Homicidios suben en 12 de las 16 demarcaciones de CDMX; Tlalpan, con la mayor alza
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Homicidios suben en 12 de las 16 demarcaciones de CDMX; Tlalpan, con la mayor alza

En total la CDMX acumula un incremento de 60% en homicidios en cuatro años; Cuauhtémoc es la demarcación con la mayor tasa de delitos de alto impacto.
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26 de junio, 2018
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El incremento de los homicidios se extiende a la mayor parte de Ciudad de México. En 12 de las 16 demarcaciones los asesinatos han subido en los últimos cuatro años. Tlalpan es la demarcación con el mayor repunte de la violencia: 166 por ciento. En tanto Cuauhtémoc es la que tuvo la mayor concentración de delitos de alto impacto.

Los datos oficiales de incidencia delictiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que desde 2014 comenzó el incremento de la violencia en la capital del país, y año con año la situación se ha ido deteriorando.

A nivel ciudad, de enero a mayo de 2014 se registraron 304 casos de homicidio doloso. Para el mismo periodo de 2015 crecieron a 319 casos; en 2016 se registraron 342; para 2017 se dispararon a 422; y de enero a mayo de 2018 la cifra ya alcanza las 480 carpetas de investigación por homicidio doloso.

Lo anterior equivale a un incremento sostenido de la violencia del 42.4  por ciento en los homicidios dolosos de la ciudad en un periodo de cuatro años. Y si la comparación se hace por tasas: 3.42 asesinatos por cien mil habitantes en 2014 contra 5.46 homicidios en 2018, el incremento es de casi el 60 por ciento.

Los datos desagregados a nivel municipal muestran que este incremento no es un fenómeno aislado en alguna demarcación. Por el contrario, el avance de la violencia se extiende a 3 de cada 4 de ellas. Y además de ello, en la tercera parte de las demarcaciones este incremento de homicidios es superior al 60 por ciento promedio a nivel ciudad.

Las delegaciones con más incremento

Tlalpan ha sufrido el mayor deterioro en seguridad por lo menos en cuanto a homicidios se refiere. Dicha demarcación pasó de apenas 12 casos de homicidio doloso de enero a mayor de 2014, a 32 en lo que va del año. Esto equivale a un incremento el 167 por ciento en dicho lapso. De seguir la misma tendencia los homicidios se estarán prácticamente triplicando.

En cuanto a proporción de incremento de los homicidios le sigue Magdalena Contreras, que pasó de solo 2 homicidios en 215 a 5 este año, lo que equivale a un incremento del 150 por ciento en promedio. Y después Álvaro Obregón, que en esos periodos pasó de 17 a 33 homicidios, lo que equivale a un disparo del 94.1 por ciento.

Otra demarcación donde los homicidios prácticamente se han duplicado es Cuauhtémoc, el centro de la capital. Aquí las cifras oficiales arrojan 25 casos de homicidio doloso en los primeros cinco meses de 2014 contra 48 asesinatos en el mismo lapso de este año. Es un alza de 92 por ciento.

Después se ubica Gustavo A Madero, una de las dos delegaciones con mayor cantidad de homicidios en la ciudad. Aquí la incidencia pasó de 62 homicidios en 2014 a 108 este año, que es un disparo del 74 por ciento de los asesinatos. La otra demarcación con más homicidios registrados es Iztapalapa, que pasó de 67  a 106 crímenes en el referido lapso, lo que representa un alza del 58.2 por ciento.

En medio de las dos anteriores se encuentra Iztacalco, que presenta una evolución de sus homicidios de 14 casos de enero a mayo de 2014, a 24 casos este año, es decir, un incremento del 71.4 por ciento en este lapso de cuatro años.

Las otras cinco demarcaciones en las cuales se han incrementado los casos de homicidio doloso en los últimos cuatro años son Xochimilco con 54.5 por ciento; Benito Juárez con un incremento del 40 por ciento; Venustiano Carranza con 37.5 por ciento; Miguel Hidalgo con 23 por ciento, y Tláhuac con 21.4 por ciento de alza en asesinatos.

Existe otra demarcación, Coyoacán, que no registra ni avance ni retroceso en cuanto a cantidad de casos de homicidio: 15 en el 2014 y los mismos este año.

Las únicas tres delegaciones en donde los homicidios han disminuido, contrario a la tendencia de la ciudad, son Cuajimalpa con una baja del 25% en 2018 respecto a 2014; Azcapotzalco con un descenso del 21.5 por ciento y Milpa Alta con una caída del 20 por ciento.

Las más peligrosas

Datos de incidencia delictiva actualizados por la Procuraduría capitalina muestran cuales son las demarcaciones que concentran la mayor tasa de delitos de alto impacto en conjunto (robos con violencia, homicidios, secuestro, etcétera). Es decir, cuáles son las demarcaciones donde en promedio se han registrado más delitos graves tomando en cuenta la población de cada una.

En este registro Cuauhtémoc se ubica como la delegación con la mayor tasa delictiva de enero a mayo de este año: 214.5 ilícitos por cada cien mil habitantes, y le sigue Miguel Hidalgo con una tasa de 200.3 delitos por cada cien mil habitantes, y Venustiano Carranza con 141.5. Después Azcapotzalco con 139.5 delitos y Xochimilco con 135.4

La lista de las 10 demarcaciones más peligrosas la completan Iztapalapa con 131.6 ilícitos por cien mil habitantes en lo que va de este año; Gustavo A. Madero con 125.2; Iztacalco con una tasa de 121.8; Benito Juárez con 107.4 y Tláhuac con 100.2 delitos de alto impacto.

En el otro extremo de la lista se encuentran las tres demarcaciones con una menor tasa de delitos de alto impacto: Cuajimalpa con 31.7 ilícitos por cien mil habitantes; Magdalena Contreras con 33.5, y Milpa Alta con 52.1.

Deterioro generalizado

La ciudad registra un incremento de casi el 25 por ciento en el balance delictivo completo en 2018. En los cinco primeros meses de este año se iniciaron 92 mil 393  carpetas de investigación por todo tipo de delitos, casi 20 mil más si lo comparamos con 2014, donde la cifra fue de 73 mil 955 casos.

Lo anterior pese a que hay algunos delitos de alto impacto que han registrado una disminución. Por ejemplo los secuestros, pasaron de 24 casos en 2014 a 9 en 2018, las violaciones de 215 a 125, o los robos a casa habitación con violencia de 252 a 172.

En cambio otro delito grave que presenta un incremento son las lesiones perpetradas con arma de fuego, que pasaron de 522 casos en los primeros cinco meses de 2015, a 731 casos en el mismo periodo de 2018. Se trata de un incremento del 40 por ciento.

De acuerdo con una comparación hecha por la Procuraduría de Ciudad de México, la capital se ubica a nivel nacional en el puesto 23 en cuanto a delitos de alto impacto, en el mismo lugar en cuanto a secuestro, en el puesto 21 en cuanto a homicidio doloso, y en el 20 respecto a lesiones dolosas.

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Por qué acumular grasa corporal nos hace más vulnerables al COVID

El exceso de grasa en el cuerpo provoca problemas de suministro, de distribución y de entrada de aire que nos hacen más propensos a sufrir todo tipo de infecciones respiratorias, entre ellas la covid-19.
19 de enero, 2022
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Seguro que conoces la historia contada en “La ilíada” de Homero. Relata cómo los griegos, después de varios años intentando conquistar Troya, lograron su propósito gracias a un enorme caballo de madera en cuyo interior se ocultaron sus soldados.

Aprovechando la oscuridad de la noche, asaltaron la ciudad desde dentro.

Pues bien, parece que nuestro enemigo el SARS-CoV-2 ha encontrado un caballo de Troya inesperado en nuestro interior que le ayuda en su lucha: nuestra grasa corporal.

Un caballo de Troya para la infección por coronavirus

El SARS-CoV-2 entra en las células del organismo cuando una proteína de su envoltura, la llamada spike o proteína S viral, se une con la enzima convertidora de angiotensina tipo 2, molécula de la membrana de varios tipos de células humanas.

En el fenotipo obeso, la expresión de estas moléculas de membrana en el tejido adiposo aumenta.

Y eso convierte a la grasa en reservorio ideal del virus tras su entrada en el organismo, permaneciendo en el cuerpo de los pacientes con obesidad durante más tiempo.

Por si fuera poco, en modelos animales de obesidad se ha observado que la enzima convertidora de angiotensina tipo 2 también aumenta en las células pulmonares.

Eso implica un mayor número de sitios de unión para el virus y favorece la entrada de partículas virales en el epitelio pulmonar.

La intensidad de la infección aumenta, como también la respuesta local en los pulmones, principal lugar en el que se libra la batalla para evitar el desarrollo de la covid-19.

A esto hay que añadirle que las personas con obesidad presentan un estado inflamatorio crónico de bajo grado que activa una respuesta inmune local caracterizada por la movilización de células inmunes productoras de sustancias proinflamatorias.

Esto da lugar a una respuesta inmune deficiente que aumenta la susceptibilidad a las infecciones, entre ellas la producida por el SARS-CoV-2.

Este déficit inmune, junto con la situación previa de inflamación, puede ampliar la conocida tormenta de citoquinas desencadenada tras la infección viral, produciendo un empeoramiento de los síntomas.

Por otro lado, el exceso de grasa abdominal de las personas con obesidad impide el correcto desplazamiento del diafragma durante la respiración, reduciendo la capacidad pulmonar y generando dificultades que predisponen al desarrollo de infecciones respiratorias.

Obesidad

Getty Images

De hecho, no es la primera vez que la obesidad se define como factor de riesgo en las infecciones causadas por virus respiratorios.

En 2009, durante la pandemia causada por el virus influenza H1N1, la obesidad se asoció con un incremento en el riesgo de hospitalización e ingreso en la UCI tras la infección vírica.

Atascos y problemas de abastecimiento

Imaginemos el cuerpo de una persona con obesidad como una ciudad amurallada.

La alta cantidad de tejido adiposo disregulado que contiene hace que, en condiciones normales, la ciudad sufra una obstrucción en las vías de suministro (por hipertensión, aterosclerosis o patologías cardiovasculares).

Pero también dificultades con el suministro y la gestión de los alimentos (resistencia a la insulina y diabetes) y con la entrada de aire (por dificultades respiratorias).

El acceso esta ciudad, ya de por sí debilitada y enferma, sería relativamente fácil para un invasor como el causante de la covid-19, puesto que el tejido adiposo se comportaría como un caballo de Troya.

Es decir, serviría de refugio al nuevo enemigo. Quien, dicho sea de paso, se encontraría con más puertas de entrada en la zona verdes de suministro de aire de la ciudad (el pulmón, en nuestro cuerpo).

El desastre sería absoluto. Sobre todo porque cuando los soldados del ejercito inmune de la ciudad tratasen de expulsar al enemigo, su respuesta deficitaria provocaría aún más daños “urbanos” como consecuencia de la tormenta de citoquinas.

Además, al atacar al caballo de Troya (nuestro tejido adiposo), invadido por el virus, se produciría muerte adipocitaria.

Y las calles de la ciudad se llenarían de residuos (gotas de grasa), que las taponarían y nos predispondrían a desarrollar el síndrome del embolismo graso. Un síndrome que dispara la probabilidad de sufrir un evento trombótico.

Esto generaría aún mayores problemas de circulación de mercancías y distribución de alimentos.

En resumen, el exceso de grasa corporal no hace si no empeorar los síntomas de la infección por SARS-CoV-2 e incrementar el riesgo de hospitalización y muerte.

Ilustración de coronavirus

Getty Images
El coronavirus puede permanecer más tiempo en el cuerpo de los pacientes con obesidad.

Las “ciudades” viejas y de sexo femenino sufren más

Cuando la ciudad afectada por obesidad es de sexo masculino, la distribución del tejido adiposo a nivel visceral es mayor.

Eso provoca un incremento de citoquinas proinflamatorias que conduce a una mayor activación de las células inmunes, lo que hace a los hombres presentar un mayor riesgo de desencadenamiento de la famosa tormenta de citoquinas responsable del empeoramiento y agravamiento de los síntomas de la COVID-19.

Con todo y con eso, parece que el efecto devastador de la enfermedad en el largo plazo es mayor cuando esa ciudad pertenece al sexo femenino.

Ahora que ha pasado tiempo suficiente para ver las secuelas de la enfermedad, se ha podido comprobar que, dentro de los factores de riesgo de síndrome post-covid-19 , tener obesidad y ser mujer predispone a presentar covid persistente.

Siguiendo con el símil, desde el inicio de la pandemia se ha observado que ciudades más envejecidas (mayores de 55 años) tendrían más riesgo de ser totalmente destruidas por la invasión (mayor mortalidad).

Incluso en caso de personas con normopeso. Sin embargo, ya desde el principio de la pandemia observamos que la “ciudad obesa” joven sufría igual los efectos que “ciudades normopeso” de mayor edad.

Todo ello explica la mayor propensión de las personas con obesidad a desarrollar la infección por SARS-CoV-2 con síntomas más graves y necesitar hospitalización, ventilación mecánica y cuidados intensivos.

También explica por qué las personas con obesidad suelen requerir una hospitalización prolongada y tratamientos más intensos: tardan más tiempo en eliminar la presencia del virus.

Más a largo plazo, la presencia de obesidad aumenta el riesgo de desarrollar secuelas crónicas de covid-19.

Visto lo visto, deberíamos reflexionar sobre la necesidad de realizar importantes esfuerzos, tanto a nivel personal como desde todos los estamentos implicados, para implementar todas las medidas que ayuden a paliar la actual epidemia de obesidad.

*Marta Domínguez Álvaro es investigadora postdoctoral en enfermedades crónicas, de la Universidad Camilo José Cela y Silvia Salado Font es directora de la OTRI, Universidad Camilo José Cela. Este artículo se publicó en The Covnersation. Puedes leer la versión original aquí.


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