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Cuartoscuro

Verificado.mx: ¿Está en riesgo la candidatura de Cuauhtémoc Blanco?

Desde 2016, el INE y la Fepade investigan a Cuauhtémoc Blanco por la presunta firma de un contrato de siete millones de pesos entre el mismo exfutbolista y el Partido Social Demócrata, así como por contar con doble credencial de elector. ¿Podrían retirarle la candidatura a la gubernatura de Morelos por esto?
Cuartoscuro
Por Yuriria Ávila / Verificado 2018
18 de abril, 2018
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Desde su época como futbolista, la mayor parte en el Club América, y ahora como alcalde de Cuernavaca y candidato a gobernador, Cuauhtémoc Blanco no ha dejado de ser polémico.

Blanco lleva ventaja en la contienda por el gobierno de Morelos, pues de acuerdo con una encuesta realizada por El Financiero, el presidente municipal con licencia de Cuernavaca tiene 42% de la intención del voto, 26 puntos por encima del segundo lugar, el priista Jorge Meade Ocaranza, quien tiene 16% de las preferencias.

Pero la trayectoria política del Cuau no ha sido tersa. Hace menos de dos años, en agosto de 2016, la periodista Denise Maerker dio a conocer que Blanco había firmado un contrato por siete millones de pesos para ser candidato a la presidencia municipal de Cuernavaca por el Partido Social Demócrata (PSD) en las elecciones en 2015. Aunque Blanco lo rechazó al día siguiente en conferencia de prensa.

En octubre del mismo año, la Fiscalía General del Estado de Morelos le dio validez al contrato denunciado y concluyó que la firma del mismo, celebrada entre uno de los entonces líderes de PSD, Roberto Yáñez, y Cuauhtémoc Blanco, sí corresponde a la del exfutbolista.

El resultado fue integrado a la carpeta de investigación que lleva la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) de la Procuraduría General de la República (PGR).

Además, la Unidad Técnica de Fiscalización del Instituto Nacional Electoral abrió un expediente para investigar el caso, que no ha sido cerrado todavía.

Pero este contrato no ha sido el único tema a debate. La Fepade cuenta también con una carpeta de investigación en contra de Blanco, en la que se investiga si tenía dos credenciales de elector con residencias distintas, según declaró Santiago Nieto, en marzo 2017, cuando era titular de esa Fiscalía.

La doble credencialización consiste en delito de alteración del registro federal electoral, lo cual tiene una sanción de tres a siete años de prisión y una multa de 70 a 200 días.

Investigaciones abiertas

Blanco, por tanto, tiene dos casos pendientes, pero nada se ha informado sobre el curso de las investigaciones.

Por el caso del contrato, además del INE y la Fepade, el Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (IMPEPAC) abrió un nuevo proceso sancionador, el 9 de marzo pasado, por considerar que Blanco probablemente transgredió “el principio electoral de las elecciones libres auténticas y periódicas”.

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Sin embargo, estos procesos no necesariamente ponen en riesgo la candidatura del exfutbolista.

Ana León Trueba, consejera presidenta del IMPEPAC, dijo a medios que el proceso sancionador no afectaría el registro de Blanco como candidato. De hecho, el 30 de marzo, el IMPEPAC aprobó la candidatura de Blanco a la gubernatura de Morelos.

Pero además, el estar sometido a un proceso judicial no es motivo para retirar una candidatura. Sólo si el involucrado fuera encontrado culpable y sentenciado por un juez, aunque ninguno de los expedientes que Blanco tiene abiertos ha terminado en el escritorio de algún juzgador.

La Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) determinó en 2013, que los ciudadanos no pueden ser privados de sus derechos político-electorales, a menos de estén privados de la libertad por un proceso criminal.

Es decir, tendría que declararse un auto de formal prisión en contra de Blanco para que la autoridad pudiera retirarle la candidatura y más aún, para que se dicte un auto de formal prisión es necesario que exista una sentencia.

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Por qué el idioma que hablamos hace que veamos el futuro de forma diferente

Algunos estudios vinculan la manera en que las lenguas se refieren al futuro, al pasado o al presente y la forma en que sus hablantes interpretan el paso del tiempo e incluso la visión que tienen sobre cuestiones como el respeto por su entorno.
19 de abril, 2019
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¿Qué pasa si el idioma que hablas te hace percibir el tiempo de manera diferente?

¿Suena como realismo mágico? Casi: es Economía.

Algunos trabajos de investigación recientes sostienen que los idiomas que distinguen gramaticalmente el futuro del presente hacen que sus hablantes planifiquen menos, ahorren menos, e, incluso se preocupen menos por el medio ambiente.

Pero ¿de dónde viene este supuesto y cuáles son sus antecedentes?

El vacío

Bejamin Lee Whorf era inspector de una compañía de seguros contra incendios y notó que el lenguaje podía causar problemas de seguridad.

Se dio cuenta que la gente actuaba de forma descuidada cerca de los bidones de gasolina vacíos porque estaban “vacíos”, aunque en la práctica están llenos de vapor de gasolina, por lo que pueden explotar.

Esto lo estimuló a estudiar y escribir sobre el lenguaje.

cuadro

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
El paso del tiempo ha sido motivo de inspiración para el arte.

Whorf pasó tiempo con la comunidad indígena Hopi del noreste de Arizona.

Observó que no tenían distinciones gramaticales para el futuro y el pasado y que no tenían forma de contar períodos de tiempo.

Observó sus prácticas culturales y llegó a la conclusión de que los Hopi ven el tiempo de manera bastante diferente a nosotros y que conceptos que nos parecen obvios, como “mañana será otro día”, no tenían ningún significado para ellos.

Su publicación de estas ideas en 1939 cambió la filosofía del lenguaje.

De las propuestas de Whorf y las de su maestro, un profesor de Yale llamado Edward Sapir, surgió lo que se denominó la Hipótesis de Relatividad Lingüística, comúnmente conocida como la hipótesis de Sapir-Whorf.

Su explicación abreviada es que el lenguaje puede afectar nuestra forma de pensar; su implicación más fuerte es que no podemos pensar en cosas de las que nuestro lenguaje no nos permite hablar.

Con el tiempo, las explosivas ideas y gran parte de los postulados de Whorf fueron descalificados.

En 1983, un investigador llamado Ekkehart Malotki publicó Hopi Time, un voluminoso libro que detallaba su investigación sobre los Hopi y su lenguaje, que atacó la teoría de Whorf y generó desconfianza hacia cualquier idea sobre la relatividad lingüística.

Recuperación

En realidad, Whorf no estaba equivocado del todo sobre el efecto de ciertas palabras que trasmiten el paso del tiempo.

Cualquier persona que tenga conocimiento sobre ventas o marketing conoce la diferencia que causa llamar a algo “usado”, “clásico” o “antiguo”.

En los últimos años, algunos lingüistas han demostrado cuánto puede afectar el vocabulario que usamos nuestra forma de pensar sobre las cosas.

Los experimentos de la psicóloga María Sera revelaron que las personas que hablan un idioma en el que algo (como una cuchara) es de género femenino, tienden a describir ese objeto con términos asociados a la mujer, mientras ocurre lo contrario con el género masculino.

Somos lo que decimos

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, ha acumulado datos interesantes sobre cómo las personas que hablan idiomas que usan la misma palabra para un par de colores necesitan más tiempo para distinguirlos que aquellos que tienen una palabra separada para cada uno.

Los expertos Caitlin Fausey y Teenie Matlock descubrieron que si decimos que un político “estaba recaudando donaciones”, creemos que ha recaudado más que si decimos que el político “recaudó donaciones”.

Otros lingüistas, como Manuel Carreiras, descubrieron que, al leer descripciones de personas, recordamos atributos que se dice que tienen en el presente más rápidamente de los que se dice que tuvieron en el pasado.

Como dijo el destacado lingüista Roman Jakobson, “los idiomas difieren esencialmente en lo que tienen que comunicar y no en lo que podrían comunicar“.

En su libro Through the Language Glass (“Tras el cristal de los idiomas”), Guy Deutscher estudia los Matses de Brasil, que codifican en sus verbos la forma en las que hablante tuvo conocimiento del evento: por experiencia, inferencia, conjetura o rumor.

Ni el ingles ni el español tienen esa característica pero, ¿significa eso que la evidencia es menos importante para los angloparlantes y los hispanoparlantes que para los Matses? Y si es así, ¿es consecuencia del lenguaje o éste simplemente refleja una prioridad?

El francés hablado no distingue entre “hice eso” y “lo he hecho”, pero ¿eso significa realmente que los francoparlantes tiene una idea distinta del pasado?

El realismo económico

foto

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
“Los idiomas difieren esencialmente en lo que deben transmitir y no en lo que pueden transmitir”.

Empezamos diciendo que la cuestión era económica.

Estudios realizados desde ese punto de vista arrojaron resultados claros: los hablantes de idiomas en los que existe el tiempo futuro son un poco menos responsables con respecto al futuro.

No obstante, un análisis de 2015 encontró que una vez que se toma en cuenta la relación de las familias de idiomas, la correlación ya no es estadísticamente significativa.

Algunos idiomas -de “referencia de futuro fuerte”-exigen una construcción gramatical que haga referencia al futuro, en contraste con otros, de “referencia futura débil“-como el alemán, el finlandés o el mandarín-, en el que los hablantes suelen hablar del futuro utilizando formas de tiempo presente.

Y hay culturas como la Pirahã, de la Amazonía, y la Hadza, de África oriental, que no distinguen entre presente y futuro en las conjugaciones verbales, pero tampoco valoran el ahorro para el futuro.

Cuantos más contraejemplos encontremos, menos probable es la explicación lingüística.

Además, ¿por qué usar las mismas palabras para hablar del futuro como del presente estimula, en lugar de desalentar, la planificación?

Si un idioma no tiene un tiempo pasado, ¿significa eso que estará más preocupado por su historia que los hablantes de uno que sí lo tiene?

Las marcas del tiempo

Muchos idiomas, como el español, inglés, francés o el italiano requieren marcar el tiempo pasado, mientras que el mandarín y otras formas de chino no marcan el tiempo en absoluto.

¿Significa esto que China está más preocupada por su pasado que Francia o Italia o Inglaterra?

Cuando se requiere una distinción en un idioma, elegir una opción sobre otra afectará la forma en que pensamos en algo.

Hemos aprendido que cuando no se requiere una distinción, todavía se puede hacer, pero puede tomar más energía mental para hacerlo.

Es plausible que la forma en que nuestros idiomas nos hacen hablar sobre el tiempo pueda afectar nuestra forma de pensar y actuar en relación con el futuro y el pasado.

Pero yo aún no estoy del todo convencido.

Puedes leer la historia original en inglés aquí


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