Juez federal busca absolver a Alejandro Gutiérrez, exsecretario general del PRI, alerta el gobernador Corral
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Cuartoscuro

Juez federal busca absolver a Alejandro Gutiérrez, exsecretario general del PRI, alerta el gobernador Corral

A través de un video, el gobernador de Chihuahua denuncia complicidad entre el juez federal, Gerardo Moreno; los abogados defensores, y el gobierno federal para atraer el caso de los excolaboradores de César Duarte a la capital del país y brindarles protección.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
13 de mayo, 2018
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El gobernador de Chihuahua, Javier Corral, acusa al juez federal Gerardo Moreno García de tratar de violentar las leyes al solicitar el traslado del exsecretario general del PRI, Alejandro Gutiérrez, acusado del desvío de 250 millones de pesos, y dos excolaboradores de César Duarte, a Ciudad de México para continuar con sus procesos penales.

Por medio de un video compartido en sus redes sociales, Corral asegura que el juez intenta realizar esta acción con el fin de “darle carpetazo al caso” y proteger a los personajes involucrados en los delitos que se atribuyen al exgobernador de Chihuahua, César Duarte y sus excolaboradores.

“Desde que detuvimos a Alejandro Gutiérrez, exsecretario general adjunto del PRI por el desvío de 250 millones de pesos, dinero que fue a parar a las campañas de este partido, hemos enfrentado un embate de la federación y chantajes (…) dilatando la extradición de César Duarte para lograr el excarcelamoento de Alejando Gutiérrez y brindarle protección”, asegura el gobernador.

Corral comenta que la intención del gobierno federal es librar de toda culpa a Alejandro Gutiérrez, así como a Antonio Tarín y Gerardo Villegas (excolaboradores de Duarte), para que los altos mandos del país no resulten involucrados en los delitos que se les imputan.

“Quieren lograrlo  antes de las elecciones porque Gutiérrez es una pieza clave en diversos hechos de corrupción política en la administración de Peña Nieto y de hacerse justicia en sus casos se podría incriminar al mismísimo presidente y a algunos de sus secretarios de estado”, acota.

El gobernador de Chihuahua denuncia que el pasado viernes durante una audiencia sobre el caso, celebrada por videoconferencia desde Ciudad de México, el juez federal Gerardo Moreno “ordenó el traslado e internamiento” de Gutiérrez, Tarin y Villegas al reclusorio norte de la capital del país.

Esto, asegura el mandatario chihuahuense, sin importar que los tres imputados permanecen jurídicamente a disposición de jueces locales de Chihuahua por al menos en seis procesos penales más, los cuales deben concluir en el lugar del juicio antes de un traslado.

“El juez Gerardo Moreno, en complicidad con los agentes del Ministerio Público y los abogados de la defensa, pidió sacar a los imputados del Cereso de Aquiles Cerdán para realizar la audiencia (a través de videoconferencia) en la sala de penales federales de Chihuahua. Durante el desarrollo de esta pidió hablar con el elemento federal a cargo de la tutela de los procesados y le dijo que en cuanto la terminara la audiencia pusiera a disposición de él a los tres imputados con el fin de trasladarlos a la CDMX, justificando que era el momento preciso”, relata Corral.

El gobernador detalla que para lograr el traslado de Gutiérrez y compañía a la capital del país, las autoridades federales tenían listo un avión de la Secretaría de Gobernación en el aeropuerto de Chihuahua, el cual tenía un plan de vuelo a la CDMX a las 9 de la noche.

“Una vez que me cercioré de la ilegalidad de la intentona, instruí al fiscal general del estado y a los mandos policiacos no permitir y evitar que se llevara a cabo dicha acción. Con una rápida movilización, nuestras fuerzas estatales escoltaron el regreso de los imputados al penal estatal de Chihuahua donde han vuelto a sus celdas”, relata.

Tras el intento del traslado, Corral señala la complicidad de abogados, juez y gobierno federal para cerrar el caso. Además argumenta que el juez Moreno no puede ordenar que los acusados salgan del territorio estatal pues es ahí donde se cometieron los delitos. “Más bien existe un evidente interés de impunidad”.

Para finalizar reclama que el juez Gerardo Moreno ha tomado decisiones que violan los debidos procesos judiciales. “Primero resolvió federalizar el delito investigado cuando los delitos fueron locales; sin razón alguna decidió que el proceso fuera en la CDMX; retiró el papel de víctima al estado de Chihuahua, a pesar de ser el principal agraviado, y amenazó con multas al Tribunal Superior de Justicia del estado y a otras autoridades de justicia”.

Todo esto, agrega, “sin importarle las resoluciones de los jueces locales, de su misma jerarquía” quienes han dictaminado que los procesos penales deben culminarse en el lugar de los hechos.

“La actuación del juez Gerardo Moreno debería ser motivo para que el Consejo de la Judicatura Federal revise y sancione su acciona”, agrega.

Alejandro Gutiérrez, exsecretario adjunto del PRI, fue detenido en diciembre de 2017 por un presunto desvío de 250 millones de pesos utilizados, según una denuncia penal, para financiar las campañas políticas del partido tricolor.

El pasado viernes, tras la petición del juez Moreno, el juez de control de distrito, Eduardo Alexis Ornelas Pérez, ordenó cancelar el traslado del exsecretario junto con los otros dos acusados, hacia Ciudad de México, dado que “cuentan con más causas penales por peculado agravado”.

“Los imputados tienen diversos procesos penales en el índice de este Tribunal de Control, en los cuales se encuentran sujetos a la medida cautelar de prisión preventiva”, argumentó el juez.

De acuerdo con el juez Ornelas Pérez, los procesos penales pendientes de Alejandro Gutiérrez están en la causa penal 4094/2017 por el delito de peculado agravado. Mientras que los de Enrique Tarín están en las causas 1260/2017, 2289/2017, 1841/2017 y 2675/2017; los de Gerardo Villegas están en las causas 1260/2017, 2299/2017 y 2289/2017 por el mismo delito.

Desde hace algunas semanas el juez Gerardo Moreno García, ordenó que los tres excolaboradores de Duarte fueran ingresados al Reclusorio Preventivo Norte, bajo el argumento de que su caso corresponde a la justicia federal y no a la local. Sin embargo, la orden no fue acatada.

Luego de esto, el juez federal multó con 161 mil 200 pesos al director del penal estatal de Chihuahua por “desacatar la orden” y fue hasta este viernes cuando intentó trasladar a la ciudad, de nueva cuenta, a los tres imputados.

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El desertor homosexual que escapó de Corea del Norte (y de su matrimonio) y encontró el amor a los 62 años

Jang Yeong-jin huyó de Corea del Norte escapando de un matrimonio sin amor. Ahora se ha prometido con su novio.
22 de marzo, 2021
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Jang

Oh Hwan
A los 62 años, Jang ha encontrado el amor y se va a casar con su novio estadounidense.

La singular historia del único desertor abiertamente homosexual de Corea del Norte fue cubierta por la prensa internacional cuando publicó su autobiografía. Ahora, 25 años después de huir de su país, cuenta a la BBC sus planes para casarse con su novio estadounidense.

Jang Yeong-jin nunca le habían parecido atractivas a las mujeres. Pero no fue hasta la noche de bodas, a los 27 años, que esto le hizo su vida más difícil.

Jang se sintió intensamente incómodo. “No podía poner un dedo sobre mi esposa“, recuerda.

Aunque la pareja finalmente consumó su matrimonio, el sexo era poco habitual.

Cuatro años después, su esposa seguía sin quedar embarazada, y uno de los hermanos de Jang comenzó a averiguar. Jang admitió que jamás se había sentido atraído por una mujer, y su hermano lo mandó rápido al doctor.

“Fui a muchos hospitales en Corea del Norte porque pensé que tenía algún problema“.

Nunca se le ocurrió a Jang, o su familia, que podía haber otra razón por su falta de interés hacia su esposa.

Pruebas médicas

“La homosexualidad no es un concepto en Corea del Norte”, dice.

Si se ve a alguien correr a saludar a un amigo del mismo sexo, se asume que son buenos amigos. De hecho, con frecuencia se ve a adultos del mismo género agarrados de la mano en la calle, explica.

“Corea del Norte es una sociedad totalitaria. Tenemos mucha vida comunitaria, así que es normal para nosotros”.

Echando la vista atrás, Jang piensa que no era el único incomprendido.

Cuando ingresó en el hospital durante un mes para hacer pruebas médicas, conoció a otros pacientes.

“Descubrí que muchos habían tenido una experiencia similar: hombres que no podían sentir nada hacia una mujer”.

Pero explorar lo que realmente sentían era casi imposible.

“En Corea del Norte, si un hombre dice que no le gusta una mujer, la gente piensa que está enfermo”.

Un hombre con el que Jang había servido en el ejército lo visitó varias veces después de ser dado de alta. Le confió que su noche de bodas también había sido un desastre y que ni siquiera podía tomar de la mano a su esposa.

“Creo que era alguien como yo”, reflexiona Jang.

Park Jeong-Won, profesor de leyes en la Universidad Kookmin en Seúl, Corea del Sur, no tiene conocimiento sobre alguna ley explícita en Corea del Norte contra las relaciones homosexuales.

Pero agrega que las leyes del estado contra las relaciones extramaritales y la violación de las costumbres sociales probablemente serían utilizadas para enjuiciar cualquier acto sexual gay.

Jang

Oh Hwan
El caso de Jang se conoció abiertamente cuando publicó su biografía hace 25 años.

Otro académica en Seúl, Kim Seok-hyang, ha entrevistado docenas de desertores sobre esto, y dice que ninguno había escuchado jamás hablar sobre el concepto de homosexualidad.

“Cuando les preguntaba sobre homosexualidad, les costaba entender. Así que tenía que explicarlo a cada persona”, dice Kim, profesora de estudios norcoreanos en la Universidad de Mujeres Ewha.

Todos los desertores le confesaron que si alguien les descubría explorando relaciones con alguien del mismo sexo, serían condenados al ostracismo, incluso posiblemente ejecutados.

Jang fue dado de alta con un historial médico limpio. Todas las pruebas médicas solicitadas por su hermano mostraron que no tenía nada malo.

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BBC

La decisión de marcharse

Por otro lado, la esposa de Jang seguía siendo infeliz.

“Pensaba: ‘Debería dejar marchar a esta persona. Deberíamos encontrar una forma de ser felices'”, cuenta el desertor.

Jang solicitó el divorcio. Sin embargo, este proceso no es fácil en Corea del Norte. Se requiere el permiso de un tribunal, y estos priorizan la unidad familiar, dice el profesor de leyes Park Jeong-Won.

Solo autorizan una separación si el matrimonio es visto como una amenaza a la ideología del país, explica.

Fue entonces cuando Jang se dio cuenta que solo le quedaba la opción de huir, de abandonar Corea del Norte. Esto anularía automáticamente su matrimonio y permitiría volver a casarse a su mujer.

Pero el catalizador de su decisión fue una visita del mejor amigo de Jang, un hombre llamado Seoncheol.

Habían crecido juntos en el pueblo norteño de Chongjin. Eran muy cercanos, y dormían en la misma cama cuando uno se quedaba en casa del otro durante la infancia.

Pero cuando crecieron, los sentimientos de Jang por Seoncheol se intensificaron.

“Realmente Seoncheol me gustaba mucho. Todavía sueño con él”.

A veces Seoncheol le visitaba para cenar y, una noche, preocupado por lo tarde que se había hecho, Jang persuadió a Seocheol para que se quedara a dormir.

Unas horas más tarde, Jang se encontró saliendo de su propia cama y acercándose a Seoncheol. Estaba devastado cuando su amigo dormido ni siquiera se movió.

“No sé exactamente qué quería de él, tal vez solo que me abrazara fuerte”, dice Jang.

Aquel momento le hizo sentir que su vida en Corea del Norte había llegado a su fin.

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BBC

La fuga

Jang llegó a Corea del Sur en abril de 1997 arrastrándose por la zona desmilitarizada (DMZ) llena de minas que divide las dos naciones, después de que su ruta inicial le dejara varado en China.

Cruzar la DMZ es tan arriesgado e infrecuente que su fuga fue noticia en el sur.

Zona desmilitarizada en Corea del Norte.

Getty Images
Jang escapó a través de las verjas fortificadas de la zona desmilitarizada llena de minas que divide las dos Coreas.

Las dinámicas en Seúl eran muy distintas a las de Corea del Norte, pero incluso aquí el caso de Jang desconcertó a los funcionarios surcoreanos.

Todos los desertores de Corea del Norte se someten a varias semanas de interrogatorios obligados del Servicio de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) para comprobar que no son espías.

Jang fue interrogado durante más de cinco meses porque se resistía a explicar la verdadera razón por la que desertó.

Cuando finalmente admitió que simplemente no se sentía atraído por su esposa, se le permitió quedarse, pero una vez más fue enviado al médico.

“Los funcionarios del NIS me dijeron que debía haber alguna razón por la que no me gustaban las mujeres”.

En aquel tiempo, incluso en el sur había poca conciencia sobre las distintas orientaciones sexuales. Varios doctores le recomendaron buscar ayuda psicológica, pero ignoró sus consejos.

Descubrimiento y decepción

Entonces, en la primavera de 1998, 13 meses después de llegar a Corea del Sur, Jang abrió una revista para leer una entrevista que dio sobre su deserción.

Al pasar la página, descubrió un artículo sobre hombres homosexuales saliendo del armario, con una escena de una película estadounidense que mostraba dos hombres besándose sobre una cama.

Ahí se convenció de que él también era homosexual.

“Cuando vi aquello, supe enseguida que era ese tipo de persona. Por eso no me gustaban las mujeres”.

Aquella revelación transformó la vida de Jang, quien se volvió un cliente habitual de los bares para gays en Seúl.

Pero años después, este nuevo mundo expuso a Jang a un fraude devastador.

En 2004, el dueño de uno de los bares favoritos de Jang le presentó a un auxiliar de vuelo.

Salieron durante tres meses y Jang se enamoró.

El auxiliar de vuelo le pidió a Jang mudarse juntos, pero le explicó que, como vivía con su padrastro, primero debían comprar una casa más grande.

Jang se mudó de su apartamento alquilado y le dio US$82.000 de sus ahorros y todas sus pertenencias.

Nunca más volvió a verle. Acudió cada día a la estación de policía durante dos semanas hasta que le dijeron que se diera por vencido.

Jang jamás pensó que alguien pudiese engañarle de esta manera.

“En Corea del Norte tenemos una vida muy controlada. Si hubiera dicho que alguien me había estafado, el partido lo habría rastreado y castigado con dureza”.

Jang enfermó y fue hospitalizado durante un mes. Piensa que fue producto del estrés. Esto significó perder su trabajo en una fábrica. Como consecuencia, se quedó sin dinero, sin casa y desempleado.

Poco a poco fue reconstruyendo su vida. Consiguió un trabajo como limpiador, ahorró para rentar una nueva casa y comenzó a escribir en su tiempo libre.

De niño ganó una vez un concurso de escritura, pero entonces se requería que los estudiantes solo escribieran para honrar al régimen norcoreano.

Ahora, finalmente, Jang podía escribir lo que quisiera. Su autobiografía A Mark of Red Honor (“La marca del honor rojo”) fue publicada en 2015.

Encontrar el amor

Tomó un largo tiempo antes de que Jang se arriesgara a tener una cita. El año pasado, con 62 años, Jang conoció a Ming-su, el dueño de un restaurante, en un sitio de citas.

Cuatro meses más tarde, Jang viajó a la nación que conocía como “el país de los lobos”, el término despectivo de Pyongyang hacia Estados Unidos.

Pero cuando Jang vio a Min-su esperándolo en la sala de llegadas, su corazón se hundió. Min-su llevaba pantalones cortos y gorra, y dice Jang que esto le decepcionó.

“Al ver cómo se vestía, asumí que era un hombre maleducado y brusco“, dice Jang.

Jang

Jang Yeong-jin
Compartiendo vinos y picnics, la pareja se ha ido conociendo cada vez más.

El confinamiento por coronavirus les dio espacio para conocerse mejor, bebiendo vinos y organizando picnics.

“Cuanto más le conocía, más podía ver su buen carácter. Aunque es ocho años menor que yo, es el tipo de persona que primero se preocupa por los demás”.

Tras dos meses, Min-su decidió proponerle matrimonio.

Ahora Jang está finiquitando sus documentos para probar que su matrimonio en Corea del Norte está terminado y esperan casarse a fines de este año.

“Siempre me sentía miedoso, triste y solitario cuando vivía solo. Soy muy introvertido y sensible, pero él es una persona optimista. Somos buenos el uno para el otro”, dice.

Jang y su prometido.

Jang Yeong-jin
Jang y su prometido tienen varios planes para cuando terminen las restricciones por coronavirus.

Pero a pesar de su felicidad recién descubierta, Jang sigue obsesionado por el impacto que su deserción tuvo en su familia.

Varios de sus parientes fueron desterrados a una aldea remota en el helado norte, un destino brutal para aquellos cuyos familiares se perciben como desleales al régimen. Seis de sus familiares murieron de hambre y enfermedad, incluida su madre y cuatro de sus hermanos.

Jang dice que la única forma en que puede lidiar con esa culpa es escribiendo.

“Siempre que pienso en mi familia es muy doloroso para mí, por eso decidí escribir. Pienso que es la única manera en que puedo compensarle”, reflexiona.

Pero al menos le consuela que su decisión de abandonar Corea del Norte dio nuevas oportunidades a su esposa. Escuchó que había vuelto a casarse.

“Siempre pensé que era muy talentosa, así que me sentí muy feliz por ella”.

Y dice que espera expandir sus horizontes una vez se flexibilicen las restricciones por el coronavirus y quiere visitar Washington, a media hora en auto, con Min-su.

“Escuché que hay muchos bares gay allí. Quiero ir a esos bares con él”.

Mientras tanto, dice que disfruta de la tranquilidad de los suburbios, que describe como si estuviera en un “cuento de hadas”.

Min-su es un nombre falso.


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