Madres tras el rastro de sus hijos
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Madres tras el rastro de sus hijos

Como cada año, este 10 de mayo cientos de madres de diversas partes de México salieron a las calles para exigir a las autoridades dejar sus oficinas y salir a investigar las desapariciones de sus hijos.
13 de mayo, 2018
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Como cada año, este 10 de mayo cientos de madres de diversas partes de México salieron a las calles para exigir a las autoridades dejar sus oficinas y salir a investigar las desapariciones de sus hijos.

El reclamo y la exigencia de todas es el mismo: que de verdad los busquen. Desde hace siete años, cada 10 de mayo, cientos de madres de todo el país salen a las calles para exigir a las autoridades que hagan su trabajo y dejen de simular que buscan a los desaparecidos en el país, que aumentan cada minuto.

En promedio cada dos horas se reporta la desaparición de una persona en el país.

En lo que va del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto (de 2013 a julio de 2017) han desaparecido o se han extraviado un total de 19,156 personas, de acuerdo con los últimos datos del Registro Nacional de Personas Extraviadas y Desaparecidas (RNPED).

Las madres llevan las fotos y nombres de sus hijos desaparecidos en mantas, cartulinas o colgadas al cuello en cada marcha. El pasado 10 de mayo se congregaron en el Monumento a la Madre, en la Ciudad de México, para marchar hacia el Ángel de la Independencia, como parte de la Séptima Marcha de la Dignidad Nacional.

Una de la asistentes fue Angélica Martínez quien, desde hace cuatro años, busca a su hija, Andrea Michel Dávila Martínez.

En 2014, caminaban juntas cerca de su casa. Eran las 11 de la mañana. Estaban a una cuadra de su domicilio en Ciudad Cuauhtémoc, en Ecatepec, Estado de México, cuando decidieron separarse: la madre tenía que hacer unos mandados y la hija prefirió adelantarse a casa. Desde ese día, no se supo más de la adolescente.

Angélica preguntó a los vecinos si la habían visto. Solo una le dijo que la vio pasar, pero no vio nada extraño. La adolescente se esfumó a una cuadra de su casa. “En la avenida donde nos separamos había un tianguis grandísimo, pero nadie vio nada, no vieron a una chica forcejeando con alguien. Nada”, cuenta Angélica.

Desconsolada, dice que desde el principio ha habido omisiones en la investigación: no se activó la Alerta Amber pese a que Andrea tenía 15 años; la denuncia pasó del ministerio público de Ecatepec, a la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevintra), que atrae casos de trata, relacionados con el fuero federal. Y luego de un año, las autoridades dijeron que no les correspondía investigar porque no había ningún indicio para considerar que el de Andrea era un caso de trata —así que volvió al fuero común, es decir, a la fiscalía para desaparecidos del Estado de México.

Cuatro años después de la desaparición de Andrea, su caso se comenzó a investigar bajo la línea de trata de personas. Esta ocurrió en una zona de Ecatepec donde la desaparición de jovencitas es común.

Cada vez que la investigación parece avanzar, explica Angélica Martínez, cambian a los policías, a los ministerios públicos o a los fiscales y el proceso vuelve a comenzar. El hecho es que el caso sigue sin avances.

El 17.9 por ciento de los desaparecidos en México son niños y adolescentes de entre 10 y 19 años; de ese porcentaje, el 58.2 de los casos son mujeres. Las entidades donde más se registran desapariciones son: Estado de México, Puebla, Sinaloa y Tamaulipas.

QUEREMOS QUE LOS DEVUELVAN

“Queremos que encuentren a nuestros hijos. No buscamos culpables, solo queremos que nos los devuelvan. Mi único hijo desapareció en 2011, en Ciudad Victoria, Tamaulipas. Tenía 20 años y trabajaba en un bar”, cuenta María Victoria Morena Guevara.

El joven salió del trabajo con un amigo, pasó a casa de su tía y después nadie más volvió a verlo. “En el trayecto de la casa de mi hermana a la nuestra, desapareció. No supe nada más de él. El celular de mi hijo lo apagaron de inmediato”.

La policía nunca rastreó las últimas llamadas que hizo. “Cuando fui a levantar la denuncia, se ponían de 40 a 60 denuncias diarias, y solo se levantó  acta circunstancial. Nos decían que seguro nuestros hijos andaban trabajando con la delincuencia organizada”, cuenta en entrevista María Victoria.

Tamaulipas —junto con Sinaloa, Estado de México y Jalisco‚ es uno de los estados que concentran el mayor número de desapariciones de hombres de entre 20 y 24 años, De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Extraviadas y Desaparecidas.

En 2014 reabrieron el caso y comenzó de nuevo la investigación, pero ya no podían revisar el registro de llamadas porque había pasado mucho tiempo. Hoy solo hay pistas y gente que no quiere hablar.

“Estoy segura de que la delincuencia se lo llevó para trabajar, para qué más. Si hubiera sido para matarlos, pues los matan ahí mismo y ya, pero nuestros hijos por ahí andan. Los traen trabajando”.

Foto: Antonio Cruz.

MADRES DETECTIVES

El Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México está integrado por 50 colectivos de 19 estados de la república y tres países.

Adriana Moreno, representante del Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México, subraya que miles de madres en México y Centroamérica han tenido que convertirse en abogadas, peritos y buscadoras de fosas.

Martha de Alejandro le reclama a las autoridades que hagan investigaciones de campo y no nada más de oficios, no solo trabajo de escritorio.

Su hijo Irving Javier Mendoza desapareció en Monterrey, Nuevo León, en 2010.

“Yo soy la que ha andado preguntando en la colonia donde desapareció mi hijo. Él estaba con un grupo de amigos, estaba afuera de la casa de su abuelita, en la colonia Infonavit, Valle Verde, junto a un puesto de chatarra, estaban comiendo, llegó un grupo de delincuentes, empezaron a disparar, mi hijo corrió y solo se lo llevaron a él y a otro muchacho. Hasta después de un mes fueron las autoridades a recabar evidencia al lugar de los hechos, pues ya se había perdido todo”.

Las autoridades —prosigue— “solo hacen investigaciones de escritorio. Están ahí sentaditos, con su clima, mientras nosotras andamos haciendo búsquedas en campo, y luego se ponen a trabajar sobre lo que nosotras les llevamos”.

Martha asegura que durante 2010, varios muchachos desaparecieron en diferentes colonias cercanas a su casa. “No sé cuántos, todos de entre 16 y 22 años, y las autoridades no vinculan los casos, no revisan patrones. Yo pedí que vincularan la investigación de mi hijo con la del otro muchacho que se llevaron junto con él, porque no lo habían hecho; y en la carpeta del otro chico solo estaba la pura denuncia, y nada más”.

Desesperada agrega: “Pues cómo van a vincular los casos si no investigan, nosotras somos las que lo hacemos, no es justo, es tiempo de que se pongan a trabajar, a ver si ahora que existen las fiscalías especializadas hacen algo, pero pues no tienen personal suficiente para tantos desaparecidos”.

El año 2016 fue históricamente el más grave en materia de desaparición de menores con 1,431 casos reportados, casi una cuarta parte (23.5 por ciento) del total que registra el RNPED. Para 2017 las desapariciones de población de 0 a 17 años de edad sumaron 812 casos, de acuerdo con el informe “La infancia Cuenta 2017”, de la Red por los Derechos de la Infancia (Redim).

Las madres lo saben, y no pararán. “¿Por qué los buscamos? Porque los amamos, hasta encontrarlos”. Foto: Antonio Cruz.

Las madres también denuncian indiferencia de las autoridades.

“Cuando vas solo, las autoridades de los estados no te hacen caso —dice María del Carmen de Jesús Ventura, madre de Arturo Chacón de Jesús, desaparecido en febrero de 2013—. Nosotros pusimos la denuncia en la fiscalía de occidente, que es la que nos corresponde, y desde el principio fue ineficiente la investigación. Hasta que llegamos acompañadas de derechos humanos, entonces nos hicieron caso”.

El hijo de María del Carmen tenía 31 años cuando desapareció, era supervisor de soldador y trabajaba con un contratista, para una mina. Se lo llevaron de su lugar de trabajo, junto con otros nueve compañeros.

“Mi hijo era joven y muy trabajador, igual que con los que estaba; así que yo sospecho que se los llevaron para trabajarlos. Eso siente mi corazón, porque ese lugar donde desapareció, ellos (los criminales) son la ley por encima de policías, militares, de todos, qué les costaba entonces matarlos ahí mismo”.

María Luisa Lazarín Sierra, madre de Israel Torres Lazarín —quien desapareció en 2009, cuando tenía 18 años, en Matamoros, Coahuila— cuenta que las omisiones son mayores cuando hay policías involucrados, como en su caso.

“Mi hijo iba a Matamoros a trabajar con otros cinco compañeros, y en el límite entre Matamoros y Torreón los detuvo una patrulla de la policía municipal, que para una revisión de rutina”.

Su hijo la llamó para avisarle que los habían detenido. “Tres minutos después, le volvimos a marcar y me dijo que querían quitarles el celular y el radio de comunicación de la empresa. Diez minutos después le marcamos otra vez, ya no contestó. Salimos a buscarlo y ya no lo encontramos y hasta la fecha, nueve años después, no se sabe nada de él”.

Hasta el momento no ha visto la bitácora de trabajo de los policías de ese día, para ver quién pudo estar involucrado en la desaparición de su hijo, le han dicho que los policías involucrados ya no están y que el director de la policía no aparece. Y aunque tienen detenidos que pueden estar relacionados con el caso, omiten investigar sobre los desaparecidos.

Foto: Antonio Cruz.

SOLIDARIDAD INTERNACIONAL

Los mensajes de apoyo a ellas y de presión al gobierno llegan de diversas partes, uno de ellos en voz de Alex Neve, secretario general de Amnistía Internacional Canadá.

“Desde Canadá vemos con mucha preocupación el aumento en el número de personas desaparecidas en México hasta llegar a un número ya aterrador, a una crisis aguda de desapariciones. También hemos visto con mucha admiración cómo las madres de los desaparecidos, frente a la indiferencia, indolencia y hasta la hostilidad de las autoridades, han formado grupos de apoyo y conformado un movimiento nacional para lograr soluciones como la ley de desapariciones y el Sistema Nacional de Búsqueda”.

Ante las muestras de solidaridad internacional, Brenda Rangel, del Movimiento de los Desaparecidos en Querétaro, lamentó que haya más apoyo de fuera.

“Hay más de 33,000 familias que no tenemos nada que festejar (el 10 de mayo), es un día cruel, en nuestras casas sigue existiendo una silla vacía, pero tenemos esperanza de encontrarlos, aunque somos muchos los colectivos que tenemos las puertas cerradas en los estados, encontramos más apoyo de la ONU, de Amnistía Internacional, que de nuestras autoridades”, reclamó.

Cada año más madres se van sumando a esta búsqueda de hijos ausentes. Guadalupe Rangel Yáñez marchó por primera vez para exigir que su hijo Rubén González Rangel, de 22 años, quien desapareció en Xicotepec de Juárez, en Puebla, vuelva a casa.

“Mi hijo salió a cenar con un amigo, el 8 de marzo pasado, a eso de las 7 de la noche, un par de horas después me llamó para decirme que ya iba a la casa, y nunca llegó. No hemos sabido nada de él ni de su amigo. Hasta el día de hoy no nos han dado ni el dictamen de lo sucedido, no nos han permitido abrir las cámaras que hay en el boulevard donde supuestamente los vieron por última vez, nada”.

Este 2018, sobre las escaleras del Ángel de la Independencia, los colectivos y madres de diferentes estados del país colocaron lonas con las fotos de los desaparecidos.

Jan Jarab, representante en México de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, dice refiriéndose a esas fotos y también a las que cuelgan del cuello de las madres de la marcha: “Estos rostros que podemos ver aquí hablan de una enorme tragedia humana. Ustedes ya han tenido un rol muy importante en la adopción de la ley contra las desapariciones, pero falta mucho trabajo todavía”.

Las madres lo saben, y no pararán. “¿Por qué los buscamos?”, pregunta una de las oradoras. “Porque los amamos, hasta encontrarlos”, gritan cientos de madres a coro.

 

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La COVID-19 quizás no se vaya nunca: ¿cómo aprendemos a convivir con ella?

Los científicos están convencidos de que el virus llegó para quedarse. Lo que eso significa para nuestra vida diaria aún está por verse. Hablamos con expertos sobre los distintos escenarios posibles para el futuro.
22 de julio, 2021
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La COVID-19 ha infectado a más de 185 millones de personas y ha causado cuatro millones de muertes en todo el mundo desde que fue clasificada como una pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hay grandes esperanzas de que la vacunación pueda llevar al mundo de regreso a algún tipo de normalidad, aliviando las restricciones que han moldeado nuestras vidas durante los últimos 16 meses.

Sin embargo, los científicos están cada vez más convencidos de que el coronavirus llegó para quedarse.

En enero, la revista científica Nature preguntó a más de 100 inmunólogos, virólogos y expertos en salud de todo el mundo si se podía erradicar el Sars-Cov-2.

Casi el 90% de los encuestados dijo “no”: hay evidencia, dijeron, y que es probable que el coronavirus se convierta en endémico y continúe circulando en el mundo.

Esto no es desconocido en la batalla de la humanidad contra las enfermedades, pero este virus presenta algunos desafíos específicos.

Entonces ¿cómo predice la ciencia que tendremos que vivir con la covid-19 en los próximos años?

¿Por qué no podemos deshacernos de la covid-19, en primer lugar?

Foto histórica de un niño con sarampión

Getty Images
El sarampión es un caso raro de una enfermedad viral que logró erradicarse, aunque en años recientes han ocurrido algunos brotes.

Erradicar las enfermedades infecciosas no es algo que ocurra todos los días. En absoluto.

De hecho, hasta la fecha, la OMS ha declarado solo dos enfermedades virales oficialmente erradicadas, la viruela y la peste bovina.

Y solo la viruela, una afección antigua que creó epidemias a lo largo de la historia de la humanidad y causó hasta 500 millones de muertes en el siglo XX hasta su erradicación en la década de 1980, es comparable a la covid-19 en términos de distribución geográfica y alcance.

Un conjunto único de circunstancias ayudó a erradicar la viruela, principalmente mediante el desarrollo de una vacuna que cortó la transmisión del virus.

Desafortunadamente, las vacunas contra la covid-19 desarrolladas hasta ahora no han logrado el mismo efecto.

“Las vacunas que tenemos hoy en día en algunos casos no previenen la infección. Simplemente modifican la infección y hacen que la enfermedad sea menos grave. Las personas vacunadas aún pueden transmitir el virus a otras”, dice David Heymann, profesor de epidemiología de enfermedades infecciosas en la Escuela de Salud y Medicina Tropical de Londres.

Paul Hunter, profesor de medicina de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), va más allá. Él cree que las vacunas no evitarán que contraigamos la covid-19 en el futuro.

“La covid nunca desaparecerá”, anticipa. “Es inevitable que nos contagiemos repetidamente por el resto de nuestras vidas, ya sea que nos hayamos vacunado o no”.

Entonces ¿qué pasará con el nuevo coronavirus?

Ilustración de una molécula del virus Sars-CoV-2.

Getty Images
La covid-19 puede convertirse en una enfermedad endémica como la gripe.

El profesor Heymann es uno de los muchos expertos que creen que la covid-19 se convertirá en una enfermedad endémica, lo que significa que seguirá circulando en grupos de la población mundial durante los próximos años.

Esto no es algo nuevo: los virus de la gripe y los cuatro coronavirus que causan los resfriados comunes, por ejemplo, son endémicos.

La OMS calcula que entre 290.000 y 650.000 personas en todo el mundo mueren cada año por causas relacionadas con la gripe.

Pero estas enfermedades se han vuelto manejables, con un número de muertos que puede estimarse.

Los científicos, y los políticos, esperan que este sea el caso con la covid-19: en este escenario, el virus se mantiene, pero las personas desarrollan cierta inmunidad a través de la vacunación y las infecciones naturales.

Por lo tanto, hay menos casos graves de la enfermedad y las hospitalizaciones y muertes no son de la escala que hemos visto hasta ahora.

El problema aquí es que todavía no sabemos si este virus realmente se comportará de esa manera.

El profesor Heymann lo llama “muy inestable”.

“Cuando este virus se replica en células humanas, muta de vez en cuando. Y algunas de esas mutaciones son motivo de preocupación”.

Pero el experto también dice que la covid-19 puede convertirse en una preocupación menor de lo que es hoy por otros medios.

“Los virus también pueden disminuir en virulencia (gravedad), ya sea por mutación o porque la mayoría de la población está vacunada”.

¿Significa que tendremos que vacunarnos una y otra vez, como hacemos con la gripe?

Dosis de vacunas de covid-19

Getty Images
Todavía no está claro cuánto dura la inmunidad contra el covid-19 provista por las vacunas.

Un virus tiene una “misión”: propagarse a la mayor cantidad de personas posible, razón por la cual las mutaciones son comunes.

“Desde un punto de vista evolutivo, el virus necesita mutar para que pueda infectar más personas. Un virus exitoso es el que se propaga más fácilmente”, explica Trudy Lang, profesora de Salud Global en la Universidad de Oxford.

Los cambios en los virus de la influenza son tan comunes que una red de agencias de salud revisa la composición de las vacunas contra la influenza todos los años.

Hay otras enfermedades, como el tétanos, que requieren inyecciones de refuerzo a lo largo de nuestra vida.

Como sabemos, el coronavirus ha desarrollado al menos cuatro variantes principales, incluida la delta, altamente contagiosa, identificada por primera vez en India y actualmente detrás de los picos en casos en Europa, Asia y EE.UU.

Las estadísticas sugieren que la vacunación está funcionando bien contra la delta; por ejemplo, las últimas cifras del organismo de Salud Pública de Inglaterra muestran que el 82% de todas las infecciones con esta variante entre febrero y junio que terminaron en el hospital no eran personas vacunadas o solo habían recibido una dosis.

Sin embargo, el Sistema Nacional de Salud de Reino Unido (NHS) ha comenzado a planificar una tercera vacuna o “refuerzo” antes del invierno, que se administrará a más de 30 millones de personas.

En EE.UU., los Institutos Nacionales de Salud han comenzado un ensayo clínico con personas completamente vacunadas para estudiar si una vacuna de refuerzo aumentará los anticuerpos y prolongará la protección.

La realidad es que los científicos aún no saben cuánto tiempo durará la inmunidad de las vacunas de covid-19.

Esto se debe a que estas vacunas son bastante nuevas y los investigadores aún están analizando la respuesta inmune a los diferentes tipos de inyecciones disponibles.

“Nadie sabe todavía si necesitaremos más vacunas”, dice el profesor Heymann.

“Es un virus diferente al de la gripe y está mal incluso poner eso en la mente de las personas en la actualidad”.

¿Pueden los encierros convertirse en algo habitual?

Dos niños de Bangladesh durante un confinamiento en su país.

Getty Images
Muchos países se vieron forzados a ordenar confinamientos locales o nacionales durante la pandemia.

Varios países y regiones han tenido que volver a introducir restricciones de viaje y circulación a medida que aumentaban las tasas de infecciones y hospitalizaciones.

Si bien estas medidas ayudaron a frenar la propagación de la enfermedad y aliviaron la presión sobre los sistemas de salud, también causaron daños económicos, incluido el aumento del desempleo.

¿Podrían los encierros seguir siendo parte de un escenario endémico?

Eso dependerá del éxito de los programas de vacunación en la reducción de las admisiones hospitalarias en cada país, dicen los expertos.

En los últimos meses hemos visto intervenciones tanto localizadas como nacionales en todo el mundo: mientras que Australia tenía siete ciudades bloqueadas, Bangladesh optó por un conjunto de restricciones para todo el país.

“En la medida de lo posible, los bloqueos se convertirán en parte del conjunto de herramientas esenciales que los gobiernos utilizarán al abordar los brotes”, le dijo Nicholas Thomas, profesor asociado de seguridad sanitaria en la City University de Hong Kong a la agencia de noticias Bloomberg.

¿Aún tendré que usar mascarilla?

Una mujer y un niño paseando en Long Beach, California, mientras se ve una mascarilla en el piso.

Getty Images
Pocas medidas han sido más controversiales que el uso obligatorio de mascarillas en algunas partes del mundo.

Pocas medidas han sido más controvertidas durante la pandemia que el uso obligatorio de cubrirse la boca. Incluso se convirtió en parte de la provocación política en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020.

Pero los científicos apoyan abrumadoramente su uso como una forma de contener la propagación de covid-19 incluso en áreas donde las tasas de vacunación son altas.

“Está claro que no podemos seguir teniendo bloqueos cada vez que hay un brote”, dice la científica del comportamiento Christina Gravert, de la Universidad de Copenhague.

“Pero parece razonable seguir recomendando que las personas que se sientan enfermas se mantengan alejadas del transporte público y trabajen desde casa, o al menos usen una mascarilla cuando estén cerca de otras personas”, agrega.

El uso de mascarillas está muy extendido en algunos países asiáticos, pero no en otras partes del mundo.

Las encuestas sobre las intenciones futuras no son nada alentadoras: en EE.UU. por ejemplo, el uso obligatorio de mascarillas al aire libre para quienes están completamente vacunados se eliminó en abril, y la proporción de personas vacunadas que informaron usar una en todo momento ha disminuido desde entonces de 74% a 63%, según el índice de coronavirus Axios-Ipsos.

La encuesta también encontró que el uso de mascarillas disminuyó entre las personas no vacunadas.

Mientras que algunos argumentan que los gobiernos deberían respaldar el uso de mascarillas en interiores como parte de sus campañas de salud pública, otros creen que dependerá del individuo, y algunas personas pueden optar por usar una como señal de cortesía común, particularmente en el transporte público o espacios abarrotados.

¿Qué pasa con los viajes internacionales?

Actualmente, los gobiernos se debaten entre las consecuencias económicas de las fronteras cerradas para viajes no esenciales y las necesidades de proteger a su población del virus.

Los diferentes países tienen reglas diferentes y expertos como el profesor Heymann critican lo que ven como un esfuerzo global mal coordinado.

“Con la distribución desigual de las vacunas, la OMS no recomendará un ‘pasaporte de vacunación’, pero espero que algunos países los utilicen”, dice.

“Ciertamente no es ético tener un certificado de vacunación si las personas no pueden viajar porque no pudieron conseguir la vacuna o tienen una razón para no vacunarse”.

No obstante, la Unión Europea ya ha desplegado su Certificado Covid Digital, que permite a los ciudadanos y residentes moverse dentro del bloque continental sin estar sujetos a restricciones si han sido vacunados, tienen una prueba negativa válida o se han recuperado recientemente de la enfermedad.

El pasaporte de la vacuna está reconocido por los 27 miembros de la UE, así como por Islandia, Noruega y Suiza.

Pero queda por ver cómo el resto del mundo manejará el movimiento de personas de otros países a través de sus fronteras.

Los viajes internacionales se han desplomado desde marzo de 2020 y la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), estimó que la pandemia costará hasta US$1,4 billones de dólares en ingresos por turismo perdidos durante 2021, y los países de bajos ingresos serán los más afectados.

¿Tendremos alguna vez una “democracia de las vacunas”, y eso influye?

Una mujer siendo vacunada en un área rural de Kenia.

Getty Images
Vacunar a los países más pobres no es solo una cuestión humanitaria, sino que también puede potencialmente limitar las probabilidades de que emerjan nuevas variantes del virus.

Hasta el 5 de julio, un poco más de 1.000 millones de personas han quedado completamente vacunadas contra la covid-19 en todo el mundo, menos del 15% de la población mundial.

“Nuestro mundo está fallando, como comunidad global estamos fallando”, dijo recientemente el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una conferencia.

Aparte del tema humanitario, la “democracia de las vacunas” también es importante para mantener a raya las variantes de covid-19.

En una carta abierta reciente, los jefes de la OMS, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC) advirtieron que la escasez de vacunas en los países más pobres crea las condiciones para la aparición de nuevas variantes.

“Cada vez más, se está desarrollando una pandemia de dos vías. La distribución desigual de vacunas no solo deja a millones de personas vulnerables al virus, sino que también permite que surjan variantes mortales y reboten en todo el mundo”, escribieron.

“Incluso los países con programas de vacunación avanzados se han visto obligados a volver a introducir medidas de salud pública más estrictas. No tiene por qué ser así”.

Durante la cumbre más reciente del G7, los líderes de las siete economías avanzadas más grandes del mundo (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos) se comprometieron a enviar 1.000 millones de dosis de vacunas a los países pobres.

Esto está muy por debajo de las 11.000 millones de dosis que según las estimaciones de la OMS son necesarias para cubrir a la población más pobre del mundo. Y llegar a todos será clave para expandir la inmunidad si el virus estará en circulación en el futuro cercano.

“Existe una responsabilidad humanitaria y de salud pública para asegurarnos de que obtengamos una distribución equitativa de las vacunas en todo el mundo”, dice el profesor Heymann.

¿Los animales todavía presentan un riesgo?

Visón en una jaula.

Getty Images
Un estudio en Dinamarca descubrió que los visones podían contagiar la covid-19 a los humanos.

La lucha contra el SARS-CoV-2 también depende de cómo se comporte el virus en los animales. Hasta la fecha, los científicos apoyan la idea de que este coronavirus se originó en los murciélagos y de que puede haber saltado a los humanos a través de un animal intermediario.

Los estudios han demostrado que puede infectar a gatos, conejos y hámsteres y es particularmente infeccioso en visones: científicos en Dinamarca encontraron evidencia de transmisión de visones a humanos.

Los expertos dicen que mientras haya animales en la naturaleza que puedan contraer el virus, existe el riesgo de que también puedan infectar a los humanos.

“Las enfermedades están ahí fuera. Dada la oportunidad, podrían saltar”, le dijo a la BBC Dawn Zimmerman, veterinaria de vida silvestre del Programa de Salud Global del Instituto Smithsonian de Biología de la Conservación.


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