Conagua y el Ejército burlan orden de EPN y excavan pozos en acuífero protegido
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Conagua y el Ejército burlan orden de EPN y excavan pozos en acuífero protegido

Las obras de construcción de los pozos fueron asignadas a empresas privadas de manera irregular pues no se cumplió con la ley para realizar adjudicaciones directas.
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Entre los años 2015 y 2016, la Comisión Nacional del Agua autorizó la perforación de seis pozos para regar 492 hectáreas donde el Ejército mexicano cultiva forraje para ganado, en el estado de Chihuahua. Esos pozos, no obstante, fueron excavados en una zona en la que, más de dos años antes antes, el presidente Enrique Peña Nieto prohibió nuevas excavaciones para extraer agua, dada la grave sobrexplotación que sufre el acuífero de la zona, denominado “Meoquí-Delicias”.

Tal como consta en documentos internos del organismo, de los que Animal Político posee copia, para eludir la prohibición establecida por el presidente Peña Nieto, la Conagua alteró diversos expedientes oficiales, para simular que los pozos ya existían antes de la veda declarada en 2013, y por lo tanto ésta no les afectaba.

La documentación obtenida, además, indica que las obras de excavación, construcción y tecnificación de los pozos fueron asignadas a empresas privadas, tanto por parte del Ejército como de la Conagua, sin que se siguieran los procedimientos establecidos por la ley para realizar adjudicaciones directas.

Dichos procesos legales de adjudicación no sólo fueron eludidos, sino que, al menos el Ejército, simuló que la elección del proveedor fue legal, sin que en realidad cumpliera con los requisitos establecidos.

Santa Gertrudis 

Según los registros de Conagua, desde los años 70, el Ejército gozaba de una “dotación” de agua  equivalente a 1.5 metros cúbicos por segundo, para regar los campos de cultivo de su Criadero Militar de Ganado Santa Gertrudis.

Esa agua asignada al Ejército no provenía de ningún pozo, sino que brotaba de la “Mina de Naica”, y era bombeada por la empresa minera Peñoles hacia la superficie. 

No obstante, en el año 2015, la Mina de Naica se Inundó y las labores de bombeo se redujeron al mínimo, dejando al Criadero Militar Santa Gertrudis sin el volumen de agua que solía aprovechar.

Por ello, el 25 de noviembre de 2015, Conagua y la Secretaría de la Defensa Nacional pactaron la “perforación y equipamiento de seis pozos”, en los terrenos del Criadero Militar, tal como quedó registrado en un oficio con fecha del 22 de diciembre de 2015, enviado por el subrecretario de la Defensa Nacional, Noé Sandoval Alcázar, al delegado de la Conagua en Chihuahua, Kamel Athie.

Ese convenio, sin embargo, no tomó en cuenta que, dos años y ocho meses antes, el 5 de abril de 2013, el presidente Enrique Peña Nieto expidió un “Acuerdo general”, en el que se ordena suspender el “libre alumbramiento” de pozos, en 16 polígonos ubicados sobre el acuífero Meoquí-Delicias.

Esta decisión presidencial fue tomada debido a que, tal como se subraya en el acuerdo de Peña Nieto, “se están realizando sin control extracciones superiores a la recarga de los acuíferos”, lo que, de continuar, “pondría en peligro el abastecimiento seguro de los habitantes de la zona y frenaría el desarrollo socioeconómico”.

Pese a dicha disposición presidencial, la documentación oficial obtenida por Animal Político revela que los pozos para el Ejército fueron tramitados a finales de 2015, y excavados a principios de 2016, dentro del polígono denominado “Zona 2” del acuífero Meoquí-Delicias, es decir, en un área prohibida.



Oficio de la Sedena, en la que establece el compromiso con Conagua para excavar seis pozos en el Criadero Militar de Santa Gertrudis, Chihuahua, zona donde estaba prohibido realizar nuevas perforaciones para extraer agua del subsuelo.


Un acuífero a merced de su protector
El 3 de diciembre de 2015, una semana después de que se estableció el acuerdo con el Ejército, el delegado de Conagua en Chihuahua, Kamel Athie, emitió un documento interno denominado “Informe para el director general de Conagua, Roberto Ramírez de la Parra. Avances sobre los compromisos adquiridos Conagua-Sedena”.

Sin que se mencionen las violaciones al acuerdo general del presidente Peña Nieto, este documento establece que, además de construir los seis pozos para el Ejército, la Conagua también se comprometió a “darle sustentabilidad legal” a dichas obras, y en un segundo “informe” (de enero de 2016), se establece que, para lograr ese objetivo, lo que se debe hacer es “convertir” la antigua “dotación” agraria de aguas que brotaban de la Mina Naica, y que el Ejército aprovechaba, en algo distinto: una “concesión” de aguas subterráneas.

Para ello, según el documento de enero de 2016, “la dirección local (de Conagua en Chihuahua) ya inició el proceso de regularización de la DOTACIÓN (sic) para convertirla en una CONCESIÓN (sic) en favor del Criadero (Militar de Ganado Santa Gertrudis)”.

Sin embargo, para que la operación de esos nuevos pozos fuera legal, éstos tendrían que haber existido antes de abril de 2013, es decir, previamente a que Peña Nieto emitiera la prohibición de nuevas perforaciones en la zona, ya que el acuerdo presidencial otorgaba un plazo de 60 días para regularizar aquellos pozos preexistentes.

Consultada al respecto, la Comisión Nacional del Agua aseguró, a través de un escrito dirigido a Animal Político, que los pozos del Criadero Militar son legales, ya que los “usuarios” que en esa zona “efectuaban la explotación, uso o aprovechamiento de aguas nacionales del subsuelo” con anterioridad al acuerdo de Peña Nieto de abril de 2013, pueden “continuar realizándolo”.

Así, para la Conagua, el Ejército ya contaba con esos pozos antes de que, en 2013, el presidente prohibiera nuevas excavaciones en el acuífero Meoquí-Delicias, y lo único que hacía falta era regularizarlos, “dentro de un plazo que no exceda 60 días hábiles”, contados a partir de la fecha en que Peña emitió su acuerdo.

Dicho trámite, según la Conagua, fue realizado por el Ejército el 13 de junio de 2013, es decir, dentro del plazo fijado en el acuerdo presidencial.

El escrito elaborado por la Conagua y dirigido a Animal Político, indica que el número de expediente asignado a cada uno de esos pozos (que en todos los casos concluye con la clave “13-06-13”) es prueba de que el trámite de registro se realizó el 13 de junio de 2013, ya que, se subrayó, dicho folio “señala la fecha de la solicitud ante la Dirección Local Chihuahua”.

No obstante, la postura pública de Conagua entra en contradicción con otro documento del organismo federal, éste interno, denominado “Informe para el Director General de Conagua. Avances sobre los compromisos adquiridos Conagua-Sedena”, fechado el 8 de octubre de 2016, en el cual, el delegado estatal del organismo, Kamel Athie, reportó a su superior que la verdadera fecha en que el Ejército inició el trámite para la excavación de estos pozos fue el 10 de noviembre de 2015, es decir, cuando la prohibición ya tenía dos años y ocho meses en vigencia.

Documento interno de Conagua, en el que se señalan los números de expediente de los pozos del Criadero Militar. Dichos folios señalaban que su tramitación inició el 10 de noviembre de 2015. Luego, esos folios fueron alterados, para simular que el trámite arrancó en junio de 2013.

¿Cómo hacer legal lo ilegal?
La documentación oficial en poder de Animal Político revela que, para regularizar los pozos del Ejército excavados en zona prohibida, la Conagua realizó un procedimiento singular: alteró las fechas en las que el Ejército inició el trámite, de tal forma que la prohibición de Peña Nieto no les afectara.

El cambio de los folios de expediente, y de las fechas oficiales de inicio del trámite, queda evidenciada por el mismo informe interno de Conagua, elaborado en octubre de 2016.

En dicho informe, firmado por el delegado del organismo federal en Chihuahua, Kamel Athie, se afirma textualmente que la “Sedena ingresó seis solicitudes de Concesión de Aguas Subterráneas al Centro Integral de Servicios de la Conagua, cuyos número de expediente se indican a continuación: CHI-L-3516-10-11-15; CHI-L-3518-10-11-15; CHI-L-3519-10-11-15; CHI-L-3520-10-11-15; CHI-L-3521-10-11-15; CHI-L-3522-10-11-15”. 

Cabe recordar que, según el escrito dirigido por la Conagua a la redacción de Animal Político, el número de expediente “señala la fecha de la solicitud”, lo que confirma que todos estos trámites fueron iniciados por el Ejército el 10 de noviembre de 2015 (10-11-15), y no en junio de 2013.

Pese a ello, cuando a finales de 2016 la Conagua emitió las seis concesiones en favor de los pozos del Ejército, éstos ya no se identificaban con su número de expediente original, sino con folios nuevos, en los que ahora el día de tramitación ya no correspondía a noviembre de 2015, sino al 13 de junio de 2013, es decir, una fecha que quedaba dentro del periodo de gracia que el presidente otorgó a aquellas personas que ya contaban con un pozo operativo, pero no regularizado.

Así, Conagua simuló que en junio de 2013 el Ejército ya contaba con esos seis pozos, y el trámite era sólo para regularizarlos.

No obstante, la documentación oficial que se cruzaron en 2015 y 2016 el subsecretario de la Defensa Nacional, el director nacional de Conagua y el delegado en Chihuahua, revela lo contrario: que para 2013 los pozos no existían, y que éstos fueron tramitados a finales de 2015, y construidos a principios de 2016, cuando la prohibición ya tenía más de dos años vigente.

Destaca un hecho: Conagua autorizó estos pozos para el Ejército, prácticamente al mismo tiempo en que sus especialistas determinaban que el acuífero Meoquí-Delicias pierde 170 metros cúbicos de agua, que ya nunca recupera, cada hora.

Registro de uno de los pozos del Criadero Militar, ya con el número de expediente alterado, para simular que el trámite inició en el año 2013, antes de que se prohibieran nuevas excavaciones en la zona.

Mentiras a flote
Aunque Conagua se negó a conceder una entrevista para hablar de las irregularidades detectadas en estos pozos, en el escrito que dirigió a la redacción de Animal Político se establece que dicho organismo federal ignora cómo fueron pagadas las obras. 

De hecho, Conagua subraya en su escrito que la información financiera sobre la construcción de estos pozos “no obra en los expedientes (del organismo), ni tiene por qué hacerlo”.

Sin embargo, nuevamente la postura pública de Conagua contradice los que se señala en los informes internos que su titular recibió a lo largo de 2016, según los cuales, este organismo no fue sólo el encargado de autorizar y “dar sustento legal” a los pozos excavados en zona prohibida, sino que también se encargó de pagar su perforación.

En octubre de 2016, por ejemplo, en el “Informe” dirigido por la dirección regional de Conagua al director general del organismo, Roberto Ramírez de la Parra, se establece que “el presupuesto estimado para la construcción, equipamiento, interconexión y conducción de los 6 pozos fue de 25 millones de pozos”, aunque también se reporta que hubo gastos no previstos, “lo que nos llevó a tener el presupuesto real que se requiere, siendo de 34 millones 825 mil 533 pesos, IVA incluido”. 

En ese documento, el encargado regional de Conagua en Chihuahua, Kamel Athie, informa a su superior que, dado el incremento en los costos, “se están realizando los trámites para la ampliación (del presupuesto para la obra) por el 24% (más de lo que se tenía previsto), ante la Secretaría de Hacienda, para pagar el faltante el próximo año”.

Según el documento de Conagua del que Animal Político posee copia, este organismo federal sí fue el encargado de pagar las obras, por lo cual, legalmente está obligado a reportar esos gastos y conservar en sus archivos la información relativa, lo cual, tal como se informó oficialmente, no pasó.

Cabe destacar que, por su costo (34 millones de pesos), la excavación de esos pozos debía otorgarse a la empresa que ganara una licitación pública, con la oferta más baja, o al menos debió realizarse un proceso de licitación pública. 

Para eludir ese proceso, sin embargo, la dirección regional de Conagua propuso a la dirección general del organismo alegar causas de “seguridad nacional” para entregar la obra por adjudicación directa, es decir, de forma discrecional.

De hecho, el director regional de Conagua, Kamel Athie Flores, reportó a su titular (el 3 de diciembre de 2015), que la obra podía iniciar antes de que se obtuvieran los recursos, e incluso antes de que se formalizara el procedimiento de adjudicación, ya que, aseguró el funcionario en su informe, “debe destacarse que existen empresas en el estado (de Chihuahua) que pueden iniciar los trabajos señalados bajo la promesa de pago”.

 Informe interno de Conagua, del 3 de diciembre de 2015, en el que se propone entregar las obras a empresas privadas, aún antes de que se definiera el proceso de adjudicación.

Empresas amigas
Al analizar la Cuenta Pública 2016, la Auditoría Superior de la Federación detectó que en ese año, la Secretaría de la Defensa Nacional pagó 17 millones de pesos, para instalar en los campos del Criadero Militar Santa Gertrudis un sistema para regar el agua extraída de los seis pozos excavados, dinero que también se entregó a empresas privadas, sin que se diera previamente el proceso legal de adjudicación.

La Auditoría, de hecho, no sólo detectó que el Ejército eludió este proceso, orientado a obtener los mejores precios de mercado, sino que, además, concluyó que el instituto armado simuló que dicho proceso legal sí se había realizado.

La Auditoría demostró este intento de engaño por parte del Ejército, luego de percatarse de que la empresa proveedora dio cursos de capacitación al personal militar, para el uso del sistema de riego instalado, antes de que formalmente se solicitaran cotizaciones a a los diversos proveedores existentes.

Es decir, el Ejército primero entregó los trabajos a una empresa elegida discrecionalmente, y para ocultar ese procedimiento irregular, luego escenificó una supuesta convocatoria a proveedores para seleccionar al mejor postor.

Tras detectar este proceso irregular, la Auditoría concluyó que “antes del inicio del procedimiento (para elegir a la empresa con los mejores precios), ya se había seleccionado al proveedor con el que se llevaría a cabo la compra, y ya se habían adquirido los bienes”.

Cuando la Auditoría le pidió al Ejército que explicara esta irregularidad, el instituto armado le notificó que “debido a la suspensión en el suministro de agua que abastecía en esta zona, el Criadero Militar de Ganado se coordinó con algunas instancias estatales y federales, para materializar un proyecto de exploración, perforación y equipamiento de seis pozos (…) y con el fin de no perder el ciclo agrícola del año 2016, por falta del suministro del vital líquido, en forma paralela a la perforación y equipamiento de pozos, el Criadero Militar decidió coordinar la entrega anticipada e instalación de los sistemas de riego, sin efectuar pago alguno hasta la firma del contrato correspondiente”.

Es decir que el Ejército no sólo admitió haber simulado el proceso de legal adjudicación, sino que, además, reconoció ante la Auditoría que los pozos no existían desde 2013 (como afirma Conagua), sino que fueron planeados y excavados en 2016, cuando en la zona ya estaba prohibido alumbrar nuevos puntos de extracción de aguas subterráneas.

Para conocer la postura del Ejército en torno a todas estas irregularidades, Animal Político solicitó entrevista con un representante oficial, desde hace una semana. Dicha petición no obtuvo respuesta favorable.

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La mexicana que pasó décadas buscando al desconocido que le salvó la vida

Sonia Solórzano sobrevivió a las terribles explosiones de gas de Guadalajara en 1992 cuando un extraño la sacó de los restos de un autobús destruido. Pasaría décadas tratando de encontrarlo.
23 de abril, 2022
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Algo espantoso sucedió en Guadalajara, México, hace 30 años. Y, para Sonia Solórzano, todo empezó en la noche del martes 21 de abril de 1992.

Al cepillarse los dientes antes de acostarse, notó que un olor a gasolina emanaba del grifo.

Vivía en la colonia Atlas, a pocas cuadras de una de las principales zonas industriales de la ciudad. Pensó que quizás había una fuga de combustible de una fábrica.

“Esa noche no dormí porque el olor era muy, muy fuerte, y me daba miedo”, le cuenta Sonia al programa Outlook de la BBC.

Pero, al día siguiente, 22 de abril, el olor había disminuido.

Con una taza grande de café bien negro lavó la insomne noche, y se preparó para ir al trabajo.

“Tenía 19 años. Soy la mayor de nueve hermanos. En ese tiempo ya trabajaba en un bufete de abogados para ayudar en casa”.

Normalmente, Sonia tendría que haber estado en la oficina a las 9:00 de la mañana. Sin embargo, era Semana Santa. La oficina estaba vacía, pero a ella le tocó el turno de atender la recepción.

“Como eran vacaciones, no tenía un horario forzoso a cubrir, entonces mi idea era llegar a las 10:30”.

Llegar tarde al trabajo no fue la única decisión fatídica tomada esa mañana.

“Mi papá solía llevarme en su carro al trabajo, e insistió en hacerlo, pero le dije que me iba en camión”.

Era un día inusualmente caluroso y, como no tenía prisa, dejó pasar el primer bus, pues estaba demasiado lleno.

Era poco antes de las 10 de la mañana.

Tomó el siguiente autobús, “y me fui al último asiento”.

El chofer no arrancó inmediatamente pues una mujer insistía en pagar su pasaje con monedas viejas.

Eran las 10:05 am.

“Un pasajero dijo: ‘yo pago’, y lo último que recuerdo es ver que la señora estiró su mano y a la vez sentí un golpe en la parte de abajo del camión”.

“El fin del mundo”

Diarios reportando lo ocurrido

BBC

Cuando Sonia recuperó la consciencia, no tenía idea de la dimensión del desastre que acababa de ocurrir.

“Al abrir los ojos, fue como si le estuvieran subiendo poco a poco el volumen a la televisión. Empecé a oír gritos, auxilios, ‘¡córranle!’, e incluso ‘¡es el fin del mundo, arrepiéntanse!’… una confusión de sonidos”.

Una fuga de gasolina en el sistema de alcantarillado de Guadalajara produjo una serie de explosiones devastadoras, arrasando 8 kilómetros cuadrados de la ciudad.

Parques y calles se convirtieron en cráteres. Tiendas y casas fueron derribadas como castillos de arena golpeados por las olas.

Los coches y los camiones estaban esparcidos cual hojas sopladas por el viento.

Imagínate las secuelas de un bombardeo seguido de un terremoto.

“Volamos”

Dos de las explosiones ocurrieron justo debajo del autobús de Sonia, lanzando el vehículo repleto de pasajeros metros al aire.

“En la primera explosión, el camión voló y cayó de techo, y la otra explosión nos volvió a aventar, y el camión cayó de lado”, recuerda.

Volamos literalmente de esquina a esquina“.

Un bus volteado y casa destruida con dos hombres ayudando

Getty Images
Hasta los vehículos grandes volaron por los aires.

“Pensaba: ‘¿Estoy soñando? Si no, ¿qué está pasando aquí?’.

“Al tratar de enderezarme sentí que me están picando la espalda con algo. Nos picaban para forzarnos a reaccionar si estábamos vivos. Y empecé a oír voces que decían: ‘Sí, está viva, se está moviendo’, y me comentaban que arriba de mí había 4 personas muertas.

“Lo que vi fue desastre, tierra, sangre, polvo, pedazos de cuerpos… peor que una guerra”.

“Por amor de Dios, no abra los ojos”

“Empecé a gritar, a pedir auxilio, pero nadie vino en ese momento a ayudarnos”.

Había temor de que los escombros colapsaran aún más.

Sin embargo, alguien escuchó los gritos de Sonia: un rescatista de la Cruz Roja se metió al autobús, que estaba encajado en un enorme cráter.

“En cuanto se subió nos dio un miedo horrible porque el camión empezó a tambalearse”.

Finalmente, el rescatista se acercó a ella.

“Lo que se me grabó de él es que tenía una cara muy desencajada, estaba muy pálido, asustado, como que él tampoco creía lo que estaba viendo. Pero nos dijo que nos calmáramos”.

Pareja buscando entre los escombros

Getty Images

“Cuando trató de rescatarme, mis piernas no me respondieron y sentí un dolor muy fuerte”.

Estaban atrapadas en varillas de metal retorcido y, como no tenía herramientas, el socorrista comenzó a torcerlas y tirarlas con sus propias manos.

“Recuerdo que en todo momento me decía: ‘Por amor de Dios, no abra los ojos, téngame confianza, no tenga miedo’.

“Pero mi miedo era que si cerraba los ojos me iba a morir… que me iba a quedar ahí. Le decía: ‘no me deje aquí’.

“En ese momento, oí que a alguien le gritaban: ‘¡Quítese, va a pisar a la gente!, y vi a una persona delgada con una cámara”.

Esa persona delgada era un fotógrafo sensacionalista que capturó la escena en una foto que obsesionaría e inspiraría a Sonia en las siguientes décadas.

Carroza fúnebre

Después de casi una hora atrapada entre los escombros, Sonia finalmente fue liberada por el socorrista.

“Cuando me subieron a la ambulancia me aferré a él porque me daba mucha confianza pues me había ayudado, y me dijo: ‘Vas a estar bien. Yo me quedo aquí porque hay mucha gente que rescatar’.

“Le pregunté: ‘¿Qué pasó?’, y tranquilamente me dijo: ‘Explotó toda la colonia Atlas, pero estás viva’.

“Pensé en mi mamá y mis hermanos que quedaron en casa. Di por hecho que me había quedado sola. No hice más que llorar”.

Sonia fue llevada al hospital más cercano, que estaba desbordado. El personal médico no daba abasto para atender a los cientos de heridos y moribundos que se alineaban en los pasillos y desbordaban las camas del hospital.

Chico entre escombros

Getty Images

Dada la gravedad de las lesiones de Sonia, los médicos ordenaron su traslado a otro hospital, con más suministros y personal.

Pero todas las ambulancias estaban ocupadas transportando a las víctimas desde el lugar del desastre. Finalmente, un voluntario se ofreció a llevarla.

“El doctor en todo momento me sobaba la cabeza y me decía: ‘Tranquila, no te asustes, es por tu bien, te va a ayudar el Señor’, y yo no entendía porqué hasta que vi que me iban a trasladar en una carroza fúnebre.

“Yo le dije: ‘¡No, no me suba… no me quiero morir!'”.

Sonia estaba decidida a mantenerse consciente, con los ojos abiertos y su mente activa: para ella, la muerte simplemente no era una opción.

“Cuando entré al quirófano, el doctor me dijo: ‘Vamos a tratar de salvarte la pierna’, y yo le dije: ‘Sálveme la vida'”.

“¿Flaca, sí eres tú?”

Tras varias horas de cirugía, Sonia despertó viva y con su pierna.

El alivio fue rápidamente reemplazado por la tristeza por haber perdido a su familia… hasta que una silueta familiar apareció en la puerta.

“Mi padre siempre vestía de negro. Cuando vi a una persona de negro en la puerta me agarré a gritar: ‘¡Papi, papi!’.

“No sé cómo me veía yo, porque se acercó y me preguntó tres o cuatro veces: ‘¿Flaca, sí eres tú?’. (Más tarde me diría: ‘Es que tenías la muerte en tu rostro, estabas transparente… no eras tú’).

“Y yo le preguntaba: ‘¿Están todos bien?’ y me dijo que sí”.

Sonia con la pierna enyesada riendo

CORTESÍA DE SONIA SOLÓRZANO

Su padre había pasado el día buscándola en las morgues de la ciudad.

A altas horas de la noche la empezó a buscar en los hospitales, resignado a la idea de que las posibilidades de encontrarla con vida eran escasas o nulas.

“Me quiso agarrar la mano y le dije: ‘No la puedo mover’. Y vi que se quedó sacado de onda porque no podía mover nada”.

La hinchazón en la clavícula de Sonia, el área de la parte superior de la espalda, los hombros y la columna vertebral, había causado parálisis completa.

“Había el riesgo de que yo quedara con vida vegetal. Nada más movía mis ojos y podía hablar“.

Pero Sonia sabía que tenía una segunda oportunidad de vivir, y la aprovechó.

“En ese momento yo dije: ‘Bendito Dios que fui la única de mi familia que tuvo esa experiencia y que me salvaron, porque vi gente a la que no lograron salvar. Qué horror.

“Entonces me mentalicé: venga lo que venga, estoy viva“.

La foto

Soportaría más de 20 cirugías. Su rehabilitación fue lenta pero constante. Pasó de no poderse mover a usar una silla de ruedas.

A veces, el agotamiento y la frustración obstaculizaban su optimismo, hasta que un día, recibió la visita de una amiga que le preguntó: “¿Ya viste que saliste en una revista? Sales tú dentro del camión”.

Volví a entrar en shock: haz de cuenta que me hubieran vuelto a subir al camión”.

Era esa foto que tomó el fotógrafo sensacionalista.

En la imagen se puede ver a Sonia en el suelo, con la cabeza hacia abajo como si estuviera agonizando de dolor, y a la izquierda está el rescatista aferrado a tubos de metal y tratando de mantener el equilibrio entre los escombros inestables.

Como está de espaldas y su rostro solo sale de perfil, se dificulta su identificación.

“Le dije: ‘Algún día lo he de conocer, primero para decirle gracias, porque sé que Dios me permitió vivir, pero si no es por este señor, yo no estaría en el hospital. Y para decirle que sus palabras de aliento hicieron eco.

La foto en la que aparecía el hombre que le salvó la vida.

La foto le recordó amargamente a Sonia su vida antes de abordar el autobús en ese fatídico día.

Pero, también se convirtió en un motor de inspiración.

“Siempre he dicho que es cierto que la tragedia marcó mi vida, acabó con mis sueños, pero con los sueños de cuando era joven.

“Pero también me dio otra visión y me permitió conocer gente con un corazón enorme”.

Estaba resuelta a no ser definida por esa imagen que la mostraba tumbada, lisiada y angustiada.

Sabía que tenía que levantarse, reconstruir y redefinir su vida.

Discriminación

Pronto sucedió lo que había sido imposible concebir meses antes cuando solo podía mover los ojos y la boca: se levantó de la silla de ruedas.

“Ahí sí fue cuando me metí el chip de que si había logrado superar esas etapas, podía avanzar más. Así que le dije a mi padre que iba a volver a trabajar”.

Pero el hecho de que solo pudiera caminar con la ayuda de un aparato ortopédico se convirtió en un obstáculo.

Sonia, con el aparato ortopédico en la pierna derecha.

“Yo llegaba a pedir trabajo con ese aparato grandote, tosco y, sí, horrible, y me decían: ‘¿Sabes qué? Sí tienes la capacidad de trabajar, tienes los conocimientos, pero tu imagen no es apta para el trabajo‘.

“Me discriminaban. En otro lugar me dijeron que el uniforme de las mujeres eran minifaldas y yo no podía usar el aparato. Por ese motivo no me daban trabajo”.

Después de todo lo que había superado, la discriminación no iba a disuadirla. Cuando le relató el incidente a sus fisioterapeutas, la empatía prevaleció y le ofrecieron un empleo.

Además de un trabajo, encontró el amor, y poco después tuvo dos hijos.

Los tiempos exactos

Había reconstruido su vida. Tenía una familia y un gran sentido de propósito, como defensora de personas con discapacidades.

Ahora, cuando miraba la foto del tabloide, no se enfocaba en la imagen de su yo herido. Podía fijar su mirada en el rescatista que la salvó.

Un sentido del deber y una obsesión la invadió. Tenía que encontrarlo y agradecerle, aunque lo único que tuviera era esa borrosa foto.

Cada 22 de abril, el aniversario de la explosión, comenzaba el día buscando al misterioso voluntario de la Cruz Roja.

Ambulancias de la Cruz Roja Mexicana

“Pensaba que era más fácil que me ubicara en esa fecha que en cualquier otra. Iba a la Cruz Roja, mostraba la foto, preguntaba por él, incluso dejaba cartitas o algo.

“Fue una constante eso de estarlo buscando de una u otra forma, y no daba con él. Pero dije: ‘La vida y Dios nos marcan los tiempos exactos'”.

La vida y Dios se asegurarían de que el proceso se repitiera durante dos décadas y media.

“Previo al 25º aniversario, hice lo que siempre hacía: buscarlo. Pero esa vez mandé un mensaje por redes sociales”.

“Ese güey soy yo”

“De repente un día, un compañero de la Cruz Roja me mandó una foto y me preguntó: ‘¿Conoces a este cuate?’“, cuenta Pablo Carrera, ingeniero, paramédico experimentado y rescatista voluntario de la Cruz Roja.

“Y le dije: ‘¡No te hagas menso! Ese güey soy yo. ¿Quién más? Soy inconfundible'”.

Pablo recuerda claramente aquella Semana Santa de 1992.

Pablo y Sonia, en su encuentro, un cuarto de siglo más tarde.

Cortesía de Sonia Solórzano
Pablo y Sonia, en su encuentro, un cuarto de siglo más tarde.

A las 10:05 de la mañana de la explosión, estaba disfrutando de sus vacaciones y yendo a desayunar.

“Tenía por costumbre los miércoles acudir con mi esposa al centro, y camino a donde íbamos escuché muchos sonidos de sirenas”.

Sin embargo, estaba distraído por los sonidos de su estómago vacío. Pero cuando llegó al restaurante y se enteró de lo ocurrido, ese estómago hambriento inmediatamente se le revolvió.

Salió corriendo a la Cruz Roja.

Supermán de carne y hueso

Apenas llegó al estacionamiento, uno de sus colegas le dijo: “Comandante, súbase a la ambulancia” y se fueron a la zona del desastre.

“Todavía había una nube de tierra densa. La calle estaba completamente destruida, como si hubiera habido un bombardeo. Había gente atrapada y empezamos a hacer nuestra labor”.

Los gritos de auxilio venían de todas las direcciones, pero por alguna razón fue la voz de una joven, Sonia, la que llamó su atención.

“El camión estaba en el fondo de un barranco. Nadie se quería meter, hasta que yo llegué y me metí.

“Me acuerdo perfectamente que entré por la parte de atrás.

La verdad es que sí me dio miedo, porque los fierros se movían. No soy Supermán, porque Supermán es el hombre de acero y yo soy de carne y hueso.

“Vi a Sonia y yo le dije: ‘Tranquila, no llores, cierra los ojos, ahorita te sacamos’. Pero me acuerdo que me costó mucho trabajo”.

Sonia fue la última sobreviviente evacuada de los restos del autobús.

Después de enviarla al hospital, Pablo continuaría ayudando a decenas de otras víctimas, durante otros tres días seguidos.

Las explosiones en Guadalajara dejaron más de 200 muertos, aunque algunas estimaciones dan un número de al menos mil.

Innumerables casas y negocios fueron destruidos; el daño costó millones de dólares.

“¿Te gustaría conocerlo?”

Si bien Sonia pasó años absorta por esa foto de la escena del rescate, Pablo nunca la había visto, así que cuando su colega se la mostró, no entendió por qué.

“Durante los 25 años que ella estuvo buscándome, jamás me enteré”.

Poco después, Sonia recibió un mensaje de la Cruz Roja.

“Decía: ‘Sonia, ya encontramos al rescatista. ¿Te gustaría conocerlo?’… ¡Pues claro que sí!”.

Foto del interior del bus y foto del encuentro 25 años más tarde.

El 21 de abril de 2017, en la víspera del 25º aniversario de las explosiones de gas, fue un día soleado e inusualmente caluroso, como lo fue en ese fatídico día de 1992.

Sonia iba camino de reunirse finalmente con el hombre que le salvó la vida.

Le llevaba tres rosas blancas, por las personas vivas que rescató, y una roja, “a nombre de toda la sangre que se derramó y toda la gente que rescató pero ya estaba muerta”.

El encuentro

Pablo: “Vi acercarse a esta dama, con un ramo de flores, y en cuanto la vi… me acuerdo y me da sentimiento. Me abrazó y lo primero que le pregunté fue: ‘¿Te acuerdas de mí?’, y dijo: ‘Sí'”.

Sonia: “Volví a oír su voz dentro del camión diciendo ‘tranquilízate’, ‘yo te voy a ayudar’… todo. Nos dimos un abrazo, y yo la verdad no aguanté, lloré, lloré, lloré”.

Pablo: “Fue excepcional, fue algo inédito. Se me hizo rarísimo. Es que nunca me lo imaginé. Pos, todos mis compañeros hicieron lo mismo, no más que a mí me tocó ese reto, por alguna razón, Dios lo decidió así”.

Sonia: “Le reclamé: ‘¡Dónde estabas! Te he estado buscando’. Y me dijo: ‘Aquí, nunca me he ido'”.

“Fue algo tan emotivo, tan bonito. El hecho de que tú puedas decirle a esa gente: ‘Gracias. Veme, estoy viva, tengo hijos. Si no hubieras llegado tú, yo no estaría aquí'”.

Pablo: “A mí me da mucho gusto, porque yo veo a Sonia, una mujer completa, y pudimos darle una segunda oportunidad para que ella pudiera desarrollarse. Y me da gusto porque me impulsa a seguir con mi labor de ayudar a la gente, que es lo que me gusta.

“Mi padre decía, lo que siembres hoy, mañana lo vas a cosechar”.

Sonia: “La tragedia marcó un antes y un después en mi vida, y me sigue marcando porque las cicatrices en mi cuerpo y mi discapacidad ahí están.

“Pero aprendí a nunca reprochar lo que me toca vivir. Nunca te preguntes por qué a mí. Pregúntate para qué”.

* Este artículo es una adaptación del episodio“Who was the stranger who saved my life?” de la serie Outlook del Servicio Mundial de la BBC.


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