La vida después de la elección de 2018: ¿cómo regresar al día a día con un nuevo presidente?
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La vida después de la elección de 2018: ¿cómo regresar al día a día con un nuevo presidente?

Actores políticos, académicos y analistas proponen trascender las descalificaciones para abrir paso a una pluralidad democrática. Ignorar lo que estigmatiza y discrimina para no abonar el desgaste del tejido social.
Por Ana Ávila
24 de junio, 2018
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El 2 de julio ¿cómo amanecerá México? Luego del desgaste electoral que polarizó los ánimos y llevó al terreno de lo personal y familiar el discurso de los partidos, ¿cómo regresar al día a día con un nuevo presidente? Académicos, colaboradores de los candidatos presidenciales y expertos opinan que la vida después de la elección de 2018 dependerá de los líderes políticos, pero también de la capacidad que tengamos los ciudadanos para tomar solo lo que abone y desechar el resto.

Tatiana Clouthier dice que hay vida después de las elecciones. Para ella, lo sucedido y lo dicho en la contienda no es personal. La información que llega en las redes sociales y por WhatsApp no se puede asumir con tanto ahínco. “Es importante que las personas tomemos distancia. La información que polariza se debe desechar”, sugiere.

La coordinadora de campaña del candidato Andrés Manuel López Obrador asegura que es muy sencillo actuar sobre las declaraciones que acusan, descalifican, lastiman: “Solo hay que reflexionar en que eso no suma y que no nos podemos llenar de esa energía. Yo lo que hago es simplemente no meterme en posturas estúpidas y sin razonamiento, es energía que no suma ni aporta”.

Y cuenta que algo que hace cotidianamente, ya sea “en el foro donde me paro o en la onda virtual whatsappera, es elegir lo que veo. Yo soy responsable de la basura que me mandan o no, si me mandan algo que no sume, entonces no ensucies este espacio, es mi responsabilidad pedir que no ensucien mi espacio. Desde el tema de violencia, desde el tema de groserías, no hemos trabajado en pedir que nos respeten”.

Alfredo Figueroa, responsable de la coordinación de análisis político del equipo del candidato Ricardo Anaya, dice por su parte que uno de los medios para lograr que no exista un proceso de polarización desmedido, o incluso con brotes de violencia, es el compromiso democrático de los actores políticos. Como la capacidad de reconocer los resultados electorales. “No hemos sido capaces —asegura— de tener una cultura de reconocimiento de la derrota”.

Después del 1 de julio, piensa que, dependiendo de la madurez y compromiso democrático de los actores políticos, la polarización podría agravarse si no hay capacidad de diálogo. E incluso que, en algunos casos, puede haber una fractura en las relaciones familiares, grupales, sociales así como una baja calidad de debate político.

RECONOCER LA DIFERENCIA

Clouthier apunta hacia la responsabilidad de los medios de comunicación. Cree que no deberían reproducir ni subir “cochinadas”, ni tampoco darle vuelo a lo que no está sumando. “Estoy hablando de editorialistas que incitan a la violencia y a esta separación, usando adjetivos que descalifican”, explica.

Figueroa coincide en que también las redes sociales han exacerbado la polarización, y que ello responde a un contexto en donde no hay pluralidad de medios de comunicación. “El sistema de medios está cerrado, cooptado y en algunos casos manipulado”, asegura. Como hay visiones y versiones únicas, por la fuerza las redes sociales se abren paso en un sistema cerrado.

El también exconsejero electoral pone como ejemplo el caso de España. Allá puede haber mucha exacerbación en las redes sociales, pero existe una pluralidad de medios que permite que todas las voces salgan al espacio público. Esto dista de ocurrir aún en México y, por lo tanto, las redes se vuelven un espacio no solo de recreación de la política sino de espacio para la disputa. De hecho, abunda, los estudios de comportamiento en Twitter muestran que en México es una red para discutir y, en otros países, para informarse.

Para él, los medios de comunicación podrían hacer mucho. “El problema es que no son parejos, pues han tomado partido en el proceso electoral y seguramente se van a involucrar por diversas razones en la contienda electoral”.

Después del 1 de julio, gane quien gane, dice Tatiana Clouthier, se debe tejer fino, unir, recomponer. El nuevo gobierno tendrá la responsabilidad de sumar, de apelar a la hermandad de todos los mexicanos.

Pero no será una tarea fácil.

De acuerdo con Alfredo Figueroa, el reconocimiento de la pluralidad democrática tiene que partir no solo de los liderazgos políticos, sino emerger de “las instituciones encargadas de dar garantías en esa dirección, que muchas veces han tenido resoluciones no solo cuestionables sino claramente favorables a una u otra opción”.

Al respecto, subraya: “Tenemos un problema institucional más gordo de lo que pensamos… con una alta polarización no hay árbitros suficientemente legítimos e instituciones suficientemente sólidas; para eso es necesario trabajar en una cultura del reconocimiento democrático como reconocimiento de la diversidad y la diferencia y no de la unanimidad y la igualdad de posiciones políticas”.

EN EL BARCO VAMOS TODOS

Pedro Salazar Ugarte, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, considera que nos toca elevar el nivel del discurso; argumentar en lugar de decir ocurrencias. Poner el umbral del debate en un nivel de altura que lo dignifique y no caer en provocaciones de aquellas voces y sujetos que devalúan y denuostan el debate político.

Es cierto, dice, que siempre hay puntos de vista distintos sobre política y, en una sociedad tan fragmentada, hay divisiones de intereses que hacen que las agendas públicas sean muy incompatibles. Lo que hay son visiones distintas de país y, tal pareciera, que la visión que uno elige, excluye a la otra porque no son comunicantes. Es fundamental, recalca, que se le reconozca dignidad a la otra parte política, no decir que es un degenerado o deshonesto. “Somos racionales y somos civilizados, debemos saber que este barco es un barco en el que todos estamos subidos y debemos subirnos”.

El también doctor en filosofía política reconoce que los contextos sociales sí importan. Al referirse  a la sociedad mexicana dice que la polarización se exacerba en sociedades que de suyo son muy desiguales, muy clasistas y que tienen una composición legítimamente diversa en muchas dimensiones, pero que no están cohesionadas, se prestan a la radicalización de las posiciones a través de la estigmatización de las personas.

“La estigmatizas por ser rica, por ser pobre, dentro de esto, las más vulnerables son las de los grupos más desfavorecidos. Al estigmatizar a un grupo vulnerable, una raza o un grupo históricamente vulnerado, se lesiona más a los miembros de esa comunidad, en sociedades con los rostros como la nuestra”.

En el mundo de las redes sociales, agrega, el anonimato genera condiciones para los excesos, los cuales son impunes. “La provocación, que es legítima, es parte del ejercicio de la libertad de expresión; pero una provocación debe aceptar las respuestas —no es un estilo que comparta o me guste, no es deliberación de altura, pero es legítimo que alguien defienda un dicho que es con afán de provocar—.

También es legítimo reaccionar a esa provocación siempre y cuando no haya amenaza o coacción o censura. No importa, insiste, por más airada que sea, la persona que sostiene esos dichos debe saber vivir con las consecuencias de sus discursos, los cuales suelen radicalizarse en las redes sociales, pero si no hay intimidación, coacciones, forman parte de un intercambio deliberativo y legítimo”.

Lamentablemente, la calidad del debate político y público en México y el mundo, ha ido a la baja. Las discusiones de grandes ideas hoy son pocas. Las propuestas son técnicas y breves, lo demás son ocurrencias y descalificaciones. Es un mal de nuestra democracia de hoy, considera.

Carlos March, periodista y analista político argentino, dice que en su país se construyó una polarización que condujo a una ruptura a lo largo del kirchnerismo, sobre todo, con la expresidenta Cristina Kirchner. La grieta, como le llaman, no es un acontecimiento único de Argentina. Conceptualmente, explica, lo que está pasando: es una gran imposibilidad en las democracias para construir una militancia y una discusión pública desde una perspectiva pluralista.

“Se dogmatiza la política, se dogmatiza la ideología tanto de un lado como del otro; al dogmatizarse, la verdad está dentro de ese paradigma, por lo tanto no se puede discutir el paradigma porque es estar discutiendo con la verdad. Siento que esto sucede en Argentina, pero también en otros países latinoamericanos. Hay una falta de educación cívica tanto en las dirigencias de los partidos como de la ciudadanía. Se debería poder discutir desde la pluralidad, aceptando las diferencias ideológicas y respetándolas, contrario a lo que sucede ahora que es el dogmatismo. Me planto en una vereda a decir mi verdad y del otro lado de la vereda eres mi enemigo”, considera.

Es nodal recuperar la educación cívica en Argentina y otras naciones. La educación fomenta la ignorancia cívica porque enseñan a ser médico, ingeniero, pero no ciudadano. No hay formación cívica del chico de la primaria para que pueda participar en democracia más allá de lo electoral, comenta. No está instalado en el sistema educativo para que se construya ciudadanía desde el sistema educativo.

Del otro lado está el político que ve a la sociedad civil organizada como competencia, como un ente que controla la gestión pública o que ocupa su agenda.

A la sociedad civil organizada, explica, no se le entiende como complemento de la política pública o del Estado. Y también está el propio desprecio de la sociedad civil por el sistema político nacional.

Aunque el trabajo de las organizaciones sí impacta, no se enriquece en el Estado, “en el sentido de que complemente la política pública, se queda la discusión en las redes sociales o en el ciudadano con una posición individual. No terminan siendo jugadores que lleven racionalidad o pluralismo a la discusión política porque no se involucran”, concluye.

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Coronavirus: 10 buenas noticias sobre la pandemia (un año después)

El catedrático de microbiología español Ignacio López-Goñi hace balance sobre la experiencia científica acumulada en los últimos meses.
24 de febrero, 2021
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No sabemos qué ocurrirá en los próximos meses y las nuevas variantes genéticas son motivo de incertidumbre, pero un año después el mensaje es el mismo: los avances de la ciencia nos animan a ser optimistas y a ver el vaso medio lleno.

1. Hay más artículos sobre SARS-CoV-2 y la covid-19 que sobre malaria

Hace un año nos asombrábamos de que en poco más de un mes desde que se notificaran los primeros casos ya hubiera más de 164 artículos científicos en PubMed (un motor de búsqueda de libre acceso para consultar publicaciones científicas) sobre el nuevo virus y la enfermedad.

Hoy esa cifra se ha multiplicado por más de 600 y ya supera los 100.000 artículos, más que los que aparecen bajo el epígrafe de “malaria”, por ejemplo. Existen registrados más de 4.800 estudios en curso sobre tratamientos y vacunas.

Sabemos más sobre el SARS-CoV-2 y la covid-19 que de otras enfermedades que llevamos lustros estudiando.

2. Más de 200 nuevas vacunas

Hace un año se destacaba que hubiera ocho nuevos proyectos sobre vacunas contra el coronavirus SARS-CoV-2.

Según el portal bioRENDER ahora son más 195 candidatos, al menos 71 ya en ensayos clínicos.

Estos emplean todo tipo de tecnologías: virus vivos atenuados, virus inactivados, subunidades de proteínas, vectores virales recombinantes, partículas similares a virus (VLP), ADN y ARNm.

Personal de salud con una ampolla de la vacuna contra el covid-19

Getty Images
Existen cerca de 200 proyectos de vacunas contra la covid-19.

Jamás se había invertido tanto dinero y había habido tanta colaboración para el desarrollo de vacunas entre entidades públicas, privadas, centros de investigación, universidades, farmacéuticas, empresas y ONG.

Algunos proyectos se han abandonado, pero otros ya fueron autorizados por la OMS: Pfizer/BioNTech y Moderna con tecnología ARNm, AstraZeneca/Oxford y Sputnik V con tecnología de adenovirus recombinantes y la china Sinopharm, con coronavirus inactivos.

Al menos otras 20 vacunas están ya en ensayos clínicos de fase III y en las próximas semanas y meses podrán ser aprobadas, si los resultados son satisfactorios.

3. Las vacunas de ARNm son muy seguras

Uno de los posibles efectos graves de las vacunas es la anafilaxis, una reacción alérgica que puede llegar a ser mortal y que ocurre normalmente al poco tiempo de administrar la vacuna.

Se han analizado datos del primer mes de vacunación en EE.UU., donde se han administrado más de 17,5 millones de dosis (exactamente 9.943.247 de la vacuna de Pfizer/BioNTech y 7.581.429 de la de Moderna).

El Sistema para Reportar Reacciones Adversas a las Vacunas (VAERS, por sus siglas en inglés) ha registrado solo 66 casos de anafilaxia (47 con la vacuna de Pfizer/BioNTech y 19 con la de Moderna).

Esto supone menos de 4 casos por millón de dosis o el 0,0003% de todas las dosis analizadas. 21 (el 32%) de esos 66 casos había tenido casos previos de anafilaxia por otros motivos. No se ha detectado ningún fallecimiento.

Trabajadores médicos frente al hospital Langone Health de Nueva York mientras la gente aplaude para mostrar su gratitud al personal médico y a los trabajadores esenciales en la primera línea de la pandemia de coronavirus el 19 de abril de 2020 en la ciudad de Nueva York.

Getty Images
Hay más conocimiento científico de la covid-19 que de la malaria.

Si se compara con el número de casos de covid-19, las secuelas que deja la enfermedad y el número de fallecimientos, el beneficio que suponen las vacunas supera enormemente los posibles efectos adversos.

Todo esto permite afirmar que, de momento, las vacunas de ARNm son muy seguras.

4. Las vacunas son efectivas

Israel es el país que más población tiene ya vacunada.

A principios de febrero y desde que comenzó la campaña en diciembre, más de 3,67 millones de israelíes habían recibido la primera dosis de la vacuna de ARNm de Pfizer/BioNTech.

Esto representaba cerca del 40% de la población del país. Más del 28% había recibido también la segunda dosis. Entre los mayores de 60, más del 80% había sido vacunado.

Los datos preliminares muestran que la vacunación está siendo efectiva.

El número de infecciones está disminuyendo de forma significativa, especialmente entre las personas mayores de 60. En este grupo de edad, ha habido un 56% menos de infecciones y un 42% menos de hospitalizaciones y un 35% menos de fallecimientos por covid-19 después de la segunda dosis.

Los resultados con las dos dosis son excelentes: de los 523.000 israelíes vacunados con dos dosis solo hay 544 casos de covid-19, tan solo 4 casos de covid-19 grave y cero fallecimientos. Estos datos confirman los obtenidos en los ensayos clínicos previos.

Vacunación en Israel en febrero de 2021.

Getty Images
Israel es el país que más vacunó a su población.

Pero no hay que irse hasta Israel.

En Asturias, España el pasado día 15 de febrero se había sobrepasado la cifra de 2.000 personas fallecidas por covid-19 desde el inicio de la pandemia.

Entre ellas, había una gran proporción de personas con domicilio en residencias de mayores, donde el impacto ha sido considerable.

Sin embargo, en estos momentos la situación comienza a estar relativamente controlada gracias a los esfuerzos de vacunación dirigidos específicamente a las personas residentes y trabajadores que los atienden.

El efecto de la vacuna queda de manifiesto al comparar la mortalidad entre personas mayores con domicilio en residencias (casi todas vacunadas), en las que desciende bruscamente, y el número de fallecidos en personas con domicilio fuera de ellas (no vacunadas), entre las que aumenta considerablemente.

Además, se acaban de publicar los resultados de un estudio preliminar en Inglaterra en el que demuestran que la vacuna de ARNm de Pfizer/BioNTech es efectiva para prevenir la infección en adultos sintomáticos y asintomáticos, incluso contra la variante “británica” B1.1.7.

5. La confianza en las vacunas aumenta

Después de más de 160 millones de dosis de vacunas frente a la covid-19 administradas, la confianza de la población en las vacunas va en aumento.

Por ejemplo, se ha realizado una encuesta a 13.500 personas de quince países de Europa, Asia y Australia entre noviembre del 2020 y enero de 2021.

En noviembre, antes de que los países comenzaran a aprobar las vacunas, solo cerca del 40% de los encuestados se pondrían la vacuna contra la covid-19 y más del 50% estaban preocupados por los posibles efectos secundarios.

Para enero, más de la mitad se pondría la vacuna y el número de personas preocupadas por los efectos secundarios había disminuido ligeramente.

Un paciente curado de covid-19 saluda a los trabajadores médicos cuando es dado de alta del Centro de Salud Pública de Chongqing el 15 de marzo de 2020 en Chongqing, China.

Getty Images
La población cada vez confía más en las vacunas contra la covid-19.

Reino Unido fue el país en el que más gente se manifestó dispuesta a vacunarse (hasta un 78% de los encuestados) y en España la proporción de gente dispuesta a vacunarse pasó de un 28% en noviembre a un 52% a mediados de enero.

6. La respuesta inmune frente al virus dura al menos ocho meses

Los test serológicos que miden anticuerpos frente al SARS-CoV-2 no reflejan todo el potencial, la duración y la memoria de la respuesta inmune frente al virus.

Conocer cuánto dura la respuesta inmune frente al virus es fundamental para determinar la protección frente a las reinfecciones, la gravedad de la enfermedad y la eficacia de la vacuna.

Se ha comprobado que, aunque hay cierta heterogeneidad en la respuesta según cada individuo, en la mayoría de las personas en las que se ha analizado mantienen una robusta respuesta inmune humoral (anticuerpos) y celular (linfocitos T), de como mínimo entre 6 y 8 meses después de la infección, independientemente de que sean leves o graves.

7. Nuevos tratamientos frente a los casos más graves

Ya sabemos que la covid-19 es mucho más que una neumonía.

Se conoce mucho más de la enfermedad y, aunque no dispongamos de momento de un antiviral específico que inhiba el virus, hay combinaciones de tratamientos que mejoran mucho el pronóstico y reducen la mortalidad de los casos más graves.

Antivirales, antiinflamatorios, anticoagulantes, corticoides, inhibidores de la tormenta de citoquinas y anticuerpos monoclonales son algunos ejemplos.

Existen más de 400 ensayos clínicos en curso en los que se están probando distintos tratamientos y combinaciones.

Un médico le da el pulgar hacia arriba a un paciente con covid-19 que ya no usa un respirador en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en el Centro Médico de Asuntos de Veteranos el 21 de abril de 2020 en el distrito de Brooklyn de Nueva York.

Getty Images
Hay cada vez más y nuevos tratamientos para combatir los casos graves de covid-19.

Por ejemplo, según el ensayo clínico internacional Recovery, la combinación de tocilizumab (un anticuerpo monoclonal dirigido contra el receptor de la interleukina-6, aprobado para el tratamiento de la artritis reumatoide) y la dexametasona (un potente glucocorticoide sintético que actúa como antiinflamatorio e inmunosupresor), puede reducir a casi la mitad las muertes en los pacientes más graves con covid-19.

Por otra parte, el tratamiento preventivo con anticoagulantes en pacientes con covid-19 hospitalizados, se asocia con un 30% menos de mortalidad a 30 días y sin efectos adversos de sangrado.

8. No hay gripe

Existía una seria preocupación sobre cómo se iba a comportar el solapamiento de SARS-CoV-2 con otros patógenos respiratorios frecuentes en los meses de invierno.

No se podía descartar una situación de “tormenta perfecta” en la que coincidieran SARS-CoV-2 con otros virus, como el de la gripe o el respiratorio sincitial, que causan bronquiolitis y neumonías y son responsables de frecuentes hospitalizaciones y muertes en determinados sectores de la población más vulnerable.

Se había sugerido que el riesgo de muerte en personas infectadas por gripe y SARS-CoV-2 de forma simultánea era superior que en aquellas que solo estaban infectadas por el coronavirus, especialmente en mayores de 70 años.

La coincidencia de varios virus respiratorios con el SARS-CoV-2 podría haber causado una carnicería en las personas mayores.

Mayoría de personas con mascarilla.

Getty Images
El cuidado de las personas, con el uso de las mascarillas y con distanciamiento, hizo que otros virus como el de la gripe mermaran.

La buena noticia es que esta temporada la gripe y otros virus respiratorios han desaparecido, tanto en los meses de junio a agosto en el hemisferio sur como ahora en el hemisferio norte.

No podemos descartar que esto pueda suponer un problema el año que viene (las temporadas en las que la gripe causa mayor mortalidad suelen estar precedidas de temporadas más benignas), pero este año ha supuesto un verdadero alivio a los sistemas sanitarios.

Varias son las causas que pueden explicar este declive de la gripe. Primero conviene recordar que el SARS-CoV-2 y el virus de la gripe son virus muy diferentes.

Es muy probable que el menor periodo de incubación de la gripe, la existencia de inmunidad previa, la intensa campaña de vacunación de este año, las medidas de confinamiento, disminución de viajes, uso de mascarilla, higiene y distanciamiento social hayan tenido un mayor efecto en disminuir la transmisión de este virus.

Por el contrario, en la transmisión del coronavirus además influyen mucho más el efecto de los aerosoles, el papel de los superpropagadores y los asintomáticos.

9. Podemos seguir la evolución del virus a tiempo real

El efecto que puedan tener las nuevas variantes genéticas del SARS-CoV-2 en la vacunación y en el transcurso de la pandemia es una incertidumbre.

Debido a que los cambios genéticos pueden tener un potencial efecto en cómo se comporte el virus, su análisis y seguimiento es fundamental.

La buena noticia es que hoy tenemos la capacidad de seguir la evolución a tiempo real del virus y la aparición de nuevas variantes genéticas.

Hay ya más de 260.000 secuencias del genoma de SARS-CoV-2 disponibles en las bases de datos.

Estudios con coronavirus.

Getty Images
A diferencia de otras pandemias, con la de la covid-19 podemos seguir su evolución en tiempo real.

Esas secuencias provienen de otros tantos aislamientos obtenidos de muestras humanas desde febrero del año pasado hasta el momento actual.

Aunque los cambios de nucleótidos son la primera fuente de variación genética del SARS-CoV-2, también se han detectado inserciones, deleciones (un tipo de mutación genética en la cual se pierde material genético) e incluso recombinaciones.

Todo esto permite hacer filogenias (relaciones de “parentesco” entre las variantes virales) que pueden emplearse para hacer estimaciones temporales (cuándo surgen nuevas variantes), caracterizar cómo se extiende geográficamente el virus, reconstruir la dinámica epidemiológica dentro de una región y analizar cómo se adaptan a lo largo del tiempo.

El análisis de las secuencias del SARS-CoV-2 no tiene precedentes, en la base de datos GISAID (Global Initiative on Sharing Avian Influenza Data) son más de 580.000 datos de secuencias compartidas.

Es la primera vez que se está siguiendo a tiempo real la evolución de un virus pandémico.

10. La pandemia a nivel mundial decrece

No sabemos cómo se desarrollará la pandemia en los próximos meses.

Dada la intensidad que ha tenido hasta ahora es probable que haya nuevas olas, pero quizá de menor intensidad.

No sabemos cómo será una posible cuarta ola, ni el efecto que puedan tener las nuevas variantes genéticas que van apareciendo, pero la buena noticia es que a nivel global la pandemia en este momento decrece.

Un hombre, personal de salud, saluda desde la ventana.

Getty Images
Los números de casos de covid-19 están bajando en el mundo.

Quizá sea una combinación de varios factores: el virus se comporta de forma estacional, la población va adquiriendo cierta inmunidad de grupo por infección natural o por las vacunas, quizá el virus en ese proceso natural de variación y mutación va derivando a formas menos virulentas y se va adatando a su nuevo huésped.

No lo sabemos a ciencia cierta, pero de momento sigue habiendo motivo para la esperanza.

*Ignacio López-Goñi es catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra, España.


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