana promedio de cuatro integrantes (papá, mamá y dos hijos) para cubrir sus necesidades básicas, considerando la línea de bienestar que propone la instancia que mide la pobreza.

La familia de Ernestina es de cuatro integrantes, ella y su esposo trabajan, pero su sueldo es de dos salarios mínimos, es decir, cada uno gana 5, 300 pesos mensuales. Entre los dos acumulan un ingreso de 10,600 pesos. Una cifra lejana a los 11, 941 pesos que necesitaría su familia para alcanzar la línea de bienestar mínimo.

El costo mensual de la canasta alimentaria urbana es de 1,482 pesos (49.40 pesos al día), en ella se incluyen alimentos como la carne de cerdo, carnes procesadas, pollo, pescados frescos, leche, quesos, derivados de la leche, huevos, aceites; tubérculos crudos o frescos, verduras y legumbres frescas, leguminosas, frutas frescas; azúcares y mieles, alimentos preparados para consumir en casa y bebidas no alcohólicas.

Mientras que la canasta básica no alimentaria, que incluye los gastos por transporte público, limpieza y cuidados de la casa, cuidados personales; educación, cultura, recreación, comunicaciones y servicios para vehículos, vivienda y servicios de conservación, prendas de vestir, calzado y accesorios, cristalería, blancos y utensilios domésticos, cuidados de la salud, enseres domésticos y mantenimiento de la vivienda y artículos de esparcimiento, tiene un costo de 1,502 pesos al mes (50 pesos al día).

Si Ernestina y su esposo repartieran su ingreso entre la familia y cada uno se quedara con los 99.51 pesos al día que se propone “para tener una vida digna”, tendrían un desembolso total de 398 pesos al día, cuando ellos suman entre los dos un ingreso total de 353 pesos diarios. Les faltarían 45 pesos.

8.13 pesos al día se necesita para transportarse

Dentro de las consideraciones de Coneval se promedia un gasto de 8.13 pesos en transporte al día, es decir, 243.99 pesos al mes. Pero eso supera su realidad. Tan solo Ernestina, quien vive en Iztapalapa y trabaja por el centro de la ciudad, gasta 5 pesos en un microbús que la lleva al metro Constitución, luego paga otros 5 pesos por un boleto del Metro. Diariamente necesita para ir y regresar de su trabajo 20 pesos. Su esposo que labora por el Ajusco necesita 32 pesos en total.

Según la información del Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza del Coneval, el porcentaje de la población con ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria aumentó de 40 por ciento a 41 por ciento entre el cuarto trimestre de 2016 y el cuarto trimestre de 2017.

Estas cifras indican que hay 50 millones 832 mil 863 personas a las que les resulta complicado consumir un huevo al día, un vaso de leche, una pieza de pollo, o una rebanada de pan.

En 20 de 32 entidades federativas aumentó el porcentaje de población que no puede adquirir la canasta alimentaria con su ingreso laboral. Destacan los estados de Hidalgo, Ciudad de México y Tabasco, con incrementos de 8.6, 6.8 y 5.9 puntos porcentuales entre el cuarto trimestre de 2016 y el cuarto trimestre de 2017, respectivamente.

Lee: A más de 50 millones de mexicanos el salario no les alcanza para comprar una canasta alimentaria

Sólo hace 30 años un salario alcanzaba para comer

En los años en los que se ha hecho la comparación de la canasta alimentaria básica y el salario, sólo ha existido un momento en la historia donde el salario permitía adquirir los alimentos recomendables y después de ello tener un sobrante.

“Fue el 16 de diciembre de 1987 (hace 30 años) fecha en la que con un salario mínimo alcanzaba para comer y hasta un poco más”, sostuvo en entrevista Luis Lozano Arredondo, investigador del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM.

De acuerdo con la investigación en la que participó: México 2018: otra derrota social y política a las clases trabajadoras; los aumentos salariales que nacieron muertos, ahora un trabajador con un salario mínimo necesitaría laborar 24 horas y 31 minutos para comprar los artículos de una canasta alimenticia. Al inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto, era necesario trabajar 21 horas y 13 minutos.

Desde hace 30 años, las alzas del salario mínimo mexicano han sido insuficientes para aumentar el poder de compra de los trabajadores. En las últimas tres décadas la pérdida acumulada del poder adquisitivo de un trabajador en México es del 80.8%, refiere el estudio.

Un mexicano trabaja en promedio 2 mil 246 horas al año, casi 500 horas más que el resto de los países pertenecientes a la OCDE, quienes trabajan mil 776 horas por año aproximadamente.

Según el organismo, los países más prósperos laboran menos horas. Los trabajadores alemanes son los que menos trabajan, sumando mil 371 horas laborables al año.

Para Lozano, en México hay un tope constitucional de 48 horas de trabajo a la semana, sin embargo, esas horas aumentan más allá del tiempo extra, ahora tenemos la llamada “hora quebrada”.

Es decir, se trabaja cuatro horas en la mañana, cuatro horas en la tarde y hay dos horas o una hora y media intermedia “perdidas” para comer, en donde el trabajador no puede ni siquiera regresar a su casa debido a los largos trayectos que tiene que recorrer a su empleo.

A esto se suma, explica Lozano, el rolar turnos, un día citan a los empleados en la mañana, otros por la tarde, lo cual obliga a la gente a comprometer sus 24 horas.

“Las condiciones laborales están mal. El salario mínimo es un crimen contra la clase trabajadora porque con él no se puede adquirir ni siquiera lo mínimo indispensable”, asegura el investigador.

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

"Fue un capricho de Pinochet": la historia de los 15 mil libros de García Márquez que quemó el gobierno de Chile

En noviembre de 1986, el gobierno militar de Chile ordenó la incautación del libro 'La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile', del premio Nobel de Literatura, cuando un embarque se dirigía a Santiago.
5 de junio, 2022
Comparte

El 28 de octubre de 1986, después de varios días de viaje, el ‘Peban’, un vapor de bandera panameña, atracó finalmente en el puerto chileno de Valparaíso. Mientras se preparaba para diligenciar los papeles de aduana, la tripulación recibió la noticia de que se procedería con la incautación de una parte del cargamento.

El capitán, que estaba seguro de que todo lo que llevaba en su barco estaba en regla, preguntó cuál era la mercancía que iban a retener.

La respuesta oficial fue la que menos esperaba: “Los libros”, específicamente, 15 mil ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, escrito por el ganador del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que habían sido enviados desde el puerto de Buenaventura, en Colombia.

Y que debían llegar a manos de Arturo Navarro, el representante de la editorial Oveja Negra que publicaba los libros del Nobel en aquellos años en Chile.

El libro narraba las peripecias que había que tenido que sortear el cineasta chileno Miguel Littín, quien vivía en el exilio desde el golpe de Estado que llevó a Augusto Pinochet al poder en 1973.

Littín había vuelto a Chile durante dos semanas en 1985 para filmar en la clandestinidad un documental sobre lo que estaba pasando en el país 12 años después de la irrupción militar.

Arturo Navarro

BBC
Arturo Navarro era el representante de la editorial Oveja Negra en Chile.

Luego estrenaría el documental Acta Central de Chile en el Festival de Cine de Venecia del 86.

Pero el libro de García Márquez iba más allá: contaba sobre todo detalles que no aparecían en la cinta, como por ejemplo el encuentro de Littín, quien se había hecho pasar por un empresario uruguayo, con el propio Pinochet en los pasillos del Palacio de La Moneda, donde el presidente de facto no lo reconoció.

“Yo me enteré de la incautación de los libros dos semanas después porque estaba fuera del país”, recuerda Arturo Navarro, tomándose un café bajo la nave central del Museo Nacional de la Memoria en el corazón de Santiago.

Navarro había regresado de un viaje por EU para visitar a su familia cuando se encontró con un mensaje de alerta en el contestador automático de su casa. Era de su agente aduanero y le describía una situación crítica: “Arturo, me dicen que los libros fueron quemados”.

"Esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describen cómo le habían metido los dedos en la boca"", Source: , Source description: , Image:

Para Navarro, el cargamento era fundamental: era el principal producto que esperaba exponer durante la feria del libro de Santiago, que se iba a celebrar pocas semanas después del incidente.

Él, que había sido empleado de la Editorial Nacional Quimantú (ampliamente perseguida por el régimen) y había visto a los militares ejercer la destrucción de libros en primera fila, también sabía que el régimen de Pinochet había flexibilizado sus políticas de censura.

En ese contexto, creyó que la incautación debía ser más un malentendido que un acto de represión y decidió viajar a Valparaíso para resolver el problema personalmente.

“El libro ya había sido publicado en capítulos en Chile por una revista (Análisis) meses antes”, señala Navarro. “Sin embargo, lo que me preocupaba es que, de acuerdo a la prensa, la incautación de los libros se debía al mal estado de los contenedores, que me parecía una disculpa inusual”.

Los ejemplares habían quedado bajo el control de la jefatura de Zona en Estado de Emergencia, a cargo de militares.

Cuando Navarro se acercó al edificio castrense donde podría intentar rescatar los libros, percibió de inmediato la tensión que se sentía dentro del gobierno por esos días: un mes y medio antes, el 7 de septiembre, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez habían estado muy cerca de acabar con la vida de Augusto Pinochet, en un feroz atentado cuando este regresaba a Santiago desde su residencia en el Cajón del Maipó, a unos 50 kilómetros de la capital.

El asalto había dejado cinco escoltas muertos y varios heridos.

“En el edificio logré hablar con un militar de rango medio al que le pedí que al menos me permitiera devolver los libros a Lima”, señala. “Pero después de hacer un par de llamadas, finalmente me dijo: ‘Navarro, no se preocupe, que los libros ya los quemamos'”.

La versión en los medios se mantenía: contenedores en mal estado, lo que podría explicar la incautación, pero nunca la incineración.

Para Navarro, era claro que la orden había venido de arriba y, aunque no tuviera pruebas, no se iba a quedar quieto hasta que la gente supiera que el régimen de Pinochet había mandado a quemar 15 mil volúmenes de nada menos que un premio Nobel.

“Yo sigo sosteniendo que esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describe cómo le habían metido los dedos en la boca”, afirma Navarro.

La noticia lo dejó abatido y sin ejemplares para la feria.

Entonces, convocó a ruedas de prensa para dar a conocer lo que había pasado, hizo la denuncia pertinente ante la Cámara Chilena del Libro y, aunque dentro del país no hubo mucho eco, en el mundo sí publicaron la noticia.

Navarro guarda recortes de prensa de medios de Grecia, Holanda y EU que hablan de los ejemplares calcinados.

Pero quedaba por saber qué era realmente lo que había pasado. “Yo de verdad no creía nada de lo que me habían dicho. Ni siquiera que los habían quemado”.

Uno de sus colegas le recomendó que el mejor camino para obtener una respuesta del régimen era la vía diplomática, por lo que decidió acudir a la embajada de Colombia, país de donde originalmente habían salido los libros.

“Ahí conocí a Libardo Buitrago, el cónsul colombiano, quien se ofreció a ayudarme”.

Poco después, gracias a la presión de un país extranjero, le llegó al cónsul un papel muy revelador, una carta fechada del 9 de enero de 1987, firmada por el vicealmirante John Howard Balaresque, en la que no solo se confirma la incineración de los libros sino también las razones: a los ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile se les impuso “una medida de censura previa” por considerar que el contenido “transgredía abiertamente las disposiciones constitucionales”.

“Ese papel es el único documento oficial que existe en el que el régimen de Pinochet acepta que quemó libros y que lo hizo por censura. Algo imposible de obtener en esos tiempos”, relata Navarro.

“Y ahora está acá, en el Museo de la Memoria”.

El documento, con firma oficial, le sirvió a la editorial Oveja Negra para poder cobrar el seguro por la pérdida, pero además implantó en la cabeza de Navarro una certeza que no lo abandonó nunca: la cultura sería clave en el fin del régimen.

“Esta represión a los libros, a la cultura, se daría vuelta y terminaría siendo uno de los principales motivos por los que Pinochet saldría del poder. Porque fueron los cantantes, los artistas, los escritores quienes serían fundamentales en la campaña de votar ‘No’ en el plebiscito de 1988 que acabaría con la dictadura”, concluye.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=NMDLd_zwYXY

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.