La defensa del voto de Morena en Tamaulipas: entre retenes, violencia y halcones
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Agustín Salgado

La defensa del voto de Morena en Tamaulipas: entre retenes, violencia y halcones

Brigadistas de Morena realizan labores de promoción del sufragio en colonias con altos niveles de inseguridad y ante la vigilancia de halcones.
Agustín Salgado
Por Agustín Salgado / Enviado
10 de mayo, 2018
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En Tamaulipas, estado que se disputan los cárteles de la droga, además de promover y defender el voto, se tiene que cuidar la integridad física de los simpatizantes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Es jueves por la tarde. Medio centenar de brigadistas recorren Valles del Paraíso, fraccionamiento ubicado en la periferia de Nuevo Laredo donde, al menos, tres de cada 10 casas, fueron abandonadas.

Se dividen las aceras, tocan en cada hogar y enumeran las propuestas del candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador.

En la parte más alta del fraccionamiento, a unos metros del Río Bravo, un grupo de jóvenes –halcones, explican los integrantes de Morena-, observan las labores de brigadeo.

La presencia de adolescentes con radios y binoculares es cotidiano en esta región del país. A nadie sorprende y a pocos intimida. Los brigadistas saben que algún jefe de plaza ya fue informado de su presencia en Valles del Paraíso.

Marta Elba Martínez, Coordinadora de Representantes Generales (CGR) en Nuevo Laredo, bromea con la aparición de los halcones: “Ya hay algunos que nos cuidan” y al mismo tiempo, explica porque hay inmuebles deshabitados: “Estamos en una zona difícil: es el área de Los Kilómetros. Hay muchas casas abandonadas y la gente que se arriesga a vivir aquí es porque no tienen otro lugar a donde ir”.

Dana Gabriela Morales, brigadista de 18 años, dice que la inseguridad ha obligado a muchos a dejar sus casas, que ahora lucen vandalizadas.

“No puedes estar tranquilo, no puedes estar en tu casa porque en cualquier momento entran y te levantan”, señala Daña.

La entrega del periódico Regeneración, la distribución de calcomanías y la búsqueda de posibles representantes de casilla se realiza por las tardes y en grupo.

Los responsables del movimiento en Tamaulipas, entre ellos, los diputados federales Renato Molina y Ángel Hernández de la Piedra, ambos de la Ciudad de México, establecieron una serie de medidas para garantizar la seguridad de la estructura. Antes de realizar las labores de brigadeo debe conocerse a algún vecino de la colonia – varios integrantes de la estructura viven en esos fraccionamientos – y se tiene que portar distintivos de Morena, como chalecos, camisas o playeras.

La del jueves fue una jornada fructífera para el movimiento obradorista: una docena de ciudadanos accedieron a ser representantes de casilla.

morena

Capacitación en fraccionamientos inseguros

Al sur de Nuevo Laredo se encuentra Villas de San Miguel. Es un fraccionamiento similar a Valles del Paraíso: ubicado en la periferia y conformado por casas construidas de manera uniforme en terrenos que miden 7 metros de ancho por 18 de largo.

El abandono de los hogares no se debe únicamente a la inseguridad, también contribuye la dificultad de saldar una deuda tasada en salarios mínimos: “Son casas pequeñas del Infonavit. La mía, en el 2007, me costó 260 mil pesos, no he dejado de pagar, y ahora la deuda ronda los 400 mil. Cada año sube más”, explica Martha Alicia Villegas, vecina de Villas de San Miguel y coordinadora en la estructura de defensa del voto.

El viernes por la mañana se realizó una sesión de capacitación para los representantes de casilla (RC). Martha Alicia fue la anfitriona. Se proyectaron dos videos: el primero con un mensaje de López Obrador y el segundo con la explicación de la jornada electoral.

El número máximo de boletas por casilla, los criterios para declarar nulo un sufragio y las funciones que tendrán los representantes de los partidos políticos fueron algunos de los temas abordados durante la sesión.

En el video, el candidato presidencial, exhorta a no “dejarse intimidar” por “quienes están acostumbrados a imponerse con trampas”.

A la hora de las preguntas, Claudia Itzel Salazar, una de las asistentes al curso, se refirió a la actividad delincuencial que se registra en la entidad: “No olvidemos que vivimos en una zona fronteriza, con altos niveles de inseguridad”.

Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ubican a Tamaulipas como una de las entidades federativas más peligrosas. El año pasado se registraron, a nivel estatal, más de 47 mil delitos del fuero común, de los cuales cinco mil 902 fueron contra la vida e integridad corporal. En el primer trimestre de 2018 han ocurrido 237 homicidios dolosos y 145 de ellos se concretaron con arma de fuego.

Ante este escenario, la dirigencia de Morena no descarta solicitar la presencia de alguna corporación de seguridad el día de la elección.

“Seguramente vamos a solicitarla para algunos lugares en específico. Aún no se ha definido en qué casillas, es algo que platicaremos con el doctor Ricardo Monreal (responsable de la defensa del voto de la segunda circunscripción) pero sí está contemplado”, dice el diputado Molina, enlace estatal de Morena en el estado.

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La Ribereña: carretera peligrosa

Unos 250 kilómetros separan a Nuevo Laredo de Reynosa. La carretera federal número 2, conocida, en este tramo, como La Ribereña, comunica a ambas ciudades.

Tras el rompimiento del Cártel del Golfo con los Zetas y el posterior surgimiento del Cártel del Noreste, La Ribereña se convirtió en “tierra de nadie”. Hace seis años ya se le denominaba “la carretera de los desaparecidos”.

Entre ambas ciudades se encuentran las comunidades de Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo y Díaz Ordaz. Poblaciones que conforman “la frontera chica” de Tamaulipas pues su tamaño contrasta con Reynosa que es la urbe más grande del estado y con la actividad económica de Nuevo Laredo, ciudad en la que se registra el mayor volumen de comercio terrestre entre México y Estados Unidos.

Restaurantes y estaciones de servicio abandonadas, retenes y convoyes militares e incluso la presencia de hombres armados sin uniforme fue parte de lo que observó el enlace estatal de la defensa del voto en Tamaulipas, Juan Vital Román Martínez durante su recorrido del viernes por La Ribereña.

“La prioridad es la seguridad de la gente que nos apoya. Les decimos que tengan cuidado, que no arriesguen su vida. Estamos en constante comunicación con ellos. En todo el estado se registran niveles de inseguridad pero la zona fronteriza y la capital (Ciudad Victoria) es lo que más preocupa. Tenemos ubicadas las secciones y colonias más conflictivas y a ellas enviamos a nuestros mejores elementos”.

Una de las gasolineras abandonadas se encuentra en el kilómetro 118 de La Ribereña, los retenes militares se ubican en las entradas de las poblaciones.

Vital Román, quien recorre el estado continuamente, argumenta que resultaría contraproducente solicitar el apoyo de alguna corporación policiaca para garantizar la seguridad de los promotores durante las labores de brigadeo y que la mejor manera de cuidarse es contar con una buena organización y el apoyo de la gente.

El diputado Hernández de la Peña concuerda. En mayo de 2016, cuando comenzaban las labores para conformar la estructura de defensa del voto,  fue abordado por un grupo de hombres armados en calles de Ciudad Miguel Alemán: “Nos pararon… nos preguntaron ¿quiénes éramos?, ¿a dónde íbamos?, ¿qué hacíamos?, ¿quiénes nos acompañaban?  Al identificarnos y explicarles que hacíamos, se comunicaron con su jefe, se percataron que veníamos solos y nos dejaron ir”.

El problema de inseguridad en La Ribereña tiene varios años. La Secretaría de Turismo federal denominó, en 2007, a Mier como “pueblo mágico”, el objetivo era favorecer la actividad turística en la zona; tres años después, la población fue parcialmente abandonada pues se convirtió en escenario de combate entre el Cártel del Golfo y los Zetas.

Las campañas locales en Tamaulipas comienzan el 14 de Mayo. Los dirigentes de Morena no descartan “sorprender” y ganar alguno de los 43 ayuntamientos que están en disputa.

Los simpatizantes que trabajan en la estructura de defensa del voto también se integrarán a las campañas locales. El viernes, uno de los asistentes al curso de capacitación en Ciudad Miguel Alemán fue Jaime Hinojosa Peña quien contenderá por la alcaldía de la población fronteriza.

Reynosa, entre militares y zozobra

En Reynosa, la ciudad más grande de Tamaulipas, los patrullajes de soldados y policías federales no ha logrado reducir los enfrentamientos entre grupos delincuenciales. El año pasado se activó el semáforo rojo  debido a las balaceras y bloqueos que se registraron de manera simultánea la noche y madrugada del 3 y 4 de mayo de 2017.

En febrero de este año, la Vocería de Seguridad estatal, informó en su cuenta de Twitter sobre un enfrentamiento a balazos en las colonias Juárez, Alianza Social y Ramón Pérez García: “Fue un solo evento entre grupos rivales, quienes en su huida realizaron disparos en varias calles de diversas colonias, hasta llegar a una zona de terracería donde se localizaron dos vehículos incendiados y siete abandonados”.

Tras el curso de capacitación que se brindó, el viernes por la tarde, en la colonia Bugambilias, el  Coordinadora de Representantes Generales (CGR) de Reynosa, Marco Gallegos, aseguró que la apuesta de Morena es formar una estructura a partir de sus visitas domiciliarias y que ya se cuenta con un 80% del total de representantes que se necesitan para cubrir las 120 casillas que están bajo su responsabilidad.

“Hay mucho ánimo, la gente tiene ganas de participar de manera voluntaria. A diferencia de lo que hacen el resto de los partidos políticos que contratan estructura, nosotros la estamos formando recorriendo las calles”.

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Soldados desplegados en las inmediaciones del Puente Internacional, convoyes de policías estatales que recorren las calles del centro e incluso la presencia de elementos de la Policía Federal como clientes cotidianos en los hoteles es algo común en Reynosa. Procesos electorales van y vienen, hay alternancia a nivel estatal, pero la actividad del crimen organizado no disminuye.

Gallegos reconoce que el tema de la inseguridad sí preocupa a los simpatizantes de Morena pero no se trata únicamente de los riesgos a los que se exponen al realizar labores de promoción y defensa del voto sino al peligro que enfrentan, todos los días, al salir de sus hogares.

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Foto: Marcos González

Los barrios periféricos de CDMX que quedaron marginados tras la tragedia del metro

La avenida Tláhuac, donde se registró el accidente entre las estaciones de Olivos y Tezonco, es una de las principales arterias de la zona.
Foto: Marcos González
Por BBC
9 de mayo, 2021
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Quienes viven en el sur de Ciudad de México recuerdan cómo, durante mucho tiempo, a sus barrios les llamaban “la provincia” del entonces Distrito Federal.

Algunos ciudadanos incluso pensaban que esta zona ni siquiera formaba parte oficialmente de la capital mexicana.

En ese suroriente de la ciudad fue donde el pasado lunes colapsó el metro de la ciudad. 26 personas murieron al paso sobre una estructura que casi sirve de frontera entre Iztapalapa y Tláhuac, dos de las alcaldías con mayores niveles de pobreza y donde sumadas viven más de 2,2 millones de personas.

Aunque esta es la realidad de cientos y cientos de miles de habitantes de Ciudad de México, nada en estos lugares de la periferia aparece jamás en los circuitos para turistas ni en películas como “Roma”, que mostraba al mundo la belleza de los edificios de esta histórica colonia.

Ambas caras de una misma ciudad se ven muy lejanas, y de manera literal. Llegar desde la Roma hasta Tláhuac puede llevar entre una hora y hora y media en auto, en función del infernal tráfico de la capital que ya poco respeta la recomendación pandémica del “quédate en casa”.

Ese viaje a la inversa es el que gran parte de vecinos del sur de clase humilde y trabajadora realizan a diario para acudir a sus puestos en zonas del centro o más acomodadas. Por eso, la apertura de la línea 12 del metro hace menos de una década supuso para ellos una verdadera revolución al conectarlos, de manera rápida y barata, con el resto de la capital.

Ahora, su cierre indefinido tras el accidente vuelve a profundizar aún más la enorme desigualdad de esta gran ciudad. Quedarnos sin metro es como si hubiéramos retrocedido 30 años”, le dice a BBC Mundo José Manuel Cruz, presidente del Movimiento de Vecinos y de Renovación Condominal (Moverec) de Tláhuac.

Los afectados dicen sentirse “marginados” de nuevo mientras hacen malabares para llegar hasta su trabajo por otros medios. Muchos, incluso temen que no lo podrán mantener durante mucho tiempo sin otra opción de transporte.

Cartel de línea 12 del metro

Marcos González
“Seguridad y calidad en movimiento”, se lee en antiguos anuncios de la línea 12 del metro o “línea dorada”.

Epicentro de migrantes trabajadores

La avenida Tláhuac, donde se registró el accidente entre las estaciones de Olivos y Tezonco, es una de las principales arterias de la zona.

Días después del siniestro aún se trabaja para retirar los restos de la estructura, lo que dificulta aún más el tránsito de coches, taxis y autobuses. Con el metro cerrado, muchas personas esperan en fila para poder tomar transporte público.

El tráfico, el ruido y las decenas de puestos de comida y venta ambulante que salpican las aceras dificultan caminar por esta calle. En las de los alrededores se ven casas construidas sin aparente orden, a veces grises y a veces pintadas con colores chillones.

Esta zona, que un día tuvo una dedicación principalmente rural, comenzó una fuerte etapa de urbanización en los años 80, cuando se instaló aquí una gran masa de trabajadores procedentes de otros estados que querían buscar trabajo en la capital y mejorar sus condiciones de vida.

Carpintería

Marcos González
Muchos mexicanos de otros estados llegaron a los barrios en el sur de la capital en los 70 y 80. La mayoría se desplaza al centro de la ciudad para trabajar pero algunos regentan pequeños comercios como carpinterías en alcaldías como Tláhuac e Iztapalapa.

Leonardo García es uno de ellos. Dejó su Veracruz natal en 1977 y después se mudó a Iztapalapa. Hasta hoy.

“Llegué después del sismo del 85. No escogí la zona, yo necesitaba una vivienda y en aquel tiempo solo se podía conseguir en estas áreas. En otras era muy caro o no había”, dice.

García le cuenta su historia con detalle a BBC Mundo en el puesto de comidas que regenta junto a su familia desde hace 18 años, justo frente a la estación Olivos y con un gran cartel en el que se lee: “Comidas y refresco a 40 pesos” (US$2).

“Claro que notamos ya que vienen menos clientes por el cierre del metro. Ya nos pasó cuando paró en 2014. Ahora seguro va a volver a decaer”, pronostica resignado sin perder la sonrisa.

Leonardo García

Marcos González
Leonardo dejó su estado natal de Veracruz hace más de 40 años y se mudó al sur de Ciudad de México.

Quienes sí la pierden a veces son los vecinos que tratan estos días de encontrar cómo salir de la zona.

La oficial Alarcón, una de las policías que forma parte del amplio despliegue de agentes que tratan de regular el tráfico en la zona, dice que justo después del accidente “no se dio abasto” por la cantidad de gente que había.

“Esto está afectando al transporte de las personas. Si en metro hacían una hora, ahora están haciendo hasta tres de viaje. Pero ya se han puesto más camiones (autobuses) que hacen el mismo trayecto que antes hacía el metro, se le va dando salida”, le explica a BBC Mundo.

Buses de apoyo

Marcos González
Unidades de transporte público efectúan ahora la ruta que realizaba la suspendida línea 12 como apoyo a los usuarios.

La conexión con el resto de la ciudad

Patricia Pérez viene de un centro comercial y espera su transporte para llegar a su casa en Iztapalapa. Dice que ya echan de menos el metro, pero no oculta su temor tras el accidente.

“Cuando lo reabran, a mí me daría miedo usarlo. No me subiría con tanta confianza. Esas fallas de funcionamiento estaban casi desde el principio y parecería que el gobierno no hizo caso”, le dice a BBC Mundo.

Estación de metro Olivos

Marcos González
Las estaciones del metro de la línea 12 permanecen cerradas y sin dar servicio de manera indefinida.

Según Lizeth González, otra vecina de la misma delegación, “si la gente lo vuelve a usar será lamentablemente por necesidad, no porque le tengan confianza… pero es que sale más barato y rápido que un camión” (el boleto de metro cuesta US$0,25).

La joven de 23 años espera junto a su niña al taxi que acaba de pedir desde una app. “Yo prefiero no usar el transporte público porque es inseguro, hay mucho robo”, cuenta. Pero sabe que no todos sus vecinos pueden permitirse pagar un taxi y no les queda otra opción, pese al riesgo.

“Si hubiera sido una zona de prestigio, no habría pasado (el accidente). Donde hay dinero, las cosas las hacen bien. Pero aquí no fue así. Se oye feo, pero clasifican a la gente según la zona donde vives”, critica antes de montarse en el auto.

Lizeth González

Marcos González
Lizeth prefiere usar taxis por la inseguridad del transporte público, pero sabe que no todo el mundo se lo puede permitir.

La asociación Moverec destaca que la mayoría de habitantes de Tláhuac se dedica al pequeño comercio, construcción, carpintería o albañilería. Según el gobierno municipal, el 90% de los negocios de esta alcaldía son considerados “micro”.

“A nivel medio-superior o profesional, es poca gente la que trabaja aquí. La mayoría sale a trabajar a lugares lejanos. La importancia de Tláhuac para el funcionamiento de otras zonas de la ciudad es esencial”, destaca el presidente de la organización.

Por eso, Cruz cree que la pérdida del metro supone “un gran retroceso” para lo que Tláhuac había conseguido.

“El metro revolucionó nuestras vidas al facilitar nuestra movilidad. Pero es que también nos vino a dar una mayor identidad como parte de Ciudad de México, nos unió al resto y mucha gente que no nos conocía comenzó a visitarnos gracias al metro”, cuenta.

Mapa linea 12

BBC

Calles de tierra y casas precarias

Pero el transporte no es ni de lejos la única preocupación de Tláhuac.

Según Cruz, algunas zonas de la alcaldía están rezagadas en servicios como drenaje, infraestructura hidráulica y alumbrado. También critica la falta de zonas verdes y el aumento de la inseguridad en los últimos años.

Tiendas de Tláhuac

Marcos González
Las calles de Tláhuac están llenas de pequeñas tiendas de todo tipo y puestos de comida y venta ambulante.

Basta alejarse hacia el sur de la avenida Tláhuac por donde circulaba el metro para descubrir parte de esta realidad en la alcaldía. El asfalto de la carretera se ve cada vez más descuidado y con grietas hasta llegar a zonas de caminos de tierra y asentamientos irregulares.

En una de estas colonias vivía Brandon Giovanny Hernández, el niño de 12 años que se convirtió en la víctima mortal más joven del accidente de metro. En otros lugares se ven viviendas de autoconstrucción levantadas por esa corriente de migrantes nacionales que llegó hace décadas.

En el llamado campamento de la Draga, por ejemplo, viven unas 70 familias en viviendas precarias. Sus artífices fueron desalojados de un predio cercano que habían ocupado hace ocho años y decidieron ubicarse en esta calle como protesta, donde cada uno se encargó de construir su propio módulo.

Hoy, el campamento se ha convertido en una especie de pequeño pueblo en el que los más de 200 vecinos actuales se conocen y saludan amigablemente siempre que se cruzan por una calle que se llena de charcos y barro cuando llueve.

Campamento de la Draga

Marcos González
Más de 200 personas viven en el campamento de la Draga, en Tláhuac.

Cada módulo cuenta con una toma de agua potable y con la electricidad de un transformador cercano.

“Sí, literalmente nos la robamos, pero también tenemos un derecho por los impuestos que pagamos en su momento. Solo queremos que el gobierno nos resuelva nuestro problema y el asunto que hay con ese predio”, le dice a BBC Mundo Alfredo Oliver, uno de los coordinadores del campamento.

Antiguo conductor de taxi, Oliver es uno de los que vive en el campamento casi desde su inicio, junto a su esposa y sus dos hijos pagando una pequeña “aportación voluntaria”.

Alfredo Oliver

Marcos González
Alfredo es uno de los coordinadores del campamento de la Draga

“Somos pobres, tenemos que aguantar”

Otros se van mudando al campamento cuando alguien deja su vivienda libre. Clemente Figueroa, de 72 años es uno de ellos.

Sentado en la puerta de la primera casa en la entrada al campamento, desconfía al principio y prefiere no dar su nombre. Cuando se relaja, cuenta cómo llegó a Ciudad de México desde Chiapas hace 50 años “buscando oportunidades que faltaban en el pueblo” y lleva más de cuatro en la Draga “porque no hay que pagar renta”.

Ahí vive con su esposa, su hija y dos nietas. “Así, entre lo pobre, pero somos felices, gracias a Dios”, sonríe.

Clemente Figueroa

Marcos González
Clemente lleva medio siglo viviendo en las alcaldías del sur de Ciudad de México, pese a que es originario de Chiapas.

Al campamento le quedan retos para garantizar una vida digna para todos sus miembros. En ocasiones, por ejemplo, se respira un olor fétido porque no todas las casas cuentan con drenaje.

“¿Lo nota? Es porque usamos pura fosa séptica. Viene a ratos, pero cuando estás durmiendo y el olor lo tienes en el mismo cuarto… Somos pobres, pues tenemos que aguantar”, dice Isabel García, una vecina de 57 años.

Alcaldías de CDMX con mayor porcentaje de personas en situación de pobreza. . .

La mujer le enseña orgullosa a BBC Mundo el nuevo módulo que acaba de construirle su yerno, quien vive junto a su hija justo enfrente. En el pequeño habitáculo hecho con bloques de concreto amontona su ropa, un pequeño mueble y una lavadora que le han prestado.

En una esquina, está el inodoro que limpia con cubos de agua. Enfrente planea ubicar su cama, y en otra esquina, una pequeña cocina.

“Pero esto es algo provisional. Con el tiempo, la alcaldía te da un terreno o un departamento en otro lado. Quién sabe dónde, pero sí lo dan”, dice esperanzada sin más detalle.

Isabel García

Marcos González
Isabel acaba de meter toda su ropa en su nuevo módulo, en el que dormirá muy cerca del inodoro que aún no cuenta con drenaje adecuado.

En el campamento tampoco se deja de hablar de la reciente tragedia en el metro, hasta donde los vecinos solían llegar en mototaxi.

El hijo de Isabel, por ejemplo, lo usaba cada día para ayudarle a llegar a Tecamachalco, una colonia de clase alta en Estado de México donde trabaja de albañil. La alternativa actual de varios transbordos en autobuses le hace necesitar hasta ocho horas diarias de transporte entre ida y vuelta.

“Antes hacía dos horas para llegar allá, y ahora tarda hasta cuatro horas. Se va a las 7:00 de la mañana y no vuelve a casa hasta pasadas las 11:00 de la noche. Y si antes iba y regresaba con 20 pesos, ahora gasta como 40 o 50. Claro que lo echamos de menos”, cuenta.

Trabajos en riesgo

Va acabando el día y los vecinos de Tláhuac e Iztapalapa regresan a sus casas. La avenida Tláhuac se convierte en un auténtico hormiguero de autobuses y microbuses, llenos a reventar de pasajeros, que apenas pueden avanzar por lo pesado del tráfico.

Autobuses llenos en avenida Tláhuac

Marcos González
La avenida Tláhuac se llena de autobuses repletos de personas que vuelven a sus hogares al final del día.

Daniel Rueda espera paciente en su base de mototaxis que hay frente a la estación de metro Olivos. Pese a lo que podría pensarse, el cierre del metro no le ha ayudado a conseguir más clientes, sino todo lo contrario.

“Desde donde viene la gente salen camiones directos a sus colonias, que antes los vecinos no tomaban porque preferían la rapidez del metro. Por eso nos baja el negocio, porque ya no bajan aquí en la estación”, le dice a BBC Mundo.

“Además, algunos también tienen miedo de que la estructura se pueda seguir cayendo… que todavía puede pasar algo más”, cuenta.

Lugar del accidente de metro

Marcos González
Algunos vecinos temen que otras partes de la estructura siniestrada puedan seguir cayendo.

El presidente de la asociación Moverec cree que esta nueva situación sin metro debería forzar a aumentar la inversión en Tláhuac.

“Nuestra principal carencia es una fuente de trabajo. Las autoridades no han permitido que se generen empleos, no dan facilidades a los empresarios para asentarse aquí… y eso es lo que nos hace falta para evitar que tanta gente deba salir a diario hacia otras alcaldías”, dice Cruz.

“Eso es lo que más nos preocupa ahora: tenemos miedo que las personas pierdan sus puestos de trabajo. Las distancias que tienen que recorrer son impresionantes y muchos vecinos no podrán hacerlo cada día sin el metro por el retraso en tiempos y por el coste económico”, remata.


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