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El Senado pide cuentas a Uber; proponen regulación para evitar delitos en unidades

El día de hoy, si una persona es víctima de un delito dentro de un Uber, las consecuencias solo son para quien vive el ilícito, pues al aceptar los términos del servicio, el usuario acepta los riesgos. En los próximos días, el Senado podría aprobar una iniciativa en donde la empresa tendría que hacerse responsable
Por Daniel Melchor
15 de abril, 2018
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Karla Irazu llegó a la Ciudad de México para disfrutar de sus vacaciones de Semana Santa. Con la emoción de quien no visita su país desde hace un año, aterrizó en el aeropuerto el pasado 23 de marzo. Debido a que su primo no pudo recogerla, decidió pedirle a Irazu un Uber. Ambos confiaban en el servicio que está regulado en la capital, y nunca sospecharon que el chofer arruinaría sus vacaciones.

Junto con dos maletas y un bolso en mano, se quedó esperando el Uber en la puerta nueve de la Terminal 1, hasta que vio llegar la unidad que ofrecería el servicio: un Nissan Versa negro placas MXL6532. “Se me hizo extraño que el chofer no bajara ayudarme porque yo traía unas maletotas”, cuenta Irazu. Sin embargo, el conductor, Israel Zagala, insistió en que también dejara su bolso en la cajuela.

Al comenzar el viaje tampoco le preguntó sobre la ruta, pero comenzó una plática cotidiana: “Qué calor hace, ¿no?”. Irazu no lo notó nervioso. De pronto, el conductor quitó el teléfono del tablero con la excusa de que se estaba calentando. Ella no le dio importancia y siguió contemplando la ciudad que no había visto en largo tiempo. Entonces, sin que ella se diera cuenta, el chofer canceló el viaje en la aplicación de Uber.

Cuando se percató de que únicamente recorrían calles pequeñas se sintió incómoda. Zavala se excusó diciendo que por ahí lo mandaba la ruta, aunque ya habían pasado dos veces por el mismo lugar. Para entonces, el Nissan Versa ya estaba en el municipio de Nezahualcóyotl.  Cinco minutos después, el conductor frenó en la colonia Juárez Pantitlán y le gritó: “¡Bájate de aquí y deja todas tus cosas!”. Por unos minutos, ambos forcejearon por la bolsa de mano. Finalmente cedió y él huyó con sus maletas.

Al enterarse del robo, su primo marcó a Uber donde un operador le contestó que ese viaje simplemente no había existido: el conductor canceló el viaje y no podían hacer nada para ayudarle. Horas después, Irazu tuvo que volver a marcar para contar lo sucedido. “Me dijeron que me iban a mandar mail y el primero fue ridículo, me preguntaban si el comportamiento de mi conductor me hizo sentir incómoda. La ayuda era muy lenta y por mail”, lamenta.

Más de 24 horas después, cuando en las redes sociales comenzó a viralizarse el robo, Uber le asignó a una operadora para que la acompañara en el proceso de denuncia. Después de unos días de búsqueda y de que otra usuaria de Uber testificara en su contra, Israel Zavala fue detenido el martes 27 de marzo.

Después de este episodio a Irazu le queda un mal sabor de boca con la manera de actuar de Uber: “la primera reacción no puede ser que te tomen por mentirosa. Hay un fallo en cómo se gestiona al personal”.

Sin embargo, no a todas las personas que han tenido malas experiencias les asignan a una persona para atender sus casos. En agosto de 2016, Vanessa Guzmán subió a un Uber y le pareció extraño que el chofer tuviera el teléfono entre las piernas, pues no podía ver la ruta a seguir. Al llegar a la avenida Miguel Ángel de Quevedo, otro automóvil les cerró el paso.

El chofer se movió hacia el carril izquierdo, pero el otro vehículo volvió a obstruirlos. Vanessa pensó en lo peor: un secuestro. Le pidió que en ese momento cancelara el viaje y la dejara bajar. Afortunadamente así sucedió. “El conductor como que hacía que no sabía qué estaba pasando, como muy tonto, y estaba muy nervioso. Todo el tiempo le estaban llegando mensajes al celular y los contestaba”, cuenta Vanessa a quien Uber simplemente le ofreció disculpas y un crédito para su siguiente viaje.

Del exceso de cortesía a la inseguridad

Durante los primeros años de Uber en México, cuando se abrieron paso en el mercado en 2014, la atención era tan cortés que incomodaba: el chofer bajaba a abrirle la puerta al pasajero, le ofrecía una botella de agua, cargador para el celular, sintonizar su estación de preferencia y elegir la ruta. Actualmente, es sencillo percibir el cambio porque los conductores ya no tienen las mismas atenciones.

De hecho, la cuenta de Twitter @Uber_MEX atiende todos los días a usuarios que se quejan por algún inconveniente en el servicio, desde conductores con poca disposición hasta robos: “Con quien más reporto el robo de una mochila con cartera, celular, lentes, etc. ¿Y las vueltas por cuatro horas de este conductor? En la app me piden paciencia desde hace cuatro días. Qué más? Con quién más me dirijo? AYÚDENME”, reclamó una usuaria el pasado 2 de abril. El mismo día otra usuaria se inconformó: “El conductor reclinado hasta atrás, no cabe la persona con la que vengo porque no hay espacio y va extra lento, lo comenté con él y ni caso”. En general, las quejas señalan a los conductores y las fallas en la aplicación.

Juan David es chofer de Uber desde 2014, pero por motivos personales abandonó el trabajo. Apenas hace cuatro meses volvió usar la aplicación y repitió el proceso de ingreso. Para él es claro por qué el servicio ha empeorado: los exámenes para ser conductor son más fáciles. Si bien continúan evaluando el conocimiento de las vialidades y realizando una prueba psicométrica, actualmente los exámenes son de opción múltiple, mientras que antes las respuestas eran abiertas.

“Han cambiado poco las preguntas. La primera vez que hice el examen estaba más complejo. Ahora, la verdad, están ‘papitas’ las preguntas a comparación del principio. Ahora es opción múltiple y antes era abierto, tú solito tenías que contestarlas. Es más fácil deducir la respuesta”, cuenta Juan David.

Por ejemplo, recuerda el conductor, una de las preguntas es ¿qué harías si otro vehículo te comienza a agredir mientras estás en un viaje? “Entonces te desglosan ahí que si te pones a pelear con el carro o si te esperas o que si llamas a una patrulla. O sea, más fácil”, dice.

Otro de los requisitos que valida al conductor como confiable es la carta de antecedentes no penales, aunque en el caso del chofer que asaltó a Irazu no sirvió de mucho. No obstante, en estados como Nuevo León dicho documento ya no se expide salvo circunstancias específicas. Por esto, a finales de enero Uber anunció que tendría nuevos controles de seguridad como realizar una búsqueda de dichos antecedentes en bases de datos de autoridades mexicanas y estadounidenses.

Aunado a las críticas por los actos delictivos que han cometido los choferes, el pasado mes de diciembre Uber realizó un cambio en sus términos y condiciones. En esta modificación se establece que la empresa no se hace responsable de cualquier incidente que ocurra durante el viaje, y responsabiliza al consumidor de su propia seguridad.

“Uber no garantiza la calidad, idoneidad, seguridad o habilidad de los terceros proveedores. Usted acuerda que todo riesgo derivado de su uso de los servicios y cualquier servicio o bien solicitado con aquellos será únicamente suyo”, señala en el punto cinco.

A pesar de los delitos que se han cometido dentro de unidades Uber o Cabify en México, dichas empresas continúan en crecimiento. Por ejemplo, a cuatro años de que Uber apareciera en la Ciudad de México, ya otorga servicio en 43 ciudades del país y supera los 250 mil socios conductores.

Las encuestas Origen-Destino que se han levantado en la zona metropolitana señalan que Uber, Cabify y otras aplicaciones han tenido un crecimiento más veloz que el de los taxis. En 2007, la encuesta realizada por la administración del entonces jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) arrojó que cada día el 8.8 por ciento del total de viajes en la Zona Metropolitana se hacían en taxi, es decir, un millón 328 mil.

Los resultados de la encuesta de 2017 muestran que los viajes en taxi aumentaron poco en relación a su nueva competencia. En diez años hubo un aumento de 151 mil viajes en taxi cada día, mientras que los viajes en aplicaciones alcanzaron los 156 mil 429, pese a que al momento de aplicarse la encuesta, solamente tenían tres años de existir.

Las leyes que regulan Uber y la opacidad en los recursos

En junio de 2015, la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) emitió una opinión en la que sugería permitir operaciones a las Empresas de Redes de Transporte (ERT) como Uber, Cabify o Easy Taxi con el argumento de que beneficiarían a los consumidores con nuevas modalidades de transporte. A partir de ese momento, de acuerdo con el reporte Repensar la competencia en la Economía Digital, trece estados emitieron regulación. Algunos como Guanajuato, Querétaro, Coahuila, Yucatán, San Luis Potosí, Colima, Sonora y Tijuana establecieron requisitos mínimos de seguridad, tales como que las unidades estuvieran equipadas con bolsas de aire y frenos antibloqueo.

“No obstante, vale la pena mencionar que algunas entidades establecieron regulaciones contrarias a la competencia. Destaca el caso de Guanajuato que establece un número limitado de vehículos, y los casos de Colima, San Luis Potosí, Jalisco y Tijuana que establecen la renovación anual para prestar el servicio”, concluye el reporte elaborado por la COFECE.

En el caso de la Ciudad de México, al tiempo en que los conductores de Uber se esforzaban por mejorar el servicio del transporte público individual, distintos concesionarios del servicio tradicional, taxi, comenzaron a protestar contra la nueva competencia. Si bien sentían amenazados sus ingresos, la queja principal radicaba en que las plataformas digitales no estaban sujetas a las mismas obligaciones que los taxistas, tales como pasar revista para verificar el estado físico de los automóviles, un trámite que en la Ciudad de México tiene un costo de mil 124 pesos.

El 15 de julio de 2017, la Secretaría de Movilidad (Semovi) publicó en la Gaceta Oficial de la capital una medida regulatoria para las ERT, la cual consistió en crear un padrón de personas morales que utilicen dichas aplicaciones, cobrar una aportación por cada viaje, pasar revista, y que únicamente pudieran circular vehículos con un costo arriba de los 200 mil pesos.

En su diagnóstico, la secretaría señala que una de las virtudes del servicio es el sistema de geolocalización: “permite a los usuarios situar el taxi más cercano a su ubicación, conocer el número de placa de la unidad e inclusive la identidad del conductor; este filtro de seguridad es una de las principales razones por las que las personas prefieren utilizarlas en vez de solicitar taxi mediante otros esquemas”.

De acuerdo con este padrón, actualmente siete empresas cuentan con registro para brindar el servicio privado de transporte público individual: Uber, Cafiby, Commute Technologies, Operadora de Servicios Móviles y de Publicidad, Prados Pirineos, Red de Excelencia en el Transporte, y Tracking Systems de México.

Asimismo, a finales de enero la Semovi informó a través de una solicitud de información que en la Ciudad de México existen 203 automóviles registrados a nombre de Cabify, mientras que Uber cuenta con 4 mil 752 vehículos.

Otro de los requisitos es la aportación obligatoria de 1.5% por cada viaje realizado, misma que también ha generado controversia debido a que los recursos se van a un fideicomiso privado y luego pasan al Fondo para el Taxi, la Movilidad y el Peatón. En su último reporte, Uber informó que desde que se implementó la medida ha aportado 200 millones de pesos. Se desconoce el uso y manejo de estos recursos.

“El hecho de haber constituido un fideicomiso privado no significa necesariamente que una empresa de la iniciativa privada controle los fondos. Simplemente significa que el fiduciario será una institución de crédito debidamente regulada y no la Secretaría de Finanzas”, explicó Carlos Olivos, director de Comunicación de Uber México en una columna publicada en Animal Político.

De acuerdo con Laura Ballesteros, ex subsecretaria de Planeación de la Semovi, la regulación en la capital se hizo de la manera adecuada, no obstante, en tanto las aplicaciones son tecnologías en constante innovación es importante mantener actualizadas las normas que regulan estos servicios.

“La innovación y la tecnología se basan en la disrupción y es necesario que los gobiernos cuenten con los reflejos necesarios en materia normativa para ir a la par de lo que sucede en la innovación”, explica Ballesteros.

Debido a esto, no recomienda que existan leyes específicas para regular los servicios, ya que hacer cambios sería más complicado.

“Un marco jurídico pesado vuelve compleja la modificación porque es posible que vuelve a cambiar. Las normas emitidas a través del ejecutivo con sus reglamentos son la manera más flexible de atender el cambio”, sostiene.

En la Ciudad de México, por ejemplo, es complicado determinar la cantidad exacta de delitos que un chofer ha cometido. No solamente porque algunos delitos no se denuncian sino porque la Procuraduría General de Justicia local omite especificar en sus estadísticas si el ilícito se cometió dentro de un taxi o en algún servicio privado. Según sus datos, de 2014 hasta octubre de 2017, los conductores cometieron mil 134 robos.

Un caso particular con respecto a las ERT en México sucedió en Jalisco, pues consideraron pertinente modificar la Ley de Movilidad y Transporte para regular específicamente este tipo de servicios.

Existen ciertas semejanzas con las medidas regulatorias que impuso el gobierno de la Ciudad de México como la creación de un padrón y la aportación de 1.5 por ciento de cada viaje. Sin embargo, una de las diferencias es que el Artículo 187 de la llamada Ley Uber considera sanciones a las ERT: “A la empresa de redes de transporte que permita deliberadamente que los propietarios o conductores de vehículos (…) cometan infracciones”.

De la misma forma que en otras partes del país, los primeros en alzar la voz fueron los taxistas de Jalisco que consideraban a las aplicaciones como competencia desleal, de acuerdo con el diputado con licencia de Movimiento Ciudadano, Alejandro Hermosillo, uno de los impulsores de la ley.

“Tardó un año y medio a que empezara a aplicar la ley por un amparo que presentó Uber. Hoy ya está vigente, pero no está aplicando porque no se ha completado el registro de vehículos”, cuenta. “Hasta ahora hay 600 registrados. Yo veo que la burocracia es tremenda. Lo que detectamos es que fue superada la capacidad operativa de la Secretaría de Movilidad”.

A través de una encuesta, Hermosillo detectó que tanto usuarios de Uber como Cabify aseguraron que la calidad del servicio había decaído luego de haber sufrido abusos por parte de los conductores e indiferencia de las empresas.

“Documentamos situaciones de acoso y hasta situaciones de violencia. También la queja común es que cuando reportaban al chofer, en vez de darlo de baja o abrir una investigación, la empresa se deslindaba completamente”, señala.

El diputado que busca la reelección al congreso de Jalisco quiere promover otras iniciativas para mejorar la seguridad como colocar un holograma en las unidades para que los usuarios puedan detectar si ese chofer tiene permiso para operar, así como crear un esquema especial para mujeres que utilicen las aplicaciones.

Aunque el monto no ha sido dado a conocer por la Secretaría de Movilidad de Jalisco, según el diputado, la recaudación por concepto de las aportaciones de cada viaje alcanzó en 2017, los 55 millones de pesos.

La tragedia en Puebla; el móvil para una modificación a la ley

Mariana Castilla salió el viernes 8 de septiembre con sus amigos. Para volver a casa pidió un Cabify, cuyo chofer la llevó hasta su destino. Pero las cámaras de seguridad detectaron que Mariana nunca descendió de la unidad. Luego de una semana de búsqueda, el cuerpo de la joven de 19 años fue hallado el 15 de septiembre en una barranca.

Pocos días después, el gobierno de Puebla canceló el registro a Cabify debido a irregularidades como el hecho de que la empresa nunca se enteró de que el asesino de Castilla había sido detenido meses antes por robo de hidrocarburos.

En noviembre de 2017, se publicaron las reformas a la Ley de Transporte del estado en donde se establece que los choferes de las ERT deberán realizar exámenes toxicológicos y psicométricos cada seis meses. Luego de cumplir con los requisitos se le devolvió el registro a Cabify.

Tragedias como la de Mariana Castilla, son los ejemplos que utilizó el senador Jesús Santana García para presentar una iniciativa en octubre del año pasado que busca modificar la Ley Federal de Protección al Consumidor con el objetivo de que cualquier ERT sea vigilada por la PROFECO.

En general, la iniciativa tiene como propósito modificar los Términos y Condiciones de Uber. Por ejemplo, el segundo punto donde la empresa aclara que “no presta servicios de transporte o de logística o funciona como empresa de transportes”, argumento con el cual se exime a sí misma de ser regulada dentro de este sector.

“Primero se tiene que reconocer que son servicio privado de transporte mediante plataformas tecnológicas porque así lo resolvió el Tribunal Europeo. Ellos dicen que no son. Ese es el primer gran dilema”, dice el panista.

Otro aspecto que busca regular la iniciativa presentada por el senador Santana es sobre la responsabilidad que la empresa debería asumir en caso de que los usuarios reciban un mal servicio o sean víctimas de delitos dentro de la unidad. Además, de modificar el apartado, dentro de sus Términos y Condiciones, que dice que cualquier situación legal a resolver sería bajo legislación de los Países Bajos.

“¿Cómo me voy a ir a litigar allá?, pregunta el senador, porque cuando usas la aplicación, aceptas los términos y condiciones, pero es un contrato que no está regulado por las autoridades mexicanas”, explica.

Dicha iniciativa iba a ser votada a mediados de marzo, sin embargo, Uber y Cabify solicitaron que se extendiera el plazo para analizar la propuesta. De hecho, el miércoles 11 de abril, representantes de ambas empresas, de la PROFECO, expertos y senadores de la Comisión de Comercio y Fomento Industrial se reunieron en el Senado para discutir la iniciativa.

En dicha reunión, Cedrian López Bosch, gerente de políticas públicas de Uber, argumentó que las ERT se inscriben dentro de la economía colaborativa en la que es posible generar un ecosistema de auto-regulación.

“La plataforma nos permite promover una auto-regulación. Los consumidores tienen buenas herramientas para incidir. Tenemos mecanismo de retroalimentación entre el usuario y el chofer. Son sistemas de calificaciones que permiten identificar buenos comportamientos”, argumentó en la reunión López Bosch.

Según este sistema de calificaciones, cuando un conductor no alcanza el mínimo es automáticamente eliminado del servicio.

De acuerdo con Ricardo Weder, director de Cabify, existen alrededor de 60 empresas que quieren incorporarse al mercado del transporte individual y que están en riesgo si se regulan de manera excesiva.

“Nosotros ya estamos regulados. El Código Civil federal establece que quienes generan un daño son los únicos que se hacen responsables de esos actos. Evidentemente hay campos de mejora, por ejemplo, que las aplicaciones se sujeten a la legislación mexicana y no a la de otros países”, dijo Weder en la reunión privada con respecto a la iniciativa que pretende votarse antes del 30 de abril.

En el Uber mundo

2017 fue un año complicado para esta ERT que opera en más de 600 ciudades en todo el mundo. El 20 de diciembre el Tribunal de Justicia de la Unión Europea resolvió que Uber es una empresa de transporte y no solamente una aplicación digital que ayuda a conectar choferes con usuarios, por lo que tiene que empezar a ser regulada como tal. Esta controversia se originó en 2014, luego de que taxistas de Barcelona impusieran una demanda para que la empresa y sus socios conductores tuvieran licencias para operar.

Ese mismo año tampoco fue bueno para Uber en Londres. El pasado 22 de septiembre, Transport of London (TfL), el organismo encargado de regular los servicios de movilidad, tomó la decisión de negarle la renovación de la licencia para seguir operando. Las autoridades consideraron que Uber carecía de capacidad para brindar un servicio seguro.

“TfL considera que el acercamiento y conducta que tiene Uber demuestra falta de responsabilidad corporativa en relación a numerosos hechos que tienen implicaciones en la seguridad pública”, sentenció el organismo. Sin embargo, la empresa apeló la decisión y continuó operando.

Por eso, en febrero de este año TfL informó que prepara nuevas modificaciones a la legislación actual para mejorar la calidad en el servicio que otorgan estas empresas. Estas nuevas regulaciones incluirán la obligación de fortalecer el compromiso de las ERT con respecto a la seguridad de los usuarios y conductores. Aunque no solamente contemplan aspectos de seguridad sino también de inclusión, pues buscan que vehículos estén adaptados para atender a personas en silla de ruedas.

En Dinamarca, en cambio, al endurecer la legislación en materia de transporte, Uber decidió cerrar operaciones en el país en marzo de 2017. Una de las medidas incluye instalar cámaras de vigilancia en las unidades.

Las denuncias de acoso sexual no se han limitado a señalar a los conductores, sino también a personal que labora dentro de la empresa. Luego de un año de trabajar en Uber en Estados Unidos, Susan Fowler denunció en su blog la forma en que fue acosada por un trabajador y la manera en que Recursos Humanos ignoró su denuncia. La publicación del texto obligó a Uber a abrir investigaciones, lo que derivó en más de 20 empleados despedidos el pasado mes de junio.

Los tropiezos de Uber no han sido solamente en cuanto al servicio sino a la protección de datos de los usuarios. En noviembre de 2017, la empresa dio a conocer que les robaron los datos de 57 millones de usuarios, tanto pasajeros como conductores. Posteriormente, los dos hackers se acercaron a la empresa para extorsionarla y exigieron 100 mil dólares a cambio de eliminar los datos robados. Uber realizó el pago y mantuvo en secreto un año dicho robo.

La misma empresa volvió a ser noticia en marzo. El domingo 18, Elaine Herzberg, de 49 años, cruzó la avenida Mill en Tempe, Arizona, cuando un Uber conducido en modo automático la embistió. Este accidente se convirtió en la primera muerte en el mundo ocasionada por un vehículo autónomo. De acuerdo con diarios locales, la familia de Herzberg tomó acciones legales contra Uber, mientras que la empresa sacó de circulación 94 vehículos autónomos.

En otros países del mundo, Uber ha tenido que rendir cuentas y las consecuencias no han sido menores. Habrá que esperar a ver si en México la protección a la seguridad de las personas queda resguardada en la nueva legislación.

 

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El asombroso caso del peor asesino confeso de la historia de Europa que era inocente y lo había inventado todo

El sueco Thomas Quick confesó ser el autor de 39 asesinatos y fue condenado a decenas de años de prisión. Pero sus confesiones eran inventadas. ¿Por qué se atribuyó crímenes espantosos que no había cometido?
18 de septiembre, 2019
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Esta es una historia asombrosa, absolutamente increíble.

Es la historia de un hombre que confesó haber cometido un total de 39 escalofriantes asesinatos: de hombres, de mujeres y de niños, con violaciones, con mutilaciones espantosas, con desmembración de cuerpos, incluso con episodios de canibalismo…

Ese hombre, considerado el asesino en serie más terrible de la historia de Europa, fue juzgado entre 1991 y 2003 por ocho de esos 39 crímenes y condenado a pasar decenas y decenas de años en prisión.

Su imagen y sus crímenes dieron la vuelta al mundo. Los periódicos y televisiones decían de él que era un monstruo, le comparaban con Hannibal Lecter, el sádico asesino en serie de la película “El silencio de los corderos”.

Y, sin embargo, ese hombre en realidad no había matado a nadie. Sus confesiones eran todas mentira, inventadas. Era inocente.

Ese hombre es sueco y se llama Sture Ragnar Bergwall, aunque posteriormente adoptó el nombre de Thomas Quick.

Hoy tiene 70 años y está libre, después de que todas sus condenas por asesinato fueran revisadas y anuladas.

Vive en un lugar secreto, bajo una identidad secreta, y trata de comenzar de nuevo.

Hannes Råstam, de espaldas en la foto, con Thomas Quick

SVT/Lars Granstrand
Fue el periodista sueco Hannes Råstam (ya fallecido), de espaldas en la foto, con la ayuda de su colaboradora Jenny Küttim, quien logró destapar la verdad.

Pero no es fácil dejar el pasado atrás: el próximo día 20 de este mes se estrenará en Suecia y en Noruega “Quick”, una película dirigida por Mikael Håfström, que narra su historia, y que posteriormente está prevista que llegue a las pantallas internacionales.

Fue el periodista sueco Hannes Råstam (ya fallecido), con la ayuda de su colaboradora Jenny Küttim, quien logró destapar la verdad y sacar a la luz el que se considera como el mayor error judicial de toda la historia de Suecia.

Gracias a la minuciosa investigación que llevaron a cabo, Thomas Quick dejó de ser el inhumano y aberrante asesino en serie que hasta 2013 se pensaba que era.

Pero, ¿por qué mintió?, ¿por qué se atribuyó crímenes espantosos que no había cometido?

BBC Mundo habló con Jenny Küttim para tratar de entenderlo.


Empecemos por el principio. ¿Quién era Thomas Quick, qué tipo de persona era para ser capaz de confesar más de 30 asesinatos que en realidad no había cometido?

Quick había sido toda su vida un perdedor y la oveja negra de su familia. Consumía drogas y era alguien que llevaba mintiendo toda su vida.

Entre otras cosas era homosexual pero, al haber crecido en una familia profundamente cristiana que criminalizaba la homosexualidad, la reprimía, no aceptaba que era gay. Y comenzó a molestar a niños mientras estaba colocado de drogas o borracho.

Y entonces, en 1991, trató de robar un banco disfrazado de Papa Noel y armado con un cuchillo para conseguir dinero para drogas. Le detuvieron y fue a parar a la cárcel ¿verdad?

Sí. Quick cometió ese robo y, a causa de su testimonio, su mejor amigo acabó en la cárcel. Así que todos sus otros amigos le dieron la espalda. Se sentía muy solo.

Poco después de entrar en prisión pidió ingresar, por voluntad propia, en la clínica psiquiátrica de alta seguridad Säter, a unos 200 kilómetros de Estocolmo. ¿Por qué?

Quick tenía 40 años cuando ingresó en esa prisión psiquiátrica. Quería entenderse a sí mismo y entender su homosexualidad.

¿Cómo era la clínica Säter entonces? ¿Qué tipo de tratamiento recibió allí?

Cuando Quick llegó a Säter en los años 90 allí había un grupo de psiquiatras y psicoterapeutas liderado por Margit Norell, entonces una importante personalidad en Suecia (hoy fallecida).

Norell quería entender cómo funcionaba la mente de un criminal, y para ello empleaba una terapia basada en las primeras enseñanzas de Sigmund Freud, según el cual las mujeres con histeria tenían memorias reprimidas y por eso desarrollaban esa enfermedad nerviosa.

Así que trataron de sacar esas memorias de Quick. Pero Quick no tenía ninguna historia increíble que contar.

¿Quick empezó a mentir para complacer a los psiquiatras y psicoterapeutas?

Quick quería seguir recibiendo terapia, quería entenderse a sí mismo. Y además en la prisión psiquiátrica le daban drogas, le daban benzodiazepinas (medicamentos psicotrópicos que con frecuencia se prescriben a los drogadictos para ayudarles a calmarse).

"A las familias de las víctimas no les gusta Thomas Quick, nunca les gustó, consideran que destruyó sus vidas. ", Source: , Source description: , Image:

Y Quick era un adicto, quería drogas. Así que empezó a mentir para ganarse la atención de los psiquiatras.

Para él fue fácil, estaba acostumbrado a mentir, llevaba toda su vida haciéndolo. Empezó a confesar crímenes.

Siempre había sido un lector voraz, siempre leía los periódicos. Así que conocía los principales casos de asesinato que habían sacudido a Suecia y que no habían sido resueltos y se atribuyó esos crímenes.

¿Cómo reaccionaron los psiquiatras de Säter ante las confesiones de Quick?

A los terapeutas les provocó una enorme excitación la confesión por parte de Quick de esos crímenes, crímenes de los que no recordaban nada hasta su llegada a la clínica Säter.

Para ayudarle a ‘recordar’ los terapeutas le pasaban libros de asesinos en serie, como “American Psycho”, artículos de periódicos… Además, en los primeros años Quick tenía permiso para salir de Säter y acudía a las bibliotecas públicas de Estocolmo y allí leía en los periódicos noticias sobre asesinatos.

Y supongo que los terapeutas de Säter comunicaron a la policía las confesiones de Quick…

Quick nunca creyó que fuera a ser juzgado ni mucho menos condenado por esos asesinatos que había confesado para ganarse la atención de los terapeutas.

Pero los psicoterapeutas estaban convencidos de que sus confesiones eran creíbles, que realmente las cosas podían haber ocurrido como Thomas Quick decía que habían sucedido. Así que convencieron a la policía que investigaba el caso para que creyera en sus memorias reprimidas.

Hannes Råstam junto a Thomas Quick

SVT/Lars Granstrand
Hannes Råstam (izq) junto a Thomas Quick. Råstam era un periodista obsesivo con los detalles, en cuanto veía algo que no encajaba, no paraba hasta entender lo que ocurría.

Todos estaban fascinados con Quick: los psiquiatras, los policías… Le creyeron y buscaron por toda Suecia los restos de los cadáveres que Quick decía haber matado.

Cuando Quick decía que había enterrado los restos de una de sus víctimas aquí o allá, la policía se dirigía al lugar a toda velocidad y se ponía a buscar.

Quick tenía un enorme poder, cualquier cosa que decía movilizaba a la policía y los psiquiatras.

Seis tribunales suecos distintos condenaron a Quick como culpable de ocho asesinatos. Sin embargo jamás encontraron ningún cadáver, no lograron nunca encontrar ninguna prueba material contra él, ¿verdad?

Si se observaban las pruebas, realmente no había nada contra Quick. Los veredictos contra él se basaban en sus propias confesiones y en sus supuestas memorias reprimidas.

Sólo en el juicio por el asesinato de Therese Johannesen (una niña de 9 años asesinada en 1988 en Drammen, en Noruega, a la que Quick aseguraba haber matado rompiéndole el cráneo contra una piedra) había una prueba más allá de la confesión de Quick: la policía había encontrado un trozo de hueso que según un experto pertenecía a un menor de 14 años.

Esa prueba encajaba perfectamente con el relato del asesinato que había realizado Quick.

¿Cuándo comenzaron el periodista Hannes Råstam y usted a investigar el caso de Thomas Quick?

En 2007, 2008. Yo tenía 24 años. Habíamos hecho un documental antes sobre Thomas Quick y cuatro de los asesinatos que había confesado.

Después de hacer ese documental, nos preguntamos cuánta gente podría haber en prisión por haber confesado crímenes que en realidad no había cometido.

Y una de esas personas era Thomas Quick, que además era famoso. Suecia estaba entonces dividida: había una parte de la sociedad que estaba encantada de que él fuera el culpable de esas muertes. Pero también había gente que no creía que hubiera cometido los crímenes que se atribuía.

Así que estudiamos todo el material que había sobre él para tratar de entender qué había ocurrido realmente y por qué había gente que estaba absolutamente convencida de su culpabilidad. Y así empezó todo.

Poster de la película Quick

Nordisk film
Este mes se estrena en Suecia y en Noruega una película dirigida por Mikael Håfström que narra la historia de Thomas Quick.

¿Qué método siguieron?

Revisamos todo, todo, incluido su historial médico completo que, según la investigación policial, dejaba absolutamente clara su culpabilidad. Pero, obviamente, no era así.

¿Cómo era Hannes Råstam como periodista?

Era un periodista obsesivo con los detalles, y la clave casi siempre está en los detalles. Era un gran periodista de investigación, un periodista de raza.

En cuanto veía algo que no encajaba, no paraba hasta entender lo que ocurría. Y también era alguien que creía en las personas, que creía en las segundas oportunidades.

Y en el caso de Thomas Quick se dio cuenta de que podía ser una víctima. Pero, sobre todo, se empeñó en entender lo que ocurría ahí.

El caso de Thomas Quick fue la cumbre de su trabajo, pero fue producto de todas las investigaciones periodísticas que había realizado antes.

¿Quick colaboró con ustedes?

Sí. Después de seis meses trabajando con él Quick se retractó de sus confesiones. Un día nos dijo “¿Qué puedo hacer si yo no he cometido esos asesinatos? ¿Estoy atrapado?”.

Y Hannes Råstam le dijo: “Ahora tienes tu gran oportunidad: dime la verdad”.

Lo único que sabíamos entonces era que Quick era un mentiroso, un gran mentiroso, un mentiroso magistral. Pero cuando se retractó de sus confesiones nos convencimos de que no mentía.

Pero estaba todavía ese resto óseo que según un experto perteneció a un menor de 14 años y fue hallado junto al lago en el que Quick aseguraba haber tirado el cadáver de la niña Therese Johannesen…

Sí. Ese hueso era una prueba contundente contra Quick y durante varios meses nos confundió mucho. Pero en 2010 se desveló que ese supuesto hueso era en realidad un trozo de plástico.

A partir de ahí se revisaron todas las condenas contra Quick y fueron cayendo una tras otra… ¿Cómo es posible que se cometieran tantos errores por parte de los terapeutas, de la policía, de los tribunales?

Los terapeutas que trataron a Quick, los policías que se hicieron cargo de la investigación, eran como una secta, como un culto.

Si alguien aireaba algún tipo de objeción, era expulsado del grupo. Hubo por ejemplo agentes que cuestionaron cómo era posible que Quick hubiera empleado 13 formas de asesinar diferentes, algo insólito en un asesino en serie, y fueron apartados de la investigación.

Y no sólo eso: todas las evidencias que ponían en cuestión que Quick fuese el verdadero autor de esos asesinatos las ocultaron, no las presentaron ante los tribunales con el argumento de que podían confundirles, de que podrían hacer que no vieran a Thomas Quick como el asesino en serie que ellos estaban seguros que era.

"Hubo agentes que cuestionaron cómo era posible que Quick hubiera empleado 13 formas de asesinar diferentes, y fueron apartados de la investigación.", Source: , Source description: , Image:

Estaban convencidos de que era un asesino en serie, lo tenían decidido, y no querían que nada se lo estropease.

Además, en gran medida creo que lo ocurrido fue fruto del momento en el que se vivía entonces. Era principios de los años 90, estábamos todos muy impactados por el personaje de Hannibal Lecter en “El silencio de los corderos” y cuando saltó a la luz el caso de Quick muchos se precipitaron a compararle con él, hubo una gran presión mediática.

La psicoterapia también vivía un gran momento, así que se juntaron todas esas cosas. A eso se añade que los medios de comunicación no hicieron su trabajo: confiaron en que la investigación policial había sido correcta, estaban encantados de que hubiera un asesino en serie.

Hubieran podido fácilmente hacer su trabajo, haber hecho periodismo y haber revisado todo el material de Thomas Quick.

Pero no lo hicieron, no estaban interesados en ello, estaban más interesados en el morbo de que hubiera un terrible asesino en serie. Y Quick, por otra parte, era el paciente perfecto, el asesino perfecto. Todos esos mecanismos se juntaron.

¿Ha sido alguien condenado por toda la cadena de errores que se cometieron en el caso de Thomas Quick, algún terapeuta, algún policía?

No. Ningún terapeuta, ningún policía, nadie ha sido llevado a juicio por el caso de Thomas Quick ni ha recibido ningún tipo de castigo por la forma en la que actuó.

Hubo una comisión que investigó lo ocurrido, pero concluyó que ninguna persona en concreto fue declarada responsable de lo sucedido.

¿Y Thomas Quick ha sido recompensado de algún modo por haber sido condenado siendo inocente?

No. No ha recibido absolutamente ninguna compensación económica. La comisión que revisó su caso dictaminó que él mismo era en gran medida responsable de lo que le había sucedido, así que no le dieron nada.

Quick salió de Sätar en julio de 2013 como hombre libre, después de que la última de las ocho condenas por asesinato dictadas contra él fuera anulada. ¿Qué ha sido de él?

Quick lleva ahora 16 años limpio de drogas y es realmente una persona normal.

Se ve a sí mismo como una víctima, y en cierto sentido tiene razón, es obviamente una víctima, pero también lo es por su propia culpa.

Si no nos hubiera confesado la verdad, si no nos hubiera dicho que nunca había matado a nadie, probablemente nunca hubiéramos sabido lo que había ocurrido en realidad.

Pero, por otra parte, fue él mismo el que destrozó las investigaciones sobre varios crímenes que llevaba a cabo la policía, porque al confesarse él culpable de esos asesinatos la policía dejo de buscar a los auténticos autores de los mismos.

Y para cuando se desveló que Quick era inocente ya era tarde, había pasado mucho tiempo.

¿Dónde está? ¿De qué vive?

Quick tiene ahora 69 años, van a ser 70 en breve. Vive en un lugar secreto, no quiere que se sepa dónde está. Yo sé obviamente dónde se encuentra, pero no se lo puedo decir.

No vive en Suecia, eso sí, y está tratando de comenzar de nuevo. No quiere hablar con nadie. A veces le paso algunas solicitudes para entrevistarle por email o por teléfono, pero las rechaza todas.

Vive de manera muy sencilla y pobre de la pequeña pensión que recibe. Está libre y es feliz. Y quiere dejar atrás todo lo que ha vivido.

¿Muestra arrepentimiento?

Quick es la persona que es. Por un lado es capaz, a su manera, de mirar atrás y de darse cuenta de todo el daño que ha hecho a mucha gente, a todas las familias de las víctimas.

Hannes Råstam junto a Thomas Quick

SVT/Lars Granstrand
Quick (der) vive ahora en un lugar secreto fuera de Suecia y no quiere hablar con nadie.

Carga en ese sentido con un sentimiento de culpa tremendo. Y, para ser capaz de convivir con ese peso enorme, lo que hace es presentarse a sí mismo como una víctima.

Y sí, en cierta medida es una víctima, por supuesto que lo es, pero también es responsable. A las familias de las víctimas no les gusta Thomas Quick, nunca les gustó, consideran que destruyó sus vidas.

De hecho, ninguno de los asesinatos por los que fue condenado y luego exonerado ha sido resuelto.

Después del caso de Thomas Quick, ¿han cambiado las cosas en Suecia para evitar que se pueda repetir algo similar?

Ha habido cambios, sí, pero no suficientes. Creo que son necesarias muchas más regulaciones sobre cómo debe de ser el trabajo de los policías y de los terapeutas.

Después del caso de Thomas Quick en Suecia ha habido otros cuatro casos en los que sentencias de culpabilidad han sido revocadas, y en todos los años anteriores a Thomas Quick sólo hubo dos.

Así que algo ha pasado, nos dimos cuenta de que nuestro sistema judicial no era tan robusto como creíamos. Ahora, por ejemplo, en cada caso hay dos fiscales. Pero el caso de Thomas Quick ha tenido menos impacto en el mundo terapéutico.

¿Puede haber otros Thomas Quick en Suecia o en otros lugares del mundo?

Sí, por supuesto, y lo vemos en casos tremendos. Es verdad que la de Thomas Quick es una historia absolutamente extraordinaria, con todos los ingredientes imaginables.

Pero las confesiones falsas son algo bastante común dentro de las investigaciones policiales. Lo que no es tan común es confesar tantos asesinatos como confesó Thomas Quick y durante un periodo de tiempo tan prolongado.

Además las memorias reprimidas ahora están ganando de nuevo terreno a causa también del movimiento Metoo.

Creo que historias extraordinarias como la de Thomas Quick seguirán saliendo a la luz de vez en cuando porque esos componentes que las hacen posibles siguen estando en nuestras sociedades.


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