Violan a menor en una telesecundaria en Puebla; su maestra le dijo que se quedara callada
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Violan a menor en una telesecundaria en Puebla; su maestra le dijo que se quedara callada

Ella y su familia tuvieron que salir de su comunidad por el temor de sufrir más agresiones; aquí no pasó nada, tú los provocaste, le dijo la maestra tras sufrir la agresión en el salón de clases.
Cuartoscuro Archivo
Por Mely Arellano
4 de abril, 2018
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El 3 de mayo del 2017, mientras en el patio de la telesecundaria Jaime Torres Bodet, en la comunidad de Calatepec, se realizaba un ensayo para el festival del 10 de Mayo, en el salón de segundo año dos alumnos violaban a su compañera, mientras un tercero la sujetaba de las manos.

La maestra los había dejado en el aula pues consideró que no tenían las habilidades para participar en el festejo. Y en cuanto comenzó la música los adolescentes cerraron la puerta y sometieron a la menor de 14 años.

“Ella no sabe si se habían puesto de acuerdo. De momento se salieron del salón y cuando volvieron a entrar uno de ellos cerró la puerta, corrió y le jaló la silla, ella se cayó y se pegó en la cabeza, él le agarró las manos mientras los otros dos le pegaban, le decían groserías y la amenazaban con que si no se dejaba la iban a matar, la azotaron contra el suelo, le quitaron la ropa, uno de ellos le mordió un pecho, le tomaron fotos y la grabaron”, relata Sonia Escobar, madre de la menor.

Ambos muchachos la violaron y cuando el tercero -el que le sujetaba las manos- iba a hacerlo, otros compañeros lo impidieron.

“Pasaron por ahí dos niños de tercer año, al ver lo que le estaban haciendo uno de ellos pateó la puerta y entraron, ella se levantó, se puso la ropa y se salió del salón llorando”, dice la mamá de la menor que casi un año después sigue esperando justicia.

Pueblo chico…

Calatepec es una comunidad de apenas 361 habitantes ubicada en el municipio de Tlatlauquitepec, a dos horas de la capital del estado de Puebla.

Luego de lo sucedido, Sonia Escobar y su familia tuvieron que irse de ahí pues los padres de los muchachos lanzaron amenazas de muerte en su contra, por haber presentado la denuncia ante las autoridades.

De hecho, de acuerdo con lo que la menor contó a su mamá, la primera amenaza que recibió fue directamente de la maestra Laura Elena Perdomo Juárez, tan sólo unos minutos después de los hechos.

“La maestra subió, la vio y se enojó. La amenazó: aquí no pasó nada, tú los provocaste, quédate callada, si dices algo a la autoridades o a tu mamá, los papás de los chamacos pueden ir a matar a tu papá, acuérdate que ellos son 3. Y cuidadito y no vengas a la escuela; en qué problema nos metiste, van a cerrar la escuela por tu culpa, voy a perder mi trabajo por tu culpa”.

Luego, según recuerda su hija, se llevaron a sus compañeros ante el director Luis Gabriel Sánchez Mirón, pero no pasó nada. En los siguientes días arremetieron las burlas contra la menor, que durante un mes ocultó a su mamá lo que había pasado. “Yo la notaba rara, en la noche lloraba, le dolía el estómago, tenía pesadillas”.

La situación empeoró para ella cuando las fotos y los videos fueron de dominio público. Fue hasta entonces cuando la escuela decidió tomar cartas en el asunto.

“Me mandaron a traer a la escuela y en la carretera me encontré a la mamá de uno de los chamacos y ella me dijo que no fuera a pensar mal, que los chamacos nada más le habían levantado la falda a mi niña, y que su hijo le había tomado las manos, que le tomaron foto y video y que le agarraron las piernas. Pero nada más fue eso. Me dijo que no le habían hecho nada, que no me preocupara”.

En la escuela, el director y la maestra le dijeron lo mismo a la señora Sonia: que sólo había sido toqueteo, que habían jugado con ella, que ya habían platicado con los alumnos, que todo estaba bien. Pero ella no les creyó y llevó a su hija al DIF municipal en Tlatlauquitepec donde una psicóloga la orientó y le dijo que podía denunciar por acoso sexual. Así lo hizo.

Sin acceso a la justicia

Fue hasta el 24 de julio que la menor se atrevió a contarle a su mamá la verdad de lo que le había pasado. De inmediato Sonia Escobar acudió a cambiar la denuncia, ahora por violación.

El primer dictamen que le hicieron a su hija, en Tlatlauquitepec, arrojó que sí había habido violación, pues presentaba un desgarre. Cuando le tomaron la declaración, le preguntaron por qué no había dicho nada antes y entonces contó lo de las amenazas de la maestra, dijo que tenía mucho miedo.

Tras la denuncia llegaron más amenazas contra la familia de la señora Sonia: “me dijeron que me iban a matar a mí, a mis hijas y a mi esposo. El papá de uno de los chamacos fue a la casa y nos dijo que si nos llegábamos a meter con su hijo que nos atuvieramos, que nos iba a buscar donde nos encontráramos y que nos iba a matar, pero que eso no se iba a quedar así. Me tuve que salir de Calatepec”.

A finales de enero de este año le hicieron una segunda valoración médica y el resultado fue contrario al primero: que no hubo violación.

“Yo estoy pensando que no hubo nada, porque el segundo peritaje acredita que no hubo violación. Usted está pensando mal las cosas, a la mejor sólo hubo tocamientos —recuerda Sonia Escobar que le dijo la fiscal Carmen Pinar Manríquez—. A veces de mamás decimos que la violaron y no. Y hasta mejor para usted y para ella, ¿o en vez de exigir justicia no prefiere que esté mejor la niña?”.

Pero ella se empeñó en exigir una nueva revisión, que finalmente ocurrió el 22 de marzo a cargo de dos médicos del Tribunal Superior de Justicia, y cuyo resultado coincidió con el primero, pues se acreditó la violación.

Hasta ahora, Sonia Escobar no ha podido revisar nunca la carpeta de investigación que se abrió por el caso de su hija, pues cuando la solicita se la niegan.

La última vez, para tratar de conseguirla, dijo que quería contratar un abogado, a lo que la abogada Dulce María Soriano, de la Dirección de Atención a Víctimas del Delito, le advirtió que en ese caso se le retiraba el apoyo que le daban, que consiste en llevarla y traerla a la Fiscalía cuando la requieren.

También ha pedido que busquen las fotos y videos que le tomaron a su hija, pero la fiscal le dice que eso va a tomar mucho tiempo.

Más allá de las tres revisiones que le han hecho, la menor no ha recibido alguna otra atención médica o psicológica.

De acuerdo con información oficial de la Secretaría de Educación Pública (SEP) del estado, la maestra fue cesada y el director de la escuela recibió una sanción administrativa.

Continúa investigación: Fiscalía

Por su parte, la Fiscalía General del Estado (FGE) dijo a LADO B que “mantiene indagatorias y diligencias ante la presunta agresión sexual”.

Y que para “darle un seguimiento especializado al caso, se remitió la carpeta de investigación a la Agencia Especializada en Justicia para Adolescentes, donde se desahogan diligencias y se continúa la investigación sobre  compañeros de clase de la víctima, que están señalados como probables responsables del hecho”.

“Cabe señalar -continúa el documento enviado a este medio- que se ha mantenido acercamiento con la familia de la joven a quien en todo momento se le ha brindado avances de la investigación. Asimismo, continúan las indagatorias para recabar datos de prueba y judicializar el caso”.

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BBC

"Solo me comunico por Internet”: un mexicano cuenta cómo se vive la cuarentena en Wuhan

El mexicano Daniel Stamatis lleva cuatro años viviendo en Wuhan, la ciudad donde comenzó el brote del coronavirus que ha matado a decenas de personas. Tras una visita a México, el 17 de enero volvió a China sin saber que una semana después quedaría atrapado en una ciudad en cuarentena.
BBC
27 de enero, 2020
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El mexicano Daniel Stamatis se subió a un avión rumbo a China el 17 de enero sin saber que, solo una semana después, la ciudad en la que vive quedaría en cuarentena, con el transporte público suspendido, el aeropuerto cerrado y la obligación legal de no salir de ella.

Stamatis lleva siete años viviendo en el gigante asiático. Primero, en localidades más tradicionales y parecidas a la “China del taichí, lagos y lirios” que él se imaginaba antes de conocer el país. Luego, desde 2016, en Wuhan, una ciudad “contaminada” y “en construcción” que “en unos cinco o seis años será bonita”, pero que hoy en día “deja mucho que desear”.

Hasta hace pocas semanas, el nombre de Wuhan no evocaba mucho en el exterior. Tal vez no más que el de un lugar donde se hace escala cuando se viaja a algún país asiático.

Sin embargo, en estos días no deja de mencionarse en medios de comunicación de todo el mundo, donde ya es conocida como la urbe donde surgió un nuevo coronavirus que ya se cobrado más de 80 vidas y estropeado la celebración del Año Nuevo Lunar a cientos de ciudadanos.

La propagación del virus, del que aún se sabe poco, se “está acelerando”, según admitió este sábado el presidente chino, Xi Jinping.

Para frenarla, las autoridades decretaron medidas para aislar a decenas de millones de personas en más de una decena de ciudades. Entre los afectados, está Daniel Stamatis.

“Hace como un mes, algunos compañeros publicaban en nuestros grupos de WeChat, una aplicación que es como el WhatsApp pero en chino: ‘Usen máscaras’, ‘Hay que tener cuidado’. Para mí era una exageración porque ya sabes cómo es uno”, recuerda Stamatis, que está haciendo un doctorado en arquitectura con bambú en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong.

Stamatis enseña en su cuenta de Twitter cuán vacías que están las calles de Wuhan…

... y cuán llenos que están los supermercados.

Así fue como oyó por primera vez de la existencia del virus.

Las advertencias se fueron haciendo más frecuentes. “Y luego yo me fui a México. El 11 de enero, yo estaba en una boda en México, fíjate”.

“Tenía mi vuelo de regreso el día 17, que lo tomo perfectamente, y el día 19: alarma total por el virus”.

Varios días solo

“Si hubiera puesto mi vuelo de regreso unos días más tarde, ya no me hubieran dejado entrar a China, me hubiese tenido que quedar en México y eso hubiese sido perfecto“, comenta en una entrevista por Skype.

Lleva varios días solo: “Solo me comunico por internet, no estoy viendo a nadie”.

Stamatis vive con su novia, pero hasta en eso ha intervenido la cuarentena.

“Mi novia se había ido un día antes a Suzhou, otra ciudad, con su mamá y ya no la dejaron entrar. No la dejaron subirse al tren… Por ley, nadie sale y nadie entra”, afirma este arquitecto de 36 años.

Ubicada en el centro de China, Wuhan es un importante polo comercial en el que viven 11 millones de personas.

Es, según Stamatis, un lugar en el que “todo el mundo hace las mismas cosas al mismo tiempo” en una especie de “ritualismo colectivo” que le lleva a evitar estar en la calle a determinadas horas del día.

“Yo sé perfectamente que, si salgo a las 6:30 de la mañana, tengo la ciudad para mí. Pero si salgo a las 7:30, es un caos. De 7:30 a 8:30 olvídate, no puedes hacer nada… Entonces, yo me muevo a las horas en que no es tan así”.

Daniel Stamatis

BBC
Stamatis dice que las calles están desoladas; pero los supermercados, llenos de gente.

El arquitecto asegura que su universidad es tan grande que, pese a movilizarse en metro, taxi o bus, tiene una motocicleta solo para poder desplazarse dentro del campus.

Pero ahora “no hay nada, no hay transporte público, no hay metro, no hay taxis, no hay tiendas… Salvo el supermercado, eso sí, pero las tienditas o restaurantes chiquitos no (están abiertos)”.

Este domingo entró en vigor la prohibición de la circulación de vehículos por el centro de la ciudad. Solo le está permitida a aquellos con permiso especial, como los camiones que transportan provisiones a los centros de salud.

De todas formas, él ya estaba de vacaciones por las celebraciones del Año Nuevo Lunar.

En principio, no debía regresar al campus hasta el 14 de febrero. “Precisamente hace como una hora nos mandaron un comunicado diciendo que se iban a extender, pero no nos dieron fecha”.

De compras

¿Cómo se vive en una ciudad en cuarentena?

Stamatis cuenta que no sale de casa, pero este domingo hizo una excepción para comprar comida.

Se puso la mascarilla —”Es ilegal no tener máscara”— y caminó por calles desoladas, en las que apenas se veían vehículos, hasta llegar a un lugar que sí estaba abarrotado de gente: el supermercado.

“Había muy poquita gente en la calle. Pero dentro del supermercado había muchas más gente que en un día normal”.

Hombre en motocicleta

Getty Images
Se puede ver poca gente por las calles de Wuhan estos días.

Antes de entrar al establecimiento, sin embargo, tuvo que pasar una prueba: “A todo el mundo nos pusieron un aparato… Era como una pistolita amarilla con un cuadrito que te la ponen en la frente, la checan allí y pasas”.

“Supongo que es para ver si estás infectado”.

Lo más probable es que haya sido un termómetro, con el que se está intentando detectar posibles casos de infectados con el coronavirus.

Junto a la tos, dificultades para respirar, dolor de cabeza, estornudos y fallos renales, la fiebre es uno de los síntomas que produce esta enfermedad.

La medición fue rápida y todo el mundo parecía pasar la prueba.

Stamatis volvió a casa bien provisto de alimentos congelados y enlatados y varios litros de jugo de naranja. Quiso comprar frutas y vegetales, pero estaban tan codiciados que la cola para pesarlos “ocupaba todos los pasillos del supermercado“.

“Nunca antes había visto algo así… No estuve dispuesto a pasar tres horas de cola por tres melones y tres manzanas”.

Si bien sí vio a algún adulto mayor, no se encontró ni en las calles ni en el supermercado con el otro perfil que compone la población más vulnerable al virus: niños.

Una “pequeña ventana”

El mexicano dice estar tranquilo por el momento y cree que hay que esperar a que acaben las festividades en China para ver el verdadero impacto de la cuarentena.

“Hace dos días fue el año nuevo chino y en esa época siempre está más lento. Creo que hay que esperar unos días más, que se empiecen a activar los ciudadanos, que salgan de sus vacaciones, para ver realmente cómo va a estar la situación cuando todos ya estén yendo a su trabajo como en un día normal”.

Daniel Stamatis

BBC
Daniel Stamatis estudia un doctorado en arquitectura con bambú en China.

Por eso, se tomó con calma el cierre de la ciudad: “Dije: ‘Órale, no voy a hacer ola. Voy a quedarme aquí, tranquilo, haciendo mis cosas y listo, no hay problema”.

Pero luego, dos noticias le hicieron cambiar de opinión.

“Una, la de que Xi Jinping decía que el virus se está acelerando. Y, al mismo tiempo, que Estados Unidos va a mandar aviones por los estadounidenses que viven en Wuhan, que son miles, porque tienen aquí a General Motors, (hay) muchos empresarios y diplomáticos”.

Un amigo mexicano en Indonesia acabó de darle forma a la idea: ¿por qué no usar ese avión?

“Me pareció no tan descabellado. Además, tengo visa a Estados Unidos desde los seis años”.

La embajada y el consulado atendieron su pedido “amablemente”, pero sin hacerle mucho caso, según él sospechaba. Y luego se le ocurrió recurrir a una herramienta que, según dice, apenas sabe usar: Twitter.

Varios medios de comunicación de América Latina se hicieron eco de su tuit.

“Me pareció una cosa impresionante, en 10 horas los embajadores contestaron, me llamaron de aquí, de China… Me dijeron que sí puede ser, que lo tendrán en cuenta, que nadie nunca se lo había pedido”.

Stamatis dice estar a la espera de que China apruebe que EE.UU. envíe aviones para retirar a sus ciudadanos.

“Yo no tenía la idea de salir de aquí porque cuando te cierran, te cierran. No hay mucha discusión. Pero si otro país, y sobre todo el vecino del norte, va a mandar aviones, pues yo me voy en el ala, no me importa”.

“No estoy desesperado porque de algún modo estoy bien, tengo comida, me siento bien físicamente, no he visto a nadie morirse en la calle… No quiero ni ser fatalista, pero tampoco pendejo”.

Su familia es la más esperanzada en que pueda subirse a ese avión. “Están más preocupados que yo. No sé si porque uno ya está aquí y se insensibiliza un poco“.

“Yo no más digo que no quiero quedarme con los brazos cruzados… Yo no más vi una pequeñísima oportunidad, una pequeñita ventana… donde igual quepo”.


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