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Cuartoscuro Archivo

La violencia y el miedo dejan sin candidatos a municipios de Guerrero

Operadores de distintos partidos en Guerrero se quejan del control que los grupos del narcotráfico ejercen sobre la política local.
Cuartoscuro Archivo
Por Itxaro Arteta
12 de junio, 2018
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En Ciudad Altamirano, cabecera municipal de Pungarabato, Guerrero, se pueden ver calcomanías de la candidata a alcaldesa por el PRD, y mantas del aspirante del PRI, pero ni rastro del aspirante de Morena.

Cuando el candidato presidencial del partido, Andrés Manuel López Obrador, visitó la ciudad, el pasado 2 de junio, el nombre de Luis Avellaneda solo apareció confundido entre otras personalidades locales presentadas en el templete. Pero el candidato a alcalde no estaba ahí. Ni en algún otro punto del municipio. Es solo un nombre que rellenará la boleta electoral. En los hechos, no hay candidato ni campaña.

Nadie en el partido reconoce abiertamente la razón. Él mismo declaró a medios locales –vía telefónica– al iniciar las campañas que había tenido que salir de la localidad para atenderse de un problema de salud. Algo temporal. Pero por lo bajo, todo mundo lo sabe: un grupo criminal lo amenazó y prefirió esfumarse. El candidato ya perdió a su padre, el empresario melonero Jesús Avellaneda Chávez, asesinado en 2012 en Rivapalacio, Michoacán, municipio colindante.

Este es solo uno de los casos en los que no hay campaña o candidato. Fuentes de Morena, quienes pidieron anonimato, aseguraron que lo mismo ocurre en los municipios de Arcelia, Apaxtla de Castrejón, Eduardo Neri y en Quechultenango, donde en noviembre pasado fue asesinado un precandidato a alcalde de Movimiento Ciudadano.

El PRD, que junto con el PRI es el partido más fuerte en Guerrero, también reconoció que hay zonas donde no se puede hacer campaña. Su secretario general a nivel nacional, Ángel Ávila, acudió al estado en mayo pasado para denunciar desde ahí la situación y dijo que en los municipios de Tixtla, Chilapa, Pungarabato y Arcelia hacer campaña era “casi imposible”. Según tenía noticia, al menos 20 candidatos locales habían renunciado a la candidatura por las condiciones de inseguridad.

Solo en el PRI se pide no caer en pánico por las noticias de ataques. El secretario de comunicación del partido en el estado, Francisco Rangel, pidió no atribuir todos los actos de violencia al crimen organizado, y puso como ejemplo el caso de un candidato cuyo vehículo fue baleado en la carretera, pero por un intento de robo que no pasó a mayores. Aseguró que no quiere minimizar las cosas, pero no cree que sea  una situación escandalosa.

De cualquier modo, todos los partidos han tenido que corregir sus listas de candidatos en Guerrero por asesinatos o porque el miedo hizo a los nominados cambiar sus aspiraciones. Al 1 de junio pasado, el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Guerrero (IEPCG) había registrado 440 renuncias a candidaturas, el 5% de los postulados, aunque el organismo no especificó si todas eran por el clima de violencia o por otras razones. A un mes de las elecciones, esta cifra ya significaba 63 renuncias más que las que se dieron en el anterior proceso electoral estatal, en 2015.

Extorsión y cobro de piso por hacer campaña

“A esa candidata de allá le pidieron 4 millones de pesos para dejarla hacer campaña. Pero es cabrona y les dijo que no”, contó un integrante de Morena señalando a una de sus compañeras de partido, que aspira a un puesto de elección popular.

Sin embargo, al preguntarle con la grabadora encendida, ella se puso seria, fijó la vista y dijo que eso no había pasado.

Es una constante entre políticos locales. Contestar que ya no está tan peligroso como “antes”, que han hecho campaña tranquilos y que no tienen miedo porque no le deben nada a nadie. Aunque su rostro se tense al hablar.

“Es que no podemos decir, pues, porque eso nos perjudica”, confesó después la candidata, pidiendo que no haya entrevista ni se diga su nombre.

-¿Y cómo hacen contacto estos grupos, por teléfono?, se le preguntó.

“Van a la casa de uno… Uno vive aquí, todos saben dónde…”

Operadores de distintos partidos en la región se quejan del control que los grupos del narcotráfico ejercen sobre la política local. Con los cargos federales no se meten y los candidatos pueden ir a hacer eventos, explicaron, pero en las campañas locales, el narco “da permiso” de hacer campaña a unos u otros, dependiendo de si pagan o si creen que puede convenir a sus intereses.

Las extorsiones a candidatos son solo una extensión a la realidad que vive cada día la población y las empresas del lugar, sean del tamaño que sean.

Cuando el mitin de Morena terminó, los que no alcanzaron aguas regaladas por la campaña buscan refrescarse de los más de 40 grados que impone el sol. Pero una Coca-Cola se ha vuelto ahora un bien de lujo. Una botella de 600 mililitros cuesta 16 pesos. El doble de lo que costaba hace tres meses.

Altamirano era la sede de una embotelladora del popular refresco, hasta que decidió cerrar apenas el 23 de marzo pasado, después de que a principios de año comenzara a recibir “constantes amenazas y agresiones por parte del crimen organizado, así como afectaciones a las instalaciones de la empresa”, según informó en un comunicado.

El hecho saló a los medios de todo el país y se coló en la política nacional. Margarita Zavala, antes de renunciar a su candidatura presidencial independiente, utilizó la planta de Altamirano como uno de los primeros símbolos para su campaña presidencial, que en parte se basó en el mismo discurso de guerra contra el narco que tuvo su marido, el expresidente Felipe Calderón.

Escoltada por alrededor de 50 agentes entre policía estatal, federal, gendarmería y del Estado Mayor Presidencial, llegó hasta la fachada, Zavala pronunció un discurso, habló con algunos pobladores, y salió de la misma manera.

Los calentanos se quedaron con sus Cocas a 16 pesos. Aunque saben que el problema no es solo que no haya embotelladora –como no la hay en tantos puntos del país en los que no se paga más cara–. El problema, comentaron, es que además los negocios tienen que pagar una especie de impuesto al crimen organizado, o comprarle al proveedor al que esos grupos indican.

Así, en un municipio en el que 58% de los 41 mil habitantes viven en pobreza, según datos de 2015 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la población paga un peso más por garrafón de agua, o el kilo de pollo a casi 100 pesos, cuando en el resto del país promedia a 80.

“En Altamirano se paga por vivir”, dijo resignado un residente local.

Una maldición

En 2017, el año más violento del que se tenga registro en el país, Guerrero fue el estado con más homicidios dolosos: 2,529 en total, casi siete al día.

El gobierno del estado, junto con los partidos políticos, elaboró en febrero pasado un mapa de riesgo por la presencia de grupos del crimen organizado o conflictos con autodefensas y civiles armados.

El mapa marcó 18 municipios en color rojo, cuatro de ellos en la Tierra Caliente: Zirándaro, San Miguel Totolapan, Ajuchitlán del Progreso –donde en noviembre asesinaron al precandidato a alcalde de MC, Ángel Vergara Chamú–, y Pungarabato –cuyo alcalde perredista fue ejecutado en julio de 2016, siete meses después de tomar posesión en el cargo–.

De acuerdo con el Indicador de Violencia Política en México elaborado por la consultora Etellekt, desde el inicio del proceso electoral hasta el 2 de junio Guerrero ha sido el estado con más políticos o candidatos asesinados, 23 en total, 8 de los cuales (35%) eran priistas. Aunque según un Atlas de Riesgo Electoral elaborado por ONGs se eleva hasta en  45 el número de actores políticos que han sido víctimas de atentados o desapariciones y 60 que han recibido y denunciado amenazas, intimidaciones y otros tipos de violencia que no ha implicado su vida.

Uno de los últimos casos ocurrió el 8 de mayo. Abel Montúfar era candidato a diputado local por el distrito 17, que incluye los municipios de Ajuchitlán, Totolapan, Zirándaro y Coyuca, este último, del que ya había sido alcalde. Su auto fue interceptado después de hacer campaña todo el día, y su cuerpo apareció con un impacto de bala en el pecho en la carretera que une Altamirano y Coyuca.

Después del asesinato, el candidato a alcalde por el PRI, Francisco Chávez, no quiso registrarse, y su suplente, Ramiro Gómez Pineda, también presentó su renuncia. Hubo solicitudes de seguridad pero ningún otro candidato recibió escoltas.

El rival perredista de Montúfar, Fidencio Ixta Rojas, fue uno de los que pidió seguridad al gobierno. Pero ésta nunca llegó. Acompañado solo de sus choferes y ayudantes, mientras recorre esa misma carretera en la que encontraron a Montúfar, Ixta recordó el rosario de muertes y levantones que han sucedido en los últimos dos años contra personalidades de la región.

“Primero, ya tiene, al año de que toma el poder, Poncho Soto, del PRD, de Pungarabato, fue el primero que mataron, como a los 7 meses de su gobierno. Después desaparecieron a Catalino Duarte, que fue presidente municipal de Zirándaro, diputado local de este distrito, el 17, y diputado federal 01; entregó como diputado federal y como a los 7 meses lo desaparecieron ahí en Coyuca de Catalán. Después, mataron a Cecilio Pineda, un reportero muy activo en la región. Después matan al suplente del diputado local, a Modesto Carranza. Después matan a Eli Camacho, quien había sido presidente municipal de Coyuca y diputado local por este distrito, también”, dijo en entrevista con Animal Político.

“Y pues ahorita en campañas, al presidente con licencia y candidato del PRI, Abel. Pero para esto, mataron también al precandidato por Movimiento Ciudadano en Ajuchitlán del Progreso en septiembre del año pasado, Ángel Vergara. Su mamá decidió agarrar la candidatura, dice ella: “voy a terminar el sueño de mi hijo”, y ahí anda, queriendo ser presidenta municipal. Ella ya fue presidenta del DIF porque otro hijo de ella fue presidente municipal, que también se encuentra desaparecido…

-¿O sea que a un hijo lo mataron y al otro lo desaparecieron?

“Sí, al que desaparecieron fue presidente municipal. Y también está desaparecido otro presidente municipal de ahí. Como a los 3, 4 meses de entregar el cargo, los desaparecen. ¡Pareciera que es una maldición estar en el poder!”.

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3 trucos que usan los latinos para hablar en Espanglish

Hablar 'espanglish' puede ir mucho más allá de meter unas palabritas en inglés 'here' and 'there'. Aquí te mostramos tres de las prácticas lingüísticas más comunes al hablar español en Estados Unidos.
26 de noviembre, 2019
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Si te pregunto “¿dónde tú vas?”, seguramente supongas que vengo de algún país caribeño. Si hablando de mi madre te dijera que “la di un beso”, posiblemente pensarías que soy de España. ¿Y si te contara que “estoy aplicando para principal de mi escuela”?

Las tres frases evidencian un uso coloquial de nuestro idioma, pero lo que hace más llamativa a la tercera es la marcada influencia del inglés, típica de la variedad de español que se habla en Estados Unidos.

Muchos llaman espanglish a esta manera de hablar, en la que se mezclan elementos del léxico y la gramática del español y el inglés.

https://www.youtube.com/watch?v=NphJULxY5ng

Los lingüistas están enzarzados desde hace años en un debate académico sobre si es apropiado o no usar ese término. Hay una corriente de expertos que lo rechaza y prefiere hablar de español de Estados Unidos, sin más etiquetas.

Pero en las calles, entre los hispanohablantes o latinos, se usa el término espanglish tanto como se habla.

Para el 70% de los jóvenes de origen hispano hablar espanglish es algo habitual o constante, según una encuesta de 2009 del Pew Research Centre.

Y esta manera de hablar, aunque espontánea, tiene características recurrentes. Aquí te hablamos de tres de las prácticas lingüísticas más típicas del español en contacto con el inglés de Estados Unidos: el cambio de códigos, la extensión y los préstamos, y de un factor subyacente que de fondo lo afecta todo.

‘Code switching’ o cambio de códigos

Chicas latinas

Getty Images
El español que se habla en Estados Unidos tiene características propias, igual que el español que se habla en España y en otros países de América Latina.

Este es probablemente el rasgo más llamativo del español de Estados Unidos: el cambio frecuente de un idioma al otro, dentro de una misma frase o conversación.

Lo interesante es que ese vaivén de idiomas no sucede al azar, sino que sigue ciertos patrones.

Aunque no hay puntos de cambio fijos, hay lugares en los que jamás se da, explica Kim Potowski, profesora de lingüística hispánica en la Universidad de Chicago, coautora del libro “El español de los Estados Unidos” y una de las académicas que rechaza el uso del término espanglish.

Según Potowski, casi nunca vamos a ver cambio de códigos entre el auxiliar y el participio. Nunca escucharíamos frases como “yo he gone” o “yo no have esa información”.

Sí es frecuente, en cambio, pasar al otro idioma en el objeto directo.

I don´t have your peine”, dice en la peluquería de su madre el personaje de Laritza, encarnado por la actriz cubano-estadounidense Jenny Lorenzo, conocida en YouTube por sus personajes latinos, como “la abuela cubana”.

See, I know que tú tienes my peine”, le replica su madre, Maruchi, en una rítmica frase en espanglish con dos puntos internos de cambio.

Familia hispana de Estados Unidos.

Getty Images
Según la lingüista Ana Celia Zentella los hispanohablantes en Estados Unidos han pasado por una historia de “opresión lingüística”. Hoy en día el dominio de los idiomas está ligado a la generación migratoria.

Este tipo de virajes varía mucho según el dominio que el hablante tiene de los dos idiomas y según los hábitos de la comunidad de habla a la que pertenece, que pueden ser muy distintos dentro de Estados Unidos.

Según Potowski, la gente que tiene un dominio de la sintaxis muy fuerte en las dos lenguas puede hacer cambios de códigos más complejos, por ejemplo, dentro de la misma oración.

Mientras, quienes carecen de esa habilidad totalmente bilingüe tienden a cambiar de código tras fragmentos de lengua más largos.

Curiosamente el dominio de los dos idiomas y el grado de influencia del inglés están ligados a la generación migratoria.

“La primera generación que llega puede mostrar ciertos cambios, pero no tantos como la segunda, ni mucho menos como la tercera”, comenta Potowski.

Muchos nietos de migrantes tienden a hablar casi todo en inglés pero hacen cambios de códigos “emblemáticos” en español: “Echan ahí un órale“, o un “mijo“, o algo así, solo para dejar saber que “hey, yo pertenezco a este grupo étnico, si bien no tengo todas las destrezas lingüísticas”.

La extensión

Imagen de la actriz Jenny Lorenzo interpretando al personaje de Maruchi la peluquera. Cortesía de Jenny Lorenzo.

Jenny Lorenzo
“See, I know que tú tienes my peine”, dice el personaje de Maruchi en perfecto espanglish en esta escena en una peluquería, interpretado por la actriz cubano-estadounidense Jenny Lorenzo.

Esta práctica lingüística frecuente en el español de Estados Unidos consiste en “extender” o aplicar el significado de una palabra en inglés a una en español que es igual o muy parecida.

Ejemplos ilustrativos de este fenómeno son el uso del verbo moverse (del inglés to move) como mudarse , soportar (del inglés to support) como sustentar, o vacunar (del inglés to vacuum) como pasar la aspiradora.

Se podría decir que hay distintos “grados” de extensión: algunos usos informales, como el de aplicar por solicitar, ya son tan habituales en Estados Unidos que algunos profesores de español los aceptan en sus clases.

Otros pueden sonar más ajenos, como el uso del verbo realizar con el significado de darse cuenta de algo (del inglés to realize). Por ejemplo, “Laritza realizó que sí tenía el peine y entonces se lo dio.

Además de léxica, la extensión también puede ser morfosintáctica, es decir, afectar a la estructura de la frase.

Un ejemplo de esto sería el uso del gerundio como sujeto, una sintaxis típica del inglés, como en la frase smoking is bad for your health.

Así, en algunas comunidades de latinos pueden decir “fumando es malo para su salud”, en lugar de usar el infinitivo, fumar.

Ahora, hay ciertas extensiones estructurales que son típicas de hablantes con un menor dominio del español.

Por ejemplo, frases del tipo “no tengo nadie para jugar con”, que hacen un calco sintáctico del inglés, ya solo se ven en las generaciones posteriores, comenta Potowski, las de “los nietos de los que emigraron”.

Los préstamos

Esta práctica lingüística consiste en tomar una palabra del inglés y adaptarla morfológica y fonológicamente al español, aplicándole sufijos o conjugaciones como si fueran palabras “nativas” de nuestro idioma.

En la frase “estaba hangueando en la marqueta“, por ejemplo, hay un verbo y un sustantivo creados a partir de palabras inglesas.

Familia hispana de Estados Unidos.

Getty Images
Muchos nietos de migrantes tienden a hablar casi todo en inglés pero hacen cambios de códigos “emblemáticos” en español: “Echan ahí un “órale”, o un “mijo”, o algo así, solo para dejar saber que “hey, yo pertenezco a este grupo étnico, si bien no tengo todas las destrezas linguísticas”.

Algunos latinos de Estados Unidos usan el verbo hanguear, del inglés to hang out, para expresar la idea de pasar un rato de manera relajada, disfrutando, sin hacer nada… en este caso, en el mercado.

Pero el uso de préstamos del inglés, o anglicismos, no solo es común en el español de Estados Unidos.

Muchas comunidades de hablantes de distintos países de América Latina y España los utilizan a menudo, particularmente en el ámbito de la tecnología.

Los usuarios de nuestro canal de YouTube nos contaron que conjugan con frecuencia verbos como chatear, postear, tuitear, guasapear, feisbuquear, laiquear, forwardear, estokear, etc.

Así como expresiones tomadas directamente del inglés, sin ninguna adaptación, como oh my god, lol, by the way, busy, full, freeky, etc.

La huella del “bullying lingüístico”

El español es la lengua minoritaria más hablada de Estados Unidos: 40 millones la hablan en casa, más gente que las poblaciones combinadas de Cuba, Ecuador y Bolivia.

Pero es también una lengua minorizada, y eso deja marcas en cómo la usan sus hablantes.

Según Potowski actualmente hay mucha presión social para que se deje de hablar y mucho bullying lingüístico“, además de agresiones físicas, incluso en público, hacia la gente que lo hace.

En un contexto así hay menos oportunidades para usar el idioma y por eso hay ciertas características de cómo se habla español en Estados Unidos que están derivadas de la falta de uso, y no necesariamente de la influencia del inglés.

Por ejemplo, muchos hablantes usan el subjuntivo menos que en otros países, explica la lingüista. Dicen frases como “espérame ahí hasta que él llega”.

“El inglés puede ser el catalizador de estos cambios, pero no los causa directamente”, matiza Potowski.

Cartel que dice: "Bienvenido a EE.UU., ahora hable inglés"

Getty Images
“Este es un país en el que hablamos inglés. ¡Hay que hablar inglés!”, repitió Donald Trump durante la campaña para las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.

Según la lingüista Ana Celia Zentella, de la Universidad de California, San Diego, el uso de préstamos y de ciertas formas sintácticas en el español de Estados Unidos no suceden de una manera tan libre como podría parecer, sino que forma parte de una situación de opresión, donde el español no es el idioma subordinante, sino el subordinado.

Zentella, que defiende el uso del término espanglish, cree que esta palabra sirve para captar ese conflicto subyacente y la historia de “opresión lingüística” por la que han pasado los hispanohablantes en Estados Unidos.

Para esta experta en sociolingüística describirlo como “español de Estados Unidos” borra ese conflicto.

¿Hora de “embrazarlo”?

Hoy en día muchos jóvenes hispanos dicen que hablan espanglish con cierto menosprecio, como si su manera de expresarse influenciada por el inglés fuera una variedad del español de mala calidad o de menor categoría que el español coloquial que se habla en cualquier otro país.

Y esas actitudes negativas son las que quiere combatir la mayoría de los profesores y lingüistas en Estados Unidos, al margen de polémicas semánticas sobre el uso del término espanglish.

Niños latinos en Estados Unidos

Getty Images
Para los latinos de Estados Unidos mezclar el español y el inglés es una manera natural de expresarse como el pueblo bilingüe que son.

A lo largo de los años Potowski ha ido observando con sus propios estudiantes cómo esas percepciones están evolucionando hacia posturas más positivas, y en 2016 más de 40 universidades estadounidenses ofrecían cursos en espanglish o español de Estados Unidos, según datos citados por la cadena estadounidense NPR.

Las proyecciones demográficas dicen que en otros 25 años más el 25% de la población de Estados Unidos será de origen hispano, es decir, uno de cada cuatro estadounidenses.

Y para ellos mezclar el español y el inglés es y será una manera natural de expresarse como el pueblo bilingüe que son.

* Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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